3.6.21

Retrato de Germán García, por Jorge Quiroga


Cuando nos encontrábamos en el edificio de la esquina de Billinghurst y Tucumán siempre nuestros recuerdos nos llevaban a tiempos lejanos de la juventud y a circunstancias que vivimos en común. Fuimos cambiando: hijos, exilios, aventuras, distancias, pero en el fondo éramos los mismos.
Germán mantuvo inalterable una forma peculiar e irrepetible de humor entre incisivo y ocurrente, se reía de los demás, de todos, y lentamente conducía la situación, la lógica, lo vivido, inventando un absurdo desopilante con la cual intentaba el hecho que se debía pensar todo de nuevo, y poner en discusión lo que parecía evidente.
Claro que el objetivo estaba dirigido al ocasional interlocutor, lo que producía un mareo que él sorteaba con una sonrisa cómplice como si estuviese razonando, y fuera el otro y no él el involucrado. Todo terminaba en mutua aceptación.
Leer y escribir literatura fue su pasión desde la adolescencia. El lector voraz en que se convirtió lo transformó en un buscador de sentidos. Por lo que pronto transformó su imagen de rebelde en un intelectual en entender al mundo convulsionado que le tocó vivir, con una forma de ver peculiar e irreverente. Fue de esa manera, por decisión propia, y se hizo así de una manera de una voluntad incontrolable. El camino que tomó fue muy suyo y nadie lo podía prever.
Su novela inicial, Nanina, que escribió dos o tres veces en distintas versiones, fue autobiográfica y de ruptura, traía una forma nueva que podemos enunciar LITERAL.
Ahí se decían cosas no dichas, que inauguraban una forma de concebir a nuestra literatura y que tuvo en Germán un propulsor y un teórico de su propio gesto literario. Este se postulaba como una interrogación.
Germán publicó Nanina a los veintitrés años, y se puede decir que rápidamente pasó a ser otra persona.
Recuerdo el tiempo y la vida en aquellos años.
Germán deambulaba por la ciudad, escribía continuamente y leía sus relatos y fragmentos de la novela, ante incrédulos parroquianos, sorprendidos por su efusividad.
El texto se iba escribiendo, las cartillas se pasaban a máquina en una vieja casa en donde anclábamos en la calle Gorriti.
La pensión (Uruguay y Corrientes) y la librería “Faustito” y los cafés consistían en espacios donde se debatía la contundencia que debía tener la literatura.
Después vinieron hechos sociales y políticos que conmovieron el país. Años de lucha contra el autoritarismo.
Germán a partir de su experiencia e inteligencia leyó a esos acontecimientos en soledad, pero con enormes angustias.
De alguna manera interpretaba con humor todo eso, en parte tenía razón y comprendía el significado de ellos convulsivamente.
Su perspectiva era satírica y en esos momentos eufóricos de nuestra historia social y política (que tenían tantos altibajos)  la mirada de Germán siendo muy crítica apuntó a la farsa que se estaba desarrollando conservando una distancia provocativa y divertida.
Esa dimensión preveía el humor y remarcaba su polémica con la época histórica que le tocó vivir.
Como si fuera un exilado que miraba lejos ante las estridencias de una verdadera pesadilla. Ese humor punzante lo mantuvo despierto y no se dejó engañar respecto  de la significación de lo que estaba ocurriendo. Su inteligencia se ponía a prueba ante el fragor de los hechos, que no eran tan reales sino míticos. La idea de la revista Literal la pensó como un proyecto de largo alcance que de alguna manera tenía mucho sentido. Una voz disonante, risueña, que recogía toda una tradición oculta (Macedonio, Gombrowicz) lo no dicho, la exaltación. Lo onírico de la situación, la lingüística, la escritura dislocada y fragmentaria, el barroco, todas las formas posibles.
La literatura como oposición  y estilo personal.
Germán dictaminaba en los bares y cafés de la calle Corrientes, donde se escribía y se debatía  los misterios indebidos e insidiosos. Germán en esta efímera publicación (tres números dobles tamaño libro) se entusiasmaba pasionalmente, era su aventura, y lo seguía un pequeño grupo de compinches.
Macedonio Fernández, la escritura en objeto y Gombrowicz, el estilo y la heráldica constituyen ensayos que son resultado de esa experiencia, de pensar, diseñar y de discutir. Este era el verdadero legado de la revista.
Paralelamente Germán fue consolidando una narrativa novelística que siempre busca desentrañar la trama que la convoca (Nanina, Parte de la fuga, Perdidos hasta Plaza Miserere) se puede decir que hay varias vías de acceso para llegar a la construcción de su relato. Invadía y conquistaban con la manifestación de su agudeza. Se plantea  con su discurso desmesurado ante cualquier grupo de personas y se imponía porque evidentemente explicaba con sus palabras algo no convencional, que desorientaba pero que hacía pensar las cosas con una lógica muy particular.
Se entretenía con la gente demostrando que su interés podía ser insaciable.
Se lo conoce además como psicoanalista, y en ese campo fue muy destacado.
Al estudio de la obra de Freud y de Lacan dedicó mucho tiempo y fue montando un complejo sistema de  lecturas que era parte de su formación y de las herramientas que comportaban una cosmovisión del mundo y de los hombres. Nunca fue esquemático y trató de reflexionar intensamente sobre las cuestiones de vida, que lo invitaban a intervenir e interpretar.
Sus colegas y pacientes pueden atestiguar que todo su bagaje estaba a disposición del otro. Nunca fue indiferente.
Trabajaba últimamente durante interminables horas de concentración, clínica y estudio, mantenía su mente atenta a los sucesos que vivían las personas.
Germán quizás significó para aquellos amigos que lo conocieron, la existencia de una entrañable presencia.
Germán García, sujeto impredecible y astuto, no debe ser mitificado porque su figura necesita pensarse en su exacto rigor.
La frecuencia era su modo y siempre lo consideré como el tipo que poseía una inteligencia desbordada.
Su amistad, está ligada con mi propia historia y algo de mi asombro se fue con él.
Germán puede verse en su gesticulación tan expresiva como irreverente.
Al parecer no se rendía ante los sentimentalismos, sin embargo, lo vi frente a experiencias de vida que desmentían esa seguridad.
Germán García como intelectual, escritor y psicoanalista fue protagonista principal de las iniciativas más productivas de las últimas décadas.

