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8.3.21

Elegía para padre y madre, por Javier Fernández Paupy

 

Trilogía del par despliega un mundo íntimo sin regodeos narcisistas ni exhibicionismo inane. En su materia prima, son retazos de un espejo partido, parasitismo de la anécdota mediante, autofiguración lírica, descripciones enrarecidas, una lente distorsionada y una sintaxis rota donde el poeta se detiene en la postración de un cuerpo en los umbrales de la transformación definitiva. No hay lástima sino inocencia en la mirada para ver la crueldad de la descomposición. Así, el poema de Eduardo Rubinschik nos propone una fiesta del lenguaje: «Frente a espuria bocanada de la pura realidad a padre se lo ve madera seca como aquello que habrá de salvar de algún naufragio en ultramar.»


Alelado por la despedida, el lenguaje captura últimas escenas en la vida un de padre ciego y moribundo. De soslayo, los efectos de y sobre una madre. El resultado es la descomposición de la novela familiar. Más que un experimento oportunista es pura experiencia de lenguaje en la que el delirio preciso y la ambigüedad componen un poema en prosa sin vanagloria del dolor pero con trasposición de una vivencia límite: «No se come ya y boca queda sólo para el habla grito o estornudo y mandibulación». Lejos de un engrandecimiento sin vida, el poema de Eduardo Rubinschik propone una microscopía de la primera persona donde el lenguaje dicta ritmo y fisuras del sentido. «Hijo toca cuerpo padre como nunca haciendo del toque protección deseado imaginariamente siempre más potente que angurria o decepción.»

Desprovisto de  melodrama, Trilogía del par se adentra en el teatro de la materia desde la mesa de disección de un lenguaje impreciso, poético, desafectado y a la vez sensitivo: «Antefúnebre fabrica su propia noche diurna su lujuria cucaracha sin menguar. (…) Su mente cambia de destino sin viento y sin función (…) pulgar desborda su mano, cerrada alza buscando nariz para rascarse (…) la destina florece como un hueso de bambú reseco. (…) ojo ciego ignora otro ojo ciego y los dos inventan imagia al hilo de la fiebre.» Es el manoseo hospitalario y la soledad ontológica de una persona que deja de ser lo que era desde palabras compuestas, metáforas y neologismos.


El poema de Eduardo Rubinschik  cumple con fidelidad la divisa de Néstor Sánchez sobre la prosa poemática: «No hay que escribir nada que pueda contarse por teléfono». En este libro la prosa es poesía. La «madriguerra hospitalaria» que aparece nombrada en su libro recuerda otras visiones líricas de la enfermedad y la muerte, como otrora hiciera Milton Rodríguez en “Los últimos días” (Unos domingos, Ediciones La yunta, 2013) o Gabriel Cortiñas en su poema La recidiva (La uña rota, 2019).

Trilogía del par es un réquiem carnavalesco de hospital que muestra con ojo clínico ese desfile profiláctico de pacientes, padecientes, parentela, asistentes, sufridores, profesionales de la salud y parteros de la muerte. Todo en un mismo plano enloquecido. La elegía que compuso Rubinschik es ejemplar en tanto recorta el mundo íntimo sin ningún patetismo, sin regodeos, sin exhibicionismos, sin sentimentalismo, sin narcisismo autopromocional. Y, con todo, desde un lenguaje directo y fragmentario, Trilogía del par nos sumerge en un mundo de fragilidad, decrepitud, putrefacción y ese borde descarnado por donde la vida se abisma como una sustancia tóxica llena de virus y bacterias.

 

 

 

 

4.2.20

Fiesta del postrado, por Eduardo Rubinschik




ese hijo que corre por afuera dentro y revuelve humor tal que guiso viejo



No se come ya y boca queda sólo para el habla grito o estornudo y mandibulación



Que coma que se calle que prenda su pulmón a la comida pero que se calle



Señora en delantal entrona autoridad sobre pobre ovillo cuerpo y por añadidura sobre los alelados de familia



Aquí señora delantal vuelve del paseo para airearse mientras efectu o ejecut (amos) nuestra visita de amo amante



no querer verla (a señora delantal) pero precisarla como a luciérnaga en la opaca superficie mortuoria de quizá nunca



Ya nos vamos hasta la próxima es un cuadro así (hacia peor) ¡paciencia!



Cuerpos sobre el del famoso ovillo que orillea lengua y rigidez corpórea compara su pasado con presente y su futuro a nunca



Las etapas queman toda historia la suya nuestra en parte también rellenas delirio y desopilación



Algodong en la noche el grito se aquerencia por sí



Oír que pobre ovillo ya lo es por haber perdido merced a la merced en que su postración y su ceguera ciega felizmente a la maldad


¿Agradecer al delirio que la lengua siga intacta o al revés?



qué sería del no en noche entera de real que se muestre



mejor hacerse en el paralelo donde lo no es sí y la pérdida el mayor grosor de la victoria


Vamos a show de victoria en desolación pero sin lágrima que vierta verdad en compás de espera




Capas de agudísima visión amodorradas hasta el propio narcotismo



Frente a espuria bocanada de pura realidad a padre se lo ve madera seca como aquello que habrá de salvar de algún naufragio en ultratumba



Nada se oye ni se puede hacer contra deterioro melaza secante hecha de un cuerpo que en su presente es nada más que ayer



Hijo toca cuerpo padre como nunca haciendo del toque protección deseada imaginariamente siempre más potente que angurria o decepción

No te veo porque estoy de espaldas dice ovillo como abono de ceguera con signo de comedia negación