2.11.20

Lo real, por Celeste Diéguez

 

 

 

 

9

 

Cuando viva al fin mi vida

esa vida que

por distintas causas

no he comenzado a vivir aún

Qué haré?

Una existencia activa de milagros concretos

tendré una profesión rentable

debo ganar buen dinero

me casaré joven

antes de los treinta

con un gran chico

clase media como yo

de valores sólidos y sexo pasable

los domingos serán con su familia o la mía

y luego llegarán uno tras otro los niños

me iré poniendo gruesa

trabajaré lo justo para jubilarme bien

y una vez por año

es la segunda quincena de enero

nos iremos a alguna playa ruidosa y concurrida

me haré amiga de mis vecinas de carpa

señoras como yo

a las que veré año tras año

hablaremos incansables de nuestros hijos

de lo que comeremos al almuerzo o por la noche

envidiaremos los cuerpos de las paseantes

volveremos a la casa alquilada

los chicos se prepararán para salir

escondiendo las drogas de nuestra miopía

cenaremos en silencio

tomando mucho vino

blanco tomaré en esa vida

y el tedio se escurrirá en la sobremesa

como un sirviente huidizo;

nos iremos a la cama

dos cucharas que ya

no revuelven nada.

 

Un día me despertaré

con 65 años y várices

la cara salpicada

por el exceso de sol sin protección

mi marido tendrá un pre infarto o dos

por la malasangre y los cigarrillos

todavía me quedarán años para leer y viajar

jugar a la canasta, hacer un curso

abogar por alguna causa

jugar con mis perros, cenar con amigos

o ir a molestar

a lo de mi nuera.

 

 

 

11

 

Nos preguntamos esa vez

acerca de la distancia justa a mantener

con las otras personas

que suben la escalera mecánica del subte:

un escalón –dije

tanto? –dijiste

depende, podés ser invasivo si estás demasiado cerca

te empujan si dejás mucho blanco.

 

Te pusiste contento porque nos deteníamos

a pensar en esas cosas

pero te dije

que no me gustan las coincidencias

me ponen nerviosa

es como estar demasiado cerca;

todo lo que aprende a moverse

lo primero que hace es alejarse.

 

 

 

12

 

Un útero un hombre una hamaca una habitación propia un baño privado una butaca en el medio ni muy arriba ni muy abajo un asiento individual junto a la ventanilla un juego de cubiertos una celda de máxima seguridad una jeringa recién abierta delante de mí la yerba nueva para empezar a cebar un novio de otra un cepillo de dientes exclusivo para mi boca un jesús personal un cajón donde nada más entre mi cuerpo un número de pin único e intransferible una clave para el face una clave para hotmail una clave para gmail la clave linkedín un solo donante anónimo un preservativo que será usado por primera y última vez una tarjeta sube sacada con mi número de dni un cenicero limpio un solo corazón para toda la vida un lóbulo frontal una bolsa de dormir roja un tórax un número de calzado invariable una lengua en común.

 

 

 

15

 

Un cuerpo que se desmantela

Cree en su posibilidad de estar en todas partes.

 

 

 

16

 

Y cuando aquella terminación de la calle bahía blanca

cruzada por sunchales

ahí donde como un pequeño huevo

fui puesta

pequeña y hippie

pequeña y sombría

doble nudo cadena sobre la lengua materna

sobre la lengua paterna

una gramínea de adn

un melilotus apenas

¡silvestre!

una semilla partida

fuera de surco desacopiada

cada uno en lo suyo y en lo suyo ausente.

 

Que como un tobogán por mi lengua se deslice

la paterna y yo sienta

en el pecho de embrión apenas el empuje

maniobras de vuelo que debiera

en esa casa de pilares

verdes y blancos con matas floridas

de retamas, mburucuyá y un aromo

que en ese patio donde descalza

vi sapos, ranas y culebras

nacer, morir a mis perros

y me clavé el freno de la bici

en esa casa en que sigo

siendo de algún modo huevo

rosado entre ustedes

una balsa de juncos flotando

hacia la vida tuya mía

hasta la muerte tuya mía

un huevo rosa adherido a un junco

huevo de caracol que también es boya

surco en el agua dejado por la tanza.

 

Para que desde todos los lugares donde

este huevo ha sido empujado a rodar, ruede

para admitir

que estar en casa

era esa casa de la encrucijada

de la calle bahía blanca cortada por sunchales

pueblo perdido en lo rural de la provincia

pueblo periférico la casa de mi padre

periférico el barrio de mi madre

de pie y de espaldas frente al viento en la laguna

de pie y de espaldas frente a los árboles que volaban

y yo mirando desde abajo y desde atrás

lo que debe entonces una mujer

cuidando el huevo lo que nace

lo que necesita de sombra para crecer

y en a sombra de quien se quedó

en la casa hecha cruz par ella

cruz para mí

la casa que hacía cruz dos calles

que terminaban en el agua

la casa donde fui huevo y me rompí;

espejo en los ojos de quien quería escapar y debía

por su condición, quedarse.

 

 

 

17

 

Si pudiéramos viajar hacia atrás

américa, áfrica, dicen

eran una sola cosa.

 

 

 

19

 

El cuarto propio pero abarrotado de ajenidad una boca que habla en otra lengua que se habla a sí misma una boca que le habla a otra boca una lengua que se habla a sí misma una boca que le habla a otra boca una lengua que consiguió otros bienes va atrayendo la desgracia la peste la corrupción y si eso que se llama el otro fuera sólo un cuadro con lo que hay que aprender una sosa raya de karma que si no quedó claro ahí vamos que si vas por ahí de nuevo ya sabés que después viene eso?

 

 

 

                                             Tomado de: Celeste Diéguez, Lo real, Buenos Aires, Caleta Olivia, 2018.