10.12.17

Una percepción del lenguaje, por Javier Fernández Paupy

(Sobre Ataditos, de Laura Estrin, Leviatán, 2017)


“Es ella. Es tan ella como si ella misma hubiera dicho: acá estoy.”
Marina Tsvietáieva, Natalia Goncharova. Retrato de una pintora


Cifrado, escrito como si el idioma fuera un instrumento secreto para decir, por fuera de la comunicación. Así leí Ataditos, el último libro de Laura Estrin. Sus poemas se alejan del arte que pretende reproducir la realidad tal cual es. ¿Cómo es la realidad? Estos poemas reproducen una realidad desde parámetros propios. Comunicar por fuera de las convenciones del lenguaje es una sensibilidad literaria. Acá no hay objetivismo, ni barroquismo, ni coloquialismo, ni sentimentalismo. Es un estilo propio.

Hay algo roto que se cuela en los versos encriptados de este libro. Hay que leerlos y descifrarlos. Laura Estrin opera con los ánimos. Y los distorsiona. Una manera de decir, por fuera del molde de la lógica. Y un uso del lenguaje no instrumental.

Me parece escuchar a Laura decir que la poesía funciona siempre así o que la literatura es eso y que  ese es su carácter, su grandeza, su enorme posibilidad de transmisión. Ataditos trasunta libertad de escritura.
No es un libro para entender de entrada. No hay nada que entender en poemas escritos en un misterio del lenguaje. Ataditos despliega una lírica hermética, una transposición esquinada, atropellada, sin el esfuerzo de la descripción o el detalle aplicado al servicio de la anécdota, es pura “insoportable hermética de uno”.

El libro está divido en cuatro partes. Cuatro años de poemas abrochados en más de cien páginas.

Ataditos es una larga enumeración de obsesiones personales. El sol, los libros, las mañanas, las marcas en la piel del tiempo, la ilusión de la amistad. Y una insistencia en la fuerza de los nombres propios: Jacinto, Irina, Mur, Leni, Varian, Marek, Ana, Nicolás, Noemí, Luis, Liliana, Hugo, Milita, Zelarayán.

“(Hugo me enseñó que no use los nombres
sino los apellidos
pero aquellos son los apellidos del poema
y los que murieron son los nombres cercanos)”

Animales, países, palabras en idish, libros, autores y una sensibilidad por la materialidad de la vida en contraste o contrapunto con lo inmaterial. Sueños, anillos, ilusiones, cosas, espectros, posesiones, viajes, recuerdos, anécdotas telegrafiadas. Impresiones de vida. Hay que releer los versos y darlos vuelta. Los sentidos aparecen y se deshacen, como ideas, como voces que buscan otras voces y encuentran preguntas, líneas de lectura que se abren en cada página, versos de memoria.

Son poemas de existencia porque hablan de la vida. Son poemas espirituales porque se corren de la realidad o se apoyan en la realidad, pero sin la típica mediación realista. Hay palabras compuestas que proponen un sentido nuevo: sacandodejando, dosalmas, relojeshoras, mezclahoy, verdadhomenaje, escenalibro, semanascatafalcos, fiestasoledad, reyesaventuras, mismoerror. Esos encuentros quizás sean formas de expresar desde, con, hacia, en las limitaciones del lenguaje.

Cercano a la percepción rayonista de Natalia Goncharova, donde las imágenes como rayos, los sonidos como luces y la pura velocidad de los versos cortos, rítmicos, determinan los materiales de la composición, Ataditos nos recuerda un origen romántico que tiene que ver con un yo subjetivo, al extremo. Álbum (2001), Parque Chacabuco (2004), Alles Ding (2007), A maroma (2010), Tapa de sol (2013) comparten con Ataditos una misma percepción del lenguaje; ritmo y versos que además de lo que significan son pura entonación y música. «Los poetas son tristes», apunta Laura. Y me vuelve la frase de Robert Walser: «Los poetas son gente caprichosa». Alguien, cuando le preguntaron por los poetas, dijo: «¿Los poetas? Los poetas mienten demasiado». Es posible que en esa mentira o capricho o exageración del artificio anímico a través de un uso particular del lenguaje, surja el poema.  


