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19.5.26

Dónde depositás tu fe, por Lucía Caleta

 

 

Si sos buena persona, puede que se te acerquen los animales. Las vacas, aunque seas buena persona, no se te acercan porque son tímidas, salvo que te conozcan desde bebés. Las vacas tienen mucha paciencia y muchas ideas profundas como las ballenas. Si se te acerca un perro, quizá es por tus nervios. Quizá porque estás llorando o querés llorar. Si el perro llora, quiere que le abras la puerta. Los gatos transmutan la energía, la cambian por otra cosa. Los animales se hablan a través de los ojos: de ojo a ojo, de una oscuridad a otra. Para que las personas te respeten en tu barrio, también tenés que mirarlas fijo a los ojos. Los perros se comunican por el olor, una especie de holograma. Cuando huelen en la calle, pueden deducir: por acá pasó un gato, una paloma, otro perro. Cuando los paseás en la calle hay que dejarlos oler porque están leyendo casi una novela y a nadie le gusta dejar las historias por la mitad. Si cuento una buena historia, las personas me respetarán más. Si te encontrás con un animal nuevo, abrí las manos y mostralas del derecho y del revés. Así lo dejás que sepa que con vos, todo bien, no le vas a hacer daño. A más daño, más desconfianza. A más desconfianza, más dolor. A más dolor, más coraje. Si te encontrás con un chancho de monte, quedate quieta. Si te encontrás con un gato salvaje, levantá los brazos y parecé más grande de lo que sos, eso los hace irse para otro lado. Las víboras no atacan, sólo si las pisás. Para no pisar una víbora, tenés que estar atenta y usar botitas. Las monjas no le tienen miedo a la muerte porque supuestamente ya están en el mundo celestial. La luz que se proyecta sobre algunas cosas es un mensaje celestial. Si lo leés, sos una persona especial o una monja. El mundo celestial tiene todos los misterios. Cuando te morís, los misterios se revelan. Las personas que se mueren reciben los misterios; las que nacen, un don. Las monjas reciben un mensaje directo de los cielos. Las abejas saben todo lo que tienen que hacer apenas nacen, reciben el mensaje de su colmena, el don del panal. Las abejas viven en un sistema muy autoritario. Si alguna desobedece al plan colectivo, la matan. La reina es la más esclava pero toma jalea real cuando nace. Acceder a buenos productos te da estatus pero no libertad. Todo es por el bien común en un panal. Afuera del panal, es por el bien de cada uno. El sistema humano procura el bienestar de las personas con más productos. Las personas con más productos quieren más productos. Los vampiros pueden estar en cualquier lado. Hay personas que pueden descifrar mensajes celestiales, las personas que tienen el don. Hay personas que pueden ver nubes blanquísimas. El don se recibe de bebé. En el mundo de las personas existe el bien y el mal, existen los vampiros y las monjas; también el don y la falta de don. ¿Existe que no puedas ver el don? No lo sé. En el mundo de los animales, existe el equilibrio y el desequilibrio. Después de una tormenta, los pájaros buscan los palitos para volver a armar sus nidos. Cuando llueve, se refugian en una cueva secreta, quizá en el mundo celestial. Cuando deja de llover, se sacuden el agua como los perros, en los cables de corriente. Los búhos no vuelan cuando llueve, no tienen plumas impermeables. Si sale el sol, los pájaros se dan besos en los cables de corriente. Los pájaros tienen un árbol preferido. El palo borracho les avisaba a mis tías que empezaban las clases. Los perros les avisan a las personas que hay gatos en el techo. Los búhos, que va a mejorar el clima. Si se juntan en grupo, las vacas te avisan que quizá llueva. Algunos perros ven los mensajes celestiales. Un día Tina, mi perrita, quería salir a pasear y yo no podía sacarla. En mi casa había muchas personas. Tina no podía salir porque yo estaba charlando con las personas. Charlar con las personas es más divertido que estar en silencio. El silencio con algunas personas me da nervios. Los perros se te acercan cuando querés llorar o estás nerviosa. Tina me trajo un pajarito de plástico mascado. El pajarito estaba en un altar, era un regalito que yo le había hecho a una elefanta de yeso que conecta con el mundo celestial cuando le prendo una velita. Tina conecta con el mundo celestial. Le robó el pajarito a la diosa, lo mascó y me lo trajo. Quería llamar la atención. Si llama la atención, va a pasear al parque y puede leer las novelas de amor en el pis de la calle. Lo que más llama la atención para Tina es romper algo del altar donde me conecto al mundo celestial. Sabe que lo más importante es dónde depositás tu fe.

