1.3.12

Conversación con Luis Thonis

(Laura Estrin, Sergio Rienzi y Javier Fernández Paupy)




Soy de los que escribe para darle una oportunidad a que la muerte pueda ser barroca. (Luis Thonis)



LE: Luis, ¿qué libros te conmueven?

LT: Yo traté de seguir la línea que me venía desde la cultura. La cultura te dice Homero, después Virgilio, luego Dante. Ya en Homero está Kafka, que se pregunta por el silencio de las sirenas, y en Dante está Joyce donde retorna el teorema del Paraíso. Hay resistencia a enterarse de eso. Insiste. Después fui aprendiendo que la cultura y la lectura no van de la mano. ¿Qué es la literatura? Es “La marquesa salió a las cinco” o “lo bello como” de Los Cantos de Maldoror. La primera frase abre un tiempo cronológico, la segunda lo retarda. Fui aprendiendo que la lectura puede ser enemiga de la civilización como lo fue la Kultur nacionalista en la república de Weimar donde se gestó gran parte de la modernidad. La civilización permite la experimentación como la “barbarie” en la música de Shoenberg. Es ridículo querer escuchar la música no tonal como a la tonal. Tiene que nacer otro oído. No opongo la civilización a la barbarie sino a la cultura como kultur. La civilización es la posibilidad de la cultura de subvertirse y reinventarse a sí misma. La kultur es la afirmación de una identidad estratificada y de las raíces, propia de las dictaduras. Yo creo que los libros de cabecera son los más importantes.

JFP: ¿Los libros personales de cada uno?

LT: Los que parecen haber sido escritos para uno. Para mí no hay literatura mayor y literatura menor. Hay, en cambio, subliteratura, la que se define como ausencia de conflicto.

JFP: ¿Cuáles son los tuyos?

LT: Bueno, los que producen efectos, sacuden. Los clásicos argentinos, desde Echeverría a Girondo, escribí sobre eso, algunos contemporáneos sobre los que también escribí, la lista es larga, ya van a ir apareciendo. El Ulises. Me gusta Pynchon. Esos son dos novelistas que parece que supieran todo. Joyce tiene un conocimiento de las lenguas, no me acuerdo cuántas. Se sabía toda la historia económica y política de Irlanda. En “Irlanda, isla de santos y sabios”, dice que Irlanda es un país aristocrático sin aristocracia. Como la Argentina, que hoy es un país más oligárquico que en los tiempos de la odiada oligarquía tradicional, con un sindicalismo que todavía funciona con las leyes del fascismo, la patria contratista que nace en los setenta y no deja de crecer, con la pequeña burguesía que odia la democracia republicana y piensa que es el pueblo mismo. Luciano Miguens, el abominable hombre de la Sociedad Rural, con sus dos mil hectáreas es un vendedor de ballenitas en comparación con los megaterratenientes actuales, que parten de cien mil. Y lo superan modestos sindicalistas con cuatro mil. Sí, los que insultaban a la oligarquía vacuna. Joyce se asfixiaba con la circularidad de Irlanda aunque la veía víctima más de sí misma que de la astucia inglesa. Bueno, hay escritores del no saber donde algo, la verdad o lo que quieras aparece en estado bruto, sin mediaciones, por ejemplo, Felisberto Hernández. ¿Qué es lo que sabe Felisberto Hernández? No es hegeliano. Sabe tocar el piano. (Risas.) No sabemos si no fue hegeliano por saber tocar el piano. ¿Sabe de mujeres? Cuando murió, ante el cajón, estaban todas sus ex novias.

LE: ¿Viste que Felisberto anduvo con una agente secreto?