1.12.17

Lago Michigan, escena 10, por Daniel Borzutzky


El cana no quiere una plegaria
No quiere que los cuerpos miren a los animales muertos que se bañan en la orilla
No quiere oír a los cuerpos ofreciendo amor y compasión a sus amigos enfermos que descansan inertes en la playa
No quiere a los llamados cuerpos sanos mirando a los llamados cuerpos enfermos y deseando que los cuerpos enfermos se recobren
No quiere oír sobre Jesús o el espíritu santo y no quiere que nadie se pare o se arrodille sobre los cuerpos enfermos que el estado necesita que él golpee
Con su cachiporra golpea a los llamados cuerpos enfermos        los llamados cuerpos sanos que cuidan a los llamados cuerpos enfermos
Mirá los cuerpos sanos alejándose de los cuerpos enfermos para evitar los golpes del cana que camina atrás de ellos en la playa porque rompieron un código legal
No lograron atenerse a los esfuerzos de los cuerpos autoritarios por ordenar la sociedad acorde al kit de ideales lógicos y comunes
La cámara se centra en la boca de un cuerpo sano cuando el oficial de policía golpea sus dientes con la cachiporra     
El cuerpo sano que vino a rezar por los cuerpos enfermos se desmorona
Hay pájaros negros volando arriba        hay pájaros blancos volando arriba
Hay reinitas        hay patos        halcones y negrones arriba del oficial de policía que golpea al cuerpo sano
Hay una pequeña ave cantora         mirá su dorso marrón        su capucha castaña        sus supracaudales amarillo brillante que se menean constantemente        las tenues manchas de amarillo en su costado
Hay un gorrión con un cuerpo gordo con manchas blancas y marrones que se cruzan
Los pájaros son testigos del accionar del oficial de policía golpeando cuerpos sanos y enfermos
Es hermoso volar        cantamos
Esto es lo que el cuerpo debe siempre recordar
Estoy en la costa del lago Michigan
Tirado en mi catre con mi perro jadeando y tosiendo y muriendo de insuficiencia cardíaca
No puedo informar nada al cuerpo autoritario sobre la falla cardíaca de mi perro o mi perro sería sacrificado inmediatamente        arrojado a una bolsa y lanzado al medio del lago
Mi perro es un migrante de Puerto Rico
En Puerto Rico fue apaleado por un oficial de policía portorriqueño por ser indigente
Lo arrolló un taxi imperialista
Mi perro tiene parásitos del trópico en su corazón
A veces rezo en mi lengua natal para que su cuerpo descanse en paz
Esta plegaria es una actividad ilegal
Los cuerpos autoritarios consideraron ilegal rezar en otro idioma              
Todo lo que el oficial de policía hacía en la costa del lago Michigan era legal          
Es legal que un oficial de policía  golpee a un cuerpo que reza
Es legal que un oficial de policía golpee a un cuerpo pacífico un cuerpo moreno un cuerpo negro un cuerpo beige un cuerpo gris violáceo sano o enfermo
Los tribunales han confirmado el derecho de un oficial de policía a golpear el cuerpo de cualquiera que considere una amenaza a la seguridad pública
El hombre sano rezando en la playa por los cuerpos enfermos no está realmente rezando por los cuerpos enfermos        está maldiciendo al oficial de policía         
Está rezando a un dios que es un chivo o un venado o un oso o un monstruo        dice el oficial de policía
Tu dios es un cuadrúpedo devorador de tripas        dice
Es un mamífero pero no del tipo correcto
Es el tipo de mamífero que piensa que puede destruir su propia sombra
Tengo el derecho a golpear a un cuerpo si el cuerpo dice algo que amenaza mi vida     
Palabras        dice el oficial de policía        son acciones
Sos un cuerpo público decrépito        dice el oficial de policía al hombre que reza
Y tus plegarias te conseguirán toda una vida        en el hoyo más espumoso        de nuestra decreciente economía de cadáveres                          


