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3.12.19

Una complicidad provisoria, por Emilio Jurado Naón


Sobre Paranoia Club: Notas urgentes, de Nadia Gómez (27 Pulqui, 2019)

1. Tenía la tentación de leer unas notas para la presentación de Paranoia Club: Notas urgentes, pero hace poco ya había usado ese recurso (casi un chiste interno conmigo mismo) cuando llevé un cuaderno de lectura para hablar de Cuaderno del poema, de Gabriel Cortiñas. Repetir la mímica del recurso (un cuaderno para Cuaderno, unas notas para Notas) podría haberse entendido como un acto de vagancia de mi parte o un “síndrome”.

La escritura de Nadia tiene una manera de usar las palabras apenas ladeada, que le otorga un plus estrábico de sentido a los términos, como cuando dice del “síndrome” lo siguiente:

“7/ Ver un punto y hacer de eso, que para otros es un aspecto positivo, el carozo de un problema insoportable. Convertir ese punto en el motivo de una desdicha. Ése es tu síndrome, el síndrome de provocar en el otro el punto que lo desestabiliza”

Pero lo peor de repetir el ademán mimético de escribir unas notas para presentar otras notas no hubiera sido ni la vagancia ni el síndrome de repetir, repetirme, sino el riesgo de hablar de la publicación de un libro omitiendo el contexto del que forma parte, el diálogo constitutivo del que las presentaciones de libros como esta son un apéndice más.

Que la primera vez que leí la escritura de Nadia fue por recomendación de Gabriel Cortiñas; que algunos de estos textos, tal vez en una versión embrionaria, fueron publicados en la revista cubana La Noria, y otros los leyó Nadia el año pasado en la presentación del tercer número de Revista Rapallo; que el primer libro de Nadia salió en Palabras Amarillas, que edita Javier Fernández Paupy, con quien también intercambiamos lecturas y libros, son datos de la realidad y nombres propios que no tendrían por qué ser conocidos ni darse a conocer y cuya mención alguien podría entender como fuera de lugar, como impropia de la presentación de un libro, casi una mención embarazosa; porque los nombres propios suelen constituir la antesala de la escritura, la lectura, conversación y discusión de textos, la publicación y difusión de libros.

Hilos:
Dicen las notas urgentes: “Para mí el arte son todos los hilos que ya no se ven como hilos, susurra Diego”. Poner de relieve los hilos, tanto del texto como de su contexto de producción y circulación, es asumir una parte real y efectiva del derrotero de un libro, pero también consiste en defender ese diálogo constitutivo como instancia importantísima de la cadena de producción artística: que es una instancia colectiva. Los hilos ya no se ven como hilos no por estar ocultos o naturalizados, sino porque se vuelven parte apreciable del arte. “Para mí el arte son todos los hilos que ya no se ven como hilos, susurra Diego”.

Recuerdo también que, en la contratapa de Bichos raros, el primer libro de Nadia, se avisaba que eran relatos que emulaban la práctica del taxidermista pero dejando a la vista las costuras. Hilos y costuras del texto, entonces, del quehacer de la escritura, podrían ser un rasgo a anotar de la textualidad de Nadia Gómez. Cabe sumar a la familia de palabras al piolín, que, si se tensa y clava a un vaso de plástico en cada extremo, funciona como medio de comunicación y de juego.


2. El diálogo también es parte sustancial de la confección de Paranoia Club, pero ya no se trata del diálogo como contexto de producción de un libro, sino de uno o varios diálogos interrumpidos, entrecortados y sustraídos de su contexto original.

Interrupción:

“Le preguntan qué la interpela de la música. Hace gárgaras dulces. Dice preferir la libertad del jazz. Esos no eran maestros, eran gremialistas disfrazados con guardapolvo. Desde luego que me alegra mucho que los hayan cagado a palos, ¿qué te parece? Tiene que haber un límite. Pero vos escuchame una cosa es una mentira con lo que cobran por antigüedad ni un oficinista que tiene el culo roto. ¿Y la ley? No me vengas, a mí no me vengas”

