31.7.23

La enfermedad de escribir, por Charles Bukowski

  

Charles Bukowski a A Joyce Fante

 

18 de Diciembre de 1985

 

Siento que me preguntaras por el libro de John; me he pasado varios días y noches pensando en cómo contestarte y no me queda otra que decirte que no me gustó, ni tampoco el siguiente. 

Es posible mostrarse rencoroso con estilo y también ser un amargado divertido, pero esos dos libros me dejaron mal sabor de boca. Causar estragos no está mal si implica cierta valentía, pero causar estragos sin más, porque sí, pues no sé, eso pasa a diario en nuestras vidas, en las autopistas y en los callejones de nuestras idas y venidas y esperas.

John fue mi principal influencia literaria junto con Céline, Dostoievski y Sherwood Anderson, y escribió algunos de los libros más emotivos de los tiempos modernos, pero creo que hubiera sido mejor no publicar estos dos libros. Podría equivocarme, claro está. Muchas veces me equivoco.

Conocer a mí héroe (si me permites que lo llame así) al final de su vida y en circunstancias de lo más dolorosas fue triste y maravilloso a la vez. Y espero que lo poco que hablé con John le ayudara en medio de aquel terrible infierno.

Siempre recordaré Pregúntale al polvo, para mí la mejor novela de todos los tiempos, una novela que seguramente me salvó la vida, por si sirve de algo.

Nadie escribe una obra maestra tras otra, es imposible. John estuvo muy cerca de conseguirlo. 

Viviste con un hombre amargado que superó esa amargura gracias a un amor que teñía y llenaba y transformaba cada palabra en un milagro inolvidable que decía

 

sí a pesar de todo

sí por todo

que decía

sí sí sí

 

y que continuaba diciéndolo incluso cuando lo conocí moribundo.

Nunca habrá otro John Fante...

Era un bulldog con corazón en el infierno.

 

 

Tomado de: La enfermedad de escribir, Anagrama, Barcelona, 2021.
Edición y traducción: Abel Debritto
Título de la edición original: On Writing, Eco, Nueva York, 2015.


18.7.23

400 fósforos de madera, por Lucía Aguirre

 

 

–¿Qué es lo más bajo que harías por dinero?

–Cualquier persona tiene derecho a sentirse decepcionada por sus ídolos, últimamente estuve muy concentrada en eso, es casi en lo único que pienso.

–¿Estás loca?

–No me acuerdo.

–¿Fumás mucho?

–Si se cumple sería un sueño, un sueño hecho realidad.

–¿Sabés silbar?

–No tengo.

–¿Cómo identificás una rata?

–Estoy acá ahora, acá afuera.

–¿Te resultó nocivo ingerir materia fecal?

–Lo mismo que a cualquiera.

–¿Qué es lo más feo que dijiste a otra persona?

–Cuatro páginas como máximo.

–¿Percibís sagrado al semen?

–No soy racista.

–¿Charles Manson o Jesucristo?

–Mi útero es hermoso.

–¿Estás diciendo estupideces?

–Lo que es justo es justo.

–¿Te gusta el latín?

–Se dice solución.

–¿Cuántos años te gustaría vivir?

–Chicharrón.

–¿Cuántos años tenés?

–Estoy tratando de resolver mis problemas.

–¿Cómo recibiste la noticia de la muerte de tu padre?

–No pregunté.

–¿Defecás a diario?

–Porque perdería la gracia.

–Cuántas horas dormís por día?

–Estaba cansada.

–¿Cuándo mentís?

–Para tener conciencia del margen de maniobra con que cuento.

–¿Qué es lo que más te gusta hacer?

–Como un mantra.

–¿Sos tímida?

–Respeto las normas de tránsito.

–¿Cómo es tu nombre completo?

–A veces me gustaría estar jubilada y no tener que madrugar.

–¿No volviste a tener mascotas?

–Me gusta tomar agua por las mañanas.

–¿Qué querés decir?

–Voy a tener una muerte tranquila.

–¿Con qué miserias ajenas tenés mayor indulgencia?

–Nos volvemos eso en lo que pensamos.

–¿Recordás tus sueños?

–Tengo el cerebro totalmente desarrollado.

–¿Cuál es tu principal defecto?

–La personalidad de mis hijos.

–¿Cuál es tu mayor deseo?

–Como alguien que se dispone a emprender un viaje.

–¿Cuál es tu idea de la felicidad terrestre?

–No soy adicta.

–¿Eso que querrías ser?

–Avanzo mejor en lápiz.

–¿Sos feliz?

–Hay que proponer alternativas en vez de ser amenazante.

–¿De qué hablaban tus padres durante las comidas?

–Ahora no.

–Si fueras un superhéroe, ¿qué súper poder te gustaría tener?

–A nada le tengo menos miedo.

–¿Qué te hace sentir realizada?

–Estar cadavérica.

–¿Qué te divierte?

–No me culpo.

–¿Cómo te ves en relación a los demás?

–Lo acepto.

–¿Cómo te describirías en tres palabras?

–Nunca tengo dinero.

–¿Qué te incomoda?

–El futuro, el misterio, la insatisfacción.

–¿Cómo reaccionás frente a las situaciones de stress?

–Hay una parte de mí que nunca sabe bien dónde está.

–¿Cómo definís al éxito en tu vida?

–Lo devolví sin leer.


9.7.23

West Flügel, por Santiago Armando

 



Cancillería


Cayetana, Duquesa de Alba

iba a acostarse con Putin 

en Corfu

y me dijo

que por favor fuera,

y salí de las Islas Orcadas

en mi Escualo de Plata

y lo amarré a un diente de su quijada

sobre el que descendí

por un escalón de sarro

y caminé al hotelito enfrente

último piso, 

balcón al agua,

ella vio al Escualo

con las gafas especiales que le di

y subí

ella me veía en plata

estaba en bolas

con un tul naranja

y Vladimir detrás,

desnudo,

apoyándosela,

ella se bajó

y acometió el pene del calvo

pero no había caso,

y le dije

con telepatía

que procediera

como yo le enseñara,

y se limó

la uña del dedo gordo,

y le dijo

ponete en cuatro, pelado

y el dedo le fue enterrando

con cuidados de alfarera

cronometrados,

para dejársela dura

y deslecharlo al rato.




Crostas del Neutrinario


Norma Allons Poe de Plá

me trae caramelos, pucho no

caramelos para el mate

caramelo marrón duro 

que se hace naranja

como el ambar cretácico de hash

de fumar previo

al fondo de la yerma

que no es lucecita de cebo 

ni tampoco un relámpago 

como arreglo de las cerámicas rotas 

con oro 

de los japoneses

es como 

la velocidad infinita

del horizonte de la luz

que abrasa


Pacos Haitianos en Marte

tumbados

en la puerta del Starlink Cetrogar

un porro mbappean

se lo pasan,

cortesía de Elons

para el divague y no comer

con traje de letras

y la Mascarilla de Carité

de orificios angostos,

contra el tacho de titanio con fuego

porque la dominación del calor ayuda

a la gravedad ajustable al croto

fumamos 

y mate con azucar, guitarreada

de noche jugo y alcohol fino,

el hombre, les digo,

el hombre reunido al fuego

desaparece, se cambia

por la acción individual

en su pantalla LED,

por eso me paga Elons estadía

de croto criollo en Marte,

pero,

ya habíamos estado aquí

con trajes de arena

y máscaras vietnamitas

con los alazanes naranjas.