Traducción: Gabriela Goldberg


Lake Michigan, Scene 10 

The cop doesn’t want a prayer
He doesn’t want the bodies to stand over the dead animals that wash onto the shore
He doesn’t want to hear the bodies offering love and compassion to their sick friends who rest inertly on the beach
He doesn’t want the so-called healthy bodies standing over the so-called sick bodies and wishing that the sick bodies will recover
He doesn’t want to hear about Jesus or the holy spirit and he doesn’t want anyone to stand or kneel over the sick bodies the state requires him to beat
With his nightstick he beats the so-called sick bodies     the so-called healthy bodies who care for the so-called sick bodies
See the healthy bodies walking away from the sick bodies to avoid the blows from the cop who walks behind them on the beach because they have broken a legal code
They have failed to comply with the authoritative bodies’ attempts to order society
according to a set of logical and common ideals
The camera zooms in on the mouth of a healthy body as the police officer strikes his teeth with a nightstick
The healthy body who came to pray for the sick bodies crumbles to the ground
There are black birds flying above      there are white birds flying above
There are warblers      there are ducks    there are hawks and scoters above the police officer who beats the healthy body
There is a small songbird     look at its brown back     its chestnut cap     its bright yellow undertail that is constantly wagging     the faint streaks of yellow on its side
There is a sparrow with a plump body with white and brown streaks running across it
The birds witness the police officer beating the healthy and the unhealthy bodies
It is beautiful to fly     we sing
It is what the body must always remember
I am on the shores of Lake Michigan
I am lying in my cot with my dog who is panting and coughing and dying from heart failure
I cannot tell an authoritative body anything about my dog’s failing heart or my dog will immediately be euthanized     thrown into a body bag and dumped into the middle of the
lake
My dog is a migrant from Puerto Rico
In Puerto Rico he was clubbed by a Puerto Rican police officer for being homeless
He was run over by an imperialistic taxi service
My dog has tropical worms in his heart
Sometimes I pray in my native tongue for his body to rest peacefully
This prayer is an illegal activity
The authoritative bodies have deemed it illegal to pray in another language
Everything the police officer did on the shores of Lake Michigan was legal
It is legal for a police officer to beat a praying body
It is legal for a police officer to beat a peaceful body a brown body a black body a beige body a gray purple healthy or unhealthy body
The courts have upheld the right of a police officer to beat the body of anybody he deems a
threat to public safety
The healthy man praying on the beach for the sick bodies is not actually praying for the sick bodies     he is putting a curse on the police officer
He is praying to a god who is a goat or a deer or a bear or a monster    says the police officer
Your god is an innards-eating quadruped    he says
It’s a mammal but it’s not the right type of mammal
It’s the type of mammal who thinks it can destroy its own shadow
I have the right to beat a body if the body says something that will threaten my life
Words    the police officer says     are actions
You’re a decrepit public body     says the police officer to the man who prays
And your prayers will land you a lifetime         in the foamiest hole        of our diminishing carcass economy



Daniel Borzutzky es un poeta chileno estadounidense que vive en Chicago y escribe en inglés. Su obra se compone de traducciones y poemas, política y estética, Chile y Chicago, Latinoamérica y Los Estados Unidos, conformando  una poderosa escritura sobre la violencia y la perturbadora retórica del neoliberalismo.

G.G.

28.11.17

La Calandria, por Denise Koziura Trofa



En una reversión del cuento de Edgar Alan Poe, me persigue la calandria.

Primero fueron gritos. Unos cotorreos horrorosos que no había escuchado jamás. Pero pensé que no era a mí. Que le gritaba así a la vida, pero no. La segunda vez fue peor, caminaba al almacén, cuando el bicho me acechó, saltando de rama en rama. Intimidante. Por supuesto intenté negarlo. No se lo comenté a nadie. Asumí que eran ideas mías. Sin embargo no faltó nada para que confirmara todas mis sospechas. Al día siguiente se me fue al humo. Iba distraída, lo que hizo de la experiencia un hecho aún más traumático, el pajarraco se me vino encima, planeando a mis espaldas y me pegó en la cabeza. Grité y sacudí manotazos para todos lados. Alerté a más de un vecino. ¿Desde cuándo los pájaros hacen esas cosas? Ellos me dijeron que a veces pasa. Que lo que tengo que hacer es alejarme de ahí. Pero está atrincherado a diez metros de mi casa, no puedo ni sacar la basura tranquila. Desde el episodio temo a todas las aves y solo tengo que asomar la nariz para escuchar su jarana.

Me acosa una calandria y no me atrevo a defenderme.


¿Quién puede vivir tranquilo luego de matar un pájaro?

20.11.17

Javier Barilaro de frente y de atrás, por Claudio M. Iglesias


“Un corazón entusiasta vale infinitamente más para el arte que las teorías más ingeniosas reunidas”

En su foto de perfil en boladenieve.org.ar sale de medio cuerpo, sonriente y abrazado a Evo Morales. Una de sus obsesiones duraderas es la visión de Latinoamérica como futuro accesible y reservorio de alegría. (“Que nunca nos falté un verano” fue su plegaria tras pasar un tiempo en Inglaterra.) Fabricó libros con cartón recuperado de la basura que valían en sus épocas tres pesos (menos de 1,50 U$D al tipo de cambio). Popularizó junto a Washington Cucurto y Fernanda Laguna los fundamentos de una vanguardia freak, moderna, peculiar a escala mundial, que lo tuvo viajando al viejo continente en plan de enseñanza pícara para diseñadores gráficos desorientados. Barilaro era el artista lanzado al asalto del concepto de arte, cuyos contornos posibles podía delinear con una línea de harina en el suelo, como se hace en la toma de un terreno. En el Delta del Tigre juntó basura para elevar construcciones abstrusas y seguramente ilegales, trató de fabricar licor y pesticida casero para plantas de jardín, se hizo amigo de los malandras de la cuadra que regularmente se hacían fiar fernet del almacén y andaban en lanchas estrepitosas, equipadas con motores preparados. A todos ellos les hablaba Barilaro con la jocundia que antaño había dedicado a más altos figurones, a quienes atrapaba con su sonrisa única, la que conoció Evo.

