25.2.24

Suave como tu concha, mujer soltera, por Santiago Armando

 

Si el Monitor no duerme, la tecnocracia no vive. Solo su chica puede hacerlo descansar.

 

Alberto Laiseca, Camilo Aldao

 

 

Gratamente sorprendido con que Gendarmería le sacudiera a Belliboni. Este chanta empezó usando gente pauperizada que empastillaba con medicación psiquiátrica, que se formaba para desfilar por todo Buenos Aires con feministas que los cagaban a gritos con un megáfono.

 

Siempre que aparece un Caputo aparece un Belliboni. Se había visto en la primera presencia de Belliboni con este gobierno nuevo que el que lo dejaba pasar a la Avenida 9 de Julio era el Secretario de Seguridad de Jorge Macri, sin problema.

 

Paso el día comentando regurgitamientos en esta bolsa de bólidos, pero los intelectuales se la pasan hablando como si nos estuviera por hacer cagar un apocalipsis de ciencia ficción. Y yo solo quiero seguir la melodía que es hembra.

 

Mamá me avisa que tenemos que ir a la farmacia a darme la inyección con la gente trabajando adentro, dejándolos solos. A ella le encanta bañarse en la pileta al costadito de ellos. Toda esta truculencia me enferma, y Matías llama y me dice que viene tipo cinco de la tarde. Le dije que no se moleste en venir hasta pasada la cena con este calor, pero maneja dos fábricas de pantalones y se acuesta temprano. Los laburantes me esquilman los nervios por teléfono. Debo permanecer frío e inmóvil, con el aire acondicionado y el ventilador cruzados, hasta licuarme y enfriarme y ponerme los ponchos.

 

Los campesinos en Europa no quieren que sus impuestos vayan para los inmigrantes porque terminarán chupándoles la pija en un descampado con mal olor y sin sombra como en Tadeys. La agenda del cambio climático progre es para defender los pedos de unas gordas bolas de fraile, mientras Elon Musk lanzó noventa y seis cohetes retornables al espacio el año pasado y tampoco nadie puede opinar del olor a pedo de la Elonósfera.

 

No hay aire. La pileta no refresca, debería meterme ya, desnudo, y hacer mi kinesiología en la gamba izquierda.

 

Pude bajar el Epub de los textos recobrados de Borges de 1931 a 1955. Empieza con un negro meando delante de un policía en los fondos del cementerio de la Recoleta, en la esquina de Uriburu, fechado en 1931. Me gustan las caminatas de Borges con su visión por Buenos Aires. Escribía, no hacía prosa poemática, eso lo inventaron después con sus retazos y el bebop. En esa cuadra había un hotel alojamiento de cinco pisos con habitaciones grandes en las que se podían levantar las persianas. La vista daba a los techos de las bóvedas del cementerio con ángeles, puntas, efigies y gárgolas con la primera luz de la mañana. Arrimaba una mesa a la ventana, tomaba un lerdo café de telo con una masita envuelta, la taza blanca de loza con dos sobres de azúcar. Me duchaba y vestía y bajaba hasta la parada del 60 en Las Heras. Buenos Aires me gustaba así. Las pesadillas metódicas de Houellebecq… uno lee toda esa demencia modernosa europea y se queda admirado por lo fresquito y lo bien iluminado que está todo.

Había otro telo atrás del Hospital Rivadavia a mitad de cuadra, mugroso, sin ventilación, que costaba doce pesos el turno, sobre Sánchez de Bustamante. Me parece que es el mismo lugar que refiere Milita Molina en un libro sobre su juventud presentado como un bolichito de drogarse y cojer.

 

Mediodía, calor pegado al cuerpo, aire caliente en mi cuarto. La pileta no refrescará hasta que haya una buena lluvia. Cuando llego al límite y mi cuerpo se derrite, o cuando el ruido de la computadora amenaza con romperme el cerebro, o ahogarme fumando por pensar, me pongo bajo el chorro frío de la ducha y me dan espasmos. Por la tarde cuando baja el sol la habitación queda como una estufa, pongo el aire acondicionado y el ventilador cruzados y me duermo.

 

A esta hora me gusta escuchar un poco los discos premiados de Santaolallla. Sus charangos norteños hacen sonar a las aguas y a las montañas, me gustan sus letanías telúricas y las sambitas con arpegios, aunque sea una música superficial tiene todo. La prefiero sobre el chicle del Bajo Fondo Tango Club, que ahora recuerdo como un mal sueño. Santaolalla en sus discos de tango electrónico intentó evocaciones del 900 que ya estaban vencidas desde que el tango se hizo marchita bailable, y el Paganini violín solista. He pasado toda la semana escuchando los discos de Adolfo Ábalos.

 

En el año 2007 pude conversar al costado de una protesta del PO con Mariano Ferreira cuando trabajaba en el call center Atento en Martínez, vendía tarjetas de crédito del banco HSBC por teléfono a Estados Unidos, a ancianos, vietnamitas, y cocainómanos, mayormente, tarjetas con tazas altísimas. Iba en remís, comía helado y podía leer. Los viernes íbamos a bailar con los pibes. Ferreira siempre estaba en la entrada con los del PO reclamando que teníamos que estar inscriptos en el gremio de los telefónicos y no como empleados de comercio, lo que era cierto, pero yo ganaba seiscientos dólares por mes y no me importaba, le dije que ahora había laburo en el país por primera vez para mí en democracia. Me dijo que los Kirchner eran corruptos, e insistía con sus axiomas comunistas. Le dije que si nos pasaban a los telefónicos los clientes de la empresa se irían a El Salvador o a la India, y nos quedaríamos sin trabajo. ¿Vos me vas a dar laburo?, le dije. De todas formas le agradecí por cuidar nuestros porotos. Al final se cansaron y se fueron.

 

Sueño con el Diego en tratamiento en Iguazú, yo estaba allá como se me aparece todo en los últimos sueños, un pasillo húmedo con ropa náutica colgada hacia la luz de Garganta del Diablo, y pasa el Diego afuera hablando como una radio sobre su tratamiento.

 

Tengo tetas grandes por tener mis brazos y manos y dedos sobre el teclado.

 

Pienso seguir vistiéndome con trapos y ceniza y cultivando mi porro suizo de otoño-invierno comiendo milanesas de soja con soda.

