16.4.18

Mis poemas a Reinaldo, por Sofía González Bonorino




Mierda en los pies
camino al defecadero.
Los tobillos hediondos,
humillación del cuerpo.

Dormías con tu  Ilíada en las manos.
El olor de sus páginas impregnaba
tu sueño.
Me pregunto qué edición tendrías.
Imagino su lomo
como de animal gastado,
sin pelaje.

Dioses invisibles
venturosas cadenas.
La musa sin voz
cantaba.


1

De cara a los abismos
del mar
te leo
Reinaldo

como el Cronida, de ancha voz,
así la tuya se vierte en mis oídos

las palabras fluyen
de tu lengua de miel
hacia la mía

nuestro beso  
de múltiple descendencia
se hace música

me escribo en vos
como en un pentagrama barroco

me hago sonido y silencio

la cumbre nevada del Fitz Roy
y lo divino


2

Del semen que se
derrama
en los abismos del mar
nace tu escritura
hecha de furia
y  esperma

tu cuerpo
y el banquete olímpico de otros cuerpos

Afrodita en la noche


3

Palas Atenea en la prisión del Morro
la  mano de Aquiles
sobre el puño de plata
la tuya
se aferra al lápiz milagroso

la libreta
manoseada por un deseo
salvaje

el calor, las chinches,
el pegoteo infame
de los cuerpos

la escritura


4

la belleza
es un vértigo
un camino a la nada

inventás tu deseo

buscás
eso  que una vez tuviste
y que sólo el cuerpo ajeno pudo darte

perder la libertad
pudrirte
y ver pudrirse  la carne tan deseada
en el olvido

las palabras no llegan al Morro
para iluminar
la noche

la prisión hiede

te va matando la vida
Reinaldo
obligada al silencio


5

Prometeo robó el fuego de los dioses
para darlo a los hombres.
Vos das tu semen
al cuerpo de la noche.

Se desata
el río del lenguaje.

Corriente divina
cae
sobre tus piernas.


6

Mar sucio el tuyo
Reinaldo
no las límpidas orillas 
ni la negra barca
que se lleva a la Criseida.

La marea ardiente canta
lenguas de libertad.

Se escribe Troya
en tu sexo.

La frescura de la arena
no calma el deseo.

El resonante mar de Aquiles
es el tuyo.

El  Morro habla,
te clava en el  oído
la voz de los profetas.


7

La escoba de tu madre
no llega a tus rincones.

Que ella encuentre su tiempo,
restos de lo no vivido.

Que busque, que limpie,
que arrase
hasta amontonar sus penas
y tirarlas

después

cuando ya no la  mires.


8

De la tristeza
de ese vacío al que fue a caer como un puro
desecho
el tiempo de tu madre
del abandono que la dejó crucificada en la espera
antes de que nacieras
del resentimiento triste
de su femenina pasión por lo imposible
nació tu deseo
tu ímpetu de huracanes
el fuego que te quema.


9

Piel atormentada
camino, me arrastro
me quedo en la noche
para no caer

Montañas azules contra
un cielo de piedra.

Mis dedos arden
sucios de vida.

Y el mar
Reinaldo.
tan lejos.


10

La pavura de las olas
te hace tiritar.

Apretás la Biblia contra el pecho
como si quisieras cavar
un agujero
en la carne que grita
y hacerla callar.


11

Los cuerpos
para salvarte
si la escritura no alcanza

Se estrella el mar
contra el malecón,
duele.

El desprecio a Fidel te mantiene vivo.

Apoyás la frente que te quema
contra las rejas.
Aplacás tu ira
en el frescor de la mente.

De tu destino es la prisión
Reinaldo,
no tuya.

Tuya es la inmensidad del mar
y el cuerpo que se expande
se expande
se expande.

Huelo la sal,
las olas
se oscurecen
en tus dedos de tinta.

Tus ojos queman vida,
consumen la inmundicia
de  la servidumbre

fijos
en una libertad
que me deja sin aliento.

La muerte te abraza,
sin cabeza
sin piernas
heroína mutilada por las guerras.

Dormir
romper los días con imágenes filosas,
traídas del infierno.
Cortajear las horas, degollar las noches lentas
entre piojos y roña
y cuerpos torturados.