A un gato negro que lo acompañaba en la casa isleña le puso de nombre Utopía. Para este Barilaro de la energía y la torpeza, que hace borbotear la novedad política de su propia fuente (“el artista tiene que tener onda, no técnica”), era posible pintar cuadros de dos metros por tres en una noche y salía a venderlos a la feria a la mañana siguiente. “Hay que colocar toda la mercadería antes de volverse a la casa”, había aprendido de Cucurto. Ser artista es salir de los conflictos siempre para adelante, no achicar nunca y mandarse con lo que hay: ir de frente. ¿Y así todo el mundo podría ser artista, según Barilaro? Él lo dice de otro modo: ser artista no importa tanto. “Una vez, discutiendo con una curadora danesa sobre la etiqueta 'arte latinoamericano', le dije que solo me interesaba la segunda parte, 'latinoamericano'. Si lo que hago es o no arte no me preocupa; sí que sea latinoamericano”. (Carolina Benavente Morales, “Una visita a la Carto”, Escáner cultural. 3 de abril de 2010).

Eso es ir de frente. ¿Pero cómo es un artista que va de frente? Lo decía Julio Rinaldini en 1919:
“La belleza es hija de la sensibilidad; nace del entusiasmo, del amor, y conduce al amor. El artista reside en el corazón. El arte no puede florecer cuando se tiene un horror instintivo por las expansiones puras y verdaderas del corazón, cuando se teme todo lo espontáneo, todo lo simple, todo lo que es del sentimiento y se dirige al sentimiento. Un corazón entusiasta vale infinitamente más para el arte que las teorías más ingeniosas reunidas, y la ingenuidad está más cerca del genio que la pedantería”.

“El talento está en el corazón”, Barilaro dice. Es una de las frases más suyas y no es él. La escuchó, le gustó y la pintó en una tablita de madera que colgó arriba de la cocina de su casita del Tigre. Y desde entonces sí es de él. ¿Un regalo? Una tarea: ser buena persona, abrir el corazón. No enrederarse con la guita. Al ego dejalo, diría Federico Manuel.

“Siempre me dediqué al arte y usé el diseño gráfico como herramienta de relación social, para hacer cosas con amigos”, dice. Diseñar pequeñas utopías desde una posición desautorizada y a la vez erudita es muy típico de él. Sus utopías son expansivamente emocionales a la vez que torpes (tímidas, según la definición de Gambartes) pero últimamente tienen una paciencia nueva que las rescata. El Barilaro de hoy no es el de años atrás: ahora sigue el camino de Rinaldini de enchufarse a trabajar sin ruido ambiente. Más pintura y menos levante. A comienzos de este año lo he visto en Misiones, en lo de Florencia (Böhtlingk), dibujar a mano alzada frente a una cascada y buscar ese chorreo de iluminaciones al que hace referencia uno de sus episodios perlongherianos. Después de un período negro (el de la conjetura política) Barilaro se pasó al blanco (que se presume apolítico). “Veladuras de dorado con látex, una voluntad de niebla o fog will impregna ese bosque de madrugada”. Ahora la onda no es la onda sino la técnica, el rigor, la paciencia: típica voltereta de geminiano.

El name dropping es de tilingos (lo nuestro es el verso)

La serie De película, realizada junto a Catalina Pérez Andrade, repone escenas que tuvieron lugar en el sillón de la sala de atrás de La Internacional Argentina, donde a Barilaro se lo puede encontrar habitualmente empilchado y radiante en medio del humo y la bullanga. Siempre me llamaron la atención esos lugares de atrás de los comercios, de uso interno. Puede ser porque mi mamá tenía una verdulería cuando yo era chico y ahí me pasaba muchas horas en un depósito que había jugando con los cajones en desuso. Es ese el espacio que señaló Michael Asher al desublimar el concepto de arte: la trastienda de la galería donde se cocinan los negocios. Pero en La Internacional el cuartito trasero es un lugar de brote querendón y carcajada más que de toma y daca. Ya que estamos, una oportuna frase de Francisco (Garamona): “Para Barilaro la pintura y el diseño son lo mismo: el libro dibujado, la pintura escrita. Su pregunta fue siempre la misma: ‘si los objetos hablaran, ¿qué dirían?’ Y encontrar la respuesta, encontrarla mientras la buscaba, para mí es su gran aporte, su triunfo”. (Mauro Libertella, “Barilaro te pone la tapa”, Clarín, revista Eñe, 16 de octubre de 2015).