Soñé que con Belén íbamos a comer carne de perro a un patio de comidas, fuimos a dos, atendidos por médicos, uno de un doctor tipo Lotocki y el otro de Gabriel Batistuta. La carne venía en pasos como en los restaurantes de ahora, de colores, tenía gusto a caldo de gallina. Y otro sueño con Verónica, la misma gente muerta de siempre, sueños cargados, pesados, con las intromisiones de mi madre a los gritos.

 

Gabino me dijo que siempre hay que votar al más trucho y careta. Se lo comenté a Omar y me dijo que era una frase de sabio taoísta.

 

11/2

 

Toda la comida tiene gusto a basura, la carne, el fiambre, el pollo tiene olor a podrido, solo como galletitas de agua y tomo mate. La fruta con gusto falso, como si los productores hicieran un resemblance. Trataré de mejorar las ensaladas, pero todo lo que me meto en el buche siempre tiene un gusto corrupto. No tengo un puto peso hasta fin de mes, tendré que endeudarme para comprar unas Don Satur.

 

Leo a Léon Bloy y el North de Céline en otra noche sin aire y con humedad inaudita.

 

12/7

Los diez gramos de porro a sesenta lucas, imposible.

13/2

 

Salieron los Cuentos Completos de Alberto Laiseca por la Random House, con prólogo de un tal Leonardo Loyola. “Con el cuidado meticuloso de Sebastián Pandolfelli, uno de sus discípulos dilectos, con material inédito y un retrato íntimo del escritor atrás del autor”. Cuando veo a Lai en manos de estos dilectos, cómo rellenan con sus palabras los inéditos con la horrible tipografía de la Random ya sé que me voy a envenenar. Voy sintiendo que son apócrifos y no quiero mancillar mi feliz recuerdo de lector. Me leí Camilo Aldao en el Kindle. El prólogo de Selva Ahumada me ha conmovido. Ahora sigo con Sindicalia.

 

Es notable como crecen las flores de la planta cuando les echo clara de huevo. Estarán para mediados de abril.

 

El Curupí

 

 

Allá con los jesuitas nos corrían

nos hicieron fama con mi hermano

porque mi mamá la bruja nos cogía

y le tomamos gusto de guachos

de muy chico nos creció mucho la pija.

Nos tuvimos que ir por la iglesia

y por nuestra madre hechicera,

bruja mefítica.

Mi hermano anduvo por el norte

yo me disimulé en la joda de Buenos Aires

acá nadie se da cuenta, mas bien

me llevan por el bulto las chicas

allá mi hermano hizo fama

en Santiago y todo el norte

lo seguían las chinas, bueno él es,

nunca hizo daño,

las mujeres solas lo querían.

Tenemos la simiente prohibida,

eso nos mandó la Virgen,

nunca prender galladura,

juramos ser pobres

y solo consolar las urgencias

de mujeres afligidas

 

 

A Samoas

Llego tling tling, como araña de guasca y subo a la arena, vienen las gordas con flores a ofrecer su milanesa de búfala, les regalo obuses cargados por arriba del monte con chapa arriba en bola de lomo. Me dan cerveza y de la advíncula autóctona, me apelmazo como un gusano blanco con un restito de sol de vacaciones. Debo seguir amando esos jamones y la milanesa profunda con sidra de champetas, que rompe el aire acondicionado y se chorrea melosa bajo la mano.

 

Carolina del Norte

Pajas con guante de baseball y piernas de mujeres en racimos por el agua, arañas de mujer sincronizadas. La verga se dobla y resuma cuajada, la corriente me lleva, le corro a un submarino, lo retumbo, lo castigo y me torpedea. El cazadrones los empasta y los cuelgo con hielitos al Starlink. El mundo se ilumina como árbol navideño. En Argentina me aclaman, pero Occulus me mira, quiere cobrarme las cuajadas fecundadas.

 

Jerusalem

Subí al monte con  mis cascos de plata, me la temblaba levemente en subida y encontré una samaritana que lloraba, sorbí su sangre y la empotré contra el muro de los lamentos, estaba enferma, las carroñas volaban en círculo y las bajé con una descarga antiaérea. Una formación de F-35 hizo el escorpión para hacerme blanco, pero la samaritana me sobaba y les levanté el tercer templo de Jerusalem en el aire deshecho por la estrella de Belén.

                                                                  ***

Aceite de Tinelli

 

Después de una vida de vasco en el campo, con muchas hectáreas y gran fortuna, mandó a poner en su lápida su imagen en la cabina del último tractor que condujo. Pero nadie visitaba su tumba, exceptuando a su ociosa decendencia, para emborracharse y fornicar sobre la ella. Le cagaron humanos, pájaros y demás bestias, hasta que su acomodada y devota bisnieta tuvo que desemplazar todo aquello de allí cuando anunciaron el terremoto. Hallaron el cadáver incorrupto y acudieron al obispado, se corrió la voz. Los enfermos que lo invocaban se curaban y lo declararon Santo.

 

Siento que mi teléfono vibra

como haciendo gimnasia

Pero más la bomba de agua

Y los camiones

En el piso del centro de logística

Autos, aviones

El helicóptero sin manos de Scioli

Y el reparo de los niños con sus voces

El viento

Y unos pichones

 

El lado activo de Osvaldo Sabatini

 

Mi vecino se va temprano apurado, se las toma y vuelve a las siete, su mujer usa su tiempo libre variadamente. Dejó de sacar fotos de bebés y ahora se dedica al lesbianismo buena onda con la que encuentre, se suceden unos diálogos infantiles alegres y baja el volúmen a secretos tiernos, se escuchan caer cuerpos a la pileta y trombas de sacudidas, terminan en una gimnasia de muslos con ruidos de tenistas en el borde de la pileta y unas toallas, la ropa y despedida. Sus hijos andan en bici por el barrio.

 

                                                                   ***

Con traje de torero. Te apunto el trajecito con sombrero y zak-zak, le dijo Julio Iglesias a su joven amante Michael Jackson, ya tu puedes hacer lo que yo quisiera, vete. Me esperan tres masajistas samoanos.

