20.7.26

Las manos, por Santiago Armando

 

 

Freedom is something that dies unless it's used.

Hunter S. Thompson

 

Me agarro de las sogas sobre el Puente Pueyrredón que llenan los metrobuses de la 9 de Julio, hay cielo de sogas tejidas en todo el AMBA, voy bajando con elásticos y poleas inteligentes, me llevan. Hongos en la piel, me decido a hablarle a las masas de los saunas paraguas. Sodomización del Obispo perfumado.

Soy pobre, no tengo anteojos, no puedo leer, soy poeta por extrema dejadez. “Sos un vago de mierda”, me dijo mi hermano. Al final se nota mucho la necesidad de tomar mate, escribir una línea y mantenerme en la cama, recordar a Juan Abreu cuando insistía con que el escritor solo quiere autochupársela. Mientras, hago los ejercicios para levantar a mi papá de la operación en la cabeza del fémur, que anoche ya me había olvidado la fecha, ya pregunté, me dio el Grok la rutina, me baño con agua fría y puedo todo menos no fumar, respirar profundo en la nave de los obeliscos de la panza madre con telemundial, se chorrea una pizza en una zanja peluda del Gran Buenos Aires, Lola Pelusa le dicen, nuestra heredad nos perfecciona. Pronto seré un campeón en limpiarle el ojete a mi padre, espero que no se me resbale.

Aquella entrevista a Néstor Sánchez donde dice cuando conquisté el estado de pregunta, tendí a un humor grave, acaso angustiado… Sergio Gentilli quiere un partido con enemas pirotécnicos que empalagan. Nosotros escuchábamos a José María Muñoz en democracia y en casa se leía La Nación con mi querido suplemento de Cultura, con las sensaciones de la Hopenhayn y otras muertas como la Ortiz Dujovne, de más grande la geniales columnas Mariana Enríquez en el Radar, el Late Registration de Kanye West lo fui a buscar.

Amargura lúcida divagante, son todos cantantes que duermen la siesta, esa lucidez amarga la notaba Antonio Escohotado, lo que se puede hacer es dormir y no esforzarse por escribir más que aguafuertes, pero,  el deber del hombre es saber dice Escohotado, clavando en las piedras de cobre daliniano de la costa de Ibiza bajo la luna: Guampas y un Anubis. Es porque no se dan vuelta haciendo caras, ni se bañan con agua fría y fuman, no hacen sentadillas con los brazos levantados ni rezan. Aburre la soledad y el ambiente adverso con los anteojos atendiendo las palabras que crea la gente común sin el porrito, es mi karma en la vida que me rompan las pelotas por “el  porrito”, vale para hacer fuerza, mantenerse en forma, escribir a la mañana con las sierras del mantenimiento del barrio, y apoyar la cabeza con las persianas bajas, hasta el atardecer reticulado.

Durante la obesidad sin porro leía, ya no puedo por la falta de anteojos, las sogas del AMBA me mantienen en forma, y con la hierbita de jardín o maceta de tierra me da ganas de escribir  y me olvido de leer. Lo que yo saqué de mis macetas no era este indoor ni de casualidad, era algo mucho más sabroso que fumaba al atardecer y luego de la cena con la luna o a la mañana en verano. Levantar con los glúteos las sentadillas. Los espejos holográficos con tetas en tules de la vecina, sus gemidos, las visiones del cómic de Lasher, y el josecito con sombrerito: una fosa de milanesa podrida de hachar mujeres del CEAMSE. Pero me mantengo del lado de la luz, rezo el Rosario y rasgo la guitarra.

Así deben ser los recitales de Lali. Enoc me dijo que lo del blog se guarda setenta años si alguien no lo borra, hay un filósofo del CONICET con mi nombre. Verónica rechazó mi novela, no le llegará más nada, ¿será porque en el sueño se confunden ella y Monica Bellucci, la mención de “comeniños” de Romina Tejerina le cayó mal? Debo parecer un psicópata pero soy peligrosamente insensible. Tal vez la pajita después del dedo mayor de Jorge Asís en el sueño. Ahí tuve una respuesta del público. Llegaron los puchos.

Estaba sucio de tres pajas, teníamos misa del cumpleaños de mi hermano occiso a las diecinueve. Me bañé y encontré la ropa que habían puesto fuera de mi vista por las visitas de la inmobiliaria. Me pido Infinite Jest, el original de tapa dura ochenta lucas, pero me la bajo al español y es un boludo de veintisiete años insoportable. Está The Proud Highway, el primer tomo de cartas de los dieciocho hasta los treinta años de Hunter S. Thompson, y el Campaign Trail 72’, gambas de Pavese y Debussy, pálidas figuras en medias de colores. Después de la misa papá me anotó en un curso de Confirmación, después fuimos a un bodegón cercano y comilona.

Una vez me tomé el Sarmiento de los cartoneros. Una noche en lo de Verónica que no podía calzarme y dormir en el sillón doble, me fui a la mierda. El vagón tenía una débil luz anterior a las LED. Y veía gentes con grandes sacos, ninguno grande en altura, sacos y personas tenían casi la misma altura, pero tampoco miré mucho, no lo recorrí. Dupont hablaba de los enanos, como aquellos bolivianos que pusieron las cloacas en mi barrio, toda la cuadra marrón esos días, yo ya escribí de un bar con olor a pedo de plomo y gomina, me agarré del pasamanos con el brazo izquierdo y me hundí en la capucha de aquel viejísimo buso y pasé desapercibido. Y llegar a mi pago y dormir y olvidar esa casa triste y apagada e incogible. En Buenos Aires soy pobre, hacer el amor solo a ojos de Michelángelo, otros celestes, luminosos azules, ojos amarillos, ojos verdes con diamantes.

Terminé una novela de ciento veinte carillas homenaje a la divulgación científica que brinda la inteligencia artificial, el motor de solitones de Erik Lentz, y los perfiles de antimateria del santiagueño Julio Navarro, en verdad no está mal y pone a la conquista de Marte en ridículo, los astrofísicos saben que en el resto de los planetas y cometas hay energía suficiente para la conquista del universo.

Reparos con la Confirmación: tengo este tic de coitos disimulados en lugares públicos, el porro, el pucho: todos travas tienen ojos de serpiente levantando la patita con Mendicrim, mientras suena el Raga de Zia Mohiuddin Dagar.

De fondo Visitantes, la selección se fue a un baldío con una iglesia y una funeraria, mataron a dos y nueve heridos, grescas con los del otro lado del Mississippi. Gas del Duka, se habla con la busarda, se escribe con la panza para afuera, esa es la única manera de matenerse recto y convertirse en un fiel copiador, yo siempre estoy acá. Pablo Carrozza habla, es una lacrita con doscientos sesenta abolladuras de ojete, todos están gagás menos Duka, tan jóvenes.

Nadie me dice que cantó Tini ni Lali, nadie me pasa un tema. Mundial 2010 con Maradona de técnico, Pastore de perfil tratando de jugar al pasesito contra el escanolamiento de la defensa alemana que bastaba un simple cambio de ritmo para maniobrar bloqueos, porque Pastore la llevaba al trote, el único puente Einstein-Rosen que faltaba eran los pases de Riquelme y las definiciones de Messi, Román se quedaba sin aire y pedía el cambio y entraba Verón y ganábamos, en la última derrota con Inglaterra que Bielsa lo saca y lo dan vuelta los ingleses, Riquelme no tuvo repuesto… porque en la selección Riquelme pedía el cambio y Bielsa lo llevó incómodo porque no juega con diez.

Al final de un karaoke me la chuparon. Y también bajo la mesa de un bar lleno, con la discreción de las mesas vecinas.

Cuando a mi jefe se la chuparon para que me eche fue en una torre blanca de ladrillos con sábalos chupadores, la jota toledana del castillo hay que hacerla, había curvas de racimos de sábalo perlado. No saben manejar este alfabeto, más mueven las tetas, les gusta salir, vivir para mover las tetas. El teclado no parará de escribir porque la compresión de los dedos sobre él es muy fuerte en mí, súbenme por la espalda los impulsos que terminan en los caracteres. Cuartos de final con Pork Soda, el chanchito mejicano de Les Claypool y la Iglesia de Shoni Viale. Lo que deben ser las sábanas meadas de Shoni, ese se mea encima en vivo.

Apilo ropa sucia junto a la máquina. Puedo pringar a todos mis lectores en las pestañas, todo para peinar la ventana con la pera y poner mis manos en la fina ceniza de Anubis: María/ morena/ tus tetas enmarcadas en la arena.

Un atardecer me quedé frente al sol en una playita de José Ignacio, después mi hermano me pasó unas Pepperidge Farm de chocolate. Fueron quince minutos de arrobamiento en esa mansita.