Soré y Resoré 

se han posado en los pastos

de las canchas 

del predio de la AFA en Marte, 

Dioscuros pampeanos,

para los campeóns, 

de las canchas que cortó 

y puso el pasto 

Carlos Salvador Bilardo


Con el fusor Mbappé

y la mascarilla de carité

en el visor, 

el depredador de lunas

en eles tinajas

bebe del pico Tudor


For space 

we need 

a

guitar solo skin

an Apple Vision Pro,

vaping,

and thats it,

ain’t it, 

@elonmusk? 

–Got it, Victor

 

Orgasmo de Frankenstein 

y toca el ano en cuatro con interruptor, 

cuando Tesla atendió a Frankenstein todo cambió, 

don Tesla era amigo de Wassilly Kandinsky 

y habían hecho ciudades azules estudiando 

a Hieronimus Bosch, esa es la Buenos Aires 

que veo yo 

desde que trajimos la copa.


Los Hawks 

acaban de bombardear 

el choriducto entero 

de la Arizona,

vamos a rellenarles 

un poco de mierda 

a los de Tenochtitlán, y

luego apoyar 

la nariz

en el cariz blanco 

de la estatua de la libertad 

y llevarla a órbita baja 

y ahí dejarla, ahicita

con flotador espacial




Poemas profilácticos


el ácido semen corroe la goma

del forro lavable


el librero masturba el sifón

en la sangría con sida

y se come la sandía

con gamuza


el haiku obsceno simple

como un glande de aforismo

se corta

con el pucho

del verso

y cabecea

mi verga al bolsillo


Trazos de ninjas blancas antiforro

en las permanentes formaciones de soldados

y en la marejada 

pañales y pañuelos

del paisaje mejicano.

Diego Rivera fue a Rusia

a babear el habano 

a la Siberia,

el gordo se plantó

en un dispenser del gulag

a patear la máquina de Manaos

y se escucha en el estadio

la platea norcoreana

en coreografía:

¡hay coca ay-có!



Del obelisco salen 

metatrones para Malvinas,

ahí se coje lindo unas pelirrojas 

que conocí del bitcoin, 

y el flujo de taiwanesa de Londres 

con el molusco abierto acelerando 

tres de fugazzeta Match 5 

en las Islas Orcadas de Seineldín,

donde bajan los pilotos

de los F35.



Forro gamuza y tecno

y un bosque de cedro azul 

con minas 

birra

y porrito

en la hora naranja

del campari con guasca

y pasan los Hawks

al abismo Nicaragua



Vuelven los preservativos lavables

en packs de 9 Gamuzas

de concha orto y sandía

y lavo cada cual cuando llego

tengo primero que hacer

un descanso en pajas

con el forro puesto,

una siesta y

después pongo 

el agua en la olla 

y todo el biznike marmolado dentro

sin dejar que hierva

lo cuelo y

abono el porro

y ahicitas quedan

junto a las plantas 

as gamuzas colgadas

del tender al viento



Metatrón de la Armada 

en tierra se endroga, 

el viento es droga 

y con el forro en pena 

peina esperma 

dentro del tacho 

y la criptografía 

en grafica cartesiana 

flexible y plateada 

suave,

de gamuza y tecno.



Pedos con cricket a gatillo

con tanquecito de nafta,

una herramienta nueva

de los paraguas.

Las ninjas blancas

bajan de los cerezos

y les maquillan sangre

con guascas



Me he quedado sin cigarros

obrero portuario

matasoldanes naval

me queda solo

escuchar Radio Alquitrán

en el submarino de plata


Forro da Gama: el ácido semen 

no corroe la goma 

del forro lavable. 

Forro Galcostra: el librero 

masturba el sifón. 

Forro Red Dragon: sandía con sida. 

Forro Pequod: se come la sandía 

con gamuza, y 

Forro de Nácar: 

un haiku obsceno 

corta el bolsillo.


Y pasan

boquitas pintadas

con vestiditos ligeros

llegando la hora naranja

del Campari con guasca oh

Vivir sin una mujer

sin volver al vitro

de la pizarra

de mi amada 

en piyama

con descanso

de cigarro

en la ventana,

mejor el balcón con terraza


Suela de titanio flexible 

y traje gravitatorio 

de poros celestes encendidos

como hornallas de gas

para volar 

sin carbonizarse 

con el rostro de ocres caretites 

bajo la máscara

de conservar 

el rostro al socializar 

con muérdago plateado 

y fuego de quebracho 

en el rancho de Juliana con 

océano y acantilados leds 

en Marte


El artesano global chino

en el laboratorio de pestes y leches

saca

las gripes customizadas

de los 100 barrios porteños

y solo se salvan

con su antídoto

los putos sidosos

(señoras batatonas),

que compraron sus hijos

en un supermercado genético

que el padre de Macri

vendió a los chinos

cuando le pusieron WIFI.




Caretite


comparecer

con mis gasas de alivio

de drakkar momia de hash

a la perlitas mejillas de 

Juliana Awada

como el rostro de Moria

afilado de

tirar la goma



Lleno el tacho dron y

todo criptografiado y entregado 

a las ninjas blancas y las taiwanesas 

en vestiditos azules de Londres,

las miro y espero, 

pero ya no quiero clavar 

desde que me fue la polaca. 

Ahí me traen la plata…



Las nuevas balas

con munición de Radio

matan la transmisión fluible

del metal del Terminator,

cualquier objetivo puede ser holográfico

si nos vemos los aliendst as pestañas

con persiana al moco gorogoro,

como hacían los primos de Star Wars.




Sueño das crostas


me llegaba a refrescarme 

a las aguas 

para mi baño flotable 

de inmersión mínima

y apenas rebotaba mi cuerpo 

ya me veía 

por los velámenes 

marróns dorados das costas

a soñar con mi ópalo

y sentir el agua como la piel

en mis paños menores de Sumo, 

escucho el rasguido 

de un cangrejo 

y la polvareda acuática

y pling, abro los ojos

y el baño es 

como un bautismo

y mi son se renueva


Mónica Gutiérrez 

riega sus afganas de invierno

como hacían en Baires 

con el vino patero

en la continuación del Garage,

con REPROCANN

gracias a la DEA

y a la Metropolitana Catedral


Anubis en Crostax, Samborombón, 

come su dulce de batata 

en la hora naranja, y aterriza el caza 

maniobrando bien 

por el barro henchido, 

Anubis se pone su máscara marciana 

de realidad mixta 

con fusor Mbappé, 

y se lo chupa una luz de neutrino.


