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20.7.26

Las manos, por Santiago Armando

 

 

Freedom is something that dies unless it's used.

Hunter S. Thompson

 

Me agarro de las sogas sobre el Puente Pueyrredón que llenan los metrobuses de la 9 de Julio, hay cielo de sogas tejidas en todo el AMBA, voy bajando con elásticos y poleas inteligentes, me llevan. Hongos en la piel, me decido a hablarle a las masas de los saunas paraguas. Sodomización del Obispo perfumado.

Soy pobre, no tengo anteojos, no puedo leer, soy poeta por extrema dejadez. “Sos un vago de mierda”, me dijo mi hermano. Al final se nota mucho la necesidad de tomar mate, escribir una línea y mantenerme en la cama, recordar a Juan Abreu cuando insistía con que el escritor solo quiere autochupársela. Mientras, hago los ejercicios para levantar a mi papá de la operación en la cabeza del fémur, que anoche ya me había olvidado la fecha, ya pregunté, me dio el Grok la rutina, me baño con agua fría y puedo todo menos no fumar, respirar profundo en la nave de los obeliscos de la panza madre con telemundial, se chorrea una pizza en una zanja peluda del Gran Buenos Aires, Lola Pelusa le dicen, nuestra heredad nos perfecciona. Pronto seré un campeón en limpiarle el ojete a mi padre, espero que no se me resbale.

Aquella entrevista a Néstor Sánchez donde dice cuando conquisté el estado de pregunta, tendí a un humor grave, acaso angustiado… Sergio Gentilli quiere un partido con enemas pirotécnicos que empalagan. Nosotros escuchábamos a José María Muñoz en democracia y en casa se leía La Nación con mi querido suplemento de Cultura, con las sensaciones de la Hopenhayn y otras muertas como la Ortiz Dujovne, de más grande la geniales columnas Mariana Enríquez en el Radar, el Late Registration de Kanye West lo fui a buscar.

Amargura lúcida divagante, son todos cantantes que duermen la siesta, esa lucidez amarga la notaba Antonio Escohotado, lo que se puede hacer es dormir y no esforzarse por escribir más que aguafuertes, pero,  el deber del hombre es saber dice Escohotado, clavando en las piedras de cobre daliniano de la costa de Ibiza bajo la luna: Guampas y un Anubis. Es porque no se dan vuelta haciendo caras, ni se bañan con agua fría y fuman, no hacen sentadillas con los brazos levantados ni rezan. Aburre la soledad y el ambiente adverso con los anteojos atendiendo las palabras que crea la gente común sin el porrito, es mi karma en la vida que me rompan las pelotas por “el  porrito”, vale para hacer fuerza, mantenerse en forma, escribir a la mañana con las sierras del mantenimiento del barrio, y apoyar la cabeza con las persianas bajas, hasta el atardecer reticulado.

Durante la obesidad sin porro leía, ya no puedo por la falta de anteojos, las sogas del AMBA me mantienen en forma, y con la hierbita de jardín o maceta de tierra me da ganas de escribir  y me olvido de leer. Lo que yo saqué de mis macetas no era este indoor ni de casualidad, era algo mucho más sabroso que fumaba al atardecer y luego de la cena con la luna o a la mañana en verano. Levantar con los glúteos las sentadillas. Los espejos holográficos con tetas en tules de la vecina, sus gemidos, las visiones del cómic de Lasher, y el josecito con sombrerito: una fosa de milanesa podrida de hachar mujeres del CEAMSE. Pero me mantengo del lado de la luz, rezo el Rosario y rasgo la guitarra.

Así deben ser los recitales de Lali. Enoc me dijo que lo del blog se guarda setenta años si alguien no lo borra, hay un filósofo del CONICET con mi nombre. Verónica rechazó mi novela, no le llegará más nada, ¿será porque en el sueño se confunden ella y Monica Bellucci, la mención de “comeniños” de Romina Tejerina le cayó mal? Debo parecer un psicópata pero soy peligrosamente insensible. Tal vez la pajita después del dedo mayor de Jorge Asís en el sueño. Ahí tuve una respuesta del público. Llegaron los puchos.

Estaba sucio de tres pajas, teníamos misa del cumpleaños de mi hermano occiso a las diecinueve. Me bañé y encontré la ropa que habían puesto fuera de mi vista por las visitas de la inmobiliaria. Me pido Infinite Jest, el original de tapa dura ochenta lucas, pero me la bajo al español y es un boludo de veintisiete años insoportable. Está The Proud Highway, el primer tomo de cartas de los dieciocho hasta los treinta años de Hunter S. Thompson, y el Campaign Trail 72’, gambas de Pavese y Debussy, pálidas figuras en medias de colores. Después de la misa papá me anotó en un curso de Confirmación, después fuimos a un bodegón cercano y comilona.

