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15.10.26

La infanticida Marie Farrar, por Bertolt Brecht

 

1

Marie Farrar, nacida en abril,
menor, sin señas particulares, raquítica, huérfana,
hasta el presente no fichada, dice haber
asesinado a un niño de la siguiente manera:
Que ya en el segundo mes intentó
en lo de una mujer que vivía en un sótano
abortarlo con dos inyecciones, que declara
fueron dolorosas. Pero no quiso salir.
Y a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

 

2

A pesar de ello dice haber pagado en el acto
lo convenido y desde entonces haber usado faja,
también bebió kerosen con pimienta molida;
pero que todo eso no hizo sino provocarle diarrea.
Que su cuerpo se hinchó a ojos vistas y que tuvo
dolores agudos, mientras lavaba los platos, muchas veces.
Ella misma, dice, aún no había dejado de crecer.
Que le rezó a la virgen, con mucha esperanza.
En cuanto a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar,
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

 

3

Al parecer, las oraciones no dieron resultado.
También, era mucho pedir. Cuando se puso más gruesa
le daban mareos durante la misa. Sentía el cuerpo húmedo
de miedo, cuando se arrodillaba al pie del altar.
Sin embargo, mantuvo en secreto su estado,
hasta que finalmente la sorprendió el parto.
Pudo ocultarlo todo, seguramente porque nadie creía que ella
tan sin gracia, hubiera caído en la tentación.
Y a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar
Puesto toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

 

4

Que ese día, según ella, muy de madrugada
al lavar la escalera sintió que le clavaban
uñas en el vientre. El dolor la estremecía.
Y, sin embargo, logró disimularlo.
Todo el día. Mientras cuelga la ropa
la cabeza le estalla: de repente se da cuenta
que va a parir y siente un gran peso
sobre el corazón. Solo muy tarde sube al cuarto.
Pero a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

 

5

La llamaron de nuevo cuando ya se había acostado,
había nevado y tuvo que barrer.
Así hasta las once. Aquel fue un largo día.
Solo entrada la noche pudo parir en paz.
Y dio a luz, así declara, a un niño varón,
a un hijo que era igual a otros hijos,
pero ella no era igual que otras madres,
eso quiero aclararlo sin ironía y sin mayor motivo.
En cuanto a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

 

6

Dejémosla que siga relatando
lo que con ese hijo pasó
(dijo que no pensaba guardarse una palabra)
para que todos lo sepan y se ubiquen.
Dice que a poco de acostarse sintió intenso malestar,
sin saber qué podría ocurrir,
pues estaba sola, y que se forzó a no gritar.
Y yo a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

 

7

Con sus últimas fuerzas, dice que luego,
como su cuarto estaba helado, se arrastró
hasta el retrete y allí (no recuerda exactamente
en qué momento), sin más vueltas, parió
hacia el amanecer. Dice que entonces se sintió
muy confusa, y luego, ya medio congelada,
porque en el baño de servicio entra la nieve,
apenas tuvo fuerzas para alzar al niño.
En cuanto a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

 

8

Luego, entre el baño y la pieza -dice que hasta entonces
no había pasado nada-, la criatura
comenzó a gritar, eso la alteró de tal manera,
que la golpeó con ambos puños y con fuerza,
ciegamente, dice, hasta que se calló.
Luego de ello se llevó el cuerpito consigo
a la cama por el resto de la noche
y de mañana lo escondió en el lavadero.
Pero a ustedes, les ruego, se abstengan de juzgar
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

 

9

Marie Farrar, nacida en abril,
muerta en la prisión de Meissen
madre soltera, sentenciada, quiere
mostrarles los sufrimientos de todas las criaturas.
Ustedes que dan a luz en limpias
camas de maternidad y llaman
"benditos" a sus vientres preñados quieran
no condenar a los débiles perdidos
pues sus pecados fueron duros y su dolor fue grande.
Por eso, les ruego, se abstengan de juzgar
Pues toda criatura necesita ayuda de todas las demás.

 

Traducción: Jorge Hacker

Tomado de: Bertolt Brecht, Poemas y canciones, Adriana Hidalgo editorial, Buenos Aires, 2014.

