…y que todo esto no es nada nuevo/ y que la vida es preciosa/y que eso es todo/lo sabemos/lo sabemos/lo sabemos perfectamente bien/ y que lo sabemos perfectamente bien/eso también lo sabemos
Hans Magnus Enzensberger
ESPERANZA
La espera aovillada sobre la silla a la que hay
que enmendarle una o más patas. Está de frente, de costado, avergonzada,
malhumorada, animada, secreta, caliente, templada en la fragua. Según la
esperanza todo es posible. Todo es posible que nunca ocurra. Que lo que ocurra
no sea lo esperado. Que lo posible no se cumpla. Que lo que se cumpla sea a
medias. Que las medias sean cuartos. Que los cuartos sean tercios. Una
dimensión aurea sería la apropiada. Al final las partes se reconcilian. Se
visibiliza lo que se espera con equilibrio entre los elementos. La tierra, el
cielo, el tiempo. Yo, tú, ella/él.
Nosotros y las circunstancias.
INUNDACIÓN EN EL TRÓPICO
Lo tendría que haber
dicho. No esperar a que la lluvia inundara las galerías, la cocina, los
cuartos, más la destrucción de los artefactos y los libros. Lo tendría que
haber dicho porque antes de la tormenta le hizo marcas en las muñecas para
salvarla. Solo pudo rescatar –por necesidad de época– el dispositivo móvil con mensajes
que interpretó ayudado por Freud y Lacan. Las mariposas atrapadas entre las
hojas. Las moscas verdes en la basura. Los vidrios rotos flotando. Los pájaros
emplumados con su soledad. Lo tendría que haber dicho, pero el silencio era un
océano de cosas en desuso.
FELICES VACACIONES
La vida
sigue. El mundo sigue desde que te desenchufaste. A grandes rasgos o a vuelo de
pájaro; la guerra Ucrania–Rusia se reavivó. Los bombardeos entre Irán y Estados
Unidos siguen iluminando el cielo de Teherán. Gaza en crisis humanitaria y sin
agua. Cuba cada vez peor. Por aquí ni te cuento los proyectos del apátrida,
pero estuvimos liados con acusaciones de ser país “racista”. Bueno, ante todos
los males que nos aquejan y los males del mundo sería tema de poca importancia
devenido de alborotos algorítmicos. ¿Ya te conté lo de mis ex compañeros de
trabajo bolivianos que eran racistas con los “cholos”? Si así no fuera lo
contaré en otra oportunidad. No quiero estropearte tus vacaciones en la nieve.
Aunque todos nos merecemos un descanso. Un cambio. Llegar con la mirada y con
lo que hay detrás. Vaciarnos y construir algo. Tal vez olvide algún conflicto,
alguna buena noticia. Siempre recuerdo aquella frase “Entre todas las pestes,
el “amor” es la peste menor”, ¡qué pensador que sos! Sí, sé que no te referías
al amor universal, a la ayuda al necesitado. A la meneada empatía. No soy tan
tonta. ¡Ah! quizá cuando recibas lo que cuento en las primeras líneas, todo
puede ser diferente.
LA QUEMA
Los
paisajes destrozados con los ríos, los árboles, los senderos, las flores, las
piedras y los pájaros. La vida de las personas con los amores, las
infidelidades, los robos, las injusticias, las casas, las hipotecas, las
enfermedades y las muertes. Una porción en un valle pequeño que es réplica de
otro más grande. Enciende un cigarrillo y tira el fósforo. Con avance Pirro
ejerce el dominio sobre sus creaciones. Intuía algo cuando veía los borradores
en prolijas carpetas al lado de la Salamandra. Pudo adivinar que, cuando
escribía a mano, con la punta del bolígrafo extraía espinas alojadas debajo de
las uñas. Saltaba sangre y si alguien de su entorno intimo lo veía en el
acicalado doloroso, no dudaba de echarlo a las puteadas. Hoy a la distancia
admira su serenidad de monje. Aquellos borradores quemados son de un valor
incalculable.
REFLEJOS
DORADOS
¿Cómo
era el tiempo anterior a este? No te lo preguntás porque responderías que fue
igual a la tiranía del insomnio durante las noches. La mesa estaba puesta. La
vida retozaba los domingos. Había tardes de mirar vidrieras en shoppings y
complacer con la tarjeta de crédito. Una vuelta en la que viajaban todos juntos
en la nave azul o en la catramina blanca. No había una vez una mariposa que
volaba gentil. Un cuento. Abrís el aparador por sí está la botella de whisky
para olvidar que soñaste con una nena que no encontraba a su mamá. “Mi corazón alborotado necesita un descanso”
pensás cuando el líquido dorado mezclado con saliva ácida, tiene un sabor
diferente. El ruido del motor te ha despertado, “el descanso puede esperar” y
sentís que tu pie libre sobre el acelerador se desprendió del gancho. Los
carteles a orillas del camino son un desafìo que no reverencia los recuerdos.
La cinta gris del asfalto es el mapa de una isla nueva que se aparta del
continente. La luz cegadora de frente la esquivabas a los volantazos y, a pesar
de la urgencia de tu vejiga, no parabas. Solo lo hiciste de madrugada en el
piedemonte de la montaña. Estabas mojado e impresentable, aunque igual, locos
de amor.