25.2.24

Suave como tu concha, mujer soltera, por Santiago Armando

 

Si el Monitor no duerme, la tecnocracia no vive. Solo su chica puede hacerlo descansar.

 

Alberto Laiseca, Camilo Aldao

 

 

Gratamente sorprendido con que Gendarmería le sacudiera a Belliboni. Este chanta empezó usando gente pauperizada que empastillaba con medicación psiquiátrica, que se formaba para desfilar por todo Buenos Aires con feministas que los cagaban a gritos con un megáfono.

 

Siempre que aparece un Caputo aparece un Belliboni. Se había visto en la primera presencia de Belliboni con este gobierno nuevo que el que lo dejaba pasar a la Avenida 9 de Julio era el Secretario de Seguridad de Jorge Macri, sin problema.

 

Paso el día comentando regurgitamientos en esta bolsa de bólidos, pero los intelectuales se la pasan hablando como si nos estuviera por hacer cagar un apocalipsis de ciencia ficción. Y yo solo quiero seguir la melodía que es hembra.

 

Mamá me avisa que tenemos que ir a la farmacia a darme la inyección con la gente trabajando adentro, dejándolos solos. A ella le encanta bañarse en la pileta al costadito de ellos. Toda esta truculencia me enferma, y Matías llama y me dice que viene tipo cinco de la tarde. Le dije que no se moleste en venir hasta pasada la cena con este calor, pero maneja dos fábricas de pantalones y se acuesta temprano. Los laburantes me esquilman los nervios por teléfono. Debo permanecer frío e inmóvil, con el aire acondicionado y el ventilador cruzados, hasta licuarme y enfriarme y ponerme los ponchos.

 

Los campesinos en Europa no quieren que sus impuestos vayan para los inmigrantes porque terminarán chupándoles la pija en un descampado con mal olor y sin sombra como en Tadeys. La agenda del cambio climático progre es para defender los pedos de unas gordas bolas de fraile, mientras Elon Musk lanzó noventa y seis cohetes retornables al espacio el año pasado y tampoco nadie puede opinar del olor a pedo de la Elonósfera.

 

No hay aire. La pileta no refresca, debería meterme ya, desnudo, y hacer mi kinesiología en la gamba izquierda.

 

Pude bajar el Epub de los textos recobrados de Borges de 1931 a 1955. Empieza con un negro meando delante de un policía en los fondos del cementerio de la Recoleta, en la esquina de Uriburu, fechado en 1931. Me gustan las caminatas de Borges con su visión por Buenos Aires. Escribía, no hacía prosa poemática, eso lo inventaron después con sus retazos y el bebop. En esa cuadra había un hotel alojamiento de cinco pisos con habitaciones grandes en las que se podían levantar las persianas. La vista daba a los techos de las bóvedas del cementerio con ángeles, puntas, efigies y gárgolas con la primera luz de la mañana. Arrimaba una mesa a la ventana, tomaba un lerdo café de telo con una masita envuelta, la taza blanca de loza con dos sobres de azúcar. Me duchaba y vestía y bajaba hasta la parada del 60 en Las Heras. Buenos Aires me gustaba así. Las pesadillas metódicas de Houellebecq… uno lee toda esa demencia modernosa europea y se queda admirado por lo fresquito y lo bien iluminado que está todo.

Había otro telo atrás del Hospital Rivadavia a mitad de cuadra, mugroso, sin ventilación, que costaba doce pesos el turno, sobre Sánchez de Bustamante. Me parece que es el mismo lugar que refiere Milita Molina en un libro sobre su juventud presentado como un bolichito de drogarse y cojer.

 

Mediodía, calor pegado al cuerpo, aire caliente en mi cuarto. La pileta no refrescará hasta que haya una buena lluvia. Cuando llego al límite y mi cuerpo se derrite, o cuando el ruido de la computadora amenaza con romperme el cerebro, o ahogarme fumando por pensar, me pongo bajo el chorro frío de la ducha y me dan espasmos. Por la tarde cuando baja el sol la habitación queda como una estufa, pongo el aire acondicionado y el ventilador cruzados y me duermo.

