Si sos buena persona,
puede que se te acerquen los animales. Las vacas, aunque seas buena persona, no
se te acercan porque son tímidas, salvo que te conozcan desde bebés. Las vacas
tienen mucha paciencia y muchas ideas profundas como las ballenas. Si se te
acerca un perro, quizá es por tus nervios. Quizá porque estás llorando o querés
llorar. Si el perro llora, quiere que le abras la puerta. Los gatos transmutan
la energía, la cambian por otra cosa. Los animales se hablan a través de los
ojos: de ojo a ojo, de una oscuridad a otra. Para que las personas te respeten
en tu barrio, también tenés que mirarlas fijo a los ojos. Los perros se
comunican por el olor, una especie de holograma. Cuando huelen en la calle,
pueden deducir: por acá pasó un gato, una paloma, otro perro. Cuando los paseás
en la calle hay que dejarlos oler porque están leyendo casi una novela y a
nadie le gusta dejar las historias por la mitad. Si cuento una buena historia,
las personas me respetarán más. Si te encontrás con un animal nuevo, abrí las
manos y mostralas del derecho y del revés. Así lo dejás que sepa que con vos,
todo bien, no le vas a hacer daño. A más daño, más desconfianza. A más
desconfianza, más dolor. A más dolor, más coraje. Si te encontrás con un
chancho de monte, quedate quieta. Si te encontrás con un gato salvaje, levantá
los brazos y parecé más grande de lo que sos, eso los hace irse para otro lado.
Las víboras no atacan, sólo si las pisás. Para no pisar una víbora, tenés que
estar atenta y usar botitas. Las monjas no le tienen miedo a la muerte porque
supuestamente ya están en el mundo celestial. La luz que se proyecta sobre
algunas cosas es un mensaje celestial. Si lo leés, sos una persona especial o
una monja. El mundo celestial tiene todos los misterios. Cuando te morís, los
misterios se revelan. Las personas que se mueren reciben los misterios; las que
nacen, un don. Las monjas reciben un mensaje directo de los cielos. Las abejas
saben todo lo que tienen que hacer apenas nacen, reciben el mensaje de su
colmena, el don del panal. Las abejas viven en un sistema muy autoritario. Si
alguna desobedece al plan colectivo, la matan. La reina es la más esclava pero
toma jalea real cuando nace. Acceder a buenos productos te da estatus pero no
libertad. Todo es por el bien común en un panal. Afuera del panal, es por el
bien de cada uno. El sistema humano procura el bienestar de las personas con
más productos. Las personas con más productos quieren más productos. Los
vampiros pueden estar en cualquier lado. Hay personas que pueden descifrar
mensajes celestiales, las personas que tienen el don. Hay personas que pueden
ver nubes blanquísimas. El don se recibe de bebé. En el mundo de las personas existe
el bien y el mal, existen los vampiros y las monjas; también el don y la falta
de don. ¿Existe que no puedas ver el don? No lo sé. En el mundo de los
animales, existe el equilibrio y el desequilibrio. Después de una tormenta, los
pájaros buscan los palitos para volver a armar sus nidos. Cuando llueve, se
refugian en una cueva secreta, quizá en el mundo celestial. Cuando deja de
llover, se sacuden el agua como los perros, en los cables de corriente. Los
búhos no vuelan cuando llueve, no tienen plumas impermeables. Si sale el sol,
los pájaros se dan besos en los cables de corriente. Los pájaros tienen un
árbol preferido. El palo borracho les avisaba a mis tías que empezaban las
clases. Los perros les avisan a las personas que hay gatos en el techo. Los búhos,
que va a mejorar el clima. Si se juntan en grupo, las vacas te avisan que quizá
llueva. Algunos perros ven los mensajes celestiales. Un día Tina, mi perrita,
quería salir a pasear y yo no podía sacarla. En mi casa había muchas personas.
Tina no podía salir porque yo estaba charlando con las personas. Charlar con
las personas es más divertido que estar en silencio. El silencio con algunas
personas me da nervios. Los perros se te acercan cuando querés llorar o estás
nerviosa. Tina me trajo un pajarito de plástico mascado. El pajarito estaba en
un altar, era un regalito que yo le había hecho a una elefanta de yeso que
conecta con el mundo celestial cuando le prendo una velita. Tina conecta con el
mundo celestial. Le robó el pajarito a la diosa, lo mascó y me lo trajo. Quería
llamar la atención. Si llama la atención, va a pasear al parque y puede leer
las novelas de amor en el pis de la calle. Lo que más llama la atención para
Tina es romper algo del altar donde me conecto al mundo celestial. Sabe que lo más
importante es dónde depositás tu fe.
Tomado de: Las bandidas abren el tesoro: ¡qué suerte!, Bahía Blanca, Vox/Lux, 2025.-