En De película los amigos son los protagonistas: Juliana, Manuel, Francisco, Sergio. Parece un eco de aquel Montequín que supo ser tan hiriente y hoy quedó polvoriento:
En las veladas de ByF el público es el espectáculo, y el frenesí de la celebración mutua impide la ironía o el sarcasmo [...]. “Gabriela, Fernanda, Leo, Cecilia, Roberto, Gary...”, solo el neófito o el irreverente necesitan informarse de los apellidos, conocer el quién es quién de las amistades”. (Ernesto Montequín, “Estertores de una estética”, ramona, nr. 31, abril de 2003).

Fíjense que para Montequín los nombres propios no hacen name-dropping. Al contrario, forman una gran pavada universal, el antídoto barato de la ironía y el sarcasmo. Pero Montequín no podía ver en lo barato lo genial y en la pavada la revelación de algo único. Y por eso no jodió más, quizás. Para Barilaro name-gathering sería un mejor término. Cuando recupera su trabajo como diseñador de libros se trae muchos nombres en el morral. Otra pintura, consagrada al poder feminista (sucesor del imperio proteccionista del Paraguay en las cavilaciones históricas de Barilaro) sigue la lista: Milagro, Cat, Jackie, Higui... (Caribe Trans*, acrílico sobre tela, 83x89 cm, 2017). El lector puede no darse cuenta de quiénes son las referidas. (Lo contrario de lo que busca el name-dropper.) ¿Y las pequeñas pinturas de tapas de libros, con los nombres de los autores del catálogo de Mansalva? Son pelotas picadas para llegar a lo importante: Barilaro la patea y la va a buscar unos metros adelante, como sabe hacer Nico (Sánchez) con la camiseta de los Pumas. Este es el Barilaro de la industria gráfica, según la definición de Alejo (Ponce de León). ¿Barilaro habla de él o de los demás? ¿Se recuesta en sus amigos o los devora? ¿Es autorreferencial? Transpersonal. Las cosas propias son cosas de otros.

A través de estos métodos llegamos a una obsesión continua en la vida de Barilaro: la frase buscada, el mot juste que lo desespera o reconforta. Y las palabras, ay, pueden mentir. Él lo explica:
“Estaba en la bienal 2006 de San Pablo, en Brasil. Ahí me encontré un libro de título “Proteja-me do que eu quero”, “Protect me from what I want”. Lo llevé para acá y para allá por años. Está subrayado, anotado, manchado de pintura. Muchas de esas frases me quedaron retumbando, especialmente las más complicadas de traducir. A mí me interesó desde siempre la introducción del texto en las obras de arte, tanto que me volví diseñador gráfico, no para vivir de eso y pintar lo que me gusta sino al revés: diseñar lo que me gusta y pintar para vivir. Así que estudié el slogan, el refrán, el haiku, el limerick. Frase corta, idea larga”. (Javier Barilaro, “Las palabras nunca alcanzan”, radar, Página 12, domingo 18 de octubre de 2015).

“Barilaro es igual a Barilaro”, dijo una vez en la cabaña del Tigre, que durante un tiempo compartimos con Cecilia (Pavón) y su amiga Kathrin. Siempre que íbamos volvíamos divertidos, repasando sus frases y ocurrencias en el tren. Con Cecilia, que es calentona, a veces se peleaba por política, hasta dedicarle un poema (“estás muy Lilita”, le lanzaba). Conmigo no se peleaba porque soy llevadero al hablar pero le causaban desconcierto mis ataques de hambre y otras actitudes ocasionales.

Cuando murió su antigua gata estábamos con él y fue muy triste. Barilaro lloraba mucho; lo llamó la mamá y se quedó tranquila viendo que estaba acompañado. Otro día estábamos Kathrin, Máximo (Pedraza), Merlin (Carpenter) y yo. Ese día fue aburrido. Barilaro cocinó con apuro (brasas fuertes y tapa sobre la parrilla) unos bifes que había traído Máximo y que quedaron arrrebatados. En esa época ya andaba obtuso, como si tuviera la luna en la espalda chupándole la energía.

Lo que me llamaba la atención cuando lo visitábamos es que todo lo que hacía Barilaro tenía que ver con una persona determinada: Victoria (Colmegna), Jackie (Ludueña), Cecilia, la que fuera. A su gatita le dedicó un poema que nos leyó llorando y nos dio mucha tristeza. En otros escritos aparecían Cecilia, Fernanda (Laguna) y yo mismo (“el Clau, que siempre va por atrás” según recuerdo que decía). ¿Y qué arte no va por atrás, Barilaro?
El juego de palabras que más le gusta es el del verso como unidad métrica y como engaño, discurso publicitario.

