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2.8.26

Estudio sobre un capricho barroco, por Gastón Moyano

 


Antes quería ver los detalles de algunas flores, en especial la Lila Atigrada, quería saber sobre sus vidas, sus ciclos, las imaginaba a lo largo del suelo de los árboles, quería describirlas como lo hizo Linneo, pero donde vivía no había clima para las lilas, solo en algún jardín de alguna vecina, no en estado natural. Solo árboles de pimiento. Crecen con poco, no tienen partes muertas, ni hormigas, solo el verde necesario para sobrevivir en el piedemonte del Fachinal. Mirando árboles de pimiento encontré una estatua de caliza, de tamaño natural, una curiosidad barroca, tan rara como una lila atigrada en este lugar. La estatua de una Santa, en medio de un grupo de árboles de Pimiento, un banquito para sentarse a rezar. La Santa rodeada de lirios sería un cuadro perfecto del cristianismo plebeyo.

Leyendo sobre hagiografía encontré la Vida de Santa Rosa de Lima, de Leopoldo Marechal, la santa se relacionaba con delantales blancos de maestras, Los nombres de la Rosa, el prodigio de la imagen: la Santa  tenía un nombre de origen árabe, Jam-Alá que significa hermosa, no tenía datos hagiográficos de ella, registré los efectos de la luz, en distintos momentos del día, desde diferentes posiciones de observación: de frente cuando el sol le pega en todas partes, justo al mediodía, los efectos duran poco, el manto azul. Rojo en la cara, en las manos, en la punta de los dedos de los pies, sobresalían debajo de la túnica blanca, que recibe los cambios de color que le envía el ambiente, de ahí se distribuye al cuerpo, cambia en leves detalles, la figuración gravita como escombros que uno despeja, porque no son la realidad de la estatua, el aire caliente hace humosa la percepción, móviles los contornos, la luz lanza una escala encantada a través de los árboles, se abre un ángulo para una dulce plenitud el campo visual, su reflejo en la Santa rompe la retina, a la manera de los arquitectos primitivos y maestros vidrieros del Gótico, se sustituye la opacidad por irisaciones, sobrenaturales apariciones multicolores, los destellos se dibujan como si nuestra Santa fuera un vitral. La intensa luz cambia, se hace más fuerte, pero de otra manera, ya no cubre todo, recalienta la tierra, hace mucho calor esa fracción de tiempo que es la hora de la siesta, hace verde marrón la parte baja del manto, a la altura de los hombros tampoco se nota lo que era azul a la hora anterior, toques amarillos de poca consistencia, la luz de esa hora produce un contorno en la Santa de color amarillo pus, que también se desprende de los alrededores, rojos en medio de los toques amarillos, que después se hará desnudo, enorme, por un efecto percutor de los bermellones y los cromos, hasta los brillos ácidos del anti natural anaranjado aparecían en diversos matices de la luz, para después pasar a ser parte del rojo en el amarillo, en otro ángulo, uno de 90 grados a la izquierda de la Santa el azul mantiene un pequeño espacio de equilibrio en la punta de la capelina, con molduras de índigo que irán bajando de a poco, el cinto en medio del cuerpo es un tocado de vuelo angelical. A la tarde el azul se estabiliza, se hace mayoría en contraste con los anaranjados, siempre vivos en los caprichos de la luz, sus tonos en las piedras prefiguran los reflejos en la Santa en otra hora del día. Ahora la estatua de la Santa no está, hay una Iglesia Evangélica Pentecostal, al pasar tropiezo con una de las piedras, todo alrededor se desvanece, la entera realidad del Lugar a esa hora, quedo aturdido por oleadas de éxtasis, saturado de esa misma felicidad la monotonía se torna luminosidad cegadora, y de repente la Santa surge de los días olvidados, su esencia radiante no se registra en la vulgaridad de un recuerdo cotidiano, en esta reduplicación de un equilibrio precario, se invade sucesivamente por los pimientos, por la marea alta del sol de la mañana, inundan como en un acuario, y en último lugar por el Fachinal, sus partes, y la escritura acre y distinguida, a la que doy forma y dicción hasta convertirse en este texto, donde alucino que aún tengo por delante lo que ya dejé atrás. Describo tres de estas estaciones, ordenadas de mayor a menor Brutalidad:

un paseo por el Parque San Martín en el que toda figura femenina era una Yamila, y los que iban a comprar porro ahora empalideciendo y desintegrándose, con una simetría inversa en sus nebulosas; la segunda una conversación escuchada que no revela nada del origen de la estatua, pero si el sufrimiento de los que le rezan, y finalmente unas fotos de la Santa sacadas con mi Zénit Soviética en el año 2001, esta Yamila resucitada perturba el sepulcro real, el cementerio descuidado de mi corazón, y el color de la luz del sol filtrándose en el recuerdo, o el color en el cinturón de la propia Yamila, bañada de la época merovingia, en el amaranto y la luminosidad de su nombre, la primera vez que la vi, ninfa entre jazmines y alhelíes de color cobre.

El registro subsiste bajo la forma misma de la predilección y la ternura, la Santa, hace un instante tan lejana y ajena a mi corazón, es ahora no solo una obsesión, sino parte de mí mismo, algo que llevo adentro. Es la memoria involuntaria de la magdalena de Proust, lo que me trae ese azul, verdes, grises, la Santa es igual a los ríos que asumen el color del cielo, dependiendo de la hora, el ángulo de observación, vuelve la mano sin dedos de la Santa, la izquierda, esa parte que no estaba, deja la suavidad del gusano de seda al tacto, los colores de la Santa se van ´por los dedos que le faltan, su presencia huye por ahí, de su columna erecta, más allá del ovalo que la contenía, la huida deja un bordado de satén de un solo color, coagula en el registro, se abrazan en una lucha,  los boxeadores que pintaba George Bellows en NY. La memoria involuntaria traza un mapa en el cuerpo de la Santa dentro del mapa del Lugar, las líneas topográficas alumbran la impresión del tiempo que pasa en todas direcciones, una ronda entorno al ovalo, también deja un efecto en los testigos que vi rezarles a la Santa:

dos pibitos inquietos, se habían robado una platita, agradecen que ella los cuidara, le dejan cigarrillos, y 50 pesos en el 2002; una piba que soplaba poxiran, lloró mucho ante la Santa, 2002; una pareja reza por el alma de su hija, 2003;pibes sin remera, llenos de tatuajes del penal, uno muy flaco de cara delicada, otro un poco más viejo, sin visera, al tercero, la cubata le llegaba debajo de los hombros, el cuarto, una rareza en el Fachi, un albino, con el pelo casi blanco, los ojos azules, en medio del caos de los morochones, 2004; otro que le decían Caballito, porque su padre tenía una carretela con caballo, le dejó un rosario de plástico,2005; estudiantes de Trabajo Social, de Sociología sorprendidos por la estatua en medio de la villa, 2006; el Chochán un niño de 12 años, se bajaba de su caballito, parea besar los pies de la Santa, en el 2006; con los continuos besos los dedos de los pies se fueron gastando, esa pérdida no era instantánea, no la ven los ojos, como el Hércules de Agrigento, del que Cicerón decía: “la boca y el mentón están un poco más gastados, no solo tienen la  costumbre de venerarlo, sino también de darle besos”, la negra Bárbara le agradecía por haberla ayudado a conseguir el plan Mi Casa, para ponerle techo a su casa, 2009;

Santa Yamila, una Lucrecia del Vaticano, convertida en Carmelita, para lo viviente que no existe más, un ritmo testigo del pasado, la ecuación proustiana no es sencilla, toca como gigantes sumergidos en los años, épocas vividas por ellos, tan distantes, y entre las cuales tantos días han venido a situarse en el tiempo, no lo podemos recuperar pensándolo, como  en el poema 26 de Baudelaire:

“Aromas y promesas/ y besos infinitos/ renacerán de un pozo

prohibido a nuestras sondas”,

la memoria involuntaria da referencia, no descubrimiento, es explosiva e inmediata su total deflagración del recuerdo, elige la hora y el Lugar en que habrá de suceder el milagro, encuadra a la Santa, sus arcadas, y el horizonte entero en el arco de su mano sana, en el doble intercambio el sol emanaba un dorado muy bello, se reorganizaron en las bolitas rojas de los árboles del pimiento, la tierra en las hojas incidía con un marrón, suave en los reflejos naranja en la cabeza Santa, era un singular atletismo ese de los reflejos, en las tardes la luz se armonizaba un solo amarillo, del centro del color, se escapa en pedazos la estatua en un esfuerzo inmóvil, deja algo de ella en las hojas de los pimientos, la imagen se disuelve como un poco de grasa en el agua hirviente, no tiene cara es una cabeza, puede ser la cara de cualquiera, una santidad distinta, sus colores salen, ascienden como si describiera huesos que salen de la carne, el objeto más alto para la piedad, la carne sufriente, el recuerdo de la cabeza deshace la cara, veía pequeños trazos de tierra a su alrededor, la Santa tiene las sensaciones del Fachinal. El Fachinal está en el piedemonte, es rosa seco en un centro azul, un charco verde subsiste para derramarse en la parte de la Santa que da la oeste, es una verdura púrpura, más colores lisos cayendo en la luz blanca. Me dejo llevar, no sin deleite, por lo que registré, escribo de nuevo lo que leía en los Simulacros de Lucrecio, los matices cambian por la mezcla con otros en el aire, en la gama de tonos, se oponen entre sí, hasta llegar al centro del matiz, el tono vivo se repite en el tono roto, el blanco del azul, en los verdes, los violetas, rojos, rosas, fluyen por la mente, por el musculo, no hay una geometría estable del color en este lugar ni en la estatua, un liso violeta entre contornos rojos, la decoración para iluminaciones encantadoras,  de lo que estaba y de lo que queda.

 

14.5.26

Dujorvnic pintor, por Gastón Moyano

 

 

Juan Dujorvnic ha muerto en Malargüe. Los suplementos culturales de los diarios, las revistas de arte de la Subsecretaría de Cultura de la provincia, apenas lo nombran con indiferencia necrológica. Una publicación, menos lacónica, de un grupo de ex estudiantes de Artes Visuales de la UNC, reivindica su docencia, su obra y su personalidad de artista.

Ese grupo de estudiantes de Dujorvnic, antes de su muerte compilaron sus clases, hacen lo que hicieron los estudiantes del lingüista Fernand de Saussure, un homenaje parecido, así se publicó después la Curso de Lingüística General.  

“El profesor Juan fue difusor de los pintores de New York, de 1910 a 1920, para D. la palabra vanguardia nunca estuvo mejor encarnada que en Picabia, Duchamp, Gabrielle Buffet-Picabia, Arthur Cravan, Elsa Von Freytag-Loringhoren, George Bellows y el Formalismo Ruso, pero eso es tema aparte, porque trabaja con el lenguaje escrito”, esos eran los contenidos del Programa anual de sus clases, una rareza para los monótonos planes de estudio de la academia de arte en el interior de la provincia. Enseñaba Dibujo, Inglés e Historia del Arte, evocaciones que no alegrarían al difunto. Esta es una pequeña guía visual de las clases de Dujorvnic, se describe su pensamiento y su obra: “el arte rupturista que divulgó en una provincia tan poco rupturista, los artistas locales casi no le interesaron, ni los motivos del terruño mendocino, tan celebrado por los pintores del Gran Premio Vendimia de Artes Visuales”.

Tenía un diseño de museo íntimo, con los pintores que le gustaban, las clases eran un catálogo caprichoso que guardaba cierto orden íntimo, el ambiente, las obras. Hay una extrema dificultad en caracterizar sus clases, tenían un sentido pedagógico diferente del que suelen tener. Iban a contra mano de la tradición provincial. Sus Programas son una masa de textos diversos desde el aforismo, al dibujo, el apunte psicológico, la observación antropológica, el ensayo político, el dato autobiográfico, la crítica de arte, la crítica literaria, la cita, la nota al pie de página, el poema en prosa, el estudio de lo estético, la filosofía, la historia del atletismo, los colores que usaban los pintores que enseñaba. Le importaba menos la enseñanza del arte que la función social del arte, la educación de los jóvenes en el arte, la actividad física, practicó y enseñó boxeo, era fundamental, este nunca se creyó genial, daba en sus clases esos artistas porque percibía con lucidez la condición experimental de sus obras, admirables, y en algunos estaban las virtudes de la pasión, “lo que se hace con la mano y también lo que se reutiliza, lo obtenido ya hecho, es una negación de definición de arte, sabemos lo que hace el arte, pero no sabemos lo que es”, por eso creía que era mejor para sus estudiantes, mostrarles las vidas y las obras, sin intención de definir nada, ya que lo estético siempre debía tener un elemento de asombro, nadie se asombra de memoria.