LT: Sí, para él toda mujer es siempre un “agente secreto”, la ve como un animal extraño, lo que no significa que no la desee, al contrario. Escribí sobre eso un trabajo, de los primeros, “La risa del tiempo”. El personaje se identifica no con una mujer completa sino con un rasgo de ella, que tiene algo de caballo y se va convirtiendo en potro. Rompe el principio de identidad, en él comienza a resonar algo arcaico, el caballo. Eso me parece importante: no quedar confinado a una identidad contemporánea, fija, estratificada sino crear en sí otras identidades en relación a lo arcaico. Y nada que ver con el multiculturalismo que a un irlandés que vive lo más pancho como americano en New York lo presiona diciéndole: ¿Y tu identidad irlandesa, tu patria? Empujan a las raíces, pero lo arcaico puede retomarse fuera de las raíces sean indigenistas o heideggerianas, Caen finalmente en el fascismo, en el anticosmopolitismo. “Aquiles a las cuatro” es un poema que trata de eso: un tipo que a las cuatro de la tarde “es” Aquiles y se va a jugar con los chicos a la plaza, rememorando todas las guerras, como si estuviera al final de todas las guerras. Este es un caso patológico, no lo aconsejo, pero puede haber otras variantes. Yo puedo ser Thonis pero también Tancredo de la Jerusalem Liberada. (Risas) Uno de mis héroes de juventud, pero también un Qom, es escalofriante y lo digo en plena canícula, lo que están haciendo con esa comunidad, ahora agredieron a la mujer de uno de los que mataron y los acusan de sojeros.

JFP: Vos decís, en “Capullos caídos” que el dandy no puede separar a la mujer de su vestido como condición previa a desnudarla.

LT: La mujer ya trae en sí lo arcaico, nos pide que hagamos algo con eso, también quiere despojarse de eso. O bien lo traduce a lo sagrado, a los cultos de los neomatriarcados. Su novelista podría ser Marguerite Duras, el alcohol lo va cubriendo todo hasta drogar la diferencia de los sexos, una verdadera colonización del Otro. O bien la mujer puede inventarse como sujeto en la guerra misma de los sexos que siempre continúa, pronto los matrimonios heterosexuales tendrán que ser clandestinos (Risas) y los espíritus libres cavar fosas para catacumbas… bueno, la mujer también puede inventarse como sujeto, amando y dejándose amar. No haciendo las veces de Delfine Roux, el personaje de Phillipe Roth que concentra el nihilismo que predomina en Yale y que se lleva puesto por una falsa acusación de racismo a un viejo profesor de griego. Yo también quise saber de qué se trataba. Leí a Proust y a Cabrera Infante y me di cuenta que cuando más querían saber los narradores menos sabían, recibían demasiadas sorpresas. Me refiero a la Recherche de Proust y a La Habana para un Infante difunto. Después comprobé que esas mujeres aparecían en mi vida, Albertine y Gilberte estaban ahí como la inolvidable Julieta de Cabrera Infante.

JFP: ¿Las leíste en paralelo?

LT: Los leí en la misma época. Me acuerdo que el día que asumió Cámpora. Todos mis amigos iban a la Plaza. No pude sustraerme, como protección agarré la Recherche… algo me decía que iba a venir algo terrible, había color sangre en las miradas. Oía lo que Perón decía a los Montos y lo que decía a los sindicalistas, el sector de la CNU, donde estaba Moyano y que tuvo que ver con el asesinato de Silvia Filler, que después dio lugar a la Triple A. Les dieron las listas de las futuras víctimas. Uno escuchaba eso y sabía que algo iba a pasar. Había una cosa de éxtasis colectivo, sentimientos mesiánicos. No te pierdas esto, me decían mis amigos. Lo tenían adelante a López Rega, a Lastiri y otros esperpentos y no lo registraban, en todo caso, justificaban, decían que Perón sufría de un cerco. Lo mismo pasó en 2001, en vez de terminar con una clase política se la reinventó como casta. Cuando todos van para el mismo lado con el flautista de Hamelín, hay que buscar otra música.

SR: ¿O sea que vos no te dejaste convocar?

LT: Nunca fui oficialista, salvo en el primer período de Alfonsín, nadie recuerda que fue un héroe luchando por los presos políticos mientras otros se enriquecían. Puedo apoyar algo colectivo pero si se propone limitar las voluntades masivas, estoy a favor de un Estado limitado. En la Argentina predomina la cultura barrabrava. Los más cultos, pude comprobarlo, en determinado momento se vuelven barras aunque de bravos no tengan nada, ceden ante la unanimidad. Cuando vino Perón, en Malvinas, en el 2001, enloquecen y no ven nada. Nunca peleé en un campo de masas. Como individuo, sí…

LE: Sí, ya sabemos (Risas).

