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8.11.20

Kafka y su padre, por Carlos Correas



Valga para el caso la siguiente anécdota. Una tarde, no hace mucho, yo caminaba junto a un paredón del cementerio de la Recoleta. Delante de mí, a unos metros, iba una pareja, un matrimonio, probablemente. La mujer llevaba de la mano a una niñita de unos cuatro o cinco años, quizás su hija; estaba absorbida en la conversación con el hombre y desatendía a la pequeña; ésta, de pronto, se inclinó y, sin dejar de trotar a la par de su madre, agarró una ramita de un montón próximo al cordón (los árboles habían sido recién podados). Los tres seguían su marcha, y la pequeña empuñaba la ramita y la azotaba como si empuñara el aire. La madre todavía no lo había advertido, hasta que repentinamente la vio. Medio se detuvo, se cernió sobre la chica y exclamó con voz aguda: “¿De dónde sacaste ese palo?” El acento se empinaba aún más en el “dón…”, en el “…cas…” y en el “pa…”, y el tono era de estupor escandalizado, desconcierto, extrañeza. Una madre demasiado nerviosa, tensa, se dirá. De acuerdo. Pero me interesa el contenido de esa frase. Además de la transformación de la ramita en palo, y a pesar de toda la trivialidad que se tienda a ver en el episodio, hay ahí la significación de lo que se podría llamar una pedagogía para la monstruosidad. ¿Se ha comprendido? Así –aunque no solamente así– se crían monstruos, a saber, hijos minados por la conciencia imbuida de ser anómalos, o ajenos, o raros, o malsanos. En consecuencia, hijos en quienes la humanidad resulta mutilada. No “Dejá ese palo”, o “Con ese palo te podés lastimar”, etc., sino “¿De dónde sacaste ese palo?”, es decir: “¿Qué es eso? ¿Qué llevo yo a mi lado? ¿Qué extraño ser es éste que saca palos de la nada? ¿Qué clase de demonios lo poseen que le ponen palos en la mano para dañar y hacer el mal y…?



Fragmento tomado de: Carlos Correas, Kafka y su padre (Leviatán, 1983)


9.6.20

Colibríes encendidos




Del territorio de la actual Tierra del Fuego, Argentina

Poema Selk’nam


 
Aquí estoy cantando

Aquí estoy cantando
El viento me lleva
Sigo la huella de los que murieron

Me ha sido permitido llegar
hasta la Montaña del Poder
la Gran Cordillera del Cielo

Su poder vuelve a mí
Desde el infinito me han hablado

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Del territorio de la actual América del Norte

Poema Apache


 Un dios

Hay un dios por encima de nosotros, que nos mira a todos. Somos niños de ese único dios. Dios me está escuchando. El sol, la oscuridad, el viento están escuchando lo que decimos en este momento.


Poema sioux

Todo lo viviente está unido por un cordón umbilical. Las altas montañas y los arroyos, el maíz y el búfalo que pace, el héroe más valiente y el tramposo coyote.


 La gente civilizada

La gente civilizada depende demasiado de las páginas impresas por el hombre. Yo me vuelvo hacia el libro del Gran Espíritu, que es la totalidad de su creación. Puedes leer gran parte de ese libro si estudias la Naturaleza. Si llevas todos tus libros a la pradera, los dejas bajo el sol, y permites que la nieve, la lluvia y los insectos trabajen en ellos por un tiempo, a ti y a mí, la oportunidad de estudiar en la universidad de la naturaleza: los bosques, los ríos, las montañas, los animales y nosotros incluidos.


 Del territorio de la actual Perú y Bolivia


Poema aimara


 
Mundo al revés

¿Qué es esto por Dios, qué es esto?
nacer ser adulto
trabajar.

¿Quién ideó este orden, quién ideó?
misti saqueadores
sin corazón.

¿Quién manda aquí, quién ordena?
si somos la mayoría y humanos.

¿Cuándo cambiará, esto, cuándo el mundo?
si todo está al
revés.


Tomado de: Aborígenes americanos. Colibríes encendidos, Leviatán, 1998.