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1.10.26

Los sueños con Verónica, por Santiago Armando

  

A la flaca

 

Tuviste tu oportunidad, y me hablaste… de Maradona

Verónica

 

La mujer, esa limosna del diablo.

Leopoldo María Panero

 

Aparecí con mi hermano en la casa de Verónica, la Flaca, Verónica tenía una hermana que no era como Inés sino petisa y panzona y morocha de pelo corto que se puso a charlar animadamente con él. Y yo con la Flaca, que no me huía tanto y estaba de buen humor con esa mirada huidiza y brillante con ritmo de cubo mágico, y la sonrisa venía fácil.

Íbamos y veníamos por la casa que nada que ver con de calle Bufano en Castelar, más bien como una casa chorizo hecha a los ponchazos con sobretechos plegables de chapa armada y baldosas y color de pintura vieja y luminosa de mañana como la de mi tío Fito en Martínez.

Se sentía la presencia de la madre pero no apareció. Voy a un cuarto donde estaban mi hermano y la hermana y todavía tenía todas mis cosas, mi plata, ochenta pesos en billetes viejos conté en un reborde bajo la ventana y vuelvo a la galería y la alzo y me miraba y le acaricié la panza y le vi el comienzo de un tatuaje igual a la remera que tenía puesta con gatos blancos y una inscripción de esas de amor incondicional que tienen las chicas por los gatos en el Facebook y esas tetas hermosas que apenas le descubrí, y estaba tan ligera al cargarla y fluía en mis brazos por siempre mi diosa la flaca como cerezo su boca más que nunca irresistible, la llevo un poco y escucho unas guitarras eléctricas perder el pitch y deformar todo horriblemente como una pesadilla vomitiva y despierto.

 

Hoy de nuevo Verónica, ya ni los anoto, la sigo como siempre, a veces me ama, a veces huye, a veces aparece su novio de pija enorme y yo colgando de un comentario. Estábamos sentados ante un piano, ella aprendiendo una partitura académica, yo del pentagrama con un soprano tentaba las primeras figuras de la melodía de My Favourite Things, para mi persona favorita, la persona que más me ha gustado en la vida fue mi novia, me gustaba más que Prince, más que Miles, y antes, antes era una rubia rumdiary, sentada espalda al piano, cuando era rubia, cuando yo le había robado sus giros de cubo mágico de la vista, en el propósito de lo humano. 

Verónica. La encuentro por los trenes y le recuerdo que también en sueños que para ir a un telo por su casa tuvimos que hacer una combinación de trenes, en otro sueño. La había seguido hasta un hospital o ido a buscarla parece, porque no tuve que dar muchas vueltas para que se quede conmigo esta vez, y parecía que yo recordaba otros sueños donde habíamos vuelto a hacer el amor y yo había hecho papelones bizarros reprochando cosas del pasado, después de ponérsela. Pero esta vez del brazo bajamos por una estación del tren de la costa en el bajo y me hablaba de Misiones, montones de misioneros la querían de entre sus formoseños, y me habla de uno que le hacía fiestas y me lo señala, un señor mayor, y cruzamos la pared de una ciudad amurallada, un barrio cerrado precioso, algo así  como un Neverland y le digo: “Eduardo murió, y El Polaco se murió” y me contesta dos veces “Qué hijo de puta”. El sonido de sus palabras me entra por el oído y me queda en la boca. Me aprieta el brazo con una campera azul y sentí la piel de sus suaves mejillas.

Era como un palacio, o como la estación de tren del video de Cream de Prince que se perdía en una costa del río más oscura y entramos caminando con Verónica donde están mis cosas, era mi cuarto y mi hermano parece que también paraba ahí estando casado y todo, vistiéndose, buscando cosas, quizás las únicas personas que amo, aquella novia de hace casi veinte años e Ignacio, con él seguíamos discutiendo al vernos en bolas con la flaca que justo se tapa las tetas cuando la miro de reojo, con la flaca era todo como en el comienzo, agradezco a Dios este sueño que me deja verla desnuda y vestida a esta edad, no como la vi en una foto de diario formoseño, acá me gusta más, sé que este sueño es una gentileza de Dios, un poco rellenita, un poco aniñada, extrañada, se tapa con la toalla verde y vamos a pagar, era como un telo palaciego también, era todo mío, todas mis cosas desperdigadas, una cama enorme, sábanas blancas, larguísimas, en un sillón ella se tapa, mi  hermano llega a cambiarse, me enojo pero no vale la pena, olvido momentos preciosos, olvido nuestros tiernos diálogos, pero todo juega para mí, la flaca se cambia vamos al mostrador, unas señoras sonríen, ella les da dinero y nos dan otro turno hay tiempo, dándole  la espalda me doy vuelta y la veo, algo me dice su hermana casada, su hermano no está pero lo siento, la veo esperarme, frunciendo el ceño otra vez, pero ya no huye, nos entendemos, vestida de barrio, somos de barrio y está hermosa, tiene más culo, ya me voy yendo, en vez de abrazarnos nos tomamos de la mano y de nuevo comparo la diferencia de altura, ella 1,72, yo 1,67-68 centímetros, ella está bien, es independiente, economía estable, ha viajado bastante, estudió mucho y no necesita de nadie, me alivio. Doy gracias. Rezo. 