Mi cuñada de las rodillas está perfecta, me dijo que hace aero yoga y está flaca y fuerte, le pregunté todo, y partió llevándose comida del mostrador en una bolsa a un ensayo después de la comilona pos misa del cumple de mi hermano. El vecino mejora en sus clases particulares de boxeo, a las que se ha sumado su padre.

El teléfono molesta, siente el cambio de movimiento y manda spam de Mercado Libre. Lo voy a mandar a la concha de su madre a Galperín por Twitter, hasta los domingos te mandan ruidos de propagandas pelotudas, mentirosas, molestas, innecesarias, repetitivas, hasta en el dia domingo de descanso del Padre.

Me levanto y cancelo los libros. Infinite Jest es una verga, como aquella novela monólogo Cristo vs. Arizona de Camilo José Cela. Pero más inocente. Son chotísimos. Cancelo todos y la devolución se hace rápido. Sonatas de piano de Mozart por Glenn Gould. Sigo con mi Kindle sin poder bajar nada por el cable en mal estado, se pone bien cuando quiere.

Mi cuñada cambió por completo su físico, me dejó tranquilo, directo le pregunté por sus rodillas, no olvido que traigo mala suerte, debo permanecer callado, antes de partir, por eso regalo, las buenas intenciones siempre terminan mal, la industria gráfica pasó de moda, los dibujos de Gustave Doré de la Divina Comedia, los Taschen de El Bosco, Egon Schiele, ofrezco, pero me niegan la generosidad, se los doy para que recorten y hagan cuadernos para escribir, ¿quién va a escribir?, les chupa un huevo, les doy igual. Me canso de leer, tengo que ir al oftalmólogo y pagar una fortuna los anteojos que no tengo. Tanto Hunter S. Thompson como David Foster Wallace se suicidaron por depresión, a mí me deprime la gente que no tira la goma con felicidad.

Cumplo cincuenta años, viene un amigo a comer tomar y fumar Klementine, el único, El Piña. Extraño al viejo Diego, pero ya es otra persona, ya no somos amigos. Me escribió Omar para contarme que se le murió una gata que rescató en muy mal estado de la calle.

Mamá destruye mis nervios rompiendo todo en la cocina, y me pongo a leer la New Yorker y hablan de la Misophony: La misofonía (o síndrome de sensibilidad selectiva al sonido) es un trastorno neurológico en el que ciertos sonidos cotidianos y repetitivos provocan reacciones emocionales o físicas extremas, como ira intensa, ansiedad, pánico o el deseo incontrolable de huir. Mi psiquiatra no me escucharía porque no le importa. Años sentado me jodió la cabeza del fémur en la cadera, rodilla, cadera y hombro izquierdo cagados.

Ya volvieron los ruidos en la cocina, mi vieja quiere inventar una comida que nunca hizo para mi cumpleaños y le sale mal, siempre lo mismo, se lo voy a decir para la próxima, de haber: solo quiero ravioles. En un rato vienen todos. Esperaba más de Brasil vs. Marruecos. Ruidos, no te mudes a un cuarto debajo de la cocina. Los torpes chimpancés te romperán los nervios, el vecino otro, debajo de mi ventana. Imposible.

Van a operar a mi viejo de la cabeza del fémur pronto, la recuperación va a ser jodida, ya les dije que se muden a un departamento pero se enojan. Mamá le prometió a la nieta peruana pileta para siempre. Cuando se venda esta casa iremos a una más chica, supuestamente. Mi viejo se va a operar y capaz no vuelva a caminar. Pero le duele mucho y ni un quejido. Se la aguantó toda la vida, se cayó de un caballo a los siete años en Córdoba. Me cuesta más rezar cuando tengo muchas boludeces en la cabeza pero estoy volviendo de a poco.

Más me obligo a escribir porque no tengo ganas, ya no escribo poemas, tiré dos mil carillas de poemas. Tiré todos los archivos. Me voy quedando con lo publicado, no sé escribir libros.

Ya no me salen los poemas, apenas avanzo en el renglón, recién me despierto con resaca, soy un descartadito con el mate, pero voy a tener mucho porro en el mundial.

Mis plantas, soy guitarrista y botánico, hoy regué mi Durban, hasta el viernes no debo regarla de nuevo, ¿qué hace un poeta y guitarrista cultivador? Tiene pensión por invalidez. Las kush y las sativa gratis para no endeudarse, un porro equilibrado y con notas de anís, licor y regaliz.

Extraño un poco la autóctona argentina llamada Destroyer, la hemos desaparecido, me contentaré con índicas de California y Holanda esta temporada, pero la Fruity Widow, la Cinderella 99', la Jack Herer versión Rápida que me llegaban de Aldi Gonzo: mi humilde homenaje a Aldi Gonzo, y aquellas autóctonas para hablar con las alfombras y las bolitas de energía luminosa que me perseguían.

Argentina jamás caerá, por su cavilación condenatoria siempre debe liberarse, somos una sociedad con medios de comunicación para tacheros. Rumbo a la paquetería del barrio con la lluvia fui rezando a buscar mi porro, el porro de Buenos Aires me inducía un delirio místico muy doloroso, se me fueron los ojos sutiles de este veneno para camuflarme en la cocina y buscar el mate. Purpurea Kush y White Widow x Super Cheese..

Contra el vidrio del comedor, con mi hermano, en la infancia, nos deformábamos haciendo caras, y yo una vez me di vuelta, no necesitábamos nada.

Purpurea kush suiza, pino y mirceno en la boca, la lluvia, los libros gratis del Kindle, me bajé los cuentos de Sara Gallardo, la que me ha gustado es Eisejuaz, es una felicidad encontrar un libro bueno pero lo que garpó más fueron los goles de Messi, descanso los ojos y me duermo, en mi cumpleaños me han regalado los Cuatro Cuartetos de T.S. Eliot edición bilingüe de Cátedra, y leo esa poesía fina y galante del idioma inglés sobre rosas y gotas de lagrimas o lluvia, todo aquello que Hunter S. Thompson ha despedazado acelerando en su auto salido de la calzada estancada, embarrando a Jack Kerouac haciendo dedo y a los lingüistas enseñando alfabetos de la paraguayania.

Hago los ejercicios, me baño con agua fría, me hice adicto a la ducha de agua fría, estoy subiendo los chinchulines a la caja, estoy adelgazando pero si fumo me cuesta, las rodillas sonaron pero se reacomodaron, me estoy regenerando con muy poco esfuerzo.

Mamá revienta la cocina con sacudidas de mono en LSD. Silencio, solo quieren aparecer en la página, escribo para los pájaros, los niños juegan a la pelota y andan en bici, el mate está caliente, hay puchitos, Gracias Dios, y este teclado, adelantar deudas de porro o dar más a mis viejos: comprar más porro.

Mi viejo acaba de decirme que sale caminando al día siguiente de la operación, no tendré que levantarlo, a no ser que se caiga, para lo que estoy haciendo sentadillas, debo estar fuerte por él. Ruido de nuevo, golpazos de armario de cocina, qué mierda, hago mis sentadillas empujando para arriba los glúteos y los brazos adelante cruzados, hago hélice en el hombro de la tendinitis y persigo el dolor y lo derroto, hice desaparecer el dolor, pero tengo una pequeña inflamación.

Ejercito los hombros a ciento ochenta grados levantándolos y bajándolos, el doloroso se cansa. Me dijo el Grok que pare con “enfrentar al dolor” y que haga las hélices del hombro cortitas.

El padecimiento psíquico permanente se disipa con el porro. El agua fría y los ejercicios me ayudan, voy a salir a caminar y todavía me retiene esta mierda con el cigarro en la mano. Hoy el CASI juega contra Newman, el bebe Contemponi hizo toda su carrera televisiva con la pera temblando y el hermano es entrenador de Los Pumas, yo soy hincha de Sudáfrica.

King Crimson me da pesadillas. La primera vez que me internaron fue porque en la oficina de una teatro fumé y pusieron Starless y empecé a tener visiones de rostros deformes en las paredes, después volví a la casa donde paraba y discutí con un imbécil porque estaba re loco. Qué música horrible.

Recuerden las sentadillas y pararse empujando los glúteos, con los brazos levantados y cruzados, adentro afuera doble sentadilla doble cruzamiento de brazos, como en la fábrica de malla de alambre. Levantar los hombros con resistencias, vencer las resistencias, eso es la vida del corazón, no fumaré más tabaco, solo buscaré mi libre chalita de los riscos con el mendicrim y las cabras.

Gago tuvo un infarto y le pusieron un stent, ayer, después de ganar con Universidad de Chile, en la conferencia de prensa se tomaba la teta izquierda dando sus explicaciones incomprensibles u obvias, y apareció en la ambulancia por la clínica a las tres de la mañana.

El porro, fumar solo porro y el saxo ah negrura plateada en holograma flameante, y la mirada indiferente de fumador puesto.