Dujorvnic no elaboró una obra extensa, magna, para los museos ni para los turistas, fue más un agitador, un militante social del arte, sus clases tenían un lema que era un verso de Jules Laforge: “tú proporcionas la materia bruta, yo me encargo del alma del arte”, así presentaba su personal Programa de estudio y Bibliografía para Historia del Arte de la primera mitad del siglo XX. Decía: El arte del siglo XX tiene su centralidad en la New York de la Primera Guerra Mundial, la ciudad era en sí misma una obra de arte, una obra de arte total. Su crecimiento fue armonioso en ese período, como la propagación de las ondas en la superficie del agua cuando se lanza una piedra, es una buena idea demoler los edificios viejos, los viejos recuerdos, con los exiliados, expatriados, desertores, “nos hablaba de artistas que casi nadie había conocido”, mostraba a los artistas en una galería de notas biográficas, desordenadas, con bastante genialidad, por ejemplo, contaba durante toda una clase sobre la baronesa Elsa Freytag-Loringhoren, personalidad extravagante y extremista aventurera, de 40 años, llegó a New York en 1913, la Baronesa vagaba ataviada con un uniforme de soldado de la Guerra Franco-Prusiana, en el contexto previo a la Primera Guerra Mundial , resulta una obra viviente y ambulante, con los labios negros, el pelo rapado y violeta, verduras a modo de sombrero, estampillas pegadas en la cara, una jaula colgada al cuello, soldaditos de plomo enganchados a la camisa, sus insólitos atuendos fabricados a partir de objetos desechados, sus provocaciones extremas (arrestada por hacer un striptease en la Bolsa de Valores), la brillante reivindicación de la bisexualidad, hacían de ella algo más que una atracción pintoresca, activismo de la vida cotidiana, escribía poemas, se ganaba la vida posando para estudiantes de pintura, vivía en un departamento lleno de gatos y perros, Duchamp le decía que no era Futurista, que era el futuro, tenía una maravillosa inteligencia, transmitía algo brillante, lo suficientemente interesante sin tener necesidad de recurrir e insistir contra el elemento masculino, amiga y conviviente de Duchamp.

Dujorvnic decía admirar “el arte de vivir duchampiano”, de Picabia resaltaba el machismo de alguna de sus frases, “del cuerpo de una mujer, lo que me gusta son las piernas, una con tobillos de caballo de carrera”, así se desarrollaban sus clases, orales, de lecturas en voz alta, la oralidad ante todo, al inicio de cada clase tomaba lección oral al azar, inducía a sus estudiantes a pensar en las obras y en las vidas de los artistas, siempre criticó la noción de gusto, no les enseñaría qué era lo bello y lo feo en la Historia del Arte, decía que “Apollinaire, Max Jacob, Gertrude Steine, esa vanguardia europea, tenían gustos”, tampoco le gustaba la obra de Picasso. Describía a este tipo de artistas con cierto desprecio por su acumulación, sopesaban todo, eligen en función de un equilibrio, con “buen gusto”, gente con adornos, sobre las chimeneas, objetos de arte traídos de Italia, etc., etc., etc., “los manipulaban con adoración, todos eran unos líricos”. En su Programa de contenidos, también se veía los “Ashcan School”, muy comprometidos con pintar la realidad social e industrial de EEUU, según Dujorvnic las preocupaciones de G. Bellows, Rockell Kent, W. Arensberg, eran revolucionarias más en el plano ideológico que en el formal.