En Castelar. Voy a ver a Verónica con 300 pesos y entro en el edificio más parecido a uno de Recoleta, de granito viejo y amarillento, me mando. Hay cola para el ascensor y noto en unos anaqueles iluminados dos libros de Néstor Sánchez, Siberia  Blues y Cómico de la Lengua, pero más gruesos, ediciones comentadas por universitarios, junto al ascensor, veo que hay bastante gente y sospecho que es un edificio de burócratas y me voy. 

Te encuentro. Bajamos unas escaleras, largas escaleras de colegio quebradas en el futuro de Misiones, estanques, irupés, nenúfares. Guerrera blanca. Apareces en mis juegos de sueño.  

¿Necesito conquistarla para salir de él? Blanca, de blanco, ruina de escaleras y selva, estanque, juegos, hacerla interesar. Ella está ahí, en el juego, delante o detrás mío: sensualidad infinita. Un poquito más. Todo lo que pudiera interesarme, o querer, la vieja fascinación en idilio de sueño. Hay una historia en silencio, aparte del juego: del que salgo, como empujando una puerta bruscamente o acelerando. Ese jueguito de todos que nunca quise jugar, me aburre, es muy fácil, pero, un poquito más. Y me rajo, todo es muy lento. Me levanto, traigo soda y anoto Verónica, otra vez.  

Bajo de esa diagonal ferroviaria donde siempre empieza una ciudad universitaria y veo empedrado y un atrio y una iglesia pintada de celeste con rebordes o molduras blancas, enfrente una plazoleta con forma de escuadra de colegio y las viejas baldosas y Verónica vestida de mucama, le pregunto si leyó La Hija de Kheops de Laiseca y me dice que sí y pone cara de desentendida cuando le inquiero si le gustó, Verónica se había ido junto a otra mucama fortachona sin atender la conversación que le proponía y cambia de forma a la de un rabino de como sesenta años parecido a mi profesor particular de matemática de adolescencia que tampoco contesta mis preguntas y me mira con evidente desprecio. Sigo por el empedrado atrás del tipo, me estaba haciendo pis y entro en un baño público lleno de mosaicos con el cubo de Metatrón en venecitas de colores, sentí un olor de mierda antiquísima y no entendía bien como eran los muebles para hacer las necesidades y entonces meo por un agujero de una rotura que en realidad daba a una pileta como de yacuzi con esas venecitas hipergeométricas, entonces aparece un joven que me dice en inglés que él es el encargado de limpiar mi meada. El baño y la iglesia tenían la misma forma, abovedados y pintados de celeste pastel antiguo, el baño público estaba cruzando la calle empedrada a la izquierda donde seguí al rabino que se metió por un pasillo del Subte.  

La Junction Universitaria daba a Brasil, paisajes de Rio de Janeiro sin favelas en los morros, despoblada. Brasil a veces aparece en el occidente del continente, en el lugar de Perú o Ecuador. Y voy bordeando toda la costa virgen con sus pueblos balnearios de aguas azules con  juncos. Rio de Janeiro tiene una pátina dorada y Verónica es mi empleadora, doy saltos geográficos y duermo en una villa porteña o cuartos de alquiler en Los Ángeles, California,    y Verónica me busca y me lleva a su local de comida digital, unos aparatos blancos en la pared, veo su teléfono en una pared y me queda el 626 seguido de un guion y otros números    más que no retengo. 

En la Junction laburando, la familia de Verónica tiene un despacho y voy a comprar un paquete de Van Haasen, mostrador enrejado, me atiende el hermano de Verónica y la madre. El hermano es un joven carilindo. Laburo. Ando de acá para allá en los trenes, todo metido adentro de la ciudad y por los barrios del sur de la Capital, todos apretujados. Me lo cruzo a Alberto Fernández acomodando un cajón o enterrándolo en algo  que parece una tumba y le digo “Ahora que cerraron lenguas clásicas, ponele a mi amiga lingüista una cátedra de lenguas sudamericanas”, y aparece La Flaca hermosa sonriéndome en silencio. Sus parientes ya me habían avisado que estaba en pareja y había tenido un hijo, pero igual, me mostraba   el cuello, su largo cuello florentino que le quise meter un picotazo pero por respeto a su investidura de señora no lo efectué. 