Hay algo del método de escritura de Ricardo Zelarayán en estos pasajes, pero distinto. Zelarayán anotaba, también, “frases fuera de contexto” que rompían, para él, con “la vida lineal y alienada”; frases de aquellos “hablados por la poesía” que le interceptaban la oreja parabólica y daban pie a la escritura. Eran arranques de texto, en general: frases pedernal que daban mecha a la pólvora de sus textos. Entre las notas que organiza Nadia hay varias que son parlamentos, frases habladas de los hablados por la poesía (si seguimos el decir de Zelarayán), pero el arranque es aprovechado en su energía inicial, no en su dirección; no se usa la frase de arranque como el puntapié para un relato, sino que se aprovecha el envión y se lo multiplica. Nadia colecciona arranques dispersos que, por acumulación, van construyendo un nuevo contexto de habla deliberadamente caótico.

Pienso la frase fuera de contexto como unidad mínima de Notas urgentes. La frase, ya sea copiada de lo que se oyó, lo que se subrayó en un libro, lo que se vio en un aula o lo que se transmitió por la tele, apretujado y empaquetado por Nadia en la unidad mínima de la oración. Un trabajo poético que se interesa por maximizar el sentido de la frase (su valor intrínseco y unitario) y también por lo que hace la frase (su funcionamiento) en la totalidad del texto, en relación a lo precedente y a lo siguiente. Es un doble movimiento de condensación e interrupción: condensación del sentido en la frase e interrupción de la linealidad del texto mediante la frase.

En Paranoia Club no interesa tanto la referencia a personajes (ni siquiera la identidad o caracterización de la narradora o el narrador parece importar), ni la construcción de escenas, acciones, trama. Podríamos pensar en frases, parlamentos, imágenes, pensamientos, recortes sacados de su contexto original y vueltos a pegar, en collage, para la construcción artificial de un contexto nuevo y provisorio.

Paranoia:

La alusión a una paranoia seguro tenga que ver con esa suspensión de las referencias y los sujetos. Cuando no se sabe del todo quién habla, quién dice qué, cuándo y acerca de qué, las atribuciones se vuelven múltiples y ambiguas. “Ese texto es una forma de parafrasear la paranoia, decís”, dice el texto, pero no se sabe quién lo dijo. ¿Quién es ese “vos”, esa voz?

Así, las referencias y el contexto original de cada cosa anotada se pierde en beneficio de la frase como unidad mínima del tejido. Pero esa pérdida sigue latiendo, suena como un bajo constante, un fantasma del sentido. Frase independiente en detrimento de su contexto original de aparición; imposible de apreciar, sin embargo, fuera de esa interrupción del contexto.


3. Las continuidades entre Paranoia Club y Bichos raros son muchas: están los mismos temas (el aula, la injusticia social, la divulgación científica, la anatomía de los freaks, la mitología circense, la abyección natural y bella de los cuerpos), está el mismo tono y está la misma voluntad de romper con las estructuras (de la sintaxis, del relato realista, del perfil, de los géneros y registros de la lengua).

Bajo la máscara artera del boceto (porque, si somos paranoicxs de verdad, tenemos que desconfiar también, o por sobre todo, del título que se nos ofrece: Notas urgentes), esta segunda publicación de Nadia, aparecida el mismo año que la primera, podría haberse leído, si la serie hubiese sido inversa, como una preparación para.

Notas que son poemas como preparación para capítulos que son relatos.

Pero no somos tan ingenuxs. En realidad, Paranoia Club: Notas urgentes tiene el carácter de boceto en el sentido de los esbozos de Tarsila do Amaral [ver Abaporu]: que eran síntesis (posteriores) en línea negra y continua de sus pinturas al óleo. Rompiendo la lógica temporal y causal del esbozo, tanto los bocetos de Tarsila como las notas de Nadia apuntan a la condensación de la imagen a través del trazo simple o del fraseo continuo, respectivamente.

Consolidación de un estilo o antes bien de un dispositivo de escritura; constituyen un aprendizaje en el manejo de la lengua como materia prima (para el relato, para el poema, para el texto). En ese sentido Paranoia Club: Notas urgentes es una superación de Bichos raros. Una continuación de las exploraciones de la escritura, en la misma dirección, pero ya en un estadío superior: una apuesta más arriesgada pero también un producto mejor consolidado.

Desafío:

La pregunta que podría aparecer, maliciosamente, es ¿qué viene después?

