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25.3.26

Abuela Pepa, por Martha Ferro

 

 

 

Mi abuela era la mujer que amortajaba a los cadáveres en un barrio lleno de chimeneas.

A ella la buscaban los que no podían poner las ropas blancas en la carne fría.

Era viuda, mi abuela.

Su oficio fue ser madre, abuela,

hija abandonada desde los 4 años, y por lo tanto

sirvienta desde los 4 años.

Esposa de un borracho,

obrera mal pagada,

madre de mate y de silencio

y de polleras negras, de olor a orín en las polleras.

No sabía leer y recitaba poemas vascos como una maestra.

Yo leía, le leía a mi abuela las noticias del mundo dando vueltas,

en un diario de la tarde cerca de una ventana abierta.

Dos veces las gitanas le leyeron las manos

y le anunciaron muertes, antes de que la muerte apareciera.

No creía en la esperanza.

Creía en el ayer y en el hoy.

Abuela estaba de ojos verdes,

y era de puntillas, de colchas tejidas,

de sobres con pelos de sus hijas muertas.

Mi abuelo el borracho, él que le cantó una serenata en un tiempo de flores

y de cansancio y de luchas anarquistas

para elevar el nivel de la vida cotidiana,

murió de una infección en su trabajo

en el tiempo que no existía la penicilina.

El nombre de mi abuela era Josefa, y le decían Pepa.

Yo le decía Abuela Pepa, Pepota, Pepona. Cuando era joven le decían Pepita, y sonreía la Abuela Pepa

Participó de las luchas por elevar el nivel de la vida cotidiana

desde un rincón de la cocina hablando la hermosura de las cosas cerca de mi cabeza.

Participó y lucho como nadie,

más que mi abuelo y que mi padre que fue su hijo.

Desde el rincón de la cocina y de la historia

Trabajaba cuando el capitalismo la necesitaba

como obrera–esposa–madre–hija,

y cuando el capitalismo la necesitaba menos

trabajaba de esposa–madre–abuela.

Mi abuela era mujer.

Mujer quiere decir “trabajar 16 horas diariamente y a veces

8 horas solamente le pagarán en un salario de miseria”.

Las otras ocho las dona gratis

o con prepotencia

o con propaganda

para mantener el sometimiento de la vida cotidiana.

Mi abuela que reía con sonrisa de flores eléctricas no tuvo jubilación propia,

porque no hubo quien creyera en sus palabras, en su trabajo realizado para que se la dieran.

Sin embargo, mi abuela hizo muchos trabajos;

me enseñó a pensar con libertad

me enseñó a luchar

me pintó los mapas de la escuela

cocinaba baratamente.

Sabía de medicinas caseras, de partos,

de cuándo hay que poner las semillas en la tierra,

de la cantidad de agua que necesitan las plantas.

Acompañaba el crecimiento de los árboles,

la marcha de las gallinas cluecas.

hablaba con los pájaros, sabía el momento de la lluvia y adivinaba

las tormentas.

Hacía el trabajo invisible que hacen todas

las mujeres y que es

el 67% del trabajo que se hace en toda la humanidad

y que es gratis

y QUE LO HACEN SOLAMENTE

LAS MUJERES.

Mi abuela no estudió porque era pobre, pero si hubiera tenida acceso

a la riqueza, no hubiera podido, porque hubo un tiempo en que

a las mujeres no se les permitía ir a la escuela.

Josefa Olea había nacido en 1878,

vivió la tristeza de barcos llenos de inmigrantes.

El hambre, el tiempo de las fábricas y de sus chimeneas.

Templó su espíritu fabricando chocolates y fósforos.

Era Anti-Totalitaria.

No creía en milagros, creía sólo en su fuerza.

Hubiera votado por don Hipólito Yrigoyen, pero no pudo,

Porque hubo un tiempo en que los políticos pensaban que las mujeres no tenían cabeza.

Josefa Olea, mi abuela, aplaudió por las calles a las mujeres que pelearon por el voto femenino,

aunque su padre, su marido y su hijo se rieras de ella.

Yo escuché conversaciones sobre los hombres de la casa hablaban de la necesidad de la existencia de las prostitutas para evitar las violaciones de menores.

Y yo escuché cómo mi abuela ase rebelaba contra tanta miseria.

Y yo escuché cómo mi abuela les decía a las mujeres de la casa

“que nunca una mujer debía hablar así de otras mujeres”.

Ella decía “Nadia está libre de ser puta en este mundo desgraciado”,

y decía –hay que ver, hay que ver por qué una mujer es puta,

y decía –del árbol caído todos cortan hojas.

y decía –que nunca una mujer hable de otra.

y decía –las mujeres tendrían que salir a la calle y darles tundas a los que las molestan.

Y decía otras cosas hermosas, que tenían el olor de la libertad.

