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1.10.26

Los sueños con Verónica, por Santiago Armando

  

A la flaca

 

Tuviste tu oportunidad, y me hablaste… de Maradona

Verónica

 

La mujer, esa limosna del diablo.

Leopoldo María Panero

 

Aparecí con mi hermano en la casa de Verónica, la Flaca, Verónica tenía una hermana que no era como Inés sino petisa y panzona y morocha de pelo corto que se puso a charlar animadamente con él. Y yo con la Flaca, que no me huía tanto y estaba de buen humor con esa mirada huidiza y brillante con ritmo de cubo mágico, y la sonrisa venía fácil.

Íbamos y veníamos por la casa que nada que ver con de calle Bufano en Castelar, más bien como una casa chorizo hecha a los ponchazos con sobretechos plegables de chapa armada y baldosas y color de pintura vieja y luminosa de mañana como la de mi tío Fito en Martínez.

Se sentía la presencia de la madre pero no apareció. Voy a un cuarto donde estaban mi hermano y la hermana y todavía tenía todas mis cosas, mi plata, ochenta pesos en billetes viejos conté en un reborde bajo la ventana y vuelvo a la galería y la alzo y me miraba y le acaricié la panza y le vi el comienzo de un tatuaje igual a la remera que tenía puesta con gatos blancos y una inscripción de esas de amor incondicional que tienen las chicas por los gatos en el Facebook y esas tetas hermosas que apenas le descubrí, y estaba tan ligera al cargarla y fluía en mis brazos por siempre mi diosa la flaca como cerezo su boca más que nunca irresistible, la llevo un poco y escucho unas guitarras eléctricas perder el pitch y deformar todo horriblemente como una pesadilla vomitiva y despierto.

 

Hoy de nuevo Verónica, ya ni los anoto, la sigo como siempre, a veces me ama, a veces huye, a veces aparece su novio de pija enorme y yo colgando de un comentario. Estábamos sentados ante un piano, ella aprendiendo una partitura académica, yo del pentagrama con un soprano tentaba las primeras figuras de la melodía de My Favourite Things, para mi persona favorita, la persona que más me ha gustado en la vida fue mi novia, me gustaba más que Prince, más que Miles, y antes, antes era una rubia rumdiary, sentada espalda al piano, cuando era rubia, cuando yo le había robado sus giros de cubo mágico de la vista, en el propósito de lo humano. 

Verónica. La encuentro por los trenes y le recuerdo que también en sueños que para ir a un telo por su casa tuvimos que hacer una combinación de trenes, en otro sueño. La había seguido hasta un hospital o ido a buscarla parece, porque no tuve que dar muchas vueltas para que se quede conmigo esta vez, y parecía que yo recordaba otros sueños donde habíamos vuelto a hacer el amor y yo había hecho papelones bizarros reprochando cosas del pasado, después de ponérsela. Pero esta vez del brazo bajamos por una estación del tren de la costa en el bajo y me hablaba de Misiones, montones de misioneros la querían de entre sus formoseños, y me habla de uno que le hacía fiestas y me lo señala, un señor mayor, y cruzamos la pared de una ciudad amurallada, un barrio cerrado precioso, algo así  como un Neverland y le digo: “Eduardo murió, y El Polaco se murió” y me contesta dos veces “Qué hijo de puta”. El sonido de sus palabras me entra por el oído y me queda en la boca. Me aprieta el brazo con una campera azul y sentí la piel de sus suaves mejillas.

Era como un palacio, o como la estación de tren del video de Cream de Prince que se perdía en una costa del río más oscura y entramos caminando con Verónica donde están mis cosas, era mi cuarto y mi hermano parece que también paraba ahí estando casado y todo, vistiéndose, buscando cosas, quizás las únicas personas que amo, aquella novia de hace casi veinte años e Ignacio, con él seguíamos discutiendo al vernos en bolas con la flaca que justo se tapa las tetas cuando la miro de reojo, con la flaca era todo como en el comienzo, agradezco a Dios este sueño que me deja verla desnuda y vestida a esta edad, no como la vi en una foto de diario formoseño, acá me gusta más, sé que este sueño es una gentileza de Dios, un poco rellenita, un poco aniñada, extrañada, se tapa con la toalla verde y vamos a pagar, era como un telo palaciego también, era todo mío, todas mis cosas desperdigadas, una cama enorme, sábanas blancas, larguísimas, en un sillón ella se tapa, mi  hermano llega a cambiarse, me enojo pero no vale la pena, olvido momentos preciosos, olvido nuestros tiernos diálogos, pero todo juega para mí, la flaca se cambia vamos al mostrador, unas señoras sonríen, ella les da dinero y nos dan otro turno hay tiempo, dándole  la espalda me doy vuelta y la veo, algo me dice su hermana casada, su hermano no está pero lo siento, la veo esperarme, frunciendo el ceño otra vez, pero ya no huye, nos entendemos, vestida de barrio, somos de barrio y está hermosa, tiene más culo, ya me voy yendo, en vez de abrazarnos nos tomamos de la mano y de nuevo comparo la diferencia de altura, ella 1,72, yo 1,67-68 centímetros, ella está bien, es independiente, economía estable, ha viajado bastante, estudió mucho y no necesita de nadie, me alivio. Doy gracias. Rezo. 