 

Allá... allá me lo cruzaba

Al Bambino Veira

En el Ateneo Grand Splendid

Al bar del fondo iba

Con Durán Barba y su

Parva de empanadas

Y Eduardo Galeano

con su camiseta de basket

Y jogging de

Tela de avión azul

Con una Heineken Chiquita,

Busconas europeas

Crotas faloperas

Peteando en el pullman

De todo

En mi jardín de delicias

Hasta que aparecieron las gaúshas

brasileras del sur

de vacaciones

Y no quedó nada.

 

Pero al gallinero del Colón no llegaron

 

En el campo de refugiados de Milei tengo terraza y cultivo mi porro, y mateada, chipita, asado, milanesa napolitana, ravioles, papafritas. No me dejan trabajar. Pero acá estoy, firme junto al pueblo.

 

 

Neurosandro

 

Después de bajar al mate y que mamá se turbara por pararse delante de mi en todos mis movimientos como un androide de mierda con el teléfono -y que me cuesta honrar- salí a la galería a mirar el cerco que me comprendía, y pasaba sus escobillas el viento sobre él, pero dura permanecía mi mirada. Hace calor, me imaginaba afuera esperando el mate que pochearía mis huevos desnudo en el mar y los subiría a la superficie como si flotaran, con mis deseos, pronto estaré solo. Nadie me mira aquí en lo alto, estoy sucio, el calzón grande al revés, meado levemente, debería cambiarme, bañarme primero, y yo estaba tan intranquilo antes acá arriba con el ventilador y la compu, sin prender el aire acondicionado. Por la ventana las copas se mecen y hay cotorras, aparecen los pájaros según la gente, en el balcón de al lado está la vecina con las amigas, ella como yo, vive de jogging durmiendo con su gran mota, por la ventana cuando se ducha es totalmente apolínea y olímpica como mi Verónica, las amigas con el pelito parejito y bronceadas me aburren. Esta tarde había en lo de mi otra vecina, a la que su casa rosada o fresa tapan unas guirnaldas vegetales que han crecido y cuelgan desde el tope del marco de la ventana del baño, una flaca rubia muy coloquial con sus amigas esta tarde (ya se fueron), que la escuché hace unos años en dicho baño sin las guirnaldas con sus sonidos de búfala, no sé si metiéndose los dedos para vomitar, abortando o siendo penetrada. Ah, y ya pasa todo y yo sigo con el pelito rapado, caliente, en este horno que no es mío, firme junto al pueblo como la chusma misma.

 

Leones de estiércol

 

Las cagadas regeneran a la bestia en su marcha,

de las articulaciones tienden a los músculos y la cabellera

con los cascos blandos, livianos, y el cabello dorado, como la hiena del hombre, y bípedos los dos, centinelas, se suben las ametralladoras tras las paredes y juegan al sapito con blancos.

Los leones saltan por los techos, cayendo mal, ensuciando la balacera en las paredes, y se reponen en piques para llevarse unas hordas en la mandíbula como sacos de arena con fauces ah, serpientes, las he visto levantarse sobre cuellos de gamo y sigo aquí, y el tiempo pasa como mierda a través del viento.

 

El camino del tenis

 

hay que tocar las cuerdas

para no salirse del polvo

por el mango de cuero

con brazo y muñeca de mono

y ser un técnico de tribuna

llamado al banco

y hacer correr

a los delanteros como saques

y todo el bandoneón en equipo

cuando escucho a este tipo

y solo me queda la selección

en la pretemporada

en otoño y primavera

y salgo campeón de todo

con esta música Pipeline

cuando me fumo un porro

 

de viejo

me siento rápido en el subte,

en el tren y el bondi,

me adelanto a las viejas chúcaras,

para eso mi juventud,

con los otros duermo

me pesa mucho el culo

me salta tanto el culo que se me

enroscan las rodillas

se me escurren

 

se vio en los subtes

a Bergoglio sentado

le han dejado el asiento

vi en una foto

o tal vez se ha abalanzado

en la Estación Catedral

a pocos metros del Arzobispado

(por eso no quiere salir del Vaticano,

¿Quién que viaja en el Subte

Puede culparlo?)

no he sido yo

no me ha tocado a mi

dejarle el asiento

yo que solo se los dejo

a las viejas monjas

y los sacerdotes del clero

 

 

Antonio Coria

 

anduve un tiempo con un montaraz

con su hacha y su perro,

que susurraba las chacareras de noche

borracho, con el crepitar del fuego

hachaba todo el día,

con cincuenta grados

bajando un monte de tusca,

nunca dormía siesta.

Me costaba seguirle el ritmo,

tenía cincuenta y tres años, yo veinte.

A la noche debía emborracharse era el trato.

Don Jaime le decía a su perro.

Una vez me contó

que cierta noche el perro se le desarmaba,

como reprochándose un poco tanta bebida.

Me acuerdo cuando hicimos a pie treinta kilómetros

para ver a un ladrillero

al que nos mandó don Tuni

que quería cerrar las arcadas de la galería,

eran unas casuchas que llamaban Santo Domingo

Coria volvió tomando un vino fresquito

y no me convidó

ni le pedí, y me dolían las zapatillas.

Esa tarde pasaban todos caballos

con la trompa deforme,

caminábamos por la ruta 34 vieja

atrás de la vía muerta

los quebrachitos de un metro

crecían al costado del camino

yo miraba los desmesurados eucaliptos

de una guarnición de milicos

y el suelo por si serpientes

y llegamos a las cinco

ni ducha me di

ni tomar quise, había cerverza

me senté en la galería

a matear

y armar mis puchos

 

Una gordita pin up

Con una colitas

Sacude las tetas gordas

Con una fuerza inaudita

En la pileta

Con las Harleys

Y mi alegría lejana

Por las putas idealizadas

Que me ponen circunspecto

Pero las minas

finas, locas, me buscan

Me baten las gomas

Y por un rato

Les muerdo los pezones

Y se alejan nadando

Llevándome prendido

con mi dedo mayor

Metido en el culo

 

                                                                ***

 

