20.8.20

La lluvia, por Martín Romero Vargas

 



Por suerte la lluvia cae sobre las islas. El otro día un amigo me preguntaba: ¿Qué onda los incendios en el Delta? Ese mismo día el ministro de medio ambiente se tomaba una foto, pala en mano, posando estéril frente al fuego. Una pantomima estúpida más de la política argentina. Mi nombre es Martín, hace años que vivo en el Delta con mi familia. Trabajo en la secundario 22 de Paraná Miní y Chaná. El pasado miércoles hicimos el reparto de bolsones de alimentos y actividades para los chicos y chicas. Me embarqué hacia La Barquita, Barca Grande, Boca Falsa. En Arroyo Largo y Cruz del Sauce, el olor a humo se acrecentó. Con el Patrón y el Marinero hablamos del incendio, de la sequía, de las vacas y demases. Llegando a La Barquita ya se veían las cenizas en el aire cruzando el río, para un lado, para otro. Pedazos de humedal asesinado en pos del mentado progreso. Los campos no inundables para lo soja venenosa y las islas para las vacas. Nada escapa a la devastación del capital. Barca Grande arriba, el Patrón dice: “Se está tiñendo el agua con la ceniza”. Y nadie dice más mientras la lancha de madera remonta en un agua gris. Al Delta lo incendian todos los años, con la complicidad de ganaderos, terratenientes y políticos. No es la primera vez que lo hacen en un año de sequía. En el 2009 varios hermanitos isleños salvaron su vida en una canoa. Estuvieron  días a la deriva en el Delta de Zárate, entre el humo y el fuego, hasta que por suerte los encontraron. Once años después, las cosas siguen de la misma manera.