El saludo al atardecer de los pichones, las cotorras siguen chillando un rato, uno que conozco desde mi infancia en el bajo, cotorras, la gente habla, pasan niños de un año en carritos de plástico. El arte concerniente a los ojos y al oído, y la boca holográfica de chupar pija en el país pajitas y hashish, me ha tocado sufrir el desengaño afectivo permanente hasta concluir en limpiarle el culo a mis viejos, para eso me han felicitado con lágrimas en mi cincuenta aniversario, con porro, un porro poderoso para hacer sentadillas y bañarse con agua fría. Un che pibe limpiaculo, me quisieron mandar con mi abuela y los mandé a la mierda. Me había olvidado. Aquí estoy.

Ayer me pasé la noche fumando y vi como lo echaron a Ducantenzeiler y quedó puteando solo en cámara a medio mundo, y por sus números de hoy en you tube prácticamente quedó olvidado, lo peor de esto es que Pablo Carrozza se llevó su seguidores. Por fin lo vi sin energía, agradeciendo al canal, reconoce que se vio como un programa basura salvo cuando lo dejaban solo y contaba historias, donde batió records con sus cuentos de el Loco Fierro llegando en un tren solo para hinchas de Gimnasia desde La Plata y se bajaban en las vías a la altura de la entrada visitante para ir a pelear, solo con un jean y en patas, sobre el asfalto quemante, su amistad con el Gallego Popey, líder de la barra, su presidencia, sus diálogos con Grondona, ganarle el campeonato a Boca y River como Presidente, nunca lo dejarían triunfar. Mishigene total.

Y me levanté para ver la repetición del segundo gol de Messi, que me despertó porque sonó todo el tinglado Tesla y volví a dormir hasta la cena de ravioles, me acusaron de darme una sobredosis de medicamentos. Pero solo fumé y me acosté muy tarde tomando las pastillas al final, vi las últimas nubes tétricas de la tarde y me seguían apagando los fármacos chupadores, y ahora son las doce y no está más el Duka, y ya terminé mi ejercicio de vida y no ha pasado gran cosa. Boris Becker perdió su finca en Ibiza y fue preso por no pagar impuestos. Me tomaría un hongo psilocibio en una playa con una mujer nunca imaginada, que baila con el ruido mundial y las luces de don Nikola.

La exhalación gastadita, la frase en el pedazo de papel de la libreta del preceptor que nunca usaré para "escribir mis impresiones" como por ejemplo “Ser un simple botánico principiante”, de marihuana, mezclaré el más puro pino con la miel y la menta, y para qué, para plantarlas y que me acompañen. Y también con las kush americanas que mezclaron con la white widow con gusto a chocolate y berries con miel y menta, un caos de dulces con pino y menta oh fumar es lo más suculento y más hermoso.

Ruido de la ruta, frío. Corrigiendo mis modales. Todos pasan por debajo del estanque de los hipopótamos, y nadie puede perseguir a ningún grupo social, solo patear el culo a los que rezan postrados en la calle o en el pasillo del bondi o avión.

Vuelve El Duka porque se le piantaron decenas de miles suscriptores al Carnaval Stream. Insoportable, ahora se pone en moralista y maestro ciruela, me hice un mate para estar en silencio y escribir. Perdió Uruguay, otra vez Bielsa afuera en zona de grupos. Me pregunto quién lo puso en el cargo. Con tantas pastillas no tengo reflejos, no puedo mantener una conversación.

Yo quería formar una familia católica y nunca cantar la Internacional, solo el himno. Ya es tarde.

Prefiero tener un picador de flores de porro de metal desarmable, a roscas, porque al desmenuzarlo con cuchillo o tijera se pierde el polvillo y algunas partículas que después se pueden usar con tabaco en la época de carestía, como me acaba de pasar, me he comido hasta la goma negra que deja la resina en las roscas y pasé la lengua entre las cuchillas, paso la lengua por todo después de que se acaba, hasta el mes que viene. Pero antes saco todo con mis anteojos de aumento y una tijera, con la uña crecida sale mejor la goma de la resina que traba las rosca principal, de haber hecho todo el trabajo con paciencia y un poco de tabaco me hubiera armado uno más grande, pero pude sacar uno por cada inspección. Ah, pino y mirceno con tabaco. Conseguí una semilla de ese porro salvaje de antes pero con olor a piña. Ayer puse una Durban Poison al aire libre aunque la IA diga que debajo de cuatro grados la planta muere, le pongo un envase de Coca grande por la noches, y puse a germinar más. Junté muchas semillas regulares y puedo investigar, la inteligencia artificial no recomienda plantar al aire libre en invierno salvo cubriendo las plantas con un gran plástico de doscientos micrones, pero yo solo quiero testear las semillas autóctonas que están hechas para aguantar los climas más duros y han estado allí toda la vida. En invierno salen enanas pero dan diez gramos que valen cien lucas, y la caja de diez cuesta cincuenta y cinco. Sembraré en el techo este verano. Ni remotamente tengo dinero para abastecerme de porro, ni siendo millonario.

Salí a caminar una vuelta y en una obra vi dos tachos de pintura de veinte litros y me los llevé, los lavé y les puse la tierra que generosamente me brindó el vecino, ya tengo seis tachos para automáticas. Voy a plantar Pound Cake y Jack Herer auto porque me voy de vacaciones al campo otra vez obligado y voy a poder sacar dos tandas antes de irme, y cuando vuelva voy a poder sacar otra otoñal. La psiquiatra le dijo a mis viejos que no me pueden dejar solo en casa.

9.7.26

Escupitajos, por Manuel Alemian

 

Así como todos

el niño escupió.

Y no escupió bronca

ni desprecio.

Escupió moco y saliva.

(Nada más).



De: Oreja tomada, Ediciones del Diego, 1993.-

7.7.26

Hunter S. Thompson: Haight-Ashbury, capital de los hippies

 

 

El mejor año para ser hippie fue 1965, pero no había mucho de qué escribir, porque no pasaba mucho en público y la mayor parte de lo que pasaba en privado era ilegal. El verdadero año del hippie fue 1966, a pesar de la falta de publicidad, que en 1967 dio paso a una avalancha a nivel nacional en Look, Life, Time, Newsweek, The Atlantic, New York Times, Saturday Evening Post, e incluso Aspen. Illustrated News, que publicó un número especial sobre los hippies en agosto de 1967 y logró una venta récord de todas menos 6 copias de una tirada de 3500 copias. Pero 1967 no fue realmente un buen año para ser hippie. Fue un buen año para los vendedores y exhibicionistas que se llamaban a sí mismos hippies y daban coloridas entrevistas en beneficio de los medios de comunicación, pero los hippies serios, sin nada que vender, encontraron que tenían poco que ganar y mucho que perder al convertirse en figuras públicas. Muchos fueron acosados y arrestados sin más motivo que su repentina identificación con el llamado culto al sexo y las drogas. El estruendo publicitario, que al principio parecía una broma, se convirtió en un deslizamiento de tierra amenazador. Así que bastantes personas que podrían haber sido llamadas los hippies originales en 1965 se habían perdido de vista cuando los hippies se convirtieron en una moda nacional en 1967.

Diez años antes, la Generación Beat siguió el mismo camino confuso. Desde 1955 hasta 1959, hubo miles de jóvenes involucrados en una subcultura bohemia próspera que era solo un eco cuando los medios de comunicación la tomaron en 1960. Jack Kerouac fue el novelista de la Generación Beat de la misma manera que Ernest Hemingway fue el novelista de la Generación Perdida, y la clásica novela "beat" de Kerouac, On the Road, se publicó en 1957. Sin embargo, cuando Kerouac comenzó a aparecer en programas de televisión para explicar el "empuje" de su libro, los personajes en los que se basaba ya se había ido al limbo, a la espera de su reencarnación como hippies unos cinco años después. (El ejemplo más puro de esto fue Neal Cassidy [Cassady], quien sirvió como modelo para Dean Moriarity en On the Road y también para McMurphy en One Flew Over the Cuckoo's Nest de Ken Kesey). La publicidad sigue a la realidad, pero solo hasta el punto donde comienza a emerger un nuevo tipo de realidad, creado por la publicidad. Así que, en 1967, el hippie se vio en la extraña posición de ser un héroe anticultural al mismo tiempo que se estaba convirtiendo en una propiedad comercial de moda. Su estandarte de alienación parecía estar plantado en arenas movedizas. La misma sociedad de la que estaba tratando de abandonar comenzó a idealizarlo. Era famoso de una manera confusa que no era del todo infamia, pero aun así, ambivalente y vagamente inquietante.

