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20.7.26

Las manos, por Santiago Armando

 

 

Freedom is something that dies unless it's used.

Hunter S. Thompson

 

Me agarro de las sogas sobre el Puente Pueyrredón que llenan los metrobuses de la 9 de Julio, hay cielo de sogas tejidas en todo el AMBA, voy bajando con elásticos y poleas inteligentes, me llevan. Hongos en la piel, me decido a hablarle a las masas de los saunas paraguas. Sodomización del Obispo perfumado.

Soy pobre, no tengo anteojos, no puedo leer, soy poeta por extrema dejadez. “Sos un vago de mierda”, me dijo mi hermano. Al final se nota mucho la necesidad de tomar mate, escribir una línea y mantenerme en la cama, recordar a Juan Abreu cuando insistía con que el escritor solo quiere autochupársela. Mientras, hago los ejercicios para levantar a mi papá de la operación en la cabeza del fémur, que anoche ya me había olvidado la fecha, ya pregunté, me dio el Grok la rutina, me baño con agua fría y puedo todo menos no fumar, respirar profundo en la nave de los obeliscos de la panza madre con telemundial, se chorrea una pizza en una zanja peluda del Gran Buenos Aires, Lola Pelusa le dicen, nuestra heredad nos perfecciona. Pronto seré un campeón en limpiarle el ojete a mi padre, espero que no se me resbale.

Aquella entrevista a Néstor Sánchez donde dice cuando conquisté el estado de pregunta, tendí a un humor grave, acaso angustiado… Sergio Gentilli quiere un partido con enemas pirotécnicos que empalagan. Nosotros escuchábamos a José María Muñoz en democracia y en casa se leía La Nación con mi querido suplemento de Cultura, con las sensaciones de la Hopenhayn y otras muertas como la Ortiz Dujovne, de más grande la geniales columnas Mariana Enríquez en el Radar, el Late Registration de Kanye West lo fui a buscar.

Amargura lúcida divagante, son todos cantantes que duermen la siesta, esa lucidez amarga la notaba Antonio Escohotado, lo que se puede hacer es dormir y no esforzarse por escribir más que aguafuertes, pero,  el deber del hombre es saber dice Escohotado, clavando en las piedras de cobre daliniano de la costa de Ibiza bajo la luna: Guampas y un Anubis. Es porque no se dan vuelta haciendo caras, ni se bañan con agua fría y fuman, no hacen sentadillas con los brazos levantados ni rezan. Aburre la soledad y el ambiente adverso con los anteojos atendiendo las palabras que crea la gente común sin el porrito, es mi karma en la vida que me rompan las pelotas por “el  porrito”, vale para hacer fuerza, mantenerse en forma, escribir a la mañana con las sierras del mantenimiento del barrio, y apoyar la cabeza con las persianas bajas, hasta el atardecer reticulado.

Durante la obesidad sin porro leía, ya no puedo por la falta de anteojos, las sogas del AMBA me mantienen en forma, y con la hierbita de jardín o maceta de tierra me da ganas de escribir  y me olvido de leer. Lo que yo saqué de mis macetas no era este indoor ni de casualidad, era algo mucho más sabroso que fumaba al atardecer y luego de la cena con la luna o a la mañana en verano. Levantar con los glúteos las sentadillas. Los espejos holográficos con tetas en tules de la vecina, sus gemidos, las visiones del cómic de Lasher, y el josecito con sombrerito: una fosa de milanesa podrida de hachar mujeres del CEAMSE. Pero me mantengo del lado de la luz, rezo el Rosario y rasgo la guitarra.

Así deben ser los recitales de Lali. Enoc me dijo que lo del blog se guarda setenta años si alguien no lo borra, hay un filósofo del CONICET con mi nombre. Verónica rechazó mi novela, no le llegará más nada, ¿será porque en el sueño se confunden ella y Monica Bellucci, la mención de “comeniños” de Romina Tejerina le cayó mal? Debo parecer un psicópata pero soy peligrosamente insensible. Tal vez la pajita después del dedo mayor de Jorge Asís en el sueño. Ahí tuve una respuesta del público. Llegaron los puchos.

Estaba sucio de tres pajas, teníamos misa del cumpleaños de mi hermano occiso a las diecinueve. Me bañé y encontré la ropa que habían puesto fuera de mi vista por las visitas de la inmobiliaria. Me pido Infinite Jest, el original de tapa dura ochenta lucas, pero me la bajo al español y es un boludo de veintisiete años insoportable. Está The Proud Highway, el primer tomo de cartas de los dieciocho hasta los treinta años de Hunter S. Thompson, y el Campaign Trail 72’, gambas de Pavese y Debussy, pálidas figuras en medias de colores. Después de la misa papá me anotó en un curso de Confirmación, después fuimos a un bodegón cercano y comilona.

Una vez me tomé el Sarmiento de los cartoneros. Una noche en lo de Verónica que no podía calzarme y dormir en el sillón doble, me fui a la mierda. El vagón tenía una débil luz anterior a las LED. Y veía gentes con grandes sacos, ninguno grande en altura, sacos y personas tenían casi la misma altura, pero tampoco miré mucho, no lo recorrí. Dupont hablaba de los enanos, como aquellos bolivianos que pusieron las cloacas en mi barrio, toda la cuadra marrón esos días, yo ya escribí de un bar con olor a pedo de plomo y gomina, me agarré del pasamanos con el brazo izquierdo y me hundí en la capucha de aquel viejísimo buso y pasé desapercibido. Y llegar a mi pago y dormir y olvidar esa casa triste y apagada e incogible. En Buenos Aires soy pobre, hacer el amor solo a ojos de Michelángelo, otros celestes, luminosos azules, ojos amarillos, ojos verdes con diamantes.

Terminé una novela de ciento veinte carillas homenaje a la divulgación científica que brinda la inteligencia artificial, el motor de solitones de Erik Lentz, y los perfiles de antimateria del santiagueño Julio Navarro, en verdad no está mal y pone a la conquista de Marte en ridículo, los astrofísicos saben que en el resto de los planetas y cometas hay energía suficiente para la conquista del universo.

Reparos con la Confirmación: tengo este tic de coitos disimulados en lugares públicos, el porro, el pucho: todos travas tienen ojos de serpiente levantando la patita con Mendicrim, mientras suena el Raga de Zia Mohiuddin Dagar.

De fondo Visitantes, la selección se fue a un baldío con una iglesia y una funeraria, mataron a dos y nueve heridos, grescas con los del otro lado del Mississippi. Gas del Duka, se habla con la busarda, se escribe con la panza para afuera, esa es la única manera de matenerse recto y convertirse en un fiel copiador, yo siempre estoy acá. Pablo Carrozza habla, es una lacrita con doscientos sesenta abolladuras de ojete, todos están gagás menos Duka, tan jóvenes.

Nadie me dice que cantó Tini ni Lali, nadie me pasa un tema. Mundial 2010 con Maradona de técnico, Pastore de perfil tratando de jugar al pasesito contra el escanolamiento de la defensa alemana que bastaba un simple cambio de ritmo para maniobrar bloqueos, porque Pastore la llevaba al trote, el único puente Einstein-Rosen que faltaba eran los pases de Riquelme y las definiciones de Messi, Román se quedaba sin aire y pedía el cambio y entraba Verón y ganábamos, en la última derrota con Inglaterra que Bielsa lo saca y lo dan vuelta los ingleses, Riquelme no tuvo repuesto… porque en la selección Riquelme pedía el cambio y Bielsa lo llevó incómodo porque no juega con diez.

Al final de un karaoke me la chuparon. Y también bajo la mesa de un bar lleno, con la discreción de las mesas vecinas.

Cuando a mi jefe se la chuparon para que me eche fue en una torre blanca de ladrillos con sábalos chupadores, la jota toledana del castillo hay que hacerla, había curvas de racimos de sábalo perlado. No saben manejar este alfabeto, más mueven las tetas, les gusta salir, vivir para mover las tetas. El teclado no parará de escribir porque la compresión de los dedos sobre él es muy fuerte en mí, súbenme por la espalda los impulsos que terminan en los caracteres. Cuartos de final con Pork Soda, el chanchito mejicano de Les Claypool y la Iglesia de Shoni Viale. Lo que deben ser las sábanas meadas de Shoni, ese se mea encima en vivo.

