21.2.18

Una misma inquietud espiritual, por Nicolás Moguilevsky



A veces, en los puertos, hay bloques que entorpecen la visión. Formalidad bajo el magisterio, estructuras de hierro que cumplen el objetivo de acopiar material en desuso. Espacios de imprecisión que pueden ser entendidos como monumentos a la falta: a la falta de materia, a la falta de gusto, al exceso de información. Cuando estos depósitos se encuentran llenos de piedras, estamos ante el binomio arte-estupidez. Progresivas escenas se funden en su color, porque esa es la forma que algunos le dan al tópico que piden analizar. Las luces apagadas en el jardín, los lentos principios de la termodinámica, el comprobante de operaciones entre un cliente y su proveedor.

Un contenedor espera su momento...

Hay quienes chillan en los pasillos y están los que suspiran. Pero el objetivo siempre totaliza: estamos aquí reunidos, contemplando bellas obras en compañía de amigos y amigas, en el apacible anochecer del centro de esta ciudad. Entonces, pensar un argumento, sus cribar a esta acción conjunta de los ejes propuestos va a llevarnos, si no es a un sentido común, por lo menos a cierta entidad portuaria de bloques mentirosos, donde algunos supuestos expertos munidos de amplios talleres, fuertes sumas para el balancear de sus caprichos y colegas que ríen conservados en formas oficiales, desistentes, se harán creer a sí mismos que las piedras son diamantes. Las fricciones de la máquina evolutiva han de contar, sin dudas, con mayores méritos para abordar esa tarea.

La estupidez y el arte tienen tantas cosas en común...

Si las piedras hablaran podrían dar la respuesta perfecta. Pero no lo hacen, se hunden. Hay un pequeño arroyo donde se pierden, se alejan. Hay árboles, un cielo encapotado. Y mientras miramos todo se autoriza un pago que no se cobra en ventanilla: un mecanismo de absorción y derrotas: las de los otros, las nuestras. Para llevar a cabo un trabajo de pintura es indispensable conocer las particularidades  de cada producto con respecto a sus propiedades y manera de aplicación.

Están las formas, las firmas, los necesarios sellos que necesita un contador... 

Así, el beneficiario debe dirigirse a la última oficina (¿en el paisaje hay un museo, una galería?), abajo en los sótanos, esa donde la luz del sol no toca sus puertas ni lo hará. En la pared de aquel lugar, sostenido por tres pedacitos de cinta de pintor, puede leerse un cartel: "Solo se abre fácil el camino para quien por lo difícil pasó". Arte, estupidez, cobros y pagos atrasados. La ambición y el aturdido contemplar, los rastros y los rastreros, bajo la forma de lo que algunos denominan un desprecio completo por escrito. Así pueden ser las cosas, y este texto podría y debería continuar, más los organizadores han pedido brevedad.

(Leído con modificaciones en las Primeras jornadas de arte y estupidez)

12.2.18

Enero una laguna, por Laura Salino


Bajo del 93 en Libertador y Esmeralda. Hace un calor pronunciado. Voy demasiado cargada de peso (el arroz bomba que me pidió mi viejo y pasé riéndome por el control del aeropuerto, pesa), los escalones del colectivo son muy altos, no tengo fuerza suficiente en los brazos por lo que empujo con la rodilla la valija. Me lastimo. Ya llevo la primera marca.

Voy rumbo Junín, mi pueblo natal. En el tramo que va desde Av. Libertador a la estación de ómnibus, veo toda la oferta de puestos ambulantes, siempre variada. Paso por la estación de trenes y recuerdo.

Arrastro la valija por las veredas rotas siempre rotas y las rueditas van encallando en las profundidades de los agujeros. El sol pica.

Veo que las rampas mecánicas en las subidas están rotas, no funcionan, así que cargo el peso hacia arriba como antes de que la estación estuviera reformada. Noto cierto deterioro desde la última vez, una gran cantidad de chicles pegados en el suelo.

Empiezo a escuchar nombres conocidos pero extraños: Rápido Argentino, Plusmar, Chevallier, El Rosarino… Hay gente durmiendo en el suelo sucio, un chino muy flaquito se come un pancho con devoción famélica. Una madre le da gaseosa a su niño mientras le aclara: “A Tati no le gustan los nenes con olor a culo”.

Espero. Salimos con cuarenta minutos de demora porque el aire acondicionado no funciona. Habían anunciado mal la plataforma, así que cuando estoy por subirme al micro el chofer me detiene: “Viajás en el de al lado linda, con dos negros feos”. “Muy bien, les daré el saludo a los compañeros”, respondo, y nos reímos.

Subo, busco el asiento diecinueve, abro las cortinitas azul oscuro. Quiero que entre la luz.

Salimos. Pasamos los puestos frente a la villa, luego el Sheraton. Nos detenemos justo frente a unos plátanos enormes atacados por cochinilla algodonosa repugnante. Pobres árboles enfermos de ciudad. Pasamos el Luna Park.

Recuerdo este trayecto perfectamente. Tantos años. Tantas veces.

El sol me adormece, cabeceo y me despierto en Liniers: “Sánguches, milanesas, agua, gaseosa”. Se me hace largo y pesado, como siempre, hasta Carmen de Areco. Luego viene una sucesión de verdes, charquitos, nidos, vacas pastando y algún que otro árbol con cintitas rojas dedicadas al Gauchito Gil. Pienso en la pampa y en los arrieros de otras épocas.

Corto la nostalgia con un concierto de Charly: “esquivas a tu corazón… y destrozas tu cabeza”.