 

Tomado de: Las bandidas abren el tesoro: ¡qué suerte!, Bahía Blanca, Vox/Lux, 2025.-

4.11.25

Discotecas encantadas, por Francisco Garamona

 

Homúnculo

 

Dador de doble inexistencia

el homúnculo en su frasco

come un poco de avena,

que una mano servicial

desperdiga sobre su boca.

Es una anciana con un ojo de vidrio

que extrae de su cuenca

y se lo da a chupar.

Después el homúnculo dará

sus primeros, tímidos pasos,

con zapatitos de cáscara de nuez

y ropa de niño mago,

que fue cosida con agujas de oro,

de noche y con la luz apagada,

sirviéndose de la claridad

que emite la luna

entrando por la ventana.

Una gota de sangre en la punta

de una flecha de juguete,

dio vida a su corazón.

 


Una aventura clásica

 

El mago sirvió un vaso de leche

inclinando un cuadro de montañas nevadas,

y a una piedra que estaba pintada

la retiró de la imagen y luego la incrustó

dentro de uno de sus ojos,

que hasta un momento antes

llevaba cubierto con un parche,

igual que un pirata.  

En el escenario la luz se fundía

como un ribete de oro

donde el día le peinaba los cabellos a la noche.

Su gran obra de arte era demostrar

cómo desarrollaba una amistad con sus objetos,

sus animales y asistentes.

Sus manos se prolongaban

en otras manos que sostenían en el aire

el peso de las caricias.

Pensaba en obras prodigiosas con alegría

porque eso lo ayudaba a vivir.

Hacía planos sobre una mesa de vidrio

de máquinas excéntricas para encerrarlas

dentro de sus recuerdos.

 

 

 

Una amiga de Peter Pan

 

Polvo de hadas

polvo de hadas

ella se cortó las venas

y para que no se desangrara

tomó polvo de hadas.

Se hace con las puntas

de sus pestañas arqueadas,

con la microfibra de sus trajes,

con sus dientes transparentes

y con piedras que sus coronas

llevan ornamentadas.

Polvo de hadas

polvo de hadas

temprano en la mañana

ella despertó con las muñecas vendadas.

Ojo que no hablo de una droga

sino de un pacto celeste,

hablo de una puerta

que une mundos invisibles.

Cabello de niña trenzados al cielo

por una escalera que sube a una estrella.

Era polvo de hadas.

¡Era polvo de hadas!

 

 

 

¿Qué les importa la felicidad?

 

Almohadones de palmeras

cara mirando el cielo

escondrijo del ojo

cocodrilo del sexo

que va subiendo las calles

construidas sobre cerros

asfaltaron la montaña

aplastaron el desierto

líneas sobre los pómulos

tiran de caballos muertos

que se arrastran por el suelo

en pendiente y despidiendo

el aire oscuro del puerto

impregnado de gasoiles

que llenan los botes pesqueros

gritan gaviotas agudas

espuma que tumba espanta

gaviotas enganchan nubes

soledad y desconsuelo

sube la yonky desnuda

sus trenzas sobre los hombros

sus ojos bajo la gorra

la sombra sobre los ojos

fuma su pipa de plástico

recostada en una cama  

oh, esos mendigos atroces

que conocen la noche

jugo de fierro caliente

flecha que quiebra dientes

encías truenan molares

ensimismados y ausentes

navío rodilla altares.