En el próximo jardín

¿Hay un arte que va de frente, entonces, y otro que va por atrás? Prefiero (y quizás Barilaro coincida) lo que decía el cineasta francés F.-J. Ossang: “avanzar, retroceder, pero sobre todo, avanzar enmascado”. De máscara se puede usar cualquier cosa. Fotos, telas, canciones, nombres: al final todo se convierte en otra cosa. Barilaro en su vida atravesó tantas metáforas definiciones para el arte que son mutuamente imponderables: el arte social, el colectivo, la participación, el individuo, la bohemia, el no-hacer, el retiro, Retiro (el barrio), Perú, Constitución, Inglaterra, San Isidro, Paraguay (otra vez). Pero así de volátil como es, no puede hacer nada sin los demás. Y nosotros con él tampoco podríamos hacer nada a solas: la obra de Barilaro hay que estudiarla coralmente. Es el artista perfecto para grupos de estudio, “mesas de análisis” diría él. (que es, además, un conocedor de muchos temas y vive estudiando cosas nuevas con su novia y sus amigos.) Hay escritores jóvenes en nuestra ciudad que se juntan en una casa a leer libros enteros en voz alta: una forma no agresiva y muy vincular de estudiar y formarse. Deciden entre todos qué leer, y leen en ronda, pasándose el libro. A los que nunca lo hicieron les cuesta hacerse la idea con claridad.

“La obra que más me representa será la próxima que haga”, dice Barilaro para despedirse. La igualdad (B = B) queda irresuelta. Esa obra futura es similar a uno de los libros de Sergio Bizzio (aquellos donde él mismo es su favorito), un libro radiante al que Barilaro va a ponerle la tapa. Donde el campo se hace ciudad y la ciudad se hace campo, una pintura se hace película, un afiche se hace poema:

En el próximo jardín
La ribera y Larrazabal
brindamos
y con los vasos vacíos
escribiremos en el alambrado.



octubre de 2017

17.11.17

En resumidas cuentas, por Pablo Ingberg



 Anagnórisis

Como en sueño, madre de sus hijos, de ventana a ventana camina.
Afuera la llovizna y la neblina son de un mismo color inmaterial.
Coincidiendo, en la luz del cristal, transparencia y reflejo,
un trazo bastaría para atravesarlo, pero ella
habla como en sueño. Qué color el del aire que atraviesa mi voz.
Conjugar, dice, el sueño: soñar, esa imagen adelante,
si yo fuera el soñado, si hubiera tercero sin tres,
éter terciando entre dos, yo, una sentencia en el aire, y ella,
como un sueño, cuando hablo, lluvia o niebla (la calle brillaba)
conviviendo.
Dos cuerpos no podrían ocupar el mismo espacio, pero dos palabras
pueden ocupar el mismo aire, fundirse, rodear dos cuerpos
con el mismo aire, y siempre habrá dos sueños. Entretanto
ella, en mi sueño, quiere decirme somos uno. Qué diría en el suyo
si tuviera la palabra. Nunca supe quién hablaba. Madre
o mujer, alfombra, falda del reposo. Era yo
quien caminaba de rodillas por la alfombra de diamantes. ¿No ves
el placer de mis lágrimas, la lluvia
y el sopor de la niebla?

(de Camino a Damasco, 1995)


 Otro recuerdo en que posar los ojos

Y el cuerpo en llamas caía y caía
En el aire sin ningún asidero
Donde la tierra es una meta
Distante que se acerca
Indeseada en esa forma de atracción
La gravedad
Que apagará la llama
Y las otras imágenes que afluyen
Son aire en el aire
Sin ningún asidero

(de Nadie atiende los llamados, 2010)


 Epifanía

En el final del túnel siempre hay luz:
hay que clavar los ojos en el centro
de la tiniebla con fervor creyente
y a la larga a lo lejos va a aflorar un fulgor
como refulge en toda ruta un espejismo


 Arte poética

Más vale un pájaro volando
que cien en mano

(de Conjuraciones, inédito)


Perdido en el nevado, por Francisco Garamona


QUÉ GANAS DE ESTAR CON UN PARIENTE
verlo llegar caminando en el pasto.
El cielo se pone claro, las nubes parecen barcos.
Qué lindo oírlo contar las mismas cosas,
doble corazón luminoso, doble penacho.
Cuando oscurece se prende la luz del rancho,
y es el pariente que busca lo que ha dejado.
Están sus ojos brillantes, mira a lo lejos.
Él también quiere que lo acompañen.