Una vez me tomé el Sarmiento de los cartoneros. Una noche en lo de Verónica que no podía calzarme y dormir en el sillón doble, me fui a la mierda. El vagón tenía una débil luz anterior a las LED. Y veía gentes con grandes sacos, ninguno grande en altura, sacos y personas tenían casi la misma altura, pero tampoco miré mucho, no lo recorrí. Dupont hablaba de los enanos, como aquellos bolivianos que pusieron las cloacas en mi barrio, toda la cuadra marrón esos días, yo ya escribí de un bar con olor a pedo de plomo y gomina, me agarré del pasamanos con el brazo izquierdo y me hundí en la capucha de aquel viejísimo buso y pasé desapercibido. Y llegar a mi pago y dormir y olvidar esa casa triste y apagada e incogible. En Buenos Aires soy pobre, hacer el amor solo a ojos de Michelángelo, otros celestes, luminosos azules, ojos amarillos, ojos verdes con diamantes.

Terminé una novela de ciento veinte carillas homenaje a la divulgación científica que brinda la inteligencia artificial, el motor de solitones de Erik Lentz, y los perfiles de antimateria del santiagueño Julio Navarro, en verdad no está mal y pone a la conquista de Marte en ridículo, los astrofísicos saben que en el resto de los planetas y cometas hay energía suficiente para la conquista del universo.

Reparos con la Confirmación: tengo este tic de coitos disimulados en lugares públicos, el porro, el pucho: todos travas tienen ojos de serpiente levantando la patita con Mendicrim, mientras suena el Raga de Zia Mohiuddin Dagar.

De fondo Visitantes, la selección se fue a un baldío con una iglesia y una funeraria, mataron a dos y nueve heridos, grescas con los del otro lado del Mississippi. Gas del Duka, se habla con la busarda, se escribe con la panza para afuera, esa es la única manera de matenerse recto y convertirse en un fiel copiador, yo siempre estoy acá. Pablo Carrozza habla, es una lacrita con doscientos sesenta abolladuras de ojete, todos están gagás menos Duka, tan jóvenes.

Nadie me dice que cantó Tini ni Lali, nadie me pasa un tema. Mundial 2010 con Maradona de técnico, Pastore de perfil tratando de jugar al pasesito contra el escanolamiento de la defensa alemana que bastaba un simple cambio de ritmo para maniobrar bloqueos, porque Pastore la llevaba al trote, el único puente Einstein-Rosen que faltaba eran los pases de Riquelme y las definiciones de Messi, Román se quedaba sin aire y pedía el cambio y entraba Verón y ganábamos, en la última derrota con Inglaterra que Bielsa lo saca y lo dan vuelta los ingleses, Riquelme no tuvo repuesto… porque en la selección Riquelme pedía el cambio y Bielsa lo llevó incómodo porque no juega con diez.

Al final de un karaoke me la chuparon. Y también bajo la mesa de un bar lleno, con la discreción de las mesas vecinas.

Cuando a mi jefe se la chuparon para que me eche fue en una torre blanca de ladrillos con sábalos chupadores, la jota toledana del castillo hay que hacerla, había curvas de racimos de sábalo perlado. No saben manejar este alfabeto, más mueven las tetas, les gusta salir, vivir para mover las tetas. El teclado no parará de escribir porque la compresión de los dedos sobre él es muy fuerte en mí, súbenme por la espalda los impulsos que terminan en los caracteres. Cuartos de final con Pork Soda, el chanchito mejicano de Les Claypool y la Iglesia de Shoni Viale. Lo que deben ser las sábanas meadas de Shoni, ese se mea encima en vivo.

Apilo ropa sucia junto a la máquina. Puedo pringar a todos mis lectores en las pestañas, todo para peinar la ventana con la pera y poner mis manos en la fina ceniza de Anubis: María/ morena/ tus tetas enmarcadas en la arena.

Un atardecer me quedé frente al sol en una playita de José Ignacio, después mi hermano me pasó unas Pepperidge Farm de chocolate. Fueron quince minutos de arrobamiento en esa mansita.

Mi cuñada de las rodillas está perfecta, me dijo que hace aero yoga y está flaca y fuerte, le pregunté todo, y partió llevándose comida del mostrador en una bolsa a un ensayo después de la comilona pos misa del cumple de mi hermano. El vecino mejora en sus clases particulares de boxeo, a las que se ha sumado su padre.

El teléfono molesta, siente el cambio de movimiento y manda spam de Mercado Libre. Lo voy a mandar a la concha de su madre a Galperín por Twitter, hasta los domingos te mandan ruidos de propagandas pelotudas, mentirosas, molestas, innecesarias, repetitivas, hasta en el dia domingo de descanso del Padre.

Me levanto y cancelo los libros. Infinite Jest es una verga, como aquella novela monólogo Cristo vs. Arizona de Camilo José Cela. Pero más inocente. Son chotísimos. Cancelo todos y la devolución se hace rápido. Sonatas de piano de Mozart por Glenn Gould. Sigo con mi Kindle sin poder bajar nada por el cable en mal estado, se pone bien cuando quiere.

