16.9.26

Recuerdos, ciudades, objetos, por Milton Rodríguez

 

CONRAD

 

Verloc se pone un sombrero,

él también,

pero hay diferencias:

no tiene negocio

ni es agente confidencial.

es, apenas,

un lector desahuciado,

un contertulio 

que tiene un amigo

o un vecino anormal

escuchando sus quejas

de historias alocadas,

desmadradas.

 

 

 

LECTOR

 

Agarra un Quevedo,

un Escudero,

un Olivari; 

un escritor en serio

que no arrugue

en el entrevero

de la palabra.

 

Finas ideas

como ligero apronte

de lo que puede pasar.

Hay un déspota

que lo gobierna.

 

 

 

PSICO

 

Así están las cosas,

el desayuno 

y aquella interpretación

que Bela  dio:

Delirio.

 

 

 

UNO

 

Es como si fuera

una casa arrasada

en la que quedaron los muros

y recordar

lo que allí no pasó.

Inventa,

creyendo haber vivido

lo que no vivió.

 

 

 

CEREMONIAS

 

Lo único que sé,

es que todo termina

en una ceremonia,

en un festejo de borrachos

que le cuelgan a la luna

su anhelo de seguir tomando.

 

 

 

CIUDAD

 

Está hecha en forma de industria,

con salas de un ambiente estrecho,

inamovible.

Hasta los insectos agonizan

en un mundo de fantasmas revueltos.

 

A las paredes, las hacen polvo

y ponen una terraza muda.

 

Ahora no hay negocios ni gente.

 

¿Es una urbe, o un pueblo abandonado?

 

La medida de la incertidumbre.

 

No existe " hasta luego", "adiós",

digo:

algo que queme los cuerpos de los ángeles.

 

 

 

LA OTRA LOCURA

 

Este ir 

hacia donde   

quedan

los despojos del hermano de mi madre,

ese  que huyó hacia atrás,

pero al final recaló

en el departamento tipo casa

del otro hermano.

Sentado atrás de la mesa grande,

dándome la espalda,

sin querer,

mudo de tanto escaparse

del Moyano,

ese sitio lleno de elásticos de cama.

Alegorías de la huesuda.

 

 

 

VORAZ

 

En esta bolsa no llevo nada:

solo a mí mismo.

 

 

 

HABLA

 

Me dijeron:

“todo lo demás es silencio”.

Entonces...

nos abrazamos despacio,

y hasta pensamos

que el silencio

es un poco más que eso.

 

 

 

ASADO

 

Tanto esperar,

y, 

al final,

apenas si quedó

un humito 

para armar nostalgias.

 

 

 

GUARDIA

 

Un pequeño favor

le voy a pedir, 

señor:

no me deje en esta sala de muerte.

 

Mejor en la calle,

o en el rayón de algún camino; 

aunque más no sea,

en la chatita verde

que estacionó el amigo de Jesús.