Apilo ropa sucia junto a la máquina. Puedo pringar a todos mis lectores en las pestañas, todo para peinar la ventana con la pera y poner mis manos en la fina ceniza de Anubis: María/ morena/ tus tetas enmarcadas en la arena.

Un atardecer me quedé frente al sol en una playita de José Ignacio, después mi hermano me pasó unas Pepperidge Farm de chocolate. Fueron quince minutos de arrobamiento en esa mansita.

Mi cuñada de las rodillas está perfecta, me dijo que hace aero yoga y está flaca y fuerte, le pregunté todo, y partió llevándose comida del mostrador en una bolsa a un ensayo después de la comilona pos misa del cumple de mi hermano. El vecino mejora en sus clases particulares de boxeo, a las que se ha sumado su padre.

El teléfono molesta, siente el cambio de movimiento y manda spam de Mercado Libre. Lo voy a mandar a la concha de su madre a Galperín por Twitter, hasta los domingos te mandan ruidos de propagandas pelotudas, mentirosas, molestas, innecesarias, repetitivas, hasta en el dia domingo de descanso del Padre.

Me levanto y cancelo los libros. Infinite Jest es una verga, como aquella novela monólogo Cristo vs. Arizona de Camilo José Cela. Pero más inocente. Son chotísimos. Cancelo todos y la devolución se hace rápido. Sonatas de piano de Mozart por Glenn Gould. Sigo con mi Kindle sin poder bajar nada por el cable en mal estado, se pone bien cuando quiere.

Mi cuñada cambió por completo su físico, me dejó tranquilo, directo le pregunté por sus rodillas, no olvido que traigo mala suerte, debo permanecer callado, antes de partir, por eso regalo, las buenas intenciones siempre terminan mal, la industria gráfica pasó de moda, los dibujos de Gustave Doré de la Divina Comedia, los Taschen de El Bosco, Egon Schiele, ofrezco, pero me niegan la generosidad, se los doy para que recorten y hagan cuadernos para escribir, ¿quién va a escribir?, les chupa un huevo, les doy igual. Me canso de leer, tengo que ir al oftalmólogo y pagar una fortuna los anteojos que no tengo. Tanto Hunter S. Thompson como David Foster Wallace se suicidaron por depresión, a mí me deprime la gente que no tira la goma con felicidad.

Cumplo cincuenta años, viene un amigo a comer tomar y fumar Klementine, el único, El Piña. Extraño al viejo Diego, pero ya es otra persona, ya no somos amigos. Me escribió Omar para contarme que se le murió una gata que rescató en muy mal estado de la calle.

Mamá destruye mis nervios rompiendo todo en la cocina, y me pongo a leer la New Yorker y hablan de la Misophony: La misofonía (o síndrome de sensibilidad selectiva al sonido) es un trastorno neurológico en el que ciertos sonidos cotidianos y repetitivos provocan reacciones emocionales o físicas extremas, como ira intensa, ansiedad, pánico o el deseo incontrolable de huir. Mi psiquiatra no me escucharía porque no le importa. Años sentado me jodió la cabeza del fémur en la cadera, rodilla, cadera y hombro izquierdo cagados.

Ya volvieron los ruidos en la cocina, mi vieja quiere inventar una comida que nunca hizo para mi cumpleaños y le sale mal, siempre lo mismo, se lo voy a decir para la próxima, de haber: solo quiero ravioles. En un rato vienen todos. Esperaba más de Brasil vs. Marruecos. Ruidos, no te mudes a un cuarto debajo de la cocina. Los torpes chimpancés te romperán los nervios, el vecino otro, debajo de mi ventana. Imposible.

Van a operar a mi viejo de la cabeza del fémur pronto, la recuperación va a ser jodida, ya les dije que se muden a un departamento pero se enojan. Mamá le prometió a la nieta peruana pileta para siempre. Cuando se venda esta casa iremos a una más chica, supuestamente. Mi viejo se va a operar y capaz no vuelva a caminar. Pero le duele mucho y ni un quejido. Se la aguantó toda la vida, se cayó de un caballo a los siete años en Córdoba. Me cuesta más rezar cuando tengo muchas boludeces en la cabeza pero estoy volviendo de a poco.

Más me obligo a escribir porque no tengo ganas, ya no escribo poemas, tiré dos mil carillas de poemas. Tiré todos los archivos. Me voy quedando con lo publicado, no sé escribir libros.

Ya no me salen los poemas, apenas avanzo en el renglón, recién me despierto con resaca, soy un descartadito con el mate, pero voy a tener mucho porro en el mundial.

Mis plantas, soy guitarrista y botánico, hoy regué mi Durban, hasta el viernes no debo regarla de nuevo, ¿qué hace un poeta y guitarrista cultivador? Tiene pensión por invalidez. Las kush y las sativa gratis para no endeudarse, un porro equilibrado y con notas de anís, licor y regaliz.

Extraño un poco la autóctona argentina llamada Destroyer, la hemos desaparecido, me contentaré con índicas de California y Holanda esta temporada, pero la Fruity Widow, la Cinderella 99', la Jack Herer versión Rápida que me llegaban de Aldi Gonzo: mi humilde homenaje a Aldi Gonzo, y aquellas autóctonas para hablar con las alfombras y las bolitas de energía luminosa que me perseguían.

Argentina jamás caerá, por su cavilación condenatoria siempre debe liberarse, somos una sociedad con medios de comunicación para tacheros. Rumbo a la paquetería del barrio con la lluvia fui rezando a buscar mi porro, el porro de Buenos Aires me inducía un delirio místico muy doloroso, se me fueron los ojos sutiles de este veneno para camuflarme en la cocina y buscar el mate. Purpurea Kush y White Widow x Super Cheese..

Contra el vidrio del comedor, con mi hermano, en la infancia, nos deformábamos haciendo caras, y yo una vez me di vuelta, no necesitábamos nada.

Purpurea kush suiza, pino y mirceno en la boca, la lluvia, los libros gratis del Kindle, me bajé los cuentos de Sara Gallardo, la que me ha gustado es Eisejuaz, es una felicidad encontrar un libro bueno pero lo que garpó más fueron los goles de Messi, descanso los ojos y me duermo, en mi cumpleaños me han regalado los Cuatro Cuartetos de T.S. Eliot edición bilingüe de Cátedra, y leo esa poesía fina y galante del idioma inglés sobre rosas y gotas de lagrimas o lluvia, todo aquello que Hunter S. Thompson ha despedazado acelerando en su auto salido de la calzada estancada, embarrando a Jack Kerouac haciendo dedo y a los lingüistas enseñando alfabetos de la paraguayania.

Hago los ejercicios, me baño con agua fría, me hice adicto a la ducha de agua fría, estoy subiendo los chinchulines a la caja, estoy adelgazando pero si fumo me cuesta, las rodillas sonaron pero se reacomodaron, me estoy regenerando con muy poco esfuerzo.

Mamá revienta la cocina con sacudidas de mono en LSD. Silencio, solo quieren aparecer en la página, escribo para los pájaros, los niños juegan a la pelota y andan en bici, el mate está caliente, hay puchitos, Gracias Dios, y este teclado, adelantar deudas de porro o dar más a mis viejos: comprar más porro.

Mi viejo acaba de decirme que sale caminando al día siguiente de la operación, no tendré que levantarlo, a no ser que se caiga, para lo que estoy haciendo sentadillas, debo estar fuerte por él. Ruido de nuevo, golpazos de armario de cocina, qué mierda, hago mis sentadillas empujando para arriba los glúteos y los brazos adelante cruzados, hago hélice en el hombro de la tendinitis y persigo el dolor y lo derroto, hice desaparecer el dolor, pero tengo una pequeña inflamación.

Ejercito los hombros a ciento ochenta grados levantándolos y bajándolos, el doloroso se cansa. Me dijo el Grok que pare con “enfrentar al dolor” y que haga las hélices del hombro cortitas.