Mi cuñada cambió por completo su físico, me dejó tranquilo, directo le pregunté por sus rodillas, no olvido que traigo mala suerte, debo permanecer callado, antes de partir, por eso regalo, las buenas intenciones siempre terminan mal, la industria gráfica pasó de moda, los dibujos de Gustave Doré de la Divina Comedia, los Taschen de El Bosco, Egon Schiele, ofrezco, pero me niegan la generosidad, se los doy para que recorten y hagan cuadernos para escribir, ¿quién va a escribir?, les chupa un huevo, les doy igual. Me canso de leer, tengo que ir al oftalmólogo y pagar una fortuna los anteojos que no tengo. Tanto Hunter S. Thompson como David Foster Wallace se suicidaron por depresión, a mí me deprime la gente que no tira la goma con felicidad.

Cumplo cincuenta años, viene un amigo a comer tomar y fumar Klementine, el único, El Piña. Extraño al viejo Diego, pero ya es otra persona, ya no somos amigos. Me escribió Omar para contarme que se le murió una gata que rescató en muy mal estado de la calle.

Mamá destruye mis nervios rompiendo todo en la cocina, y me pongo a leer la New Yorker y hablan de la Misophony: La misofonía (o síndrome de sensibilidad selectiva al sonido) es un trastorno neurológico en el que ciertos sonidos cotidianos y repetitivos provocan reacciones emocionales o físicas extremas, como ira intensa, ansiedad, pánico o el deseo incontrolable de huir. Mi psiquiatra no me escucharía porque no le importa. Años sentado me jodió la cabeza del fémur en la cadera, rodilla, cadera y hombro izquierdo cagados.

Ya volvieron los ruidos en la cocina, mi vieja quiere inventar una comida que nunca hizo para mi cumpleaños y le sale mal, siempre lo mismo, se lo voy a decir para la próxima, de haber: solo quiero ravioles. En un rato vienen todos. Esperaba más de Brasil vs. Marruecos. Ruidos, no te mudes a un cuarto debajo de la cocina. Los torpes chimpancés te romperán los nervios, el vecino otro, debajo de mi ventana. Imposible.

Van a operar a mi viejo de la cabeza del fémur pronto, la recuperación va a ser jodida, ya les dije que se muden a un departamento pero se enojan. Mamá le prometió a la nieta peruana pileta para siempre. Cuando se venda esta casa iremos a una más chica, supuestamente. Mi viejo se va a operar y capaz no vuelva a caminar. Pero le duele mucho y ni un quejido. Se la aguantó toda la vida, se cayó de un caballo a los siete años en Córdoba. Me cuesta más rezar cuando tengo muchas boludeces en la cabeza pero estoy volviendo de a poco.

Más me obligo a escribir porque no tengo ganas, ya no escribo poemas, tiré dos mil carillas de poemas. Tiré todos los archivos. Me voy quedando con lo publicado, no sé escribir libros.

Ya no me salen los poemas, apenas avanzo en el renglón, recién me despierto con resaca, soy un descartadito con el mate, pero voy a tener mucho porro en el mundial.

Mis plantas, soy guitarrista y botánico, hoy regué mi Durban, hasta el viernes no debo regarla de nuevo, ¿qué hace un poeta y guitarrista cultivador? Tiene pensión por invalidez. Las kush y las sativa gratis para no endeudarse, un porro equilibrado y con notas de anís, licor y regaliz.

Extraño un poco la autóctona argentina llamada Destroyer, la hemos desaparecido, me contentaré con índicas de California y Holanda esta temporada, pero la Fruity Widow, la Cinderella 99', la Jack Herer versión Rápida que me llegaban de Aldi Gonzo: mi humilde homenaje a Aldi Gonzo, y aquellas autóctonas para hablar con las alfombras y las bolitas de energía luminosa que me perseguían.

Argentina jamás caerá, por su cavilación condenatoria siempre debe liberarse, somos una sociedad con medios de comunicación para tacheros. Rumbo a la paquetería del barrio con la lluvia fui rezando a buscar mi porro, el porro de Buenos Aires me inducía un delirio místico muy doloroso, se me fueron los ojos sutiles de este veneno para camuflarme en la cocina y buscar el mate. Purpurea Kush y White Widow x Super Cheese..

Contra el vidrio del comedor, con mi hermano, en la infancia, nos deformábamos haciendo caras, y yo una vez me di vuelta, no necesitábamos nada.

Purpurea kush suiza, pino y mirceno en la boca, la lluvia, los libros gratis del Kindle, me bajé los cuentos de Sara Gallardo, la que me ha gustado es Eisejuaz, es una felicidad encontrar un libro bueno pero lo que garpó más fueron los goles de Messi, descanso los ojos y me duermo, en mi cumpleaños me han regalado los Cuatro Cuartetos de T.S. Eliot edición bilingüe de Cátedra, y leo esa poesía fina y galante del idioma inglés sobre rosas y gotas de lagrimas o lluvia, todo aquello que Hunter S. Thompson ha despedazado acelerando en su auto salido de la calzada estancada, embarrando a Jack Kerouac haciendo dedo y a los lingüistas enseñando alfabetos de la paraguayania.