En Castelar. Voy a ver a Verónica con 300 pesos y entro en el edificio más parecido a uno de Recoleta, de granito viejo y amarillento, me mando. Hay cola para el ascensor y noto en unos anaqueles iluminados dos libros de Néstor Sánchez, Siberia  Blues y Cómico de la Lengua, pero más gruesos, ediciones comentadas por universitarios, junto al ascensor, veo que hay bastante gente y sospecho que es un edificio de burócratas y me voy. 

Te encuentro. Bajamos unas escaleras, largas escaleras de colegio quebradas en el futuro de Misiones, estanques, irupés, nenúfares. Guerrera blanca. Apareces en mis juegos de sueño.  

¿Necesito conquistarla para salir de él? Blanca, de blanco, ruina de escaleras y selva, estanque, juegos, hacerla interesar. Ella está ahí, en el juego, delante o detrás mío: sensualidad infinita. Un poquito más. Todo lo que pudiera interesarme, o querer, la vieja fascinación en idilio de sueño. Hay una historia en silencio, aparte del juego: del que salgo, como empujando una puerta bruscamente o acelerando. Ese jueguito de todos que nunca quise jugar, me aburre, es muy fácil, pero, un poquito más. Y me rajo, todo es muy lento. Me levanto, traigo soda y anoto Verónica, otra vez.  

Bajo de esa diagonal ferroviaria donde siempre empieza una ciudad universitaria y veo empedrado y un atrio y una iglesia pintada de celeste con rebordes o molduras blancas, enfrente una plazoleta con forma de escuadra de colegio y las viejas baldosas y Verónica vestida de mucama, le pregunto si leyó La Hija de Kheops de Laiseca y me dice que sí y pone cara de desentendida cuando le inquiero si le gustó, Verónica se había ido junto a otra mucama fortachona sin atender la conversación que le proponía y cambia de forma a la de un rabino de como sesenta años parecido a mi profesor particular de matemática de adolescencia que tampoco contesta mis preguntas y me mira con evidente desprecio. Sigo por el empedrado atrás del tipo, me estaba haciendo pis y entro en un baño público lleno de mosaicos con el cubo de Metatrón en venecitas de colores, sentí un olor de mierda antiquísima y no entendía bien como eran los muebles para hacer las necesidades y entonces meo por un agujero de una rotura que en realidad daba a una pileta como de yacuzi con esas venecitas hipergeométricas, entonces aparece un joven que me dice en inglés que él es el encargado de limpiar mi meada. El baño y la iglesia tenían la misma forma, abovedados y pintados de celeste pastel antiguo, el baño público estaba cruzando la calle empedrada a la izquierda donde seguí al rabino que se metió por un pasillo del Subte.  

La Junction Universitaria daba a Brasil, paisajes de Rio de Janeiro sin favelas en los morros, despoblada. Brasil a veces aparece en el occidente del continente, en el lugar de Perú o Ecuador. Y voy bordeando toda la costa virgen con sus pueblos balnearios de aguas azules con  juncos. Rio de Janeiro tiene una pátina dorada y Verónica es mi empleadora, doy saltos geográficos y duermo en una villa porteña o cuartos de alquiler en Los Ángeles, California,    y Verónica me busca y me lleva a su local de comida digital, unos aparatos blancos en la pared, veo su teléfono en una pared y me queda el 626 seguido de un guion y otros números    más que no retengo. 