Marcas comerciales de semillas presiden los alambrados de los campos.

Cada tanto suena la alarma del micro porque ha excedido los 90 km/h. Ya estamos en Chacabuco.

Cincuenta kilómetros más y estaré de nuevo en la ciudad donde me nacieron.
Pasamos por una zona fabril, luego veo unos chanchos alimentándose y un chico con el torso desnudo en una Harley que desentona un poco con el paisaje. Pasamos el Golf, el reconocido cartel “Junín 3”, el río Salado, un anuncio venido a menos de lácteos Argenlac y, por fin, llegamos. Una hora después de lo previsto.

Siempre tuve la impresión de llegar tarde a las cosas, como si ya debiera saberlas antes, de otro tiempo o de otra vida o de otra experiencia. Siempre me avergonzó no saber. Mi curiosidad fue mi primera vergüenza.

Vuelvo a los afectos de Junín, a sus lagunas tan reales como los limoneros. Vuelvo a Junín que es un paisaje, un cuerpo, un recuerdo y siempre una sorpresa repetida y sin adjetivos.
Vuelvo a la vida allí, con mi edad de aquí, con mis ojos de ahora, mi olfato de siempre, mi tacto sin terminar de hacer, mi oído trabajado y trabajador. Vuelvo con todo lo que ha cambiado y lo que no ha cambiado en absoluto.


Vuelvo otra. Me voy otra al volver.

2.2.18

Lo que viene desde antes, por Milton Rodríguez



S E P T I E M B R E 
Un poeta,
un minúsculo ser que escribe,
anota en el diario.

Astuto
a veces
como una tiniebla.

Como si todo fuera
tan solo
lo que pasó.

Si tuviera que recordar
sería el mismo secreto
la misma pena
que nadie entiende.

El hombre sentado
durante horas
escribiendo como
un loco.
Como lo que es.

Persistiendo…
porque no sabe
lo que falta


M A N Í A
La voz mayor
que escucha
el reverso
de la moneda.

La voz que es eso:
arrumaco y sentencia.

Haciendo del sueño que desflora
una sinagoga de pájaros.


E D U A R D O
El armazón ya no mueve la espalda.
Tampoco acicatea a los parroquianos con la silla.
Eduardo escolasea un número
y vuelve el vidrio de sus ojos.

Nebuliza su garganta
los ojos
la profunda tibieza
de lo que esconde
la pluma adelgazada del invierno
pasa
desteje
el ocre
el azul.

Incapacidad de seguir haciéndole frente
a tanta desgracia.


ÉL
Se ha ido.
Fue
con lo poco
que te dijo
la persona
que más
te alentó;
quien
con la súplica
desviaba.


e l  c h a b a c a n o  g u s t o  d e  s u s  v e c i n o s
Era sencillo
quizás
pero
para los demás
él iba a ser
el
melancólico
condenado a transformarse
en un ser
perdido,
anticipado.


OTRO
Un camino que me lleva
a ninguna parte.

Otro lugar cerrado.

Escondidos y tibios
caen los discursos
de luchas pasadas
en las que había un jefe
o una fe.

Los obreros reivindicando
en la tenida
la bandera de la vida deslomada.

27.1.18

Un americano yéndose a París, por Pablo Moreno


Robert me consiguió un pase para ver a los Doors. Janet y yo habíamos devorado su primer álbum y casi me sentía culpable de ir sin ella. Pero tuve una reacción extraña cuando vi a Jim Morrison. Todas las personas que me rodeaban parecían paralizadas pero yo observé todos sus movimientos con atenta frialdad. Recuerdo aquella sensación con mucha más claridad que el concierto. Mientras lo observaba, sentí que era capaz de hacer lo mismo. No sé  decir por qué lo pensé. No había nada en mi experiencia que me indujera a creer que aquello podía ser posible, pero abrigaba esa vanidosa presunción. Percibí su vergüenza además de su honda seguridad. Exudaba una mezcla de belleza y odio hacia sí mismo, y dolor místico, como un san Sebastián de la costa Oeste.
Patti Smith. Éramos unos niños.

La vitalidad perfomática. Patti Smith ancla su mirada en eso porque es la condición de un poeta observando a otro. Es el cómo recitar esos versos, cómo atestar en la auditorio el linaje de poetas malditos salpicado por la inevitable carretera beatnik. The Doors eran demasiado “arty” para el panorama el rock de la costa oeste de los 60’s. Ni la metáfora tan transparente de los Byrds en “Eight miles high”, ni la mística tripera de los Dead, ni la descarriada lucha de egos de los Buffalo Springfield, ni el ensueño canadiense de Joni Mitchell, ni la diatriba política de los Jefferson Airplane, ni el sueño hippie rumbo a la colisión de la pesadilla americana de Neil Young, ni la solitaria deconstrucción política del rock de un Frank Zappa.

La poesía y, sobre todo, la voz de Morrison era una premeditada conjunción del lenguaje visual heredado de la
UCLA, el viaje chamánico, Huxley, Blake, Brecht materializado en un  Rimbaud de bares de mala muerte. La banda seguía la literatura propuesta por el barítono. En los momentos felices los Doors podían pergeñar un álbum exquisito como Strange Days. Cómo no quedar embriagado por esa diatriba pletórica de deseos resumida en We want the world and we want it now! Y en eso radicaba la elegancia porque carecía del carácter efímero de un slogan político. Demasiado inteligente para la horizontalidad californiana. Ni un ápice de la nostalgia residual de los Beach Boys porque jamás narraron sobre la juventud perdida. En los momentos soporíferos descarrilaban sin red de contención como en “The Celebration of the Lizard”: poesía mala nacida para crispar los nervios. Cuando el barítono se ausentaba componían un experimento innecesario como The soft parade (la absurda megalomanía de Manzarek). El incesante bombardeo etílico de Morrison lo trajo nuevamente al estudio de grabación. En L.A. Woman Morrison pierde la sofisticación de antaño. Ha visto la ciudad, se ha sumergido en ella y de esa experiencia surgen imágenes imperecederas. La poética de aquel que observa. Ahí está la belleza sobrecogedora de “Cars his by my window”, un auténtico tratado sobre la mirada.

