25.7.16

Conversación entre Osvaldo Lamborghini y Luis Thonis


Encuentro con Osvaldo Lamborghini, cazador nocturno de la vanguardia local (*)


La obra de Osvaldo Lamborghini puede parecer breve si partimos de la convención que remite lo legible de un texto a su cantidad de páginas. No obstante, El Fiord  (1969), Sebregondi Retrocede (1973) o su reciente libro Poemas (1981), ediciones Tierra Baldía, hablan de esa otra cantidad, la de sus insistencias, fundadoras de una nueva literatura argentina.
Es posible hablar ya de lo lamborginesco para designar una contramitología tramada en y sobre los escombros rítmicos de las líneas menores de nuestra cultura.
En sus varias inflexiones dichos libros pueden aparecer como vanguardia, es decir, como algo previamente informulado –Lamborghini en varios tramos de la conversación define su vanguardia– respecto de las leyes, los patrones, los verosímiles que impone el mercado. Pero basta habitar una página de Sebregondi para entrever que este cazador nocturno no retrocede sin abrir un juego donde coexisten diversas hechuras lingüísticas en un trabajo inusual con el lenguaje.
La dificultad de clasificar el ya mítico Fiord, o seguir linealmente las andanzas del marqués de Sebregondi –¿poemas?, ¿novelas?, ¿falsas novelas que fracasan en ese lugar donde no hay victoria ni derrota y sólo queda la dicha y el riesgo de escribir?– se acentúa al extremo en Poemas.
Su reciente publicación, entre otras cosas, nos acercó a la ciudad de Pringles. Dialogamos en la casa del poeta Arturo Carrera, una casa ostensiblemente pompeyana, con dos espejos necesarios para prefigurar cierto infinito –del mismo modo que dos voces bastan para fundar la apariencia de un diálogo interminable– donde una niña pintada desde antiguo por Renoir, o una muchacha salida sin premura de un Veermer, fueron otras tantas leyes de hospitalidad a los restos de tango, lunfardo, gauchesco, a las eufonías de la palabra. Por momentos, era sospechable que el Niño Diablo de Hudson acudiera, luego de amansar otra vez el cimarrón, pero convirtiéndose en el quicio y por una magia menor, en un personaje de Gombrowicz al cual está tan próximo Sebregondi.


L.T.


Luis Thonis: La aparición de Poemas introduce una variante respecto a El Fiord o Sebregondi Retrocede, obras por sí diferentes. ¿Se trataría menos de una diferencia entre prosa y poesía, que de la continuidad de una obra indefinible genéricamente?

Osvaldo Lamborghini: Hay menos la ilusión de equivalencia con un posible –imposible– “pase al acto” en Poemas –en fin– que en El Fiord y Sebregondi Retrocede. De todos modos la Narración de la Historia –título de un cuento de Correas pero mías son las mayúsculas– no está excluida de este libro “último”. La Narración de la Historia es un arte en la Argentina: una cuestión capital y, al mismo tiempo, o por lo mismo, federalizable: contra el despotismo de Una sola Aduana, contra el despotismo de Una “organización nacional”.

LT: Las referencias al gauchesco, el tango, el lunfardo, las glosolalias hacen a una poética –en Poemas– que recorre diversos tópicos de nuestra literatura, la reescriben. ¿Se va engendrando otro lenguaje, de señas inciertas, por ejemplo, “Soré y Resoré, divinidades clancas de la llanura”? ¿Piensa que una nueva escritura sólo puede nacer de una “vieja lengua”, de su tesoro verbal?

OL: Inscribir lo ya escrito, inscribir. El parche glosolálico –batirlo– es un triunfo momentáneo, breve, de cierto exceso de sentido: el paqué de Girondo de En la masmédula resucita a millones de hablantes frescos como lechugas, y decapita, afortunadamente, la tartamudez engolada de los catedráticos. Son demasiadas las lenguas que se añudan en la Argentina. Y el aquí me pongo a cantar, la potencia doble de poder decirlo, es un buen ejemplo de glosolalia feliz.

L.T.: ¿El Fiord y Sebregondi Retrocede carecen de antecedentes directos en la literatura argentina? O si los tienen, ¿no es más legible lo que en ellos se pierde que la deuda cultural en que se apoyan?

O.L.: Lo que en ellos se pierde es una generación de lectores aldeanos descerebrados por la ecriture, nada más.

L.T.: Opongo la “pérdida” que refiere a las posiciones del sujeto en el lenguaje a la idea positivista –cualquiera sea la ideología en que se ampare– de recuperación porque ésta ha dado lugar a un historicismo lineal, binario, escolar, que excluye de sí el cuerpo, el deseo, el goce, pensando el no sentido como sinsentido –sólo hay historia del Sentido. En cuanto a las rupturas, recordemos que en “Muerte y transfiguración del Martín Fierro”, Martínez Estrada ya establecía todo un sistema de analogías formales entre algunas partes separables del Poema –las escenas de la Pelea y la Payada– y los procedimientos de montaje, ex corpus, del cine de Eiseinstein; explicaba también que su lectura es otra a través de Kafka. Si usted reivindica esa tradición, en sus textos habría montaje…

O.L.: Pienso –pero yo nunca sé si pienso o “escribo”– que toda literatura es montaje, incluida la puramente “facial”, como ocurre ahora con los punks, que se dibujan cicatrices en la cara. Montan, sobre sus propios cuerpos, el relato no vivido de aquella historia: la pesadilla de papá y mamá. Claramente, esto no responde a su pregunta: se trata, más bien, de una maniobra de “diversión”: montaje, por supuesto… Martínez Estrada, Eiseinstein, José Hernández… es montar demasiado: creo que así se nos van a cansar pronto los caballos. Estoy jugando con las palabras, y lo único que puedo responder, “¡ex corpus!” en cuanto a “mi” libro y su relación con el montaje, es el “mi” entre comillas.

L.T.: ¿Y?

O.L.: Y que escucho, mezclo, repito, y tacho y cambio de lugar, y cito. Exageradamente tal vez. Macedonio leía “a oscuras”, y así entonces se produjo ese perfecto acontecimiento de moviola: el film quebrado plantea el espacio y el tiempo (la metáfora) simultánea de Shopenhauer, Quevedo, Del Campo, y William James.