LT: Y tanto Proust, en En busca del tiempo perdido, como Cabrera Infante, en La Habana para un infante difunto, me llevarían a “la conclusión Odette”, como que Odette a lo largo de la novela de Proust se vuelve más desconocida para Swann. Que está permanentemente desconcertado en ese entre dos, lo sufre en vez de disfrutarlo.

LE: Por eso es mejor tres. Nicolás Rosa decía que el tres es desde donde hay que empezar a contar.

LT: Está muy bien. Cuando el tres hace masa ya no me gusta.

LE: ¡¿El tres es masa?!

LT: Macedonio decía que más de tres es masa. Néstor Sánchez escribió un relato, “La ley del tres”, inspirado en eso. Depende de los lugares. No es necesario que el tercero esté presente. Casanova dice que uno puede tener una mujer o mil, pero nunca estar entre dos. Porque eso prácticamente lo lleva al suicidio. Estuvo a punto de suicidarse. Pero no estaba entre dos mujeres, sino ante una adolescente y el Matriarcado, que es la anulación de todo tercero. Es algo que no se desea ni al enemigo. Fue una gran derrota. El affaire Charpillon. Sollers creo que propone charpilloner como un verbo francés que habría que analizar.

LE: Exactamente. Lo que vuelve o lo que dicen que vuelve.

LT: Claro. También ahí aparece Céline. Hizo lo que todos pero como no tenía el trasero asegurado parece que fue peor que todos… los comu petanistas del pacto Hitler Stalin, que hicieron más deberes que él, se lo querían comer. Sufrió la furia de los conversos.

SR: Hace poco dijiste: “Yo no sé qué quieren hacer con Céline, pero estoy atento a…”

LT: Alguien me dijo que Asís es el nuevo Céline, si es así, voy a intervenir. (Risas.) Asís es un escritor satírico; en eso un capo. El Turco sabe encircar y al otro le gusta amargar hasta el circo, como esos payasos del poema de Brodsky que tradujo Natalia Litvinova empiezan a destruirlo. Son metáforas, lo digo, porque el oficio de payaso me parece más que respetable. A veces para zafar de la presión societaria no queda sino hacer una payasada. Céline no tuvo esas opciones. También él quería saber de las mujeres. La primera novela que escribe es Semmelweis. Fijate que Céline y Freud tienen un punto en común. Freud escucha decir a Charcot que la histeria de las mujeres es cosa de genitales, como si fuera algo insignificante. Freud lo tomó en serio. El problema de Céline fue que Semmelweis era un tipo que investigó la fiebre puerperal, es muy cómico cuando piensa que puede venir de la antigüedad de los edificios. Pero detrás de eso está el problema del parto, la limpieza de las mamas, el útero. Todo el problema de los genitales. Empieza con eso. Es un comienzo fuerte. El escritor satírico no tiene negatividad, no se va a meter a indagar la diferencia de los sexos, los fantasmas genealógicos. Lee desde un lugar fijo, como sobrando la situación. En cambio la negatividad a la que me refiero supone la risa y el horror. Ahora en Alemania hicieron una especie de parque de diversiones con los lugares donde operaba la Stasi, ¿lo vieron?

LE: Sí, hace rato hay turismo de campo de concentración.