En la Junction laburando, la familia de Verónica tiene un despacho y voy a comprar un paquete de Van Haasen, mostrador enrejado, me atiende el hermano de Verónica y la madre. El hermano es un joven carilindo. Laburo. Ando de acá para allá en los trenes, todo metido adentro de la ciudad y por los barrios del sur de la Capital, todos apretujados. Me lo cruzo a Alberto Fernández acomodando un cajón o enterrándolo en algo  que parece una tumba y le digo “Ahora que cerraron lenguas clásicas, ponele a mi amiga lingüista una cátedra de lenguas sudamericanas”, y aparece La Flaca hermosa sonriéndome en silencio. Sus parientes ya me habían avisado que estaba en pareja y había tenido un hijo, pero igual, me mostraba   el cuello, su largo cuello florentino que le quise meter un picotazo pero por respeto a su investidura de señora no lo efectué. 

Estoy saliendo de la Junction con Verónica charlando lo más bien, vamos conversando caminando sobre semiesferas geométricas de plaza con gran facilidad, yo estaba parando en un hostel y le hablaba de unos gringos y de la encargada que no molestaba para nada y encarábamos para allí.  

Vamos cayendo a lo de Verónica, la única, ella ya es madre y vive con un filósofo marxista y viajan por el mundo, ella es una lingüista mundialmente reconocida, tuvieron un hijo, me odia Verónica en la vida real, pero yo  sigo soñando con ella después de 21 años. Le caímos y se fue llenando la casa de amigos míos y ella me atendía, juntaba mis pedacitos de faso en una latita, Ato Seghezzo y Tomás Gortari leían mis sueños en su living, no sé qué pasaba, pero ella se mostraba vagamente receptiva, incluso conversamos sobre colegios para su hijo, y teníamos visiones de nuestros  barrios bajo autopistas elevadas que unían en poco tiempo todo el conurbano, había una pizarra donde Ato leía un pasaje que decía "en los huevos de un Dios muerto" y se reía.  

Era Cataratas. La oficina de la empresa que hace los paseos náuticos donde trabajé se venía  abajo. Los yaguaretés ya eran familiares pero con respeto. Se notaba toda la decadencia y el  olor del viejo centro. Nacho me decía con impaciencia que pronto refaccionarían todo. Estaba muy cansado. Lucas de la Torre estaba en un cuarto ahí nomás, enfermo, le pasé un  libro no recuerdo de quién y otro de Camille Paglia, dudando. Los dos eran en inglés. Y aparece Verónica con el marido. Y de pronto como quién no quiere la cosa cruzamos  algunas palabras y otras más hasta que me empiezan a seguir, el dorima atrás, como comprendiendo, buen pibe, buena sonrisa. Nos cruzamos con unos jaguaretés enormes dentro de la construcción, uno junto a la cama de Lucas. Estaba Miguel, el operador, o me pareció verlo un segundo. Christian no estaba. Nos vamos los tres a España como si cruzáramos a cataratas brasileras, al sur de España, y nos metemos en un sótano donde tocarían flamenco y servirían tapas pero no nos atienden y nos vamos. Siempre hablando con La Flaca por otros boliches hasta que me agarra la mano, y el marido nada. Todo divino, y su voz tímida y dulce. No podía creer tener su mano en la mía. 

Estaba en el techo del colegio San Nicolás de calle Alsina donde fui el año 90’ cuando me fui del San Juan, ambos ya no existen más, estaba con De La Serna, el techo estaba cerrado con alambre tejido de gallinero      y había un entrepiso y estábamos con dos pibes, era como un presidio y éramos una bandita  de rock y jodiendo íbamos tarareando una melodía y yo fui armando un temita y apareció Charly García con auriculares y bufanda y empieza a despejar el tema y era Me siento mucho mejor, y la termino cantando con él y me despierto pensando en que es brujo, que ese tema lo ponían ese año y si, el disco es del 90’ y me marcó, y pongo Filosofía Barata y Zapatos de Goma y era ese año tal cual, y después voy al Unplugged, a No Soy un Extraño y  el compactito de Serú, que me lleva de Iguazú a lo de La Flaca en Castelar. Y nunca me sentí más débil y en bolas que sin mis verdaderos amores: Mamá y La Flaca. Pero todavía no estoy verdaderamente en bolas en la calle, está mamá todavía, pero siento que pronto voy a tener que luchar con eso o quizás me deje morir. 