L.T.: Usted también tiene varios caballos.

O.L.: Más el set “bajo” del Ropero, la Pava, el Mate, la Pensión.

L.T.: En sus libros hay una ausencia de “conciencia moral” o de “visión del mundo”. ¿Esa ausencia inscribe al autor como un fragmento más entre otros? ¿Cuántos Lamborghini han escrito y cómo se deslizan en las letras de Poemas?

O.L.: La mía es una literatura familiar: el deseo (y también las ganas) de prolongar indefinidamente la sobremesa. Pero la historia no lo permitió: presencias entrañables, ineludibles distanciamientos. Hay otro Lamborghini, Leónidas: los dos, más tantos otros que no tienen la suerte/desgracia de portar el Lamborghini, estamos precisamente allí, en ese fragmento que pretende, sí, conservar un museo de vanguardia, algún chiste de Macedonio. Porque el Museo, siempre irrisorio en estas latitudes, es preferible al universo concentracionario de los comentaristas sabios: “en el lento divagar del cabaret…”

L.T.: Respecto de los narradores, ¿qué pueden tener que ver entre sí, por ejemplo, la voz monótona que organiza el espacio clausurado de El Fiord con el atonalismo, esa voz que llega a disgregarse en relatos como “La Mañana” aparecido en la revista Escandalar?

O.L.: El Fiord es un final. Mi primer libro, pero que está pensado como el título. Pero claro: ¿quién se entiende? Me gusta El Fiord como intento de frontera, de “últimas poblaciones”. Lo que usted llama voz monótona cumple aquí otra función: ¿se habrá acabado lo que se daba? Si después los narradores se multiplican, el hecho se debe menos a un efecto “barroco” de polifonía que a una escisión cada vez mayor del Narrador, no de Osvaldo Lamborghini. Como si dijéramos, empezar eternamente para llegar a los mismos resultados.

L.T.: Y esa escisión, esa “esquicia” del narrador hará que la mirada caiga hacia algo no representable, haciendo imposible la lectura transparente. Sin embargo, en cuanto a la mirada que no quiere caer, a la crítica que se desprende de ella, fundada en el mito del Escribir Bien, las cosas no están de todo claras; por una lamentable paradoja, en la literatura suele considerarse como ajeno lo que podría leerse a la vista: ¿a qué se debe ese efecto de extrañeza que produjo y sigue produciendo Poemas?

O.L.: Es cierto lo que usted señala: esa “baja” paradoja que hace aparecer a mis escritos como “extraños”, cuando la verdad es que ellos se limitan a cortar y plegar diferentes propuestas de la literatura argentina: sólo que sin respetar sus supuestas intenciones, ni su aparente linealidad. Ascasubi, Le Pera, Hernández, Cayol, Del Campo, Gardel, conviven –violentamente, ¿hay otra manera?– en mis textos.
Contrario ejemplo es el caso de nuestro actual (y lamentable) teatro realista, en el (lamentable) estilo de El gran deschave. Pero punto final aquí: es casi de mala fe ponerse a deschavar (aquí), tanta, pero tanta mala fe.


(*)  Este diálogo –con la introducción respectiva– apareció por primera vez en el diario Convicción– 4/3/1981. Era el diario de los militares y a muchos les resulta insólito. Pero no lo es tanto si se tiene en cuenta que la línea política la escribían periodistas como Alejandro Horowitz y en la parte cultural tenía cierta independencia. Estábamos en la casa de Arturo Carrera y a Osvaldo se le ocurrió el reportaje, aparecido por la generosidad de Ernesto Shoo, que se tomaba sus riesgos en ciertas cosas que publicaba. En realidad, fue un corte en una conversación ininterrrumpida en la que no todo era acuerdo. El reportaje causó indignación a algunos dentro del diario por la forma de expresarse de Lamborghini –hay que tener en cuenta el contexto militarizado de ese momento– y afuera también hubo una cuota de mala fe, ya que no había nada que sonara oficial. Al contrario. Antes había escrito sobre Néstor Perlongher, también publicado en la editorial de Rodolfo Fogwil… finalmente los militares vinieron a preguntar quién era yo: lo que decía sonaba raro. Jorge Dorio, después me contó que el director le dijo: a ese tipo pueden llevárselo, escribe en griego… parece que eso desalentó a los defensores de la patria.

18.7.16

César Aira



Cometí un crimen, me atraparon, me juzgaron, y me dieron treinta y cinco años de libertad. Tuve que interrumpir el proceso de formación de mi carácter y adaptar medios y fines a condiciones nuevas que me eran desconocidas. Mientras otros combatían la intuición en animales interesantes yo colaboraba en la intuición de la lluvia y el buen tiempo. Quedé completamente desmoralizado. ¿De quién temía ahora? me preguntaba. ¿De mí mismo? Inicié una dieta estricta. Debía estar liviano y ágil para desplazarme en el campo minado del tiempo. Y mantenerme informado, atento a la menor vibración del presente. Dos periódicos se disputaban mi atención en aquella época, Le Matin y Le Soir. Buscaba en ellos una prueba de realidad. Las noticias de uno desmentían las del otro; así que en las contradicciones me darían la clave con la que obtener el perdón. Pero el perdón ya me atravesaba el pecho como una espada. Ese soldado que yacía muerto a mis pies, no lo había matado yo. Yo había matado una idea.


Tomado de: La copiadora manuscrita. Buenos Aires, año 4, nº 2.

12.7.16

Odio la poesía objetivista, por Francisco Garamona




Tal cual lo escuché

Ayer un niño me contó la historia
del perro suicida de Ballester.
Parece que este perro
era de un francés que
se fue a andar en canoa
por las islas de El Tigre
y un barco le pasó por encima
dejándolo sin vida.
El perro ahora anda solo
dando vueltas por las calles
esperando que un auto lo mate.