LT: A esto lo llamo un progresismo sin horror, un ejemplo de hasta dónde puede llegar la estupidez humana. Eso yo lo veo como la infantilización de la humanidad, en gran parte se debe al pánico que provocan los hitlero islamitas, no hubo horror en el pasado, luego, no pasa nada en el presente. Significa que no queda huella del más grande satírico del siglo veinte, me refiero a Karl Kraus que escribió La Tercera noche de Walpugis, la que le faltaba al Fausto de Goethe. Aquí si que la sátira reencuentra los fantasmas genealógicos: a Kraus no le queda nada, sólo la lengua alemana, la lengua de Goethe que se desliza hacia el nazismo. Lo publicó en 1933, cuando los nazis tomaron el poder, anticipó todo lo que iba a venir. Dijo que los acontecimientos ya no existían más, que la fraseología y los clichés iban marchando solos. Muestra cómo se invierten los hechos, cómo los victimarios, los nazis, pasan por las víctimas. Es comienzo de un relato que hoy continúan los nuevos negacionistas. La fraseología está para borrar el acontecimiento, ahí tenés el manto de neblina sobre Malvinas, algo que echa raíces en la lengua, fijate que cuando se dice algo realista del tema el argentino medio salta como si le tocaran la vieja. El acontecimiento es que el solo nombre de Malvinas produce unanimidad porque coincide con la lengua y a partir de ahí se puede hacer cualquier cosa, me refiero a 1982. El lenguaje, la literatura, es una operación sobre la lengua. Kraus muestra como los mismos discursos van produciendo el nazismo y cómo nadie se le resiste, incluyendo los mismos judíos. Produce una obra maestra con los mismos clichés. El pánico y las autojustificaciones empujan a la sociedad al suicidio, todo el mundo dice lo contrario de lo que piensa y cree que lo está pensando. Fue algo que vi aquí en Malvinas, antes de La Tablada, en el 2002, se elige lo peor. Kraus es uno de mis libros de cabecera. El último libro que publiqué se llama No vienen avispas. Hablo de los ninfos, aunque me corrigieron la palabra pensando que era una errata. Bien: los ninfos son los que viven puteando a Disneylandia pero quieren hacer de Auschwitz una Disneylandia. Después ven en Disneylandia un campo de concentración como Galeano dice de los Mc Donald’s. Todo el tiempo se está insultando a las víctimas, es el nuevo deporte del progresismo sin horror. Así miran todavía a Cuba, las “islas caimán de los iluminados” según Gabriel Roel, solidarios con el terrorismo de estado y no con los presos que dejan morir de hambre o pudren en las cárceles.

JFP: ¿Qué sería el ninfo?

LT: El ninfo es un tipo que es tan asexuado que ya no importa que sea homosexual o heterosexual. Es indistinto. Hay un efecto de indistinción. Entonces, hacen de la Stasi una especie de circo, donde vos te llevás un souvenir. Es el progreso sin horror. Las avispas se acumulaban en los castillos de las viejas ciudades antiguas, incluso están en Homero. Francis Ponge las considera muy estúpidas, se parten en dos y siguen viviendo, tardan un día en entender que están muertas, incluso se agitan más que antes. Ponge dice que son el colmo de la estupefacción preventiva. El ninfo es el último modelo militante castro chavista de negación del horror.

JFP: ¿Tiene que ver con el museo de la memoria acá?

LT: Aquí no llegamos a eso, pero está el tema del maniqueísmo. Todorov tiene una nota muy buena, “El Viaje a la Argentina”, y señala que hay sólo una clase de víctimas. Los Mor Roig y los Rucci no cuentan como otros tantos crímenes aberrantes. Tampoco los soldados que defendieron el gobierno constitucional, me refiero al de Perón aunque dentro de él se cobijara a las Tres A. Se optó por simplificar la cosa en términos de blanco y negro y reiterar todo el tiempo esos colores con el objetivo de presentar a los K como una especie de ex combatientes. La Argentina tiene un exceso de memoria. O sea, es una memoria “obligada”. Ahora pareciera que tuviéramos que ganar todos los días la batalla de Obligado. El combate nacional y popular es contra los mismos espejismos de la lengua.

JFP: Vos decís en algún lado, o lo citás de alguien, que la sátira surge en momentos en donde la sociedad está a punto de decaer. ¿Y vos decís que Asís es un escritor satírico?