Con el chip de Neuralink implantado se puede mover un mouse con la mente, el siguiente objetivo del chip es el de poder cliquear con la mente más rápido que con la mano, más rápido que un subastador, dice el artículo, y la frase de Elon "Imaginen si alguien como Stephen Hawking lo tuviera". Sin fuerza para escribir cosas confusas que solo se limpian tanteando con el teclado, solo se podrían seleccionar frases o letras, la redactora artificial haría el trabajo narrativo, pero el viento, las bolsas de plástico encharcadas al costado de la ruta, la villera enchupinada con el pelo arreglado y las uñas despintadas, el perfume dulzón del shampoo y los afeites del baño con el precario inodoro de villa. Me acuerdo que en lo de Verónica estaba la familia en el comedor diario y el toilette del living quedaba casi al costado, yo me estaba cagando mal y tuve que ir con todos ahí a dos pasos. Tenía una técnica para cagar sin olor pero que podía tapar la cañería, que había fallado en lo de otra ex, pero me había ido temprano y esa semana siguiente la casa fue ocupada por una obra de plomeros. Ahora tengo baño en suite y cuando la empleada y mamá intervinieron mi cuarto la última vez la paragua comentó lo insalubre que es mi inodoro. Me quedé pensando, solo atiné a decir que no estaba obligada a venir si yo no la llamaba, pero mejor dejarlo así, no me sorprende que existan sommeliers de inodoros, comentarios entre enfermeros o gentes de limpieza como esos debe ser algo común. Esto venía a que con el chip de Neuralink también se podría defecar, y en el futuro un modelo más avanzado lo haría a distancia, porque el primer objetivo del hombre multidimensional será perder el ojete.

 

Muchos escritores tienen la boca podrida y se les nota, algunos de estos son obesos y hablan mucho entre excrementos. Estoy subiendo de peso y comiendo porquerías, clavado en mi asiento. Alejaría mi persona de la línea, que se derrame y se caiga un tendal de volatineros y limpiavidrios por un sacudón de la línea, que mejor que salga seca y no el glublohlong en gelatina morada, o en baba, todo de boca podrida. Voy a comprar unas latas de birra.

Ahí va un travesti con una antorcha olímpica.

Felicito y agradezco a la UOCRA por el aumento en la presión del bidet

 

 

El camino hasta el almacén fue duro después de meses sin salir de mi casa. Me picaron varios mosquitos en ambas manos. Salí con un jogging y un buso de polar negros, me rondaban por la cara, se me apoyaban en la nariz, pero bastante bien, Mis piernas soportaron. Sudé mucho pero tuve mi recompensa, las tres latas de Stella Artois me costaron 4500 pesos. Las saqué de la heladera del almacén, había Heineken, Patagonia 24x7 y una Andes verde manzana metalizada. El almacén tenía aire acondicionado. Volviendo pensé que Juan Abreu de viejo se parece a Moby Dick peinado a la cachetada y que tengo que comprar macetas más grandes para mis plantas, mirando la entrada de una casa con dos palmeras a los costados en unas macetas que no deben ser de más de ochenta litros. Ahora siento que me pica todo. Dejé las tres latas en el freezer para sacarlas antes de que se congelen y servirlas en una copa de cerveza belga Leffe que me trajo mi cuñado occiso de Bélgica en una de sus giras tangueras hace casi dos décadas. Beberé alcohol después de casi un año, mesmo un viernes solitario que también se prestaba aunque sin tantos mosquitos, recuerdo que las tomé sentado a la mesa de mi terraza y había brisa. Ahora estoy en la cripta con el aire y el ventilador cruzados. Tengo dos de estas copas de cerveza Leffe, la que me trajo mi cuñado y otra que me traje de la casa de la bajista de Spinetta, Nerina Nicotra, casada con el bajista de Fito Páez, Guillermo Vadalá, de cuando remataron las cosas de su casa y se fueron a trabajar como músicos de estudio a California en el año 2012, vivían a tres cuadras calle abajo. También me llevé un diván blanco y Vadalá no me quiso vender una autobiografía de Miles Davis que estaba en una repisa de arriba.


Hoy manicuré mi planta, una Pamir Gold, del noreste del Himalaya de marca holandesa modelada en Suiza, y me estoy fumando las hojas que son divinas, me sacan de la depresión de mi encierro y cagar se hace una experiencia mmm, la palabra es mellow, pero melosa no es exacto, no tanto, es lo armonioso del cariño, un placer perfecto. Solo los que amamos la marihuana y le hacemos los honores podemos decir esto, cagar fumado con una buena hierba no se olvida fácil, pero no tanto como coger. Traspasar la noche en los ojos azules de la amada, Belén, destellando bajo la luna. He podido vivir algo, no llegué a los aeropuertos y los lujos europeos en los viajes, no me interesan tanto las finas urbanizaciones como el mar y la arena pura, y las rocas de coger con la mujer cobriza y el pelo de fuego con alaridos de tenis, y salir de noche a escuchar guitarras flamencas y tomar cerveza ligera. No estoy, no hago mi experiencia, estoy en mi habitación y soy un mero hombre representativo, pero sigo por esas callejuelas. Mis viejos me trajeron los nuevos Havana con sal marina y me comí tres y así pude empujar la carga de galletitas fideos y empanadas de diez días.