Estoy saliendo de la Junction con Verónica charlando lo más bien, vamos conversando caminando sobre semiesferas geométricas de plaza con gran facilidad, yo estaba parando en un hostel y le hablaba de unos gringos y de la encargada que no molestaba para nada y encarábamos para allí.  

Vamos cayendo a lo de Verónica, la única, ella ya es madre y vive con un filósofo marxista y viajan por el mundo, ella es una lingüista mundialmente reconocida, tuvieron un hijo, me odia Verónica en la vida real, pero yo  sigo soñando con ella después de 21 años. Le caímos y se fue llenando la casa de amigos míos y ella me atendía, juntaba mis pedacitos de faso en una latita, Ato Seghezzo y Tomás Gortari leían mis sueños en su living, no sé qué pasaba, pero ella se mostraba vagamente receptiva, incluso conversamos sobre colegios para su hijo, y teníamos visiones de nuestros  barrios bajo autopistas elevadas que unían en poco tiempo todo el conurbano, había una pizarra donde Ato leía un pasaje que decía "en los huevos de un Dios muerto" y se reía.  

Era Cataratas. La oficina de la empresa que hace los paseos náuticos donde trabajé se venía  abajo. Los yaguaretés ya eran familiares pero con respeto. Se notaba toda la decadencia y el  olor del viejo centro. Nacho me decía con impaciencia que pronto refaccionarían todo. Estaba muy cansado. Lucas de la Torre estaba en un cuarto ahí nomás, enfermo, le pasé un  libro no recuerdo de quién y otro de Camille Paglia, dudando. Los dos eran en inglés. Y aparece Verónica con el marido. Y de pronto como quién no quiere la cosa cruzamos  algunas palabras y otras más hasta que me empiezan a seguir, el dorima atrás, como comprendiendo, buen pibe, buena sonrisa. Nos cruzamos con unos jaguaretés enormes dentro de la construcción, uno junto a la cama de Lucas. Estaba Miguel, el operador, o me pareció verlo un segundo. Christian no estaba. Nos vamos los tres a España como si cruzáramos a cataratas brasileras, al sur de España, y nos metemos en un sótano donde tocarían flamenco y servirían tapas pero no nos atienden y nos vamos. Siempre hablando con La Flaca por otros boliches hasta que me agarra la mano, y el marido nada. Todo divino, y su voz tímida y dulce. No podía creer tener su mano en la mía. 

Estaba en el techo del colegio San Nicolás de calle Alsina donde fui el año 90’ cuando me fui del San Juan, ambos ya no existen más, estaba con De La Serna, el techo estaba cerrado con alambre tejido de gallinero      y había un entrepiso y estábamos con dos pibes, era como un presidio y éramos una bandita  de rock y jodiendo íbamos tarareando una melodía y yo fui armando un temita y apareció Charly García con auriculares y bufanda y empieza a despejar el tema y era Me siento mucho mejor, y la termino cantando con él y me despierto pensando en que es brujo, que ese tema lo ponían ese año y si, el disco es del 90’ y me marcó, y pongo Filosofía Barata y Zapatos de Goma y era ese año tal cual, y después voy al Unplugged, a No Soy un Extraño y  el compactito de Serú, que me lleva de Iguazú a lo de La Flaca en Castelar. Y nunca me sentí más débil y en bolas que sin mis verdaderos amores: Mamá y La Flaca. Pero todavía no estoy verdaderamente en bolas en la calle, está mamá todavía, pero siento que pronto voy a tener que luchar con eso o quizás me deje morir. 

Estábamos con mamá en un cuarto en Egipto. Una suerte de Egipto porque era todo de adoquín empolvado o con óxido, pero con los problemas nacionales argentinos. Afuera la Junction. En el cuarto de al lado Verónica con el marido. Se amaban. Yo escuchaba todo. Ellos sabían que yo estaba en la habitación de al lado y no les importaba. Lo escuchaba a él describirle a Verónica cuando vio cómo la habían subido al patrullero a macanazos. Yo vi como la golpeaban y no podía hacer nada. A él se lo había llevado otra policía política más benévola. Ella era como un Pablo Moyano del CONICET. Yo quería fumar hachís y le pedía a los pibitos, en eso me desaparecen las botas Caterpillar de mi finado hermano, regalo de mi cuñada, y me meto en el cuarto de Verónica y me fijo en sus pertenencias ordenadas debajo de la cama y no estaban. Yo al pibito del hash le daba consejos como de que tratara de mantenerse del lado de la ciudad de adoquín sin  polvo, donde las piedras eran azuladas y estaba todo lustrado. 