A pesar de la publicidad de los medios de comunicación, los hippies todavía sufren o tal vez no de una falta de definición. El Random House Dictionary of the English Language fue un éxito de ventas en 1966, el año de su publicación, pero no tenía una definición de "hippie". Lo más cerca que llegó fue una definición de "hippy": "tener grandes caderas; una chica hippy”. Su definición de "cadera" estaba más cerca del uso contemporáneo. “Hip” es una palabra del argot, dijo Random House, que significa “familiarizado con las últimas ideas, estilos, desarrollos, etc.; informado, sofisticado, conocedor [?] ". Ese signo de interrogación es un comentario editorial furtivo pero significativo.

Todo el mundo parece estar de acuerdo en que los hippies tienen algún tipo de atractivo generalizado, pero nadie puede decir exactamente lo que representan. Ni siquiera los hippies parecen saberlo, aunque algunos pueden ser muy elocuentes cuando se trata de detalles.

"Amo al mundo entero", dijo una joven de 23 años en el distrito Haight-Ashbury de San Francisco, la capital mundial de los hippies. “Soy la madre divina, parte de Buda, parte de Dios, parte de todo”.

“Vivo de comida en comida. No tengo dinero ni posesiones. El dinero es hermoso solo cuando fluye; cuando se amontona, es un bloqueo. Nosotros cuidamos de cada uno. Siempre hay algo para comprar frijoles y arroz para el grupo, y alguien siempre ve que obtengo "hierba" [marihuana] o "ácido" [LSD]. Una vez estuve en un hospital psiquiátrico porque traté de conformarme y jugar el juego. Pero ahora soy libre y feliz”. Luego se le preguntó si usaba drogas con frecuencia. "Bastante", respondió ella. “Cuando me encuentro confundida, dejo los estudios y tomo una dosis de ácido. Es un atajo a la realidad; te lanza directamente a eso. Todos deberían tomarlo, incluso los niños. ¿Por qué no deberían iluminarse temprano, en lugar de esperar hasta que sean viejos? Los seres humanos necesitan libertad total. Ahí es donde está Dios. Necesitamos deshacernos de la hipocresía, la deshonestidad y la falsedad y volver a la pureza de los valores de nuestra infancia”.

La siguiente pregunta fue "¿Alguna vez oras?" "Oh, sí", dijo. “Rezo al sol de la mañana. Me nutre con su energía para que pueda difundir mi amor y mi belleza y nutrir a los demás. Nunca rezo por nada; No necesito nada. Todo lo que me excita es un sacramento: LSD, sexo, mis campanas, mis colores... Esa es la santa comunión, ¿entiendes? Ese es el comentario más definitivo que alguien pueda recibir de un hippie practicante. A diferencia de los beatniks, muchos de los cuales escribían poemas y novelas con la idea de convertirse en Kerouacs de la segunda ola o Allen Ginsbergs, los formadores de opinión hippies han cultivado entre sus seguidores una fuerte desconfianza hacia la palabra escrita. Se burlan de los periodistas y los escritores son llamados "fanáticos del tipo". Debido a esta ignorancia estilizada, pocos hippies son realmente articulados. Prefieren comunicarse bailando, tocándose o mediante la percepción extrasensorial (PES). Hablan, entre ellos, de “ondas de amor” y “vibraciones” (“vibraciones”) que vienen de otras personas. Eso deja mucho espacio para la interpretación subjetiva, y ahí radica la clave del atractivo generalizado de los hippies.

Esto no quiere decir que los hippies sean amados universalmente. De costa a costa, las fuerzas del orden público se han enfrentado a los hippies con extremo disgusto. Aquí hay algunos comentarios representativos de un teniente de policía de Denver, Colorado. Denver, dijo, se estaba convirtiendo en un refugio para "consumidores de drogas peligrosos, psicopáticos, vagabundos, antisociales. Psicopáticos, que se refieren a sí mismos como una -subcultura hippie- un grupo que se rebela contra la sociedad y está unido por el uso y abuso de drogas peligrosas y narcóticos”. Varían en edad, continuó, desde los 13 hasta los 20 años, y pagan por sus necesidades mínimas“mordisqueando, mendigando y pidiendo prestado unos a otros, a sus amigos, padres y completos desconocidos... No es raro encontrar hasta 20 hippies viviendo juntos en un apartamento pequeño, de manera comunitaria, con su basura y basura apilada hasta la mitad del techo en algunos casos".

Uno de sus compañeros de trabajo, un detective de Denver, explicó que los hippies son presa fácil para los arrestos, ya que “es fácil buscar y localizar sus drogas y marihuana porque no tienen ningún mueble de qué hablar, excepto colchones. El piso. No creen en ninguna forma de productividad”, dijo, “y además del disgusto por el trabajo, el dinero y la riqueza material, los hippies creen en el amor libre, el uso legalizado de la marihuana, la quema de tarjetas de reclutamiento, el amor mutuo y la ayuda., un planeta pacífico, y amor por amor. Se oponen a la guerra y creen que todo y todos, excepto la policía, son hermosos”.

Muchos de los llamados hippies gritan "amor" como una contraseña cínica y la utilizan como cortina de humo para ocultar su propia codicia, hipocresía o deformidades mentales. Muchos hippies venden drogas y, aunque la gran mayoría de estos traficantes venden solo lo suficiente para cubrir sus propios gastos de subsistencia, unos pocos superan los 20.000 dólares al año. Un kilogramo (2,2 libras) de marihuana, por ejemplo, cuesta alrededor de $ 35 en México. Una vez que cruza la frontera, se vende (como un kilo) entre $ 150 y $ 200. Desglosado en 34 onzas, se vende entre $ 15 y $ 25 la onza, o entre $ 510 y $ 850 el kilo. El precio varía de una ciudad a otra, de un campus a otro y de una costa a otra. La "hierba" es generalmente más barata en California que en el este. El margen de ganancia se vuelve alucinante independientemente de la geografía cuando un kilogramo mexicano de $ 35 se divide en "porros" individuales o cigarrillos de marihuana, que se venden en las esquinas urbanas por alrededor de un dólar cada uno. El riesgo aumenta naturalmente con el potencial de ganancias. Una cosa es pagar un viaje a México trayendo de vuelta tres kilos y vendiendo dos en un círculo de amigos: el único riesgo es la posibilidad de que lo registren y lo incauten en la frontera. Pero un hombre que es arrestado por vender cientos de "porros" a estudiantes de secundaria en una esquina de St. Louis puede esperar lo peor cuando su caso llegue a los tribunales.

El historiador británico Arnold Toynbee, a la edad de 78 años, recorrió el distrito Haight-Ashbury de San Francisco y escribió sus impresiones para el London Observer. "Los líderes del establishment", dijo, "estarán cometiendo el error de sus vidas si descartan e ignoran la revuelta de los hippies y muchos de los contemporáneos no hippies de los hippies con el argumento de que estos son unos derrochadores vergonzosos o traidores". O simplemente niños tontos que están sembrando su avena salvaje”.

Toynbee nunca apoyó realmente a los hippies; explicó su afinidad en el enfoque más largo de la historia. Si la raza humana ha de sobrevivir, dijo, los hábitos éticos, morales y sociales del mundo deben cambiar: el énfasis debe pasar del nacionalismo a la humanidad. Y Toynbee vio en los hippies un esperanzador resurgimiento de los valores humanitarios básicos que comenzaban a parecerle a él y a otros pensadores de largo alcance una causa trágicamente perdida en la atmósfera envenenada por la guerra de los años sesenta. No estaba muy seguro de lo que realmente representaban los hippies, pero como estaban en contra de las mismas cosas que él (la guerra, la violencia y la especulación deshumanizada), naturalmente estaba de su lado, y viceversa.

Existe una clara continuidad entre los beatniks de los años 50 y los hippies de los 60. Muchos hippies lo niegan, pero como participante activo en ambas escenas, estoy seguro de que es cierto. Vivía en Greenwich Village en la ciudad de Nueva York cuando los beatniks llegaron a la fama durante 1957 y 1958. Me mudé a San Francisco en 1959 y luego a la costa de Big Sur en 1960 y 1961. Luego, después de dos años en Sudamérica y uno en Colorado, estaba de regreso en San Francisco, viviendo en el distrito de Haight-Ashbury, durante 1964, 1965 y 1966. Ninguno de estos movimientos fue intencional en términos de tiempo o lugar; simplemente parecían suceder. Cuando me mudé a Haight-Ashbury, por ejemplo, nunca había escuchado ese nombre. Pero acababa de ser desalojado de otro lugar con un aviso de tres días, y el primer apartamento barato que encontré estaba en la calle Parnassus, unas manzanas por encima de Haight.