El padecimiento psíquico permanente se disipa con el porro. El agua fría y los ejercicios me ayudan, voy a salir a caminar y todavía me retiene esta mierda con el cigarro en la mano. Hoy el CASI juega contra Newman, el bebe Contemponi hizo toda su carrera televisiva con la pera temblando y el hermano es entrenador de Los Pumas, yo soy hincha de Sudáfrica.

King Crimson me da pesadillas. La primera vez que me internaron fue porque en la oficina de una teatro fumé y pusieron Starless y empecé a tener visiones de rostros deformes en las paredes, después volví a la casa donde paraba y discutí con un imbécil porque estaba re loco. Qué música horrible.

Recuerden las sentadillas y pararse empujando los glúteos, con los brazos levantados y cruzados, adentro afuera doble sentadilla doble cruzamiento de brazos, como en la fábrica de malla de alambre. Levantar los hombros con resistencias, vencer las resistencias, eso es la vida del corazón, no fumaré más tabaco, solo buscaré mi libre chalita de los riscos con el mendicrim y las cabras.

Gago tuvo un infarto y le pusieron un stent, ayer, después de ganar con Universidad de Chile, en la conferencia de prensa se tomaba la teta izquierda dando sus explicaciones incomprensibles u obvias, y apareció en la ambulancia por la clínica a las tres de la mañana.

El porro, fumar solo porro y el saxo ah negrura plateada en holograma flameante, y la mirada indiferente de fumador puesto.

El saludo al atardecer de los pichones, las cotorras siguen chillando un rato, uno que conozco desde mi infancia en el bajo, cotorras, la gente habla, pasan niños de un año en carritos de plástico. El arte concerniente a los ojos y al oído, y la boca holográfica de chupar pija en el país pajitas y hashish, me ha tocado sufrir el desengaño afectivo permanente hasta concluir en limpiarle el culo a mis viejos, para eso me han felicitado con lágrimas en mi cincuenta aniversario, con porro, un porro poderoso para hacer sentadillas y bañarse con agua fría. Un che pibe limpiaculo, me quisieron mandar con mi abuela y los mandé a la mierda. Me había olvidado. Aquí estoy.

Ayer me pasé la noche fumando y vi como lo echaron a Ducantenzeiler y quedó puteando solo en cámara a medio mundo, y por sus números de hoy en you tube prácticamente quedó olvidado, lo peor de esto es que Pablo Carrozza se llevó su seguidores. Por fin lo vi sin energía, agradeciendo al canal, reconoce que se vio como un programa basura salvo cuando lo dejaban solo y contaba historias, donde batió records con sus cuentos de el Loco Fierro llegando en un tren solo para hinchas de Gimnasia desde La Plata y se bajaban en las vías a la altura de la entrada visitante para ir a pelear, solo con un jean y en patas, sobre el asfalto quemante, su amistad con el Gallego Popey, líder de la barra, su presidencia, sus diálogos con Grondona, ganarle el campeonato a Boca y River como Presidente, nunca lo dejarían triunfar. Mishigene total.

Y me levanté para ver la repetición del segundo gol de Messi, que me despertó porque sonó todo el tinglado Tesla y volví a dormir hasta la cena de ravioles, me acusaron de darme una sobredosis de medicamentos. Pero solo fumé y me acosté muy tarde tomando las pastillas al final, vi las últimas nubes tétricas de la tarde y me seguían apagando los fármacos chupadores, y ahora son las doce y no está más el Duka, y ya terminé mi ejercicio de vida y no ha pasado gran cosa. Boris Becker perdió su finca en Ibiza y fue preso por no pagar impuestos. Me tomaría un hongo psilocibio en una playa con una mujer nunca imaginada, que baila con el ruido mundial y las luces de don Nikola.

La exhalación gastadita, la frase en el pedazo de papel de la libreta del preceptor que nunca usaré para "escribir mis impresiones" como por ejemplo “Ser un simple botánico principiante”, de marihuana, mezclaré el más puro pino con la miel y la menta, y para qué, para plantarlas y que me acompañen. Y también con las kush americanas que mezclaron con la white widow con gusto a chocolate y berries con miel y menta, un caos de dulces con pino y menta oh fumar es lo más suculento y más hermoso.

Ruido de la ruta, frío. Corrigiendo mis modales. Todos pasan por debajo del estanque de los hipopótamos, y nadie puede perseguir a ningún grupo social, solo patear el culo a los que rezan postrados en la calle o en el pasillo del bondi o avión.

Vuelve El Duka porque se le piantaron decenas de miles suscriptores al Carnaval Stream. Insoportable, ahora se pone en moralista y maestro ciruela, me hice un mate para estar en silencio y escribir. Perdió Uruguay, otra vez Bielsa afuera en zona de grupos. Me pregunto quién lo puso en el cargo. Con tantas pastillas no tengo reflejos, no puedo mantener una conversación.

Yo quería formar una familia católica y nunca cantar la Internacional, solo el himno. Ya es tarde.

Prefiero tener un picador de flores de porro de metal desarmable, a roscas, porque al desmenuzarlo con cuchillo o tijera se pierde el polvillo y algunas partículas que después se pueden usar con tabaco en la época de carestía, como me acaba de pasar, me he comido hasta la goma negra que deja la resina en las roscas y pasé la lengua entre las cuchillas, paso la lengua por todo después de que se acaba, hasta el mes que viene. Pero antes saco todo con mis anteojos de aumento y una tijera, con la uña crecida sale mejor la goma de la resina que traba las rosca principal, de haber hecho todo el trabajo con paciencia y un poco de tabaco me hubiera armado uno más grande, pero pude sacar uno por cada inspección. Ah, pino y mirceno con tabaco. Conseguí una semilla de ese porro salvaje de antes pero con olor a piña. Ayer puse una Durban Poison al aire libre aunque la IA diga que debajo de cuatro grados la planta muere, le pongo un envase de Coca grande por la noches, y puse a germinar más. Junté muchas semillas regulares y puedo investigar, la inteligencia artificial no recomienda plantar al aire libre en invierno salvo cubriendo las plantas con un gran plástico de doscientos micrones, pero yo solo quiero testear las semillas autóctonas que están hechas para aguantar los climas más duros y han estado allí toda la vida. En invierno salen enanas pero dan diez gramos que valen cien lucas, y la caja de diez cuesta cincuenta y cinco. Sembraré en el techo este verano. Ni remotamente tengo dinero para abastecerme de porro, ni siendo millonario.

Salí a caminar una vuelta y en una obra vi dos tachos de pintura de veinte litros y me los llevé, los lavé y les puse la tierra que generosamente me brindó el vecino, ya tengo seis tachos para automáticas. Voy a plantar Pound Cake y Jack Herer auto porque me voy de vacaciones al campo otra vez obligado y voy a poder sacar dos tandas antes de irme, y cuando vuelva voy a poder sacar otra otoñal. La psiquiatra le dijo a mis viejos que no me pueden dejar solo en casa.

1.6.26

Hojas caídas, por Santiago Armando

 

 

Condeno todos los códigos de expresión y defiendo la ofensa por su valor intrínseco, como herramienta de ataque contra la opinión recibida y las presunciones no cuestionadas. Mis héroes son los libertinos de la Ilustración y los estetas de la decadencia del siglo XIX.

 Camille Paglia

 

La dicha de fumar índica, trae suerte, el porro bueno trae suerte me parece, puedo escribir en silencio, qué suerte, mis viejos descansan. Tanto laburo para un cómic. Me gusta la fotografía del cómic, el ojo, la perfección del Wassilly Kandinsky en el josecito con sombrerito. Me gustan las historias distorsionadas del movimiento y el ojo que hace  Gabino Calónico. 

Sueño que me entra un dedo mayor de Jorge Asís mientras me hago un pajita y despierto, y eran todos los protegidos del visir llamado Asís, hacedor de ojetes de estancieras, según decía en Diario del acostado, que no pude avanzar. Hay varios que no me gustan como se expresan, Piglia y Jorge Asís, también Saer, odiosos, ni hablar David Viñas, y Fogwill, me caen mal. Nadie inventa ni ve nada mientras corto el papel higiénico: coman manzana dorada: culito de estaciera y bigote atusado plateado en la tele.