LT: Sí… eso lo dice Arnold Whithead en Las aventuras de las ideas, muestra que la sátira aparece al final de todas las civilizaciones, Luciano, Rabelais, en un cambio de período. O el final catastrófico de otro como el caso de Kraus. La segunda guerra mundial todavía para mí no terminó. Corea del Norte y Corea del Sur tienen un armisticio, todavía sigue. Como un efecto retardado, pero sigue y ahí tenemos a los nuevos redentores el comunismo en puerta. La primera guerra es una guerra de águilas, sin motivos económicos como proponen las tesis leninistas, una guerra de imperios que hasta entonces comerciaban bien como Alemania y Rusia. Fue una guerra de prestigio en el sentido hegeliano que entusiasmó a Freud y a los futuristas. Freud estaba muy entusiasmado con ella, eso se lee bien en la correspondencia con Jones. En los futuristas se convierte en estética. Apolllinaire dice que la guerra es “jolie” y describe orquestas de cohetes en el cielo. Después de la carnicería Freud escribe que hay que aprender a hacer uso de la decepción. La segunda guerra mundial es una guerra no de imperios sino de Estados-nación que reaccionan ante la globalización anglo-americana. Pero tampoco respondió a motivos económicos sino a la humillación de la primera que Hitler supo explotar. Surgen nuevas formas de escritura, de percepción y de sensibilidad. La guerra actual es contra la globalización que no es sino la extensión de la democracia y tiene la forma de una matanza contra los civiles como está sucediendo en Siria… los charlatanes tipo Galeano asocian la globalización al imperialismo y terminan con Irán, Chávez, Al Baschir y los integristas. Kraus dice que el diablo es optimista al pensar que el hombre puede llegar a ser más malo. Ahí Arendt hace un retrato extraordinario de Eichmann que es un nuevo punto de partida donde el mal y la banalidad se vuelven indistintos. Eichmann, ese hombre que era clave en la logística de los campos, creyó que obraba bien, que cumplía con su deber hasta el momento en que fue a la horca. Los judíos eran estadísticas. Es casi un amigo, escribí en una nota reciente, en los tiempos de la dictadura decía algo habrán hecho, después aparecieron los de izquierda que están ahora en la farsa del libro en Cuba negando la existencia de miles de asesinados, desaparecidos, torturados que ni siquiera son estadísticas y los auspiciantes del menemismo y el kirchnerismo que dicen “roban pero hacen” y pasan por alto el estado de derecho, a la mayoría le gusta el mafioso. Los ideólogos de la servidumbre voluntaria no serían nada sin estos hombres sin cualidades.

LE: La periodización histórica no coincide con la periodización literaria. La historia, que es lo que pensábamos hablar con vos, como modo para abrir un poco la literatura, sirve pero le va la saga, simultánea o paradójicamente.

LT: El historiador tiene la tarea o el objetivo de separar a los sujetos contemporáneos de los hechos históricos, que es lo contrario de lo que se hace acá, me refiero a la cháchara hegemónica. Tiene que tratar con cosas y seres muertos. El revisionismo hace lo contrario: son los muertos los que están vivos y se los usa contra los que todavía lo están, así, los zombis vienen marchando como en un poema de Lucio Greco. Se cogen todo el tiempo entre ellos y vienen por nosotros. Son revisionistas extremos. El revisionismo con sus discos rayados trata que vos vuelvas a vivir algo que incluso fue falso. Hay distintas formas de revisionismo y distintas formas de negacionismo. Han evolucionado en sus métodos.

LE: Pará, permitime entender, vos decís que el negacionismo hace revivir algo que ni siquiera pasó, ¿cómo lo hace revivir?...

LT: Al negacionismo podríamos tomarlo como una forma extrema, maniática de revisionismo. Con revivir algo que no existió se puede hacer literatura y de la mejor. Pero el revisionismo de corte estalinista vuelve a matar a las víctimas diciendo que no existieron para propiciar nuevos crímenes. Grousacc decía que con la historia uno puede tomarse libertades, inventar, pero sin contradecir los hechos. Aquí se trata de negarlos o de invertirlos. Un ejemplo es el caso de Hobsbawm la referencia por años de la TV pública que a través de él presenta la segunda guerra mundial. El tipo escribe de otra manera la historia. La masacre de Katyn, él se la atribuye a los nazis, cuando los nazis estaban asesinando en los ghettos. El mismo Putin en nombre del estado ruso acaba de reconocer la masacre de Katyn. Para Hobsbawm no existió la guerra de Afganistán de ocho años, no existió el comunismo, Mengistu y Pol Pot no existieron: este mató dos millones, un cuarto de la población, imaginate que alguien soslayara la existencia de Pinochet que tuvo tres mil víctimas. En la TV pública lo citan todo el tiempo. Vos terminás de leer a Hobsbawm y vas al partido comunista. (Risas.) Que te hace terminar en el PJ, todo siempre va a parar a ese asador y ahí aparece Laclau para el cual Mao por ser popular deja de ser el exterminador por excelencia. La novedad revisionista actual es hacer negacionismo pero en nombre de la democracia, como Chomsky. En ese contexto analfa nace el pacho revisionismo (Risas).

JFP: ¿Sería el devenir zombie del sujeto de nuestra época?