Hago los ejercicios, me baño con agua fría, me hice adicto a la ducha de agua fría, estoy subiendo los chinchulines a la caja, estoy adelgazando pero si fumo me cuesta, las rodillas sonaron pero se reacomodaron, me estoy regenerando con muy poco esfuerzo.

Mamá revienta la cocina con sacudidas de mono en LSD. Silencio, solo quieren aparecer en la página, escribo para los pájaros, los niños juegan a la pelota y andan en bici, el mate está caliente, hay puchitos, Gracias Dios, y este teclado, adelantar deudas de porro o dar más a mis viejos: comprar más porro.

Mi viejo acaba de decirme que sale caminando al día siguiente de la operación, no tendré que levantarlo, a no ser que se caiga, para lo que estoy haciendo sentadillas, debo estar fuerte por él. Ruido de nuevo, golpazos de armario de cocina, qué mierda, hago mis sentadillas empujando para arriba los glúteos y los brazos adelante cruzados, hago hélice en el hombro de la tendinitis y persigo el dolor y lo derroto, hice desaparecer el dolor, pero tengo una pequeña inflamación.

Ejercito los hombros a ciento ochenta grados levantándolos y bajándolos, el doloroso se cansa. Me dijo el Grok que pare con “enfrentar al dolor” y que haga las hélices del hombro cortitas.

El padecimiento psíquico permanente se disipa con el porro. El agua fría y los ejercicios me ayudan, voy a salir a caminar y todavía me retiene esta mierda con el cigarro en la mano. Hoy el CASI juega contra Newman, el bebe Contemponi hizo toda su carrera televisiva con la pera temblando y el hermano es entrenador de Los Pumas, yo soy hincha de Sudáfrica.

King Crimson me da pesadillas. La primera vez que me internaron fue porque en la oficina de una teatro fumé y pusieron Starless y empecé a tener visiones de rostros deformes en las paredes, después volví a la casa donde paraba y discutí con un imbécil porque estaba re loco. Qué música horrible.

Recuerden las sentadillas y pararse empujando los glúteos, con los brazos levantados y cruzados, adentro afuera doble sentadilla doble cruzamiento de brazos, como en la fábrica de malla de alambre. Levantar los hombros con resistencias, vencer las resistencias, eso es la vida del corazón, no fumaré más tabaco, solo buscaré mi libre chalita de los riscos con el mendicrim y las cabras.

Gago tuvo un infarto y le pusieron un stent, ayer, después de ganar con Universidad de Chile, en la conferencia de prensa se tomaba la teta izquierda dando sus explicaciones incomprensibles u obvias, y apareció en la ambulancia por la clínica a las tres de la mañana.

El porro, fumar solo porro y el saxo ah negrura plateada en holograma flameante, y la mirada indiferente de fumador puesto.

El saludo al atardecer de los pichones, las cotorras siguen chillando un rato, uno que conozco desde mi infancia en el bajo, cotorras, la gente habla, pasan niños de un año en carritos de plástico. El arte concerniente a los ojos y al oído, y la boca holográfica de chupar pija en el país pajitas y hashish, me ha tocado sufrir el desengaño afectivo permanente hasta concluir en limpiarle el culo a mis viejos, para eso me han felicitado con lágrimas en mi cincuenta aniversario, con porro, un porro poderoso para hacer sentadillas y bañarse con agua fría. Un che pibe limpiaculo, me quisieron mandar con mi abuela y los mandé a la mierda. Me había olvidado. Aquí estoy.

Ayer me pasé la noche fumando y vi como lo echaron a Ducantenzeiler y quedó puteando solo en cámara a medio mundo, y por sus números de hoy en you tube prácticamente quedó olvidado, lo peor de esto es que Pablo Carrozza se llevó su seguidores. Por fin lo vi sin energía, agradeciendo al canal, reconoce que se vio como un programa basura salvo cuando lo dejaban solo y contaba historias, donde batió records con sus cuentos de el Loco Fierro llegando en un tren solo para hinchas de Gimnasia desde La Plata y se bajaban en las vías a la altura de la entrada visitante para ir a pelear, solo con un jean y en patas, sobre el asfalto quemante, su amistad con el Gallego Popey, líder de la barra, su presidencia, sus diálogos con Grondona, ganarle el campeonato a Boca y River como Presidente, nunca lo dejarían triunfar. Mishigene total.