De ahí pasaba a Cravan y Duchamp, “tan distintos, cada uno con particular su ejecución en el arte”, eran los verdaderos revolucionarios, y aplicaba una teoría de Ezra Pound, “solo la aristocracia y el lumpenproletariado son los únicos que pueden hacer arte, porque tienen tiempo”: Duchamp el aristócrata desclasado y Cravan el lumpen, en New York. De Cravan leía para la clase el “Silbido, y después nos lo presentaba: Fabián Lloyd, boxeador, escritor ocasional, sobrino de Oscar Wilde, poeta, campeón de Francia de boxeo, semi pesado, secretario personal de André Gide. La obra de Cravan, comentaba, fue la revista, su “Maintemant”, la vendía en un carro de frutas y verduras. “Por medio de esa revista se vincula con Picabia en España, cuando Cravan organizaba su pelea de pesos pesados, enfrentaría a Jack Johnson, campeón estadounidense de peso pesado”. La pelea se hace en la Plaza de Toros Monumental, en Barcelona, 1916. Cravan era un boxeador gigante, pesaba 105 kilos, tenía una técnica elegante, golpes para ganar por puntos, hacer el show, no el nocaut, un proto estilo soviético, juego de piernas, mucha cintura, el balanceo permanente, el mundo de la alta cultura no podían creer que ese joven rubio, alto, imberbe, vestido con camisa de franela bien escotada, cinturón rojo, pantalón negro y livianos escarpines, elogiara a los atletas por encima de los artistas, leía sus textos de pie, balanceándose. Y Cravan es también un Dadá, con el dinero de la pelea viaja a New York con Picabia. La llegada de Cravan es anunciada como un espectáculo de masas, como una estrella de cine o de circo, tan misteriosa como su posterior desaparición en el Polo Norte, este Dadá se explica por Gabrielle Buffet-Picabia: “nuestra agresividad era una revuelta y qué podíamos hacer en el fondo, no podíamos gritar, jugar oficialmente la guerra, la humanidad, lo absurdo de lo que pasaba en el mundo, el horror, la violencia, y la crueldad generalizada. Pero era una manera de hacerse notar, una protesta camuflada bajo ese aspecto de locura colectiva, nuestros trabajos eran una expresión de la alegría de vivir acá.”

Con Picabia editan la versión neoyorquina de la “Maintemant”, la “391”, el 1917, lleva el espíritu de Dadá de Zurich a New York, Paris, cita a otras publicaciones, “Sic”, “Nord-Sand”. Cita a Gabrielle Buffet-Picabia para describir un poco el ambiente: “se destaca el espíritu subversivo de las revistas de Cravan, si se pudiera hacer un resumen de esta actividad destructora y vehemente habría que decir, esta marca una culminación de la revolución profunda que se venía incubando en los espíritus desde principios de siglo, producto de las condiciones trágicas de la época, aunque bajo una apariencia de incoherencia y extravagancia”.

Con estos ejemplos Dujorvnic quería decir que el arte es colectivo, que es mejor ser muchos diciendo algo, que lo peor es la fragmentación, el yo dictatorial, lo que yo hago solo no es arte, nadie lo lee, nadie lo mira, la crítica de la exposición de los Independientes, publicada en el Número 4 de “391”, subsiste como modelo de impertinencia y parodia. Dujorvnic introduce una crítica de Marcel Duchamp, ataca al machismo implícito de Cravan y su ataque ad homissem contra Sonia Delaunay y Marie Laurencin, reivindica del panfleto cravaniano, que prefigura a Dadá, en su intento de transgredir las fronteras del arte y la vida, en su “arte con A mayúscula, es una flor que solo se abre en medio de las contingencias, y no hay dudas de que un sorete es tan necesario para la formación de una obra de arte como el pestillo de una puerta, o para golpear su imaginación de forma penetrante, no sea necesario también que la rosa debilitada en forma deliciosa expire en adorable perfume sus lánguidos pétalos rosados sobre el mármol de Paros, virginalmente empalidecido de su delicadamente tierna y artística chimenea”. Un arte que admite sin rencor el carácter insuperable de su indigencia y es demasiado orgulloso como para representar la farsa de dar y recibir.

En el Programa del Profesor Dujorvnic, también estaba G. Bellows, formado artísticamente por Robert Henri, “la intensidad cromática para sus pinturas de boxeo, salvaba con éxito el abismo entre lo conservador y lo radical en el arte”, en su pintura “Stag at Sharkey” o “Both members of this club”, utiliza una paleta intensa para los combates: negros y marrones profundos, crea una atmósfera casi teatral, rojos y carmesí para la sangre, la carne y la energía física de los boxeadores, ocres, amarillos terrosos, tonos piel, verdes, azules fríos, blancos sucios, grises claros, tenía un realismo fotográfico en sus composiciones en tela, la sensación del momento.