La costa oeste nunca pudo edificar una teoría de la imagen. La
UCLA fundamentalmente era (y es) una institución de la fosilización (la historia del cine). La industria del cine está dos pasos, fabrica sueños, no elabora teorías. La fuerza teórica siempre surgió de la costa este. Nueva York cobijó a Mekas, a Warhol (con o sin los Velvet, con o sin la cámara), Cage, a Sontag a la vanguardia que luego perteneció la propia Patti Smith. Las Notas sobre la visión (Mansalva, 2017) de Morrison escritas en el año 1964 y luego editadas en 1969 conforman un híbrido de anotaciones personales, diario, poemas y apuntes teóricos sobre la mirada, pero particularmente sobre el cine. El recorrido se inicia en la ciudad, establece una genealogía de las películas anclando en un principio mitológico. Despliega el más allá del cine en el happening y el multimedia. Teoriza sobre la cámara y el espectador. Describe a los Dioses que nos sumergen en el poder totalizador de las imágenes: Los dioses nos apaciguan con las imágenes. Nos dan libros, conciertos, galerías, espectáculos, cines. A través del arte, nos confunden y nos ciegan hasta esclavizarnos. Debord denominó a los dioses como “espectáculo”. Hoy vulgarmente se lo denomina como corporaciones.

Simple y llanamente (una prosa poética contundente para un estudiante de cine) estipula dos formas de evolución del cine: el espectáculo (creación de un mundo sustituto totalmente sensorial) y el espectáculo voyeurístico (observación erótica y observación de la vida real). Algo que Serge Daney describió como” lo visual” (nuestra manera de decodificar las imágenes/verificación óptica de un procedimiento de poder) en contraposición a la “imagen” (que se apoya sobre una experiencia de la visión).

Este entramado de escritos sobre el cine constituye la última obra escrita editada por Morrison (paradójicamente los escritos de juventud). Es a la vez la escritura fundacional de una poética ligada al rock. La lírica necesitaba de un mito fundacional que reclama un horizonte final: la ciudad. Luego Morrison va al otro lado del Atlántico, a París, la ciudad de las teorías del cine. En este sentido, la obra de Morrison se estructura en un diseño que narra una vida. El mito que nos cuenta las historias de la ciudad angelina y que terminaron siendo una oda a la misma.

20.1.18

Volumen II: los tiempos pesados, por Joaquín Rodríguez


El año 1972 fue convulso para la Argentina. Mientras los levantamientos populares se multiplicaban en el país, la dictadura de Lanusse alistaba una retirada “ordenada” dejando a su paso un derrotero sangriento. En medio de aquella ebullición, la juventud era una olla a presión a punto de estallar, consecuencia de casi dos décadas de regímenes militares y democracias acotadas. La música no permaneció inerte a los cambios sociales y comenzó a canalizar la ira reprimida de forma cada vez más imaginativa en una época en la que bastaba con poco para pasar la noche en un calabozo.

Entre los mayores exponentes del emergente rock pesado se encontraba Norberto Napolitano, el guitarrista de La Paternal que, al mando del grupo Pappo’s Blues, había editado su disco debut en 1971 y volvía a las andanzas con un nuevo álbum que se tituló Volumen II, una obra imprescindible en el cancionero popular. La placa se grabó en el sello Music Hall al calor de una formación renovada que sumó al baterista Luis Gambolini y al bajista Carlos Pignatta, con participaciones ocasionales de Black Amaya en los parches, quien había emigrado a Pescado Rabioso ese mismo año. Napolitano acababa de regresar de un viaje por Inglaterra en el que se codeó con la escena local. Allí compartió zapadas con el mítico Lemmy Kilmister, futuro líder de Motörhead. 

Volumen II es un disco enérgico y sintético, conformado por ocho canciones que se reparten en 30 minutos, donde la banda vuela a través del blues, el rock n’ roll tradicional y un heavy metal emergente que comenzaba a tomar la escena. Los tambores de Gambolini marcan el inicio con El tren de las 16, una apertura poderosa para un tema que se convertirá en himno con el correr de los años. Entre riffs demoledores, historias sencillas y solos interminables, Pappo deja en claro una fascinación correspondida para con su instrumento. Llegará la paz y Solitario Juan son radiografías del momento que atravesaba el país, mientras que Blues de Santa Fe, una canción salida de las entrañas mismas del Misissippi pero trasladada a la vera del Río Paraná, marca el costado más tradicional del músico.

De todos modos, la canción que superará con creces el paso del tiempo es Desconfío de la vida, un blues tan sencillo como emotivo donde el músico desnuda su alma solitaria con un piano en recuerdo de amoríos fallidos y relaciones tortuosas. Esta es, sin dudas, una de las características más llamativas de Pappo: su capacidad para sintetizar emociones con recursos simples. A partir de su éxito, el tema sería reversionado infinidad de veces, incluyendo una en vivo con Charly García y Miguel Botafogo acompañando al autor.