 

La hinchazón de ego

Las autóctonas no tropicales no producen hinchazón de ego, las del Pamir tampoco, solo es una hierbita de pastoreo de cabras en los riscos, acá tengo mi camita que voy a reposar, la Blue Dream me abombó, si es que es eso lo que me dio el transa. No me gusta pasar de 15% de THC. En los confines de Google el perrito ya no ladra: nunca más estaré junto a mamá haciendo charas en Nepal o engañándo perritos con Mendicrim. Mis padres se contagiaron la gripe y yo estaba acá con mi fumeta, y me dijo Galkin, primero se va a morir tu viejo, después tu vieja, y después vos. Pero ya se fueron a laburar y tengo que abrirle a los albañiles. La muerte llega siempre justa por un lado ciego. Tengo un tecladito esmirriado, nada de espacio más que las teclas, seis lucas el tecladito, casi cuatro dólar, en él caen las cenizas que limpia la empleada una vez por semana, las teclas se van atascando, se escucha el ruido, crac-crac, y empiezo a escribir y se lubrica cuando voy arrancando, con el sudor de las manos. Hay cosas que si estoy conectado escribiendo, la web no quiere que salgan y me manda un virus o corta la electricidad del barrio cuando doy Enter. En el exacto momento de dar Enter todo queda en la oscuridad. En el Twitter me cortan y me testean con unas figuras, cuando ganó Milei me expulsaron hasta hace un año, justo cuando salí de la O’Gorman.

No he conocido a nadie tan notable como para prepararme leyendo diarios y biografías como hago, obras periodísticas detallistas y biógrafos ilustres. Una vez el dueño del bar de mi barrio me pidió que escriba su vida de amante, un petiso panzón de Prefectura, embarazador de paraguayas. Me contó una historia de cómo una pendeja le dio bola por la guita y se la llevó a un telo caro del que estaba orgulloso de ir, después le manejaría la caja del bar con el cochecito y la cría hasta fundirlo, prometía puchos gratis, en esa época había unos Philip Morris mentolados de caja negra que me encantaban, hasta que me di cuenta de que el mentolado era de amoníaco. Me fiaba, le debía como seis o siete paquetes. Recién compré unas semillas regulares interesantes.

Ayer fui al velorio de la madre de un amigo de la niñez que sigue ligado a mí porque es amigo de mi hermano. La conocía perfectamente, le pusieron un desavillé blanco con el escote bastante descubierto que mostraba la coagulación de la sangre, tenía un crucifijo enorme en el pecho y claveles blancos entre las manos, peinada hacia atrás, cáncer, estaba raquítica pero losana, fumaba sin parar, setenta y un años. Me recibió en su casa en el año 2000 durante tres meses cuando me echaron de casa, antes de mi primera internación. Una vez se ofendió porque le hablé de la marihuana y me acusó de querer engancharla. Me tuve que ir de esa casa porque en un asado discutí con su hermano y mi supuestamente amigo me echó amenazando con soltarme al dogo que tenía agarrado de la correa. Me fui a lo de mi abuela que me echó a la semana y estuve salteando como tres meses más en la calle y otras casas hasta que fui a la psicóloga y le dije que hable con mi viejo para que me interne porque pensé que la prepaga me daría alojamiento en un psiquiátrico, mentí con los síntomas del diagnóstico y me dieron un martillazo con Rohypnol y otras y se me olvidaban la visitas anteriores, los puchos que me traía eran escasos. En el salón del psiquiátrico vi el ataque a las torres gemelas. El psiquiatra que me entrevistó me preguntó cuántas voces escuchaba, y si esas voces hablaban con otras voces, trastorno psicótico transitorio fue según el Borda donde después hice hospital de día, pero solo era falta de cama, casi no podía sostenerme en pie. La primera noche me pusieron en la habitación con un viejo obeso con ojos verdes de fanático que de noche gritaba “¡Ahí viene el nueve bocas!” hasta que se lo llevaron y vino un excombatiente roto, César, había secuestrado un vuelo a Bariloche para hacerlo aterrizar en Malvinas, “para ser embajador de los vivos o de los muertos, no sé”. Después el año de hospital de día en el actualmente cada vez más tétrico Borda. Las pasantes estaban una mejor que la otra, las pasantes de ahora no estudian y van a hacer josecito con sombrerito, sin dientes, rollingas paqueras de pelo naranja. Había una colorada que me vino hablar de lo bien que me había dado un test que me hicieron y yo me quede mirándola sin poder hablar. Me pasó lo mismo en Chile con una canadiense, no puedo contestar cuando me hablan mujeres demasiado hermosas, generalmente asiento con un gesto y prefiero que se vayan rápido.

Hoy es primero de mayo, detesto el día del trabajador. Nunca he sabido emplearme.

A casi todos los locos los descartan y olvidan en un hospital con motivos equivocados y mentirosos, no toleran sus rutinas exóticas ni su sufrimiento, mis hermanos me clavan el visto cuando pido ayuda, pero después los ayudo yo, siempre quiero lo mejor para ellos pero les traigo mala suerte, mi propio viejo me dice que soy un hijo de puta y me encierran en connivencia con cualquier psiquiatra corrupto cuando me canso de que me levanten la voz y no poder contestar, algo que me da mucho dolor de cabeza y tristeza embotada. Porque la psiquiatría es una seudociencia corrupta. Hay que ir a un buen neurólogo, llegado el caso, que tienen más sabiduría.

Mi viejo parece un tachero con la tele todo el día, la tele y la radio en el auto y en casa, en las redes con la política. Igualito. El auto y la oficina te hacen crecer el culo, y los medios de comunicación te moldean como a un típico tachero. Yo no puedo hablar de política con cualquiera, no puedo hablar con nadie de las cosas innombrables que hacen los seres humanos, trato de poner todo por escrito. En el velorio de esta mujer me preguntaban qué estaba haciendo, siempre los mismos chacales, les recuerdo que me dedico a leer y escribir mis mierdas como siempre, y repreguntan ¿y cómo te va con eso? Bien, bien... y se van.

Cobro el ocho, doce días más, aguanto bastante bien, pero me prendo un porro atrás de otro y se me acaba enseguida. Me pido la Bubblegum y acá no se dan cuenta de su efecto y su olor, ni yo tampoco casi, es un alivio, ningún problema de hinchazón de ego por THC con la Bubblegum, lindo mambo de la cabeza y me siento perfecto. Me la mandan desde Mendoza.

Puse unos brotes de semillas carísimas que no quise esperar a la temporada y se murieron ocho, es buen Feng Shui una planta en mi cuarto y me puedo concentrar y leer todo el día. Ahora puse tres Durban Poison.

Me tomé las pastillas de la tarde y se me fue el dolor en el pecho. Vi el partido y recalenté el agua. En abril la inflación llegó a 2,6% y van a pagar cinco lucas más.

Ayer la vecina salió a caminar encalzada y me hizo un saludo delicado con la mano, dejando ver la tanga alegre bajo la calza, flaquísima, el hijo hace boxeo con un profesor casi debajo de mi ventana y el pibe tira manos como una mariquita, no hace combinaciones ni bolsa, ya le habían puesto un profesor de guitarra unos meses y largó. Me acuerdo cuando mi hermana empezó a tomar clases de guitarra y al vuelo se metió en el conservatorio y después hizo dirección coral y orquestal, se recibió y se fue a vivir a Bella Vista donde al tiempo quedó viuda con una hija que no tenía ni dos meses y la nuera la echó de la casa que le había pagado y por confianzuda no le reclamó la escritura, se casó de vuelta, parió un hijo y se fue a vivir a Perú. Mi abuela le había comprado un piano que ahora está en lo de mi hermano todo desafinado.

Hay un pasaje de Pavese que dice que cuando te declarás rendido a una mujer, seguro te va a meter los cuernos. Pavese murió a los cuarenta y un años. Fumar al amanecer para la resaca de las pastillas. Estoy en un período de misoginia. Bloqueé a mi cuñada del Instagram porque satura con sus historias. Su escuela de danzas y sus filmaciones bailando dan vergüenza ajena. No tiene físico de bailarina para nada, tiene físico de abogada petisa y gordita. Una vez un psicólogo me dijo que me gustaba y le perdí el respeto a su investidura, ¿cómo se le podría ocurrir semejante pelotudez? Mi hermano salió con mujeres hermosas pero se quedó con ella porque enseguida entendieron que juntos sus empresas serían exitosas.