 

A esta hora me gusta escuchar un poco los discos premiados de Santaolallla. Sus charangos norteños hacen sonar a las aguas y a las montañas, me gustan sus letanías telúricas y las sambitas con arpegios, aunque sea una música superficial tiene todo. La prefiero sobre el chicle del Bajo Fondo Tango Club, que ahora recuerdo como un mal sueño. Santaolalla en sus discos de tango electrónico intentó evocaciones del 900 que ya estaban vencidas desde que el tango se hizo marchita bailable, y el Paganini violín solista. He pasado toda la semana escuchando los discos de Adolfo Ábalos.

 

En el año 2007 pude conversar al costado de una protesta del PO con Mariano Ferreira cuando trabajaba en el call center Atento en Martínez, vendía tarjetas de crédito del banco HSBC por teléfono a Estados Unidos, a ancianos, vietnamitas, y cocainómanos, mayormente, tarjetas con tazas altísimas. Iba en remís, comía helado y podía leer. Los viernes íbamos a bailar con los pibes. Ferreira siempre estaba en la entrada con los del PO reclamando que teníamos que estar inscriptos en el gremio de los telefónicos y no como empleados de comercio, lo que era cierto, pero yo ganaba seiscientos dólares por mes y no me importaba, le dije que ahora había laburo en el país por primera vez para mí en democracia. Me dijo que los Kirchner eran corruptos, e insistía con sus axiomas comunistas. Le dije que si nos pasaban a los telefónicos los clientes de la empresa se irían a El Salvador o a la India, y nos quedaríamos sin trabajo. ¿Vos me vas a dar laburo?, le dije. De todas formas le agradecí por cuidar nuestros porotos. Al final se cansaron y se fueron.

 

Sueño con el Diego en tratamiento en Iguazú, yo estaba allá como se me aparece todo en los últimos sueños, un pasillo húmedo con ropa náutica colgada hacia la luz de Garganta del Diablo, y pasa el Diego afuera hablando como una radio sobre su tratamiento.

 

Tengo tetas grandes por tener mis brazos y manos y dedos sobre el teclado.

 

Pienso seguir vistiéndome con trapos y ceniza y cultivando mi porro suizo de otoño-invierno comiendo milanesas de soja con soda.

Soñé que con Belén íbamos a comer carne de perro a un patio de comidas, fuimos a dos, atendidos por médicos, uno de un doctor tipo Lotocki y el otro de Gabriel Batistuta. La carne venía en pasos como en los restaurantes de ahora, de colores, tenía gusto a caldo de gallina. Y otro sueño con Verónica, la misma gente muerta de siempre, sueños cargados, pesados, con las intromisiones de mi madre a los gritos.

 

Gabino me dijo que siempre hay que votar al más trucho y careta. Se lo comenté a Omar y me dijo que era una frase de sabio taoísta.

 

11/2

 

Toda la comida tiene gusto a basura, la carne, el fiambre, el pollo tiene olor a podrido, solo como galletitas de agua y tomo mate. La fruta con gusto falso, como si los productores hicieran un resemblance. Trataré de mejorar las ensaladas, pero todo lo que me meto en el buche siempre tiene un gusto corrupto. No tengo un puto peso hasta fin de mes, tendré que endeudarme para comprar unas Don Satur.

 

Leo a Léon Bloy y el North de Céline en otra noche sin aire y con humedad inaudita.

 

12/7

Los diez gramos de porro a sesenta lucas, imposible.

13/2

 

Salieron los Cuentos Completos de Alberto Laiseca por la Random House, con prólogo de un tal Leonardo Loyola. “Con el cuidado meticuloso de Sebastián Pandolfelli, uno de sus discípulos dilectos, con material inédito y un retrato íntimo del escritor atrás del autor”. Cuando veo a Lai en manos de estos dilectos, cómo rellenan con sus palabras los inéditos con la horrible tipografía de la Random ya sé que me voy a envenenar. Voy sintiendo que son apócrifos y no quiero mancillar mi feliz recuerdo de lector. Me leí Camilo Aldao en el Kindle. El prólogo de Selva Ahumada me ha conmovido. Ahora sigo con Sindicalia.