Tiene que cambiar

La fuerza de la noche era suave
y en la espesura de tus ojos
noté que ya no me seguías.
Yo vagaba con una yegua alba,
en la madrugada austera
aunque llena de todo lo que quisieras.
Bares repletos de histeria laxa,
paneles de sombra dibujados
con grullas atraídas
por el perfume de lo nuevo.
Era fácil conseguir buena madera,
para comenzar la construcción
de un barco inamovible,
que respondiera a los deseos
como un mudo que hace caso siempre
a los mandatos de un zorro justiciero.
En un momento dijimos con mi amigo:
“tenemos que elaborar un plan de lucha,
que sea regular, directo, incorregible”.
Él me miró y yo noté que me entendía,
caminamos por callecitas
de plomos y concretos específicos
como dos soldaditos que están juntos
dentro del arcón de un inmaduro niño viejo
en el tren de aprendizaje de su vida.



Unos

Se
vieron
en la
farmacia
y fueron
hasta
una
obra
en
cons-
trucción
para
estar
juntos
otra
vez.
Después
él
se
subió
a
su
bicicleta
y
ella
caminó
por
la
calle
de
tierra.
Se
hacía
temprano
de
noche
en
el
invierno.



Suave brillo de los ojos

Al lado de mi librería
(Padilla 865, Buenos Aires)
vi a un mendigo que estaba a punto
de darse un saque de cocaína.
La soledad de su imagen
de pronto me conquistó.
“¿Necesita algo mi amigo?”
le pregunté acercándome.
Sus ojos brillaron un poco,
con ese orgullo extinguido
del que hablaba Balzac.
“Lo que puedas darme
te agradezco”, me dijo.
Era de mañana, llovía,
y en la librería unos obreros
estaban haciendo una remodelación.
Le compré una cerveza
en el chino y le di unos pesos.
Hay que compartirlo todo.
¿Dónde andarás hoy joven
mendigo, bello y drogadicto?
Si yo pudiera escribiría tu vida
en un libro voluminoso de hojas de oro
arrancadas del árbol de la especie.
Contaría aventuras increíbles
para hacerte quedar bien.
Vos estabas solo, sentado
en el escalón de la entrada de una escuela.
Yo estaba solo también.
Te busqué muchas veces
por las calles del barrio
y aunque no lo supieras
me preocupaba por vos.
Tenía un montón de cosas para darte.
Pero no te encontré más.
¿Qué tenue hilo nos unía?


Tomados de: Francisco Garamona. Odio la poesía objetivista. Iván Rosado, 2016

4.7.16

Guillaume Apollinaire - Zona (primera versión)


Lo que sigue es una traducción de la primera versión de Zona, que Apollinaire escribió en su cuaderno en septiembre-octubre de 1912.
Su título original era Grito.
Se publicó por primera vez en diciembre de 1912, en el nro. 11 de la revista Les soirées de Paris, en una versión ya más parecida a la que aparecería al año siguiente en el libro.
El texto en francés está sacado del libro de Michel Décaudin, Le dossier d’Alcools (Ed. Droz, Ginebra, 1996), como todos los datos de esta nota.
Ahí Décaudin cuenta que Apollinaire lo incluyó en Alcoholes durante las últimas correcciones de pruebas, cambiándole el título por Zona. A último momento también cambió el título del libro, que hasta ahí era Eau de vie, y le sacó los signos de puntuación a todos los poemas.
La mayor diferencia con la versión conocida es que está escrito en pareados bastante regulares con rima consonante y asonante, y el cambio de la primera persona por la segunda, pero todo el trabajo de reescritura es muy interesante. Para compararlas: 
http://marianofiszmantraducciones.blogspot.com.ar/2016/07/zona-de-guillaume-apollinaire.html

NOTA: en 2008, Javier Aduriz me encargó que seleccionara y tradujera una antología de Apollinaire para una colección de poesía bilingüe que dirigía en Ediciones del Dock. Buscando material para escribir el prólogo encontré esta versión, y a él se le ocurrió que estaría bueno incluirla. Javier Aduriz murió y el libro nunca fue publicado.
Va dedicado a él, eternamente agradecido.
Mariano Fiszman



Zona


Estoy hastiado de vivir en este mundo antiguo
Europa fea y pintarrajeada como una puta vieja

Todo huele a antigüedad la Griega y la Romana
Y hasta los automóviles parecen antiguos

Sólo se mantuvo nueva la religión
Y simple como los hangares de Port-Aviation

Sólo tú no eres antiguo en Europa oh cristianismo
El europeo más moderno eres tú Papa Pío X

Pero perdí la costumbre de creer y la vergüenza no me deja
Entrar y confesarme en una iglesia

Leo prospectos catálogos carteles que cantan muy alto
Es la única poesía que me gusta y para prosa están los diarios

Y las entregas a 25 céntimos llenas de aventuras policiales
Que a veces se disfrutan más que las historias justicieras

Hoy vi una linda calle cuyo nombre olvidé
Era muy nueva, limpia y era el clarín del sol

Los directores los capataces y las bellas mecanógrafas
Cuatro veces por día de lunes a sábado pasan

De mañana la sirena se queja tres veces
Una campana rabiosa ladra a eso de las doce

Las inscripciones de los letreros y de los paredones
Las placas, los avisos como loros gritones

Y no me gusta mucho más de París que la gracia de esta calle industrial
Situada entre la calle Aumont-Thiéville y la avenida des Ternes

¡Oh calle joven! y cuando era chico
Mi madre sólo me vestía de azul y de blanco

Era piadoso y con mi compañero más antiguo René Dalize
Conversábamos siempre de las pompas de la Iglesia

Una vez salimos del dormitorio a escondidas
Y rezamos toda la noche en la capilla del colegio

Y aún hoy cuando me siento desgraciado y triste
Virgen María atraes sobre mí la mirada divina de Cristo

Es el lirio hermoso que a pesar de nosotros, de todos nosotros, cultivamos
Es la antorcha de cabellos rojos que no apaga el viento

Es el hijo pálido y bermejo de la madre dolorosa
Es el árbol frondoso de todos los rezos

Es la doble horca del honor y de la eternidad, es la estrella de seis picos
Es Dios que muere el viernes y resucita el domingo

Camino por París muy solo entre la muchedumbre
Mugiendo a mi alrededor pasan rebaños de autobuses

La angustia del amor me aprieta la garganta
Sé bien que nunca nadie me amará

Si viviera en los tiempos antiguos me retiraría en un monasterio
En el siglo en que estoy cuando me encuentro rezando me avergüenzo

Me burlo de mí y mi risa chisporrotea como el fuego del infierno
Las chispas de mi risa doran el fondo de mi vida