Nocturna libertad de manos truncas
te rodea el cuello con sus brazos.

A soñar
Reinaldo.


12

La vida me desborda
el mar
que me obliga a ser su lengua
y como sierva impotente
a traducir en voz baja sus secretos.

La debilidad del aire
me intoxica de dulzura
aroma a Dios
humedecido

Aunque me quede quieta
tropiezo con la vida,
aunque me esconda

Se demora en mi piel
se mete por mis poros
me arrasa

la vida

si no fuera por la muerte que trabaja sus restos
no quedaría su huella en mi memoria.

Intento mantenerla lejos
como a un perro rabioso
o un cristiano que defiende sus fronteras
de los excesos  bárbaros.


13

me abro a la muerte
como vos
Reinaldo,
tan colmada


14

no necesito de otro que me ayude a salvarme
en la batalla

yo
y la  alquimia imposible
de convertir en vida
mi carne analfabeta

sobrevivir
cada día
entre palabras ajenas

silencios
enormes como heridas de guerra.


15

No quiero
como tu madre
un amor fijo.

Quiero un encuentro único
un choque de miradas
una indecente
explosión de almas
que me lance al infinito


16

Detrás del muro,
el tan pesado
mar


17

me consumo en vos
para salvarme

mis cenizas
se desparraman al viento
como lluvia de huesos
milenarios

lluvia blanca
venida de lo alto
de cárceles inversas
de dolores profanos
de tronos desnudos y oxidados.


18

Sin cuerpo, al fin.
Porque mi cuerpo alimentó  tu cuerpo
hasta hacerlo mío.
Desaparecí en tus playas,
en tu noche insular.

Mis ojos
hasta encontrar los tuyos,
se abrieron paso en la piedra,
murallas sangrientas
de la prisión del Morro

Veo lo que ves, te escucho.
Y es como si el eco  de un yo perdido
me nombrara.
Siento tu desparpajo y tus ansias.
Te leo, a vos,
Reinaldo
a mí.

Tu centro vital
es tu escritura.
Y en ese mar me lanzo,
en ese mar me curo.


I9

Voluptuosidad de arroyos.
El aguacero rompe los márgenes
del cielo.
Los relámpagos acrecientan el exceso
y es como si Dios te golpeara.

En el pentagrama de la piel
que sangra
se inscribe con la noche
la sinfonía cruda de tu infancia


20

Querés volar con el aguacero
como los pájaros

y elevarte en oración
sobre 
los árboles.

Caer, jamás.

Resistir la violencia del agua que te corta,
te parte en mil pedazos

la tormenta te convierte en hombre:
poseer con tu miembro infantil  todos los árboles,
los abismos, húmedos, abiertos
en la madera.
Te pertenecen las cuevas arenosas del lecho del río
que se derrama en la orilla,
las frutas maduras, caídas.

Tu cuerpo de niño se deja azotar por  relámpagos
que trazan,
en vos,
signos enloquecidos.

Sos un palpitante pentagrama en el que la tempestad
escribe notas celestiales.


21

El río se desborda
se levanta
serpiente  erotizada por músicas prohibidas
a oídos humanos.


22

tu letra infantil cabalga sobre el trazo
débil
de tu madre
escrito en la niebla del otoño
cubano.


23
Te odian
Reinaldo
fornicador manchado por la vida.

El Gran Loro
y sus fieles
cierran
la puerta sepulcral
a tus espaldas.

Los dogmas de la nueva religión
te empastan la boca
duele cada palabra

la lengua
en carne viva.

Cuba
te condena a una hoguera
seca,
sin fuego.

Te quieren
puro
sin mezcla.

Exiliado
de tu decir y tus ansias.