Si bien en la actualidad el disco puede sonar con ciertas falencias –consecuencia de la rusticidad de las grabaciones de aquella época– ubicado en tiempo espacio, Volumen II es de una densidad intensa pero dinámica. El álbum incluye la oda Tema I, que fue interpretada anteriormente por Spinetta bajo el nombre Castillos de Piedra en Spinettalandia y sus amigos, un trabajo que sirvió como transición entre Almendra y Pescado Rabioso, y que preanunciaba el rumbo que el Flaco quería imprimirle a su nueva búsqueda.

En resumen, Volumen II fue la síntesis de una corriente musical que buscaba alejarse del pacifismo y la “liviandad” que manejaban otros artistas de la época. Influido por bandas como Cream o Jimi Hendrix Experience, Pappo’s Blues legó una pieza que fue difundida por generaciones hasta constituirse en una de las gemas más preciosas en la joven pero intensa vida del rock nacional.


13.1.18

Rayos, por Denise Koziura Trofa



Miró cómo se elevaba esa construcción frente a su casa y entonces le quedó claro que en el futuro, los rayos de sol serían solo para aquellos que los pudieran costear. Sintió un profundo odio por los nietos del finado Don Manuel, que no habían esperado nada para rematar la casa del viejo. Pirañas. Murmuró y después los maldijo. Pensó entonces que sería lindo tener poderes sobrenaturales y estiró la mano en dirección a la nueva edificación. Se le tensó el brazo, la mano, pero nada. Ni un mísero vientito. Pronto le dio culpa lo que estaba haciendo y se hizo la señal de la cruz. Volvió adentro. Luchó por ocuparse y pensar en otras cosas. Al rato estaba de nuevo afuera con los brazos cruzados. Por lo menos era domingo y no se oía aquel molesto martillar. Miró a sus plantines, y al ligustro que se erigía frente a su casa, con pena. Ya no les daría el sol de la tardecita. Ahora se tendrían que conformar con la luz del mediodía. Por poco llora mirando las flores. Sacudió el puño de nuevo en dirección a la construcción, contendiendo la bronca. Y golpe.
Un ruido a cosa enorme que cae y pega de seco contra el suelo.
Se acercó dos pasos, y achicó los ojos para ver entre la nube de polvo. El calorcito pronto le alcanzó la cara. Era el atardecer que se filtraba a través de la construcción que se había venido abajo.
Se miró las manos callosas con sorpresa y orgullo, y acarició al árbol de la vereda.


26.12.17

Los que marchan, por David Antin


Un collage para Diane di Prima
                                                                                                                                                                                          
al caminar juntos            no se sentirán                   del todo solos
la tónica era alegre         le daba un aire                 a sus ardores
que la garúa no podría atenuar  a pesar de la protesta
iban por la protesta
iban por la legalización y los carteles      bajo paraguas
y todos contra las cárceles
la garúa que se reunió al atardecer en la plaza
era permisiva y alegre
distribuyeron panfletos a lo largo            y desenrollaron sus carteles
cargaban un cajón           y remataban libros prohibidos
concordaron en que el público no había comprendido
                LO ÚNICO PRECISO PARA HACER EL AMOR                  SON LOS ENAMORADOS
                LO ÚNICO PRECISO PARA HACER OBRAS                      SON LOS ACTORES
                LO ÚNICO PRECISO PARA HACER ALEGRÍA                  SON LOS ALEGRES
                LO ÚNICO PRECISO PARA HACER TRABAJO                 SON LOS TRABAJADORES
                LO ÚNICO PRECISO PARA PROTESTAR                           ES EL PUEBLO
lo principal era hacer un ritual
al caminar juntos con su cajón   para brindarles un aire
en la plaza al atardecer que la garúa no atenuara
a pesar de sus ardores
lo principal era darles un ardor
que la garúa no atenuara             a pesar de su cajón
lo principal era hacerles un cajón
al caminar juntos            y brindarles un aire
de ritual              por el cual fuesen alegres
al caminar juntos            no se sentirán                   del todo solos



Traducción: Emilio Jurado Naón



David Antin fue poeta, crítico, ingeniero, lingüista, docente y desarrolló una vida en preguntarse por el quehacer artístico. Conocido principalmente por sus talk poems –charlas improvisadas que dio durante décadas en distintos contextos y con diversos puntos de partida–, toda su escritura podría catalogarse –y así ha sido varias veces– como “experimental”, pero lo cierto es que se trata del producto de un pensamiento en y sobre la materia verbal y el fenómeno complejo de la comunicación. Dentro del mejor paradigma de la vanguardia, sus textos alinean conceptualismo, formalismo y política. “The marchers” fue escrito en los sesenta, en Nueva York, una época durante la que trabajó “con materiales prefabricados y reutilizados, reciclando textos y fragmentos, conservando conversaciones, pensamientos y sentimientos valiosos y gastados con la esperanza de salvar lo que valiera la pena salvar, liberarlo y tirar el resto”. Falleció el 11 de octubre de 2016 a los ochenta y cuatro años.


E.J.N.