Es un cuadro colgado en un museo sombrío
Y algunas veces vengo a mirarla de cerca

Ando por París, las mujeres están ensangrentadas
El aire está infectado, sus menstruos corren por las zanjas

El aliento de las mujeres es fétido y su voz es mentirosa
El amor por el que sufro es una enfermedad vergonzosa

Es una inmunda hinchazón de la que espero ser curado
Me tiene toda la noche en mi cama desvelado

Me hace morir de una angustia voluptuosa
Pensando que el cuerpo desnudo de mi antigua amante abrazo

Y ahora estoy en la orilla del Mediterráneo
Bajo los limoneros que florecen todo el año

Con mis amigos paseamos en barco
Hay un nizardo un mentoniano y dos turbiascos

Miramos los pulpos de las profundidades con horror
Y entre las algas nadan peces que son la imagen del salvador

Estoy en el jardín de una fonda en las afueras de Praga
Me siento muy feliz, hay una rosa encima de  la mesa

Y observo en vez de terminar mi cuento en prosa
La cetonia que duerme en el centro de la rosa

Vi mi retrato dibujado por la naturaleza en ágatas de Saint-Vit
Estaba triste a morir el día que lo vi

Parezco Lázaro enloquecido por la luz
Las agujas del reloj del barrio judío van al revés

Y yo también retrocedo en mi vida lentamente
Subiendo al Hradchin y a la noche escuchando

A las putas en burdeles cantar canciones checas
Aquí estoy entre sandías en Marsella.

Aquí estoy en Ámsterdam con una muchacha que me parece linda y es fea
Debe casarse con un estudiante de Leiden

Se alquilan cuartos en latín cubicula locanda
Me acuerdo pasé tres días ahí y tres en Gouda

Estoy en París ante el juez de instrucción
Como a un criminal me encierran en la prisión

Hice viajes dolorosos y gozosos
Antes de entender que ya no era un mocoso

Sufrí de amor a los veinte y a los treinta años
Viví como un loco y perdí mi tiempo

Desde mi más tierna edad me siento abandonado
No me atrevo a confiarme a la estrella como los reyes magos

Ya no me atrevo a mirar la cruz y a cada rato quisiera sollozar
Por mí, por la que amo, por todo lo que me horrorizó

Miro con ojos llenos de lágrimas a esos pobres emigrantes
Creen en Dios, rezan las mujeres amamantan a sus hijos

Llenan con sus olores el hall de la estación Sán Lázaro
Vienen de Rusia, de Rumania, hay polacos y tártaros

De los países adonde van tienen miedo por anticipado
He visto a un viejo pope que rezaba en eslavo

Se interrumpía para gritarles a sus hijos y sus hijas, muy feos
Y acostaron a una embarazada sobre un poco de heno

Muchos de esos emigrantes se quedan aquí y se alojan
En las calles des Rosiers o des Écouffes en pocilgas

Suelo verlos, de tarde salen a la calle a tomar aire
Casi todos son judíos sus mujeres usan pelucas

Se quedan sentadas exangües en el fondo de las tiendas
Y son tristes y dolientes como mujeres santas

Los hombres leen los diarios en idisch
Y cuando beben algo es limonada

Hay azules, verdes, rojas y anaranjadas
En las vitrinas las postales están bien ordenadas

Y entre esos judíos hay católicos eslavos ortodoxos
Parados en la puerta de sus negocios

Y yo en quien se mezclan la sangre eslava y la sangre latina
Miro a esos pobres polacos que sueñan con otros días

Los días en que Polonia era un gran reino
Y se cultivaban las letras, se formaba a los hombres

Polonia era la hermanita de Francia
Polonia hoy es sólo una esperanza

Las pobres polacas, las pobres muchachas del campo
Son llevadas a Alemania en rebaños

De Hamburgo las despachan a burdeles americanos
A los puertos de China o hasta sudafricanos

Se convierten en prostitutas lamentables
Cuando son viejas, sólo les queda matarse

Viví en Auteuil más o menos tres meses
Entre los dos ladrones como Jesús murió en la cruz

Uno, el criminal, ese fue el buen ladrón
Será desgraciado y morirá en prisión

El otro, el mal ladrón era una mujer
Se quedó con mi vida, fue un robo cruel

Y por haber vivido entre esos dos ladrones
Un día me detuvieron, el año pasado como encubridor

Conocí las miserias de gente muy diversa
Banqueros corruptos, muy pobres poetas

Viejos actores, escritores de fajas postales
Pintores sin un peso enfermos de sífilis

Rufianes, repartidores de prospectos
Hombres sándwich, diarieros

No hay que culparlos si a veces se hacen malos
Nada empuja tanto al mal como no tener plata

Las grandes calles de noche tienen el color del oro
El pobre dorado que repite Paris-Sport

Miro con ganas las putas y los automóviles
En los restaurantes cambian la vajilla entre risas

Los gitanos tocan melodías endiabladas
Nada más trágico para un pobre que los aires alegres

Los letreros luminosos contrastan por los colores de sus luces
Con la ropa desteñida de los pobres abridores de puertas

Los autos que aceleran aplastan contra el barro
Las esperanzas de los vagabundos, de los desamparados

De los que están acorralados, de los que se arrepienten
En las calles alegres, al pie de Montmartre, bajan por la pendiente

Caen en el crimen, caen en la sangre
Y muchos no son malos por naturaleza

Estoy de pie ante el estaño de un bar de viciados
Tomo por diez centavos entre los desgraciados

Estoy de noche en un gran restaurante
Se canta, se baila, se bebe champagne con las chicas

No son malas chicas no obstante
Todas, hasta las más feas hicieron sufrir a sus amantes

Estoy con una puta que me parecía linda
Sus senos parecen esponjas para lavar la vajilla

Es la hija de un sargento de policía de Jersey
Yo no había visto sus manos que son duras y se tuercen

Y siento mucha compasión por su regazo
Es por no herirla que entro ahí con asco

Y humillo a esta pobre muchacha mi boca
Beso esa especie de herida peluda y roja

Estoy solo en la noche la mañana va a venir
Los lecheros hacen tintinear sus jarros en las calles

La mayoría de los faroles de gas están apagados
Suena la bocina de un auto lejano