Quinto aniversario de la muerte de mi hermano menor. Ni una nube, la luz da en las arbustivas que están altísimas, ni mamá ni el vecino quieren recortarlas, mejor para mí porque los pendejos no ven las plantas en la terraza, el otro vecino tampoco las ve porque la fila de laureles está por arriba de sus ventanas, salvo que se suban al techo.

Se fue el viento y aparecen los pájaros. El viento a veces trae voces de niños y mujeres que claman augurios del infierno. A veces solo es un acompañamiento suave y mecedor. El vecino taló un árbol justo en mi ventana que era muy compañero (ahí apareció como un rumor). Vivo junto a un campo del que me separa una fila de álamos a los que todavía no se les caen las hojas.

Acabo de soñar que Mónica Bellucci o Verónica (que son muy parecidas) era mi novia, yo me había mudado a San Isidro después de que Los Bifes Metaloides fuera un éxito. Mónica tendría veinticinco años y estábamos empezando una relación y todavía no cogíamos. Yo quería comprar las Diez novelas de Aira, y había comprado un compact con unas coplas homosexuales que había olvidado en el auto de un amigo del CASI, un Fálcon rural decrépito, llamado El Cataforesis, que sabía cómo abrirlo pero me cruzo a Mónica con un amigo y le quiero meter mano entre las medias negras y me dijo que no quería quedar mal con el chico de la librería. La librería estaba en la bajada de adoquines de Libertador.

Me desperté a las catorce horas. Otra vez subí de peso. Milanesas fritas a deshoras. Romina Tejerina ya tiene cuarenta y dos años, separada con un hijo, trabaja en la secretaría de turismo de la provincia. Gana quinientas lucas y paga trescientos de alquiler. Estuvo presa nueve años. Allí la llamaban “comeniños”.

Me fui a dar la inyección con mamá que maneja a los pedos, cuando estoy muy pasteado o con resaca no me importa, pero sin pastillas no confío en nadie al volante. Tuve que pedir que me lleven a la parada por la rodilla para ir a Capital a vender unos libros que se me juntaron, me dieron doce lucas, la malaria es total. No me tengo que deshacer de los libros de Léon Bloy. Me van quedando libros viejos que nadie quiere.

Con Matías hablamos de nuestros sueños felices con amigos y amores pasados y despertar a esta vida de mierda. No tengo fuerza, estas pastillas me dejan con cero actividad cerebral, lento, lerdo, no puedo hablar bien. Hay un par de psiquiatras que hacen terapias con enteógenos. Hay una que hace con macrodosis, cuesta cien dólares, hay documentos de universidades en la web que dicen que sirve para dejar el tabaco y hasta algunos que sirve para la esquizofrenia y estrés post-traumático. En la mesa de entradas del Borda dice que solo fui un trastorno psicótico transitorio. Fue mi vieja la que hacía el chamuyo de la esquizofrenia a los psiquiatras. Buenos Aires para mí siempre fue una mierda, aunque está buena para escribir, apacentarme al sol y dormir la siesta.

Hoy Visitantes. El mundial parece un refrito, todos prefieren este fútbol local. Mañana me tengo que despertar temprano para que me limpien el cuarto y Visitantes termina a las cinco am.

Echado en la cama leo a Leila Guerriero y todo es perfecto. Me bajé Frutos Extraños, y Plano Americano. Entrevista a Claudio Bertoni que dice que solo escribe para defenderse del mundo, y que, como yo, no quiere hacer nada, también lo dijo Paco de Lucía. Claudio Bertoni no ha trabajado ni un solo día de su vida. Mi papá jamás me mandó a trabajar, prefirió que estudie en la UBA, pero no dijo nada cuando dejé de cursar, le bastaba que lea libros. Pero sí me mandó al loquero por las peleas con mamá. Son días muy calmos desde que conseguí plantar los brotes de marihuana en el tacho junto a la ventana. Buen Feng Shui. Ya no deseo pensar ni escribir ni buscar infatigablemente la elevación con hongos psilocibios, mejor no ser devorado por entidades en viajes cósmicos, deseo preservarme en este estado. Pero. Mamá arruina siempre estos preciosos momentos llamándome a comer para gritarme por comerme un pedacito mínimo de queso que dijo que tenía guardado para unas berenjenas y ahora la cabeza me explota.

Esta temporada siguiente sembraré una Pineapple Express de Barney’s Farm, venden semillas sueltas y de a una en Del Plata Seeds, también tienen unas regulares muy interesantes y baratas. Quiero dos sativas y dos índicas.

Madrugada con mi listita de Spotify y el mate, sin puchos, hoy solo fumé un paquete, raro, estaría fumando ahora. Boca casi afuera de la Libertadores. En el libro de Leila Guerriero sobre escritores me crucé con Piglia y otra vez tuve que leer su odiosa manera de ser, siempre me deprime Piglia, después a la fantasmín de Hebe Uhart, la patética de Idea Villariño, la fragilidad extrema de Claudio Bertoni, Aurora Venturini me hace acordar a una de mis tías dementes. Todos unos aparatos insufribles. El más normal parece Fogwill, con una arteria de la pierna tapada que no se quería operar por miedo a perder las piernas, vivía para los hijos, arrepentido de tomar merca, pero no lo puedo leer. Hay mucho para leer y hay libros que faltan, y poca plata. Felipe Delgado, de Jaime Sáenz, me falta. Me acuerdo de cuando leía autores faltitos que despreciaban a los escritores profesionales. Los escritores profesionales son fuertes, sanos y triunfan y ganan dinero porque lo que les publican interesa y se vende. Ya quisiera yo tener fuerza para escribir una buena novela o por lo menos un buen cuento. Leila Guerriero hace unas fisionomías o perfiles por momentos fascinantes, deja hablar, desaparece y compagina todos los fragmentos intercalando partes más jugosas que le quedan bárbaras. Me parece una escritora decente. Y ahora me voy a meter en la cama, después de apagar la música, y voy a abrir el Opus Gelber con los otros anteojos. Lo dejo al rato, no me gusta ese personaje, lo voy a retomar cuando pueda. Tengo un recuerdo de la niñez de cuando me llevaron a verlo a los bosques de Palermo. Lo volví a ver hace unos años en San Martín de los Andes en una sala de la casa de la cultura, me acuerdo que terminó con puros fuegos artificiales de Chopin. Pero no me hizo nada.

La cultura norteamericana ya no me interesa en lo más mínimo.

Hoy evité a mamá todo el día, me duermo muy tarde y me levanto a las cuatro de la tarde para que, en parte, no me moleste. Con papá podemos hablar de fútbol. Matías es de River y se fue a dormir temprano extenuado por el partido. Escuché a Ducatenzeiler pero se enfoca en el tema de las dirigencias corruptas y las operaciones de los medios y de los curros de los representantes hasta el hartazgo. Veo Visitantes hasta que me aburren y me voy a leer. Tienen programas muy buenos y otros que son basura. Va los lunes a las 22.30hs y los jueves a las 21hs en el canal Carnaval Stream de You Tube.

La lectura de Plutarco requiere de un esfuerzo intelectual superior por la traducción al idioma español formal y de alto vuelo que me apasiona. El idioma español bien escrito es una de las cosas más elevadas que he conocido. Encontré otro volumen de la editorial Jackson que trae obras de Voltaire y de Diderot. Voltaire es un gran escritor pero la Virgen de La Salette se ha quejado a causa de un monumento que le hicieron, según Léon Bloy, a quién tengo apartado pero siempre presente, es el escritor que más he amado. Me interesa Diderot. La selección la llevó a cabo José Bianco.

Todo se va en deudas de porro y lo de los puchos que le paso a mamá que hace un rato me advirtió que no me haga el boludo cuando cobre, que no sé porqué lo dijo porque siempre lo primero que hago es pagar todas mis responsabilidades. No quiero tocar lo que me queda. No necesito nada. Ya no vivo con el frenesí de fumar porro y de las semillas y de escribir poemas boludos.