EL SOLDADO CARRASCO TOMA CERVEZA
con su novia muerta y las puertas
del cielo se entrecierran para otorgarle
cierta intimidad a esa cita.
La espuma de los vasos se derrama,
los labios de la novia son azules,
claro, está muerta.
Carrasco le cabecea al mozo y pide otra
y el mozo la trae prestamente.
En una mesa cercana dos esqueletos
chamuyan de pavadas y alardean.
El mozo pasa un trapo por la barra
y ya otra vez la cerveza está escaseando.
¡Hace calor!
La novia se recuesta sobre uno de sus brazos.
Carrasco está embolado,
piensa en cuando fue soldado,
piensa en su féretro.
El mozo hace un ademán
y saluda a unos muchachos recién llegados:
“Éstos están fresquitos”, dice,
y mientras saca brillo a unos vasos
silba una melodía pegajosa que se queda en el aire
flotando, unos segundos.


TE PUSISTE
oscurito
amiguito,
(te pusiste
oscureli
amigueli)
te ocultaste
del cedro
y fuiste
hacia
la roca,
mirando
por la
ventana,
triste.


QUÉ TRISTE LA VIDA DEL TRISTE,
qué tonta la vida del tonto,
qué simple la vida del simple,
qué parca la vida del parco,
qué sola la vida del solo,
y qué huraña la naturaleza
(entre la maleza pasa reptando una yarará,
y su estructura se consume
en el animal que pronto va a picar).


Tomado de: Francisco Garamona , Perdido en el nevado, México, Juan malasuerte, 2017.-

30.10.17

Filtraciones internas, por Gustavo Calandra



El infiltrado suele ser una figura traicionera. Desde un principio miente y, de alguna manera, se inmola, pues mancha su alma vilmente para convertirse en el instrumento con el cual su grupo puede vulnerar al rival, al otro.
  Últimamente se ha hablado mucho de gente que se hace pasar por lo que no es, SEMBRANDO paranoia y en algunos casos recogiendo una cosecha de estereotipos negativos.
  En este caso: los encapuchados.
  Es el arquetipo de manifestante que más cómodo le queda al infiltrado, pues en primer lugar le evita mostrar su cara.
  Y obvio que esa estética se asocia con el sector más bravo de una manifestación.  Siempre la capucha y el pañuelo están presentes en los disturbios de todo el mundo y siempre, siempre…
SIEMPRE SON LXS QUE ESTÁN DE NUESTRO LADO
  Es un viernes a la noche.
  ¿Dónde está Santiago Maldonado?
  Está acá, en la morgue.  En Junín y Córdoba.
  Poco a poco la gente se asoma. A medianoche no llegamos a doscientas personas. Un santuario de fotos y velas. Tristeza colectiva. Cánticos reclamando justicia y renuncias (no “que se vayan todos”, esa la quisimos cantar pero no prendió, se ve que trae reminiscencias del 2001) y muchas promesas de solidaridad entre la gente.
  Otros grupos deciden, movidos vaya a saber por qué resorte o mecanismo, desplazarse a la Plaza de Mayo. Tanto preguntarnos…
  Está acá. El duelo más doloroso de elaborar.
SIEMPRE SON LXS QUE ESTÁN DE NUESTRO LADO
  En algún momento aparece un puñado de adolescentes de entre 15 y 16 años, muchxs de ellxs participan de la coordinadora que nuclea a los centros de estudiantes de colegios secundarios de la capital. Su look: visten de negro, usan piercing, cortes exóticos bajo la capucha.
  Generan desconfianza las banderas con la A y la del pueblo mapuche.
  Y de golpe toda esa gente conmovida se vuelve hostil.
  Toda esa gente que pide recato y no reacciona ante diversas provocaciones de vecinos, automovilistas y hasta de policías que escuchan cumbia entre risas.
  Esa gente que si la yuta no corta la calle no se anima ni a poner bolsas de basura para hacerlo. Esa gente que incómoda aún tolera que un borracho que nada entiende se siente obstaculizando y diciendo pavadas en la puerta del edificio donde están haciendo la autopsia, sin siquiera tener el coraje de solicitarle que vaya a tomar vino a otro lado. Esa misma gente que seguro prefiere creerle al bufón de midachi que luego los traicionaría y no a las nuevas generaciones que un viernes a la noche se hacen presentes para expresar sus convicciones, se compartan o no.
  Necesitará muy poco esa masa para torcer su discurso “pacifista” en violencia verbal.
  Bastará que un chico grite que Santiago es anarquista.
  Hostigamiento. Amedrentamiento. La turba rodea lxs jóvenes y lxs acusa de venir a hacer quilombo, de ser servicios, de ser policías...
  SIEMPRE SON LXS QUE ESTÁN DE NUESTRO LADO
Afrenta dolorosa para un guacho rebelde que te etiqueten de ortiba. ¿Qué onda? ¿Todavía no aprendiste a discernir? ¿Y si mañana se despierta y se hace ortiba de verdad? Porque lo están matando injustamente. Acordate de La naranja mecánica.
  Este cronista que hacía horas compartía la calle con aquél grupo heterogéneo de ciudadanos no puede entender qué razonamiento los motoriza a pensar con las mismas herramientas del enemigo.
  ¿Quiénes son los infiltrados?
  SIEMPRE SON LXS QUE ESTÁN DE NUESTRO LADO
  ¿Realmente piensan que esos chicxs son infiltradxs o policías a los 15 años? ¿O es que ese grupo que ahora intenta pasar a la acción pertenece al típico burgués aggiornado que no está tan dispuesto a arriesgarlo todo? ¿Molesta, genera celos, envidia, el coraje ajeno?
  También se me ocurre que el adoctrinamiento religioso propone convidar la otra mejilla antes que descender a un estadio de barbarie e igualarse con el violento.
  Y sin embargo, ahora se contradicen y son más que violentos y obligan a los anarquistas a replegarse en la esquina. Los insultos redoblan.
  Ese ciudadano clase media con pretensiones de activista quiere agredir a un eventual compañero.
  Trato de frenarlos. Mi cercanía ideológica y espiritual con esxs chicxs, me compromete a hablar con ellxs y pedirles que no les den argumentos a todos esos tarados que, cuesta entenderlo, después de haber compartido horas previas tan tristes, ahora buscan al enemigo interno
  SIEMPRE SON LXS QUE ESTÁN DE NUESTRO LADO
  A la gente débil o con menos herramientas intelectuales y menos recorrido militante, los dispositivos de coerción se les adhieren como un chip. Esto no les permite decodificar las señales para reconocer común a quien tienen al lado.
  Esto no les permite entonces formar comunidad.
  Esto no nos permite pensar en una Revolución total del Pueblo.
  Silvio Astier sigue traicionando al Rengo, su único y legítimo amigo criollo.
  Error de códigos.
  Debemos imaginar otro tipo de organización social que neutralice a tibios y egoístas, con los cuales parece que no hay comunión posible.
  Y hasta acá llego, pues espero una cantidad de lectores heterogéneos y como dice el tango: “No me gusta avivar giles que después se vuelven contra”.