Estábamos con mamá en un cuarto en Egipto. Una suerte de Egipto porque era todo de adoquín empolvado o con óxido, pero con los problemas nacionales argentinos. Afuera la Junction. En el cuarto de al lado Verónica con el marido. Se amaban. Yo escuchaba todo. Ellos sabían que yo estaba en la habitación de al lado y no les importaba. Lo escuchaba a él describirle a Verónica cuando vio cómo la habían subido al patrullero a macanazos. Yo vi como la golpeaban y no podía hacer nada. A él se lo había llevado otra policía política más benévola. Ella era como un Pablo Moyano del CONICET. Yo quería fumar hachís y le pedía a los pibitos, en eso me desaparecen las botas Caterpillar de mi finado hermano, regalo de mi cuñada, y me meto en el cuarto de Verónica y me fijo en sus pertenencias ordenadas debajo de la cama y no estaban. Yo al pibito del hash le daba consejos como de que tratara de mantenerse del lado de la ciudad de adoquín sin  polvo, donde las piedras eran azuladas y estaba todo lustrado. 

En la máquina de escribir con pantallita hablamos, yo le hago chistes y ella me contesta con comentarios pesados, que tiene que ir a devolver la balanza de pesar pañales a la ORGA. Le digo que trabajo en el astillero de Metatrones, para salir a pelear por mar con los ingleses, única forma de cortejar a una kirchnerista del CONICET, recién parida y casada, a la que llevo en mi sangre por siempre, y el papel de la máquina de escribir se acaba y  lo arranco y suena prrrfff! por la pantallita, y sale una suelta de emoticones, y mirarla es más dificil que una ecografía borrosa, pero yo contento, será hasta la próxima. 

Yo estaba al oriente

del nuevo choriducto asfaltado

lado uruguayo

era un aeropuerto con cuevas donde llegó Léon Bloy

había una policía autoridad el buen Müller

yo estaba con mi libro de Israel Celestial recién salido

descartado de librerías y bibliotecas

y llegó ella

con el guardapeluca y su cría

la vi llegar y crucé la pista del otrora choriducto

ahora asfaltado

sabiendo que me jugaba la vida al ofrecerle

mi corazón de bienvenida mirándola a los ojos compasivamente

porque ya todo pasó, todo eso que destruimos

finalmente colapsó la civilización

y llegaba un nuevo siglo de escritura en los hawks

y crucé a recibirla

porque todavía amaba la letra

y me denunció con Müller

una denuncia que desestimó al presentarme

la mujer de Müller era india

y yo era como un Amish del zanjón

un Amish del choriducto

con Léon Bloy

y me odiaba

y su marido el guardapeluca la comprendía

sentí que don Geniol conmigo no tenía inquina

pero Verónica renovaba su desprecio y seguía y seguía odiándome

con todo lo que tenía mientras tuviera vida

hasta que tuve que rendirme

y volver a mi enramada en la zanja del otro lado de la pista

y veía todo de nuevo ahí enfrente

ella siempre me odiaría

 

Estaba de guardia en un puesto, mi hermano occiso estaba y no estaba, era su negocio, la entrada a un bosque que estaba siendo desmontado y revocado en sus pozos de tierra clara, aparecían mis viejos con mi cuñada, había diálogos y expresiones típicas de la familia, bromas, que olvidé. Era todo de ellos, y yo era un empleado pero siempre excitado en movimiento, o todo se movía alrededor mío, yendo y viniendo, y más allá lo negro y la autopista, yo a un costado, en una bajada, en la garita, nunca estaba, me metía en ese desmonte con pozos y revoque fino y les avisaba ché a los de mi familia, ché, están revocando los pozos. Pero después se fueron llenando con una ciudad y un ministerio o secretaría, en una avenida como la Mitre de Sarandí, un Ministerio, y a dos edificios trabajaba La Flaca, y había un concierto de música, marchitas del Imperio Austro-Húngaro, y yo tocaba la trompeta y estaba al horno porque dejé de practicar hace diez años, y había un pibe con una trompeta Brauer alemana acostada y le dije que se la cambiaba y aceptó y pude tocar esas marchitas perfectas, y los balcones estaban llenos, y aplaudían con ganas, y La Flaca con Inés y su cochecito con un bebe se me acercaron, porque enterado de que estaban cerca habían mandado un chasqui para avisar, y de pronto estaba desnudo y me tapé con la campana de la trompeta y La Flaca me dijo algo del pirulín y le contesté si quería soplar. Nos quedamos conversando y desperté, y al rato, ya de día, con las primeras luces bajé los black-outs y me dormí, y ahora en una oficina de color Nescafé revuelto con gotas de agua, marrón, en una vieja la oficina del estado nos encontrábamos, ¿o era un Ministerio?, parecía un almacén debajo de un Tennement y yo ya era poeta oficial en La Corea Dorada parece, porque no sé que hacía tanto por los edificios públicos que ella barría, nos mandamos Whatsapps, que me costaba horrores escribir, el telefonito de mierda para atrás, pero quedamos en vernos para una entrevista breve en ese negocio del gobierno,  ahora pasaba el trapo de piso, y pudimos charlar, ya estaba casada con un hijo, y yo ya no tengo intenciones de levante que no sean explícitas y pícaras al hueso, nada de franela, la conversación es aparte, pero si tengo erección la confieso. Y así charlamos como con una mina más y no fue tan grave al final, y hasta agradable darle charla en su tarea de limpieza, aunque de esas he tenido mejores con la mucama que limpia mi cuarto, aunque La Flaca sea La Flaca, mi Verónica de este libro.