En la máquina de escribir con pantallita hablamos, yo le hago chistes y ella me contesta con comentarios pesados, que tiene que ir a devolver la balanza de pesar pañales a la ORGA. Le digo que trabajo en el astillero de Metatrones, para salir a pelear por mar con los ingleses, única forma de cortejar a una kirchnerista del CONICET, recién parida y casada, a la que llevo en mi sangre por siempre, y el papel de la máquina de escribir se acaba y  lo arranco y suena prrrfff! por la pantallita, y sale una suelta de emoticones, y mirarla es más dificil que una ecografía borrosa, pero yo contento, será hasta la próxima. 

Yo estaba al oriente

del nuevo choriducto asfaltado

lado uruguayo

era un aeropuerto con cuevas donde llegó Léon Bloy

había una policía autoridad el buen Müller

yo estaba con mi libro de Israel Celestial recién salido

descartado de librerías y bibliotecas

y llegó ella

con el guardapeluca y su cría

la vi llegar y crucé la pista del otrora choriducto

ahora asfaltado

sabiendo que me jugaba la vida al ofrecerle

mi corazón de bienvenida mirándola a los ojos compasivamente

porque ya todo pasó, todo eso que destruimos

finalmente colapsó la civilización

y llegaba un nuevo siglo de escritura en los hawks

y crucé a recibirla

porque todavía amaba la letra

y me denunció con Müller

una denuncia que desestimó al presentarme

la mujer de Müller era india

y yo era como un Amish del zanjón

un Amish del choriducto

con Léon Bloy

y me odiaba

y su marido el guardapeluca la comprendía

sentí que don Geniol conmigo no tenía inquina

pero Verónica renovaba su desprecio y seguía y seguía odiándome

con todo lo que tenía mientras tuviera vida

hasta que tuve que rendirme

y volver a mi enramada en la zanja del otro lado de la pista

y veía todo de nuevo ahí enfrente

ella siempre me odiaría

 

Estaba de guardia en un puesto, mi hermano occiso estaba y no estaba, era su negocio, la entrada a un bosque que estaba siendo desmontado y revocado en sus pozos de tierra clara, aparecían mis viejos con mi cuñada, había diálogos y expresiones típicas de la familia, bromas, que olvidé. Era todo de ellos, y yo era un empleado pero siempre excitado en movimiento, o todo se movía alrededor mío, yendo y viniendo, y más allá lo negro y la autopista, yo a un costado, en una bajada, en la garita, nunca estaba, me metía en ese desmonte con pozos y revoque fino y les avisaba ché a los de mi familia, ché, están revocando los pozos. Pero después se fueron llenando con una ciudad y un ministerio o secretaría, en una avenida como la Mitre de Sarandí, un Ministerio, y a dos edificios trabajaba La Flaca, y había un concierto de música, marchitas del Imperio Austro-Húngaro, y yo tocaba la trompeta y estaba al horno porque dejé de practicar hace diez años, y había un pibe con una trompeta Brauer alemana acostada y le dije que se la cambiaba y aceptó y pude tocar esas marchitas perfectas, y los balcones estaban llenos, y aplaudían con ganas, y La Flaca con Inés y su cochecito con un bebe se me acercaron, porque enterado de que estaban cerca habían mandado un chasqui para avisar, y de pronto estaba desnudo y me tapé con la campana de la trompeta y La Flaca me dijo algo del pirulín y le contesté si quería soplar. Nos quedamos conversando y desperté, y al rato, ya de día, con las primeras luces bajé los black-outs y me dormí, y ahora en una oficina de color Nescafé revuelto con gotas de agua, marrón, en una vieja la oficina del estado nos encontrábamos, ¿o era un Ministerio?, parecía un almacén debajo de un Tennement y yo ya era poeta oficial en La Corea Dorada parece, porque no sé que hacía tanto por los edificios públicos que ella barría, nos mandamos Whatsapps, que me costaba horrores escribir, el telefonito de mierda para atrás, pero quedamos en vernos para una entrevista breve en ese negocio del gobierno,  ahora pasaba el trapo de piso, y pudimos charlar, ya estaba casada con un hijo, y yo ya no tengo intenciones de levante que no sean explícitas y pícaras al hueso, nada de franela, la conversación es aparte, pero si tengo erección la confieso. Y así charlamos como con una mina más y no fue tan grave al final, y hasta agradable darle charla en su tarea de limpieza, aunque de esas he tenido mejores con la mucama que limpia mi cuarto, aunque La Flaca sea La Flaca, mi Verónica de este libro.