Y me levanté para ver la repetición del segundo gol de Messi, que me despertó porque sonó todo el tinglado Tesla y volví a dormir hasta la cena de ravioles, me acusaron de darme una sobredosis de medicamentos. Pero solo fumé y me acosté muy tarde tomando las pastillas al final, vi las últimas nubes tétricas de la tarde y me seguían apagando los fármacos chupadores, y ahora son las doce y no está más el Duka, y ya terminé mi ejercicio de vida y no ha pasado gran cosa. Boris Becker perdió su finca en Ibiza y fue preso por no pagar impuestos. Me tomaría un hongo psilocibio en una playa con una mujer nunca imaginada, que baila con el ruido mundial y las luces de don Nikola.

La exhalación gastadita, la frase en el pedazo de papel de la libreta del preceptor que nunca usaré para "escribir mis impresiones" como por ejemplo “Ser un simple botánico principiante”, de marihuana, mezclaré el más puro pino con la miel y la menta, y para qué, para plantarlas y que me acompañen. Y también con las kush americanas que mezclaron con la white widow con gusto a chocolate y berries con miel y menta, un caos de dulces con pino y menta oh fumar es lo más suculento y más hermoso.

Ruido de la ruta, frío. Corrigiendo mis modales. Todos pasan por debajo del estanque de los hipopótamos, y nadie puede perseguir a ningún grupo social, solo patear el culo a los que rezan postrados en la calle o en el pasillo del bondi o avión.

Vuelve El Duka porque se le piantaron decenas de miles suscriptores al Carnaval Stream. Insoportable, ahora se pone en moralista y maestro ciruela, me hice un mate para estar en silencio y escribir. Perdió Uruguay, otra vez Bielsa afuera en zona de grupos. Me pregunto quién lo puso en el cargo. Con tantas pastillas no tengo reflejos, no puedo mantener una conversación.

Yo quería formar una familia católica y nunca cantar la Internacional, solo el himno. Ya es tarde.

Prefiero tener un picador de flores de porro de metal desarmable, a roscas, porque al desmenuzarlo con cuchillo o tijera se pierde el polvillo y algunas partículas que después se pueden usar con tabaco en la época de carestía, como me acaba de pasar, me he comido hasta la goma negra que deja la resina en las roscas y pasé la lengua entre las cuchillas, paso la lengua por todo después de que se acaba, hasta el mes que viene. Pero antes saco todo con mis anteojos de aumento y una tijera, con la uña crecida sale mejor la goma de la resina que traba las rosca principal, de haber hecho todo el trabajo con paciencia y un poco de tabaco me hubiera armado uno más grande, pero pude sacar uno por cada inspección. Ah, pino y mirceno con tabaco. Conseguí una semilla de ese porro salvaje de antes pero con olor a piña. Ayer puse una Durban Poison al aire libre aunque la IA diga que debajo de cuatro grados la planta muere, le pongo un envase de Coca grande por la noches, y puse a germinar más. Junté muchas semillas regulares y puedo investigar, la inteligencia artificial no recomienda plantar al aire libre en invierno salvo cubriendo las plantas con un gran plástico de doscientos micrones, pero yo solo quiero testear las semillas autóctonas que están hechas para aguantar los climas más duros y han estado allí toda la vida. En invierno salen enanas pero dan diez gramos que valen cien lucas, y la caja de diez cuesta cincuenta y cinco. Sembraré en el techo este verano. Ni remotamente tengo dinero para abastecerme de porro, ni siendo millonario.

Salí a caminar una vuelta y en una obra vi dos tachos de pintura de veinte litros y me los llevé, los lavé y les puse la tierra que generosamente me brindó el vecino, ya tengo seis tachos para automáticas. Voy a plantar Pound Cake y Jack Herer auto porque me voy de vacaciones al campo otra vez obligado y voy a poder sacar dos tandas antes de irme, y cuando vuelva voy a poder sacar otra otoñal. La psiquiatra le dijo a mis viejos que no me pueden dejar solo en casa.

11.12.13

Mozart, el vino y John Fante, por Elvio E. Gandolfo




Textos y cuentos de Charles Bukowski


Stephen King y Charles Bukowski son dos nombres de la cultura popular estadounidense que suelen o solían sub-promocionarse. Desde el punto de vista de la cultura o la literatura “alta”, desde luego. El autor de El resplandor tuvo la mala idea (según admiradores como Peter Straub) de comparar su tarea creativa con la confección de hamburguesas. Mientras vivió Bukowski, por su parte, tendió no solo a exhibir sino también a subrayar su fama de borracho, drogón, pendenciero y gustador de las así llamadas “mujeres de la vida”.
La aparición de este grueso volumen de “relatos y ensayos inéditos (1944-1990)” hacía temer los mismos excesos de búsqueda de “inéditos” en autores como Roberto Bolaño o W. G. Sebald a los que nos tiene acostumbrados el sello Anagrama. La lectura confirma sin embargo que al hacerse la selección sobre un material mayor ya seleccionado y publicado en revistas, resulta un libro tan sólido como otros del autor. El porcentaje de textos claramente menores no es mayor que en otros libros suyos.