 

 

 

Tomado de: Discotecas encantadas, Bahía Blanca, VOX/LUX, 2025.-

 

 

7.8.24

La información, por Alejandro Rubio

 

 

Martes cuatro, la ley nueva

todavía se discute, 99 por ciento

de humedad. El depto huele a coliflor,

en cientoveinticuatro planchas la grasa

crepita, las familias se desplazan hacia la mesa

y juegan con el cuchillo, el tenedor, el vaso, la cuchara.

Estoy liquidado. Mi hijo también,

por otra parte; pero él

no debe saberlo, debe pensar que aún hay lugar

entre ésos que son, van, vienen,

se mueven, edifican. Para salvarlo

del tedio vecinal yo mismo edifiqué

un búnker en el living; sentados atrás

de la metra soviética miramos todo el día

televisión por cable.

Jueves ocho, la ley no salió, media ciudad

respira aliviada, la otra mitad

se pincha el ojo al tratar de ensartar

otro bocado de carne. Sábado seis

o sábado siete, el nene ya gatea, resistimos

con la última tira de munición; tengo miedo

a que corten la luz, bajen el martillo

y el anuncio llegue en forma de aullido

de lechón desangrado hasta donde estoy

con la mochila a los pies, el bebé a la espalda,

mordiendo comida fría.

 

 

Tomado de: Música mala, Bahía Blanca, Vox, 1997.

7.4.19

27 Pulqui: diseño editorial cooperativo, nacional y soberano, por Emilio Jurado Naón





Lanzar una editorial de poesía desde una cooperativa gráfica suena a proyecto delirante. Así apareció 27 Pulqui, sello creado por Matilde Oliveros, Leandro Selén y Fabián Rodríguez en 2014, desde la Fundación Gráfica Campichuelo. Delirante y ambicioso, dos cualidades que los llevaron a adoptar el nombre del primer avión a reacción nacional, creado por Perón en 1947. También comparten con el primer Pulqui la ética de trabajo con recursos propios y en pos de la soberanía nacional. Desde el uso de materiales locales y fuerza trabajo cooperativa hasta la difusión de poetas de todo el territorio argentino, 27 Pulqui Ediciones levanta vuelo con una imagen propia, original y de fuerte apuesta al diseño.

“No es fácil distinguirse entre tantas editoriales de poesía que hay en Argentina”, pone de manifiesto Matilde, la diseñadora del sello, dando cuenta de la amplia y variada flora de pequeñas editoriales de poesía que despuntaron con el fenómeno editorial surgido en los noventa que se revitaliza año a año. “Son muchos los poetas y muchas las editoriales que publican poesía. Si a esto le sumamos el hecho de que es fácil subir los textos a Internet, que se destaquen la editorial y cada uno de sus libros se vuelve una empresa difícil. Es por eso que decidimos darle una vuelta de tuerca al diseño desde la dimensión material. Nos interesa despertar la curiosidad de los lectores; que la persona que entra a una librería y lo ve piense 'quiero tener este libro en mi casa'”. Es así que la editorial piensa desde cero (o, más bien, desde el texto) las dimensiones, tipografía, materiales de cubierta y técnica de encuadernación para cada nuevo libro.

A la hora de cranear el diseño, muchas veces la dimensión social se hace presente; este fue el caso de la antología de poesía El fin de la afirmación (co-editada junto a la editorial VOX), que salió con una camiseta de la selección alemana de fútbol como cubierta. “La oportunidad de hacer un diseño original y llamativo con la camiseta alemana nos permitió también trabajar en conjunto con el Taller de Oficios de la Salada, en un momento en que estaba siendo desprestigiado por los medios y la opinión pública”, recuerda Matilde. “Se extendía el preconcepto de que la Salada era una feria ilegal en donde se vendía cosas robadas, pero la verdad es que hay muchas organizaciones de trabajadores excluidos y talleres de oficio que no se conocen. La cubierta en forma de camiseta, así como la cartera escocesa que cubre Piazza Navona de Mario Arteca, son maneras de hacer visibles, en el diseño material, estos proyectos sociales y laborales junto a los que siempre buscamos trabajar”.