23.5.21

Una tonalidad verde clarito, por Cyn Alemis

1.

 

Dos minutos

¿quién apretó mi botón

de autodestrucción?

¿q puedo hacer en estos

últimos dos minutos?

llamar a mamá

y decir

conseguí trabajo en un bar,

soy feliz en mi nueva casa.

organizar una fiesta

y que suene traición

conozco lo mal conozco

lo vil

tirar un aromatizante

campos de lavanda

mix flores campestres

música del hogar

puedo pintar mis uñas de verde

y pensar que es un día perfecto

puedo escribir un poema

puedo matchear con alguien

arreglar una cita

y no ir

puedo arreglar mi placard

y elegir mi último outfit

puedo mirarme

al espejo y sentir

un deja vu

puedo encerrarme

en el baño a llorar

por última vez.

 

 

2.

 

Beso virtual

Videollamadas nocturnas

para recordar que afuera hay abrazos

esperándonos. Chau, te quiero

antes de que salga el Sol

Miro directo a la cámara

para que sientas el calor

de mis ojos un poco más cerca.

Acércate,

pegá la cara

a la pantalla.

Beso virtual.

 


3.

 

Dicha y hecha

Una casa enorme

Un perro enorme

Una heladera llena de mandarinas

Dos bicis celestes estacionadas en el medio del living

Una cama de plaza y media con sábanas verdes

Una biblia en la biblioteca

Y siempre un vino arriba de la mesa.

Nos imagino en una infinidad de situaciones

En mi librería favorita pululando entre poetas muertas

Bailando descalzas en Jujuy sobre tierra mojada

Mirándonos a los ojos en un living vacío.