En la habitación de mis viejos llega

a los naranjas del yermo,

el rubio niño 

en el colchón acostado 

con el cobertor naranja 

niño naranja… 

yo era como Lorenzo

y su colchón en el solar yermo

con ocres caretites,

y un Fitito yacarado

(nacarado-yacaré)

como el de Al Di Meola

con jeans blancos

y blancos mismos zapatitos 

de chachachá

en Las solaris crostas de Marte




Cancillería II


La venta de Disney

fue cuantiosa, fue

vendida a un hombre 

de gafas oscuras,

alto, de pelo cano,

nadie sabe su nombre

un hombre parecido a Samuel Beckett

con un gin tonic 

con rodaja de limón

siempre en la misma pose 

en esas fotos de El Pentágono,

con el antebrazo colgando hacia afuera

como diciendo

"y qué querés que le haga"

y el vaso largo de cristal 

pinzado por sus finos dedos,

el pucho 

y la camisa blanca abierta, flaco

en fiestas,

el mismo 

que compró la cadena Fox

para que ya no salga hablando

el anaranjado Donald Trump,

nadie sabe quién es

aquel tipo que tumbó, también

a Bolsonaro y a Milei,

y se está chupando el Twitter.




Un porro de Larry


En joggings blancos,

depilado, se pinta y entalca

tetillas y labios de azul

y Juliana Awada

le manda su 

maquilladora y sombrerera

y los vestiditos

de una modista 

de Daisy Chopitea,

y se pone la peluca

de rulos finos, y termina

la noche fumada

mirando la nada en la cama

pensando:

yo solo era un simple 

coimero rastrero

pero nací en Recoleta

y me gustaba mirar

a las señoras coquetas


Gorositho Larry

de acá para allá,

pero más para allá

en Subte

al domo

de Plaza Constitución 

a ver

al peluquero dominicano

que chupa

debajo

de la manta blanca

de los cortes

chupa chupa y 

caen pelitos

con loción

engominados

con guasca


Mi poema está en el tórax

como un riel de tren

de sueño

debajo

de la vieja San Isidro kafkiana

se ha

roto

el paso de adoquines

hay un agujero

como un faltante 

trozo de panal

y bajo

al poema-sueño

subo y bajo

los adoquines

y el tren

tatá-tatá, tatá-tatá

de sueño

del mundo

subadoquín

con un mástil de guitarra

por donde pasa el tren

cogido 

sostenido

por las letras, el sueño, esto

mal digerido

mal respirado

tatá-tatá, tatá-tatá

en el tórax

despierto, fumo, escribo

recuerdo, revivo

me empastillo 

y corrijo




Ejercicio primario 


Mejor venir acá

a escuchar los goteritos

por la ventana

sobre la chapa de plástico

del vecino

se va el chubasco y

queda

el hilo de aguas

de la gárgola,

en tirabuzón,

en cadena nucleica

y truena un bombazo:

adjetivo el oído

y vuelve

el chaparrón sobre el plástico,

mastruena

como bomba subterránea

y a cada escribiente sus palabras:

de la lluvia

el meloso smeerle

das cubiertas de auto

sobre asfalto mojado,

truenos lejanos

con barba,

goteróns nuevos

y krakatoas

que lleva el viento,

parece haber

una nota

para cada gota

y en el compás

de oído y teclado

olvido algo, y ahora sí

llueven pianos

acá abajo

golpean cabezas de enanos

y más truenos

como aviones de pasajeros,

unos refucilos opacos

titilaron

contra el costado

de la casa del vecino

que desde arriba enfrente

yo escucho y miro,

pero se va todo

y pasan aviones y autos,

y el aire grueso.

con tabaco.




Veo el salto del gato a la terraza sin gato y vuelvo, veo una rata transparente, ahora estoy bajo el pico de plata de un nido negro, perdí lo que decía, un tecleado flexible de perogruyos terminales, el pico me ladra que escriba con las costuras negras rotas y mis letras de plata escupidas en gráfica cartesiana y flexible olvido.




Cancillería


Hay un lugar en Buenos Aires que es una ciudadela política de descanso, con esos hoteles coloniales boutiques en los viñedos de Mendoza. Edificios de conferencias de paredes de cal y carpintería esmerada, algo rústicos, muy iluminados, con tipas y cules de saq retirados, residenciales. Como una Recoleta con parques entreverados. Ahí encontré a Javier Milei, acabado. Había hecho un desastre, se había vendido y transformado en vergüenza nacional. Estaban sus últimos colaboradores viendo videos de Phil Collins y Simple Minds, los Benegas Lynch, y me cruza Lilia Lemoine de salida. Estaba Maslatón también, los únicos. Yo llegaba con mi campera de aviación Jack Herer azul, y veo que Maslatón tenía una igual pero gris. Y empecé a convencer a Milei. Había un G20 también. Estaba el servicio secreto con senadores norteamericanos. Le decía a Javier que lo único que quedaba era salir a dar discursos incendiarios y decir estos y aquellos sin parar hasta las PASO. Y fue rápido el asunto, el último discurso dinamitó a la nación y ganamos, y se me acercó Maslatón a preguntarme quién era, le dije mi nombre, secundario completo y pensionado por invalidez (PNC), y algo dijo de mis amigos que aparecieron, El Piña y El Checho, comentarios retóricos, dije que eran hermanos de la infancia. Después de la victoria Joaquín Benegas Lynch me pidió que no le tapara la televisión que mostraba a Phil Collins tocando la batería, Joaquín lo imitaba con los mismos sonidos y movimientos de antebrazos cruzados que hacía en la secundaria, y comiendo un alfajor me senté en un sillón sobre la campera gris Jack Herer de Maslatón, volcándole unas migas, éste me miró con expresión sorprendida de "¿qué hacés, boludo?" para hablarme. Le dije que tenía que ser Canciller y luego Ministro de Economía, tal como Domingo Cavallo, y que el Banco Central debía ser preservado porque iba a ser beneficioso en el futuro, que lo que en realidad había que volar era La Aduana, y dejarla al cuidado del Ministerio de Defensa, para cuestiones de terrorismo, bombas, armas químicas y espías. Y Javier parecía un niño díscolo pero inofensivo en Navidad rodeado de regalos.


3.7.23

El periodista cultural por encargo, por Román Bay

Escribe sobre cualquier cosa por un poco de dinero. El mundo de la cultura tampoco es muy exigente. ¿Quién se toma en serio al periodismo cultural? La cultura es ingrata. El periodista cultural por encargo es una hormiga insignificante en un bosque de símbolos. El billete medra. El periodista cultural por encargo nunca se apasiona. Le solicitan antologías sobre autores que desconoce y se pone a trabajar sin quejas o entusiasmo verdadero. No le importa si es Olga Orozco, Balzac, Ovidio, Chaucer, Nicanor Parra, Virginia Woolf o El círculo hermético. El periodista cultural por encargo puede abordar cualquier tema. Triste abnegado, su mayor desgracia es que nadie se alegra al verlo llegar. Sartre se acerca a una definición cuando consigna en El idiota de la familia: «Los críticos son hombres que no han tenido mucha suerte y que, en el momento en que estaban al borde de la desesperación, han encontrado un modesto puesto tranquilo de guardián de cementerio. El crítico vive mal, su mujer no le estima como convendría, los hijos son ingratos y los fines de mes resultan difíciles». El periodista cultural por encargo se empecina en frecuentar los espacios en los que la orgía social de artistas, escritores y escritoras se pavonean. El periodista cultural por encargo no tiene amigos pero sus críticas sesgadas simulan que conoce de primera mano cierta escena. Sus interpretaciones son superficiales o se equivocan. Es difícil hablar con el periodista cultural por encargo cara a cara sin sentir asco a lástima por los pelos que asoman de sus narinas. El periodista cultural por encargo prospera y languidece por los lugares en los que puede conseguir algún rédito. Se blinda a los desprecios o, mejor dicho, tiene un doctorado en desprecios. Las burlas que lo denigran a sus espaldas no pueden importarle. Vive la vida vicaria de los autores y las autoras sobre quienes escribe juzgando a través de análisis poco convincentes y desde su limitada perspectiva escasa de argumentos. Las reseñas de hoy son el caldo de cultivo con el que los clones discursivos del pensamiento algorítmico tejerán sus mentiras mañana.