Si quisiéramos ser esquemáticos, podría asumirse el camino de un libro a otro bajo la fórmula siguiente:

Bichos raros – estructura narrativa = Paranoia Club

Esta ecuación parecería dar por sentado que no hay narración en Paranoia Club  (o que Bichos raros es menos poema que este nuevo libro). Las dos afirmaciones serían erróneas porque el interés no va tanto por enclaustrar  definiciones de géneros literarios sino más bien por tratar de definir las intenciones de un texto. La intención de Paranoia Club, leído en la serie de la escritura y publicación de Nadia Gómez, parecería ser la de condensar la escritura. La estructura del relato, el realismo y el naturalismo, el trabajo con el registro de diversos géneros discursivos (todos elementos presentes en Bichos raros) quedan atrás, datados en aquel otro libro; mientras que, en Paranoia Club, la protagonista pasa a ser esta tan nombrada unidad mínima del discurso: la frase.

La lengua como objeto:

“24/ El significado denotativo de concha es almeja, el significado connotativo de estoy hecho polvo es abrumado, el significado denotativo de perra es mamífero cuadrúpedo que puede ladrar, el significado denotativo de animal es ser vivo. Anublar significa que anochece sobre el campo. Yo no quiero estudiar porque voy a ser policía, dice Cassinotti. Se puede estudiar la lengua como objeto. ¿Qué es la soledad? Una hormiga sin casa. Una aguja sin hilo. Lo más lindo que existe.”

La consecuencia inevitable de jugarse todo por la frase es la carencia de estructuras perdurables. La lectura se vuelve una sucesión de momentos autónomos que pueden arrastrar impresiones previas, guedejas del pasado inmediato de un texto que se preocupa sólo por seguir avanzando (anotando). De ahí que el atributo de “urgentes” le venga bien a estas notas. En la lectura urgente, nosotrxs podemos suponer que compartimos, con quien escribe, una misma inclinación hacia las frases, que nos lleva a buscar, como dice el texto, “entre las estatuas de los santos una complicidad provisoria”.

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Leído el 22 de noviembre de 2019 en la librería Luz Artificial.

7.4.19

27 Pulqui: diseño editorial cooperativo, nacional y soberano, por Emilio Jurado Naón





Lanzar una editorial de poesía desde una cooperativa gráfica suena a proyecto delirante. Así apareció 27 Pulqui, sello creado por Matilde Oliveros, Leandro Selén y Fabián Rodríguez en 2014, desde la Fundación Gráfica Campichuelo. Delirante y ambicioso, dos cualidades que los llevaron a adoptar el nombre del primer avión a reacción nacional, creado por Perón en 1947. También comparten con el primer Pulqui la ética de trabajo con recursos propios y en pos de la soberanía nacional. Desde el uso de materiales locales y fuerza trabajo cooperativa hasta la difusión de poetas de todo el territorio argentino, 27 Pulqui Ediciones levanta vuelo con una imagen propia, original y de fuerte apuesta al diseño.

“No es fácil distinguirse entre tantas editoriales de poesía que hay en Argentina”, pone de manifiesto Matilde, la diseñadora del sello, dando cuenta de la amplia y variada flora de pequeñas editoriales de poesía que despuntaron con el fenómeno editorial surgido en los noventa que se revitaliza año a año. “Son muchos los poetas y muchas las editoriales que publican poesía. Si a esto le sumamos el hecho de que es fácil subir los textos a Internet, que se destaquen la editorial y cada uno de sus libros se vuelve una empresa difícil. Es por eso que decidimos darle una vuelta de tuerca al diseño desde la dimensión material. Nos interesa despertar la curiosidad de los lectores; que la persona que entra a una librería y lo ve piense 'quiero tener este libro en mi casa'”. Es así que la editorial piensa desde cero (o, más bien, desde el texto) las dimensiones, tipografía, materiales de cubierta y técnica de encuadernación para cada nuevo libro.