 

Sol, ternura, primavera, guitarras

Te pienso maravillosa y analógica

Te pienso terrestre y cielo

Te pienso con ansiedad y ganas

Te pienso y resultan absurdas

Todas las canciones que hoy me recuerdan a vos

 

 

4. Mirada de fuego

 

Esa tarde

Cálida y agresiva

En la que conocí

La furia

Sentí las llamas

Del tártaro

Y crucé la puerta

Porque entendí

Que mi presencia

Ya no valía nada

En esa habitación.

 


5. Esto es para

 

Esto es para

La orilla del mar

Lloro y quiero estar

En mi casa

Lloro te quiero como

sea

Lloro y rompo todos

los vasos

Del mundo entero

Nadie puede

Volver a tomar agua vino cerveza

Lloro y salgo a dar vueltas

Lloro

No puedo escuchar

Todas las canciones que existen

Lloro

Hoy leí el diario

Ay cisne negro de Flores

Me encanta encenderte

 

 

6.

 

Truena Truena Truena

Pero no llueve

Hoy el cielo

24.4.21

Un gran saludo, por j. j. romero

  

Bueno, ahora me calmo.


Aterricé y no pasó nada. 

 

No me duele nada, no tengo nada roto. Cuando estoy solo soy de plástico.

 

Después de tener días extremos (es decir, de locura extrema) cuando uno está volviendo hace falta una explanada bella y asombrosamente brillosa en la que caer.

 

Poder estirar los pies para que se mezclen con la tierra, agarren brillo y se deshinchen. Luego caminar para que no se vuelvan a hinchar por la inmovilidad.

 

Quiero encontrar todos los lugares escondidos. Hay un lugar entre los yuyos donde no existe el miedo. 

 

Me gusta muchísimo saludar gente. Hay una gran potencia en los saludos. 

 

Solo tengo que pensar en ese lugar cuando estoy con gente y ya no me da miedo saludar.

 

Es una gran oportunidad para generar un tema de conversación en el futuro.

 

Si tenemos la suerte de volver a encontrarnos alguno puede decir: nos hemos saludado muchas veces.

 

No sé dónde estamos pero si miro el teléfono me voy a perder el paisaje. Este poema no lo estoy escribiendo ahora, sino en un momento en el que tengo enfrente una pared blanca, y me cuesta menos imaginar las cosas.

 

Ahora me imagino una noticia lejana: una piedra de coral destrozó el aspa de un submarino.

 

No soy un gran conversador, muchas veces viví dentro de un trueno. En mis ojos se ve el estallido. Eso espero. Espero que no se sienta como otra pared que hay que atravesar.

 

El blanco es un color metálico muy extraño. Cuando aterrizaba crucé capas y capas de blancura que me dejaron temblando como si me hubiese convertido en una rama seca.

 

Crucé capas de rojos y violetas y esas directamente me destruyeron.

 

En los demás ojos también hay capas como éstas. Cuando intuyo que pueden cortarme en dos como una rebanadora quiero acercarme y saludar.

 

No quiero estar tranquilo. No quiero que nada me proteja. Busco una luz radiante para mi cuerpo y para eso tengo que disolverme y para eso algo tiene que perturbarme.

 

En solo dos días una planta trepadora en la casa creció 5 centímetros. 

 

Espero que crezca mucho más y se acerque a mí para hacerme parte de ella.

 

Que se exponga a un ventarrón que la sacuda y la arranque de raíz, pero que donde sea que caiga pueda crecer de nuevo.

 

Que copie el movimiento de las antenas.

 

Que vaya con nuestras ideas lentas, que se mueven para un lado y para el otro.

 

Quedarse temblando es el menor de los problemas. Por levantar la mano y que la mano se abra como una estrella en lo alto y que me saluden de vuelta.

