25.9.26

La importancia de algunos insectos, por Cecilia Bainotto

  

Un poema en inglés:

Puede una hoja que cae golpear  una libélula? (Desconoce el autor) 

Francisco Leal

 

 

Años replicando el mito con piedras en el zapato. Sube y baja igual que la nuez de Adán en el cuello. Llega a su casa con esfuerzo heroico y por el bien de todos cierra la boca. “Los domingos al atardecer nos ponemos Zen” dice esperando ganarle a un corazón rabioso. La oscilación se detiene en la voz callada donde unas vacas colonizadas sueñan de pie. Es de noche cuando desciende un ejército ordenado, pero son las rocas que adquieren vida en el silencio de las montañas. Un olor residual de afrecho mezclado con el perfume de los primeros jazmines lo envolvió en una nube que lo bajó al suelo sobre almohadones de plumas. El olfato lograba una transportación inmediata. Sintió un cosquilleo. Era una lengua transparente que chupaba la flor en la que había anclado su cabeza. El cosquilleo creciente le provocaba placer y la prominencia del cuello ahora se movía por la risa. Estaba excitado, el diafragma respondía a una respiración más rápida y sintió que los ojos giraban hasta llegar al éxtasis abrazado con pasión por dos alas. Cuando despertó el lunes de madrugada su mujer dormía con un gesto de sonrisa luminosa como el reflejo de sus cabellos castaños. Era la pose de un ángel rebelde pero adorable con la boca entreabierta que dejaba ver sus dientes. Para no incomodarla, no quiso preguntarle cómo había descansado. No estaba seguro si había sido el causante del gesto, si ella la causante de su éxtasis o fue un sueño con el cosquilleo de una abeja melosa de lengua inquieta que volaba de noche. Tendido en la frontera entre la curiosidad y el secreto prefirió quedarse con lo último y esperar el próximo domingo. Trataría de ser cauto durante la semana. Trataría de no espiarla a ella para no despertar sospechas o preguntas que pudieran romper el hechizo al menos por siete noches En su vida activa había vivido algunas historias con bichitos hembra que le devoraron la cabeza.

 

UN PERFUME EN EL AIRE

 

Asaltar el cielo por la ventana, un imposible o

asaltar Silicon Valley, otro imposible

Construir ciudades azules como imaginó Tesla

o infiernos y cielos como los sueños de El Bosco

Vamos, vamos con la rebaja de dos cambios

y descendamos a la tierra

De las raíces nacen árboles con nidos de pájaros.

El rocío son gotas transparentes resbalosas  

Por las mañanas, entre hilos de telarañas y

debajo de la sombra, todavía podemos hacer algo

Ayer un avión fumigó las hojas. La estela en el

aire hacía círculos, rectas y era ¡tan bonita!

Vamos, vamos, ¿pero a dónde?

No exageremos tanto porque al final 

del día la industria nos cobra el protocolo

Avisaba nomás, por si acaso descubrís

mariposas muertas sobre el tinglado opaco

de una telaraña también muerta

Además, mirá el remolque de insectos

que horas antes respiraban como nosotros.

 

 

CONFECCIÓN DEL PARTE DIARIO

 

Un hombre está acostado

con los ojos abiertos

¿está descansando?

¿está pensando?

¿está enfermo?

¿está triste?

¿está contento?

¿está preocupado?

¿tiene un dolor físico?

¿tiene que tomar algo?

¿tiene poco dinero en el Banco?

¿tiene que buscar trabajo?

¿tiene un día de franco?

¿tiene una reunión a la noche?

¿Es descanso corto o prolongado?

¿Qué le pasa al hombre

que está acostado?

¿Será un zángano?