Ella, mi abuela, se sorprendió hasta el miedo cuando el primer tranvía eléctrico cruzó las calles del Barrio de Barracas.

Le tuvo miedo al teléfono.

La televisión era como magia para sus ojos de verde

y sus manos arrugadas en la plancha.

Ella decía que de tanto planchar su piel se puso vieja.

Abuela Pepa, tu trabajo nunca terminó. Terminó el día de tu muerte y yo lamento no haber estado cerca.

Estoy alegre porque algunos de tus sueños fueron posibles.

Algunos los tocaste con tus manos viejas. El día que votaste abuela, hablaste todo el día de tu emoción y de lo contentas que estaban las otras mujeres haciendo colas en la calle y comentando el gran momento.

Abuela, en tu caminar de reuma,

de tus piernas con muselinas negras

reconocí a tu tiempo de mujer y al mía.

Abuela yo te recuerdo atada en delantales.

Atada en la economía de los zapallos,

en la economía de las sopas agonizaba tu alma de juglar, tus manos de música y poemas.

Peleabas con la escoba contra gatos y arañas descubiertas los domingos.

Yo viví tu tiempo de mujer y el mío desde la ventana abierta.

Hasta ahí me llevaste y soltaste mi cuerpo a correr por las calles donde vos caminabas solamente.

Yo defendí a los 9 años a una mujer apaleada en la calle por su marido empujada por el hermoso sol de tus ideas.

Tu premio fue un beso y un –bien hecho–.

Abuela, he bajado a la calle desde la ventana abierta.

No sé si estarías de acuerdo totalmente por las cosas que ahora peleamos las mujeres,

pero yo sé que podríamos discutirlo, y que vendrías abuela a la lucha y que contarías tus historias

para que bajen a la calle todas las mujeres de la tierra.

 

 

 

Tomado de: Por el camino de Newark y otros poemas, Martha Ferro, compilación de Juan Queiroz, prólogo de Adriana Carrasco, Buenos Aires, Nebliplateada, 2024.-

 

16.11.23

Ido, de Manuel Alemian

 

 

 

 

Sin una servilleta

 

Una música de mierda,

luces como que ni hay:

un salón oscuro y neón.

Una pareja pero

no se besan no se tocan,

no se hablan no se miran,

no no no no.

 

 

Se disipan

 

Esta tarde de frío

lo hace reflexionar.

Está en el bar

y piensa:

tiene ideas firmes

pero pocas,

una o dos.

Y se desdibujan.

 

 

La barra

 

Acá está la mesa servida

desde hace rato,

pero no hay nadie.

Los chicos están en el fondo,

tirándose piedras.

 

 

Vida y obra

 

Si nos diésemos cuenta antes,

haríamos las cosas

de manera diferente.

Sin problemas,

sin conflictos,

sin nada,

sin que pase nada.

 

 

Sin dudas

 

Señor, le debemos una disculpa.

Esto nunca debió haber pasado

a mayores.

No debimos romper

todos los vidrios

del coche.

 

 

Un caso

 

Una persona patea puertas

hasta volverse loca.

Luego,

decide volverse cuerda

y lo logra.

Entristece

y muere.

 

 

En el remanso

 

Porque acá necesita poco:

un poco de agua, de queso y de pan.

Un poco de agua para chapotear

y un inclemente sol que lo obligue

a actuar con humildad.

 

 

Es la base

 

Comemos fideos con manteca.

Vacacionamos en el país.

Usamos ropa de marca

pero trucha.

Nos cuesta mucho

conseguir un buen trabajo.

 

 

El dulce malestar de los pastores

 

Se acicalan

y después se embarran.

Se embarcan

pero zozobran.

Se enfiestan

y vomitan.

 

 

Aceleración

 

Estira el brazo en alto

sobre su cabeza

y deja caer el cenicero,

que le revienta un ojo.

 

 

Por eso hago las cosas así

 

Yo no puedo dejar de pensar,

no puedo pausar

el derrotero de mi mente.

Sin embargo me mueve

otra cosa,

más rara,

como una suerte

de intuición,

y una extrema atención.

 

 

Cinturón Ecológico

 

Parque Indoamericano.

Argentina Televisora Color.

Fondo del Conurbano Bonaerense.

Patacón.

República de los Niños.

Rotonda de Alpargatas.

Palacio Barolo.

Kaiser Carabela.

Batato Barea.

Camino de Cintura.

El Gobernador Cafiero.

La Bombonera llena.

Ministerio de Modernización.

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

La mano de Dios.

Utilería.

Renault Gordini.

Sierra de la Ventana.

La General Paz.

Tortuguitas Club.

San Clemente del Tuyú.

Tiro balanceado.

Amargo Obrero.

Varela Varelita.

Pronóstico Deportivo.

Manzaneras.

Salsipuedes.

 

 

 

 

Selección tomada de: Manuel Alemian, Ido, Nebliplateada, Buenos Aires, 2023.-