En ese momento, los bares de lo que ahora se llama "la calle" eran predominantemente negros. Nadie había escuchado nunca la palabra "hippie" y toda la música en vivo era jazz al estilo de Charlie Parker. A varias millas de distancia, junto a la bahía en el relativamente elegante y caro distrito de Marina, un club nocturno nuevo y completamente desconocido llamado Matrix presentaba una banda igualmente sin publicidad llamada Jefferson Airplane. Aproximadamente al mismo tiempo, el autor hippie Ken Kesey (Alguien voló sobre el nido del cuco, 1962 y A veces una gran idea, 1964) estaba realizando experimentos con luz, sonido y drogas en su casa de La Honda, en las colinas boscosas de los alrededores. 50 millas al sur de San Francisco. Como resultado de una red de circunstancias, amistades casuales y conexiones en el inframundo de las drogas, la banda de Merry Pranksters de Kesey pronto fue la anfitriona de Jefferson Airplane y luego de Grateful Dead, otra banda tremendamente eléctrica que más tarde se haría conocida en ambas costas junto con Airplane como los héroes originales del sonido acid-rock de San Francisco. Durante 1965, el grupo de Kesey organizó varios Acid Tests muy publicitados, que incluían música de Grateful Dead y Kool-Aid gratis enriquecido con LSD. Las mismas personas se presentaron en Matrix, Acid Tests y la casa de Kesey en La Honda. Vestían ropas extrañas y coloridas y vivían en un mundo de luces salvajes y música a todo volumen. Estos eran los hippies originales.

También fue en 1965 cuando comencé a escribir un libro sobre los Hell's Angels, una notoria banda de forajidos en motocicleta que había plagado a California durante años, y al mismo tipo de extraña coincidencia que aglutinó todo el fenómeno hippie también hizo que los Hell's Angels fueran parte de la escena. Una tarde, estaba tomando una cerveza con Kesey en una taberna de San Francisco cuando mencioné que me dirigía a la sede de los Frisco Angels para dejar un disco de batería brasileña que uno de ellos quería pedir prestado. Kesey dijo que bien podría ir con ellos, y cuando conoció a los Angelinos los invitó a una fiesta de fin de semana en La Honda. Los Ángeles fueron y, por lo tanto, conocieron a muchas personas que vivían en Haight-Ashbury por la misma razón que yo (alquiler barato para buenos apartamentos). Las personas que vivían a dos o tres cuadras una de la otra nunca se daban cuenta hasta que se conocían en alguna fiesta pre-hippie. Pero de repente todo el mundo vivía en Haight-Ashbury, y esta unidad accidental adquirió un estilo propio. Todo lo que le faltaba era una etiqueta, y el San Francisco Chronicle rápidamente se le ocurrió una. Estas personas eran "hippies", dijo el Chronicle, y, he aquí, se lanzó el fenómeno. The Airplane and the Grateful Dead comenzaron a anunciar sus bailes con escasa asistencia con carteles psicodélicos, que se regalaron al principio y luego se vendieron por $ 1 cada uno, hasta que finalmente los anuncios de carteles se hicieron tan populares que algunos de los originales se vendían en el mejor arte de San Francisco. Galerías por más de $ 2,000. Para entonces, tanto Jefferson Airplane como Grateful Dead tenían contratos discográficos chapados en oro, y uno de los mejores números de Airplane, "White Rabbit", estaba entre los sencillos más vendidos en la nación.

Para entonces, también, Haight-Ashbury se había convertido en una meca tan ruidosa para los fanáticos, los traficantes de drogas y los buscadores de curiosidades que ya no era un buen lugar para vivir. Haight Street estaba tan abarrotada que los autobuses municipales tuvieron que cambiar de ruta debido a los atascos de tráfico.

Al mismo tiempo, el "Hashbury" se estaba convirtiendo en un imán para toda una generación de jóvenes desertores, todos aquellos que habían cancelado sus reservas en la gran línea de montaje: la competencia trepidante y desgarradora por el estatus y la seguridad en la eternidad. - economía estadounidense engordante pero cada vez más estrecha de finales de la década de 1960. A medida que las recompensas del estatus se enriquecían, la competencia se hacía más dura. Una calificación reprobatoria en matemáticas en una boleta de calificaciones de la escuela secundaria tenía implicaciones mucho más serias que simplemente una asignación reducida: podría alterar las posibilidades de un niño de ingresar a la universidad y, en el siguiente nivel, de obtener el "trabajo adecuado". A medida que la economía demandaba cada vez más habilidades, produjo cada vez más abandonos tecnológicos. La principal diferencia entre los hippies y otros desertores fue que la mayoría de los hippies eran blancos y voluntariamente pobres. Sus antecedentes eran en gran parte de clase media; muchos habían ido a la universidad por un tiempo antes de optar por la “vida natural”, una existencia fácil y sin presión al margen de la economía monetaria. Sus padres, dijeron, eran una prueba andante de la falacia de la noción estadounidense que dice “trabaja y sufre ahora; vive y relájate más tarde ".

Los hippies invirtieron esa ética. "Disfruta la vida ahora", dijeron, "y preocúpate por el futuro mañana". La mayoría da por sentada la cuestión de la supervivencia, pero en 1967, cuando sus enclaves en Nueva York y San Francisco se llenaron de peregrinos sin un centavo, se hizo evidente que simplemente no había suficiente comida y alojamiento.

Una solución parcial surgió en la forma de un grupo llamado Diggers, a veces referido como los "sacerdotes-trabajadores" del movimiento hippie. Los Diggers son jóvenes y agresivamente pragmáticos; establecieron centros de alojamientos gratuitos, comedores populares gratuitos y centros de distribución de ropa gratuitos. Peinan los barrios hippies, solicitando donaciones de todo, desde dinero hasta pan duro y equipo de campamento. En Hashbury, los carteles de Diggers se colocan en las tiendas locales, pidiendo donaciones de martillos, sierras, palas, zapatos y cualquier otra cosa que los hippies vagabundos puedan usar para hacerse al menos parcialmente autosuficientes. Los Hashbury Diggers pudieron, durante un tiempo, servir comidas gratuitas, por escasas que fueran, todas las tardes en Golden Gate Park, pero la demanda pronto inundó la oferta. Cada vez aparecían más hippies hambrientos para comer, y los cavadores se vieron obligados a vagar lejos para conseguir comida.

El concepto de compartir en masa va de la mano con el motivo tribal indio americano que es básico para todo el movimiento hippie. El culto al tribalismo es considerado por muchos como la clave para la supervivencia. El poeta Gary Snyder, uno de los gurús hippies o guías espirituales, ve un movimiento de “regreso a la tierra” como la respuesta al problema de la comida y el alojamiento. Insta a los hippies a salir de las ciudades, formar tribus, comprar tierras y vivir en comunidad en áreas remotas. A principios de 1967, ya había media docena de asentamientos hippies en funcionamiento en California, Nevada, Colorado y el norte del estado de Nueva York. Eran casuchas primitivas, con cocinas comunes, huertas de frutas y verduras medio vivas y un futuro espectacularmente incierto. De vuelta en las ciudades, la gran mayoría de los hippies seguían viviendo día a día. En Haight Street, aquellos sin un empleo remunerado podrían fácilmente ganar unos pocos dólares al día mendigando. La afluencia de mirones nerviosos y buscadores de curiosidad fue un árbol de dinero útil para la legión de mendigos psicodélicos. Los visitantes habituales del Hashbury encontraron conveniente llevar un suministro de monedas de veinticinco centavos en el bolsillo para no tener que regatear por el cambio. Los mendigos solían ir descalzos, siempre eran jóvenes y nunca se disculpaban. Compartirían lo que recolectaran de todos modos, por lo que parecía completamente razonable que los extraños compartieran con ellos. A diferencia de los beatniks, a pocos hippies se les da la bebida fuerte. El alcohol es superfluo en la cultura de las drogas y la comida se considera una necesidad que debe adquirirse al menor costo posible. Una "familia" de hippies trabajará durante horas con un guiso o curry exótico, pero la idea de pagar tres dólares por una comida en un restaurante está fuera de discusión.

Algunos hippies trabajan, otros viven del dinero de casa y muchos se las arreglan con trabajos a tiempo parcial, préstamos de viejos amigos o transacciones ocasionales en el mercado de las drogas. En San Francisco, la oficina de correos es una fuente importante de ingresos hippies. Trabajos como clasificar el correo no requieren mucha reflexión ni esfuerzo. El único apoyo de un "clan" (o "familia" o "tribu") era un hippie de mediana edad conocido como Admiral Love, de los Psychedelic Rangers, que tenía un trabajo regular entregando cartas especiales de entrega por la noche. También había una agencia de empleo dirigida por hippies en Haight Street; Cualquiera que necesitara mano de obra temporal o algún tipo de trabajo especializado podía llamar y encargar los talentos adecuados disponibles en ese momento. Significativamente, los hippies han atraído críticas más serias de sus antiguos compatriotas de la Nueva Izquierda que de los que parecen ser sus antagonistas naturales de la derecha política. El National Review del conservador William Buckley, por ejemplo, dice: "Los hippies están tratando de olvidarse del pecado original y puede que les resulte difícil en el futuro". Los editores de National Review no se dan cuenta de que los hippies serios ya han descartado el concepto de pecado original y que la idea de un más allá les parece una broma tonta y anacrónica. El concepto de un Dios vengativo que juzga a los pecadores es ajeno a toda la ética hippie. Su Dios es una deidad suave y abstracta que no se preocupa por el pecado o el perdón, sino que se manifiesta en los instintos más puros de "sus hijos".