 

 

27.3.21

Rap de la exverdad, por Pablo Ingberg

 


Verás que todo es mentira

que a la verdad la queman en la pira

de fuegos de artificio

víctima anónima del sacrificio

en la eterna religión

de la representación

todo el mundo era un teatro

y a ritmo cambalache en dos por cuatro

fue convirtiéndose en televisión

luz cámara y acción

pura ficción

se maquilla la estrella y la comparsa

de un lado y otro somos parte de la farsa

todo es lo que parece

la línea recta camina haciendo eses

el inocente y el culpable son el mismo

sentado en la silla eléctrica del abismo

mientras la cámara le enfoca la cabeza

que sentencia con ínfulas de jueza

los chorros se encarcelan entre sí

y el chorro multicéfalo festeja en frenesí

todos chorreamos maquillaje

la cara por detrás se toma el raje

Blancanieves es un cuento viejo

la verdad no la sabe ni el espejo

viene de lejos lo enseñaban los sofistas

no importa si es verdad importa si conquista

los espejitos de colores

pintaron siempre seductores

el chorro que da el salto

siempre llega más alto

el calefón baña a la biblia con agua caliente

el mal olor un rato no se siente

la realidad con olor a perfume

es la que más se compra y se consume

todo tiempo pasado fue pasado

mal olor hubo siempre en todos lados

de Dinamarca a Catamarca

se nos cata esa marca

de cagados y garcas

la cámara de gases que nos filma

es el chorro de perfume que te esquilma

perfume de pedo

prediquemos ese credo

 

8.3.21

Elegía para padre y madre, por Javier Fernández Paupy

 

Trilogía del par despliega un mundo íntimo sin regodeos narcisistas ni exhibicionismo inane. En su materia prima, son retazos de un espejo partido, parasitismo de la anécdota mediante, autofiguración lírica, descripciones enrarecidas, una lente distorsionada y una sintaxis rota donde el poeta se detiene en la postración de un cuerpo en los umbrales de la transformación definitiva. No hay lástima sino inocencia en la mirada para ver la crueldad de la descomposición. Así, el poema de Eduardo Rubinschik nos propone una fiesta del lenguaje: «Frente a espuria bocanada de la pura realidad a padre se lo ve madera seca como aquello que habrá de salvar de algún naufragio en ultramar.»


Alelado por la despedida, el lenguaje captura últimas escenas en la vida un de padre ciego y moribundo. De soslayo, los efectos de y sobre una madre. El resultado es la descomposición de la novela familiar. Más que un experimento oportunista es pura experiencia de lenguaje en la que el delirio preciso y la ambigüedad componen un poema en prosa sin vanagloria del dolor pero con trasposición de una vivencia límite: «No se come ya y boca queda sólo para el habla grito o estornudo y mandibulación». Lejos de un engrandecimiento sin vida, el poema de Eduardo Rubinschik propone una microscopía de la primera persona donde el lenguaje dicta ritmo y fisuras del sentido. «Hijo toca cuerpo padre como nunca haciendo del toque protección deseado imaginariamente siempre más potente que angurria o decepción.»

Desprovisto de  melodrama, Trilogía del par se adentra en el teatro de la materia desde la mesa de disección de un lenguaje impreciso, poético, desafectado y a la vez sensitivo: «Antefúnebre fabrica su propia noche diurna su lujuria cucaracha sin menguar. (…) Su mente cambia de destino sin viento y sin función (…) pulgar desborda su mano, cerrada alza buscando nariz para rascarse (…) la destina florece como un hueso de bambú reseco. (…) ojo ciego ignora otro ojo ciego y los dos inventan imagia al hilo de la fiebre.» Es el manoseo hospitalario y la soledad ontológica de una persona que deja de ser lo que era desde palabras compuestas, metáforas y neologismos.


El poema de Eduardo Rubinschik  cumple con fidelidad la divisa de Néstor Sánchez sobre la prosa poemática: «No hay que escribir nada que pueda contarse por teléfono». En este libro la prosa es poesía. La «madriguerra hospitalaria» que aparece nombrada en su libro recuerda otras visiones líricas de la enfermedad y la muerte, como otrora hiciera Milton Rodríguez en “Los últimos días” (Unos domingos, Ediciones La yunta, 2013) o Gabriel Cortiñas en su poema La recidiva (La uña rota, 2019).

Trilogía del par es un réquiem carnavalesco de hospital que muestra con ojo clínico ese desfile profiláctico de pacientes, padecientes, parentela, asistentes, sufridores, profesionales de la salud y parteros de la muerte. Todo en un mismo plano enloquecido. La elegía que compuso Rubinschik es ejemplar en tanto recorta el mundo íntimo sin ningún patetismo, sin regodeos, sin exhibicionismos, sin sentimentalismo, sin narcisismo autopromocional. Y, con todo, desde un lenguaje directo y fragmentario, Trilogía del par nos sumerge en un mundo de fragilidad, decrepitud, putrefacción y ese borde descarnado por donde la vida se abisma como una sustancia tóxica llena de virus y bacterias.