18.12.17

Palo que nace doblao, de Alejandro Leguizamón



I
A David Kalho se le colaron dos traviesas balas en la cabeza. Sienes estruendosas decoraron su piso con un inconfundible estilo Pollock.  
Podría darle vueltas y vueltas a la cuestión, pero lo que sucedió fue simple: Bang, bang! y aunque así no suenen los tiros, el resultado es el mismo (uno menos)
En África, la fabula occidental de la pólvora mojada no es más que un simple mito, ya que el agua es un recurso escaso y por ende; cuando se gatilla hay bala. Creálo. Es ley, no falla.
Así fue para David. Días atrás, su nombre se acumuló en las paginas acusatorias de una revista  -medio pelo/bajo presupuesto- que lo inculpaba, nada más y nada menos, que de homosexual. Terrible crimen en la Uganda que, en este siglo, se postuló con vigor para purgatorio African Gay -de esta dimensión- al mejor estilo Auschwitz.
Sus verdugos fueron dos machirulos. "Hombres" que, a la fuerza, se metieron en su casa para insultarlo y golpearlo rabiosamente hasta matarlo y rematarlo a plomazo limpio. Por nada. Por puto. Por todo. Corta la bocha.

II
Tres noches antes de que la muerte entrometiera guadaña en su vida, David presentó su tercer libro de poesías frente a la exigua humanidad que se dispuso a escucharlo: Amigxs, compañerxs, amantes -animados- de ayer y de hoy e infiltrados de la Uganda Police mezclados entre desprevenidos noctámbulos, habitués de la varieté clandestina en Kaampala. Por supuesto, entre toda aquella fauna hogareña, erigía Yacouba, pasajero frecuente de todos los viajes de su hijo. El entorno se completaba con lo de siempre… Waragi, Pombe y Chai Masala. Santa Trinidad rompe hígados!
Para todxs ellxs, David leyó, apasionado, algunos pasajes de su nueva publicación. La cual, en su verso inicial y primitivo, ya destilaba fragancia mortecina y sentencia a la hoguera social, más por su profusa divergencia sexual que por carácter literario en sí mismo.
Se alternó la noche en una lírica mágica que tropezó con lxs ilustres literatos canonizados por todx aquel amante de la poesía romántica. Lo de siempre: Lorca, Darío, Carpio y Montúfar, cacheteados -por qué no?- por algunos textos filosóficos de Beauvoir, entre otros (y otras)

III
Cruzando la medianoche, la perla de África se pone picante y mejor partir, entre Pombe y Pombe (Cerveza de fermento local) antes que sean las tres y todo el mundo empiece a hablar del nacimiento del Nilo, como si esa fuera la mejor forma de echar a la huesuda que ya se regodea babeando la penumbra.
Es justo ahí cuando, Yacouba Kalho, levanta con suavidad de abrazo etílico a su David para conducirlo, cual arcángel, hasta la casa de este y casi seguro, también hasta su cama.
Lo de siempre… viene la parca, en finas pilchas y siempre algunx cae con el chamullo envolvente  de la “Estética de la Muerte” 
Mejor es partir antes. 

IV
-Dura empresa la de andar en curda, arrastrando un hijo… pensó Yacouba, mientras, con un ojo relojeaba el entorno y con el otro calculaba varios cientos de metros de tambaleo por saldar antes de llegar a destino.
Tanto esfuerzo no es gran cosa para un padre y un hijo que se acostumbraron a vivir bajo la mirada quemante de la homofóbia veinticuatro horas, siete días a la semana. 
Finalmente, otros cientos de metros más adelante, ya con la tranquilidad de dejar lo amado a resguardo. Yacouba, despedida mediante, se quedó pensativo bajo el marco de la puerta y girando noventa grados sobre el eje de sus viejos mocasines, casi más afuera que adentro de la casa, cuestionó las "preferencias" de su hijo en el amor. Sin esperar -o sin querer- respuesta, finalizó su recorrido con 90 grados más hasta salir del todo.

V
David, fue poeta de mil versos, mas nunca pudo contestarle a su papá.
Se despidió, sin saberlo, en una nota de 13 palabras que escribió, esa misma noche, bajo los efectos de la borrachera:
-Padre, ninguna mujer ha leído, jamás, mis versos con los ojos del corazón.


(La homosexualidad dejó de ser considerada una enfermedad mental el 17 de Mayo de 1990 por la Organización Mundial de la Salud)


12.12.17

Linda, por Sebastián Pau


Así te llamamos con mi hermano Francisco, eterna ovejera criolla, cuando Charly, el novio de Mamá, te trajo aún cachorra desde la casa que alquilaba al final de nuestra calle, donde comenzaba el monte.

Recuerdo la primera vez que fuimos al campo. Mi amigo Ricardo pasó a buscarnos de madrugada y salimos en bicicleta hacia la estancia de su tío, por la ruta de tierra que empezaba más allá del Hipódromo; tus pelos ya largos como lanas y la lengua de afuera; el día clareaba y con Ricardo sentíamos volar en los pedales. Al rato de llegar ordeñamos y en el desayuno su tío nos pidió arriarle unas ovejas del campo de un vecino. Ni vos ni yo teníamos experiencia, sin embargo tranquera tras tranquera, desde mis intentos por dominar la tobiana que más tarde logró voltearme en un galope corto, encantado al igual que Ricardo te veía encaminar el rebaño, corregir su rumbo de uno y otro lado con mordidas al aire, como si vivieras ahí. Y en la sobremesa del asado, aquella plenitud ensanchándose en la naturaleza sin límites, te pusiste a jugar con unos terneros, más bien los molestabas, Linda; a corretear gallinas, gansos y patos en presencia del tío, hasta que el frenesí te hizo malherir a un par y el hombre se levantó de la mesa, fue a buscar su escopeta y vino apuntándote al lomo. Te abracé fuerte, gruñías erizada en posición de ataque y regresamos los tres para el pueblo a toda velocidad.

