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3.2.20

Richard Brautigan: Dreams are like [the]




Dreams are like the [the]
wind. They blow by. The
small ones are breezes,
but they go by, too.


Tokyo
May 20 or 26, 1976


De: June 30th, June 30th

14.5.19

Reminiscencias, por Luis Thonis



Que el ruiseñor o cualquier pájaro más próximo
a ser lejano se atreva
nada puede hacer con la que amonedó los libros
muy en vano buscas la página
que no señale, miente, revele
la vieja virgen loca donde todo canto ronronea



DE: Luis Thonis, Siglo de manos y la criatura, Ediciones Último Reino, Buenos Aires, 1987.-

13.3.19

Una ciudad, por Francisco Garamona


 

Una ciudad con una longitud inadmisible.
Una ciudad de gestos belicosos.
Una ciudad transparente y aturdida.
Una ciudad en la tormenta.
Una ciudad de fuego y hielo.
Una ciudad de muchedumbres candorosas.
Una ciudad de azúcar y de sangre.
Una ciudad cambiante y despareja.
Una ciudad fría y distante.
Una ciudad preferida para siempre.
Una ciudad llena de espejos.
Una ciudad con casas de retiro.
Una ciudad atenuada en sus detalles.
Una ciudad con escalones de madera.
Una ciudad estatuaria y maldita.
Una ciudad de árboles y plantas.
Una ciudad de tontería.
Una ciudad para cambiar.
Una ciudad donde te buscan.
Una ciudad con lenguas muertas.
Una ciudad sin farmacias.
Una ciudad desconocida.
Una ciudad para los muertos.
Una ciudad que no dice nada.
Una ciudad cubierta de maleza, no conquistada.
Una ciudad en miniatura.
Una ciudad construida por una niña.
Una ciudad de tontos y de imbéciles.
Una ciudad de leche.
Una ciudad que duda.
Una ciudad espléndida.
Una ciudad con muelles frente al mar.
Una ciudad para oponerse.
Una ciudad que era un monasterio.
Una ciudad repleta de centauros.
Una ciudad que constituía un mundo aparte.

DE: Francisco Garamona, Voy a decirte algo en secreto, Club Hem Editores, La Plata, 2018.-

25.1.19

Vicente Luy - Vicente habla al pueblo




Apenas pasa la tormenta
los riachos de montaña embrutecen
y retumban
arrastrando árboles, gente
y algunos amores.
Yo una tarde
perdí un par de zapatillas
y vi pasar una señora
rebotando río abajo contra las piedras
sin oponer resistencia.
Y me tenté, pero no me tiré.
Todo ese día fui el que no se tiró.
La lluvia de ayer, tarde
y noche,
fue mayúscula;
y si bien en casa otra vez hay goteras
y yo estoy sufriendo
mi susto fue lejano.
En el barrio ya no quedan montañas
y las diagonales sólo dan remansos.
Pero un día después, hoy, aún húmedas
las puertas,
siento pánico y violencia.
¿Será el amor que se aleja?
No, no dije tristeza; dije pánico y violencia.
Vos quizás te acuerdes; yo soy
el chico que perdió las zapatillas
y la parrilla y una remera
y trepó, presa del pánico,
justo a tiempo para ver pasar a una señora
que ya no era una señora
rebotando río abajo,
a pasos de Icho Cruz. Y se tentó
pero no se tiró
–todo el día fue el que no se tiró–.
Y hoy, mucho tiempo después,
un día después de una tormenta
siente pánico y violencia.
¿Será el amor que se aleja?


Tomado de: Vicente Luy, Vicente habla al pueblo, Córdoba, Llantomudo, 2007.-


18.10.18

Nuevas sentencias y apotegmas, por Luciano García del Mar



“En atención a las 1000 páginas de los cuadernos póstumos de Omar Viñole”.


Si la muralla no va al zócalo, cualquier tímpano se hará trinchera.

Ningún negocio de florituras cae con la vejiga encordonada.

Viajé por todas las arenas, puse mi diapasón protervo al servicio de las ojivas de los estúpidos en indivisas caléndulas.

La turbamulta siempre postergará a aquellos que de un lápiz de labios hacen desaparecer un ventrílocuo.

Desprecio a todo aquel que enviste una ojera al azar como si no amaneciera todos los santos días.

El recuerdo repercute en el cerebro como un grisín desnucado.

Sólo quien se permite una madre aprende a repudiar la tormenta detrás de un mostrador. Y cuando la tormenta es eléctrica, dobla las razones.

No es lo mismo nacer en Alemania que torcer el destino de un clavo herrumbrado.