 

Llego a zona sur en tren, a la casa de Verónica. Paso a su cuarto y charlamos, nos contamos, salimos a un parque, hay sol, tiene un vestido blanco. Verónica es morocha alta y flaca de piel blanca. Hablamos cosas de actualidad. El marido y el hijo no están. De pronto me encuentro en bolas acostado y llegan dos amigos, conversamos todos y me dice que está viniendo su marido para buscarla a una fiesta, yo había dejado mi ropa en el piso, y salto en bolas, tomo el pantalón y me cuesta mucho ponérmelo, como si hubiera engordado. Le pregunto si me puede dejar en algún lado y contesta, “Sí, obvio”. Y me dejan en el playón de una estación de tren con escaleras metálicas arbolada.

 

Tres avenidas empedradas

con estación de tren daban

a la morgue de la universidad.

Otra vez allí siguiéndola,

me perdía entre otros cursos

por las escaleras,

salas de lectura de apuntes

de paredes blancas, y volvía

a la avenida repavimentada

con el tranvía

a ver los negocios viejos

de cotillón, los carteles, el polvo,

la gente escuálida, enjuta,

la sombra poquísima.

El viaje de siempre.

 

Verónica duerme en mi cuarto con el marido, yo busco el celular y uso unas chinelas que náuticas azules y grises, me presta el teléfono viejo del marido pero no lo entiendo y le pregunto a mamá si vio el mio y me lo señala. Increíble discapacidad o torpeza para manejar los teléfonos.

 

Es Reyes y persigo a Verónica por su casa de ladrillo entre dos palos borrachos, todos la ensucian jugando, están jugando a ensuciarse con hollín, con hielo, con champagne, el marido sabe, no importa, nunca se la robaría, ¡sobran las palabras! Le meto un picotazo hermoso en un sillón ya está lista para salir se va preparando la demoran con hollín, con agua, gente habla en francés en el chateau precioso, salimos a la Junction. Locura de felicidad. Agradezco.

26.12.25

La lámpara azul, por Santiago Armando

 

En las formas tan sensuales e inocentes de Dulce-Persona se miraba el resplandor de Buenos Aires, suprema ciudad merodeada por las sombras de campos sin límites, viviendo a oscuras de su destino, como el trasatlántico, iluminado, en la vasta oscuridad del mar, en cuyo seno se avanza; en ambos se vive sin noción de rumbo, por tanto con entero sentido del presente; en cambio cuando se vive históricamente no hay más parte adonde ir la Pasión, hay esa marcha de la humanidad, que es el énfasis de la Historia; un presente de pasión, habido una vez, hace ociosa la marcha, el porvenir; la viciosa noción de marcha está solo en el escribir histórico, no en el corazón de nadie.

Macedonio Fernández, Museo de la Novela de la Eterna

 

 

 

25/11/2025

La luz de la siesta es blanda sobre las hojas que cubren la casa del vecino.

Soñé que estaba en el campo con Lorenzo García Vega y un primo de mamá que murió hace unos meses, en un galpón, en Santiago del Estero, estaba lleno de arañas pollito y culebras y una iba y venía por la telaraña como un avispón y me mordió, sentí la picadura y me desperté muy boleado por las pastas que pegan a la hora de la siesta.

Espero que el teclado me lleve a la luz como las espadas normandas en el cuento de Panero Donde un hombre muere, la águilas se reúnen.

Me acuerdo que en la clínica Avril, en el año 2008, estaba internada la hija de Carolina Herrera y había un tipo forrado que se la quería levantar y la mina estaba re loca y violenta y yo despacito me la fui chamuyando hasta que me dio un beso y me dijo que nos vayamos a vivir juntos. A los dos días se la llevaron a la Clínica Las Heras que era una de las peores y nunca supe más nada de ella, todavía la busco en las redes pero ni el menor rastro de sus pinturas.

Ayer el Twitter se llenó de posteos de billonarios y gente que decía que se había ganado la megalotería y que era hora de repartir, le pregunté al @grok si esos posteos eran estafas y me dijo que sí, entonces se me llenó de likes y seguidores, todas putas y transexuales, yo veía videos de ski y de surf y seguía a Maslatón y a un tipo que hace bolas de hashish y que importa del Líbano y de Afganistán.

El pobre solo tiene el consuelo de un poco de tabaco y café.

Las cotorras de nuevo, se suma un pájaro y pía espantado, no es una zona para dejar huevos en el nido, hay aguiluchos y gavilanes que meten el pico y se comen los polluelos en salpicón. Me queda un solo cigarro. Me lo termino despacio.

Estuve internado con un Lubavitch y le pregunté si estaba permitido masturbarse y me dijo que no, que Dios una vez había matado a uno de la Biblia por acabar afuera de la mujer, por lo que la masturbación es una ofensa a Dios. Pablo Szabo está en la clínica psiquiátrica O’Gorman encerrado de por vida por su Fe, su propia madre lo ha despojado de sus bienes, menos esa colección de libritos del Rebe, y lo ha hecho declarar loco por ser un ortodoxo estudioso proveniente una familia de judíos ateos. La psiquiatría es la cárcel.