 

Es notable como crecen las flores de la planta cuando les echo clara de huevo. Estarán para mediados de abril.

 

El Curupí

 

 

Allá con los jesuitas nos corrían

nos hicieron fama con mi hermano

porque mi mamá la bruja nos cogía

y le tomamos gusto de guachos

de muy chico nos creció mucho la pija.

Nos tuvimos que ir por la iglesia

y por nuestra madre hechicera,

bruja mefítica.

Mi hermano anduvo por el norte

yo me disimulé en la joda de Buenos Aires

acá nadie se da cuenta, mas bien

me llevan por el bulto las chicas

allá mi hermano hizo fama

en Santiago y todo el norte

lo seguían las chinas, bueno él es,

nunca hizo daño,

las mujeres solas lo querían.

Tenemos la simiente prohibida,

eso nos mandó la Virgen,

nunca prender galladura,

juramos ser pobres

y solo consolar las urgencias

de mujeres afligidas

 

 

A Samoas

Llego tling tling, como araña de guasca y subo a la arena, vienen las gordas con flores a ofrecer su milanesa de búfala, les regalo obuses cargados por arriba del monte con chapa arriba en bola de lomo. Me dan cerveza y de la advíncula autóctona, me apelmazo como un gusano blanco con un restito de sol de vacaciones. Debo seguir amando esos jamones y la milanesa profunda con sidra de champetas, que rompe el aire acondicionado y se chorrea melosa bajo la mano.

 

Carolina del Norte

Pajas con guante de baseball y piernas de mujeres en racimos por el agua, arañas de mujer sincronizadas. La verga se dobla y resuma cuajada, la corriente me lleva, le corro a un submarino, lo retumbo, lo castigo y me torpedea. El cazadrones los empasta y los cuelgo con hielitos al Starlink. El mundo se ilumina como árbol navideño. En Argentina me aclaman, pero Occulus me mira, quiere cobrarme las cuajadas fecundadas.

 

Jerusalem

Subí al monte con  mis cascos de plata, me la temblaba levemente en subida y encontré una samaritana que lloraba, sorbí su sangre y la empotré contra el muro de los lamentos, estaba enferma, las carroñas volaban en círculo y las bajé con una descarga antiaérea. Una formación de F-35 hizo el escorpión para hacerme blanco, pero la samaritana me sobaba y les levanté el tercer templo de Jerusalem en el aire deshecho por la estrella de Belén.

                                                                  ***

Aceite de Tinelli

 

Después de una vida de vasco en el campo, con muchas hectáreas y gran fortuna, mandó a poner en su lápida su imagen en la cabina del último tractor que condujo. Pero nadie visitaba su tumba, exceptuando a su ociosa decendencia, para emborracharse y fornicar sobre la ella. Le cagaron humanos, pájaros y demás bestias, hasta que su acomodada y devota bisnieta tuvo que desemplazar todo aquello de allí cuando anunciaron el terremoto. Hallaron el cadáver incorrupto y acudieron al obispado, se corrió la voz. Los enfermos que lo invocaban se curaban y lo declararon Santo.

 

Siento que mi teléfono vibra

como haciendo gimnasia

Pero más la bomba de agua

Y los camiones

En el piso del centro de logística

Autos, aviones

El helicóptero sin manos de Scioli

Y el reparo de los niños con sus voces

El viento

Y unos pichones

 

El lado activo de Osvaldo Sabatini

 

Mi vecino se va temprano apurado, se las toma y vuelve a las siete, su mujer usa su tiempo libre variadamente. Dejó de sacar fotos de bebés y ahora se dedica al lesbianismo buena onda con la que encuentre, se suceden unos diálogos infantiles alegres y baja el volúmen a secretos tiernos, se escuchan caer cuerpos a la pileta y trombas de sacudidas, terminan en una gimnasia de muslos con ruidos de tenistas en el borde de la pileta y unas toallas, la ropa y despedida. Sus hijos andan en bici por el barrio.