20.6.23

Acá y allá, por Javier Fernández Paupy

 



Víktor Shklovski: «Es cierto que la gente no vive para que de ellos se escriban libros. Pero de cualquier manera, mi relación con la gente es siempre productiva, yo quiero que ellos estén haciendo algo.»

Nací en el sanatorio Antártida, un hospital que en 1981 quedaba sobre la avenida Rivadavia. Mi madre biológica me tuvo esos nueve meses de gestación en la caverna de su panza y después, entró a un convento. Veintisiete años después hablamos por teléfono y casi nos vemos personalmente pero un mal entendido, de esos que no existen, lo entorpeció.

Leí algo sobre-la-resignada-aceptación-de-la-absuridad-de-la-existencia-humana pero ahora no me acuerdo bien qué decía.

La pija de mi padre era grande, gorda y oscura. Yo me acostaba en la cama matrimonial donde dormían mi madre y mi padre. Apoyaba mi cabeza en su barriga y escuchaba los ruidos intestinales de su panza. Era un eco que parecía el de una cañería. Veía sin prestar atención los programas periodísticos que ellos miraban en la televisión. En mi recuerdo siempre estaban mirando lo mismo, a Bernardo Neustadt y Mariano Grondona. De noche mi padre usaba calzoncillos cortos. Yo espiaba su pija. Veía el vello de su pubis. Unos pocos pelos blancos. Ahí estaba su entrepierna por donde asomaba su pene flácido inclinado hacia un costado.

Nacho empezó a comprar obras de arte. ¿De dónde sacaba plata? Sin su consentimiento desguacé su colección de cómics. Un mal día el pasado se volvió impredecible. Cuando éramos chicos, recortábamos del diario caricaturas políticas dibujadas por Carlos Basurto y hacíamos interactuar los recortes conformando secuencias. Años después, íbamos
juntos al Parque Rivadavia, los domingos. Buscábamos vida y música en cassettes, CD’s y discos de vinilo.

En esa época yo vivía con la sensación de estar a la pesca de algo para cronicar. No hacía otra cosa que escribir. Tenía por toda divisa una idea de Kafka en la cabeza: «No escribir una biografía, sino investigar y averiguar los detalles más pequeños posibles».

Patricio había dejado de ser gordo. Pero para mí siempre sería el Gordo. Él dice, por ejemplo, que izquierda y derecha son circos para incautos o habla sobre Donald Trump o Pedro Varela Cassei. Yo no puedo interesarme en eso. A veces me parece que repite frases hechas que escuchó decir a otros. Es una de las personas más importantes en mi vida. Como un gurú involuntario.
Como una frase que hoy significa una cosa y mañana otra. La primera vez que el Gordo tomó merca le convidó su hermano. Peinó unas líneas sobre el Kiss Alive III y tomó un poco. Tenía trece o catorce años. No distinguió muy bien lo que sintió en ese momento porque fue poca la cantidad y porque era la primera vez. Pero entendía por su hermano que era algo divertido y que personas mayores lo prohibían. Probó para sentir o para saber que había probado. Cuando éramos chicos, el Gordo me llamaba The Critic por mi tendencia a la crítica y la maledicencia. El show de la usura izquierda-derecha, como la llamaría más de veinte años después, lo interpelaba. ¿Pero qué parte lo interpelaba de esas abstracciones? Empezó a interesarse cada vez más en astrología, terraplanismo, comida consciente, primados negativos, veneno en las vacunas, cábala, tarot.

Cuando Donald vivía en Misiones pensaba que solo conservaba el recuerdo de amigos que ya habían mutado. A veces le dolía mucho la espalda porque desmalezaba medio monte él solo. Andaba en moto o a caballo por los caminos de su chacra. La vida no era
como el grito aterrorizado de un animal salvaje pero todos juntábamos nuestra propia podredumbre para saber hasta dónde llegaba la montaña de mierda. Después de años de vivir como un paisano en su rancho de Misiones, puso en venta el terreno. Se fue a vivir a Alemania con Lisa. Vivió varios años en San Martín de los Andes. Nació en Catamarca.

Bachín estaba ahí, siempre tan parecido a sí mismo. Vivimos juntos unos meses en el departamento que él alquilaba, sobre la calle O’Higgins, en el año 2016. Era el mismo Dorian Gray de toda la vida, con la televisión prendida todo el día. Pero ahora la cama se había vuelto un sofá de cuero reclinable, con control remoto y una pantalla que había crecido en pulgadas. Es un lama que vive en el presente y no se deja amedrentar por el pasado. Conocimiento de la noche, algo del síndrome de Peter Pan, gran conversador de pocas palabras.

Un sueño recurrente de Juaco, noches antes de salir a tocar, es que algo suena mal en los ensayos o que pifia las notas. Lo asusta, siempre lo asustó, escuchar el chirrido de la costura del tiempo. Metrónomo humano. A los doce empezó a tomar clases de batería. Tenía veinticinco años recién cumplidos cuando abrió su propio estudio de grabación. No le gusta lavar los platos. Le encanta conversar y criticar. Siempre se interesó por los avances tecnológicos. Stephen King, café caliente, mariguana dulce. Quizás todavía piense que el mundo se divide, en parte, entre los que le gustan los Beatles y los que no. Y que si su hijo nacía del lado de los que le gustaban los Beatles, tenía allanado gran parte del camino. Trent nació del lado correcto. ¿Te gusta Devo?, le pregunté una tarde. Te la debo, contestó. Enmascara su ternura con un revestimiento de dureza. Propenso a la alegría y la euforia. Piensa que la tristeza profunda pasa y en algún momento se acomoda, como todo, como una tristeza constante y llevadera.
Como si la vida fuera una obra sobrevalorada que no merece reimpresiones. A los 39 años escuchaba Wos, Trueno, Nicky Nicol, Casu. En el estudio de Fede, en ese departamento de planta baja de la calle Zapiola donde pasé tantas noches cuando vivían ahí Barbi con Francesca, lo escuché decir, a las 3:30 de la mañana: «Estamos condenados a ser destruidos  y al mismo tiempo, a ser felices».

Fede se cuidaba de no consumir pero cuando caía la noche sentía que los demonios bajaban y siempre estaba a un mensaje de texto de comprar droga. Una tarde lo escuché tocar en el piano Gerswhin delante de unas partituras y después con su voz de barítono versiones chamánicas de
When the music is over y Five to One.