 

Llego a zona sur en tren, a la casa de Verónica. Paso a su cuarto y charlamos, nos contamos, salimos a un parque, hay sol, tiene un vestido blanco. Verónica es morocha alta y flaca de piel blanca. Hablamos cosas de actualidad. El marido y el hijo no están. De pronto me encuentro en bolas acostado y llegan dos amigos, conversamos todos y me dice que está viniendo su marido para buscarla a una fiesta, yo había dejado mi ropa en el piso, y salto en bolas, tomo el pantalón y me cuesta mucho ponérmelo, como si hubiera engordado. Le pregunto si me puede dejar en algún lado y contesta, “Sí, obvio”. Y me dejan en el playón de una estación de tren con escaleras metálicas arbolada.

 

Tres avenidas empedradas

con estación de tren daban

a la morgue de la universidad.

Otra vez allí siguiéndola,

me perdía entre otros cursos

por las escaleras,

salas de lectura de apuntes

de paredes blancas, y volvía

a la avenida repavimentada

con el tranvía

a ver los negocios viejos

de cotillón, los carteles, el polvo,

la gente escuálida, enjuta,

la sombra poquísima.

El viaje de siempre.

 

Verónica duerme en mi cuarto con el marido, yo busco el celular y uso unas chinelas que náuticas azules y grises, me presta el teléfono viejo del marido pero no lo entiendo y le pregunto a mamá si vio el mio y me lo señala. Increíble discapacidad o torpeza para manejar los teléfonos.

 

Es Reyes y persigo a Verónica por su casa de ladrillo entre dos palos borrachos, todos la ensucian jugando, están jugando a ensuciarse con hollín, con hielo, con champagne, el marido sabe, no importa, nunca se la robaría, ¡sobran las palabras! Le meto un picotazo hermoso en un sillón ya está lista para salir se va preparando la demoran con hollín, con agua, gente habla en francés en el chateau precioso, salimos a la Junction. Locura de felicidad. Agradezco.

28.8.26

Alien Park, por Santiago Armando

 

 

I am a lover and have not found my thing to love.
Sherwood Anderson

 

 

Pete con asesinato en directo, el morbo de la travesti satánica de la inmobiliaria, la desgracia con suerte de tener un teclado atado, puede respirar mi culo al ventanal de la terraza, con la luna de las tetas para arriba, cannabis y tabaco, mi rosario, las estrellas, la luna y el mate.

 

Cosecha en la Crosta de Exactas

 

detrás de

ciudad universitaria

hay una comunidad gay muy precaria

un chaperío

ahí crecen mis cañas

la marihuana que da el junco

de flores chocolatadas

secarlas al viento, agarradas, alerta,

noches de tufo bajo la luna, la sombra

de una paquera embarazada

vinieron a visitarnos ayer

a este mismo culo de taberna

una estufa para calentar los zapatos

y unos mates

con plateas de bidets por teléfono

larga vida al bidetazo

lo claman con fuegos

de Ginebra Fakir

 

tus altas hemorroides

tu cáncer de colon

gozar es enfermar

el poema está en el nervio vago

con panza 'e mate frío

 

creo que una sola vez de niño

llegué apurado a la playa

y el baño del balneario estaba lleno

en esa playa nunca estamos solos

alguien lo ve

solo era un niño rubio

que miraba al sorete volver

a la orilla

hacía surf en la rompiente

para esto ya estaba jugando al fútbol

o comiendo sanguchitos de salame y queso

 

Hemorroides en el recto, dijo el doctor Laplace, en la Trinidad de Palermo, y la anestesia con una sonrisa, sentí que la anestesista tenía un cuerpo decrépito, Anestesista Drogada con un Novio Sepulturero, lo vi a la salida del quirófano donde esperaba, por la simpleza de fumar la Purpurea Kush mantecosa de pino y mirceno, me pasé de rosca, una semana internado, faltaba una hora y media para Argentina-Egipto, glucemia, bidón de cuatro litros de laxante, endoscopía y videocolonoscopía al mismo tiempo, se me enfrió el mate. Necesito unos espumosos antes del tabaco.