Siempre te gustó cazar y en las expediciones por el monte virgen con Charly, Francisco y otros amigos, abriendo camino a machete lo que durase la tarde y sin alejarnos demasiado del rumor del arroyo, te ibas con una presa entre los dientes; muy alerta de que nadie ni nada te la quitase. Y las veces que nos apartamos del área que semana a semana expandíamos, dejando un fuego extinto, estructuras fabricadas con ramas, para nosotros o el próximo que las descubriera, como aquél primitivo sendero de piedras que tratamos de honrar cada vez que volvimos a toparnos con él, o cualquier otra huella en ese mapa interrogante al cual solíamos invitar a más personas, porque incluso mamá entreveró allí sus ojos de verdor oceánico, bastó un ladrido, tu gesto en cierta dirección para mostrarnos la salida.

Cuando estuviste en celo nos visitaron un montón de perros y tu instinto se preñó del Pulga, el dóberman cruza con galgo de pelo negro y brillante que usualmente acompañaba a un amigo de Charly, quien para esa época ya se había mudado con nosotros. Pariste en el cuarto de mamá y vi una placenta, cómo lamiéndola salvabas a tus hijos. Encontramos hogares para ellos y elegimos quedarnos con el cachorrito que más se parecía al padre, Dosto, así lo bautizó Charly por su escritor favorito.

Aunque el Dosto era casi de tu altura, tenía menos de un año la mañana de verano que lo atropelló un auto y de casualidad no consiguió matarlo. Estábamos todos reunidos en el corredor del patio, a la sombra del alero de tejas, impotentes y desesperados. Vos ibas de un extremo al otro, en círculos, y de nuevo te arrimabas a lamer las heridas, y cuando escuché alguien telefonear al veterinario Sobrero, en ese instante ví el hueco en una de las patas traseras, un tendón contrayéndose, todo latía allí dentro, y de repente lo notamos: habías desaparecido. Pero viniste enseguida y con una bolsa de huesos frescos, de carnicería. Los desparramaste en torno a él y con tu hocico empujaste su mandíbula, el pescuezo. ¿De dónde sacaste esa bolsa de huesos, Linda, hermoso espíritu?

Sólo nos distanciábamos cuando mis vacaciones eran aquí en Buenos Aires, y ya antes de cruzar el río con destino a Rocha, añoraba ese momento en que al bajarme del ómnibus en la cima de nuestra calle, gritaba sus nombres y segundos después los veía diminutos en la vereda, corríamos para el reencuentro.

Y así fue hasta ese atardecer de Julio que ustedes no respondieron y bajé aquél trecho con una sensación corporal extraña, premonitoria, porque en el horizonte del monte el cielo había perdido algún color, como si huyera, bien fiero de sí. En casa no había nadie y fui a lo de la abuela Nahir, que estaba en el patio, cantando algo de ópera mientras podaba unas rosas: ... Sebita... los envenenaron... hace unos días... no quisimos avisarte... fueron los vecinos: La Pocha y el marido.

La Pocha y el marido, el hijo de la india Laurentina, ese tipo que me convocó a las inferiores del Club Lavalleja...o el borracho del barrio.

Cuánta furia, cuánta rabia y tristeza, Linda hermosa, cuánto desconsuelo.

Salí corriendo para casa sin siquiera preguntarle a la abuela dónde andaban Mamá y los demás, o quizá lo dijo y no pude oírla. La Pocha y el marido habían salido en su moto, y no sé qué habría hecho de haberlos encontrado … Mejor así. Laurentina estaba tomando mate en el murito naranja de su casa y al acercarme, antes de decirme palabras que indujeron mi calma, pues ella sí te quería, con sus ojos tan grises como las dos trenzas que le colgaban sobre el vestido azul, miró por encima de mi cabeza, un pájaro quizá, sin duda interpretaba como nadie a las nubes y a las sierras, y del movimiento de sus labios emanó el aliento, un tono granulado y tibio como polvareda tiñendo mis mejillas, armonizándose con el blanco y lírico de mi abuela.

Unas horas después Charly me llevó a donde los había enterrado, al costado del camino que va para el arroyo, enfrente a los bañados que comenzaban atrás del rancherío de los gitanos Zaroba. Señaló una montañita de tierra rodeada por panes de pasto, unos tronquitos en forma de cruz. También les plantamos un jazmín, dijo y me abrazó fuerte. Y no quise pasar más por ahí, me lo prometí y tampoco hizo falta: hubo una gran inundación y los hogares de los Zaroba se anegaron por la mitad; el agua tardó un mes en evaporarse. Luego de varios días de sol, confiado de que el barro estuviera seco, pasé en bicicleta y me detuve apoyando un pie en el suelo. Una elevación de tierra casi imperceptible donde había diferentes tipos de brotes, tímidas manzanillas al vaivén de la brisa en la que seguí pedaleando.

Para mí, Linda, que no volví más por allí, sos una de las guiñadas que cada tanto me hace el viento, y si no sucede, si no hay besos que me despeinen o despierten, camino por una plaza y arranco hojas de pino, robo alguna flor tras las rejas de un jardín, tomo un puñadito de tierra y lo soplo. Nada a temer. Y si puedo, canto.


                                                          Mañana del 28 de octubre de 2017.