11.4.18

Yo sí, sí no, por Pamela Orozco Donoso




Bestia R

Entonces te presto mi dedo para que laves tus dientes cuando el cepillo ya te haya abandonado. Si estás muy cansado puedo lavarlos yo por ti no me da asco. Después podría tomarte en brazos y llevarte a la cama, hacerte dormir, despertarte de un beso y volver a cerrar tus ojos con un suspiro. Un respiro frío o caliente dependiendo de la época que nos encuentre el tiempo. Quiero respirarte cerca bien cerca y hacerte cosquillas con mis pestañas. Espiarte en la noche mientras duermo y ver cómo tu boca busca lanzarle un beso al techo cuando duermes ojos arriba. O cómo saltas de un lado al otro cuando profundamente profundo desciendes al mar cuando tu cuerpo ya cansado se va de este universo. Me gustan tus mates por las mañanas. Verte arriba, arriba mío, salir de mí y desplazarte por el espacio. Ir hasta la hornalla hacer fuego con palitos para calentar un poco de agua. Pensaba mientras te miraba si serías capaz de cazar a una bestia transformarla, transformarte…  desplazarte en el tiempo sin pensar en el pasado y el futuro que nos aproxima, que nos sigue los pasos, las llamadas, nuestros encuentros desplazados del tiempo. Recortados de otra vida traídos a la realidad, a este fantasilandia que nos convoca, este mundo mágico al que hemos venido, al que vamos, idos… unidos y ermitaños en nuestras soledades acompañados aun así por nosotros mismos, por nuestro deseos… y te deseo… te deseo con gracia tanta vida, tanto sueño como cansancio para que reposes las veces necesarias acá adentro. Te deseo la mañana, verte arriba, abajo al lado. Oscuro de tanta lucidez que perturba, que conmueve, que da miedo eso te deseo: el miedo. Miedo a la vida, a seguir perdido, a seguir bailando, descendiendo bestialmente, cazando fuego, mirando la hornalla, desplazándote por este espacio infinito, pestañeando incesantemente, intensamente para que este presente no acabe, porque te cabe, te copa. Porque los palitos en el camino son necesarios, porque las cosquillas son inevitables, porque la noche se avecina y con ella el mañana que queremos y lo tenemos en cada paso, en cada respiro, en cada abrazo… y abrazo con fuerza la noche que me llevo hasta ahí… hasta Villa Crespo y de ahí a Palermo, y de Palermo a guardia vieja y vuelvo al salón, al baile, al deseo. Al bondi, al subte de Ángel Gallardo hasta la última estación, o la primera, esa misma en que te vi… y que luego fue segunda, año, dos años, tres y volví a verte por primera vez y te veo, te sigo observando, pestañeando, deseando el mismo mañana, boca arriba, pestañeando, sonriendo de noche desplazándote por el espacio, por acá adentro, dentro mío.


08

Amigo, no es el viento. Son mis manos las que tiemblan.
Amigo, hay relámpagos en mi cabeza.
Amigo, brota sangre de mis ojos.
Amigo, ¿quién es el que se ha ido?


Cristo reventor

Veo a mi derecha pedazos retazos de luces.
Pastos, arboles, carteles.
Unos postes de luz con brazos de cemento
que me recuerdan al Cristo Redentor que no vi. Que no conozco.
Al Cristo ese que no visité. Como a vos antes de tu partida.
Tú, Cristo salvador.
Disparador de rayos eléctricos.
Tú, eléctrico mesías. Ve en tu canasta lente abriendo mares.
Lloradle a este pedazo de tierra cuando por allá arriba te desplaces.
Apunta con tu ojo hasta que tu lágrima remueve la placa tectónica de mi casa y despierte a mis vecinos.
A ellos. Esos los amantes de Kortatu.
Con ellos cantaré el Sarri Sarri.
Con ellos la revuelta del fenopático será más golpeada, más panketa.
Como las caminatas de la triple P, a media noche, a media mañana en la provincia.
Aquella que nos escuchaba reír
llorar
reír
cantar
dormir
recitar.
Reír-Morir-Abrir los ojos
respirar y resucitar al tercer día entre tanto muerto.
Entre tanta sed
tanto humo en la calle.
En la calle voy contando tus pasos
los días
el tiempo.
Te me largas tatuado sandinista.
Despierta- Dispara.
Demuéstrale al deutsch deine arte
ein Bißchen de tu talento.
Meine kleine sudaka:
Sudala con gracia y tanzen que la vida se esfuma
nos fuma
nos desaparece
nos acaba.