 

Me costará acostumbrarme a la novela que nunca existió, como decir que el futuro llegó hace rato de la novela mentirosa, satánica, tendré este teclado, me dirán croto o loquero, pero arderé en Ibiza en cobres, con la pija para arriba a los 796 años, como los buenos cruzados consentidos refocilando en la roca de la costa con el viento y la proa sedosa de una pelirroja de veintinueve, soltera, católica, porque el jardín de pétalos de bife de chorizo espera el momento con la dentadura nueva, de mi veinteava dentición.

 

Riquelme tiene empastillados a sus votantes, pero el equipo no ganará nada. Debo contar lo que ven mis ojos, la esquina de noche del Wassilly Kandinski con sombrerito, silbando un cantito de pitos, y todos los bifes de chorizo son pasajeros, pero te quiero pedir escribir y fumar por el resto de los tiempos, sin pulmones dolorosos y con mis ojos, en los trigos del atardecer de tus estancias con fuentes de bidetazos con sexo anal.

 

Para qué se quiere endrogar para cantar la gloria de Dios, dijo el pastor, pero el cura lo apartó y lo pisó como una sierpe, la Malawi 2.0 para los enfermos nerviosos que debían bailar el ballet de Nijinski, la carga quemante de los aullidos malditos de la edad madura y los golpes, cuando el dolor es real, nadie los ha llamado románticos faltitos jugosos de esperma, abocados a chupar pija para arriba con escupidera de machos, y que se hayan ahogado en la orilla del verso y no ver el fileteado en el escalón y subir a los riscos con la chalita de los valles y la buena estrella de la siesta nocturna.

 

que la gracia del Señor abrigue

a los drogados alucinados de esta tenebrosa ciudad

en Dios está la verdadera colchoneta del descanso

con McDonald’s

no se lo pueden imaginar porque son un mar de meados culos rotos buscones

así hablaba el Gobernador de San Juan,

 

lo que produce el galtierismo

es el vino de San Juan

que en esta época dan

a los soldados de la Independencia,

y el vil día del trabajador en el mes de mayo

se ponían pañuelos porque las cagaban las palomas

Buenos Aires es muy hostil,

Pero el pueblo es Santo.

 

Un Gran Señor de chambergo

se iba de putas, se iba al del hotel con las putas adolescentes

que le lamían la zanja con la copa de champaña en Guantánamo y te

pide a gritos mi poronga, decía Fidel a Galtieri

y los dos se ensartaban,

él solo podría tocar la superficie alrededor de unos suaves ángulos

se agarraban de las manijas del Calypso de trolos que se vino abajo.

 

debo terminar en el mediterráneo, de cobre, bronceado

chacarera de mis tetas

para arriba

… la pose del turf de las tetas, como en muchas otras partes

las nubes hacen formas como los payasos con los globos

pero muy pasajeros

 

Con razón esa condición de pintar una raza de esclavistas endogámica, como se ve en el Rembrandt que hay en el Bellas Artes.

 

Corazón de migajas de moco salado

 

En el gran diario sobre su vida con Borges, Bioy Casares lo dice, en un momento todas las mujeres se lanzaron a escribir. Los hombres que no comentan los libros en la página con lápiz me aburren. Tengo una tita en la lengua, si no escribo es lo mismo. Nunca quedé tan pletórico de pensamientos basura que leyendo, leer sin comentar es no pensar y casi no sentir, no reaccionar ante la garcha que es la obra de Enrique Wernicke. “Leer novelas después de los treinta y cinco años es de cretinos”, dijo Josep Plá. Me he llenado de palabras como una bolsa, solo viento, y hay mil milanesas pero una: tu milanesa de cuadrada por encima del mundo de los Príncipes de los culorrotos.

 

El indoor de cacao va bárbaro, ya verás, todo va a explotar y volveremos en F-35 arriba de la atmósfera, pisteando en el cristalino del globo.

 

Eso en el conurbano no cuenta, donde todos son lobo del hombre

hombre sin teléfono, sin puchos, con el dedo en el culo en la vía.