El tipo de crítica de la Nueva Izquierda no tiene nada que ver con la teología. Hasta 1964, de hecho, los hippies eran una parte tan importante de la Nueva Izquierda que nadie sabía la diferencia. “Nueva izquierda”, como “hippie” y “beatnik”, fue un término acuñado por periodistas y redactores de titulares, que necesitan definiciones rápidas de cualquier tema que aborden. El término surgió de la rebelión estudiantil en el campus de Berkeley de la Universidad de California en 1964 y 1965. Lo que comenzó como un Movimiento de Libertad de Expresión en Berkeley pronto se extendió a otros campus en el Este y Medio Oeste y fue visto en la prensa nacional como un estallido de “el activismo estudiantil en la política”, una sana confrontación con el status quo.

Sobre la base de la publicidad de la libertad de expresión, Berkeley se convirtió en el eje de la Nueva Izquierda. Sus líderes eran radicales, pero también estaban profundamente comprometidos con la sociedad que querían cambiar. Un prestigioso comité de profesores de la Universidad de California dijo que los activistas eran la vanguardia de una “revolución moral entre los jóvenes” y muchos profesores lo aprobaron. Aquellos que estaban preocupados por el radicalismo de los jóvenes rebeldes al menos estaban de acuerdo con la dirección que estaban tomando: derechos civiles, justicia económica y una nueva moralidad en la política. La ira y el optimismo de la Nueva Izquierda parecían no tener límites. Había llegado el momento, dijeron, de deshacerse del yugo de un sistema político-económico que obviamente era incapaz de lidiar con nuevas realidades.

El año de la publicidad de la Nueva Izquierda fue 1965. Casi al mismo tiempo se mencionó algo llamado la marihuana izquierda. Sus miembros eran por lo general más jóvenes que los políticos serios, y la prensa los descartó como una pandilla frívola de "drogadictos" y "chiflados" sexuales que solo estaban de paseo.

Sin embargo, ya en la primavera de 1966, los mítines políticos en Berkeley comenzaban a tener matices de música, locura y absurdo. El Dr. Timothy Leary, el ex profesor de Harvard cuyos primeros experimentos con LSD lo convirtieron, en 1966, en una especie de sumo sacerdote, mártir y hombre de relaciones públicas de la droga, estaba reemplazando a Mario Savio, líder del Movimiento de Libertad de Expresión, -como número uno -un héroe subterráneo. Los estudiantes que alguna vez fueron activistas enojados comenzaron a recostarse en sus almohadillas y sonreír al mundo a través de una niebla de humo de marihuana o a vestirse como payasos e indios y permanecer “zonificados” con LSD durante días. Los hippies estaban más interesados en abandonar la sociedad que en cambiarla. La ruptura se produjo a fines de 1966, cuando Ronald Reagan fue elegido gobernador de California por casi un millón de votos. En ese mismo noviembre, el Partido Republicano ganó 50 escaños en el Congreso y advirtió claramente a la administración Johnson de que, a pesar de todos los titulares sobre la Nueva Izquierda, la mayoría del electorado era mucho más conservador de lo que habían indicado las antenas de la Casa Blanca. La lección no pasó desapercibida para los hippies, muchos de los cuales se consideraban al menos activistas políticos a tiempo parcial. Una de las víctimas más obvias de las elecciones de 1966 fue la ilusión de la Nueva Izquierda de su propia influencia. La alianza radical-hippie había contado con los votantes para repudiar a los elementos "de derecha, belicistas" en el Congreso, pero en cambio fueron los demócratas "liberales" los que fueron pisoteados. Los hippies vieron los resultados de las elecciones como una confirmación brutal de la inutilidad de luchar contra el establishment en sus propios términos. Tenía que haber una escena completamente nueva, dijeron, y la única forma de hacerlo era dar el gran paso, ya sea en sentido figurado o literal, de Berkeley a Haight-Ashbury, del pragmatismo al misticismo, de la política a la droga, de la participación. De protesta por la desconexión pacífica del amor, la naturaleza y la espontaneidad. La creciente popularidad de la escena hippie fue motivo de desesperada preocupación para los jóvenes activistas políticos. Vieron a toda una generación de rebeldes a la deriva hacia un limbo drogado, listos para aceptar casi cualquier cosa siempre que venga con suficiente "soma" (como Aldous Huxley llamó a la droga de escape psíquica del futuro en su novela de ciencia ficción Un mundo feliz, 1932). Los escritores y críticos de la Nueva Izquierda elogiaron al principio a los hippies por su franqueza y originalidad. Pero pronto se hizo evidente que a pocos hippies les importaba la diferencia entre la izquierda y la derecha política, y mucho menos entre la Nueva Izquierda y la Vieja Izquierda. “Flower Power” (su término para el poder del amor), dijeron, no era político. Y la Nueva Izquierda respondió rápidamente con acusaciones de que los hippies eran "intelectualmente flácidos", que les faltaba "energía" y "estabilidad", que en realidad eran "nihilistas" cuyo concepto del amor era "tan generalizado e impersonal que carecía de sentido".

Y todo era verdad. La mayoría de los hippies están demasiado orientados a las drogas como para sentir una sensación de urgencia más allá del momento. Su lema es "Ahora", y eso significa instantáneamente. A diferencia de los activistas políticos de cualquier tipo, los hippies no tienen una visión coherente del futuro que podría existir o no. Los hippies padecen una especie de fatalismo enervante que, de hecho, es deplorable. Y los críticos de la Nueva Izquierda son heroicos, a su manera, por criticarla. Pero existe la terrible posibilidad de que los hippies tengan razón, de que el futuro en sí sea deplorable y, por tanto, ¿por qué no vivir para el ahora? ¿Por qué no rechazar todo el tejido de la sociedad estadounidense, con todas sus obligaciones, y hacer la paz por separado? Los hippies creen que están haciendo esta pregunta durante toda una generación y se hacen eco de las dudas de una generación mayor.

 

 

Mayo de 1967, New York Times

 

Traducción: Mirta Nicolás

 

1.6.26

Hojas caídas, por Santiago Armando

 

 

Condeno todos los códigos de expresión y defiendo la ofensa por su valor intrínseco, como herramienta de ataque contra la opinión recibida y las presunciones no cuestionadas. Mis héroes son los libertinos de la Ilustración y los estetas de la decadencia del siglo XIX.

 Camille Paglia

 

La dicha de fumar índica, trae suerte, el porro bueno trae suerte me parece, puedo escribir en silencio, qué suerte, mis viejos descansan. Tanto laburo para un cómic. Me gusta la fotografía del cómic, el ojo, la perfección del Wassilly Kandinsky en el josecito con sombrerito. Me gustan las historias distorsionadas del movimiento y el ojo que hace  Gabino Calónico. 

Sueño que me entra un dedo mayor de Jorge Asís mientras me hago un pajita y despierto, y eran todos los protegidos del visir llamado Asís, hacedor de ojetes de estancieras, según decía en Diario del acostado, que no pude avanzar. Hay varios que no me gustan como se expresan, Piglia y Jorge Asís, también Saer, odiosos, ni hablar David Viñas, y Fogwill, me caen mal. Nadie inventa ni ve nada mientras corto el papel higiénico: coman manzana dorada: culito de estaciera y bigote atusado plateado en la tele.

 

La hinchazón de ego

Las autóctonas no tropicales no producen hinchazón de ego, las del Pamir tampoco, solo es una hierbita de pastoreo de cabras en los riscos, acá tengo mi camita que voy a reposar, la Blue Dream me abombó, si es que es eso lo que me dio el transa. No me gusta pasar de 15% de THC. En los confines de Google el perrito ya no ladra: nunca más estaré junto a mamá haciendo charas en Nepal o engañándo perritos con Mendicrim. Mis padres se contagiaron la gripe y yo estaba acá con mi fumeta, y me dijo Galkin, primero se va a morir tu viejo, después tu vieja, y después vos. Pero ya se fueron a laburar y tengo que abrirle a los albañiles. La muerte llega siempre justa por un lado ciego. Tengo un tecladito esmirriado, nada de espacio más que las teclas, seis lucas el tecladito, casi cuatro dólar, en él caen las cenizas que limpia la empleada una vez por semana, las teclas se van atascando, se escucha el ruido, crac-crac, y empiezo a escribir y se lubrica cuando voy arrancando, con el sudor de las manos. Hay cosas que si estoy conectado escribiendo, la web no quiere que salgan y me manda un virus o corta la electricidad del barrio cuando doy Enter. En el exacto momento de dar Enter todo queda en la oscuridad. En el Twitter me cortan y me testean con unas figuras, cuando ganó Milei me expulsaron hasta hace un año, justo cuando salí de la O’Gorman.