19.2.24

Cómo me hice fan, por Javier Fernández Paupy

Ese miércoles 20 de septiembre del 2017 era el año nuevo judío. Yo había ido a la casa de mi amiga Laura, en Parque Chacabuco, donde comimos con su familia empanadas de ricota, nuez y pasas de uva. Había tomado unas latas de cerveza con el estómago vacío antes de llegar y tomé mucha cerveza con ellos durante la comida y, después, unos tragos de un licor polaco con gusto a anís que me pareció horrible. Bondad y alegría, dijo Laura, es la mística judía. Estaba muy borracho cuando ella fue al baño o a la cocina y yo agarré dos libros del anaquel de César Aira, El juego de los mundos y A trombeta de vime, en traducción al portugués, y los puse en mi mochila. ¿Por qué lo hice? Si se los hubiera pedido prestados ella me los habría dado. Recuerdo que llovía. Pero no me acuerdo cómo volví a mi casa.
   Desperté el jueves, a las 12:30, con resaca. Fui a la casa de mi amigo Fede Hoffmann, en un 152, a las tres de la tarde. En el viaje escuché a una señora decirle a la que parecía ser su hija: «No hagás conventillo. No hagás conventillo. Vos discutís sin fundamentos». Caminé por las calles de la zona comercial de Belgrano hasta la parte residencial, donde están las embajadas. Me sentí aplastado por recuerdos. Con Fede hablamos del amor como un miedo a sentirnos desamparados. Comimos sandía, arándanos y kiwi. Tomamos mate y café. Fumamos. Le conté a Fede el episodio de la borrachera y del robo de libros. Esa primera edición de El juego de los mundos era carísima. Sentí que había ensuciado mi karma. ¿Era una persona sin códigos? ¿Era alguien en quien no se podía confiar? ¿Era como el perro que muerde la mano del que le da de comer? Me perseguía pensando en ese precepto que dice que si robás, te robás a vos mismo. Estaba avergonzado. Además, la culpa y la vergüenza tienen una vibración bajísima. Pensé que podría redimirme devolviendo esos libros. Fede fue severo conmigo y me juzgó con dureza. Eso me hizo bien. ¿Por qué lo hice? ¿Qué me llevó a esa miseria materialista? ¿Mi fanatismo por la obra de Aira? Le eché la culpa a la cerveza pero yo sabía que el alcohol no potenciaba nunca algo que no existiera de antes. ¿Una inclinación al mal, entonces? ¿O era todo por mi fervor a César Aira y mi afán de coleccionar sus libros?
   Quizás esa obsesión haya empezado en el año 2004. Yo cumplí veintitrés años y mi amigo Juan Leotta me regaló Yo era una chica moderna. Desde ese momento empezó mi afición a los libros de Aira y nunca paró. Siempre me apuraba cuando me faltaban veinte páginas para terminar uno de sus libros. A veces me parecía que no entendía los finales. Pero no me importaba porque quería leer otro. Era como una adicción. Ese ejemplar con el que me inicié en el coleccionismo de sus libros se lo  presté a un guardia de seguridad de la Biblioteca Nacional de Maestros, donde yo trabajaba en esa época. Él, a su vez, me prestó una edición de tapas duras de Música para camaleones que tenía los bordes mordidos o arañados, según dijo, por una gata. Al guardia de seguridad lo cambiaron de puesto y nunca más lo volví a ver, tampoco a mi libro. Tuve que comprar otro. Mi relación con los libros de Aira empezó a ser obsesiva. Los buscaba, los compraba, los juntaba, incluso los robaba. Alguna vez llegué a pensar que me interesaba más tenerlos y atesorarlos que leerlos.
   El jueves 16 de noviembre del 2017, volví a la casa de Laura y, sin que se diera cuenta, le devolví los dos libros que había robado en mi última visita. Ya los había leído. Como si, al devolverlos, eso tan ladino que hice no hubiera pasado. Aunque yo sabía que sí había pasado. Semanas después le pedí prestado Madre e hijo. Quería leer esa obra de teatro y fotocopiarla. Ella me dijo que no encontraba el libro. Pensó que lo habría prestado y no se lo habían devuelto.
   Hoy tengo más de noventa volúmenes de Aira en mi biblioteca. Con algunas ediciones repetidas y otras en inglés o en francés. No cuento las fotocopias. Dejo adrede algunos libros sin leer entre el conjunto. Pero no son un museo entre mis cosas sino una presencia activa. Además siento que mi obsesión por coleccionar sus libros está intacta o, lo que es peor, recién empieza. Sus libros son fuente constante de emociones en mi vida. Una vez insulté en un comentario a alguien que en Mercado Libre vendía Moreira a 80.000 pesos. ¿Por qué lo insulté? Otro arrebato que me producía la obra de César Aira. Unos años después, cuando salió una reedición ampliada de El juego de los mundos, la compré y la volví a leer. No detecté en qué consistía lo ampliado de la versión pero de alguna manera me sentí más limpio que si hubiera tenido la primera edición robada.
   Creo que sus libros me enseñaron a pensar en mi propia producción literaria en términos de coleccionismo. Como si lo que escribimos conformara una colección, íntima y existencial. Sus libros también me ayudaron a pensar en la posibilidad de armar un catálogo, el de mis editoriales, como si fueran colecciones que otrxs quisieran completar. Me fascina esa capacidad infinita de Aira para escribir más y más. ¿Tiene un don o es un procedimiento? ¿Cuál es el secreto? ¿Escritura automática o técnica avezada? Ese misterio me resultó siempre un aliciente. También creo haber aprendido, leyendo sus libros, una lección de libertad. Podemos escribir lo que queramos. Lo importante es tener un próximo libro en el horizonte de nuestras fantasías.

 

 

Publicado en: Radar libros, 28.06. 2020, p. 18, año 24, n° 1247.


13.2.24

UP DOWN, por Cecilia Bainotto

 

Anoche tuve un sueño inquietante y hermoso. Soñé que caía en el vacío y abajo no había tierra, no había fondos verdes, ni rumoreos de agua. Ningún vestigio de vida animada. No recuerdo tampoco desde donde fue el impulso. Esa derivación de una vigilia que se reveló en paisajes impensables para mis sentidos.  

Flotaba en un   medio celeste, no azul, y algo como una tromba me elevó a miles de metros. Un decir, porque el espacio no tiene nuestra obsesión, nuestra medida. Una boca succionó ese cuerpo, el mío, que flotaba y perdí toda referencia del planeta que habito. Tuve ante mis "ojos cerrados" la representación del universo. Era un día esplendoroso en la noche.  

Trato de hilar. Pudo haber sido un pozo de aire, tal vez un motor silencioso que no se sustentaba por la agitación de un sueño anterior y que no recuerdo.  

Bueno, después de todo, algunas pesadillas tienen su resarcimiento. Cuando desperté era una voluta de humo en espirales que buscaba el aire, serpenteante y ligera. 

 

Los dioses tienen sus constelaciones, pero ellos fueron invenciones para contener el desmadre. 

¿Por qué no podemos los humanos tener un nombre en las estrellas? 

Somos quienes les han permitido a los demiurgos un lugar en el cielo con el poder del perdón o del castigo.  

¡Tan poco somos! ¡Tan ensoñados estamos! 

Somos lobos, somos zorros, somos palomas tristes, somos monitos, somos mariposas con alas rotas, somos polvo, somos olvido. 

¿Por qué no escribir un epitafio en la constelación que más nos guste? El nombre de una fruta, de una flor, el nombre de una canción. 

Será el lugar que nos anime en la inconsciencia. En la disolución de un pronombre que desnombra. 

La caída de las gotas nos arrastrará con ellas para devolvernos al lugar de un nombre cuando las estrellas miren hacia la tierra. 