 

el cerebro se mea en dopamina

baños de sol, juegos, amigos

chupar concha

o porro

patas de pollo y concha en el taxi

como Chalie Parker

eso es lo que no entienden

que trabajo más libre con unas pitadas

 

esos vendedores de ballenitas de antes ni molestaban

nunca más vi a las ballenitas para el cuello

de las camisas, hace casi cuarenta años

vi unas últimas en unos paquetes gigantes en Retiro

unos fajos impresionantes de ballenitas que cargaba en la espalda un hombre

fueron las últimas que pasaron antes que alquile el hall de Retiro para acostarme con ella si había mucho terciopelo rojo y baldes de champañas escenarios mesas sillones, ostras, caviar, salmón

y un diván replegable

para meterla de costadito

pero se la garchó mi hermano

 

En los talleres protegidos del Hospital Interdisciplinario José Tiburcio Borda hacíamos el Tegretol para las convulsiones epilépticas. Me acuerdo que tuve un cocker epiléptico que tuvo una muerte horrible.

 

fumo por la siesta

y a la noche duermo bien

estoy dejando algunos nocturnos

para cuando me levanto temprano

y voy a mear

me peso, 106,7

me faltan treinta

que voy a bajar haciendo Kung-Fu de pija

en el casco del Citá Felice

 

te la pongo a las once

y te la saco a las cinco de la mañana,

y te dejo una horita para dormir

antes de ir a laburar

así actuaba sin saberlo,

de lo que tomé conciencia

con dos rivotriles, en la última noche,

que no hubo luna con visiones del alma,

ellas paren

si hay futuro

 

Nuestro Arte dignifica, salimos a la ciudad sin laburo, el porro y las churrerías levantan todo, el porro libertaría toda la economía porque produciríamos el drón de culos planetario con sillita, y chequear a la obesa tirada con tanquecito de aire en Scalabrini Ortiz y Corrientes, Lali le manda corazoncitos, y la gorda veía su vida de paquera a obesa a los diecisiete años con tanquecito de aire en el noticiero del asilo donde no ponen Nelson Castro.

 

Ah libertad de andar en tetas con una bata y la ventana abierta, y el mate caliente como un tigre. Estoy leyendo poco, leí unas pelotudeces de Schopenhauer pero yo quiero las cartas The Proud Highway y el Campaign trail 72’ de Hunter S. Thompson.

 

No hay respuesta no hay diálogo con los hombres cagando con telefonito, él es liberal, solo verá el rey si está mal que me fume un rifi en la vereda, en NY es legal fumar porro en la vereda, eso es vida.

 

El viento se lleva el oro, el viento entra cuando quiere y susurra El gatito es mío y hago lo que quiero, la chacra con alcranes arañas y víboras en Antofagasta para el clan quilombo de monte, ah Cerati en coma, y las fotos comiendo vigilantes de la enfermera, alguna burla quedará.

 

Lo único que queda después de las montañas peladas en La Comarca de Chubut son chaperíos de indios tomando vino, cerveza y fumando porro, hay bares donde venden variedades de porro, con olor a Colonia Burzaco. Colonia de colon para el Choriducto.

 

No romper la armonía del pueblo que duerme su resaca con frazada, y el tacho indoro, lavatorio, cepillo de dientes, nuestras terrazas con inodoro.

 

La alta literatura se yergue en el ruido de un motor y los ecos de la Panamericana que trae, un barrio cerrado no es lugar tranquilo de día, en verano tampoco se puede dormir bien, en las sábanas blancas que se alquilan y se devuelven limpias, mi mancha de sorete la limpié, mi cuerpo es sabio y toca fondo propio, después cagué sangre. Mamá no estuvo aliviada hasta que me dijeron que no era un cáncer de Cólon, cáncer, muerte, chau teclado, vivir y teclear y fumar en este cuarto, unos ladridos, la lavadora, mi casa será inaudible y anónima. Ya la vi, está en Meliquina. Tocaremos el banjo con tu padre.

 

Si no hubiera tomado créditos para fumar porro de transa una guitarra es una buena compañía, si pudiera tocar en la criolla Big Balls de AC DC, guitarra y voz de bonscott, y arrancar con todo ese disco en Sydney, Roma, Mallorca, un verano con asientos y horas de fumar en reposeras y Coronas con Brad Pculeándose a Mick jagger en la sombrilla de la punta, sin minas, nublado, acá vine este día nublado, a comer banco, mi vida transcurre en el banco, el titular de hoy es hojas perennes naranjitas y árboles pelados y lechoso nublado banco, el mundo se fue llenando de nubes, mis crepúsculos rojos de granadina rosada, qué me daba el ancho de mi terraza, hasta que pusieron esos galpones inmensos, los atardeceres no se tapan con hipergalpones. Me voy de este conurbano del orto.