 

 

 

 

1.3.21

Poemas inéditos, por Martina Juncadella

 






Hola M.:

después de separarme

disfruto perder el tiempo

soy un tipo que camina mucho

está gordito

disfruta el sexo

se cuida, no se cuida

una piel joven seca

tus piernas

reflejadas en los espejitos callejeros

recorren adoquines ricos, pobres

vuelve sobre tus pasos, tipito

éste es el rastro de tus fluidos.






El bebé que confundo con un animal

llora

7:07 am es de noche es ynbierno

los conquistadores escribían mejor

tal vez mordí demasiado la soga

truxe el animal y destrozó mis dedos

pegó un grito, no hubo lectura

insistí, quise hablar

el idioma conquistador

pero era una soga, se cortó

no hay marcas

ella también buscaba la medalla.






Postrada voy a tener ideas geniales

otro almohadón abajo de las rodillas

la almohadilla caliente los leños ardientes

cero sexo

y las ideas vendrán y no podré disfrutar del cafecito con espuma.






Quizás muero esta noche

sobre la servilleta manchada

de vino alguien lanzó una papa

y rompió mi copa, nada que agregar.

Las poderosas fauces de un monstruo

devoran lo que queda de mí

y como esa papa

cayendo a pedazos.

La gente quiere importarse

creen que valen demasiado en su país

y les pagan dinero, eso quieren.

Yo, una más en la lista

no soy amenazante, soy 1 chica con 1 lápiz

si doy miedo, esos son preconceptos,

quiero volver a ser conquistable.






Ruido de lluvia ruido a conmigo

misma el barrido de las moscas

ammazzatas la duda del próximo

pucho una posible canción

el ritmo copiado me confunde

pero no le permitiré aislarme.

Entrar sí en otros estados más

vergonzosos de puerta golpeada

o sarcófago divertido.

Aplasté la mosca

aplasté el miedo a la lírica.

Muerte y resurrección,

todo lo que admiro me le pego

espero despego tengo tiempo

el juguito de la mosca 

me convierte en todo lo escatológica

que pueda ser.

Pero de la vergüenza al rechazo

hay más de un paso si me dicen

señora

por algo es.

Se transforma el plan cambió ahora

pienso dedicarme a las tres páginas

que no me gustan tanto.

Sin amigas

ni teléfono, sin cómplices

solo mi abuela (que es mi hermana)

y hace lírica y la aprecia.

Hoy no haré nada con la espalda

la dejaré estar. Llegué al lugar,

je suis trés bien,

y me convertí en un firulete que es una belleza.






Me froto y me duermo

inconsciente aún así

vienen cosas inútiles a mi mente

podré...?

hay que esperar

para salir de la confesión

inventaré una puerta grande

bien grande para intentar

en este castillo me consagraré a la gran obra:

vuelcos, torceduras, mordidas…

 

al final

puros neologismos de un aprendizaje medio sordo

música electrónica para no pensar

un depredador adentro

luz de luna, inmejorable vista…

ahí viene titilando en medias

es de noche y está frío y húmedo

el deseo va viene como papa quemada

haré cualquier cosa, o tomaré conciencia

discusiones pendientes pero nadie para hablar.





Espero la lluvia

desperté a las 4:33

busqué, busqué al joven japonés hermafrodita

armario abierto

silencio total

sobre el adoquín algunos autos la imitan

espero una horita, dos más

la tormenta son aviones

las 7 muchos autos más

prendo una vela

fuerte entre mis manos, pido

por mis amigas, por la perra, mis padres, hermanas, abuela

ojalá vuelvas

joven japonés hermafrodita

ocultás tu enfermedad en el armario

por qué me pusiste el pensamiento?

te espero, dejo la vida encendida

si querés rompo la tarea heredada

alargo la mano tiro de tu cinturón

vení, acostate a mi lado.