13.10.17

Producto interno bruto, por Ismael Velázquez Juárez



PALOMAS Y DINAMITA



la vida es ciega
tira y tira
del pelo
que no eres
su mano inquieta se posa
y te rasca un pie
o aplasta de golpe a tus gallinas
abre y cierra sus fauces
y se va
por la víscera del cielo
por la ventana negra del día
se va


ciudades bajo la lluvia
suicidas a galope
todo eso está bien
para los poemas
pero yo no estoy bien
para ningún poema
hablemos de eso
de la vida larga y fría
de su costal de ubres oxidadas
de que estoy quieto y mudo
de que tengo un martillo
en cada mano
y espero
hablemos de que no hay tregua
ni nada
hablemos de eso


OXIDACIONES


soy un hotel
con una mujer sola
mirando borracha la televisión
soy la parte más oscura
de un zoológico vacío
instalándose poco a poco
dentro de ti
soy la sombra filosa
del ciclista
no me preguntes nunca
hacia dónde voy


agujero helado
te verías muy solo
sentado en calzoncillos
en ese sillón que es
como un agujero helado
en la memoria
intentando convencerte
a ti mismo
de que tu mano izquierda
es una solterona amable
que se ocupa de ti
y le pone nombre
a tus estornudos
te verías muy solo
sentado así
a la espera de una
familia de canguros
que pudiera amarte
sin hablar
tratando de subirte
por el pecho
un cierre
que sabes bien
no termina nunca


COMBUSTIBLES


emborráchate
divierte al perro
duerme siempre
más de la cuenta
no eres más
que un hombre


todas las canciones
tratan de una sola
y misma cosa:
cantar mientras
todo termina


HUESOS


maneras en las que mi madre no me golpeaba

huía
y no regresaba
hasta que ella iba
y me atraía
con un dulce y un arma
reventaba a los animales
a palos
y ella
me daba leche tibia
de sus senos
destrozaba los muebles
y mordía las flores
de sus maceteros
y ella
lavaba mis manos
y mi ropa
me dejaba rezar
pegado a sus muslos
antes de dormir
luego
decidía
no golpearme


Tomado de: Ismael Velázquez Juárez, Producto interno bruto, La Carretilla Roja, 2017.