El hombre común no ha nacido todavía. En la forja del hijo próspero cabrestean los electrones libres de la decencia pública. No por nada el ser no es, ni de pañolenci están urdidas las estaciones al alba. 

Sobre mi tumba pasará aquel que no sepa del sueño levantar un acorde con cuarta aumentada para ofrendar su trino baladí al río de los sociópatas.

Icé mi monolito en el mar y lo llamaron iceberg. Fueron los sionistas.

***

La porra de un corazón enfebrecido puede demoler más de 134 tabiques nasales por cada siesta, en término medio.

De cada naufragio recolecto un sufragio sacro.

El pendón de los dramaturgos adolece por donde lo meneen.

Has usufructuado el brillo de tus ojos como fuerza de choque hiperbórea. Ahora siéntate impávido a soportar su ombligo.

Nadie da lo que recibe, salvo quien no lo recibe. Y así acaricia el talante cetrino de la maravilla arropado por el aire detrás de su mampara ansiolítica.

No soy comunista.

El que contrae un nuevo vicio aupado a un desdoro merece con creces ser monitoreado por la CIA desde su última app.

Le dijo la zorra al soldado: “Caerán mil imperios después de que tu ala delta se desplome en alta mar. Y aun así embeberás tu horizonte entre hilos de algodones”.

El hombre es el único instrumento que suena cuando duerme.

No existe el cambio en la sociedad capitalista. Como observó Saramago es más fácil desmontar una antigua verdulería en Ramallo que tipiar un capítulo entero de La República.

La diferencia fundamental entre un hombre noble y un canguro clonado estriba en el punto de paralaje del observador.

Quien no atiende al detalle dispara en las fiestas.

***

He preguntado al hombre sabio acerca de tu mirada. Me ha abofeteado arrodillado y de espaldas.

Sobre un upite que huele bien levanta el canalla un parque temático.

Cuanto más conozco al genoma más medito la Cosa.

El próximo siglo será de los bicípites y alacranados, como fue el anterior un contubernio entre el condón y el polinomio.

El hombre sin mujer es un escorzo fallido del astrolabio. Mas si la mujer que lo abandonó es indogermánica pongamos su tribulación en la cuenta del cagatintas o en el equipaje áureo del hombre rana o buzo militar.

Me has preguntado si soy feliz. Te he llevado a la Montaña y a mi salón de fiestas con pelotero.

Quien espera y se desparrama sabe coaligar el humo con la cigarra.

La nueva narrativa argentina paréceme un retablo davídico con un semáforo dentro y un antropólogo embalsamado en la puerta cortando tickets y haciendo la venia. La nueva poesía argentina paréceme una mercería saqueada en cuya entrada hay un partisano sobre un yunque de pómez sermoneando a un policía sobre la identidad del himen y el ente en sí mismo.

La identidad de género descansa sobre dos pilares. Franco en cambio descansaba con una.

Lo que en Bolivia es un chiste conceptual en Turquía es un gesto indescifrable, en Rumania un ruido, y en el Oriente una plegaria vacía. En el Uruguay es apenas un emblema tenue. En tu boca un canto. Y en mi canto un paredón descascarado, Matilde.

Ríome de aquel que se baña dos veces en un mismo día. Pero se evapora la risa al toque.


***

La duda es un contrabandista estrafalario que sabe constiparse a la hora señalada.

Así como no necesito tres orejas ni cuatro ojos, dos narices o seis piernas, así tampoco demando que tu rebenque tornasolado flamee en mi buhardilla como un pichón de gnomo beodo asaltado por un inopinado brote psicótico.

Nada debe esperarse de la mano tendida del primate si tu vida es un vano teorema rosa.

Me he refugiado en la soledad para soliviantar la chispa de los equinoccios.

A veces la mera compra inconsulta no es un rapto vertiginoso sino un reto vigoroso para la billetera y su portador.

Antes de fusilar al presidente pensarlo dos veces. Después, dos veces más.

Filósofo con suegra a mano es como micro vacío sin nafta camino al chapista equivocado.


(Escritos en tiempo-record [proeza]: 5 m)

17.7.18

Charles Bukowski: dog




dog


a single dog
walking alone on a hot sidewalk of
summer
appears to have the power
of ten thousand gods.

why is this?





De: Charles Bukowski, Love Is a Dog from Hell. Poems 1974-1977

1.3.18

Mi corazón es un tiburón blanco, por Valentina Vallejos


(fragmento)



Un desierto enorme y un oasis solo para otros y no para Valerie Solanas el centro de esta historia. Valerie recuerda que los oasis son ilusiones que estimulan a los tiburones en busca de sangre, no importa si el resto los tiene y ella no. Finalmente se nos arrebatará todo de las manos en algún momento, sin distinción y eso la consuela. El problema es que a Warhola, Andrew, no le han quitado nada.
Lee una carta que se sabe de memoria.