17.5.23

La ruta de la edición: KUNSTFLUG EDICIONES

 


Seis preguntas a editorsx
Hoy responde Julieta Messer de Kunstflug ediciones



Nuestra editorial se llama Kunstflug ediciones y actualmente nos distribuye Waldhuter libros. El nombre de la editorial es una palabra en alemán que significa “Acrobacia áerea”. Me gustaba la idea de que editar es algo medio acrobático, que tiene que ver con el vértigo y con el concepto artístico de ese vuelo. De hecho, en alemán “Kunst” es arte y “Flug” es vuelo. Pero las palabras combinadas significan “Acrobacia aérea”. Soy yo sola editando y trabajo con un maquetador que se encarga del armado del libro y del diseño de las tapas. Arrancamos hace seis años. Por el momento tenemos siete títulos. Publicamos varios géneros: crónica, teatro, poesía, etc.- No hay un criterio: me interesa un libro y voy y lo publico.


¿Qué estás leyendo?

Leo varias cosas a la vez -siempre-, mientras preparo el último final de mi carrera (Lic. en Artes), tengo a mi lado varios libros diferentes para ir mechando entre el material académico y algo menos árido. En este momento volví a re-leer un libro que me gusta mucho que se llama “¿Cuánta tierra necesita un hombre?” de Tolstoi. También siempre anda por ahí alguna antología de poemas de William Blake que funciona casi a modo de oráculo de mesa de luz. Y siempre revolotea el muy vigente libro de Foster Wallace “La broma infinita”. En el medio sigo estudiando y tengo apuntes tirados por todos lados: Brecht, Pasolini, Ricoeur, cosas académicas. Dentro de poco termina este -bello- martirio.


¿Cuáles son esos autores a los que siempre volvés?

Los rusos, casi todos: todo lo que sé de literatura lo sé de los rusos. Bueno y de Kafka también, la verdad. También me gusta mucho Flaubert, pero no todo, algunos de sus libros. Y poesía leo bastante, me gusta mucho Yves Bonnefoy por ejemplo. No leo mucha literatura contemporánea. Prefiero leer literatura clásica. Igualmente trato de estar al tanto de los contemporáneos, porque además de la editorial, tengo una librería y estoy permanentemente en contacto con libros nuevos. Siempre aparecen algunas joyitas, esas pequeñas revelaciones contemporáneas como por ejemplo Alejandra Kamiya, una escritora excelente que escribe unos cuentos que son realmente muy buenos, con un muy buen nivel.


¿Cómo es el proceso de lectura de un manuscrito?

Es un proceso bastante obsesivo. Leo de 7 a 10 veces el manuscrito. Siempre algo se te pasa cuando empezás en el proceso de corrección, pero en general venimos bien y el máximo de errores una vez impreso el libro puede ser uno o dos. Es difícil cuando estás muy sumergida en un texto, entrar en una cosa estéril y objetiva. Antes de leer completo un manuscrito, igual siempre pedimos un resumen y el primer capítulo, en general se ve enseguida si el libro va a interesar o no. Es algo muy personal, realmente.


¿Qué tiene que tener un libro para que te interese publicarlo?

Tiene que ser original, genuino, en lo posible apolítico. No panfletario. O sea, puede describir a través de la narrativa o crónica un momento histórico, pero sin dejar una marca tendenciosa. Porque ya de por sí el libro es un dispositivo para pensar. Que cada persona cuando lo lea piense lo que quiera, pero no me interesa que el libro tenga una marca fuerte “de bandos”. No soy una editorial que busca hacer marketing con eso. Todo lo contrario: mi editorial pierde plata o la recupera tarde. El libro que edito tiene que ser acerca de un tema en dónde se note que quién escribe es curioso y tiene intereses relacionados con algún género literario. Luego claro la originalidad de cómo escribe. Es decir: forma y contenido. Todo es importante. También tengo que llevarme bien con el autor/a. Que entienda que una editorial pequeña en principio pierde plata o la recupera tarde -como dije antes- Pero que su porcentaje de precio de tapa que acordamos siempre se le va a liquidar en tiempo y forma. No cobro por editar los libros, leo algo, me gusta, lo edito. Me hago cargo de todo. Es un poco un hobby caro, pero con responsabilidad de ir formando un catálogo de calidad, con libros cuidados en todo el proceso de edición.