 

 

El laissez faire, el laissez passer casi se emparenta con una política de neutralidad y de descreimiento totales. No es lo mismo balearte sola o solo en un rincón que apostar por el suicidio colectivo de los ocho mil millones de seres ante la falta de salida.  

¿Son acaso dueños de la verdad? ¿Son la recreación de Manson o buscan un nuevo Jonestown? La sospecha permanente de una paranoia social sin techo. Apuestan a un darwinismo, o mejor a ideas malthusianas, pero... ¿acaso los sobrevivientes serán la semilla de la renovación de la especie? ¿Quién garantiza que muchos de ellos no sean portadores de células metastásicas? Y ahí sí, la especie no tendrá posibilidad de renovación porque es el cáncer que sobrevive en términos biológicos.  

No hay antídoto todavía. Ha corrido mucha tinta, han discurrido muchos discursos   iracundos, así que mejor no incendiarse con esa flama. La mesa de la pandemia los tuvo como invitados. 

Hay versos de Espronceda que les caen justo, aunque el poeta sublimó su desesperación a través de la poesía. No van en zaga versos oscuros de Claudio de Alas, y que no les espante el charco. Están muy a gusto chapoteando en la sangre mientras escuchan el traquido de los huesos. Al menos, mentalmente.

 

Me agrada un cementerio

de muertos bien relleno,

manando sangre y cieno

que impida el respirar,

y allí un sepulturero

de tétrica mirada

con mano despiadada

los cráneos machacar.


                                         José de Espronceda

 

 

La suegra de una amiga, muy cautelosa, es mayor, difícil calcularle la edad, aunque conserva lucidez mental y elasticidad en los pies. A tal punto que se hizo más cautelosa con sus papeles y preparaciones de todo tipo; alimentación, salud, bienestar y ensayos de funerales. Daba que no quería una ceremonia secreta, pero la gente cambia sus preferencias, está claro. Al final y por amontonamiento en los cementerios, Maruca -la bailarina de un club nocturno que pelaba sus pies mientras el marido hacía lo suyo gambeteando en San Lorenzo- días pasados habló por teléfono con la empresa de servicios sociales y funerarios, chapa y pintura hasta la fundición del motor, cambio de pernos, bombas de agua, etcétera, aquí, en este pueblo de la pampa húmeda. El empleado de la funeraria, filósofo y en una actitud de consuelo para la deuda, se explayó en la conveniencia de volver al aire o al agua, en la conveniencia de elegir un ritual que el difunto agradecerá porque eso de estar muerto en un tapadito de madera y seguir prodigando alimento desde las entrañas, más añadidos de cuotas, es bastante desagradable para el muertito y caro para los deudos. El empleado, en un espasmo de verdad, le estaba contando la propia incluyendo tratados ontológicos con la visión casi de que todo bicho que camina va a parar al asador.  

No sé qué dirá la empresa, porque su negocio con el parque es una mina de oro inagotable, por ahora, con un crecimiento como los hongos durante la peste. También es dable pensar que el empleado está formado para los nuevos tiempos, y el argumento se adapta a cada necesidad y gusto. Los he visto en circunstancias y son más afectuosos que los familiares del extinto. Es el negocio necesario, y una es socia con el exesposo y mi amiga también con su prole. Todos estamos en el club de discreta y alta gama, la cuota no es muy barata.  

El escrito amerita líneas para darle pie al epitafio que puso Maruca al decirle al empleado y para darle un corte al papel del mercadito escatológico. Desenvoltura total de desacralización por parte de la futura occisa. 

-¡Oiga, usted está hablando con el propio cadáver!  

Nuevamente se llevó los aplausos de sus hijos, nietos, nueras y amigos. Ella conserva todavía el rol de alguien que estuvo en los escenarios de un club. Ahora, para uno de distinta envergadura.  

Ahí tenés, Nielsen, si alguna vez leés esto, un bobi excluido del adentro de tu cuento. Maruca quiere estar afuera del tapadito y de la jaula de tus pájaros tapada con un hule.  

 

En una esquina viven los sordos que creen en lo que escuchan. En la otra esquina viven los ciegos que creen en lo que ven. Entre una esquina y la otra vive sin olfato quien escribe y cree que algo huele mal.  

Sinsentido total sin tres sentidos pero suficientes para demostrar que no se sabe si eran gritos reales los que venían de la calle, si era de noche o si era de día y por último si  algo huele mal en la bolsa arrojada desde la ventana del edificio. 

La remota posibilidad está que en el zapato de color tan pero tan chillón, el sordo algo escuchó, el ciego se lo imaginó y la última, por el color, tal vez lo adivinó.

6.2.24

La casta está en orden, por Román Bay

 