Dinero. Cancelo el Manuscrito encontrado en Zaragoza de Acantilado y Lasher de Anne Rice, el original de Knoft, y Las inquietudes de Shanti Andia de Pío Baroja de la editorial del diario El Mundo español y me traen un super pedo en la tarde tranquila que lo único que permite es hacer una siesta o un ACV, la cabeza pesada, Blue Dream del orto, qué farsa la Blue Dream, qué transa del orto, el tai chi de silla de las propagandas del youtube, buena armonización del ambiente, agradezco el silencio del lavarropas, los trinos azules dan vida, no hay nubes. Son días bellos con el frufrú.

Me acuerdo que los monólogos de la vagina fue un éxito que se sostuvo por un par de temporadas, después salió El escupitajo del pene, todo argento, y ahí arrancaron un par de giles, con las locuciones del pene, el pene no habla, es como un gato, soy el Barón Munchausen y voy flotando. Abro las ventanas, no hace frío. Esa osamenta de mi brote, esas hojitas nuevas: me las comí.

Escribiendo desde las siestas que terminan a las siete, ese es mi horario. El secreto de Prince era que sabía imitar a las negras gordas. Están las fotos del fiambre cuando lo sacan del ascensor a los 56 años. Tenía la pija parada. ¿Ven que escribir es importante? Escribir es la cúspide de la civilización, dice Juan Abreu.

Los pájaros de la mañana azul cantan en latín.

Mis viejos salieron cada uno por su lado, ya están sanos, papá se fue a laburar, puse Visitantes ayer y palmé, una basura, todos los lugares comunes y las imbecilidades más pelotudas de los jóvenes de hoy. El loco y el cuerdo era mejor. Pablo Carrozza es un imbécil. Y Genovar es infradotado. Puse mi listita de Spotify de Zia Mohiuddin Dagar.

Mambo de la Blue Dream de transa con música hindú. La mañana tiene mucho más energía que yo, fumador obeso sin dientes, con las rodillas rotas. Pero salgo a bailar mi danza en la terraza como algunas señoras mayores.

Los píos se fueron, ahora las cotorras, madura la mañana a las once.

 

18.12.07

Jorge Asís: la autobiografía como novela realista, por Pablo Moreno




En el año 1981 Jorge Asís publica la novela Carne Picada. La misma se desplaza en una frontera imprecisa entre el género de non fiction, la novela autobiográfica e intimista y un realismo insertado en el presente de su aparición en el campo literario. Es ahí donde radica la incomodidad de su análisis ya que la obra es el producto de su época, y el material narrado es la “realidad” del Buenos Aires en el apogeo de la última dictadura militar.
Toda narración que pugna por ser realista y necesita reflejar el presente inmediato, conlleva a la vez un virus adormecido que es su propio envejecimiento, su fecha de vencimiento. Pero también es cierto que cuando la literatura se arroja sin miramientos y sin recaudos (diría sin red de contención) sobre esa inmediatez, la prosa suele ganar la fuerza del lenguaje que representa el espacio narrado y el habla cotidiana.

Las grandes novelas (la novela como escritura moderna por excelencia) son imperfectas. En su ambición por querer narrar todo (un proceso histórico, la realidad, una vida) radica su carencia, que es a la vez su poder de seducción, es decir, en la fragmentación del relato y en las posibilidades de vidas (narraciones) que se desprenden de esa totalidad, la novela respira, vive.

La obra de Asís es esencialmente autobiográfica. Carne picada forma parte de una serie de novelas denominada Canguros, cuya saga se conforma además por las obras Flores robadas en los jardines de Quilmes (1980), La calle de los caballos muertos (1982) y Canguros (1983). La saga narra la militancia y las utopías de los años 70´, la actividad delictiva de Asís (vendedor de cuadros en las villas miserias, estafador de una repartición pública), el fenómeno de las barras bravas y la represión policial (La calle..., la menos autobiográfica de las obras) y la profecionalización de Asís como escritor.

El propio carácter testimonial de la obra, lo que genera su condición de crónica de la época vivida, no impide que la autorreferencialidad se torne exasperante, y los alter ego del autor (Rodolfo, “el narrador omnisciente”, Bartolomé Rivarola, Oberdan Rocamora) salpican el texto en una polifonía de voces en donde se pone en juego la propia veracidad del relato. Como en la obra de Roberto Arlt, Asís se sitúa directamente en la ciudad. Ahora bien, si la escritura de Arlt “fluctúa, tironeado entre lo señorial y lo plebeyo”[1], fruto de sus lecturas de traducciones, en Asís el tejido urbano es lo que le da sustancia a su lenguaje, ya que la escritura es el producto del habla cotidiana de su época. El campo de saber que da especificidad a la literatura de Asís es la voz que escucha de la calle.

Lenguaje urbano, autorreferencialidad y una permanente reflexión acerca de la forma narrativa que exige la novela son los parámetros en los que se desenvuelven la escritura realista de Asís, si se entiende a la escritura realista como un reflejo formal de la época y en constante mutación.

Linajes
Jorge Cayetano Zaín Asís. En el nombre del escritor radica el linaje de un escritor, su lugar de pertenencia en la literatura argentina. Descendiente de inmigrantes sirios y cristianos ortodoxos que no profesaban el Islam, “turco” en la geografía urbana porteña, de profesión novelista y periodista (fue escritor de aguafuertes en el diario Clarín bajo el seudónimo de Oberdan Rocamora). La escritura en Asís es profesión (como Arlt, Walsh, Soriano o los hermanos Tuñón) y por ende se halla inmersa en las reglas que impone la industria cultural:
El discurso periodístico crea un público que, a su vez, lo modifica con su presencia. La idea de que se está escribiendo para decenas de miles de personas (en caso de los grandes diarios, para centenares de miles) introduce la dimensión de la sociedad de masas en el momento mismo de la producción de escritura. En la sociedad de masas, para la industria cultural, todos forman potencialmente de un universo simbólico en expansión, cuya ley mercantil es el crecimiento indefinido.[2]

Cabe señalar que la tirada de la primera edición de Carne Picada es de 25000 ejemplares y aparece casi en simultáneo con la séptima edición de Flores robadas..., primera novela del ciclo (que alcanzaría las 14 ediciones y terminaría totalizando unos 100000 ejemplares). Asís a comienzos de los 80´s es un escritor de masas, que goza de un amplio favoritismo del público y de la crítica.

El escritor profesional descendiente de inmigrantes es el linaje de Asís que se remonta desde la tribuna de Boedo. Y no por ello, en Asís, cierto cinismo “embarra” esa pertenencia. Se es escritor porque también es una manera cómoda de ganar dinero, un “curro”:
“...y no por temor a ser sindicado como discípulo de Sebreli, sino por considerar que estoy en el curro de la novela, que no es Rayuela y no soy Cortázar, que tampoco soy Macedonio Fernández, y entonces no me atrevo ni hacer antiliteratura ni a teorizar dentro de la novela acerca de una problemática tan asumida como la del curro, tan luego, cimiento primordial de nuestro estilo de vida y máxima característica de nuestro ser nacional...”[3]

En Asís el acto de escribir es la variación delictiva del robo. Podría decirse que en la novela su primera profesión es robar vendiendo cuadros en las villas miserias (“cazar canguros”, clientes) y luego estafar a una repartición pública. Sustituye el robo (que esta fuera de la ley) por la escritura, y el escritor se forja en el confort que depara trabajar en un diario que se ampara en los gobiernos de turno. Esta el anhelo en convertirse en un novelista de renombre. La confesión no deja de ser cínica y descarnada:
“...Olga me auguró un futuro espléndido, si es por ella en una década Faulkner y Fogwill seran dos dactilógrafos con redacción propia a mi lado y tendré tanta guita como Bioy o Ignacio Xurxo.”[4]

Convertirse en escritor es la premisa, escribir para juntar guita. Imposible no pensar en Arlt, aunque los alcances de la dicotomía escritura-robo sean distintos.[5]