LT: Todo en la Argentina termina en el PJ, salvo que tengas una línea de bifurcación que te la tenés que inventar vos. Para sortear ese llamado a no leer, esa anti-transmisión que es la difusión que en última instancia promueve el retorno de los faraones. Que considera que el mercado es el mal y hace la apoteosis de la mercancía espectáculo y una política donde la única competencia es el tráfico de influencias propio de la mafia. También tiene que ver con esto que yo digo de los ninfos. Los ninfos pueden tener que ver con los Tadeys de Osvaldo Lamborghini, aunque éstos son hipersexuales, en cambio éstos de nueva generación se han ido vaciando y quieren ser arrullados por los neomatriarcados. No sé si vos leíste a Valerie Solanas, la que le pegó el tiro a Warhol. Ella quería amputar el sexo, decía que el pene era producto de la deformación, escribió un manifiesto para el exterminio del hombre. Terminó pegándole un tiro a Warhol porque Warhol no creía en el espectáculo. Es como si vos tuvieras que llorar cuando lo pide el espectáculo, hablar de las víctimas cuando lo propone la agenda del espectáculo. Las matanzas de coptos en Egipto o de católicos en Nigeria son productos no consumibles, todas las lágrimas se guardan para los niños palestinos que Hamas coloca arteramente en los blancos militares. En occidente van ganando por robo las técnicas de Mein Kampf no sólo implementadas por Ahmanideyad sino por las crédulas Universidades. Basta imaginar que hubiera sucedido si Israel hubiera hecho la cuarta parte de lo que hicieron los Assad con su propia población: todas las ciudades se hubieran atestado de indignados, las embajadas habrían sido atacadas, las banderas quemadas, etc. Es la miserable farsa actual, nadie se atreve a contradecirla como ayer a los crímenes del comunismo. El ninfo odia a Estados Unidos pero cree en Hollywood, nunca se va a salir del libreto, protestar si la ley Sopa no le deja bajar música y ahí te das cuenta que considera a Internet como algo suyo, combate el imperio pero quiere que este le ofrezca el mejor servicio. No se le pasa por la cabeza con este ejemplo evidente que la globalización termina socializando su producción, no dice nada de la censura sobre facebook en Venezuela o Nicaragua.

LE: Un alma bella progresista, digamos…

LT: Lo que a mí me interesa es la relación con el crimen. El ninfo niega el horror y el crimen. Y todo en nombre de la moral.

LE: Porque lo reescribe para negarlo o para revisarlo negándolo, como cuando te dicen: “es más complejo”...

LT: Porque participa de una empresa, que es el negocio de los pueblos oprimidos. Aquí lo vemos con los Qom, les roban las tierras, los matan, los enjaulan para que no voten, el defensor del pueblo declara contra ellos, la policía dice que no puede intervenir y los que se pasaron atacando el monumento de Roca, cobrado para dar conferencias, mantienen el pico cerrado. Así pasó siempre. No querrán enterarse del genocidio en Darfour porque son las milicias fundamentalistas las que asesinan de a miles a otros musulmanes y eso no está en el programa Al Bashir y los secuaces de él van y lo exterminan todo. Vos ya no podés creer lo que vos pensás. Por supuesto que estos revisionistas creen a pie juntillas en todo lo que piensan. Osvaldo Lamborghini hace un trabajo tal con la negatividad que no puede ir nunca hacia un fascismo. La negatividad es poner en escena la fusión de los antónimos, las Tres A y los montos, y prefigurar un futuro de nombres indistintos

LE: ¡¿Eso sería lo que permite decir que Céline no era nazi?!