POETA Y CUENTISTA. Cuando Charles Bukowski pudo abandonar al fin el odiado mundo del trabajo menor asalariado había producido ya incontables poemas. Fue justamente el editor decidido a recopilar en libros más largos lo que hasta entonces había circulado en cuadernillos, quien le propuso pagarle un sueldo para que solo escribiera. De inmediato Bukowski se descubrió como narrador. Tanto en la poesía como en el relato breve consiguió logros dignos de la mejor tradición norteamericana.
El lugar común de un Bukowski dedicado a tocar solo la samba de una sola nota de sus propias experiencias queda triturado en cuanto se recorren sus cuentos y poemas. El bien ganado prestigio en el campo acotado de la poesía lo consolidó ya 1969 su inclusión en un volumen de la serie “Penguin Modern Poets”, junto a Philip Lamantia y Harold Norse. En estas páginas de ahora no hay poemas pero sí ideas muy bukowskianas sobre la poesía.
Nada correcto políticamente, dice: “En algún momento del trayecto, en algún momento del puto colegio, se te meten en la cabeza. Te dicen, en resumidas cuentas, que el poeta es un maricón. Y no siempre se equivocan”. Y remacha en otro texto: “Un hombre con el menor sentido en la cabeza o sentimiento en el corazón no iría nunca a una universidad aunque se lo pudiera costear. No hay nada que aprender allí salvo lo que ha ocurrido en la historia de las cosas y él ya sabe lo que ha ocurrido en la historia de las cosas con sólo dar una vuelta a cualquier manzana en una ciudad”. Plantea además que la palabra escrita debiera abordarse como la pintura o el sonido. Y apuesta sus fichas: es posible que a la larga Matisse perdure más que Van Gogh, que el novelista O’Hara pase al olvido junto con Mailer. “D. H. Lawrence”, en cambio, “perdurará, aunque por qué, no puedo decírtelo ahora. Mi cerebro no lo tiene; sólo los sentidos”.
Si no hay poemas sí figuran en cambio cuentos. Uno de ellos, “Ejercicio”, muestra hasta qué punto el directo, autobiográfico, caótico Bukowski puede arriesgarse a experimentar con eficacia sin proclamarlo. Ennoviado con una mujer que toma pastillas así como el bebe, van juntos a buscar provisiones a la casa de una “dealer”. A una velocidad feroz el encuentro degenera en una mezcla de violencia y sexo entre las dos mujeres, con Charles B. de espectador. Como es literatura, lo que importa es el lenguaje: sencillez, repetición al máximo, reducción al hueso. Para redondear, más adelante se repite la visita, y la escena, aunque más corta, vuelve a funcionar. El texto tiene un punch que más parece oriental que estadounidense. Hay también un eficaz, veloz relato de ciencia ficción paranoica (“Tal como ocurrió”). El más clásico y “literario”, con el tema del doble (“El otro”) es también el menos original

MANUAL DE INSTRUCCIONES. En “Allucinager” describe por qué le gusta apostar: “Para mí el hipódromo es lo mismo que la plaza de toros para Hemingway: un lugar donde estudiar la muerte y el movimiento y tu propio carácter o la falta del mismo”. Después hace algo más técnico. En “Escoger los caballos. Cómo ganar en el hipódromo, o al menos quedarse igual”, destila su experiencia, en beneficio de los neófitos. Recomienda no gastar dinero necesario para otros menesteres (alquiler, comida, gastos comunes), no prestarle atención a los bocones que recomiendan ganadores y cómo elegir un probable ganador. Aunque sabe que lo que hace es inútil: “La razón de que no me importe revelar estos secretos es que conozco la naturaleza humana. No asimilarás lo que te he dicho, creerás que es una estafa. Todo hombre o mujer tiene que quemarse a su manera. Nada que yo te diga puede salvarte”. El dato final es claro: “Mi mejor consejo con respecto al hipódromo es: no vayas”.