 

                                                                   ***

Con traje de torero. Te apunto el trajecito con sombrero y zak-zak, le dijo Julio Iglesias a su joven amante Michael Jackson, ya tu puedes hacer lo que yo quisiera, vete. Me esperan tres masajistas samoanos.

 

Allá... allá me lo cruzaba

Al Bambino Veira

En el Ateneo Grand Splendid

Al bar del fondo iba

Con Durán Barba y su

Parva de empanadas

Y Eduardo Galeano

con su camiseta de basket

Y jogging de

Tela de avión azul

Con una Heineken Chiquita,

Busconas europeas

Crotas faloperas

Peteando en el pullman

De todo

En mi jardín de delicias

Hasta que aparecieron las gaúshas

brasileras del sur

de vacaciones

Y no quedó nada.

 

Pero al gallinero del Colón no llegaron

 

En el campo de refugiados de Milei tengo terraza y cultivo mi porro, y mateada, chipita, asado, milanesa napolitana, ravioles, papafritas. No me dejan trabajar. Pero acá estoy, firme junto al pueblo.

 

 

Neurosandro

 

Después de bajar al mate y que mamá se turbara por pararse delante de mi en todos mis movimientos como un androide de mierda con el teléfono -y que me cuesta honrar- salí a la galería a mirar el cerco que me comprendía, y pasaba sus escobillas el viento sobre él, pero dura permanecía mi mirada. Hace calor, me imaginaba afuera esperando el mate que pochearía mis huevos desnudo en el mar y los subiría a la superficie como si flotaran, con mis deseos, pronto estaré solo. Nadie me mira aquí en lo alto, estoy sucio, el calzón grande al revés, meado levemente, debería cambiarme, bañarme primero, y yo estaba tan intranquilo antes acá arriba con el ventilador y la compu, sin prender el aire acondicionado. Por la ventana las copas se mecen y hay cotorras, aparecen los pájaros según la gente, en el balcón de al lado está la vecina con las amigas, ella como yo, vive de jogging durmiendo con su gran mota, por la ventana cuando se ducha es totalmente apolínea y olímpica como mi Verónica, las amigas con el pelito parejito y bronceadas me aburren. Esta tarde había en lo de mi otra vecina, a la que su casa rosada o fresa tapan unas guirnaldas vegetales que han crecido y cuelgan desde el tope del marco de la ventana del baño, una flaca rubia muy coloquial con sus amigas esta tarde (ya se fueron), que la escuché hace unos años en dicho baño sin las guirnaldas con sus sonidos de búfala, no sé si metiéndose los dedos para vomitar, abortando o siendo penetrada. Ah, y ya pasa todo y yo sigo con el pelito rapado, caliente, en este horno que no es mío, firme junto al pueblo como la chusma misma.

 

Leones de estiércol

 

Las cagadas regeneran a la bestia en su marcha,

de las articulaciones tienden a los músculos y la cabellera

con los cascos blandos, livianos, y el cabello dorado, como la hiena del hombre, y bípedos los dos, centinelas, se suben las ametralladoras tras las paredes y juegan al sapito con blancos.

Los leones saltan por los techos, cayendo mal, ensuciando la balacera en las paredes, y se reponen en piques para llevarse unas hordas en la mandíbula como sacos de arena con fauces ah, serpientes, las he visto levantarse sobre cuellos de gamo y sigo aquí, y el tiempo pasa como mierda a través del viento.