Ciudad

Carne Picada narra la historia de cuatro amigos. Luciano, perdedor nato, es el motor de la novela. Los otros tres (Jesús, Matías, Rodolfo) proceden de una novela anterior que no forma parte de la saga, La familia tipo (1974). Carne Picada desarrolla la historia de estos cuatro personajes en el período que va de noviembre de 1975 a mayo de 1981 (sitúa el relato en fechas precisas, marcas de “veracidad” del mismo). Asís sigue la actividad delictiva de los cuatro personajes (una sociedad de “amigos que estafa a una repartición pública) hasta la caída de Luciano, quién no delata a sus amigos. Los derroteros de los otros tres personajes serán diferentes. Jesús va del misticismo hippie para terminar siendo un próspero fabricante de muebles. Rodolfo deviene escritor. Matías permuta el robo (que lo hunde en deudas) al negocio del servicio parapolicial, conduciendo un “falcon verde”, esgrimiendo una valija con armas de diversos calibres para acabar siendo una “mano de obra desocupada” y no logra salvarse, la olla de sangre también lo extermina:
“No te olvides que ya había caído en desgracia, que Buenos Aires ya estaba lleno de asesinos desocupados ¿y qué podían hacer con ellos? Ya nadie los quería, estaban usados, quemados, sabían demasiado, sobraban. Y con lo ligero que Matías era no pudo trepar, no logro enganchar nada como la gente, para salvarse”.[6]

Cumplida la condena, Luciano sale de prisión, para luego deambular en una prisión mayor, una Buenos Aires de violencia nocturna. Asís ancla el Buenos Aires de 1981 en una arquitectura realista, que cobra vida y que a la vez agoniza. Es preciso detallando las calles y en la desigualdad que provoca las transformaciones que ocurren en la ciudad:
“Y esa noche en Buenos Aires ocurría un concierto temible, una sinfonía terrorífica de sirenas policiales, persecuciones y razzias a las que podía después de todo, acostumbrarse. A pesar de los años y los miedos, encontró idéntico a la Paternal, bajó del 24 en las avenidas San Martín y Alvarez Jonte, camino dos cuadras por la San Martín, ella es horrenda y poblada por edificios de confort inexplicable, combinadas con casas viejas y para destruir, un almacén antiguo y al lado una boutique prepotente, moquetes y al lado una reja de casa vacía, y calles laterales empedradas que son testigo de una ciudad que se va a la mierda o se transforma, entre el confort y los automóviles, la soledad y el desencuentro, humo espeso del fuego del tiempo.”[7]

El espacio urbano es la geografía del terror. El aparato represivo se extiende a toda la ciudad, actúa sobre el cuerpo de sus habitantes. La ciudad se asemeja a un campo de concentración sin límites definidos. Las armas materializan el carácter coactivo:
Automóviles rigurosamente revisados en la avenida de Mayo. Ojos omnipotentes que hurgaban tarjetas verdes, patentes y cédulas, baúles que se abrían para demostrar que adentro no llevaban fusiles ni muertos, manos y brazos de ciudadanos temerosos sobre los techos de los autos, mirada despavorida hacia la metralla imperturbable, caño nervioso...[8]

Hacia 1981 Buenos Aires se hallaba en una amplia modificación de su circulación vehícular. La intendencia de Cacciatore derrumbo casas para ensanchar avenidas, erigir autopistas en toda la ciudad, en una empresa faraónica que no llegó a buen término, la ciudad aún hoy presenta los espacios libres en donde se erigían casas, signos de transformaciones nunca realizadas:
“-Habrás seguramente, encontrado todo muy cambiado. Buenos Aires, en demasiados aspectos, quedo como tu calle Lima, le arrasaron la vereda de enfrente...arrasaron con los mazazos, pasaron por la ciudad con varias topadoras gigantes, a machetazos pretendieron rebanar cualquier brote que se atreviera por ejemplo, a crecer, a pensar.”[9]

La narración del espacio urbano es el marco en donde se desarrolla la época en la que transcurre la novela. Son las marcas que constituyen al narrador como cronista.

Work in progress

Carne Picada es una novela en permanente construcción. Crece y deviene en forma híbrida en donde entra en juego la crónica social, el relato autobiográfico, su condición realista y la veracidad de los hechos narrados.

El carácter verídico (la no ficción) es relatado en el capitulo titulado “Llegar a Dios por intermedio del Diablo”. En el mismo se narra el socorro de un amigo advirtiendo a Rodolfo que puede ser “chupado” ya que “levantaron” a Oscar y a Lucina. Lucina Alvarez y Oscar Barros son los destinatarios de la dedicatoria del libro (y el hijo “que deben criar los abuelos”). Asís alude a la condición de “desaparecidos”, señala una ausencia, menciona a militantes e intelectuales que fueron exterminados por el terrorismo de estado: Walsh, Urondo y su amigo Haroldo Conti, a quién había dedicado su novela anterior Flores Robadas, en la que ratifica su ausencia, su desaparición (la dedicatoria rezaba a Haroldo Conti ¿in memoriam?):
“Luciano, me acuerdo de mi amigo Haroldo, el sí creía que por ser escritor lo iban a respetar, que no se la iban a dar, y así le fue, se peló todos los premios que había y ya van para cinco años de su ausencia, de su evaporación, es apenas un desaparecido más...”[10]

Ahora bien, el aparato formal de la novela entra en un área de desestabilización. Hay un epílogo al principio, uno intermedio y otro al final que pone en jaque el desenlace, un ¿continuará? que expresa a la novela como algo inasible, imperfecto en su concepción, epílogos que no se comportan como tales, solo debería existir un epílogo. Terminar una novela es asesinar al narrador, y los epílogos señalan una agonía que no debe perpetrarse, la mentira es la materia del realismo y sus cimientos son la tergiversación de la vida propia, y la de los otros:
“...téngase en cuenta que él vivía de recuerdos, los elementos de trabajo que tergiversaba, muy grande es el despelote que puede hacer un mentiroso con el realismo, resulta excesivamente obvio decirlo después de todo lo que se contó, antes de todo lo que me faltaría para contarles, pero me voy a morir.”[11]

La necesidad de decirlo todo, contarlo todo, estructura a la novela en una polifonía de voces. Asís y sus alter egos dialogan con el resto de los personajes (hasta con los ausentes, como ocurre con Matías). Si la polifonía es la característica fundamental de la novela, Carne Picada es un artefacto que se asemeja al cine, y más precisamente a la forma narrativa de Citizen Kane de Orson Welles (en donde la sumatoria de testimonios no terminan por delinear el retrato del magnate Kane). La polifonía en la novela (en todas las novelas) no conforma un retrato estrictamente realista y sólo se obtiene de los personajes la fragmentación propia de la modernidad. A mayor número de voces, mayor es la fragmentación de las vidas narradas y sólo queda recuperar datos, hechos, razonamientos para edificar la novela (o la mentira):
“Yo soy ejecutor, decía Rodolfo, y a menudo sigo diciéndolo, yo ejecuto los razonamientos de mis amigos, no descubro, cuento lo que puedo ver, lo que me dicen, no quiero tener razón, soy tan solo un repetidor, un eco, soy una mentira, créanme.”[12]

Robar, asesinar, militar, amar, madurar, ser joven, vivir, sobrevivir, escribir. Es el cúmulo de acciones que recorre Carne Picada. Es la ambición de registrarlo todo, y es su grandeza y su limitación ya que ninguna novela puede lograr tal totalidad. Pero en tiempos en que la literatura argentina se preocupa solamente por cuestiones formales y no por la sustancia de la narración (si, me refiero al contenido) la obra de Asís (aunque Asís personaje público, sea insostenible, un derechista recalcitrante) se constituye quizás en la última gran avanzada realista.
Contar una vida, la propia vida, es ponerle el cuerpo a la literatura. Y es en ese acto donde se halla un escritor.