¿Cuánto intervenís en los textos que publicás?

Hago sugerencias de todo tipo, sin tratar de comprometer a la persona que escribe en que me diga que SÍ a tal o cual cosa. Por ejemplo, tratamos de consensuar el diseño gráfico de la tapa haciéndole llegar varias versiones. En general los escritores tendemos a escribir más y a tener poco poder de síntesis, entonces también puedo sugerir hacer “recortes” en pequeños pasajes que me parecen redundantes. Trato de meterme lo menos posible, pero a veces es interesante una mirada externa, en este caso la mirada de la “Editora”, o sea yo, jaja, para poder tener una persona externa que ve de otra forma el corpus y que a partir de esa mirada nueva, da sus propias opiniones, en general es una negociación permanente.


¿Qué relación buscás entre el arte de tapa y el texto que presenta?

En primera instancia que la tapa tenga un mensaje claro, que no sea para nada críptica, que no tenga demasiada información. Sino que simplemente refleje el contenido del libro de un solo pantallazo. Prefiero lo antiguo que lo moderno. No me interesa una tapa barroca. Prefiero que sea visualmente atractiva sin ser muy ornamentada. Me gusta lo clásico y lo colorido. No me gustan las tapas que melancolizan los interiores, todo se trata de poder buscar una coherencia entre lo que editamos, lo que quieren los autores/as y lo que es más “vendible”. Equilibrio difícil pero no imposible. Es cuestión de tener en cuenta a todos/as y trabajar con mucho ahínco y también con mucha alegría.

27.1.18

Un americano yéndose a París, por Pablo Moreno


Robert me consiguió un pase para ver a los Doors. Janet y yo habíamos devorado su primer álbum y casi me sentía culpable de ir sin ella. Pero tuve una reacción extraña cuando vi a Jim Morrison. Todas las personas que me rodeaban parecían paralizadas pero yo observé todos sus movimientos con atenta frialdad. Recuerdo aquella sensación con mucha más claridad que el concierto. Mientras lo observaba, sentí que era capaz de hacer lo mismo. No sé  decir por qué lo pensé. No había nada en mi experiencia que me indujera a creer que aquello podía ser posible, pero abrigaba esa vanidosa presunción. Percibí su vergüenza además de su honda seguridad. Exudaba una mezcla de belleza y odio hacia sí mismo, y dolor místico, como un san Sebastián de la costa Oeste.
Patti Smith. Éramos unos niños.

La vitalidad perfomática. Patti Smith ancla su mirada en eso porque es la condición de un poeta observando a otro. Es el cómo recitar esos versos, cómo atestar en la auditorio el linaje de poetas malditos salpicado por la inevitable carretera beatnik. The Doors eran demasiado “arty” para el panorama el rock de la costa oeste de los 60’s. Ni la metáfora tan transparente de los Byrds en “Eight miles high”, ni la mística tripera de los Dead, ni la descarriada lucha de egos de los Buffalo Springfield, ni el ensueño canadiense de Joni Mitchell, ni la diatriba política de los Jefferson Airplane, ni el sueño hippie rumbo a la colisión de la pesadilla americana de Neil Young, ni la solitaria deconstrucción política del rock de un Frank Zappa.