Me tiré a la pileta y salí, se escucha el suave rumor del viento y una motoneta en el Acceso que se retuerce. Hablo con Alejandra que estudia en la UNA porque si no, no pinta. Alejandra me habla de la crítica de Rodrigo Cañete a la novela de Pablo Maurette El contrabando ejemplar. Dupont estaba con eso el otro día en Twitter ¿De dónde sale esa gente? Está lleno de Sorias la cultura, siempre con las moviditas. En la universidad te hacen laburar, van jubilados, discapacitados, artistas jóvenes, y se tragan eso. Desgraciado es el artista que no reza.

Quiero llevar a mi sobrina al MALBA, al Fortabat y al Bellas Artes. Al de Arte Moderno nunca fui, no me interesa el arte moderno. Me gusta Philip Guston por su humor y Belkis Ayón por su oscuridad, nada más. Me gustan las bodas de Chagall.

Reels de la fiesta de egresados de mi sobrino. Quisiera decirle que cuidado con los festejos, con manejar en pedo, que cuidado con los rosarinos que asolan las playas buscando porteños a quienes golpear. Que lea si va a estudiar periodismo, para no ser otro analfa de los medios como el Pelado Trebucq, que los periodistas deportivos tienen trajes lindos pero ganan muy poco, que los trajes son de canje, de vestuario, que una casa con auto importado en un barrio cerrado no es nada, que lo que importa es trabajar y orar.

26/11/2025

Soñé que estaba en la vía conversando con J. Benegas Lynch, al lado de la vía. Habían tirado un montón de ropa vieja que se reservaba para los pobres, había otras gentes amigas, hijos de amigos de mis viejos, estábamos en una mesa y me mandan a una mesita justo al lado de la pila de ropa vieja, casi sobre los rieles. Hablábamos de nuestra capacidad de vendernos, de la transformación mía en Cataratas donde me hice vendedor y me liberé hablando, encarando gente para vender, que me transformé en cantor que no hubiera sido posible de otra manera que vendiendo el paseo a los saltos del Río Iguazú en el Parque Nacional.

Ayer me desperté con el scratch de una bandeja de dj repetida ocho veces como en el tema Vavoom de Prince.

Ora et Labora, le dije a Alejandra que debía rezar, que eso la iba a ayudar con su pintura, que si no hay rezo todo es inútil, pero me dijo que no es religiosa.

El mundo cambió un montón desde el año 2016, año en que murieron Luis Thonis, Maurice Dantec, Laiseca y Prince. Los libros con historias de la dictadura antes se vendían, los del holocausto y los de países comunistas de historiadores serios no, me los leí todos, me leí todos los libros de Frank Dikötter sobre China, el de Victor Klemperer, los de Raul Hilberg, lo de Varlam Shalamov, todos fueron una tortura. Ahora quiero releer a Néstor Sánchez, porque nada se compara a Néstor Sánchez en el verano porteño, bajo techo de chapa, aire acondicionado y ventilador cruzados.

Varios sueños en la siesta. Soñe que estaba tocando mi vieja trompeta y se me deshizo como plastilina, estaba con Daniel Kreiman, que me llevó a su laburo en una oficina donde todos tenían sus instrumentos. Antes había soñado que estaba en China y era el fin del mundo y toda la comida estaba envenenada y cuidábamos a un bebe con otros agentes. El sueño terminó con un flaco con aparatos de ortodoncia transparentes enormes con luces de colores que se reía abriendo la boca exageradamente grande.

Mamá se maneja a los gritos con todos nosotros y no se da cuenta. Siempre está suspirando en la cocina y en los pasillos pesadamente y repitiendo ay dios.

Mamá me grita por la escalera que baje a tomar las pastillas y papá me manda un whatsapp reclamándome que baje, que hoy tampoco tomé las de la tarde. Vivir con los padres a los cuarenta y nueve años es una cagada demasiado deprimente si no se fuma porro, no es natural para un hombre adulto, además con la rodilla y el hombro rotos, es tristísimo. No sé cuánto voy a poder aguantar.

No puedo prender el aire acondicionado por la boleta y este techo de chapa recalienta todo el cuarto a la noche y es inhabitable, me puse el ventilador y el enchufe con el líquido para los mosquitos.

27/11

Omar está con presión alta por las últimas noticias de Venezuela, trato de calmarlo. Me quedé sin puchos, vinieron a buscar la bici.

30/11

Se acaba este viejo año de mierda.