Septiembre

Nací en la mitad,
en el mes que florece lo que ha venido en caída.
De la oscuridad misma.
Soy el esqueleto,
la columna vertebral del invertebrado.
La estructura de la incivilización,
de la barbarie.
La forma y lo no asible.
Lo escapable.
La razón en la imposibilidad de síntesis,
de lo espontaneo
de lo visceral.
Soy el deseo de perfección,
del detalle en el infierno de la desorganización,
de la impuntualidad de la tecnología de la modernidad.
El clásico,
pesimista,
demasiado realista.
Ciertamente en caída
pero levanto mi barbarie,
mi deseo descontrolado por lo perfecto,
impoluto,
impráctico,
inconcebible,
anarco,
inasible,
inhabitado,
in
intolerante estado de no estar,
de habitar de ser,
de sen-tir;
y existo,
en otra tierra,
en otro estado.
Estado inconsciente.
He estado consciente,
presente,
bárbara,
invertebrada.
Cayendo,
volando las tierras,
bajo tierra,
bajo el agua
ahogada,
muerta,
asfixiada de tanta burbuja inalcanzable,
inentendible,
rosa,
violácea.
Viola,
viola tu canto mi alma.
Viola tu voz al cuerpo,
al hueso invertebrado.
Al esqueleto inexistente.
A la carne comida por sus antepasados.
Por el inhumano imperfecto,
impoluto,
civilizado,
tecnológico,
modernizado entre tanto cable de en líneas,
visto,
re visto,
dos vistos,
azules,
on line,
hora.
Te saco la ficha.
Sucia,
destructible,
enferma,
policial.
Viola tu voz al cuerpo,
a las ganas,
al estado inconsciente,
al detalle clásico pesimista,
demasiado realista.
Soy la mitad de la nada que yace en caída,
en la tierra.
Bajo tierra.
En silencio.


Misopostrol

Oxaprost
blokium prost
Marcel Proust
CONTEMPLO A MENUDO EL CIELO DE MI MEMORIA
“todo lo borra todo el tiempo más no apaga los ojos”
Prost por Proust
Salud-Prost-chin chin por el Miso, el oxa, el blokium
Blokium
así te queda el bocho 
Por la cantidad exacta, la receta, las horas
4 cada 12-3 veces
en total 12 pastis
en tu vida te viste clavándote tanta de un golpe
bienvenida a esta Criemfields hormonal
que te hará explotar todos los sentidos
sudar toda la sangre que desconocías tener
y si a esta fiesta no podes acceder
porque no tenes la guita
Ay que Dios te ampare
Herví cerveza negra
Lavandina-permanganato
Agujas de tejer
Té de ruda
Perejil
Inyecciones-raspaje.
Pedile al universo un peaje gratuito al estrellato
A la entrada de una nueva vida
Porque te estrellaste duro
Te morfaste el dolor y la angustia más grande
La peor de tu existencia
Pariste sin haber dado (parido) vida
Solo la muerte
Ahora inyectale garra
y raspa con fe pa ganar otra vida.
Y el Estado?
Seguí participando te dice
Renuncia a toda posibilidad de denuncia
De revelar y dar cuenta del miso
Del oxa que te clavaste
Porque sino estás en peligro
Y si el peligro más grande es a la propia muerte
Entonces?
Entonces nada
Seguí participando
Porque el estado no ha estado
No estuvo
No está.
No te escucha, no existe
Te da la espalda
Te muestra el culo
Corrupto-ilegal
Un globo aparecido de una alegría inexistente
Que legaliza la revolución de la tristeza
De los aumentos
Y nosotras acá
En estado de sitio
Mirando el tarifazo
y el porcentaje de muertes que va in crescendo
Creciendo brutalmente
Como tu brutal aborto
Como los míos
Como los muchos que hoy ya no tienen voz
Que siguen en silencio.


5.4.18

El vicio del vacío, por Giovanni Catelli




Ahora vienes a disuadir al tiempo
el vano oficio de las cosas
está en el peso de la sombra la estación
la distancia real del frío


Este golpeteo de cenizas
seca la tarde
llama silenciosa a la tiniebla
un asombro más vasto
para hacerte acordar de vivir


Necesitas aún el saludo
como estos pórticos del mar
tú persigues vientos de invierno
como espera luminosa de una voz


El pasado ya no muerde
con sus vides de pena
el futuro ejercita todavía
sus musculaturas sin objeto


Tu belleza
ya
fuera de ti
como un traje
perdido




Traducción: Pablo Ingberg