La poesía y, sobre todo, la voz de Morrison era una premeditada conjunción del lenguaje visual heredado de la
UCLA, el viaje chamánico, Huxley, Blake, Brecht materializado en un  Rimbaud de bares de mala muerte. La banda seguía la literatura propuesta por el barítono. En los momentos felices los Doors podían pergeñar un álbum exquisito como Strange Days. Cómo no quedar embriagado por esa diatriba pletórica de deseos resumida en We want the world and we want it now! Y en eso radicaba la elegancia porque carecía del carácter efímero de un slogan político. Demasiado inteligente para la horizontalidad californiana. Ni un ápice de la nostalgia residual de los Beach Boys porque jamás narraron sobre la juventud perdida. En los momentos soporíferos descarrilaban sin red de contención como en “The Celebration of the Lizard”: poesía mala nacida para crispar los nervios. Cuando el barítono se ausentaba componían un experimento innecesario como The soft parade (la absurda megalomanía de Manzarek). El incesante bombardeo etílico de Morrison lo trajo nuevamente al estudio de grabación. En L.A. Woman Morrison pierde la sofisticación de antaño. Ha visto la ciudad, se ha sumergido en ella y de esa experiencia surgen imágenes imperecederas. La poética de aquel que observa. Ahí está la belleza sobrecogedora de “Cars his by my window”, un auténtico tratado sobre la mirada.

La costa oeste nunca pudo edificar una teoría de la imagen. La
UCLA fundamentalmente era (y es) una institución de la fosilización (la historia del cine). La industria del cine está dos pasos, fabrica sueños, no elabora teorías. La fuerza teórica siempre surgió de la costa este. Nueva York cobijó a Mekas, a Warhol (con o sin los Velvet, con o sin la cámara), Cage, a Sontag a la vanguardia que luego perteneció la propia Patti Smith. Las Notas sobre la visión (Mansalva, 2017) de Morrison escritas en el año 1964 y luego editadas en 1969 conforman un híbrido de anotaciones personales, diario, poemas y apuntes teóricos sobre la mirada, pero particularmente sobre el cine. El recorrido se inicia en la ciudad, establece una genealogía de las películas anclando en un principio mitológico. Despliega el más allá del cine en el happening y el multimedia. Teoriza sobre la cámara y el espectador. Describe a los Dioses que nos sumergen en el poder totalizador de las imágenes: Los dioses nos apaciguan con las imágenes. Nos dan libros, conciertos, galerías, espectáculos, cines. A través del arte, nos confunden y nos ciegan hasta esclavizarnos. Debord denominó a los dioses como “espectáculo”. Hoy vulgarmente se lo denomina como corporaciones.

Simple y llanamente (una prosa poética contundente para un estudiante de cine) estipula dos formas de evolución del cine: el espectáculo (creación de un mundo sustituto totalmente sensorial) y el espectáculo voyeurístico (observación erótica y observación de la vida real). Algo que Serge Daney describió como” lo visual” (nuestra manera de decodificar las imágenes/verificación óptica de un procedimiento de poder) en contraposición a la “imagen” (que se apoya sobre una experiencia de la visión).

Este entramado de escritos sobre el cine constituye la última obra escrita editada por Morrison (paradójicamente los escritos de juventud). Es a la vez la escritura fundacional de una poética ligada al rock. La lírica necesitaba de un mito fundacional que reclama un horizonte final: la ciudad. Luego Morrison va al otro lado del Atlántico, a París, la ciudad de las teorías del cine. En este sentido, la obra de Morrison se estructura en un diseño que narra una vida. El mito que nos cuenta las historias de la ciudad angelina y que terminaron siendo una oda a la misma.

22.9.10

Bertolt Brecht - Die Ausnahme und die Regel

Nous vous rapportons
L´histoire d´un voyage.
L´expedition comprend un marchant et deux subalternes.
Regardez bien comment ils agissent:
Leur conduite vous paraît familière, decouvrez-la insolite,
Sous le quotidien, décelez l´inexplicable.
Derrière la règle consacrée, discernez l´absurd.
Défiez-vous du moindre geste, fût-il simple en apparence.
N´acceptez pas comme telle la coutume reçue,
Cherchez-en la nécessité.
Nous vous en prions instamment, ne dites pas: «C´est naturel»
Devant les événements de chaque jour.
A une époque où règne la confusion, où coule le sang,
Où on ordonne le désordre,
Où l´arbitraire prend force de loi,
Où l´humanité se deshumanise …
Ne dites jamais: «c´est naturel»
Afin que rien ne passe pour immuable.




Bertolt Brecht. L´exception et la règle, (1929/1930)