El origen de los diseños es diverso, pero en general surge de una lectura particular de Matilde y Leandro: ideas, imágenes y texturas que les despiertan los poemas que deciden publicar. “Para El brillo de tus brackets queríamos hacer algo pop, siguiendo la línea de los poemas de Facu Soto”, cuenta Matilde, “buscábamos algo que tuviera la presencia de la lata Campbell's de Andy Warhol pero que fuera factible de producir en la imprenta, así que se nos ocurrió la caja de hamburguesas como 'envase' para el libro. Otras veces, la innovación es directamente sobre el material que usamos de portada, como en La Kelpertina, donde por sugerencia del autor, Tomás Bartoletti, usamos la tela verde típica del antiguo DNI”. Lo icónico de la tapa entra en juego con la trama del libro, que explora y  reformula algunos aspectos de la identidad actual (y futura) de Argentina.

La perspectiva con que se piensa el diseño evita un subrayado de sentido sobre los “temas” del texto; más bien se busca un juego y ampliación de significados que parte de la lectura personal de los editores y con el que los lectores pueden dialogar conjugando, en un mismo objeto, poemas y diseño. “Pasta base de José M. Abram Luján fue el primer título que publicamos”, recuerda Leandro, “en ese libro, los poemas giran en torno a los trabajadores de la caña de azúcar de Tucumán en los setenta, hay una búsqueda en el lenguaje de esa época, de esa rama de producción. Pero nosotros, después de leer el libro, decidimos agregarle un sobrecito de azúcar Ledesma, que viene con cada ejemplar, para apuntar a la complicidad que tuvo cierta parte de la sociedad civil y empresaria con la última dictadura. Es algo que no está en el libro necesariamente –no está explícito, digamos–, pero que se formuló en nosotros al leerlo”. Entre los poemas y el diseño editorial, están los lectores; y esa conversación de a tres no siempre da el mismo resultado (la asociación entre el sobre de azúcar y el título “pasta base” ha llevado a conclusiones inesperadas como la de una lectora que dedujo: “Claro, ¡porque el azúcar es adictiva como una droga!”). Cada edición de 27 Pulqui genera preguntas –síntoma de curiosidad–, y lo que aparece como pregunta en los lectores antes fue reflexión en la mesa de diseño; esa es la medida de dedicación que Leandro Selén y Matilde Oliveros quieren para cada uno de sus títulos: cada libro de poemas, cada autor, implica un nuevo desafío y un nuevo mundo que reclama, en el diseño, una identidad propia.

Cada nuevo título de 27 Pulqui reclama una reflexión por parte de los editores que va de la lectura de los poemas al diseño de tapa y cubierta.


*


1. Pop. Una caja de hamburguesa funde las ideas de cubierta y envase en El brillo de tus brackets de Facu Soto.
2. Liviandad. En el libro de Patricia Suárez, el diseño recurre a la superposición de capas de un delgado papel de calco para rimar con los sentidos que disparan el título, Hojaldre.
3. Denuncia. El sobre de azúcar adherido a Pasta Base de José M. Abram Luján, vincula a la empresa azucarera con la represión a los obreros tucumanos en la última dictadura cívico-militar.
4. Niveles. Nilengua de Iván Castiblanco Ramírez: la cubierta hace de caja para un libro con tapa de cartón en donde se destaca un símbolo propio.
5. De viaje. Piazza Navona de Mario Arteca viene con una tela escocesa como cubierta que emula una cartera de hombre, donde se guarda el cuaderno del poeta.
6. Voladora. Un boomerang incorporado y desmontable constituye la tapa del libro de Verónica Viola Fisher.


Publicado en la revista de diseño nacional e internacional (DNI), n° 34, Clarín - mayo de 2017.-