 

Suba el ano a la escalera y espere un hornero de pedo, y fumar planta campana, campana tierra buena, no es tan inundable el delta aunque debe ser movedizo, mis inocentes semillas muertas, tirarlas todas y regalar, sino puede plantar un árbol y escribir un libro y tener un hijo, eso me parecía cosa buena.

 

Reedición de la Trilogía Alemana traducida por Carlos Manzano

 

María está con Dios, es la Esposa del Espíritu Santo y La Emperatriz del Universo, Nuestra Señora verdadera en mi tapiz, preparamos tus alfombras, tus rosas, fumamos un bicho canasto y miramos esas blancuras en el invernadero de las palomas que cagaban a las madres y abuelas de playa de mayo, y el faso gracias que me cubre de un gigantesco motor, hay un motor que hace ruidos y dos paleando tierra con piedra, están paleando y siendo seducidos por la bola que les da la vecina, muy juguetona, está loca, deben palear un camión, esto será largo, pero es esto o la siesta, quebrar en el tiempo, la luz, ya no estará tan nublado, ha salido el sol.

 

Otros limpian las hojas en el techo de plástico y lo veo, se parece al chileno Gary Medel, sapos, los verdaderos jardineros están en el ministerio de relaciones exteriores, hacen migas, el tachero le habla en paraguayo y ella es inclusiva en pijas, aunque ya no está tan buena. En las barrancas de Acassuso tendría la melatonina del amanecer, y la luz pura me restablece contra nuevos aparatos cancerígenos, dejo el cigarro, el ejército de enanos de burgués con un tétrico Lucky Strike que rasco del cenicero, el marido te carga el volquete en quince minutos, se da una ducha y se entrega a sus quehaceres, y mi mujer habla conmigo, le cuento del barrio Omega en Chichildur.

 

Si me sale una macho creamy kees y lo cruzo con una blueberry de dutch passion, ¿el gayetazo azul será inolvidable?

 

Sí, tiene muy buena pinta ese cruce. Creamy Kees (Karel’s Haze × Cookies & Cream) × Blueberry (DJ Short / Dutch Passion) Qué se puede esperar del cruce: Sabor / aroma posible: Cremoso, vainilla y “cookies” de la Creamy Kees y notas a arándanos / bayas dulces de la Blueberry. Resultado: algo tipo “Blue Cookies” o “Galletas Azules” → dulce, cremoso y afrutado. Puede quedar realmente rico y memorable.

 

pagando dalinianos a la kiosquera

el teléfono celular de la Fundación Gala

vale veinte centavos de peso

enciendo mi pipa de Acassuso

la humedad de prender un día soleado

al fin quema el aire,

con sol, único secador de porro

para neustras estufas de invierno

vamos catando bañados en tufo de cerezo

 

Departamentos al Río en San Isidro por Dios qué Horror

para resistir los tsunamis del delta y el Reconquista

no vuelve a la Atlántida la palometa

partiré al Peloponeso

se acabaron los alquileres en Corfú

en Chipre hay faso autóctono y enclaves israelíes

contra los pájaros

 

se cargó la fuente del inodoro de la salud

dónde se sumergen los soretes

y cuando todo sorete ruede

y el ceamse relapse en el Reconquista

y se caiga la represa de Itaipú

taparemos el estrecho de Ohrmuz y el oleoducto habrá de dar toda la vuelta por el Ártico pasando por Minsk, caerá como ducha el gas y la nafta y habrá inquisición evangelista y musulmana.

 

Nos van a perdonar las deudas y vamos a cultivar porro para un año, y cruzar y matar un macho, fumate la hoja si mataste un macho bueno, y meté el polen en una bolsa atada a la hembra en floración de 2-3 semanas, bueno yo había empezado un diario de cultivo muy monótono y lento para los ritmos de la Malawi 2.0, los párrafos penetran el blanco con billetes inservibles y grasosos que brotan de chistes y estupideces de viejos pijaflojas, y me sube la gravedad moral al pecho, como si me llamaran a servicio mis máximos.

 

Rompo con la cultura fetichista, la cultura mentirosa.

 

Recién entro mis plantas, la luz no les viene mal, el sol calentaba, después la luz, este atardecer ya las meto, les escatimo la victoria de los pájaros, la naturaleza, los pájaros que ya se están preparando para ir a dormir, ya llama la madre y aparecen las carroñeras chillonas, las chicas ya se van a dormir, está anocheciendo más tarde, en un mes estarán al aire y arrojarán el sexo. Me está faltando el macho cremoso para pringar la Blueberry.