VALERIE
Andy,
Te dije que me pagarás por el manuscrito.
¿Te consideras muy genial?
¿Cómo no puedes soltar un par de dólares por una obra de teatro?

Eso escribí una semana después de haberte pasado la única copia que tenía de mi obra.
No me contestaste el teléfono en todo un día. Entonces te fui a dejar esta postal que hice con una cartulina estampada de rosas que había robado de un diario mural de la Universidad. El mural hablaba pestes de las pastillas anticonceptivas. Rompí las hojas impresas y me quedé con la cartulina para hacer un mural con la cara de la mujer más hermosa del mundo, pero en lugar de hacer eso, te hice una postal a ti.
Vine a tu departamento.
No me recibiste, se la di a uno de tus “amigos” y me prometió pasártela. Pero sentí temor y se la quité, se asomó uno de tus amantes y me dijo que él te la daría y la dejó sobre un mesón al costado de la puerta, que tenía una de esas bufandas de plumas que usaban los travestis amigos del arte. Vi esas rosas sobre esas plumas horribles destinadas a una mujer hermosa y cuando se dieron vuelta a seguir tomando champaña, la saqué. Hubiera preferido mis rosas sobre tu peluca platinada que sobre esas plumas teñidas.
Lamenté no haber hecho un mural con su cara.
Si la hubieras leído podríamos haber hablado de rosas y tiburones y no de balas y dinero.
Seguiste sin contestar el teléfono.
Estabas deprimido. Encontrabas tu vida vacía. Eso me contó esa gorda rubia y drogadicta que se decía tu asistente.
Maricón, deprimido con cuatro hueones grabándote para hacer una película de tu acontecer.
Yo también me deprimí.
Los actores que había invitado para actuar en la obra necesitaban leerla y como no les pagaba, no los podía retener con una idea solamente. Trataba de volver a escribir la obra pero la había olvidado por completo. Les decía que la llevaría pronto, les hablaba del concepto y esas mierdas para dilatar el momento de la entrega, pero estaba convirtiéndome en una charlatana, en una intelectual de café que habla de sus proyectos y no lo los concreta.
No tenía cigarros y fumaba el té de las bolsas que botaban en la basura y con eso mi deseo de dejar de ser puta me iba ahorcando. Estaba casi asfixiada y salió este anuncio de la editorial que buscaba escritores nuevos, pedían dos manuscritos y yo tenía S.C.U.M. y tú, la ameba del Pop Art, mi obra de teatro.
Podría haber escrito otra cosa pero en vez de eso me obsesioné con tu bisoñé.
Tú, rubio falso, cuando saliste de tu depresión, contestaste el teléfono y con toda la indolencia presente en todo el legado maricón que has dejado, me dijiste que lo habías perdido.
Lo perdió.
¿Qué me dirías tú, el muy maraco, si te hubiera perdido una de tus fotos polaroid de Elvis Presley?
Otra depresión y de dos semanas.
Fuiste cruel.
Yo me defendí y gracias a mi defensa te hiciste millonario, más amigo de las modelos y más frío y traidor que la antigua versión de ti mismo.
Los tiburones son de tendencias carroñeras y prefieren atacar animales que estén viejos, heridos o agonizando. Un nadador activo en el agua representa más una amenaza que un plato de comida.

Las imágenes se desfiguran, todas se derriten y esa baba se esparce por todas las paredes y pisos.

2.2.18

Lo que viene desde antes, por Milton Rodríguez



S E P T I E M B R E 
Un poeta,
un minúsculo ser que escribe,
anota en el diario.

Astuto
a veces
como una tiniebla.

Como si todo fuera
tan solo
lo que pasó.

Si tuviera que recordar
sería el mismo secreto
la misma pena
que nadie entiende.

El hombre sentado
durante horas
escribiendo como
un loco.
Como lo que es.

Persistiendo…
porque no sabe
lo que falta


M A N Í A
La voz mayor
que escucha
el reverso
de la moneda.

La voz que es eso:
arrumaco y sentencia.

Haciendo del sueño que desflora
una sinagoga de pájaros.


E D U A R D O
El armazón ya no mueve la espalda.
Tampoco acicatea a los parroquianos con la silla.
Eduardo escolasea un número
y vuelve el vidrio de sus ojos.

Nebuliza su garganta
los ojos
la profunda tibieza
de lo que esconde
la pluma adelgazada del invierno
pasa
desteje
el ocre
el azul.

Incapacidad de seguir haciéndole frente
a tanta desgracia.