Maniqueo, Javier Gerardo Milei divide a las personas entre la gente de bien, entre quienes no sin estupidez se incluye, y por otro lado a los malos; comunistas y corruptos. Pero entre estos últimos no incluye a Federico Sturzenegger, un enemigo del pueblo argentino, que llevó adelante un trágico plan de medidas de ajuste económico que divide, ahora sí, a las personas entre los beneficiados, grandes empresarios, propietarios y capitalistas y por otro lado los rotos y venidos a menos. Con la firma de un DNU inconstitucional, Javier Gerardo Milei mostró sus ansias de tiranía. Las grandes lluvias duran poco. A este pasado lo llamamos presente. A este futuro que todavía no podemos sentir pero de algún modo presentimos como una tormenta duradera. ¿Cuál es la explicación de reducir el gasto en sectores que no afectan con fuerza en la economía nacional? En nombre del cielo, en nombre el perro clonado de Javier Gerardo Milei pero no en nombre de la República. El bochornoso José Luis Espert, macho alfa de las redes sociales, dice: «Cárcel o muerte» en relación a lxs manifestantes, ignorando las amenazas de sus propias enfermedades, vejez y muerte. Las medidas de Caputo, el DNU 70/2023, la ley ómnibus. La desregulación de la ley pesquera. Beneficios al sector económico. Liquidación del Fondo de Garantía de sustentabilidad. ¿Cómo medir la rentabilidad o la eficiencia de una empresa estatal? Reforma económica que beneficia a corporaciones. Al grupo Roco, al grupo Techín. La desregulación del mercado de hidrocarburos. La derogación de la ley de alquiler. Los artículos del DNU que parecen estar escritor por quienes van a ser favorecidos. ¡Empleados de usureros, alcahuetes entre el oro y la estupidez! Ladrones que roban apelando a las leyes. Milei estafador, detestable parásito, mosca del tiempo, ávido goloso. Se efectuará la natural rotación de los planetas. El improvisado Milei seguirá haciendo desastres. Milei y el grupo de empresas que lo manejan. El padrino de Javier Geardo Milei, el empresario Eduardo Sergio Elztain, actual presidente del Banco Hipotecario, miembro vitalicio de la lista de los integrantes de las cuentas fantasmas en los documentos de los Panamá Papers como titular de sociedades y fideicomisos en Bermudas y la Isla de Man; dueño de la agropecuaria Cresud y BrasilAgro; Eduardito Sergio Elztain tiene casi un millón de hectarias, ya desmontaron ciento veinte mil hectáreas; a Eduardito Sergio Elztain le conviene que se cambie la ley de bosque a su medida, como pide la ley Ómnibus. Otro beneficiado es el miserable canalla traidor a la patria de Mauricio Macri, a través de Sogma Fincayuto, ya desmontó 6.000 hectareas y quiere desmontar 10.000 hectáreas. Luisito Toto Caputo ya desmontó 500 hectáreas del departamento Copo de Santiago del Estero, nuestro lamentable ministro de economía actual. Ley de glaciares: pretenden avanzar sobre estos ecosistemas. Acá Javier Gerardo Milei quiere hacerle un favor a Barrick Gold. Ley de tierras rurales. La ley de quema. Vienen por el agua, vienen por los bosques. Desmonte, destrucción de glaciares, loby. Ley de alquileres. Los propietarios piden lo que quieren porque tienen la sartén por el mango. Quienes llevan la parte más beneficiada y quienes lleven la parte más cuesta arriba. Los propietarios exigen garantías muy altas y difíciles de pagar. Ley del libro. En Davos, el ultraderechista fascistoide Javier Gerardo Milei, niño golpeado, actual presidente de Argentina, dijo que «Occidente está en peligro, porque aquellos que supuestamente deben defender los valores de Occidente se encuentran cooptados por una visión del mundo que inexorablemente conduce al socialismo, y en consecuencia, a la pobreza». Pero también dijo otras estupideces como esta: «Quiero darle un mensaje a todos los empresarios: ustedes son héroes, que nadie les diga que su ambición es inmoral. No cedan al avance del Estado. El Estado no es la solución, es el problema mismo. Ustedes son los verdaderos protagonistas de esta historia». Si lo hubieran premiado por las sandeces dichas, habría ganado un premio. También dijo: «En lo único que devino esta agenda del feminismo radical es en mayor intervención del Estado para darle trabajo a burócratas que no le aportan nada a la sociedad, sea en formato de ministerios de la mujer u organismos internacionales». Este niño golpeado por su padre no representa a la nación Argentina. Solo un ridículo personaje al servicio del poder puede animarse a decir, delante de un micrófono: «La justicia social no sólo no es justa sino que tampoco aporta al bienestar general. Muy por el contrario, es una idea intrínsecamente injusta, porque es violenta, es injusta porque el Estado se financia a través de impuestos y los impuestos se cobran de manera coactiva ¿o acaso alguno de nosotros puede elegir no pagar impuestos?». Solo un idiota puede hablar así. «Miren cómo sonríen los presidentes/ cuando le hacen promesas al inocente» (Violeta Parra) Tal vez se haya enloquecido Javier Gerardo Milei al englobar tradiciones políticas tan disímiles como el nazismo, el fascismo, el nacionalismo, la socialdemocracia y el comunismo en un mismo grupo. Discursos disruptivos que emanan del presidente Milei en contra de los feminismos, del derecho al aborto o del cambio climático prueban que su equilibrio mental es frágil, como un limpiador de alcantarilla, trabajando en el profundo abismo de una cloaca abandonada. Pero el campo popular no está vencido. Aunque en este 2024 lo difícil se esté haciendo cada vez más difícil en la Argentina.

1.2.24

la ruta de la edición: homo faber

 Preguntas a editorxs

Hoy responde Mariano Gigena, de homo faber


Podrías definir tu proyecto editorial. ¿En qué año arrancó? ¿Cuántos títulos lleva publicados desde entonces? ¿Quiénes son lxs editores?

homo faber es un proyecto de edición artesanal que comenzó en el 2020, o sea en plena pandemia y cuarentena, así que el primer título, que fue Aguafuertes de la delincuencia de Roberto Arlt, circuló exclusivamente por correo. Hasta hoy la editorial lleva editados diez títulos y un poco la idea es desarrollar un catálogo que crezca entre lo que se llama no ficción, con sus infinitas formas de hibridación y el arte contemporáneo.

Gran parte de las tareas las hago yo, como editar, diseñar, imprimir o encuadernar, pero también trabajo con gente que se sumó y realizan distintas actividades que van desde la serigrafía de las cubiertas hasta la traducción de una obra, así que lo entiendo como un proyecto colectivo.

¿Qué estás leyendo?

Ahora estoy de vacaciones de mi trabajo docente así que ando con varias lecturas en simultáneo. Estoy terminando de leer Una introducción de Ezequiel Alemian, recién empecé Minotauro, una biografía sobre Paco Porrúa que editó Tren en movimiento y después estoy leyendo algunos materiales de Pettibon que hay en internet.

¿Cuáles son esos autores a los que siempre volvés?

Como ya releo mucho para el proyecto, casi las únicas lecturas a las que vuelvo son de poesía, sobre todo de poesía argentina y entre las relecturas siempre están Gianuzzi, Zelarayán, Gambarotta y algunos otros poetas de los 90’.

¿Cómo seleccionás los proyectos para publicar?

Los proyectos que termino llevando adelante siempre aparecen entre las líneas que veo que se van dibujando en el catálogo y lo que pasa alrededor mío y de la editorial, los lugares por donde me muevo, las personas que conozco. Hay una tensión entre esos dos planos que siempre me parece muy vital, muy orgánica y a la vez propositiva y eso me gusta. Los primeros títulos estuvieron planificados con bastante anterioridad, partían de la sola idea del catálogo y ya hace un tiempo que los últimos títulos toman cuerpo de un modo un poco mas espontaneo, en diálogo también con lo que pasa alrededor. Por ejemplo cuando publicamos Memorias de Guy Debord, que tiene una traducción bellísima de Bárbara Belloc, Federico Barea se interesó en el libro, así que una vuelta nos juntamos en La Academia a charlar, tomamos una birra y le alcancé un ejemplar. Pero a partir de ese encuentro y de compartir el gusto de la lectura por la obra de William Burroughs empezamos a pensar en traducir y editar algo de él, lo que finalmente terminó en la publicación de los Diarios del retiro.