LT: Es otro de los que delira el nombre judío. Parece que la cosa empezó según Phillipe Muray cuando los directores de teatro le rechazaron unos textos. Warhol hizo algo parecido con Valerie Solanas y ésta la pegó un tiro. Pero Céline no pasó al acto, escribió las Bagatellas, pero no se quedó ahí. Mariano Dupont tradujo una serie de trabajos en su blog sobre el asunto, hay que leerlos, en especial los que lo toman desde el lado judío. Solanas escribe el manifiesto del exterminio del hombre, ignora que el hombre es uno de los hombres el exterminio. Céline dice que todo puede ser cuestionado, menos la humanidad del hombre. La humanidad es roussoniana y pelagista por naturaleza. Pero aparece el nombre judío y empieza el delirio, las universidades están viviendo de eso. Eso pasa cada vez más con muchos judíos y Shlomo Sand es la prueba viviente de la basura que consume hoy el progresismo. Eso vale para el neo revisionismo antijudáico que se prepara para sustituir, renovar a Mein Kampf tras la caída de las dictaduras. Para que no se den cuenta que la pobreza en Egipto o en Libia no se debe a Israel. Quieren otra nochecita de Walpurgis. Es algo inmensamente miserable. Aun si los judíos son espectros, tendría que hablar de los enemigos que tiene enfrente, ni una palabra. ¿Dónde está el nazismo en Viaje al fin de la noche? No lo sé. La verdad es que no lo veo. Fue otro de los que deliró ese nombre. Fijate, Deleuze, que hizo notables lecturas de los clásicos de filosofía, no tiene ni idea de quién fue Arafat ni lo que pasó en el Líbano, describe en Los Indios de Palestina, un texto aparecido en Liberación, el conflicto de Medio Oriente como una lucha entre vaqueros y pieles rojas, parece que vio demasiado cine norteamericano. Este es uno de los escándalos filosóficos del siglo porque Deleuze no es un autor de segunda, no es Slhomo Sand, el máximo negacionista hasta ahora, que afirma que los palestinos son descendientes de los judíos originarios y los judíos actuales, bueno, son espectros. De un modo u otro estos progres fascistas siempre llegan a La cuestión Judía de Marx, que dice que los judíos son el capitalismo y tienen que desaparecer para que venga la arcadia. El único que resistió a eso fue Foucault en su seminario de Cómo defender la sociedad que ve el relato bíblico como resistencia a las Babilonias resucitadas y las que van a venir. Por supuesto, nadie en los medios, aunque citen todo el tiempo a los autores, repara en esto, lo consideran chino básico. También a perfectos desconocidos a los pocos que piensan algo como Eric Marty, tomado en consideración… sólo cuando escribe sobre Barthes…

LE: Cuando vos dijiste, cuando uno no puede creer lo que piensa es cuando se rompe la posibilidad de que el tipo sea un nazi.

LT: El punto de inflexión está ahí: no creer lo que se piensa a diferencia del setentismo que creía literalmente en lo que pensaba, esto te hunde en un agujero. No es casual que los setentistas en su mayoría admiren a Heidegger. Meschonnic ha mostrado que piensa el verbo Ser al revés de Kafka. Heidegger cree en la Lengua pura. Hay que leer su libro sobre Heidegger sino no se entiende lo que estoy diciendo. Una vez que entrás en el laberinto hermenéutico del Ser no salís más. Te va aspirando. Por eso hay que construir un territorio cero, fuera de esas líneas de lectura. En la Argentina lo hago desde Alberdi, Macedonio, Murena, todos los que van en contra de un estado total o una democracia delegativa. Murena plantea una democracia jerarquizada. Es lo único que puede evitar el caos y la vuelta al campamento, lo que no significa caer en Carl Schmitt.

JFP: ¿Qué relación encontrás entre la escritura y el trabajo?

