1.6.26

Hojas caídas, por Santiago Armando

 

 

Condeno todos los códigos de expresión y defiendo la ofensa por su valor intrínseco, como herramienta de ataque contra la opinión recibida y las presunciones no cuestionadas. Mis héroes son los libertinos de la Ilustración y los estetas de la decadencia del siglo XIX.

 Camille Paglia

 

La dicha de fumar índica, trae suerte, el porro bueno trae suerte me parece, puedo escribir en silencio, qué suerte, mis viejos descansan. Tanto laburo para un cómic. Me gusta la fotografía del cómic, el ojo, la perfección del Wassilly Kandinsky en el josecito con sombrerito. Me gustan las historias distorsionadas del movimiento y el ojo que hace  Gabino Calónico. 

Sueño que me entra un dedo mayor de Jorge Asís mientras me hago un pajita y despierto, y eran todos los protegidos del visir llamado Asís, hacedor de ojetes de estancieras, según decía en Diario del acostado, que no pude avanzar. Hay varios que no me gustan como se expresan, Piglia y Jorge Asís, también Saer, odiosos, ni hablar David Viñas, y Fogwill, me caen mal. Nadie inventa ni ve nada mientras corto el papel higiénico: coman manzana dorada: culito de estaciera y bigote atusado plateado en la tele.

 

La hinchazón de ego

Las autóctonas no tropicales no producen hinchazón de ego, las del Pamir tampoco, solo es una hierbita de pastoreo de cabras en los riscos, acá tengo mi camita que voy a reposar, la Blue Dream me abombó, si es que es eso lo que me dio el transa. No me gusta pasar de 15% de THC. En los confines de Google el perrito ya no ladra: nunca más estaré junto a mamá haciendo charas en Nepal o engañándo perritos con Mendicrim. Mis padres se contagiaron la gripe y yo estaba acá con mi fumeta, y me dijo Galkin, primero se va a morir tu viejo, después tu vieja, y después vos. Pero ya se fueron a laburar y tengo que abrirle a los albañiles. La muerte llega siempre justa por un lado ciego. Tengo un tecladito esmirriado, nada de espacio más que las teclas, seis lucas el tecladito, casi cuatro dólar, en él caen las cenizas que limpia la empleada una vez por semana, las teclas se van atascando, se escucha el ruido, crac-crac, y empiezo a escribir y se lubrica cuando voy arrancando, con el sudor de las manos. Hay cosas que si estoy conectado escribiendo, la web no quiere que salgan y me manda un virus o corta la electricidad del barrio cuando doy Enter. En el exacto momento de dar Enter todo queda en la oscuridad. En el Twitter me cortan y me testean con unas figuras, cuando ganó Milei me expulsaron hasta hace un año, justo cuando salí de la O’Gorman.

No he conocido a nadie tan notable como para prepararme leyendo diarios y biografías como hago, obras periodísticas detallistas y biógrafos ilustres. Una vez el dueño del bar de mi barrio me pidió que escriba su vida de amante, un petiso panzón de Prefectura, embarazador de paraguayas. Me contó una historia de cómo una pendeja le dio bola por la guita y se la llevó a un telo caro del que estaba orgulloso de ir, después le manejaría la caja del bar con el cochecito y la cría hasta fundirlo, prometía puchos gratis, en esa época había unos Philip Morris mentolados de caja negra que me encantaban, hasta que me di cuenta de que el mentolado era de amoníaco. Me fiaba, le debía como seis o siete paquetes. Recién compré unas semillas regulares interesantes.