 

El camino del tenis

 

hay que tocar las cuerdas

para no salirse del polvo

por el mango de cuero

con brazo y muñeca de mono

y ser un técnico de tribuna

llamado al banco

y hacer correr

a los delanteros como saques

y todo el bandoneón en equipo

cuando escucho a este tipo

y solo me queda la selección

en la pretemporada

en otoño y primavera

y salgo campeón de todo

con esta música Pipeline

cuando me fumo un porro

 

de viejo

me siento rápido en el subte,

en el tren y el bondi,

me adelanto a las viejas chúcaras,

para eso mi juventud,

con los otros duermo

me pesa mucho el culo

me salta tanto el culo que se me

enroscan las rodillas

se me escurren

 

se vio en los subtes

a Bergoglio sentado

le han dejado el asiento

vi en una foto

o tal vez se ha abalanzado

en la Estación Catedral

a pocos metros del Arzobispado

(por eso no quiere salir del Vaticano,

¿Quién que viaja en el Subte

Puede culparlo?)

no he sido yo

no me ha tocado a mi

dejarle el asiento

yo que solo se los dejo

a las viejas monjas

y los sacerdotes del clero

 

 

Antonio Coria

 

anduve un tiempo con un montaraz

con su hacha y su perro,

que susurraba las chacareras de noche

borracho, con el crepitar del fuego

hachaba todo el día,

con cincuenta grados

bajando un monte de tusca,

nunca dormía siesta.

Me costaba seguirle el ritmo,

tenía cincuenta y tres años, yo veinte.

A la noche debía emborracharse era el trato.

Don Jaime le decía a su perro.

Una vez me contó

que cierta noche el perro se le desarmaba,

como reprochándose un poco tanta bebida.

Me acuerdo cuando hicimos a pie treinta kilómetros

para ver a un ladrillero

al que nos mandó don Tuni

que quería cerrar las arcadas de la galería,

eran unas casuchas que llamaban Santo Domingo

Coria volvió tomando un vino fresquito

y no me convidó

ni le pedí, y me dolían las zapatillas.

Esa tarde pasaban todos caballos

con la trompa deforme,

caminábamos por la ruta 34 vieja

atrás de la vía muerta

los quebrachitos de un metro

crecían al costado del camino

yo miraba los desmesurados eucaliptos

de una guarnición de milicos

y el suelo por si serpientes

y llegamos a las cinco

ni ducha me di

ni tomar quise, había cerverza

me senté en la galería

a matear

y armar mis puchos

 

Una gordita pin up

Con una colitas

Sacude las tetas gordas

Con una fuerza inaudita

En la pileta

Con las Harleys

Y mi alegría lejana

Por las putas idealizadas

Que me ponen circunspecto

Pero las minas

finas, locas, me buscan

Me baten las gomas

Y por un rato

Les muerdo los pezones

Y se alejan nadando

Llevándome prendido

con mi dedo mayor

Metido en el culo

 

                                                                ***

 

Con el chip de Neuralink implantado se puede mover un mouse con la mente, el siguiente objetivo del chip es el de poder cliquear con la mente más rápido que con la mano, más rápido que un subastador, dice el artículo, y la frase de Elon "Imaginen si alguien como Stephen Hawking lo tuviera". Sin fuerza para escribir cosas confusas que solo se limpian tanteando con el teclado, solo se podrían seleccionar frases o letras, la redactora artificial haría el trabajo narrativo, pero el viento, las bolsas de plástico encharcadas al costado de la ruta, la villera enchupinada con el pelo arreglado y las uñas despintadas, el perfume dulzón del shampoo y los afeites del baño con el precario inodoro de villa. Me acuerdo que en lo de Verónica estaba la familia en el comedor diario y el toilette del living quedaba casi al costado, yo me estaba cagando mal y tuve que ir con todos ahí a dos pasos. Tenía una técnica para cagar sin olor pero que podía tapar la cañería, que había fallado en lo de otra ex, pero me había ido temprano y esa semana siguiente la casa fue ocupada por una obra de plomeros. Ahora tengo baño en suite y cuando la empleada y mamá intervinieron mi cuarto la última vez la paragua comentó lo insalubre que es mi inodoro. Me quedé pensando, solo atiné a decir que no estaba obligada a venir si yo no la llamaba, pero mejor dejarlo así, no me sorprende que existan sommeliers de inodoros, comentarios entre enfermeros o gentes de limpieza como esos debe ser algo común. Esto venía a que con el chip de Neuralink también se podría defecar, y en el futuro un modelo más avanzado lo haría a distancia, porque el primer objetivo del hombre multidimensional será perder el ojete.