La obra de Dujorvnic obra está en los murales que pinto en el Polideportivo donde enseñaba boxeo: gigantes, boxeadores en combate, muy raros, donde la carne de los boxeadores parece gritar, animalizarse, luz, público, ring, cuerpos, murales de retratos de poetas en el barrio de los monoblocs: Vallejo, Storni, Pablo de Rokha, Huidobro, Cardenal y Mariátegui, pintaba subido a enormes andamios, al sol, sin remera, con el pelo muy blanco, un cuerpo de fibra y fuerza, un retrato de Nicolino Locce, en la Municipalidad una “Conquista del desierto”, cientos de dibujos, aguafuertes de Cristo Pankratór, por el Cristianismo Ortodoxo del que culturalmente provenía.

Nació en Eslovenia, en 1925, su infancia transcurrió en la anexión del país a la URSS, en la Segunda Guerra Mundial se hace desertor, huye, lo atrapan en Italia, se vuelve a escapar, llega a la Argentina, en Buenos Aires conoce a su esposa en un hotel donde los dos trabajan, ella le enseña el español, es la tía de mi amigo Mauricio, ella es de Malargüe, así llega Juan Dujorvnic al sur de Mendoza.

Fue dejando vestigios pictóricos, había reproducciones que colgaban del techo, Bellows, Jacques Villon, Francias Picabia, el Vorticismo inglés de T. E. Hume en un retrato del poeta Ezra Pound, de Emma Goldman, dibujos meticulosos cubiertos de símbolos y referencias, extensiones de campos, observados por un ave negra, eran estudios destinados a una composición, dejaba que se acumulara polvo, pensaba pegar polvo con barniz y producir, según sus propios términos: una forma de color. El conjunto de estos dibujos son una obra inconclusa, Dujorvnic murió antes de terminarla, se basa en un sueño recurrente que tenía cuando era niño, en algún lugar de Eslovenia, en un campo de reubicación forzada de los soviéticos, una política territorial recurrente, trasladaban a poblaciones enteras, territorios alejados del lugar de origen, su madre trabajaba en un campo de cultivos de amapola, la semilla la usaban para hacer aceite especial, para maquinaria pesada, y la cáscara para los laboratorios, que producían anestesia, su mamá no tenía donde dejarlo, le daba una mamadera con la cáscara de los capullos de amapola, lo dejaba durmiendo en un surco, mientras ella trabajaba, el soñaba con paisajes que deben haber existido en su hogar, antes de la reubicación forzada. Nunca volvió a su país natal.

Intentó varios experimentos ópticos, con paneles, sistemas de rodamiento de bolas, pequeños motores, nunca los podía materializar, quedaban en bocetos. Estos experimentos ópticos los llamaba “La ingeniería barata”.

También escribió una novela sobre el sexo y la guerra, en esloveno, se publicó solo en Eslovenia. Esta nota biográfica es una reivindicación de su pedagogía y de su vida creativa. Nunca suscribió a la idea romántica del artista inspirado, tampoco al moralismo autoritario en posturas de la vanguardia de un André Bretón. Decía que todo el mundo tiene vocabulario necesario para hablar de pintura, aunque no para comprenderla, el arte puede ser un asunto personal, un buen asunto personal para el ganador, y malo para el perdedor, el cuadro lo hace el que mira, no el pintor, sino solo queda algo disecado, clasificado por los historiadores del arte, en un manual de “historia del arte”.

6.7.24

La rotonda del avión, por Gastón Moyano

  

 

1

 

Antes tomaba notas bajo las alas del Mourane, era como sentarme en una piedra al costado de un río cualquiera, oh divina aeronáutica, yo con la cabeza casi rapada, el aire movía mi camisa de seda adhiriéndose a los omoplatos o al pecho, ese oculto sentido que sólo puede expresarse en una sucesión,

 

 

 que rodea al Mourane no es un conjunto accidental, es un cálculo de unidades, es la estrofa del texto que se dispone formando una frase para pensar en lo que hice en la ORGA, minutas sobadas hasta el extremo,

 

 

actos que caen como gasas de brillo usadas en la oleada materialista, es difícil pensar en vidrios de colores en algo suave y en la vida que fluye hasta último momento, la vida de   uno que pasa con hambre por la Rotonda, llega al comedor de la ORGA: harina, azúcar y té para el hambre del pueblo sin comida. Pibas que militan desde la clase media, elogian la flacura que les dejó la cocaína. Pibas trans, en su búsqueda político-estética, toman cursos de manicura y peluquería. Usan las ganancias para agasajar a sus novios, en su mayoría policías. El último movimiento más que droga y comida, ese algo era mucho mejor, aunque nunca supimos bien que era.