Ayer fui al velorio de la madre de un amigo de la niñez que sigue ligado a mí porque es amigo de mi hermano. La conocía perfectamente, le pusieron un desavillé blanco con el escote bastante descubierto que mostraba la coagulación de la sangre, tenía un crucifijo enorme en el pecho y claveles blancos entre las manos, peinada hacia atrás, cáncer, estaba raquítica pero losana, fumaba sin parar, setenta y un años. Me recibió en su casa en el año 2000 durante tres meses cuando me echaron de casa, antes de mi primera internación. Una vez se ofendió porque le hablé de la marihuana y me acusó de querer engancharla. Me tuve que ir de esa casa porque en un asado discutí con su hermano y mi supuestamente amigo me echó amenazando con soltarme al dogo que tenía agarrado de la correa. Me fui a lo de mi abuela que me echó a la semana y estuve salteando como tres meses más en la calle y otras casas hasta que fui a la psicóloga y le dije que hable con mi viejo para que me interne porque pensé que la prepaga me daría alojamiento en un psiquiátrico, mentí con los síntomas del diagnóstico y me dieron un martillazo con Rohypnol y otras y se me olvidaban la visitas anteriores, los puchos que me traía eran escasos. En el salón del psiquiátrico vi el ataque a las torres gemelas. El psiquiatra que me entrevistó me preguntó cuántas voces escuchaba, y si esas voces hablaban con otras voces, trastorno psicótico transitorio fue según el Borda donde después hice hospital de día, pero solo era falta de cama, casi no podía sostenerme en pie. La primera noche me pusieron en la habitación con un viejo obeso con ojos verdes de fanático que de noche gritaba “¡Ahí viene el nueve bocas!” hasta que se lo llevaron y vino un excombatiente roto, César, había secuestrado un vuelo a Bariloche para hacerlo aterrizar en Malvinas, “para ser embajador de los vivos o de los muertos, no sé”. Después el año de hospital de día en el actualmente cada vez más tétrico Borda. Las pasantes estaban una mejor que la otra, las pasantes de ahora no estudian y van a hacer josecito con sombrerito, sin dientes, rollingas paqueras de pelo naranja. Había una colorada que me vino hablar de lo bien que me había dado un test que me hicieron y yo me quede mirándola sin poder hablar. Me pasó lo mismo en Chile con una canadiense, no puedo contestar cuando me hablan mujeres demasiado hermosas, generalmente asiento con un gesto y prefiero que se vayan rápido.

Hoy es primero de mayo, detesto el día del trabajador. Nunca he sabido emplearme.

A casi todos los locos los descartan y olvidan en un hospital con motivos equivocados y mentirosos, no toleran sus rutinas exóticas ni su sufrimiento, mis hermanos me clavan el visto cuando pido ayuda, pero después los ayudo yo, siempre quiero lo mejor para ellos pero les traigo mala suerte, mi propio viejo me dice que soy un hijo de puta y me encierran en connivencia con cualquier psiquiatra corrupto cuando me canso de que me levanten la voz y no poder contestar, algo que me da mucho dolor de cabeza y tristeza embotada. Porque la psiquiatría es una seudociencia corrupta. Hay que ir a un buen neurólogo, llegado el caso, que tienen más sabiduría.

Mi viejo parece un tachero con la tele todo el día, la tele y la radio en el auto y en casa, en las redes con la política. Igualito. El auto y la oficina te hacen crecer el culo, y los medios de comunicación te moldean como a un típico tachero. Yo no puedo hablar de política con cualquiera, no puedo hablar con nadie de las cosas innombrables que hacen los seres humanos, trato de poner todo por escrito. En el velorio de esta mujer me preguntaban qué estaba haciendo, siempre los mismos chacales, les recuerdo que me dedico a leer y escribir mis mierdas como siempre, y repreguntan ¿y cómo te va con eso? Bien, bien... y se van.

Cobro el ocho, doce días más, aguanto bastante bien, pero me prendo un porro atrás de otro y se me acaba enseguida. Me pido la Bubblegum y acá no se dan cuenta de su efecto y su olor, ni yo tampoco casi, es un alivio, ningún problema de hinchazón de ego por THC con la Bubblegum, lindo mambo de la cabeza y me siento perfecto. Me la mandan desde Mendoza.

Puse unos brotes de semillas carísimas que no quise esperar a la temporada y se murieron ocho, es buen Feng Shui una planta en mi cuarto y me puedo concentrar y leer todo el día. Ahora puse tres Durban Poison.