ÉL
Se ha ido.
Fue
con lo poco
que te dijo
la persona
que más
te alentó;
quien
con la súplica
desviaba.


e l  c h a b a c a n o  g u s t o  d e  s u s  v e c i n o s
Era sencillo
quizás
pero
para los demás
él iba a ser
el
melancólico
condenado a transformarse
en un ser
perdido,
anticipado.


OTRO
Un camino que me lleva
a ninguna parte.

Otro lugar cerrado.

Escondidos y tibios
caen los discursos
de luchas pasadas
en las que había un jefe
o una fe.

Los obreros reivindicando
en la tenida
la bandera de la vida deslomada.

17.11.17

En resumidas cuentas, por Pablo Ingberg



 Anagnórisis

Como en sueño, madre de sus hijos, de ventana a ventana camina.
Afuera la llovizna y la neblina son de un mismo color inmaterial.
Coincidiendo, en la luz del cristal, transparencia y reflejo,
un trazo bastaría para atravesarlo, pero ella
habla como en sueño. Qué color el del aire que atraviesa mi voz.
Conjugar, dice, el sueño: soñar, esa imagen adelante,
si yo fuera el soñado, si hubiera tercero sin tres,
éter terciando entre dos, yo, una sentencia en el aire, y ella,
como un sueño, cuando hablo, lluvia o niebla (la calle brillaba)
conviviendo.
Dos cuerpos no podrían ocupar el mismo espacio, pero dos palabras
pueden ocupar el mismo aire, fundirse, rodear dos cuerpos
con el mismo aire, y siempre habrá dos sueños. Entretanto
ella, en mi sueño, quiere decirme somos uno. Qué diría en el suyo
si tuviera la palabra. Nunca supe quién hablaba. Madre
o mujer, alfombra, falda del reposo. Era yo
quien caminaba de rodillas por la alfombra de diamantes. ¿No ves
el placer de mis lágrimas, la lluvia
y el sopor de la niebla?

(de Camino a Damasco, 1995)


 Otro recuerdo en que posar los ojos

Y el cuerpo en llamas caía y caía
En el aire sin ningún asidero
Donde la tierra es una meta
Distante que se acerca
Indeseada en esa forma de atracción
La gravedad
Que apagará la llama
Y las otras imágenes que afluyen
Son aire en el aire
Sin ningún asidero

(de Nadie atiende los llamados, 2010)


 Epifanía

En el final del túnel siempre hay luz:
hay que clavar los ojos en el centro
de la tiniebla con fervor creyente
y a la larga a lo lejos va a aflorar un fulgor
como refulge en toda ruta un espejismo


 Arte poética

Más vale un pájaro volando
que cien en mano

(de Conjuraciones, inédito)


Perdido en el nevado, por Francisco Garamona


QUÉ GANAS DE ESTAR CON UN PARIENTE
verlo llegar caminando en el pasto.
El cielo se pone claro, las nubes parecen barcos.
Qué lindo oírlo contar las mismas cosas,
doble corazón luminoso, doble penacho.
Cuando oscurece se prende la luz del rancho,
y es el pariente que busca lo que ha dejado.
Están sus ojos brillantes, mira a lo lejos.
Él también quiere que lo acompañen.


EL SOLDADO CARRASCO TOMA CERVEZA
con su novia muerta y las puertas
del cielo se entrecierran para otorgarle
cierta intimidad a esa cita.
La espuma de los vasos se derrama,
los labios de la novia son azules,
claro, está muerta.
Carrasco le cabecea al mozo y pide otra
y el mozo la trae prestamente.
En una mesa cercana dos esqueletos
chamuyan de pavadas y alardean.
El mozo pasa un trapo por la barra
y ya otra vez la cerveza está escaseando.
¡Hace calor!
La novia se recuesta sobre uno de sus brazos.
Carrasco está embolado,
piensa en cuando fue soldado,
piensa en su féretro.
El mozo hace un ademán
y saluda a unos muchachos recién llegados:
“Éstos están fresquitos”, dice,
y mientras saca brillo a unos vasos
silba una melodía pegajosa que se queda en el aire
flotando, unos segundos.


TE PUSISTE
oscurito
amiguito,
(te pusiste
oscureli
amigueli)
te ocultaste
del cedro
y fuiste
hacia
la roca,
mirando
por la
ventana,
triste.


QUÉ TRISTE LA VIDA DEL TRISTE,
qué tonta la vida del tonto,
qué simple la vida del simple,
qué parca la vida del parco,
qué sola la vida del solo,
y qué huraña la naturaleza
(entre la maleza pasa reptando una yarará,
y su estructura se consume
en el animal que pronto va a picar).


Tomado de: Francisco Garamona , Perdido en el nevado, México, Juan malasuerte, 2017.-