Pulposa,
fresca y dulce. Casi obscena. Su olor lo invade todo. Es uno que prima y lo
hace feliz. Contiene el jugo en las comisuras con ayuda de las manos. Caníbal.
Y se nutre de la soledad que es su refugio. Besa y sorbe. Se deleita. Cuando acaba
corre a limpiarlo todo. Como queriendo borrar el aroma del placer.
Mostrando entradas con la etiqueta denise koziura trofa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta denise koziura trofa. Mostrar todas las entradas
10.10.19
1.5.19
Gelatina, por Denise Koziura Trofa
Nunca me
gustó la gelatina.
Ahora
comprendo que siempre comí gelatina light. Quizás tendría que posar mis
palabras en otras bocas y sólo entonces hacerlas salir al campo. Bocas gozosas
de azúcar. Yo no puedo. Siempre está el fantasma de la diabetes. Aunque me
acosan otros fantasmas. Están los pasados y los peores: los existenciales. A
esos les temo a sobremanera, les disparo con pastillas de colores. Confites que
me inflaman el vientre, las piernas, los brazos. Y en la huída, mis carnes
danzan. Se mueven como un todo amorfo. Como el bollo que aspira a ser pizza y
está levando. Mucha levadura también hace mal. Crece la masa hasta que rebalsa
el bowl. Se grilla. Explota. Salta el botón. El jean me lastima la piel. Lo
abandono. Me hago amiga del jogging y corro con mis brazos que flamean como
banderas. Me apuro dejando atrás la angustia que ante el más mínimo traspié me
abraza. Me envuelve. Me contiene. Y de buena que es me llena la boca mientras
me tiende la mano. Me resigno y le acepto el gesto. Corremos juntas a lo Heidi.
Vuela el bollo hasta que cae con fuerza sobre la mesada. Es casi todo grumos.
Pero le insisten. Le piden que crezca, que se ponga más lindo, que vaya a la
universidad. Él ya sabe que le espera el horno. Se calienta y cambia su
estructura. Ya nada es como lo era. Todo está teñido de rojo. La mozzarella se
diluye y burbujea. Lúbrica. Esa salsa también combina bien con los fideos. Que
son como sogas. Sogas como las que adornaban el cuarto de los tíos de Luján.
Sogas de esas gruesas que tienen como pelitos. Pelitos como los que Fabián
tenía en el pecho. Llega la pizza y todos la engullen. Yo no porque ahora me
recuerda a los pelos y se me revuelve la panza. En el ejercicio de mirarse el
ombligo, puede uno, ante la oquedad, toparse con el infinito todo. Apelo a mis
confites amargos. Como el postre para pasar el trago. No repito porque los
otros ya me miran mal. Seguro que el flan se te aloja en la cadera, porque ya
sos todo cadera. Venís a ser un Koinor. Premio al transformismo. Y sus miradas
me ensanchan. Y mi cuerpo abarca la habitación toda. Contengo la respiración
para no inhalarlos. Para no tragármelos a ellos también. Alguien tiene la
lucidez de abrir una ventana. Algunos parten y otros se asoman al balcón.
Aprovecho mi soledad para coquetear con el flan que me guiña el ojo. Yo hago
que lo ignoro pero me somete. Ante el menor gesto de debilidad me aprieta las
manos. Pero mamá oye me quejido y me rescata. Echa fuera el flan mientras me
explica por qué no me conviene. La diabetes, me recuerda. Y me acerca un pote
con gelatina.
Etiquetas:
crónicas,
denise koziura trofa,
literatura,
relatos,
sueltos
13.12.18
Mariposa, por Denise Koziura Trofa
Todo
esto me recuerda aquella vez que quise atrapar una mariposa. Tendría unos
cuatro años. En cuanto la visualicé entre las flores corrí dentro de la casa
para buscar con qué atraparla. Encontré el frasco transparente de un yogur que
acababa de comer, y la esperé paciente hasta que dejó de revolotear por ahí. La
agarré cuando se posó sobre la alegría del hogar. Volví a meterme dentro,
contenta, pero tardé menos de un segundo en reparar sobre lo que había hecho.
Las alas estaban pegoteadas entre los restos de yogur, el bicho estaba inmóvil
contra uno de los costados del frasco, como aceptando lo inminente. Mis
esfuerzos por deshacer lo que había hecho, le pusieron fin a su existencia. Sin
saber qué otra cosa hacer, le extendí el recipiente a mi mamá. Todo aquello me
produjo una sensación en el pecho, que entonces fue nueva. Todavía no puedo
sacarme de la mente esas alas embarradas contra el frasco, en un pastiche
naranja, negro y blanco…
¿Aquellos
hombres eran capaces de sentir algo como eso?
Imagino
que no.
Etiquetas:
denise koziura trofa,
literatura,
sueltos
15.8.18
Honesta, por Denise Koziura Trofa
Tenía que ser
honesta. Mientras tomaba su cartera colorada del montón, y caminaba con paso
seguro hacia la puerta de salida, vio venir a los tipos. Y supo, con certeza
casi poética, lo que estaban a punto de hacer. Su instinto la impulsó a seguir
caminando, con su mejor cara de póker. Fingiendo que no le llamaba la atención
que entraran con el cuello polar hasta la nariz. Se abrió paso mientras ellos
ingresaban, como distraída, aprovechando el vaivén de la puerta.