Me tomé las pastillas de la tarde y se me fue el dolor en el pecho. Vi el partido y recalenté el agua. En abril la inflación llegó a 2,6% y van a pagar cinco lucas más.

Ayer la vecina salió a caminar encalzada y me hizo un saludo delicado con la mano, dejando ver la tanga alegre bajo la calza, flaquísima, el hijo hace boxeo con un profesor casi debajo de mi ventana y el pibe tira manos como una mariquita, no hace combinaciones ni bolsa, ya le habían puesto un profesor de guitarra unos meses y largó. Me acuerdo cuando mi hermana empezó a tomar clases de guitarra y al vuelo se metió en el conservatorio y después hizo dirección coral y orquestal, se recibió y se fue a vivir a Bella Vista donde al tiempo quedó viuda con una hija que no tenía ni dos meses y la nuera la echó de la casa que le había pagado y por confianzuda no le reclamó la escritura, se casó de vuelta, parió un hijo y se fue a vivir a Perú. Mi abuela le había comprado un piano que ahora está en lo de mi hermano todo desafinado.

Hay un pasaje de Pavese que dice que cuando te declarás rendido a una mujer, seguro te va a meter los cuernos. Pavese murió a los cuarenta y un años. Fumar al amanecer para la resaca de las pastillas. Estoy en un período de misoginia. Bloqueé a mi cuñada del Instagram porque satura con sus historias. Su escuela de danzas y sus filmaciones bailando dan vergüenza ajena. No tiene físico de bailarina para nada, tiene físico de abogada petisa y gordita. Una vez un psicólogo me dijo que me gustaba y le perdí el respeto a su investidura, ¿cómo se le podría ocurrir semejante pelotudez? Mi hermano salió con mujeres hermosas pero se quedó con ella porque enseguida entendieron que juntos sus empresas serían exitosas.

Quinto aniversario de la muerte de mi hermano menor. Ni una nube, la luz da en las arbustivas que están altísimas, ni mamá ni el vecino quieren recortarlas, mejor para mí porque los pendejos no ven las plantas en la terraza, el otro vecino tampoco las ve porque la fila de laureles está por arriba de sus ventanas, salvo que se suban al techo.

Se fue el viento y aparecen los pájaros. El viento a veces trae voces de niños y mujeres que claman augurios del infierno. A veces solo es un acompañamiento suave y mecedor. El vecino taló un árbol justo en mi ventana que era muy compañero (ahí apareció como un rumor). Vivo junto a un campo del que me separa una fila de álamos a los que todavía no se les caen las hojas.

Acabo de soñar que Mónica Bellucci o Verónica (que son muy parecidas) era mi novia, yo me había mudado a San Isidro después de que Los Bifes Metaloides fuera un éxito. Mónica tendría veinticinco años y estábamos empezando una relación y todavía no cogíamos. Yo quería comprar las Diez novelas de Aira, y había comprado un compact con unas coplas homosexuales que había olvidado en el auto de un amigo del CASI, un Fálcon rural decrépito, llamado El Cataforesis, que sabía cómo abrirlo pero me cruzo a Mónica con un amigo y le quiero meter mano entre las medias negras y me dijo que no quería quedar mal con el chico de la librería. La librería estaba en la bajada de adoquines de Libertador.

Me desperté a las catorce horas. Otra vez subí de peso. Milanesas fritas a deshoras. Romina Tejerina ya tiene cuarenta y dos años, separada con un hijo, trabaja en la secretaría de turismo de la provincia. Gana quinientas lucas y paga trescientos de alquiler. Estuvo presa nueve años. Allí la llamaban “comeniños”.

Me fui a dar la inyección con mamá que maneja a los pedos, cuando estoy muy pasteado o con resaca no me importa, pero sin pastillas no confío en nadie al volante. Tuve que pedir que me lleven a la parada por la rodilla para ir a Capital a vender unos libros que se me juntaron, me dieron doce lucas, la malaria es total. No me tengo que deshacer de los libros de Léon Bloy. Me van quedando libros viejos que nadie quiere.