[1] Entrevista a David Viñas realizada por Alejandro Margulis en “Los libros de los argentinos”. Librería –editorial “El Ateneo”.Buenos Aires, 1998.
[2] Sarlo, Beatriz. “Identidades culturales. Las marcas del siglo XX”, en “Tiempo presente”. Editorial Siglo XXI, 5ta. Edición, 2001.
[3] Asís, Jorge. Carne picada, pág. 127, Editorial Legasa, 1981.
[4] Carne Picada, pág.242.
[5] (En Arlt) “Robar”, por lo tanto, como escapatoria del trabajo o escribir para eludir la humillación y las carencias. Y finalmente inventar medias metalizadas que enriquezcan “ya mismo” provocando asombro y evitando todo deterioro. Viñas, David. “Literatura argentina y realidad política”, pág.65, Buenos Aires, Siglo XX, 1974.
[6] Carne Picada, pág. 14.
[7] Carne Picada, pág.112
[8] Carne Picada, pág. 139
[9] Carne Picada, pág. 205.
[10] Carne Picada, pág. 268.
[11] Carne Picada, pág. 29.
[11] Carne Picada, pág.287.

7.11.07

¿Norman Mailer o Jorge Asís?, por Pablo Moreno







Finalmente acometió el relato. Este impuso su voluntad de convertirse en una historia de cuatro días de la vida del autor, y por ende en la historia con ropaje de novela. Trabajó en la estética de este enfoque durante semanas, y descubrió que sus dimensiones como personaje eran bastante simples. Bienaventurado, pues, el novelista, porque su protagonista era un héroe simple y un necio maravilloso, con dotes de objetividad más que medianas (¡ojalá fuera este el caso de sus críticos!).Norman Mailer. Los ejércitos de la noche.

Sin embargo la mía, ya lo dije, es una novela real, entonces ella subirá, no nos veremos quién sabe nunca más, yo me iré al diario, después a mi casa, jugaré con mis pibes hasta que se duerman. Yo quisiera anotar que también estoy emocionado pero no puedo porque me emociono de verdad, y ojalá entonces no exagere, a ver si vuelvo y hago lo que haría un novelista con coraje, lástima que aquí éstas espectacularidades no tienen la menor importancia….
Jorge Asís. Flores robadas de los jardines de Quilmes.





Nos situamos en torno a la construcción de la novela partiendo de la premisa que toda obra literaria intenta reflejar la realidad, más delimitadamente, las condiciones de producción de una novela ponen en el tablero no sólo la obra terminada (o en permanente construcción) sino además los materiales que la erigen, su especificidad literaria, la relación entre literatura y realidad, su concepción formal.

En el caso de Mailer (recordemos que Mailer se incluye en la novela como personaje) no impide que en el seno mismo de la obra se nos informe el “enfoque” con el que trabajó y la dimensión formal de la historia como novela. No en vano Mailer realiza esa observación. Discute la paternidad de la “novela de no ficción” con Capote a propósito de su glacial y neutra A sangre fría. Capote elige el distanciamiento emotivo de los hechos. Mailer narra la marcha sobre Washington de los grupos de izquierda y contraculturales en el año 1967 contra el reclutamiento de tropas a Vietnam. Toda la subjetividad del autor para exponer el acontecimiento político con su habitual exhibicionismo egocéntrico. Los hechos sólo pueden ser narrados si Mailer-autor se halla dentro de la historia. La polémica (a la que Walsh y su Operación Masacre no fueron invitados) fundó el “nuevo periodismo” y el síndrome de la “gran novela norteamericana”, en donde los límites entre ficción y realidad se hicieron cada vez más difusos.

Asís emprende con Flores robadas en los jardines de Quilmas una serie de novelas (la serie denominada Canguros) en donde narra la historia argentina desde los años previos al golpe militar, su posición como intelectual amparado por un medio gráfico consecuente con los gobiernos de turno, el retrato impiadoso sobre ese diario, la militancia y el exilio. La ambición de lograr con esa serie una novela total con raíces realistas no imposibilita jugar con la construcción formal del relato en una polifonía de alter-egos y desdoblamientos de la voz narradora. Proclama “ya lo dije la mía es una novela real”, coloca a la novela en una zona de hibridez en donde el mismo relato realista está en tela de juicio. Los ejemplos anteriores son posteriores a la polémica del realismo porque el lenguaje se trastocó en algo incómodo, inasible, en donde la supremacía de la subjetividad ha operado sobre la realidad social ya no con la ingenuidad de querer transformar esa realidad sino con esa “absurda” capacidad de los escritores para hacernos compartir sus obsesiones, que si bien parecen no dejarnos nada, el “goce” de la escritura perturba, irrita y por ende, nos obliga a ver la “realidad” con otros ojos. Ya no hay transformación. Sólo encontramos visiones residuales de un mundo en descomposición, la fragmentación del individuo en la contemporaneidad.

Puede parecer pedante decirlo. Hay teorías que envejecen con gracia, teorías que siempre nos aportan algo. Aquellas escrituras a las que recurrimos no para hallar en ellas el recurso a nuestra búsqueda, sino la manera en que el escritor aborda el objeto estudiado, y son las que suelen ser impenetrables en la fortaleza de su sistema. Suele ocurrir cuando la teoría se transforma en literatura. Hay otras teorías que envejecen mal y son las que agonizan en la perspectiva histórica. Como dice Rolan Barthes en El grado cero de la escritura: “Quizás haya en esa correcta escritura de revolucionarios, el sentimiento de impotencia para crear ya una escritura. Quizás también sólo los escritores burgueses puedan sentir el compromiso de la escritura burguesa: el estallido del lenguaje literario fue un hecho de conciencia y no un hecho revolucionario”.

Los análisis marxistas tendieron a perder valor por la misma fuerza de la historia. Hay en Lukács la posición obstinada de mantener los principios de que la literatura realista exprese la posibilidad de una clase de captar la sociedad como un todo, porque sus intereses de clases corresponden a esa totalidad, y porque “el gran arte” se ocupa de las cuestiones que atañen al ser humano. Es por eso que afirma que el nuevo estilo surge de la necesidad de la plasmación adecuada de la nueva modalidad de la vida social. Por lo tanto Balzac, Stendhal, Dickens y Tolstoi son individuos que toman parte activa y variada en las grandes luchas sociales de su época. No así Flaubert ni Zola que iniciaron su actividad luego de la revolución de 1848, que son observadores críticos de su época, pero que al mismo tiempo son escritores profesionales (en el sentido de la división capitalista del trabajo). Lukács traza una división tajante al respecto, dado que a tal división de trabajo en la sociedad, una literatura presenta características diferentes a otras, es decir, un enfoque determinista. La única literatura que Lukács considera adecuada para representar y transformar la realidad es el “realismo socialista”, reivindicando un género: la novela (la de los autores antes citados), burgués por excelencia. De ahí deriva su crítica a la vanguardia, porque el subjetivismo promueve una fragmentación social ya que no puede captar el todo y se pierde de la totalidad.

Podemos apoyarnos en Deleuze y Guatari y considerar a las vanguardias como operaciones que realiza una minoría dentro de una lengua mayor. Sabemos que en esta operación existe un proceso de desterritorialización, y que como característica principal, en ella todo es político. Tomemos por caso el de Joyce, no podemos negar la fragmentación subjetiva de su literatura. Ulises es 24 horas en Dublín como la cartografía ilimitada del inconsciente. Lo que es indudable es que al forzar la lengua (la inglesa) y prácticamente destruírla en el Finnegans Wake, la escritura se estrangula en un hecho político: “Es un símbolo del arte irlandés. El espejo roto de una criada”. La fragmentación es un acto político pareciera decir Joyce, la vanguardia no es un mero juego del mundo burgués.

Si nos afirmamos en Barthes (siempre es preferible afirmarse en Barthes) al considerar que la desintegración del signo está presente en la escuela realista y que todo en el realismo es parcelario, errático (confinado a los detalles) y que por ello el relato más realista se desarrolla por vías irrealistas, no nos podemos desentender que la escritura del realismo socialista sigue “asumiendo sin reservas las preocupaciones formales del arte de escribir pequeño-burgués”, plagado de convenciones y chato en su materialidad.

Entonces podemos reflexionar en el mundo de hoy (en donde ya no hay bloques socialistas) y concluir parafraseando a David Bowie que mientras contemplaba la caída del muro de Berlín, se conmovió como quien contempla el cadáver de un viejo amigo, y darle al “realismo socialista” y a Lukács, el más sentido adiós.