 

 

 

2

 

Para no hablar de la ORGA, busco algo igual de cercano, la montaña y sus árboles con monos capuchino, los monos comen flores con sus pelajes húmedos por el rocío de la madrugada, eso que ya no existe causa dolor en los dientes en las articulaciones en la mano con la que escribo, en los caminos que suben a la montaña las casas de los pobres, transportes, veredas, campos planos color café, los monos el Zoo vivos entre el resto de los animales incinerados , los monos saltando la tela metálica, la montaña, hombres con cortes de pelo estilo militar de manos pesadas ´municipales de la Capital  hacen pensar en el itinerario de viaje para la clase obrera, una descripción, una relación de palabras  donde ubicar la voz, los movimientos del cuerpo del pibe que usa botas texanas, su acto de movimiento si    sube al colectivo, lo que cambia de lugar cambia el lenguaje, cambia las texanas por los zapatos de trabajo cuando entra a la Constructora CSB,  el estacionamiento para sus camiones, una torre  distribuye agua, un cielo azul muy claro, una moto que pasó por los caminos secundarios del Cerro, un corredor, en la noche muerden pedazos de  gallina, procedimientos alusivos, finas sugestiones, un escritor romántico escribe sobre lo espacial, externo, sobrenatural, porque el atractivo escenográfico vive, en la flora la fauna, agrega algo de extraterrestre, una íntima esencia de valor documental, compartido y operante como el falso optimismo de un Estado Benefactor :para descubrirme he ejercido una indigencia subordinada a la evolución de vivisecciones,  puedo cerrar mi estudio si me han rebasado circunstancias desfavorables,  pequeña autonomía del mundo circundante, el tiempo de observar si es mal utilizado define,   el peso de su negación ahoga, conmover el derecho clásico,  su luz, sus rumores, las alegrías que se perdieron, una cuerda espinal para la prosa del Estado Benefactor, la prosa del Estado pacificador, la prosa que describe la sonrisa de Stalin a bordo de un barco, la prosa del lugar necesario para sentarse a pensar y escribir, leer, alguien que escribe necesita una casa, la sombra del Mourane no alcanza: ¿ hace falta una casa para escribir sobre la Montaña?

 

 

 

3

 

El sol y ese corte transversal en los músculos del cuerpo de las ORGAS, ahí donde el músculo abreva no hay cansancio, contracción-tensión-relajación siembran en el organismo una afectación, efímera y pura como espacios en blanco,

 

 

la nueva realidad de las políticas estatales nos rodea, ocupa los espacios en blanco para destruirnos, dividirnos y expulsar las parcelas que se desprenden de nosotros hacia las masas de la misma especie,

 

 

cuidados cuellos de terciopelo en las camisas de trabajo, una mirada que se mueve para que el sol no la lastime, el calor afectivo del sol funciona como catalizador, eleva la temperatura, genera una ligereza única, no se siente como un viaje sino una especie de descenso a los intersticios de una nueva realidad, lo pienso como un autor clásico pensaría un sistema para escribir un tratado estético político.

 

 

 

4

 

En medio del grupo de pinos de mi mente leo en Linneo sobre otros pinos que daban sombra a una iglesia normanda de ladrillos de media cuadra, en otro continente, en otra época, trato de escribir sobre el corazón de la madera de esos pinos de la iglesia normanda,

 

una botella de cerveza en el pedestal de la santa Yamila de los fachinales, no hay madera noble en los fachinales, su belleza no estimula a los tumberos porque no está ahí, emocionalmente sensibles, maldita para el pueblo por su inexistencia en los pedestales de los fachinales,

 

 la madera noble se usó en la fabricación de remos para deportes acuáticos, talladas las esquirlas, unas manos los fabricaron para que otras manos los empuñen con emoción, unos dedos lijaron la madera que después tendría forma de remo, la madera seca para el trabajo se hace sonar para saber si es útil para remar, la madera que fue pino, el vidrio caliente de la botella de cerveza y el yeso del pedestal de nuestra santa percibían el viento caliente que bajaba de la montaña.