Con Matías hablamos de nuestros sueños felices con amigos y amores pasados y despertar a esta vida de mierda. No tengo fuerza, estas pastillas me dejan con cero actividad cerebral, lento, lerdo, no puedo hablar bien. Hay un par de psiquiatras que hacen terapias con enteógenos. Hay una que hace con macrodosis, cuesta cien dólares, hay documentos de universidades en la web que dicen que sirve para dejar el tabaco y hasta algunos que sirve para la esquizofrenia y estrés post-traumático. En la mesa de entradas del Borda dice que solo fui un trastorno psicótico transitorio. Fue mi vieja la que hacía el chamuyo de la esquizofrenia a los psiquiatras. Buenos Aires para mí siempre fue una mierda, aunque está buena para escribir, apacentarme al sol y dormir la siesta.

Hoy Visitantes. El mundial parece un refrito, todos prefieren este fútbol local. Mañana me tengo que despertar temprano para que me limpien el cuarto y Visitantes termina a las cinco am.

Echado en la cama leo a Leila Guerriero y todo es perfecto. Me bajé Frutos Extraños, y Plano Americano. Entrevista a Claudio Bertoni que dice que solo escribe para defenderse del mundo, y que, como yo, no quiere hacer nada, también lo dijo Paco de Lucía. Claudio Bertoni no ha trabajado ni un solo día de su vida. Mi papá jamás me mandó a trabajar, prefirió que estudie en la UBA, pero no dijo nada cuando dejé de cursar, le bastaba que lea libros. Pero sí me mandó al loquero por las peleas con mamá. Son días muy calmos desde que conseguí plantar los brotes de marihuana en el tacho junto a la ventana. Buen Feng Shui. Ya no deseo pensar ni escribir ni buscar infatigablemente la elevación con hongos psilocibios, mejor no ser devorado por entidades en viajes cósmicos, deseo preservarme en este estado. Pero. Mamá arruina siempre estos preciosos momentos llamándome a comer para gritarme por comerme un pedacito mínimo de queso que dijo que tenía guardado para unas berenjenas y ahora la cabeza me explota.

Esta temporada siguiente sembraré una Pineapple Express de Barney’s Farm, venden semillas sueltas y de a una en Del Plata Seeds, también tienen unas regulares muy interesantes y baratas. Quiero dos sativas y dos índicas.

Madrugada con mi listita de Spotify y el mate, sin puchos, hoy solo fumé un paquete, raro, estaría fumando ahora. Boca casi afuera de la Libertadores. En el libro de Leila Guerriero sobre escritores me crucé con Piglia y otra vez tuve que leer su odiosa manera de ser, siempre me deprime Piglia, después a la fantasmín de Hebe Uhart, la patética de Idea Villariño, la fragilidad extrema de Claudio Bertoni, Aurora Venturini me hace acordar a una de mis tías dementes. Todos unos aparatos insufribles. El más normal parece Fogwill, con una arteria de la pierna tapada que no se quería operar por miedo a perder las piernas, vivía para los hijos, arrepentido de tomar merca, pero no lo puedo leer. Hay mucho para leer y hay libros que faltan, y poca plata. Felipe Delgado, de Jaime Sáenz, me falta. Me acuerdo de cuando leía autores faltitos que despreciaban a los escritores profesionales. Los escritores profesionales son fuertes, sanos y triunfan y ganan dinero porque lo que les publican interesa y se vende. Ya quisiera yo tener fuerza para escribir una buena novela o por lo menos un buen cuento. Leila Guerriero hace unas fisionomías o perfiles por momentos fascinantes, deja hablar, desaparece y compagina todos los fragmentos intercalando partes más jugosas que le quedan bárbaras. Me parece una escritora decente. Y ahora me voy a meter en la cama, después de apagar la música, y voy a abrir el Opus Gelber con los otros anteojos. Lo dejo al rato, no me gusta ese personaje, lo voy a retomar cuando pueda. Tengo un recuerdo de la niñez de cuando me llevaron a verlo a los bosques de Palermo. Lo volví a ver hace unos años en San Martín de los Andes en una sala de la casa de la cultura, me acuerdo que terminó con puros fuegos artificiales de Chopin. Pero no me hizo nada.