A la hora de cranear el diseño, muchas veces la dimensión social se hace presente; este fue el caso de la antología de poesía El fin de la afirmación (co-editada junto a la editorial VOX), que salió con una camiseta de la selección alemana de fútbol como cubierta. “La oportunidad de hacer un diseño original y llamativo con la camiseta alemana nos permitió también trabajar en conjunto con el Taller de Oficios de la Salada, en un momento en que estaba siendo desprestigiado por los medios y la opinión pública”, recuerda Matilde. “Se extendía el preconcepto de que la Salada era una feria ilegal en donde se vendía cosas robadas, pero la verdad es que hay muchas organizaciones de trabajadores excluidos y talleres de oficio que no se conocen. La cubierta en forma de camiseta, así como la cartera escocesa que cubre Piazza Navona de Mario Arteca, son maneras de hacer visibles, en el diseño material, estos proyectos sociales y laborales junto a los que siempre buscamos trabajar”.

El origen de los diseños es diverso, pero en general surge de una lectura particular de Matilde y Leandro: ideas, imágenes y texturas que les despiertan los poemas que deciden publicar. “Para El brillo de tus brackets queríamos hacer algo pop, siguiendo la línea de los poemas de Facu Soto”, cuenta Matilde, “buscábamos algo que tuviera la presencia de la lata Campbell's de Andy Warhol pero que fuera factible de producir en la imprenta, así que se nos ocurrió la caja de hamburguesas como 'envase' para el libro. Otras veces, la innovación es directamente sobre el material que usamos de portada, como en La Kelpertina, donde por sugerencia del autor, Tomás Bartoletti, usamos la tela verde típica del antiguo DNI”. Lo icónico de la tapa entra en juego con la trama del libro, que explora y  reformula algunos aspectos de la identidad actual (y futura) de Argentina.

La perspectiva con que se piensa el diseño evita un subrayado de sentido sobre los “temas” del texto; más bien se busca un juego y ampliación de significados que parte de la lectura personal de los editores y con el que los lectores pueden dialogar conjugando, en un mismo objeto, poemas y diseño. “Pasta base de José M. Abram Luján fue el primer título que publicamos”, recuerda Leandro, “en ese libro, los poemas giran en torno a los trabajadores de la caña de azúcar de Tucumán en los setenta, hay una búsqueda en el lenguaje de esa época, de esa rama de producción. Pero nosotros, después de leer el libro, decidimos agregarle un sobrecito de azúcar Ledesma, que viene con cada ejemplar, para apuntar a la complicidad que tuvo cierta parte de la sociedad civil y empresaria con la última dictadura. Es algo que no está en el libro necesariamente –no está explícito, digamos–, pero que se formuló en nosotros al leerlo”. Entre los poemas y el diseño editorial, están los lectores; y esa conversación de a tres no siempre da el mismo resultado (la asociación entre el sobre de azúcar y el título “pasta base” ha llevado a conclusiones inesperadas como la de una lectora que dedujo: “Claro, ¡porque el azúcar es adictiva como una droga!”). Cada edición de 27 Pulqui genera preguntas –síntoma de curiosidad–, y lo que aparece como pregunta en los lectores antes fue reflexión en la mesa de diseño; esa es la medida de dedicación que Leandro Selén y Matilde Oliveros quieren para cada uno de sus títulos: cada libro de poemas, cada autor, implica un nuevo desafío y un nuevo mundo que reclama, en el diseño, una identidad propia.

Cada nuevo título de 27 Pulqui reclama una reflexión por parte de los editores que va de la lectura de los poemas al diseño de tapa y cubierta.


*


1. Pop. Una caja de hamburguesa funde las ideas de cubierta y envase en El brillo de tus brackets de Facu Soto.
2. Liviandad. En el libro de Patricia Suárez, el diseño recurre a la superposición de capas de un delgado papel de calco para rimar con los sentidos que disparan el título, Hojaldre.
3. Denuncia. El sobre de azúcar adherido a Pasta Base de José M. Abram Luján, vincula a la empresa azucarera con la represión a los obreros tucumanos en la última dictadura cívico-militar.
4. Niveles. Nilengua de Iván Castiblanco Ramírez: la cubierta hace de caja para un libro con tapa de cartón en donde se destaca un símbolo propio.
5. De viaje. Piazza Navona de Mario Arteca viene con una tela escocesa como cubierta que emula una cartera de hombre, donde se guarda el cuaderno del poeta.
6. Voladora. Un boomerang incorporado y desmontable constituye la tapa del libro de Verónica Viola Fisher.


Publicado en la revista de diseño nacional e internacional (DNI), n° 34, Clarín - mayo de 2017.-