Me pone triste estar aquí, quisiera navegar
Hacia nuevos países donde las noches serían alegres

donde en las calles no habría desgraciados
donde beberíamos licores ignorados

Y no todos esos alcoholes ardientes como mi vida
Mi vida que bebo y que me quema como aguardiente

Camino hacia Auteuil, quiero ir a pie a mi casa
Dormir entre mis fetiches de las islas Marquesas y Guinea

Las obreras corren hacia el subterráneo
Una estrella después de una estrella se apaga

El sol está ahí es un cuello cortado
Como un día quizá lo tengan algunos de los pobres que me he encontrado

El sol me da miedo, derrama su sangre sobre París

Soy desgraciado por amor día y noche
Entre los desgraciados del día y de la noche


23.6.16

Luis Thonis, por Javier Fernández Paupy




Yo ya estaba borracho cuando me habló por primera vez de la diferencia entre los lectores que no subrayan los libros y los que leen para encontrar un estilo que no tienen. Estaba borracho pero lo pude oír decir, como si fuera suya, la frase de alguien más. Ya no pasa el tiempo entre nosotros. Todo se lo tragó el pasado. Cuando le pedí que me dedicara su libro, anotó en letras de dudosa caligrafía: Sólo desde la risa del Paraíso se puede atravesar el Infierno. En un bar irlandés dijo que tenía una lectura de Caín y Abel y que todos deberían hacer la suya. Sus pensamientos eran misteriosos cuando para mí lo mejor fue siempre no entender. “Nadie hace un crimen y lo asume a la vez, esto viene desde Caín, que le pregunta a Dios: ¿Soy yo el guardián de mi hermano?, pensando que Dios es un dictador y que puede hacerse cómplice.” Así hablaba, con una mezcla de erudición y conciencia moral infinita. ¡Caín! ¿Pero cómo? ¿Caín tiene algo que ver con los editores? Por supuesto, me dijo, todo Mallarmé trata ese tema.

Yo pensaba que siempre había dos caminos a seguir y que lo mejor quizás fuera cambiar continuamente de camino o no seguir ninguno. Los jóvenes se hacían viejos queriendo entender. Si la juventud supiera qué puede y qué no. Él se enfurecía con la idiotez de un escritor y los efectos que producía su lectura. Hablaba con frenesí de la inflación, de ciertos índices económicos falseados, de los bienes del patrimonio público, de la moneda que emitía el Banco Central y del endeudamiento nacional. Los esperpentos en la política de turno oscurecían el hilo de su voz. Se lamentaba y enardecía porque pocos sabían quién fue Pol Pot. Yo no lo sabía. Su forma enloquecida de pensar me resultaba deslumbrante; sus gustos, extremos; su ideología, misteriosa. Pero encasillar a alguien inclasificable, no. Su presentación era su voz. Yo diría su risa. La situación en Grecia, el remoto hoy que fue Eslovaquia ayer y las mercancías del espectáculo desfilaban en una marea de cambios naturales por su conversación. Y él insistía en que era fanfarrón pero no soberbio.

¿Qué cosas le daban alegría? Yo tendría que haberle preguntado si hablaba solo, si veía a la escritura como la prolongación de la guerra por otros medios y también qué era para él la ilusión amorosa. Pero nunca hablamos de eso. En cambio, me dijo sin sobresaltarse que lo peor de la historia se rearticulaba siempre de manera universitaria. No olvides que Cezanne dejó sus cuadros inconclusos, me miraba y se reía. Me distraje, siempre me distraigo, pero volví a la concentración de la charla cuando aclaró algo sobre Perón, diciendo que no le interesaban los problemas morales, que su problema era el salario. Algo hubo o habrá entre moralistas y estadistas. Pero no entendí qué pasaba con esa generación. Ni con la mía ni con la suya. Cuando nos conocimos él estaba con unos ensayos sobre el nacional-populismo. Leía el presente desde el presente a la velocidad de un pensamiento o ubicación inexplorados. Le interesaba hacer un estudio sobre la performatividad postmoderna, sobre el montaje fetichista, político, espectacular de los idólatras actuales. A los veinte años pensaba en la muerte como algo romántico. Muchos sabían de la fuerza que tiene un texto publicado. Y pensaba que había gente que leía para controlar, eso me dijo una noche. Yo le vi la vertiente delirante enseguida cuando lo escuché decir que la palabra compartir lo ponía muy mal. El suyo era un lenguaje de la aventura y también era la aventura de un lenguaje. Cuando pedimos nuestro segundo té, esa tarde, una de las primeras veces que nos vimos solos, le habló a la moza del bar sobre Molière, le dijo que pedía té porque se sentía un poco resfriado, casi a punto de engriparse, y la chica se rió y él le resumió el argumento de El enfermo imaginario en diez segundos. Una semana después le hablaría de Chejov, la chica estaba interesada en el tema. Esa tarde se hizo de noche y cuando me despedí dejé dos billetes de veinte pesos, uno era falso.

El artículo 17 de la Constitución le parecía importante. Según él, desde el 2001 la Constitución estaba rota. Me dijo que Kafka lo había dicho hace años: “Todo está en los detalles”. Hablaba y hablaba como si nadie prestara atención y tuviera que explicar todo de nuevo, desde el principio: “La Constitución es una organización simbólica de los cuerpos y de los derechos individuales. Eso parece no entenderlo nadie. Una conspiración. Alguien te ataca a vos. El código es que te hagan caso. Hay hombres de código. Tenerlo todo es vulgar. Lo decía Eduardo Wilde. El código sería vivir en una casa. Una casa de agujeros. Y llena de ratas. El chueco es perfecto, como chueco es perfecto. Un manco por ahí es perfecto. Perfecto como manco. Si uno es lo que es. Puede ser perfecto siendo lo que es. Todos dicen lo mismo. Empezás a sospechar. En la Argentina hay una dramática constitucional. Alberdi. Hay unos tipos que quieren instaurar una ley. Y otros violarla. Es un país potencialmente anarco. Que va por diferentes caudillos. El Dogma Socialista es idealista. En el sentido santisimoniano.” Orquestaba partituras en el aire. Hacía música con la historia. Mordía su drama constitucional, defraudado por las garantías del Estado de derecho.