 

Muchos escritores tienen la boca podrida y se les nota, algunos de estos son obesos y hablan mucho entre excrementos. Estoy subiendo de peso y comiendo porquerías, clavado en mi asiento. Alejaría mi persona de la línea, que se derrame y se caiga un tendal de volatineros y limpiavidrios por un sacudón de la línea, que mejor que salga seca y no el glublohlong en gelatina morada, o en baba, todo de boca podrida. Voy a comprar unas latas de birra.

Ahí va un travesti con una antorcha olímpica.

Felicito y agradezco a la UOCRA por el aumento en la presión del bidet

 

 

El camino hasta el almacén fue duro después de meses sin salir de mi casa. Me picaron varios mosquitos en ambas manos. Salí con un jogging y un buso de polar negros, me rondaban por la cara, se me apoyaban en la nariz, pero bastante bien, Mis piernas soportaron. Sudé mucho pero tuve mi recompensa, las tres latas de Stella Artois me costaron 4500 pesos. Las saqué de la heladera del almacén, había Heineken, Patagonia 24x7 y una Andes verde manzana metalizada. El almacén tenía aire acondicionado. Volviendo pensé que Juan Abreu de viejo se parece a Moby Dick peinado a la cachetada y que tengo que comprar macetas más grandes para mis plantas, mirando la entrada de una casa con dos palmeras a los costados en unas macetas que no deben ser de más de ochenta litros. Ahora siento que me pica todo. Dejé las tres latas en el freezer para sacarlas antes de que se congelen y servirlas en una copa de cerveza belga Leffe que me trajo mi cuñado occiso de Bélgica en una de sus giras tangueras hace casi dos décadas. Beberé alcohol después de casi un año, mesmo un viernes solitario que también se prestaba aunque sin tantos mosquitos, recuerdo que las tomé sentado a la mesa de mi terraza y había brisa. Ahora estoy en la cripta con el aire y el ventilador cruzados. Tengo dos de estas copas de cerveza Leffe, la que me trajo mi cuñado y otra que me traje de la casa de la bajista de Spinetta, Nerina Nicotra, casada con el bajista de Fito Páez, Guillermo Vadalá, de cuando remataron las cosas de su casa y se fueron a trabajar como músicos de estudio a California en el año 2012, vivían a tres cuadras calle abajo. También me llevé un diván blanco y Vadalá no me quiso vender una autobiografía de Miles Davis que estaba en una repisa de arriba.


Hoy manicuré mi planta, una Pamir Gold, del noreste del Himalaya de marca holandesa modelada en Suiza, y me estoy fumando las hojas que son divinas, me sacan de la depresión de mi encierro y cagar se hace una experiencia mmm, la palabra es mellow, pero melosa no es exacto, no tanto, es lo armonioso del cariño, un placer perfecto. Solo los que amamos la marihuana y le hacemos los honores podemos decir esto, cagar fumado con una buena hierba no se olvida fácil, pero no tanto como coger. Traspasar la noche en los ojos azules de la amada, Belén, destellando bajo la luna. He podido vivir algo, no llegué a los aeropuertos y los lujos europeos en los viajes, no me interesan tanto las finas urbanizaciones como el mar y la arena pura, y las rocas de coger con la mujer cobriza y el pelo de fuego con alaridos de tenis, y salir de noche a escuchar guitarras flamencas y tomar cerveza ligera. No estoy, no hago mi experiencia, estoy en mi habitación y soy un mero hombre representativo, pero sigo por esas callejuelas. Mis viejos me trajeron los nuevos Havana con sal marina y me comí tres y así pude empujar la carga de galletitas fideos y empanadas de diez días.