Gustavo fue testigo del comienzo de los años de la peste desde Italia. En Nápoles, sin dinero, sin pasaje de vuelta y con su perra Chicha. No podía volver a Buenos Aires y tampoco seguir en Nápoles. El vuelo con escalas que le ofrecieron era inaceptable porque era peligroso para Chicha. Langostino, rabas, calamares, pulpo, toque de queda, lluvia y viento. Sin grandes cenas italianas. Tenía todo listo para volver pero había un problema con las vacunas de Chicha. Nueva sepa, cerradas las fronteras. Necesitaba dinero. El pasaje de Chicha, el exceso de equipaje, la noche en Roma, el remise al aeropuerto. Un pedazo de manteca, dos sándwiches de jamón y queso, una barra de cereal, bananas. Se anunciaba nieve en Roma el día del vuelo.  

Fran, que alguna vez firmó Cisco, fue mi salvoconducto para entrar a la tumba. Él trabajaba en el penal desde hacía años, también había dado clases para hipoacúsicos. Alguna vez le pareció poco ético que yo usara un grabador para registrar la memoria coral de mi vida en la que sus opiniones o comentarios pudieran tener alguna gravitación. A Nadia le pasa lo mismo. Me odia cuando la grabo sin avisar. Si no fuera por Cisco no hubiera podido escribir Devoto. Lo hice en el piso diez de Acevedo, en el segundo piso de Juan José Cruz, en la planta baja de Vernet, en el primer piso de Edison. Cinco años cuatro mudanzas.

Pablo ya no sigue en este mundo en el que de alguna manera vivimos. Le gustaba esa escena del Ulises en la que Stephen Dedalus está en un aula dando clases. ¿Se sentiría identificado? Nunca más voy a escucharlo hablar de Rastros de carmín de Greil Marcus o de la biografía de Edie Sedgwick de Jean Stein o de Ejércitos de la noche de Norman Mailer. La amistad de Guy Debord, rápida como una carga de caballería ligera, de Bessompierre, fue el primero de una larga serie de libros que hubiera querido hablar con él, prestárselo, que lo leyera, reclamarle que me lo devolviera.
Una noche, en el departamento que alquilaba en Boedo, cerca del video club donde por entonces trabajaba, sobre la calle Campichuelo, escribió, en un cuaderno de hojas rayadas de 8 x 12 cm que yo tenía siempre en el bolsillo, una lista con música que yo tenía que escuchar para mi formación espiritual: «Nick Cave and The Bad Seeds: “The Lyre of Orpheus”, “Abattor blues”, “The Boatman’s Call”; New Order: “Low Life”, “Substance”; Cat Power: “The Greatest”; N.E.R.D.: “In the Search of”, “Fly or die”; The Magnetic Fields: “i”, “69 love songs”; The Flaming Lips: “Yoshimi pink the robots”, “The Soft Bolletin”; Aphex Twins (afx): “I care because Y do”; Kings of Convinience: “Riot on an Empty Street”; Elliott Smith: “Figure 8”, “Either/or”; Brian Eno: “Here Come Warw the Jets”, “Taking Tiger (by Mountain), “Before and after Science”; David Bowie: “Low”, “Lodgets”, “Heroes”, “Scary Monsters”; Nick Drake: “Pink Moon”, “Way to Blue”; Roxy Music: “Roxy Music”, “For your Pleasure”, “Stranded”; XTC: “Lemon and oranges”; The Charlatans: “Up at the lake”; Tom Waits: “Rain Dogs”; Talking Heads: “Remain the Light”; The Fall: “Middle Class Revolt”; Mar Hollis: “Shame”; R.E.M.: “Murmur”, “Automatic for the People”, The Beach Boys: “Pet Sounds”; Brian Wilson: “Smile”; Jim White: “Drill a Hole in that Subratrate and Telle Me What You See”; Sonic Youth: “Sonic Nurse”; Brian Ferry: “Frantic”; Benjamin Biolay: “Négatif”; CAN: “Future Sounds”, “Soundtracks”; Patti Smith: “Horses”; Joni Mitchell: “The hissing of Summer Lawns”, The Grateful Dead: “Live Dead”; Pulp: “This is Hardcore”»

Un noche de invierno del 2017 le escribí a Ariel: «Autumn Song: October, The Seassons, Op. 37a Tchaikovsky.
Réquiem de la salud mental, música clásica de la solitaria y ruidosa paz, el mundanal ruido de las personas agobia tanto, quien pudiera retirarse de todo, lodo orgiástico de gente, podrido lodo, berenjenal y murmullo de cada día. Me alegra saber que estás bien aunque todavía no estés del todo recuperado. En la vía de ser paté yo también declaré ser contenido de algún recipiente. Cada cual tiene una silla donde engordar el culo. Sigamos sin quejarnos, apenas en la senda de la descripción». Las frases nos aman, contestó. Cuatro años después, Ariel seguía estudiando Letras en la universidad. Hasta que un día se recibió de Licenciado y Profesor. Seguía trabajando en una librería. Se preocupaba mucho por mantenerse joven. Iba al gimnasio. Usaba cremas. Estaba interesado en la noción de libro único que tomaba de Roberto Bazlen. Según Calasso, alguien que «no pretendía ser escritor de una obra sino que una obra (ese libro único) se había servido de él para existir». Ariel piensa que el suyo no es un libro sino apenas unas pocas páginas. Se equivoca. Es el libro que más quiero publicar en el mundo. Ariel ama la poesía de Hölderlin pero también la de Pity Álvarez. Admira a Morrisey pero también a Rimbaud. Ahora estudia italiano para leer Dante de primera mano.

José frecuenta el Ejército de Salvación y saca fotos de los objetos que para él son curiosidades o tesoros visuales. Tiene una manera de dejar los ojos entrecerrados, un segundo o dos, durante la conversación. Los animales que más le gustan son los que viven en la Mesopotamia argentina: el yacaré, las luciérnagas y el carpincho. Escribió, como Saint-Beuve,  retratos de mujeres en un castellano perfecto. Su padre fue carpintero. Su risa es contagiosa. Sin una gota de resentimiento o estúpido rencor. En su mirada hay un empuje de observación e interpretación que resplandece por fuera de las especulaciones tristes. Zorro en el zoodíaco precolombino. Rata en el chino.
No es una persona irracional pero tampoco es su fuerte lo racional. Tiene algo muy mental, que lo hace parecer virginiano. Aries. Dice, por ejemplo: Con un amigo desarrollamos un concepto… y el concepto sale del uso determinado que le dan a una palabra. Algo de niño en su forma de ser, algo muy zen y tierno con cierta ingenuidad auténtica mezclada de adultez sin nada de cálculo mezquino. Algo de tolerancia radical. Un interés por las cosas más diversas lo imbuye en todo. Escritor de letra chica. Gitano. No cree que la poesía pueda ser enemiga de la filosofía sino, cada vez más, que es lo mismo visto desde otro lado.