Leía con unos anteojos medio destartalados. Muchas veces se indignó conmigo porque cortaba el hilo de sus argumentaciones o cuando yo demostraba que no sabía discutir. Mis preguntas lo interrumpían y a veces se irritaba o se enojaba. Repetía una frase de Joseph de Maistre: “Los que no comprenden nada comprenden mejor que aquellos que comprenden mal.” ¿Lo decía por mí? Yo estaba ahí, de alguna manera, disimulado, en esas conversaciones en las que mi entusiasmo era innegable pero así de grande también mi ignorancia en esas latitudes. Guardo así la memoria de esos días. Y ahora sé que para fundir una nación se necesitan: 45.000 policías en la calle con sus uniformes azules, su barriga y su idiotez, 73.000 balas de goma, 3.400 granadas de gas lacrimógeno. Antes de ponderar a Tocqueville, esa vez, habló de la Ley de Reforma del Estado (N° 23.696) que autorizó al Ejecutivo a privatizar empresas de servicios públicos. Hablaba enérgico, como poseído.

En la página 251 de una edición de 1978 de Una belleza rusa de Nabokov subrayó con tinta negra la frase: la memoria acumula. Creo que alguna vez esperó de mí que boswelizara su vida. En todo caso me dejé fascinar por su elocuencia. Esa noche caminamos al costado de las vías del tren. Lo acompañaba a la parada del 168 cuando me dijo que había que hacer listas de libros. Los diez mejores libros que uno hubiera leído sobre economía, las diez mejores novelas, y así. Decía estar haciendo sus listas, pero no haber terminado ninguna. Cómico de la lengua, Los siete locos, Peregrinación de Luz del Día. Le interesaba el odio de clase entre argentinos. Estaba loco, sí o no, pero siempre tenía algo para decir y lo que decía era genial, estrictamente inteligente, apasionado, paranoico, verdadero. Por convicción o conveniencia la gente tiende a decir lo que piensa, aunque a veces algunos se acomodan diciendo lo que les conviene; otros nacieron con un lugar de enunciación asegurado o se confundieron sin dificultades en el murmullo del éxito discursivo actual. Pero su risa era otra cosa. Nunca pude sacarle una tristeza. Hablar con él para mí era entrar a un museo de estilos. Alguien demasiado inteligente de una sabiduría que nunca voy a saber de dónde salía. No del saber. Porque redoblaba cualquier frase o idea, por pasajera que fuera, y la ponía en un lugar en el que no podía sostenerse, en un mundo de esterilidad. Padecía los defectos de sus virtudes. Era un poeta: un pobre animal enfermo que siente, un triste agónico contento.

Cuando Buffon dijo: El estilo es el hombre, creo que sólo o también o además dijo: Ordenar el pensamiento al ritmo, velocidad y movimiento de una frase: ahí el estilo. La literatura es vacilación, no certeza. En estética siempre estuve con Epicuro: "Disimulá tu vida." Yo estaba desenchufado de todo pero suponía que todo estaba bien. Luis Thonis fue y siempre va a ser para mí un escritor peligroso, corrosivo, brillante, resuelto para mostrar lo que otros preferían tapar; artero, atrevido, de tonos pálidos. Mezclaba lo político con lo poético. Decía, por ejemplo: “La economía de la indiferencia va de la mano de la banalidad del bien.” Pero el comentario se desprendía de una respuesta sobre la diferencia entre la letra de una canción y la de un poema. Demostraba que la política no está separada de la poesía. Los laberintos de su mente aparecían espejados en un estilo ramificado. Leía Joumana-Jo Haddad, me repitió una frase suya: “Pensás que tu problema es específico pero, quizás, es universal.” Me aseguró que para escribir una gran obra hay que perder mujeres, lectores, amigos y editores. Grandes libros que se escriben perdiendo.

Pero era más fácil comprar la felicidad como una mercancía barata o adulterada. La felicidad siempre va a ser una palabra de mierda porque impide la dicha, ahorra el dolor y a la vez el placer, concentra la angustia, bloquea. Esos recuerdos suyos conservo. El fraseo de su voz. La manera desordenada en la que comía maní. Había una guerra ideológica en el mundo, guerras religiosas, guerras capitalistas. Yo envejecía, me volvía cada vez más gris en mi trabajo y después no hacía otra cosa que escribir. Escribía el libro de las cosas que le escuchaba decir a los demás decirme a mí mismo. Él no dejó de mandarme por correo electrónico un seguimiento de catástrofes y matanzas, quizás para mostrar que el mapa que registraba sobre el ascenso de los fundamentalismos no era una trasnochada elucubración suya. Su objetivo más inmediato parecía ser ridiculizar la imagen del mundo que presentaban los revisionistas que hablaban en nombre de lo moral. El silencio mediático sobre el régimen sirio lo inquietaba. ¿Te das cuenta?, me instigaba, no dicen nada porque el niño sirio asesinado no cotiza en el mercado de las víctimas. La imaginería de su ilación verbal o mi oreja paranoide. No era que yo lo entendiera o tuviera ojo para lo social pero podía ver una alquimia salvaje de lo cotidiano en su mirada. Y me volví responsable de lo que veía en los otros.



14.6.16

La Permanente, por Basilio Pescante


EN MI POSTA la antorcha olímpica la destrucción entró a la librería El Ateneo y fui prendiendo fuego los anaqueles de la planta baja, bajé al subsuelo y regué lava en las bateas, que se comieron el piso superior y los gallineros de más arriba con libros quietos hace años y todas las mesas de la entrada y los acetatos importados giraron como ruedas pirotécnicas, y de frente al furor del teatro en la entrada todo se derrumbaba hacia el centro y al fondo, sobre el cafecito que frecuentaban Galeano y Durán Barba, y las llamas alumbraban mi cuerpo desnudo y lo bronceaban, una onda de calor rozó mis fibras capilares entre el ano y los huevos y una barba de fuego levantó mi aro de oro disparándome a los cielos negros de Buenos Aires como un rayo mensajero. El grupo ILHSA mantenía ficticias ganancias con sus Mondadoris, Planetas y Pene Randoms, me quedaban otras sucursales, los de Carlos Ruiz Zafón, Tom Clancy, miles de libros pedorros carísimos, era el momento de afinar la oferta, el lector argentino no se cae por una crisis económica, sólo los Cogtázags los García Márquez y Galeanos pero Gerard de Nerval Obras completas seguía sin aparecer, la distribuidora Waldhuter trae a Panero y las memorias de Casanova, librerías de usados, en el mercado libre aguantamos y encaramos traducciones de dos trilogías pavorosas para todos los putitos: la Cities of the Red Night y la Alemana.

