26.10.23

TATA LEYENDA, por Nicolás Moguilevsky

  

Sopla el viento sobre el sur de la Ribera
unos pájaros levantan vuelo, a lo lejos
bajo el atardecer que avanza y canta
una canción que en la calle se recuerda.

Las estrofas van cambiando, se vuelven
siempre a inventar otra vez, de nuevo
porque todos llevan y traen en su memoria
a ese joven héroe que vivió en el barrio:

TATA LEYENDA

Cantan todxs juntxs junto al fuego
una noche de invierno helada
o tomando unas gaseosas
al calor del verano:

TATA LEYENDA

Se escucha el grito en la placita.

Cerca de la calle, lejos de todo
él siempre vivirá en tu corazón
desde el camino de la desolación
al nuevo amanecer de la esperanza.

Cuando hay dolor, miramos al cielo
y vemos que hay una cierta inclinación
de la luz que nos oprime pero volvemos
a levantar la voz, a gritar fuerte:

TATA LEYENDA

Cantan todxs juntxs esas tardes
de otoño, mate y bizcochos
o entre baile y cerveza
al llegar la primavera:

TATA LEYENDA

Se escucha el grito allá en la esquina.

Son tantas las sonrisas que se llevó la vida
que a veces se hace difícil seguir
pero hay que dar las gracias a todos
los que han amado en sus corazones,
profundas gracias a todos los que se han demorado para escuchar esa música
que es el recuerdo de Antonio,
ese héroe de Fiorito.

TATA LEYENDA

TATA LEYENDA

TATA LEYENDA

23.10.23

No para el tiempo, sino pasa; muere, por Jorge Cuesta

 

 

No para el tiempo, sino pasa; muere

la imagen de sí, que a lo que pasa aspira

a conservar igual a su mentira.

No para el tiempo; a su placer se adhiere.

 

Ni lleva al alma, que de sí difiere,

sino al sitio diverso en que se mira.

El lugar de que el alma se retira

es el que el hueco de la muerte adquiere.

 

Tan pronto como el alma el cambio habita,

no la abandona el cambio en lo que deja

ni de la vida incierta la separa;

 

se aventura y su riesgo sólo imita

al tiempo entonces su razón perpleja,

pues goza la razón, más no se para.

 

 

Tomado de: Poemas y ensayos, México, UNAM, 1964.-

10.10.23

There goes: Vida de maniobras, por Santiago Armando

 

Realmente no pude avanzar, pavadas y morisquetas de un tipo que se tomó muy en serio a Beckett y a los modernistas, lo de seguir escribiendo mal, lo de que la literatura no tiene nada que decir, lo de fracasar mejor y no achicarse ante ese fracaso que termina creyéndose que escribir mal es imposible aunque se quiera, sin considerar la calidad de lo que se hace. ¡Pero ah no, cierto!, es todo una jodita, porque el escritor es un eximio parodista, claro, ahora entiendo, es otro libro para entendidos con sus códigos. Sigue con lo del genio, un poco de ingenio tiene, no le voy a negar eso, ese recurso del que no se puede abusar mucho sin caer en el ridículo. Perder la vergüenza es otro recurso complicado, pero tampoco se trataría de "recursos" en este caso. Escribir lo de la madre sin bombacha en el hospital y el comentario que le hace me dio asco, soy un lector visual que en la lectura se me hace la escena de una vieja de ochenta años sin bombachita. Prefiero un gimnasio de gerontes manieristas en chota. Seguí un poco más pero no hay nada ahí que no me de pesadez, y una desilusión dolorosa. Una vieja conclusión de una parte de mi vida. Si me gustara hacer comentarios al margen de los libros lo llenaría de puteadas, pero debo cambiarlo por falta de dinero. Dice a modo de chiste "¡Literatura hago!, con eso, sus temas, hablar en contra de las ideas, pero estar lleno de papelitos con citas y romantizar esos bagullos, como Savino, y los lápices y libretas de escritor fino. Lo de que no hay nada más común que una idea, pero ir sumando la actividad de su cerebro sabiendo que tiene un nombre como escritor y eso se va a terminar publicando, es una idea de chanta que me enferma, porque yo tengo cosas mejores para publicar, pero qué se le va a hacer, nos tapa una masa de libros del orto... Avanzo salteando y sigue con cosas de su casa, su ex, su gato su perra, es la primera persona de un tipo que mandé a la mierda hace un par de años por su soberbia pastoral que pensé que aún podría publicar algo bueno pero no, solo veo a aquel pariente escritor neurótico de película de Woody Allen que dejé de ver. Mejor no terminarlo para no manosearlo mucho porque lo voy a cambiar por la Comedia Biológica de Bettina Bonifatti.

3.10.23

El siglo, por Osip Mandelstam

 

 

Siglo mío, bestia mía

¿Quién podría contemplar tus pupilas

y con su sangre juntar

las vértebras de dos siglos?

La edificadora sangre mana

de la garganta de la tierra

y sólo el parásito tiembla

en el umbral de los nuevos días.

 

Cada animal debe arrastrar,

en vida, su espina dorsal.

Y una ola juega

con la columna invisible.

 

Como el tierno cartílago de un niño,

el siglo de la infancia de la tierra

de nuevo sacrificó, como a un cordero,

la plenitud de la vida.

 

Para liberar al siglo,

para comenzar un nuevo mundo,

hace falta unir con una flauta

los desiguales días de la rodilla.

Este siglo agita la ola

de la tristeza de las personas

y entre la hierba anida la víbora,

medida de este siglo de oro.

 

Aún brotarán del verdor los embriones

y crecerán los tallos,

pero tu espina está rota,

¡mi bello y doloroso siglo!

 

Y con una sonrisa sin sentido

mirarás atrás, dulce y cruel,

como bestia en un tiempo flexible,

para contemplar la huella de tus garras.

 

 

1922

 

 

 

Tomado de: Tristia y otros poemas, traducción de Jesús García Gabaldón, Tarragona, Ediciones Igitur, 1998.