10.12.17

Una percepción del lenguaje, por Javier Fernández Paupy

(Sobre Ataditos, de Laura Estrin, Leviatán, 2017)


“Es ella. Es tan ella como si ella misma hubiera dicho: acá estoy.”
Marina Tsvietáieva, Natalia Goncharova. Retrato de una pintora


Cifrado, escrito como si el idioma fuera un instrumento secreto para decir, por fuera de la comunicación. Así leí Ataditos, el último libro de Laura Estrin. Sus poemas se alejan del arte que pretende reproducir la realidad tal cual es. ¿Cómo es la realidad? Estos poemas reproducen una realidad desde parámetros propios. Comunicar por fuera de las convenciones del lenguaje es una sensibilidad literaria. Acá no hay objetivismo, ni barroquismo, ni coloquialismo, ni sentimentalismo. Es un estilo propio.

Hay algo roto que se cuela en los versos encriptados de este libro. Hay que leerlos y descifrarlos. Laura Estrin opera con los ánimos. Y los distorsiona. Una manera de decir, por fuera del molde de la lógica. Y un uso del lenguaje no instrumental.

Me parece escuchar a Laura decir que la poesía funciona siempre así o que la literatura es eso y que  ese es su carácter, su grandeza, su enorme posibilidad de transmisión. Ataditos trasunta libertad de escritura.
No es un libro para entender de entrada. No hay nada que entender en poemas escritos en un misterio del lenguaje. Ataditos despliega una lírica hermética, una transposición esquinada, atropellada, sin el esfuerzo de la descripción o el detalle aplicado al servicio de la anécdota, es pura “insoportable hermética de uno”.

El libro está divido en cuatro partes. Cuatro años de poemas abrochados en más de cien páginas.

Ataditos es una larga enumeración de obsesiones personales. El sol, los libros, las mañanas, las marcas en la piel del tiempo, la ilusión de la amistad. Y una insistencia en la fuerza de los nombres propios: Jacinto, Irina, Mur, Leni, Varian, Marek, Ana, Nicolás, Noemí, Luis, Liliana, Hugo, Milita, Zelarayán.

“(Hugo me enseñó que no use los nombres
sino los apellidos
pero aquellos son los apellidos del poema
y los que murieron son los nombres cercanos)”

Animales, países, palabras en idish, libros, autores y una sensibilidad por la materialidad de la vida en contraste o contrapunto con lo inmaterial. Sueños, anillos, ilusiones, cosas, espectros, posesiones, viajes, recuerdos, anécdotas telegrafiadas. Impresiones de vida. Hay que releer los versos y darlos vuelta. Los sentidos aparecen y se deshacen, como ideas, como voces que buscan otras voces y encuentran preguntas, líneas de lectura que se abren en cada página, versos de memoria.

Son poemas de existencia porque hablan de la vida. Son poemas espirituales porque se corren de la realidad o se apoyan en la realidad, pero sin la típica mediación realista. Hay palabras compuestas que proponen un sentido nuevo: sacandodejando, dosalmas, relojeshoras, mezclahoy, verdadhomenaje, escenalibro, semanascatafalcos, fiestasoledad, reyesaventuras, mismoerror. Esos encuentros quizás sean formas de expresar desde, con, hacia, en las limitaciones del lenguaje.

Cercano a la percepción rayonista de Natalia Goncharova, donde las imágenes como rayos, los sonidos como luces y la pura velocidad de los versos cortos, rítmicos, determinan los materiales de la composición, Ataditos nos recuerda un origen romántico que tiene que ver con un yo subjetivo, al extremo. Álbum (2001), Parque Chacabuco (2004), Alles Ding (2007), A maroma (2010), Tapa de sol (2013) comparten con Ataditos una misma percepción del lenguaje; ritmo y versos que además de lo que significan son pura entonación y música. «Los poetas son tristes», apunta Laura. Y me vuelve la frase de Robert Walser: «Los poetas son gente caprichosa». Alguien, cuando le preguntaron por los poetas, dijo: «¿Los poetas? Los poetas mienten demasiado». Es posible que en esa mentira o capricho o exageración del artificio anímico a través de un uso particular del lenguaje, surja el poema.  