Laiseca estoquea libros y Garcés y otro nabo le roban escritos, serán decapitados y sus cabezas transplantadas en los farolitos de mi Buenos Aires querido, sus medeas muertas similarán rostros rastas pudriéndose como en Haití. Todos trapichean todo lumpen hacen más menos guita, todos se la agarran con la clase media facha, la progre, la clase media es lumpen pero guarda, que el pozo ascéptico no se le rebalse, ni las cañerías de la mierda, al contrario de Chile, todos los chilenos gustan vivir con un toque de perfume de hez en el ambiente.

Los Vernes del espacio están entre nosotros: El Pibe Burroughs estockea Lamborghinis, L & O, todos agazapados, en el molde, algunos comemocos ansiosos dejan el pucho, se habla de la vuelta del LECOP y sus mercados secundarios, sí, mejor largar bonos, empapelar la ciudad de bonos y hacer correr las mercaderías, las provincias emiten moneda, las mineras contra oro, la Michetti con tu hermana el bono gato para ponerla en los puteríos Moyano de la ruta 34, imaginen la Michetti, la concha necrosada que tendrá, canceroso aro de quarzo enganchado a la silla de ruedas girando su falo manubrio llega primera a ver arder la plaza cultural de Santa Fe y Riobamba, qué horror dice ¡qué horror!
Es la venganza de Prince contra la industria cultural, desde el Paisley Ship ilocalizable mira todo de cerca, apunta a la Argentina para empezar por pura estadística de desembolsos a la cultura por parte del estado y por la cantidad de psicólogos por metro cuadrado, esperando noticias del grupo que iba para Flores a sopesar las excusas de Aira por mantenerse vivo y sodomizarlo con un consolador Tesla. Para recordar: cuando vino Prince a tocar en 1991 había carteles que decían Yankees go Home, o Fuera Yanquis de América Latina, era la guerra del golfo, el tipo no tocó ni un minuto de más, a la noche fue a bailar a Lanús toda la noche con una que al final le cortó el rostro, no se quiso ir con él, y no volvió más.

Ninjas de aleación de látex negro no respiran más que la guasca que se meten por el orto, salimos de negro ultra, con el ano de Brahma entre los huevos llegamos al centro para quemar librerías y bibliotecas, ver arder las humanidades, la literatura, ya quemamos Adán Buenosayres por no renovar stock en años, librería vergonzosa, el flaco de barba blanca hijo de puta miserable, y los empleados y gerentes de El Ateneo hoy, si venden aspiradoras o libros, cafeteras, electrodomésticos, les da lo mismo, de rodillas sin dientes chuparán pija hasta que sus rostros sean borrados y la furia cló cló Laclau-tilde Sex Machine suba el Overdrive y levante la guitarra.

Y todo por unos odios y un argumento cló cló odio aspavientos, mejillas turbias como lagos paspados, por no mearse encima pero con el forro de la noche anterior olvidado puesto carga la bombucha y apoya nalgas en el subte lleno.
Subte lleno de comida, reses cuelgan, se despostan y venden a la vuelta del trabajo, los músicos callejeros que intentan ingresar a tocar también son carneados, pestes comunistas rosas abiertas pulmones negros y meo, todos se mean en el pañal, todos menos yo que el forro de cualquier marca se infla como piñata de dos litros, como un envase familiar de coca cola, meo iriente que crepita las tripas de los mozos músicos, voy a la Random Pene House con el forro lleno de meoglicerina a turbar a los gerentes, subo directo me esperan me piden un Powerpoint y les pelo, me abro la bragueta y le doy al gerente en el cuello, el ácido lo corroe en el acto, de un progre vegano solo queda el aro blanco del ano, una vez vi el ano sin la piel, en el museo de la facultad de medicina, perfecta la raba me la calzo en el falo mendaz, falo mentiroso que eyacula programas de radio de los noventa Hector Larrea, el ruso Verea. Salgo a la vereda y encaro una cueva de barrabravas, tengo mucho meo, ayer fue mi cumpleaños, empezó el viernes en realidad y me guardé todo el meo para salir a bailar la mañana, el gordo me dice querés cien dólares gordito y lo escupo, me atenazan el cogote dos patovicas y mi falo de elefante se yergue curvo hasta la cara que al oído me decía fuiste gordito y se traga su cabeza y lo sacude golpeándolo por las paredes hasta desmembrarlo, reviento la caja, 23 mil 200 dólares y algo, bajo por la escalera y me meto en El Ateneo de Florida 365, subiendo la escalera mecánica me desnudo y en cuclillas cago, pateo el sorete al morder el borde de la escalera en la cara del encargado del segundo piso y meto en el bolso todos los discos de Prince, el tipo no dice nada, nadie dice nada en las Yennys desde lo del Grand Splendid pero a las dos cuadras me espera la infantería de la federal con 250 tipos y me meto en el subte, le di permiso al comisario para matar a los del gremio de Pablo Moyano, saco la cabeza para aspirar el hedor aceitoso del bochorno subterráneo, siempre salgo con una tira de forros y otra de mielcitas que me meto en el orto para el meo mortal de mi falo fiction.

Siempre vid, siendo joven, 40 pirulos, moliente, picado grueso como ayer en las bateas regias de la cadena de librerías y discos, si vendieran si fueran electrónicos, una tienda madre del placer, tantas veces quise unirme pero vuelvo, vuelvo a por un libro de día del padre uhh-uhh(Bataclan 2002), siendo así que me quedan cero pesos igual todo acá, las carnizas, el alimento de las perras mis puchos mi rigor hirviente, la llaga canta falsetto pero no salgo, el médico me da horario en el centro y sólo salgo a la mañana para volver a mediodía, cinco y media pm es muy tarde para volver de noche por ese boludo, todo el día en el centro sin un peso, en el ruido, sin poder hacer popó, porqué no hay forro del ano solo pañal. Prince dice que se va a la cama ahora, ah estoy tan cansado y hay que seguir viviendo, quién pudiera tomarse el Fentanyl como aquella vez que me operaron los pólipos y me llevaron unos aliens en su nave.