1/12

Ayer me tomé las pastillas de la tarde y la noche juntas y me dormí rápido. Me desperté de madrugada con sueños y ahora de nuevo con uno en que Verónica vivía con su familia en el edificio Estrugamou. Me tiene bloqueado en todas las redes. Me abortó un hijo porque estábamos mal y yo me había quedado sin trabajo y ella quería seguir estudiando y pasar a otra cosa. Después vino mi primera internación a los veinticuatro años.

2/12

Soñé con mi laburo, que me echaban otra vez, y con una tablet con caracteres chinos que quería sacar pasándole el brazo.

Ayer estaba en un chat y hablé con una abogada del CEAMSE que me dijo que no tiraban desperdicios en el Reconquista y que me fletó cuando le dije que fumaba. Después hablé con otra hasta tardísimo que se fue cuando le pedí el Whatsapp. El CEAMSE pone guita en Radio La Red, sale Gentilli diciendo que si pudimos ser campeones del mundo, podemos ser campeones del planeta, aludiendo a un mundo limpio, el imbécil de mierda.

Matías me dijo que no hay un mango en la calle, que está muy pinchado todo, que tuvo que cerrar el local en Flores y que él está haciendo el reparto. Anda calzado, ya se ha tiroteado con unos que le quisieron robar un camión.

Ayer le dieron unas inyecciones en los ojos a mamá.

Ahora preguntan los periodistas si Boca gusta, el único Boca que gustaba era el del Coco Basile. No quiero ir a la presentación del libro en joggings pero si estoy muy incómodo me los pondré, qué papelón. Lo malo de ser gordo es que no podés ni atarte los cordones, no podés limpiarte el culo si tenés el brazo corto y dependés de un bidet, tampoco podés coger, con la rodilla y el hombro cagados menos.

El jueves de paso voy a comprar un Loto. Jugar al Loto me alivia por unos días, me hace imaginar que gano y me pongo a ver departamentos en Recoleta. Nunca voy a ser un propietario, eso lo supe siempre.

Parece que mamá está mejor, se sacó los anteojos negros por los normales y está mirando el teléfono. Espero que me quede plata para comprar algo de porro, aunque sean cinco gramos de frutilla.

4/12

Estados Unidos y Venezuela invadían Argentina en distintos sueños. Estados Unidos atacaba nuestra casa, que era otra, en un barrio cerrado. Y Venezuela en San Isidro, del que pude escapar con la ayuda de un pariente que tenía auto.

Sueño que estoy acostado y tapado con Verónica, siento su cuerpo, su olor, su respiración. Estamos tapados en el sillón del cuarto de mis viejos y nos empezamos a reir y mi viejo nos tira un zapato y salimos. Le diría que no sé si podría bancarme ser su amante mientras esté con su marido y su hijo, y la voy acompañando a la Junction universitaria. Pero me digo que mi orgullo es una pelotudez. La verdad es que no le guardo rencor por haberme abortado un hijo. Aunque me haya trastornado seriamente. Veo novedades de ella en Facebook, una foto en un diario armenio con Ana Arzoumanian, sigue con pelo corto y vestida de ensalada. Antes era una piba de jeans, All Stars y remera, ahora es una señora, profesora universitaria, y estaba muy muy buena hace veinticinco años.

5/12

Estas noches son hermosas para tomar cerveza y fumar porro, hay luna llena, fumar porro con luna llena es especial.

6/12

Anoche me duché como cuatro veces y al final me dormí con todo abierto y soñé que cruzaba la Kosher Haze con la Blueberry y me pegaba re bien, soñando que estaba fumado todo era felicidad y no me molestaba la luz y el canto de cada pájaro me alegraba el corazón de manera distinta.

7/12

Boca perdió con Racing. El director técnico ¡Lo sacó a Zeballos por Velasco! A Velasco lo pagaron diez palos verdes viniendo de una doble fractura de ligamentos cruzados, que se sabe que eso te arruina la carrera. Y Milton Gimenez es una bolsa de papas en la cancha.

8/12

Día de la Virgen. Rezo y escribo, todos los días. Escucho un pòco la Radio Alison Mosshart en Spotify. Voy a ver que puso en su blog Juan Abreu:

Domingo, 7 de diciembre de 2025

El suelo del jardín se ha llenado de olivas negras que nuestro acebuche ha parido este año a montones. Las urracas vienen y van en ocasiones las devoran en el lugar y otras se las llevan supongo que a sus nidos. También acuden al reclamo de las gordas olivas palomas torcaces, gorriones, petirrojos, herrerillos, mirlos, carboneros, verderones, estorninos, pinzones y aulcaudones. Y estoy a la espera de la curruca cabecinegra este año todavía no la he visto. Hay seis tipos de currucas si mal no recuerdo pero la que viene al acebuche es la cabecinegra.

Eso es un escritor. Saber los nombres de los pájaros.