Juan nació en Mendoza y vivió en Irlanda, Holanda, China, Londres y África, donde dio clases de francés. Sabe que para estudiar un idioma hay que ser constante, metódico. Su abuelo se llamaba Dalmiro, le decían el negro Dalmiro; era futbolista, nadador a lago abierto y boxeador, también dirigente formado en el socialismo y después devenido peronista, intendente de General Alvear, Mendoza, desde 1974 hasta 1975.

Marco cree que lo perdurable también es efímero. Gran lector. Cree que la amistad es una forma de la eternidad. Conejo en el horóscopo chino. Subrayó presionando apenas el grafito del lápiz en un libro de Jim Dodge: «Quizás la aceptación esté cerca de la beatitud. (…) Solo había siete cosas que requería un ser humano para vivir feliz en este planeta: comida, agua, hospedaje, amor, verdad, sorpresas y secretos».             

Sebastián dice que no sabe si puede leer bien una película. Aunque se dedica al cine dice que no sabe si puede leer bien una película. Vive en General Pico. Pero con la imagen se siente cómodo. Cree que el documental se parece más a la poesía y que la ficción está más del lado de la prosa. Cree estar lejos de entender la poesía y que es un placer para él disfrutar de las cosas que no entiende. Se dice a sí mismo: Tal vez algún día escriba un poema. Le importa disfrutar un lenguaje incluso sin entenderlo. Su dedicación a las imágenes viene de una relación conflictiva con las palabras. No le gusta, por ejemplo, usar la palabra “yo”. Cuando era adolescente había escrito poemas que después tiró a la basura. A veces extrañaba a sus amistades de Buenos Aires. ¿Qué soñaba por las noches? Y cuando estaba de la nuca, ¿qué sentía exactamente? Ilusiones tendría. Encuadres. Miradas. Nunca fue muy académico. Escuchaba música a todo volumen.

En otoño del 2016 Alejandro me dijo: «Aprovechá cada milímetro de tu experiencia para escribir, los escritores tienen que escribir y el mercado argentino no da para cobrar cien lucas de derechos de autor y dedicarse al dolce far nente». Quizás pensara de mí que yo era un blandengue porque no sabía cómo mataron a Tosco. Disentíamos en que no le gustaba lo que había alrededor de la palabra bohemia. Me decía: «La bohemia es Baudelaire y estamos en el siglo
XXI». Era o se mostraba conmigo como un enemigo acérrimo de toda idealización. Macri y Tinelli son culpa de los argentinos, le dije. No hay culpa, contestó, esto es política. Estás pensando en términos morales.

Manuel se sentía cansado, despojado de ilusión, cuando le pasé el cuestionario Marcel Proust para que lo respondiera, cosa que al final prefirió, a la Bartleby, no hacer. A la pregunta: ¿Qué cosas te gustan hacer?, había contestado: “Algo”. Como si con ese “algo” pudiera expresar que con tener una ocupación cualquiera él estaba hecho. Pero no era conformismo, sino otra cosa.

Toto se hizo gnóstico. Hablaba de salir de los sistemas. El asqueroso sistema alimenticio. El asqueroso sistema educativo. El asqueroso sistema financiero. La pregunta que se hacía y me hacía a mí mismo al escucharlo era: ¿Por qué estás viendo lo que estás viendo? Tu mamá sos vos, me decía una y otra vez. Me recomendaba hacer alguna oración antes de salir a la calle, algún mantra. Me recomendaba las conferencias y apuntes de Ouspensky reunidos con el título de El cuarto camino, como salvavidas psíquico. En una carpeta de papeles viejos donde guardaba partituras encontró unos textos míos. Palabras, palabras, palabras. Hacía frío cuando todavía no había amanecido y miraba colores en el cielo antes de llevar a sus hijos a la escuela.  

A Nadia le gusta lo truculento, visceral y morboso de la condición humana. A veces dice que necesita leer en voz alta algunas noticias escabrosas para liberarse de esa energía parapolicial. Escorpiana.
Su boca, su piel, sus tetas, su depilación definitiva. Flaca, piel suave, piernas largas, pelo negro, lacio, finito, el flequillo le cubre la frente. La cabeza ovalada, las narinas grandes, la nariz redondeada. Cuando se ríe muestra sin miedo los dientes. Le gustan las uvas. Escuchar ópera la tranquiliza. El reggae le parece monótono. No le gusta Manal. Cuando nos conocimos yo vivía bajo la influencia del error. En el éxodo de las convicciones armamos una comunidad-circo-de-pulgas-plan-cósmico-misión. Temblamos juntos delante de Vicente y Vera.   

El sonido influye y modifica mi sistema nervioso, incluso los órganos del cuerpo. D’Arienzo, Otis Reding, Sonny Boy Williamson, la contaminación auditiva de la avenida Rivadavia cuando Vicente tenía unos pocos meses. Me gusta el rarismo de Frank Zappa. Escuché Lonie Jhonson, que durante los años 50 había trabajado de conserje en un hotel, sin cansarme nunca, con esa pasión que viene o que va de la música que escuchamos con locura. ¿A dónde se había ido el tiempo? Era eso. Y quizás no fuera nada más que eso. Como Papa’s Got a Brand New Bag sonando en la cocina. La vida pasa sin que lo notemos, como un poema en el que las frases se van juntando una atrás de otra
. ¿Por qué vendí esos CD’s de Alice Cooper? ¿Por qué me deshice de ese libro sobre el tarot egipcio? Era el foco de un pensamiento torcido. Palabras y acciones.

El fantasma de Hermes Trimegistro apareció una madrugada de luna llena en el balcón del departamento que alquilábamos con Nadia en esos años. Me explicó, en un idioma gestual y secreto, sin palabras, que una guerra nuclear había destruido miles de planetas. Dijo que éramos instancias de una misma vida. Y agregó: Dogma político y religioso, la raíz de los conflictos de esta especie. ¿Sería así? ¿Habría entendido bien su mensaje?

Vicente jugaba con una mochila y un monopatín y un triciclo y una pelota desinflada. Vera se trepaba a la mesa. Me identifiqué con Landrú, con Robert Crumb, con Thomas Ott. Hubo un tiempo en que pensé que antes o después iba a volverme loco. Después me calmé. Pero quizás alguna chispa de frenesí me quedó en la cabeza. Las personas envejecen y no toman agua. Marchitan.

Yo escribo los reportajes para un libro hecho de retratos.

¿Una novela de apuntes?

Una línea de investigación demostró que relatar recuerdos de diferentes formas puede cambiar nuestra propia percepción de los sucesos del pasado. Nuestros recuerdos no son confiables. Para retener información precisa y detallada hay que trabajar el recuerdo. Hay personas, no obstante, que son incapaces de distinguir entre una maceta y un poema.

J. R. Ackerley: «La cronología aparentemente desordenada de estas memorias tal vez requiera una explicación. La explicación, me temo, está en el Arte.»
 