La cultura norteamericana ya no me interesa en lo más mínimo.

Hoy evité a mamá todo el día, me duermo muy tarde y me levanto a las cuatro de la tarde para que, en parte, no me moleste. Con papá podemos hablar de fútbol. Matías es de River y se fue a dormir temprano extenuado por el partido. Escuché a Ducatenzeiler pero se enfoca en el tema de las dirigencias corruptas y las operaciones de los medios y de los curros de los representantes hasta el hartazgo. Veo Visitantes hasta que me aburren y me voy a leer. Tienen programas muy buenos y otros que son basura. Va los lunes a las 22.30hs y los jueves a las 21hs en el canal Carnaval Stream de You Tube.

La lectura de Plutarco requiere de un esfuerzo intelectual superior por la traducción al idioma español formal y de alto vuelo que me apasiona. El idioma español bien escrito es una de las cosas más elevadas que he conocido. Encontré otro volumen de la editorial Jackson que trae obras de Voltaire y de Diderot. Voltaire es un gran escritor pero la Virgen de La Salette se ha quejado a causa de un monumento que le hicieron, según Léon Bloy, a quién tengo apartado pero siempre presente, es el escritor que más he amado. Me interesa Diderot. La selección la llevó a cabo José Bianco.

Todo se va en deudas de porro y lo de los puchos que le paso a mamá que hace un rato me advirtió que no me haga el boludo cuando cobre, que no sé porqué lo dijo porque siempre lo primero que hago es pagar todas mis responsabilidades. No quiero tocar lo que me queda. No necesito nada. Ya no vivo con el frenesí de fumar porro y de las semillas y de escribir poemas boludos.

Dinero. Cancelo el Manuscrito encontrado en Zaragoza de Acantilado y Lasher de Anne Rice, el original de Knoft, y Las inquietudes de Shanti Andia de Pío Baroja de la editorial del diario El Mundo español y me traen un super pedo en la tarde tranquila que lo único que permite es hacer una siesta o un ACV, la cabeza pesada, Blue Dream del orto, qué farsa la Blue Dream, qué transa del orto, el tai chi de silla de las propagandas del youtube, buena armonización del ambiente, agradezco el silencio del lavarropas, los trinos azules dan vida, no hay nubes. Son días bellos con el frufrú.

Me acuerdo que los monólogos de la vagina fue un éxito que se sostuvo por un par de temporadas, después salió El escupitajo del pene, todo argento, y ahí arrancaron un par de giles, con las locuciones del pene, el pene no habla, es como un gato, soy el Barón Munchausen y voy flotando. Abro las ventanas, no hace frío. Esa osamenta de mi brote, esas hojitas nuevas: me las comí.

Escribiendo desde las siestas que terminan a las siete, ese es mi horario. El secreto de Prince era que sabía imitar a las negras gordas. Están las fotos del fiambre cuando lo sacan del ascensor a los 56 años. Tenía la pija parada. ¿Ven que escribir es importante? Escribir es la cúspide de la civilización, dice Juan Abreu.

Los pájaros de la mañana azul cantan en latín.

Mis viejos salieron cada uno por su lado, ya están sanos, papá se fue a laburar, puse Visitantes ayer y palmé, una basura, todos los lugares comunes y las imbecilidades más pelotudas de los jóvenes de hoy. El loco y el cuerdo era mejor. Pablo Carrozza es un imbécil. Y Genovar es infradotado. Puse mi listita de Spotify de Zia Mohiuddin Dagar.

Mambo de la Blue Dream de transa con música hindú. La mañana tiene mucho más energía que yo, fumador obeso sin dientes, con las rodillas rotas. Pero salgo a bailar mi danza en la terraza como algunas señoras mayores.

Los píos se fueron, ahora las cotorras, madura la mañana a las once.