Ducatenzeiler exagera con los números de sus vistas. Otro estafador intelectual de Independiente como el Ruso Verea, aunque algo de verdad tiene. A veces está muy acelerado y no lo aguanto, a veces está muy bien. Se da vuelta solo y termina en la clínica, pero la hermana le firma la salida. Ah, ¡si tuviera un pariente que me firme la salida del psiquiátrico!

9/11

Puse Love Bites de Def Leppard para pensar en Verónica y me cagué el día. Sigo con la Radio Alison Mosshart en Spotify, cambian los temas, algunos son nuevos. En el Instagram hay una foto de ella con la sobrina eligiendo un árbol de navidad con el buso de Def Leppard que me hizo buscar Love Bites. Muy poca energía. Llamo al bicicletero después de diez días y me dice que el arreglo cuesta noventa lucas y que va a estar para el jueves o viernes.

10/12

Soñé otra vez con Verónica, estaba casada con un paraguayo, sueño largo no me acuerdo nada o no entendí nada, todos estudiaban o trabajaban en algo y yo era un espectador o un rezagado. Nada de ella para conmigo mas que aceptar mi presencia, me daba más con la hermana.

Ayer escuché The Blue Mask de Lou Reed después de como treinta años. Lo pongo de nuevo, Women, Underneath The Bottle, The Gun, Waves of Fear, Heavenly Arms, están casi todos buenos los temas, los pongo bien alto para tapar los ruidos de mantenimiento.

Nubes con forma de caracteres chinos.

Los de Instagram me tienen fichado y no me dejan publicar nada.

11/12

Sueño que Mirta Busnelli tiene una fábrica de hijos por televisión y tiene uno con el gordo Porcel que es un chimpancé depilado con la cara de Tato Bores.

Sueño que Lilita Carrió va a un bar y veo un procedimiento de milicos para matarla y que a la vez es una manera de hacerme salir de casa de papá. Paseo por los distintos órganos burocráticos de unas SS argentinas, pero me aburro y me voy.

18/12

Me mareo cuando salgo de la cama o me agacho, todo me da vueltas. Este será el último cartón de puchos y la última tanda de porro. El cuerpo me está avisando claramente que mi salud es precaria. Debe ser el Valcote con la Pregabalina, o la presión.

19/12

14/8 me dio la presión en la farmacia.

20/12

Ayer casi me muero de presión alta con mareos y entonces hice la cama, me acosté, crucé las manos sobre el pecho, cerré los ojos y puse una sonrisa de satisfacción. Hoy me desperté en perfecto estado.

Llueve. Me entregan los de Mercado Libre You Like it Darker, el último volúmen de cuentos de Stephen King, regalo navideño para mi sobrina mayor.

En la siesta soñé que estaba en el estacionamiento de una cancha precaria poniéndole un cartel al Chiqui Tapia que decía GORDO VASO DE AGUA, pero que se activaba con la traba de la entrada a dicho estacionamiento como cuando se escribe un nombre de alguien en las redes sociales y queda marcado en azul, pero la traba no cerraba del todo bien y no se iba a ver, entonces me desperté.

Hace muchos años tuve una novia que se calentaba con Bocanada, el disco de Gustavo Cerati. Era una mujer muy rica de Recoleta, alcohólica y drogadicta que me trataba mal. Una vez salía mi vuelo para Iguazú y no me dejaba ir, entonces me hinchó las bolas y le metí un gancho en la pera que la dejó desmayada y pude huir.

21/12

Saqué el Valcote y la Pregabalina y los mareos se fueron.

23/12. 

Llegaron los gramitos de Frutilla y Chocobud.

24/12

Las mujeres con sus tetas

en la bici con empedrado

y el pelado baterista

que se le cae el pelo blanco

por batir redoblante con platos

y se deja largas las

chapas del costado, como plumas

en glam a los setenta y ocho años,

Carlos Bianchi

 

Chivo, la ducha no me lava

sudo arena de obra

soy una arena pastosa

con carretilla de chinchulines

orando en la blancura

del cáñamo en los géneros

de las champetas doradas de Mirtha

 

La criptografía Lao

en los géneros del cáñamo

y champetas de Mirtha.

Siempre fui modisto

de mujeres extraterrestres.

 

dormir con el orto apuntando

a la fuente de aire acondicionado

para filmar las champetas frigoríficas

que caen en las sábanas

 

hyeronimus bosch

tirando la goma con sombrero

en los pasillos del subte

de Tribunales, acomete

como subida de ascensor

al de mi nuevo amante artificial

y me reí de sus zapatos

no puedo tener una puta barata para echarme un polvo,

porque no tolero las mujeres

sino como tóxicos

y las manzanas de caballo son de ustedes