LA LECCIÓN DEL MAESTRO. El trabajo más extenso y conmovedor del volumen es el perfil de John Fante (denominado “Bante” en el texto), complejamente transmitido. Todo escritor tiene un momento de revelación en que lee algo que es exactamente lo que él quiere lograr (le pasó como cuentista a Roberto Fontanarrosa con Dar la cara, de David Viñas). En el caso de Bukowski, cuando descubre a Fante al leerlo en una biblioteca ya ha recorrido una buena cantidad de grandes nombres clásicos. Pero lo que descubre en el texto cambia hasta la percepción misma de la página: “¡Las palabras eran sencilllas, concisas y hablaban de algo que ocurría aquí mismo! Hasta la letra en la página parecía distinta”. Embalado, cree reconocer el hotel donde ocurre el relato y sale a buscarlo. Recién años después, cuando por fin encuentre a John Fante (hospitalizado, mutilado por su diabetes) descubrirá que un pequeño error lo había hecho equivocarse.
El fastidio, la furia ante el estado casi terminal de Fante se convierte en agresión: “Había oído hablar mucho sobre Bante durante mis borracheras. Sobre cómo el mundo era tan estúpido que no era consciente de que sus escritos existían. Cómo el mundo era tan estúpido para honrar a tipos como Mailer y Capote y Bellow y Cheever y Updike cuando un simple párrafo de John Bante podía decir más con una sencillez pasmosa”. Aunque también descubre que, incluso en el deterioro, nada reemplaza el encuentro directo: “Allí estaba ese hombrecillo bajo su sábana. No le quedaba mucho de las piernas. Le habían dejado los brazos, las manos. Las manos se le veían muy pálidas. Pero tenía una cara estupenda, tenía una carita de dogo. Había mucha tenacidad en ella. Una palabra más amable es ‘valentía’” Así como Bukowski tenía como faro a Fante, al propio Fante le había pasado lo mismo con Sinclair Lewis (a quien Bukowski no apreciaba en absoluto). Como Bukowski, él también lo había buscado y conocido, para desilusionarse. Pero el contacto entre los dos escritores de la vida de los “losers” en las calles y los campos estadounidenses resulta mejor: se aprecian mucho. Bukowski (en ese momento en plena fama) colabora  a reeditar la obra del maestro. Al fin asiste a su previsible entierro, y reconoce: “Había conocido a mi ídolo. Muy poca gente lo consigue”.
Además hay múltiples “escritos de un viejo indecente”, un texto sobre Los Ángeles, un apoyo tenaz al viejo Ezra Pound, un comentario sobre Artaud, e innumerables datos sobre escritores, editores, revistillas culturales, y notas de rechazo. En el final reconoce: “Quería perdurar pese a las trampas, morir ante la máquina con la botella de vino a la izquierda y, pongamos, Mozart sonando en la radio a mi derecha”.






FRAGMENTOS DE UN CUADERNO MANCHADO DE VINO, de Charles Bukowski. Anagrama, Barcelona, 2009. 360 págs.


Publicado inicialmente en: El País Cultural N° 1059, 12 de marzo de 2010, pág. 5.

15.9.13

Néstor Sánchez: Racconto a partir de un solo de flauta


Entrevista hecha por Mariani




ALGUNAS COSAS DE ESPALDAS A LOS SOCIÓLOGOS SIN EMPLEO

Néstor Sánchez, un libro de cuentos del que no quiere oír hablar, dos novelas (Nosotros dos y Siberia blues, 1966 y 1967, respectivamente), difícilmente olvidables, “El libro negro del humor de antología” (1968 en colaboración  con Dolores Sierra), es un novelista nato y un ser humano con una permanente expresión de sorpresa impresa en el rostro. Una expresión que consigue reflejar toda la enorme capacidad de asombro que Sánchez lleva en su interioridad, y que le permite, de pronto, romper la bolsa de sus silencios y derramar su contenido de enormes risotadas enronquecidas, en medio de la devota lectura de un poema de Cendrars, mientras estalla en un “!Qué bárbaro!  ¡Qué bárbaro!” o en uno de sus prolongados “¡Qué maravilla!” ante un solo de los de Coltrane.

Néstor Sánchez, tras desaparecer por nueve meses: (“Estaba escribiendo una novelita”), abre la puerta, entre sorprendido y avergonzado por el olvido de la cita y por un interrumpido ensayo de flauta, amante a la que ahora dedica toda su pasión. Entretanto vigila algo que se fríe en la cocina.

-¿Es que el novelista Sánchez no escribe más, acaso? ¿O se está proponiendo una nueva relación entre las palabras y las notas?

-Es una pregunta que hace dar ganas de tragarse la flauta y pedir perdón. Por ahora no paso de Mozart y algunos diletantes, sobre todo anónimos; sin embargo pienso seriamente en la música como actividad que no quiero abandonar más. Algo así como el festejo interminable de una ley. Y entonces la mayor parte de la literatura que leo me parece condenada a Descartes, me suena a declamación, mentira, etcétera.

-Supimos que está escribiendo una nueva novela. 

-Sí. Hace unos veinte días que terminé mi tercera novela que esta vez es larga como las novelas. Entonces me dedico a corregirla: la cuido de día y de noche y la sobo mientras descanso.

-¿Tiene alguna relación con sus libros anteriores?

-Sin haber escrito Nosotros dos y Siberia blues, especialmente esta última, no podría haber escrito éste. Pero la relación casi obsesiva central sigue aproximándose a la búsqueda de lo antiliterario. Quiero decir: procuro escribir a partir de aquello que rechazo como lector interesado, a partir de aquella única cosa que un escritor debe ir aprendiendo y que es lo que no debe hacerse. Claro, además está la necesidad de encontrar un ritmo total en el aliento, una especie de respiración poemática. Pero eso lleva toda la vida.

-¿Qué entiende específicamente por antiliterario?