¿Qué tipo de proyectos estás buscando actualmente y qué géneros le interesan especialmente?

De a poco estoy intentando trazar algunas líneas nuevas en el catálogo, pero todo lleva mucho tiempo. Una es la de narrativa argentina de no ficción contemporánea, otra de una escritura más intima, ligada a los diarios y a las cartas  y una tercera que trabaja con el registro oral. Dentro de esta última línea, para febrero, vamos a publicar una conferencia que dio Carlos Monsiváis en una de sus visitas a Buenos Aires que se llama La performance como religión, la religión como performance.

¿Cómo es el proceso de lectura de un manuscrito?

Hasta el momento no tuve la posibilidad de trabajar con manuscritos, siempre edité obras que ya habían sido publicadas anteriormente, pero me parece que cada proyecto de publicación tiene un proceso de lectura particular. Hay proyectos que implican procesos de lecturas más extensos, más amplios, como la antología que hicimos de Kordon, otros, como en la traducción de una obra, la lectura necesita más del diálogo, del ida y vuelta, la puesta en común.

¿Qué tiene que tener un libro para que les interese publicarlo?

Lo primero que se me ocurre decirte es que tiene que poder ser parte de la idea de catálogo, pero claramente no alcanza con eso. Hay muchísimas obras de no ficción que por infinidad de motivos no me interesaría publicar. No sé si podría definir que es que le debe tener, pero si lo puedo identificar, y eso ocurre un poco intuitivamente. Cuando Combi se acercó con la propuesta de editar su obra, lo vi, estaba ahí lo que debía tener y no dudé. Supongo que lo que más me interesa es cuando encuentro en las obras determinadas estéticas o voces que me resultan además de cercanas, muy singulares en su apuesta y por eso son capaces de aportarle un matiz, un tono personal a esa tradición donde se mueven.

¿Cuánto intervenís en los textos que publicás?

Como lo publicado hasta ahora son reediciones tuve poca posibilidad de intervenir en los textos, más allá de algunas correcciones, notas o de pensar la selección y el ordenamiento en algunas antologías. En el libro que más intervine hasta el momento fue el Manual del Pintor Oficinista de Mariano Combi, que es una serie de dibujos sobre los clichés del pintor y el mundo de la pintura del siglo XX. Cuando me llegó la obra ya estaba bastante terminada, pero la intervención fue alrededor de pensar la narrativa que desarrollaba los dibujos, trabajar sobre ese juego de variaciones y repeticiones que propone y afinar el ritmo del relato. Siempre tratando de calibrar lo que el autor quiso expresar con la obra.

¿Qué relación buscás entre el arte de tapa y el texto que presenta?

En primer lugar me interesa mostrar que el libro es artesanal, por eso uso la serigrafía para estampar las cubiertas y no offset o digital. En cuanto a lo específico de la tapa y mas allá de lo que es necesario comunicar de la obra como el título, el autor o la editorial, me interesa generar una pregnancia pero que vaya de la mano de poder instalar algún interrogante, que no sea solo llamativo o lindo, intento que despierte la curiosidad y la persona quiera abrir el libro. Claro que a veces pasa y a veces no, es solo una intención.

¿Por qué elegiste, como editor, hacerte cargo de la manufactura y producción de los libros?

Digamos que fue al revés: sin la posibilidad de editar de forma artesanal jamás se me hubiera ocurrido construir un proyecto editorial. Pensé que era posible editar, ocupar ese lugar, solo después de conocer proyectos editoriales como fue hace muchos años cuando supe de la existencia de Eloísa Cartonera o más acá en el tiempo Barba de abejas.

Después pasó que en mi casa tenía un espacio para armar el taller, una pequeña impresora Brother y además venía de experiencias con el trabajo artesanal que siempre me resultaron muy placenteras. Otra cuestión que me motivó y me hizo verlo posible fue el económico. Como uno puede hacer tiradas chicas (impresiones de treinta, cincuenta ejemplares) la inversión es mínima, lo necesario para hacerse de un tonner, cartulinas y un par de resmas de bookcel. La edición artesanal en ese sentido brinda una autonomía muy grande.

¿Qué consejos le darías a lxs futuros editores que quieren arrancar un proyecto editorial?

Que piensen en la posibilidad de editar artesanalmente, en la posibilidad de formarse en la edición y el diseño de forma autodidacta. Ver el hazlo tu mismo como una posibilidad. Antes de que exista la carrera de edición, hubo un montón de editores, entre ellos algunos geniales. Me parece que a veces la exigencia de ser profesional acobarda a personas que podrían hacer cosas hermosas. Después hay un montón de maneras de formarse: a través de libros, tutoriales, en el mismo trabajo con colegas muy generosos que te ayudan.

Otra cosa que me sirvió es identificar mis propios tiempos y los del proyecto, no dejarme correr por nada ni por nadie, el trabajo de edición es muy procesual, las obras, las ideas, las relaciones, llevan tiempo para que maduren, para que encuentren la forma adecuada. Incluso lleva tiempo deshacerse de ideas que por diferentes motivos no van, poder soltarlas y para eso es imprescindible no precipitar los tiempos.

Y un último consejo es encontrar aliados al proyecto y trabajar juntos, es fundamental.

¿Cómo ves el futuro del mercado editorial y cómo esperás que cambie en el futuro?

Lo veo complicado por varios aspectos. Me parece que hay algunos problemas estructurales como el monopolio del papel que existe en Argentina y otros más coyunturales, pero dramáticos, como es la Ley Ómnibus que se quiere aprobar en estos días y que incluye la derogación de la Ley de Precio Único del libro. Esto, de aprobarse, sería un golpe muy duro, no solo para el sector, sino para la sociedad en su conjunto, así que toda iniciativa es válida y hay que acompañarla. Pero en definitiva son todos problemas de orden político y creo que esta situación se puede cambiar, revertir, solamente a partir de la capacidad de respuesta y movilización que tengamos.