No he conocido a nadie tan notable como para prepararme leyendo diarios y biografías como hago, obras periodísticas detallistas y biógrafos ilustres. Una vez el dueño del bar de mi barrio me pidió que escriba su vida de amante, un petiso panzón de Prefectura, embarazador de paraguayas. Me contó una historia de cómo una pendeja le dio bola por la guita y se la llevó a un telo caro del que estaba orgulloso de ir, después le manejaría la caja del bar con el cochecito y la cría hasta fundirlo, prometía puchos gratis, en esa época había unos Philip Morris mentolados de caja negra que me encantaban, hasta que me di cuenta de que el mentolado era de amoníaco. Me fiaba, le debía como seis o siete paquetes. Recién compré unas semillas regulares interesantes.

Ayer fui al velorio de la madre de un amigo de la niñez que sigue ligado a mí porque es amigo de mi hermano. La conocía perfectamente, le pusieron un desavillé blanco con el escote bastante descubierto que mostraba la coagulación de la sangre, tenía un crucifijo enorme en el pecho y claveles blancos entre las manos, peinada hacia atrás, cáncer, estaba raquítica pero losana, fumaba sin parar, setenta y un años. Me recibió en su casa en el año 2000 durante tres meses cuando me echaron de casa, antes de mi primera internación. Una vez se ofendió porque le hablé de la marihuana y me acusó de querer engancharla. Me tuve que ir de esa casa porque en un asado discutí con su hermano y mi supuestamente amigo me echó amenazando con soltarme al dogo que tenía agarrado de la correa. Me fui a lo de mi abuela que me echó a la semana y estuve salteando como tres meses más en la calle y otras casas hasta que fui a la psicóloga y le dije que hable con mi viejo para que me interne porque pensé que la prepaga me daría alojamiento en un psiquiátrico, mentí con los síntomas del diagnóstico y me dieron un martillazo con Rohypnol y otras y se me olvidaban la visitas anteriores, los puchos que me traía eran escasos. En el salón del psiquiátrico vi el ataque a las torres gemelas. El psiquiatra que me entrevistó me preguntó cuántas voces escuchaba, y si esas voces hablaban con otras voces, trastorno psicótico transitorio fue según el Borda donde después hice hospital de día, pero solo era falta de cama, casi no podía sostenerme en pie. La primera noche me pusieron en la habitación con un viejo obeso con ojos verdes de fanático que de noche gritaba “¡Ahí viene el nueve bocas!” hasta que se lo llevaron y vino un excombatiente roto, César, había secuestrado un vuelo a Bariloche para hacerlo aterrizar en Malvinas, “para ser embajador de los vivos o de los muertos, no sé”. Después el año de hospital de día en el actualmente cada vez más tétrico Borda. Las pasantes estaban una mejor que la otra, las pasantes de ahora no estudian y van a hacer josecito con sombrerito, sin dientes, rollingas paqueras de pelo naranja. Había una colorada que me vino hablar de lo bien que me había dado un test que me hicieron y yo me quede mirándola sin poder hablar. Me pasó lo mismo en Chile con una canadiense, no puedo contestar cuando me hablan mujeres demasiado hermosas, generalmente asiento con un gesto y prefiero que se vayan rápido.

Hoy es primero de mayo, detesto el día del trabajador. Nunca he sabido emplearme.

A casi todos los locos los descartan y olvidan en un hospital con motivos equivocados y mentirosos, no toleran sus rutinas exóticas ni su sufrimiento, mis hermanos me clavan el visto cuando pido ayuda, pero después los ayudo yo, siempre quiero lo mejor para ellos pero les traigo mala suerte, mi propio viejo me dice que soy un hijo de puta y me encierran en connivencia con cualquier psiquiatra corrupto cuando me canso de que me levanten la voz y no poder contestar, algo que me da mucho dolor de cabeza y tristeza embotada. Porque la psiquiatría es una seudociencia corrupta. Hay que ir a un buen neurólogo, llegado el caso, que tienen más sabiduría.

Mi viejo parece un tachero con la tele todo el día, la tele y la radio en el auto y en casa, en las redes con la política. Igualito. El auto y la oficina te hacen crecer el culo, y los medios de comunicación te moldean como a un típico tachero. Yo no puedo hablar de política con cualquiera, no puedo hablar con nadie de las cosas innombrables que hacen los seres humanos, trato de poner todo por escrito. En el velorio de esta mujer me preguntaban qué estaba haciendo, siempre los mismos chacales, les recuerdo que me dedico a leer y escribir mis mierdas como siempre, y repreguntan ¿y cómo te va con eso? Bien, bien... y se van.

Cobro el ocho, doce días más, aguanto bastante bien, pero me prendo un porro atrás de otro y se me acaba enseguida. Me pido la Bubblegum y acá no se dan cuenta de su efecto y su olor, ni yo tampoco casi, es un alivio, ningún problema de hinchazón de ego por THC con la Bubblegum, lindo mambo de la cabeza y me siento perfecto. Me la mandan desde Mendoza.

Puse unos brotes de semillas carísimas que no quise esperar a la temporada y se murieron ocho, es buen Feng Shui una planta en mi cuarto y me puedo concentrar y leer todo el día. Ahora puse tres Durban Poison.

Me tomé las pastillas de la tarde y se me fue el dolor en el pecho. Vi el partido y recalenté el agua. En abril la inflación llegó a 2,6% y van a pagar cinco lucas más.

Ayer la vecina salió a caminar encalzada y me hizo un saludo delicado con la mano, dejando ver la tanga alegre bajo la calza, flaquísima, el hijo hace boxeo con un profesor casi debajo de mi ventana y el pibe tira manos como una mariquita, no hace combinaciones ni bolsa, ya le habían puesto un profesor de guitarra unos meses y largó. Me acuerdo cuando mi hermana empezó a tomar clases de guitarra y al vuelo se metió en el conservatorio y después hizo dirección coral y orquestal, se recibió y se fue a vivir a Bella Vista donde al tiempo quedó viuda con una hija que no tenía ni dos meses y la nuera la echó de la casa que le había pagado y por confianzuda no le reclamó la escritura, se casó de vuelta, parió un hijo y se fue a vivir a Perú. Mi abuela le había comprado un piano que ahora está en lo de mi hermano todo desafinado.

Hay un pasaje de Pavese que dice que cuando te declarás rendido a una mujer, seguro te va a meter los cuernos. Pavese murió a los cuarenta y un años. Fumar al amanecer para la resaca de las pastillas. Estoy en un período de misoginia. Bloqueé a mi cuñada del Instagram porque satura con sus historias. Su escuela de danzas y sus filmaciones bailando dan vergüenza ajena. No tiene físico de bailarina para nada, tiene físico de abogada petisa y gordita. Una vez un psicólogo me dijo que me gustaba y le perdí el respeto a su investidura, ¿cómo se le podría ocurrir semejante pelotudez? Mi hermano salió con mujeres hermosas pero se quedó con ella porque enseguida entendieron que juntos sus empresas serían exitosas.

Quinto aniversario de la muerte de mi hermano menor. Ni una nube, la luz da en las arbustivas que están altísimas, ni mamá ni el vecino quieren recortarlas, mejor para mí porque los pendejos no ven las plantas en la terraza, el otro vecino tampoco las ve porque la fila de laureles está por arriba de sus ventanas, salvo que se suban al techo.

Se fue el viento y aparecen los pájaros. El viento a veces trae voces de niños y mujeres que claman augurios del infierno. A veces solo es un acompañamiento suave y mecedor. El vecino taló un árbol justo en mi ventana que era muy compañero (ahí apareció como un rumor). Vivo junto a un campo del que me separa una fila de álamos a los que todavía no se les caen las hojas.

Acabo de soñar que Mónica Bellucci o Verónica (que son muy parecidas) era mi novia, yo me había mudado a San Isidro después de que Los Bifes Metaloides fuera un éxito. Mónica tendría veinticinco años y estábamos empezando una relación y todavía no cogíamos. Yo quería comprar las Diez novelas de Aira, y había comprado un compact con unas coplas homosexuales que había olvidado en el auto de un amigo del CASI, un Fálcon rural decrépito, llamado El Cataforesis, que sabía cómo abrirlo pero me cruzo a Mónica con un amigo y le quiero meter mano entre las medias negras y me dijo que no quería quedar mal con el chico de la librería. La librería estaba en la bajada de adoquines de Libertador.