Quisiera decir ahora dos o tres cosas sobre mí.
Escribo por necesidad. El colmo de mi posible alegría es aferrarme a la vida en un mundo sin sentido. Mi mayor defecto es la impaciencia. Quizás porque soy ardilla en el horóscopo maya, el final del otoño es mi estación del año preferida, mi color es el verde limón y mi verbo, comunicar. Las ardillas somos las más parlanchinas del zodíaco maya. No sabemos guardar un secreto, somos sociables por excelencia y excelentes para las relaciones públicas. Activos, podemos hacer varias cosas al mismo tiempo. También cambiamos de opinión muy rápido.

A los 17 años
escribí una novela de ciencia ficción en la que unos extraterrestres, que se llamaban TDK y Sony, conducían taxis y hablaban con sus pasajeros de cualquier cosa. Ese era el argumento. No había otra estructura ni conflicto.

Escucho When the Hurt is Over, de Mighty Sam Mc Clain, una canción triste que habla de alguien que dejó al amor perdido en la lluvia. Ahora estamos esperando, dice, ¿por qué tendríamos que dejarlo pasar? La canción parece mostrar que lo único que podemos llegar a saber es que cuando el dolor pasa, pasa. Es difícil entender que algo así sea a la vez una forma de vida y un método de trabajo. Todo lo que significa Bach para mí. ¿Cómo podría explicarlo alguna vez?

Un arte que no sirve para sanar no sirve para nada. Un grupo de intelectuales con discursos empalagosos-marxo-sartreanos sobre lo desintegrado-desintegrante. Eso fue lo peor de la universidad. La pedantería, el tedio de lo cultural, las largas explicaciones técnicas que nunca me sirvieron para nada. Entré a esa fábrica de cigarrillos con veinte años y la dejé con más de treinta. La juventud se fue como una luz que alguien apaga sin que nos demos cuenta. Como contemplar un cuadro con los ojos semicerrados. Como si no lo supiera.

Cuando escribo esto tengo 42 años. Podría, como Proust en el último tomo de En busca del tiempo perdido, mentir y decir: «En este libro donde no hay ni un solo hecho que no sea ficticio, donde no hay un solo personaje “con clave”, donde todo ha sido inventado por mí según las necesidades de mi demostración (…)». Pero prefiero aclarar que lo escribo desde el parasitismo de la anécdota y en la distorsión del recuerdo.

11.6.23

West Sterling, por Santiago Armando

  

A Belén Gallardo

 

Esperando al Stranger

 

Ayer me agarró un alien

y me acomodé en la concentración

y me puse a teclear

Hacer el ejercicio perfecto de teclear,

claramente

nunca vi a mis manos actuar,

poca bola a la naturalidad de mis dedos

y a volver la vista cuando le pifio

Otra vez soy un esclavo orándole al teclado

con los escribas gamers

y el Stranger.

  

---

 

Soñé que el tiempo está hecho de polvo
Y todos los actos de la lengua

catastradas en oro,

sobre una arcilla manchega.
Toda la lengua se ve

en plegadísimos sedimentos

y que esta noche

de Sarandí, el bullicio de motores y niños
Apenas unos grillos
La galletita de chocolate Havanna

la tele la gente habla abajo,

Todo parece, según soñé
Grabado y plegado en arena de oro,

 

Ambulatorio en la terraza siempre,

es mi vida de ir y venir,

tocar cada punta del ancho del aeropuerto,

por toda la casa todos los rincones del barrio,

y se me ha acabado todo, y sigo y sigo,

por el camino de seda. El salmón es verde,

las guitarras azules, unas son muy plateadas,

y los atardeceres en Belén,

y la divinidad es blanca

y la divinidad

que se le sale por los ojos y se me revela,

y yo veo mi sed,

mi necesidad es plena.

 

 

donde repta el culto a san la muerte

  

allá el choriducto

acá mi algarves

demás del chori

el buen ayre

y los fondos de San Martín allí

miré mi título de la uva

en parques rosas

y ustedes allá y el viento corta la autopista

bajo la pirámide del Chiqui

donde reptan los jugos y pinturas y solventes y

venenos puros descartes

de la ciudad

donde caminan en el fuego los villeros

para asar un camión de pollos vencidos

eso es lo que te quiero reptar, von Madre

la llaga que canta

en mi rosario blanco que agarro

lo clavo derecho recto

y pucho insigne izquierdo

pucho y rosario recto

que lo demás no estorba

y el viento

 

Del sueño despierto meado

en el ocaso blindado

motos por Bancalari,

en Nunca Más,

con la máquina de escribir con pantallita

hablamos, le hago chistes

tiene que ir a devolver la balanza

de pesar pañales a la orga,

ella recién parida y casada

en mi sangre

y el papel de la máquina de escribir

se acaba y lo arranco y

suena ¡prfff!,

por la pantallita

sale una suelta de emoticons,

pero mirarla es más difícil

que a una coreana borrosa

será hasta la próxima.

 

Ya soy un odiador puro,

Estoy en mis días rojos,

no puedo hablar

frunzo mi cara de Haccón,

miro los brotes de primavera,

los verdes, las aguas, el cielo

el gato y la perra vieja

lo demás está muerto y lo escupo

salvo solo a mis sobrinos lejanos

en el mundo estoy solo

la civilización me da asco

y solo tengo trato con ella por libros

escritos por anti-humanos

soy un Metatrón Red Dragon

soy viento

soy anti-lírico


Poetiesas, decía Reinaldo Arenas

Una con vocoder,

(voz de robot)

En un podcast

ofreciendo sexo casual

en lugares públicos y escucho

un poco de un apocalipsis zombie

con mariposas leds

pero empieza enseguida

la indiferencia al afecto

y la cháchara anticapitalismo de siempre

y pienso que

para escuchar raritos

prefiero a Marley con su hijito

comprado en un supermercado genético

 

 

Droga-Choza-Incesto-Estado Policial-Hamburguesería Mostaza

 

Se fue Mcdonald's de Rusia

(se fueron a otro planeta, los de esa iglesia)

y les abrimos un Mostaza

pero poco viene la gente

nuestros patys allá

son de carne bielorrusa

tumores rosados

y tabaco ucraniano robado

me armo uno meado

por una vieja, seco

y espero

en el mostrador moscovita del Mostaza

y aparecen unos paupérrimos

orwellianos 2001 y les digo

mejores son mis mocos

y aparecen dos travestis

con unos melanomas como cocos

castratos viejos

fumadores de habanos chinos

de uniforme

y me arman un procedimiento

para robarme mis últimos mocos

que me sacan con

las uñas afiladas como dagas

y despintadas

y se llevan el último tanque de Manaos

y no queda ni agua

 

yo pensaba

que en el amor real había

campeonato de pedos

pero perdí 7-5 uno

en el tie-break

y me dijieron adiós

y me quedé solo

con un pedo más

que mucho tiempo tardó

y después salió

una mañana

en otra cama

en otro adiós

 

por el libro volvía

y me bajé del Eterno del Plata

en La Plata

después de la Itaipú reventada

y estaban todos tapados de lacra

y me tomé una lancha a combustión

la tirapedo esa

que quemaba la lacra

y se había terminado el ecologismo

y seguían llorando galeanos en la Uno

lo proclamaba Shoni, con Feinman

su cabellera brillante

y ese gesto de preceptor

de secundario católico

le hizo efecto y dijo bueno

con Macri nos acomodamos,

y la limpieza de la ciudad

la emprendió Agarrabragueta, apasionado

tercerizado por el estado, (y… a mi,

me había quedado

el título de ingeniero,

que me dieron los papeles justo

en la UTN de Pacheco, acá

a cuarenta cuadras

con el bondi derecho,

me deja en lapuerta,

y) Horacio escucha

de mis fractales recuperativos

de enderezar choriductos

volver a encauzarlos y eso

y se pedía cortaditos con guasca

y me quería pedir un pebete

yo estaba esperando el momento

de verse bien dispuesto

para que le hinque

mi pluma en la garganta

mi parca de plata

y salí por la ventana

al jardín donde sacaron la estatua de Colón

que apareció volando en su heráldica proa

y se enclavó de nuevo estoica

y le dije, ya que volares, llevadme a casa

y me dejó

en la terraza de mi cuarto con ventanal

para que deje el verso

en la novela de Santidad

de don Cristóbal Colón,

novela que ni una vendió

en la Gondwania de Género

el Metatrón

 