 

 

 

5

 

Colgar del árbol lleno de ángeles,  variaciones en la mente para quedar desnudo, desnudarse es ser inocente, viejas casas dispersas, más árboles brumosos, abajo lo que nadie puede encontrar dos veces en la anchura del agua que pasa, tiene nombres escritos   arrastrados por las diferentes dimensiones ya no son particularidades, la conjura trastornada que corrompo cuando la nombro, fijándola sin afecto ante las lágrimas, la forma  de moverme entre ellas, volver al estómago de esas aguas que en su recorrido final serán residuales dentro de la simetría  y la red, las imágenes de los muertos siendo adolescentes cubren esas aguas, ellos son el sentido de este día con el grito de los lugares donde un cuerpo desnudo se pudre, ya no tendrá cara, es suciedad del suelo cuando un poco de esas aguas subía, arena del Basural, en sus compuestos encontré una valva de hueso, el color rosa de la encía de mi muerto, un diente en una boca, pequeña esquirla, pequeña y blanca,  sentimentalmente creeré que es parte de mi muerto, generosas las aguas ascendieron un detalle de él y el sonido particular de su voz me llega  porque el oído atento no se rompe fácil, es un círculo completo, lo que era ya es en el movimiento de las partículas líquidas ascendiendo, sombras de las partículas a los pies de mi adolescente muerto, su carne se hace mineral sal y líquido?

 

 

 

6

 

 

El amarillo puede entrar en el amarillo, reinos más dulces se mueven en el corazón del Boli, del bolita asesinado junto a la ventana a través de la cual vio en los vidrios su cabeza que la golpeaban una y otra vez, después un cuerpo muerto en la helada, la cabeza unida al cuello y más atrás la vereda por cual vuelvo a donde vivo lloviendo toda la noche las baldosas calientes en verano, me impresiona lo que conozco: petardos,  perros,

 

tumberitos estudiantes, desclasados en un epítome de

 

los primeros ríos bañados de luz blanca, el luto de la viuda del marido muerto en un accidente, ella puso un techo rojo y el viento que sopla del gran mar no la refresca no la consuela, una nueva armonía antes de despertar, solo la recibe el rojo del techo hecho caucho cemento cielo de marzo, creo que estoy enamorado de las estrellas del hipódromo .tal vez nunca descubra el abrigo azul o si es verdad que corría por el África de los corredores negros que se hacen famosos en Inglaterra, sonrisas de dientes blancos mirando el arco de la tarde el color rojo trazado en el cielo, el color rojo del techo de la viuda. era tan hermosa la campesina maldita, una luz muy blanca explota en el viento que trae el mar profundo es bastante terrenal puso un techo rojo en su corazón, campos verdes en el África de los corredores, quiero decir que estoy corriendo por África de campos verdes que también son blancos, tan diferentes del lugar a donde vuelvo a pensar en la armonía que necesitan las palabras de este poema.

 

 

 

7

 

La justicia social pensada como Las hélices de un helicóptero de Defensa Civil, la justicia social en el movimiento ascendente, el brillo expulsado por el Mourane se mueve en la cara de los pibes que limpian los vidrios de los autos en la Rotonda del Avión, movimientos que empiezan y terminan en otros movimientos, retienen los extremos en su distancia, el enlace es la cuerda tendida desde la primera causa a lo demás, tocar una extremidad hace temblar al resto,

 

 

 la justicia social pensada como una frase más del progresismo nacional, un terreno que espera la luz del cielo:

 

 

dinamitadas todas las conclusiones y certezas, nada devuelve  la luz del cielo,  si es de noche  tampoco veremos la boca de Venus,   qué  flota en el aire seco: el recuerdo  de uno que se había dejado caer al Canal C,  o  los  dientes de león de malva fragmentada al lado del avión  de fabricación francesa, hierba bajo las zapatillas, el reflejo que imprimen las estrellas en los dientes de león para las cuales son modelos inmutables, formas inalterables, sobre las que descargan la secreta dinastía de su influencia,  los dientes de león reproducen la forma pura del cielo, las estrellas son la matriz de los dientes de león y cada estrella es la prefiguración de un diente de león, cada estrella es una planta celeste, diferentes por su materia que las terrestres.  La ORGA era la herramienta dentro del Estado para hacer la felicidad del pueblo, no vimos nada, la justicia social quedo en la frase. ¿La frase ya no dice nada? ¿Era feliz sin decir nada? Me entretuve demasiado en las formas delicadas.