-Entonces le contesto por la otra punta: toda literatura literaria, todo gesto culterano o pretendidamente ideológico, se nos transforma poco a poco en mentira, en convicción espantosa, en cháchara orgullosa. La literatura literaria, en este sentido, parece no tener límites, tal vez porque cualquiera puede sentarse y escribir de acuerdo con lo que leyó mal, al sentimiento que cree inaugurar, a la pólvora que cree descubrir. Cualquier otra actividad artística  requiere una unidad y dedicación que la literatura, por tratarse de palabras, parece obviar. De ahí que todavía se puede asegurar lo que él pensó y lo que ella sentía. Si el acto de la escritura es un acto esencialmente ético, de posible verdad consigo mismo, entonces toda vieja convicción literaria se hace dinosáurica por sí misma, se hace cada día menos soportable.

-¿Cree que lo antiliterario es una tendencia que se está generalizando?

-No sé. Tal vez. Depende del hambre de verdad interior que cada uno encuentra cada día en su Remington. Pero lo que por otra parte sí se está generalizando es la improvisación a toda costa, la gran megalomanía confesional. Declaro aburrirme mucho con casi todo lo que aparece en mi Buenos Aires querido. Mi tío Ismael, uno de los personajes de mi libro, escribió durante casi veinte años sin pensar en publicar; claro, él era un poco masoquista, pero…

-¿Entonces sólo son válidas las experiencias solitarias, y desesperanzadas, como las del tío Ismael?

-¡No tanto! Creo que hay gente, sobre todo gente joven que trabaja con alguna cautela y que pretende partir de lo que ya no debe hacerse. El elemento desencadenante de la gran baratura  que amenaza sepultarnos en papel, es ese lector multitudinario que inventaron los sociólogos sin empleo. 

-¿Y qué hay del mentado “boom” de la literatura latinoamericana?

-Es ese otro invento donde parece que se terminaron los adjetivos de la crítica semi-especializada que tenemos. Por ejemplo, ahora están buscando transformar a Rulfo, un cuentista que nos aburría bastante hace diez años, en la contrapartida de los grandes promocionados. Sin embargo no hay grandes diferencias; lo que sí hay es una enorme vejez europea y, como ha sido siempre, confusionistas y personas inteligentes. En general el “boom” no ofrece un solo encuentro estético (ni siquiera hablar de una poética) de dos escritores que marchen hacia respirar un aire menos conocido. Siguen sobreviviendo sin molestarse mucho todos los esquemas trasnochados, desde el novelón sociológico hasta el destrabalenguas, lo modernoso y lo densísimo. 

-¿De lo que se desprendería que la mayor parte de lo que aparece editado carecería de valor?

-¿Qué quiere decir valor? Convengamos que el valor en sí, el culterano, lo dan los profesores y periodistas de todas las edades. Yo hablo como un tipo apasionado por lo que hace y por lo tanto arbitrario. Cuando uno quiere algo, conocer y convencerme a través de la escritura, cuando lo quiere todo el tiempo, no pide ni da cuartel; y tampoco lo merece. Yo quiero encontrar casi todos los días el libro, la voz de un hombre, que me convoque, que me desubique los esquemas, que me pida cosas, que me obligue a participar, a confundirme, a cumplir un ciclo en su lectura. Por lo general encuentro nada más que historias, mujeres que hablan, idiotas que hablan, paralíticos que hablan, cañeros que hablan, bobos que hablan, monólogos interiores de oficinistas, historias ajenas, historias chismosas, niñitos que hablan, papel, tinta.

-¿Qué opina el novelista Sánchez del último libro del novelista Cortázar?

-Después de aquellas cien páginas de “Rayuela”, donde por primera vez un prosista argentino parecía relacionarse con la poesía, sigo esperando con el corazón en la boca y me resisto a aceptar que sus tres últimos libros tengan que ver con Morelli. “62” es un enorme silencio. 

-¿Es cierto que prepara su partida?

-Tan cierto como la flauta.

-¿Tiene que ver con una beca?

-Sí. Pero sin beca igual me mandaría mudar. Una ciudad es un lugar con humo más o menos negro habitado por gente que camina y camina. Ni viene otra agua ni el río ni nada cambia. A lo sumo, cuando dicha ciudad envejece del todo en uno es porque ha llegado el momento de no reprocharle nada a nadie y pisar las valijas.

-¿Quiere decir que esta vez no hay regreso?

-Eso. De Estados Unidos me voy a Londres por algunos años, como para cumplir con una vieja aspiración libresca de mi tío Ismael que casi va a allá por unos tres meses antes de su suicidio.

-¿Algo más?

-Sí, que ahora han empezado a manosear a los poquísimos viejos entrañables que nos quedan, como por ejemplo Juan L. Ortiz, cosa que me parece absolutamente pornográfica.



ARTiempo nº 5. Revista mensual de arte y espectáculos. Buenos Aires, marzo 1969.