 

Adiós capitalismo en Chile

 

Estoy con mis viejos en Valdivia y veo llamas

y pasa una ambulancia de Jumbo

se quema el Jumbo de Valdivia

le han prendido candela los mapuches, Marucha, vamos

-ese fue Tinelli

que se abrió uno en Norverga

y los cagó-

pero llegué corriendo al humo

del Jumbo quemado

siempre aguanté sin respirar

y logré agarrar el último

frasco de arenques alemanes

y volví corriendo a mis viejos

y aminoré hasta el andar de su edad

y mamá me puso el biso con capucha de parca

y nos volvimos por el cruce internacional

del Parque Nacional Lanín

y los gendarmes, mapuches

Maschúpen, les dije

y me tomé el paquete

después pasó

durante cinco minutos,

más adelante,

un tropel de venados

y las gigantescas vacas esas

la blanca y marrón del Los Criadores

esas, enormes

todo de noche por la ruta

hasta Junín de los Andes y derecho

hasta San Martín

 

Voy en mi sommier camarote

flotable, a bicicleta

la bicicleta acordeón que tocan

mis pies

y les bajo las cortinas

y las subo

y una lince mira justo

y me acerco a la costa

del mercado de pajas

y le pelo y

sopesa, hum, gracias

y mis pies tocan la musiquita

y se le arma la tienda de frufrúes,

su frutería lustrosa, y ella

como aquella actriz morena,

parecida a Juliana,

y me vuelvo a leer al río

 

Yo estaba al oriente del choriducto 169 asfaltado

lado uruguayo, era

un aeropuerto con cuevas

donde llegó Léon Bloy

había un policía autoridad

el buen Müller

yo estaba con mi libro de Asrael

descartado de bibliotecas viejas

y llegó ella con el guardapeluca y su cría

la vi llegar

y crucé la pista

mirándola a los ojos

porque ya todo pasó

y finalmente colapsó la civilización

y llegaba un nuevo siglo de escritura en los Hawks

crucé a recibirla porque todavía

amaba su criptografía

y me denunció con Müller

una denuncia que desestimó al presentarme,

la mujer de Müller era ranquel y yo

del zanjón austrhúngaro

y su marido el guardapeluca la comprendía

sentí que don Geniol

conmigo

no tenía inquina

pero ella renovaba su desprecio

y debí volver a mi enramada en la zanja

del otro lado de la pista

con el viejo Léon Araujos,  

ella siempre me odiaría

 

Volaba por encima del mundo

viendo los empujamientos de las glaciaciones

los seguía

y en las últimas ciudades rusas chubchas

bajé a ver una especie

con el pelaje blanco a cuadraditos suave

ojos azules

cuadrúpedo o bípedo

que era plaga

pacíficos

hablaban

pero Putin los tenía muy a raya

y los mandaba a matar si jodían

y caminaba por ese pueblo ruso berreta y miraba

tiendas soviéticas, nieve

y los planos y sus féminas

perdidos entre la gente

habiendo dado con una ciudadela soviética

en plena siberia industrial

y veo al hermano de un amigo

de la adolescencia, Gonzalo

retando y amenazando a uno de estos planos

bien blanco, peludo

a cuatro patas

que resignado bajaba la cabeza

bajo la ametralladora

pero algo no le quiso contestar

como que a determinada humillación no cedió

y Gonzalo le disparó en la cabeza

y yo pasaba y lo saludé

décadas sin vernos, y acá nos encontramos

hizo un gesto como de "éstos", señalando al que

acababa de matar

y subimos a un tren de pobres

y veo unos gitanos

con más de diez, los conté

libros truchos apilados

de Isabel Allende, iguales, rojos, en inglés

y le pregunto a Gonzalo, ¿y Córdoba?

y empezaron los gitanos en cordobés

a contar como salieron desde allá

hasta Canadá

y del tren que te cruza

a la Siberia

y Gonzalo se bajó con su hermano y nos despedimos,

Los Cordobeses me contaron cómo volver en tren

hasta el Subte B

pero yo ya venía volando

mirando la migración de esos planos

ocupando los desniveles de nieve

y me bajé en mi parada.

 

 

Camino de Seda

 

soy una llaga que disuelve las letras

que se me ciñen

soy unas letras que vendan mi llaga

voy vendando con cuidado

me ciño las vendas y me abrigo

y parto con mi visón de letras

como un viejo bisonte con vetas

dejando unas llagas con dagas muertas

en la tarde que quema

con mi arpa de putas

por el camino de seda.

 

Y Kim Carsons

y Caín Marchenoir

saliendo por

la avenida de jacarandás de Filosofobia

en sus alazanes azules

calzados

con sus Lamborghini Diablo.

 

Abrí la puerta del costado en medias y salí por el empedrado malcortado de adoquines a acarrear cien kilos de quebracho del baúl de papá, los adoquines de San Isidro para cruzar la calle son unos pancitos hermosos, con estos de mi veredita te podés cortar un ligamento, o si te caés de jeta rompér anteojos, y abolladuras. Armé toda la madera y vimos las ruinas de nuestra gran parrilla, mañana es mi cumple, y el fuego es importante. En la Sri Lanka Alien no hay fuego, hay como una suerte de filipino brasilero, hombres con mirada de llamita conocí en el norte, raza fina para cuchillería, un hombre de los indios nuestros que se fue a la paragua, pero la fatalidad del hombre criollo mezclado con verde del subtrópico no me gusta, son malos borrachos, y una plaga de cocodrilos y sapos con papada atacando el Paraná desde la copa del retrete de Diosdado Cabello, estos mamíferos obreros megalíticos en sus costumbres están asimilados a la civilización y están unidos a mi por una casilla de correos privada, trabajamos en la misma obra, lo estamos haciendo por el correo Wassilly Kandinsky, tenemos los Diarios de Tesla y nos aprendimos nuestro Xul Solar y nuestros Hieronimus Bosch, y la ciudad tendrá una campana de luz de internet celeste de un gran repollo abierto, mirado a lo lejos, y lo hacemos para agradar al Padre, el repollo celeste en armonía y su corona de brazos por arriba de la ciudad tienen marcas azules de criptografía.