Llenar y llenar 15 mil carillas con el candor de un grano de mostaza fuera de la atmósfera, una malla de semillas en la piel y crecen plumas, plumas crecen de semillas en los poros, los millonarios, las aves el codorniz, qué bello pájaro, encima pone huevos, la tortilla de sesenta huevos de codorniz y una botella de ron, o sesenta botellas de ron y un huevo de codorniz, como dijo el tío de Isidoro en una que encontré de colección en Mar del Plata enero del 85’.

Y hay que ver en los párrafos retardados el tino, el abismo en un segundo que tropieza de carcaza en la cara anillada de un seunte en pleno sueño, y Fito Páez volvía a la psicodelia y Prince ya estaba en el siglo 22 con el teclado, vean los temas de New Orleans, escucho Le Bataclan 2002, Whole Lotta Love, el Aftershow que se vendía en la página de la NPG en el 2004 lo encuentro ahora colgado en el blog de un piratero con audio excelente, y el sábado reventaron un boliche gay en Orlando, otro insecto de esos, descendiente de afganos, su padre dice que los homosexuales deben morir, después de lo que hizo el hijo, tendrían que meterle un gancho de res en el ojete y despostarlo para distraer a los tiburones que acechan las balsas que huyen de los Castro, la ex dice que le pegaba que se enojaba si no le planchaba bien la ropa y nadie llama las cosas por su nombre dice Trump, fundamentalismo islámico radical, me gustaría robarle el traje de Iron Maiden a Burroughs y volar todos esos países posnazis, ay ay todas las páginas que tendrán que sufrir para que plugue el misterio consolador, sin veras, sin llantos, la gragea de muerte, la picada, una nuez de muerte, maní de fiambre, Trump comiendo maní, guiñando el ojo, ya sabemos, el párrafo en el desierto, vuelan las letras en torbellinos de arena. El punto es esencial para recordar algunas lecturas y audios de la mañana, nos quedamos en casa, donde la pulpa de membrillo se filtra en el ron de la tarde, donde se habrán metido, prometieron una botella de ron, el Jagermeister parece Fernet o Cynar más fino, no puedo seguir fabulando con el alcohol ni dejar de atontarme con la medusa teléfónica, ahora que escribo para un solo sexo, y todos los críticos me aman en Kyoto.

Y él lo sabe

Consolatio Turbinium se llama la canción de los mares, en la mirada del Telekino me despido para siempre de las honduras telenómicas las hayas fantasmales y el trigo ardiente de los manzanos y las dulces nalgas de los enanos palorosa en las veredas del convento de Santa Teresa, entre calles René Houseman y Bordolino de plena capital, y le canto a la marea y mis ojos, mis ojos de la flaca miran las aguas cristalinas y para siempre el cuerpo rebate y adelgaza y toma un nuevo habitante de Atlantis, las algas nervadas caminan como zarzas y los ojos se esconden en los amansamientos salobres como plata que no brilla ora sí, y veo al fabuloso, a Snippet.

9.6.16

Un gato y otros poemas, por Gabriela Goldberg



Álbum

saco todo de la caja                              
y la sacudo
algo
aparece encima de otro recuerdo
faltan fotos                               

junto pruebas por veranos
hay una foto suelta    

sentada bien derecha con el balde en lo bajito
el agua hasta la panza curva como ahora                  
una sirena agitándose de fiesta
con volados siempre el mar

algo cae al sacudirme
una sonrisa

en otra, me abrazás
la espalda sigue encorvada tu cabeza               
me oscurece                           
y una mano adelantándose al cariño     
patalea en el aire
una tortuga

cuento fotos en hileras
las barajo
en una racha ganadora    
sale
           tarde en Florianópolis y yo
           las 2 bronceadas        

queda al fondo hasta perderse sin mirarla
nunca más              

encima un sol espléndido

aparece encima de otro mal recuerdo             
sólo playas de ese viaje faltan           
fotos nuestras

la cabeza algo movida

besosssssssssss

y el recuadro ajusta sombras

de un recuerdo que me olvido
hay media foto muda      

aprieta hasta los pelos aspirándose o desborda
inflamándose en estilo pone
caras de cine ya
perdidas 

saco todo de la caja
y la sacudo por
si hay
más

busco pruebas en el dorso
alguna fecha

con amor
y firma en pose
un
firulete        
de ojos grandes a quién miran
de soslayo
y la guardaba como yo
por siempre
            tuya


Latino

sube encimado al primer tema en la cabeza soledad
del cantautor con guitarrita saca música
de adentro
                       de sus bártulos la trenza enredada de los cables    
un disco con versiones
                      frases sueltas          
                                                                   
bien calzado y de camisa que lo entalla desbordándose en volumen
las ojeadas a su bulto lo acompañan por ahí
a buscar público en los vidrios
una foto desplegable
                        se disloca mirándose el pasito atrás
                                                          lo siguen abismados      
y vuelve a perder letra que no importa para nadie
es caramelo                    
                 pegado en el zapato
              debajo del asiento marca el ritmo


*
Sres:

         me empujó de la mesa el codo fue una pata chingada
la cabeza tropezando con el grito
no dormás!
                 ruedan las ganas de pegarle una
                  y otra vez
las uñassssss
búmeran                   
                        
el globo se infla hasta mañana un viento fuerte       
                                                            no me hablés


*
Marciana

me senté a comer sin freno
de tu mano
                       ni cabeza
fuimos 2 chorlitos porque sí                     
                                la luna roja


Un gato

pegado a la mesa donde estás horas poniendo algo de vos distinto           
                   las palabras en la boca de quién sólo imaginás
                                tocarse con tu pelo hacerse uno
y le pintás las uñas de los pies             
las manos


Meditación nocturna

por si se enfiestan los patitos de repente  
rompen filas y se
vuelan                  
cuac
hagamos un estanque
en la mesita un vaso lleno hasta mañana            
el celular cargado
    números
y listas de todas las especies que se embarcan
con tormenta