Me desperté a las catorce horas. Otra vez subí de peso. Milanesas fritas a deshoras. Romina Tejerina ya tiene cuarenta y dos años, separada con un hijo, trabaja en la secretaría de turismo de la provincia. Gana quinientas lucas y paga trescientos de alquiler. Estuvo presa nueve años. Allí la llamaban “comeniños”.

Me fui a dar la inyección con mamá que maneja a los pedos, cuando estoy muy pasteado o con resaca no me importa, pero sin pastillas no confío en nadie al volante. Tuve que pedir que me lleven a la parada por la rodilla para ir a Capital a vender unos libros que se me juntaron, me dieron doce lucas, la malaria es total. No me tengo que deshacer de los libros de Léon Bloy. Me van quedando libros viejos que nadie quiere.

Con Matías hablamos de nuestros sueños felices con amigos y amores pasados y despertar a esta vida de mierda. No tengo fuerza, estas pastillas me dejan con cero actividad cerebral, lento, lerdo, no puedo hablar bien. Hay un par de psiquiatras que hacen terapias con enteógenos. Hay una que hace con macrodosis, cuesta cien dólares, hay documentos de universidades en la web que dicen que sirve para dejar el tabaco y hasta algunos que sirve para la esquizofrenia y estrés post-traumático. En la mesa de entradas del Borda dice que solo fui un trastorno psicótico transitorio. Fue mi vieja la que hacía el chamuyo de la esquizofrenia a los psiquiatras. Buenos Aires para mí siempre fue una mierda, aunque está buena para escribir, apacentarme al sol y dormir la siesta.

Hoy Visitantes. El mundial parece un refrito, todos prefieren este fútbol local. Mañana me tengo que despertar temprano para que me limpien el cuarto y Visitantes termina a las cinco am.

Echado en la cama leo a Leila Guerriero y todo es perfecto. Me bajé Frutos Extraños, y Plano Americano. Entrevista a Claudio Bertoni que dice que solo escribe para defenderse del mundo, y que, como yo, no quiere hacer nada, también lo dijo Paco de Lucía. Claudio Bertoni no ha trabajado ni un solo día de su vida. Mi papá jamás me mandó a trabajar, prefirió que estudie en la UBA, pero no dijo nada cuando dejé de cursar, le bastaba que lea libros. Pero sí me mandó al loquero por las peleas con mamá. Son días muy calmos desde que conseguí plantar los brotes de marihuana en el tacho junto a la ventana. Buen Feng Shui. Ya no deseo pensar ni escribir ni buscar infatigablemente la elevación con hongos psilocibios, mejor no ser devorado por entidades en viajes cósmicos, deseo preservarme en este estado. Pero. Mamá arruina siempre estos preciosos momentos llamándome a comer para gritarme por comerme un pedacito mínimo de queso que dijo que tenía guardado para unas berenjenas y ahora la cabeza me explota.

Esta temporada siguiente sembraré una Pineapple Express de Barney’s Farm, venden semillas sueltas y de a una en Del Plata Seeds, también tienen unas regulares muy interesantes y baratas. Quiero dos sativas y dos índicas.

Madrugada con mi listita de Spotify y el mate, sin puchos, hoy solo fumé un paquete, raro, estaría fumando ahora. Boca casi afuera de la Libertadores. En el libro de Leila Guerriero sobre escritores me crucé con Piglia y otra vez tuve que leer su odiosa manera de ser, siempre me deprime Piglia, después a la fantasmín de Hebe Uhart, la patética de Idea Villariño, la fragilidad extrema de Claudio Bertoni, Aurora Venturini me hace acordar a una de mis tías dementes. Todos unos aparatos insufribles. El más normal parece Fogwill, con una arteria de la pierna tapada que no se quería operar por miedo a perder las piernas, vivía para los hijos, arrepentido de tomar merca, pero no lo puedo leer. Hay mucho para leer y hay libros que faltan, y poca plata. Felipe Delgado, de Jaime Sáenz, me falta. Me acuerdo de cuando leía autores faltitos que despreciaban a los escritores profesionales. Los escritores profesionales son fuertes, sanos y triunfan y ganan dinero porque lo que les publican interesa y se vende. Ya quisiera yo tener fuerza para escribir una buena novela o por lo menos un buen cuento. Leila Guerriero hace unas fisionomías o perfiles por momentos fascinantes, deja hablar, desaparece y compagina todos los fragmentos intercalando partes más jugosas que le quedan bárbaras. Me parece una escritora decente. Y ahora me voy a meter en la cama, después de apagar la música, y voy a abrir el Opus Gelber con los otros anteojos. Lo dejo al rato, no me gusta ese personaje, lo voy a retomar cuando pueda. Tengo un recuerdo de la niñez de cuando me llevaron a verlo a los bosques de Palermo. Lo volví a ver hace unos años en San Martín de los Andes en una sala de la casa de la cultura, me acuerdo que terminó con puros fuegos artificiales de Chopin. Pero no me hizo nada.

La cultura norteamericana ya no me interesa en lo más mínimo.

Hoy evité a mamá todo el día, me duermo muy tarde y me levanto a las cuatro de la tarde para que, en parte, no me moleste. Con papá podemos hablar de fútbol. Matías es de River y se fue a dormir temprano extenuado por el partido. Escuché a Ducatenzeiler pero se enfoca en el tema de las dirigencias corruptas y las operaciones de los medios y de los curros de los representantes hasta el hartazgo. Veo Visitantes hasta que me aburren y me voy a leer. Tienen programas muy buenos y otros que son basura. Va los lunes a las 22.30hs y los jueves a las 21hs en el canal Carnaval Stream de You Tube.

La lectura de Plutarco requiere de un esfuerzo intelectual superior por la traducción al idioma español formal y de alto vuelo que me apasiona. El idioma español bien escrito es una de las cosas más elevadas que he conocido. Encontré otro volumen de la editorial Jackson que trae obras de Voltaire y de Diderot. Voltaire es un gran escritor pero la Virgen de La Salette se ha quejado a causa de un monumento que le hicieron, según Léon Bloy, a quién tengo apartado pero siempre presente, es el escritor que más he amado. Me interesa Diderot. La selección la llevó a cabo José Bianco.

Todo se va en deudas de porro y lo de los puchos que le paso a mamá que hace un rato me advirtió que no me haga el boludo cuando cobre, que no sé porqué lo dijo porque siempre lo primero que hago es pagar todas mis responsabilidades. No quiero tocar lo que me queda. No necesito nada. Ya no vivo con el frenesí de fumar porro y de las semillas y de escribir poemas boludos.

Dinero. Cancelo el Manuscrito encontrado en Zaragoza de Acantilado y Lasher de Anne Rice, el original de Knoft, y Las inquietudes de Shanti Andia de Pío Baroja de la editorial del diario El Mundo español y me traen un super pedo en la tarde tranquila que lo único que permite es hacer una siesta o un ACV, la cabeza pesada, Blue Dream del orto, qué farsa la Blue Dream, qué transa del orto, el tai chi de silla de las propagandas del youtube, buena armonización del ambiente, agradezco el silencio del lavarropas, los trinos azules dan vida, no hay nubes. Son días bellos con el frufrú.

Me acuerdo que los monólogos de la vagina fue un éxito que se sostuvo por un par de temporadas, después salió El escupitajo del pene, todo argento, y ahí arrancaron un par de giles, con las locuciones del pene, el pene no habla, es como un gato, soy el Barón Munchausen y voy flotando. Abro las ventanas, no hace frío. Esa osamenta de mi brote, esas hojitas nuevas: me las comí.

Escribiendo desde las siestas que terminan a las siete, ese es mi horario. El secreto de Prince era que sabía imitar a las negras gordas. Están las fotos del fiambre cuando lo sacan del ascensor a los 56 años. Tenía la pija parada. ¿Ven que escribir es importante? Escribir es la cúspide de la civilización, dice Juan Abreu.

Los pájaros de la mañana azul cantan en latín.

Mis viejos salieron cada uno por su lado, ya están sanos, papá se fue a laburar, puse Visitantes ayer y palmé, una basura, todos los lugares comunes y las imbecilidades más pelotudas de los jóvenes de hoy. El loco y el cuerdo era mejor. Pablo Carrozza es un imbécil. Y Genovar es infradotado. Puse mi listita de Spotify de Zia Mohiuddin Dagar.

Mambo de la Blue Dream de transa con música hindú. La mañana tiene mucho más energía que yo, fumador obeso sin dientes, con las rodillas rotas. Pero salgo a bailar mi danza en la terraza como algunas señoras mayores.

Los píos se fueron, ahora las cotorras, madura la mañana a las once.