1.12.17

Lago Michigan, escena 10, por Daniel Borzutzky


El cana no quiere una plegaria
No quiere que los cuerpos miren a los animales muertos que se bañan en la orilla
No quiere oír a los cuerpos ofreciendo amor y compasión a sus amigos enfermos que descansan inertes en la playa
No quiere a los llamados cuerpos sanos mirando a los llamados cuerpos enfermos y deseando que los cuerpos enfermos se recobren
No quiere oír sobre Jesús o el espíritu santo y no quiere que nadie se pare o se arrodille sobre los cuerpos enfermos que el estado necesita que él golpee
Con su cachiporra golpea a los llamados cuerpos enfermos        los llamados cuerpos sanos que cuidan a los llamados cuerpos enfermos
Mirá los cuerpos sanos alejándose de los cuerpos enfermos para evitar los golpes del cana que camina atrás de ellos en la playa porque rompieron un código legal
No lograron atenerse a los esfuerzos de los cuerpos autoritarios por ordenar la sociedad acorde al kit de ideales lógicos y comunes
La cámara se centra en la boca de un cuerpo sano cuando el oficial de policía golpea sus dientes con la cachiporra     
El cuerpo sano que vino a rezar por los cuerpos enfermos se desmorona
Hay pájaros negros volando arriba        hay pájaros blancos volando arriba
Hay reinitas        hay patos        halcones y negrones arriba del oficial de policía que golpea al cuerpo sano
Hay una pequeña ave cantora         mirá su dorso marrón        su capucha castaña        sus supracaudales amarillo brillante que se menean constantemente        las tenues manchas de amarillo en su costado
Hay un gorrión con un cuerpo gordo con manchas blancas y marrones que se cruzan
Los pájaros son testigos del accionar del oficial de policía golpeando cuerpos sanos y enfermos
Es hermoso volar        cantamos
Esto es lo que el cuerpo debe siempre recordar
Estoy en la costa del lago Michigan
Tirado en mi catre con mi perro jadeando y tosiendo y muriendo de insuficiencia cardíaca
No puedo informar nada al cuerpo autoritario sobre la falla cardíaca de mi perro o mi perro sería sacrificado inmediatamente        arrojado a una bolsa y lanzado al medio del lago
Mi perro es un migrante de Puerto Rico
En Puerto Rico fue apaleado por un oficial de policía portorriqueño por ser indigente
Lo arrolló un taxi imperialista
Mi perro tiene parásitos del trópico en su corazón
A veces rezo en mi lengua natal para que su cuerpo descanse en paz
Esta plegaria es una actividad ilegal
Los cuerpos autoritarios consideraron ilegal rezar en otro idioma              
Todo lo que el oficial de policía hacía en la costa del lago Michigan era legal          
Es legal que un oficial de policía  golpee a un cuerpo que reza
Es legal que un oficial de policía golpee a un cuerpo pacífico un cuerpo moreno un cuerpo negro un cuerpo beige un cuerpo gris violáceo sano o enfermo
Los tribunales han confirmado el derecho de un oficial de policía a golpear el cuerpo de cualquiera que considere una amenaza a la seguridad pública
El hombre sano rezando en la playa por los cuerpos enfermos no está realmente rezando por los cuerpos enfermos        está maldiciendo al oficial de policía         
Está rezando a un dios que es un chivo o un venado o un oso o un monstruo        dice el oficial de policía
Tu dios es un cuadrúpedo devorador de tripas        dice
Es un mamífero pero no del tipo correcto
Es el tipo de mamífero que piensa que puede destruir su propia sombra
Tengo el derecho a golpear a un cuerpo si el cuerpo dice algo que amenaza mi vida     
Palabras        dice el oficial de policía        son acciones
Sos un cuerpo público decrépito        dice el oficial de policía al hombre que reza
Y tus plegarias te conseguirán toda una vida        en el hoyo más espumoso        de nuestra decreciente economía de cadáveres                          


Traducción: Gabriela Goldberg


Lake Michigan, Scene 10 

The cop doesn’t want a prayer
He doesn’t want the bodies to stand over the dead animals that wash onto the shore
He doesn’t want to hear the bodies offering love and compassion to their sick friends who rest inertly on the beach
He doesn’t want the so-called healthy bodies standing over the so-called sick bodies and wishing that the sick bodies will recover
He doesn’t want to hear about Jesus or the holy spirit and he doesn’t want anyone to stand or kneel over the sick bodies the state requires him to beat
With his nightstick he beats the so-called sick bodies     the so-called healthy bodies who care for the so-called sick bodies
See the healthy bodies walking away from the sick bodies to avoid the blows from the cop who walks behind them on the beach because they have broken a legal code
They have failed to comply with the authoritative bodies’ attempts to order society
according to a set of logical and common ideals
The camera zooms in on the mouth of a healthy body as the police officer strikes his teeth with a nightstick
The healthy body who came to pray for the sick bodies crumbles to the ground
There are black birds flying above      there are white birds flying above
There are warblers      there are ducks    there are hawks and scoters above the police officer who beats the healthy body
There is a small songbird     look at its brown back     its chestnut cap     its bright yellow undertail that is constantly wagging     the faint streaks of yellow on its side
There is a sparrow with a plump body with white and brown streaks running across it
The birds witness the police officer beating the healthy and the unhealthy bodies
It is beautiful to fly     we sing
It is what the body must always remember
I am on the shores of Lake Michigan
I am lying in my cot with my dog who is panting and coughing and dying from heart failure
I cannot tell an authoritative body anything about my dog’s failing heart or my dog will immediately be euthanized     thrown into a body bag and dumped into the middle of the
lake
My dog is a migrant from Puerto Rico
In Puerto Rico he was clubbed by a Puerto Rican police officer for being homeless
He was run over by an imperialistic taxi service
My dog has tropical worms in his heart
Sometimes I pray in my native tongue for his body to rest peacefully
This prayer is an illegal activity
The authoritative bodies have deemed it illegal to pray in another language
Everything the police officer did on the shores of Lake Michigan was legal
It is legal for a police officer to beat a praying body
It is legal for a police officer to beat a peaceful body a brown body a black body a beige body a gray purple healthy or unhealthy body
The courts have upheld the right of a police officer to beat the body of anybody he deems a
threat to public safety
The healthy man praying on the beach for the sick bodies is not actually praying for the sick bodies     he is putting a curse on the police officer
He is praying to a god who is a goat or a deer or a bear or a monster    says the police officer
Your god is an innards-eating quadruped    he says
It’s a mammal but it’s not the right type of mammal
It’s the type of mammal who thinks it can destroy its own shadow
I have the right to beat a body if the body says something that will threaten my life
Words    the police officer says     are actions
You’re a decrepit public body     says the police officer to the man who prays
And your prayers will land you a lifetime         in the foamiest hole        of our diminishing carcass economy



Daniel Borzutzky es un poeta chileno estadounidense que vive en Chicago y escribe en inglés. Su obra se compone de traducciones y poemas, política y estética, Chile y Chicago, Latinoamérica y Los Estados Unidos, conformando  una poderosa escritura sobre la violencia y la perturbadora retórica del neoliberalismo.

G.G.