Ahora que los flacos
estaban atrincherados junto con sus compañeros sentía un poco de culpa. Se
persignó al enterarse de su suerte. Se acercó hasta el lugar para hablar con la
policía. Temía que la estuviesen esperando. No la dejaron acercarse demasiado,
pero desde donde estaba pudo oír los gritos y el eco de los disparos. Todo
parecía de lo más irreal. Entre los uniformados había un dejo de tensión, pero
para nada se parecía a los operativos que había visto en películas como las de
Mel Gibson. No atinó a hacer otra cosa más que quedarse quietita y presionar
contra sí la cartera. Apretó los ojos, porque si una bala perdida la encontraba
prefería no mirar. Al rato, menos que un minuto, todo fue silencio.
Vio salir a sus
compañeras, temblaban. Vio entrar a los policías. No vio salir a los
delincuentes, tampoco a Manuel, el chico de seguridad. Lo bajaron apenas entraron, le comentó una de las mujeres. Fue horrible. Que suerte que se te ocurrió salir a comer. Entraron justito cuando vos
saliste… Sacó del bolso un paquete de carilinas y se lo regaló. La verdad que ni los vi.
Etiquetas:
denise koziura trofa,
literatura,
relatos
10.5.18
Cubierto, por Denise Koziura Trofa
Pamela
fue una muchachita con una adolescencia de pocos sobresaltos, ella había sabido
sortear los pesares más profundos sin chistar. Cuando pasó aquello con tío
Roberto, por ejemplo, no dijo nada. Supo algún tiempo después que su madre
Cristiana supo. Pero como ella, guardó silencio. La familia extendida era el
único sostén de ambas mujeres. Así que se dijeron sin decir, mejor callar.
No fue
gratuito sin embargo aquel silencio, porque el aura filial se fue
ennegreciendo. Tanto que, dados los inexplicables sucesos que se dieron en el
entorno familiar, acudieron al cura del barrio para que les bendijera la casa.
Más tarde a la bruja. Incluso consultaron a una tarotista, que a todos los
parientes le leyó a las manos. Excepto a Pamela.
Los
misteriosos acontecimientos se sucedieron hasta la nochebuena, donde todo, por
algún motivo energético –también carente de explicación–, se vuelve más
intenso.
Concluida
la reunión, hecha la limpieza, de la casa de Cristiana faltó un tenedor.
Revueltos los cajones, entrada la basura, la mujer se movió veloz hasta la casa
de su hermano Roberto. Tocó y se metió dentro sin saludar. Corrió hasta la
habitación matrimonial a empujones, y en contra de los pedidos que se le
hacían, levantó el colchón.
El avistaje
del cubierto los dejó a todos sumidos en un mutis, que fue la antesala de una
explosión de gritos.
Etiquetas:
denise koziura trofa,
literatura,
relatos,
sueltos
13.1.18
Rayos, por Denise Koziura Trofa
Miró cómo se
elevaba esa construcción frente a su casa y entonces le quedó claro que en el
futuro, los rayos de sol serían solo para aquellos que los pudieran costear.
Sintió un profundo odio por los nietos del finado Don Manuel, que no habían
esperado nada para rematar la casa del viejo. Pirañas. Murmuró y después los maldijo. Pensó entonces que sería
lindo tener poderes sobrenaturales y estiró la mano en dirección a la nueva
edificación. Se le tensó el brazo, la mano, pero nada. Ni un mísero vientito.
Pronto le dio culpa lo que estaba haciendo y se hizo la señal de la cruz.
Volvió adentro. Luchó por ocuparse y pensar en otras cosas. Al rato estaba de
nuevo afuera con los brazos cruzados. Por lo menos era domingo y no se oía
aquel molesto martillar. Miró a sus plantines, y al ligustro que se erigía
frente a su casa, con pena. Ya no les daría el sol de la tardecita. Ahora se
tendrían que conformar con la luz del mediodía. Por poco llora mirando las
flores. Sacudió el puño de nuevo en dirección a la construcción, contendiendo
la bronca. Y golpe.
Un ruido a cosa
enorme que cae y pega de seco contra el suelo.
Se acercó dos
pasos, y achicó los ojos para ver entre la nube de polvo. El calorcito pronto
le alcanzó la cara. Era el atardecer que se filtraba a través de la
construcción que se había venido abajo.
Se miró las manos
callosas con sorpresa y orgullo, y acarició al árbol de la vereda.
Etiquetas:
denise koziura trofa,
literatura,
relatos,
sueltos
28.11.17
La Calandria, por Denise Koziura Trofa
En una reversión del cuento de Edgar Alan Poe, me persigue la calandria.
Primero
fueron gritos. Unos cotorreos horrorosos que no había escuchado jamás. Pero
pensé que no era a mí. Que le gritaba así a la vida, pero no. La segunda vez
fue peor, caminaba al almacén, cuando el bicho me acechó, saltando de rama en
rama. Intimidante. Por supuesto intenté negarlo. No se lo comenté a nadie.
Asumí que eran ideas mías. Sin embargo no faltó nada para que confirmara todas
mis sospechas. Al día siguiente se me fue al humo. Iba distraída, lo que hizo
de la experiencia un hecho aún más traumático, el pajarraco se me vino encima,
planeando a mis espaldas y me pegó en la cabeza. Grité y sacudí manotazos para
todos lados. Alerté a más de un vecino. ¿Desde cuándo los pájaros hacen esas
cosas? Ellos me dijeron que a veces pasa. Que lo que tengo que hacer es
alejarme de ahí. Pero está atrincherado a diez metros de mi casa, no puedo ni
sacar la basura tranquila. Desde el episodio temo a todas las aves y solo tengo
que asomar la nariz para escuchar su jarana.
Me
acosa una calandria y no me atrevo a defenderme.
¿Quién puede vivir
tranquilo luego de matar un pájaro?
Etiquetas:
denise koziura trofa,
edgar allan poe,
literatura,
sueltos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)