LT: El noventa por ciento es trabajo, el resto es inspiración, decía Baudelaire. Cuando te sale algo que te sorprende de un solo tirón no sé si se trata de inspiración o lo que fuera. Por ahí hay un trabajo invisible que está funcionado. El trabajo está vinculado a la educación. Arendt vio que la educación cada vez se aproximaba más al juego, que cada vez había menos exigencias y que esto termina en la reproducción, en el fin de todo principio de autoridad que para ella es lo contrario del totalitarismo. Una discípula suya, Inger Enkvist, rara avis que critica los constructivismos posmos centrando la educación en la lectura, dice que la computadora habría que dársela a los alumnos avanzados, a los quince años, porque en vez de trabajar navegan al azar y mandan mensajes a los amigos. Habría, por otra parte, que dejar de lado tanto humanismo descerebrante y tomar en cuenta las ciencias duras. Algunos tercermundistas piensan que Cristóbal Colón antes de darse al mar, ya tenía programados genocidios de indios. Como que podía haber habido otro pensamiento en esa época. Que era ir a buscar tal cosa a la India. A mí me interesó mucho la aviación. Yo quería ser aviador, fui a la Fuerza Aérea. Yo tenía quince años, quería pelear para el lado de los buenos. (Risas.) Pero tenía pie plano. Me sirvió eso para hacer muchos goles de chanfle, de tiro libre, pero no para manejar aviones. (Risas.) Pero escribí una novela que no publiqué que se llama El vuelo del Pampero. El Pampero es el nombre de un globo que piloteó Newbery. Me puse a estudiar cómo nació todo eso. Hay distintos inventores en distintos países. Ford, que como persona era un HP, ¿no?, escribió un libro antisemita. Todavía la gente lo lee. Lo vi en los blogs. Me fijo cómo va la lectura, las cosas que circulan. Y va muy mal. (Risas). El gobierno al darle tanta manija al antiliberalismo, al revisionismo, engendró muchos delirantes. Creen que país está en manos del sionismo internacional. Y ecologistas que piensan que los transgénicos están devastando los campos y matando a la gente con cáncer. Basta hablar con un técnico del INTI o un chacarero para saber que no es cierto. Argentina está en una cosa fordista del trabajo, en la sustitución de importaciones que no pudo sustituir nada pero que se fue devorando todos los stocks de capital, empezando por la ganadería y llegando a los guantes de látex o las jeringas. El ochenta por ciento del país vive de las importaciones, pero se mantiene el mito a favor de los capitalistas amigos. En cuanto a los orígenes de la aviación, Ford pone el motor, el motor a explosión. Los hermanos Wright lo incorporan a una bicicleta a la que dan alas. Tenían una hermana, que era profesora de griego. Miraba. El primer avión sale de una fábrica de bicicletas. Hay que ver la combinación que hicieron. Hacen el primer aeroplano. No sé si fue el primero, después vinieron las locuras de Linderberg que cruzó el océano, de San Luis a París.

JFP: ¿Y cómo relacionás esto con la escritura?

LT: Al final de Los Lanzallamas, Arlt dice que la guerra de futuro será aérea y química. Buen olfato. Los clásicos eran escritores terrestres, pensaban que lo alto estaba allá arriba, en el cielo. El viaje de Baudelaire ya encuentra a los zeppelines. Ahora uno aunque no lo advierta esta situado en el espacio, defendiendo al Cielo del asalto de lo zombis (Risas). Bueno, eso es lo que yo traté de hacer. No sabía qué iba a pasar. El tema de la novela es la repetición. Un tipo quiere repetir exactamente el vuelo de Newbery, no se sabe si para recuperar una mujer o perderla definitivamente. Hay un montón de hipótesis sobre ese vuelo. Además eso lo escribí como hace cinco años. Después lo dejé ahí. En realidad, nunca pensé hacer carrera literaria, no fui donde no me llamaron, para publicar tenés que ir por las editoriales, los concursos, cuando los que te publicaban ya no lo hacen porque cambió la mano…en el secundario escribí una obrita de teatro, la dieron en el Larreta primero y luego en el San Martín, pero después me desconecté de ese mundo. Escribía para mí, la culpa de que volviera a la escena la tuvo Luis Gusmán, iba a la librería a comprar libros, un día me dijo traeme algo, le llevé lo que escribí sobre Raucho, el dandy de Güiraldes, me interesaba cómo el tipo luego de pasar a través de mujeres increíbles termina queriendo fusionarse a la Madre Tierra.

JFP: ¿Ves alguna relación entre la libertad económica y el acto de escritura? ¿Es dependiente de la creatividad el modo en que uno se gana la vida?

LT: Bueno, creo que Puig, por ejemplo, trabajó de lavacopas. No debía ganar mucho pero eso le daba libertad. Mientras más lejos estás de la universidad, más libertad hay. Especialmente en una época donde todo se iba transformando en militancia. Lorenzo García Vega tuvo que exilarse de Cuba, ganarse la vida en un Mac, mientras eran laureados los poetas de la nomenclatura. Los poetas locales de la servidumbre voluntaria van a aplaudir a los emperadores Castro y que la Seguridad del Estado siga asesinando y encarcelando con total impunidad. Murena dice del capitalismo que te da la libertad incluso para morirte de hambre. Es casi un elogio. No te roba la muerte, te deja en la plaza y arreglate. Eso pasa hoy aquí, hay un 30% de pobreza pero no en países donde se hicieron bien las cosas en una línea que puede ir de Australia hasta Taiwán. El nazismo y el comunismo te la roban. Hay que leer a Lefort, Un homme en trop, para entender eso. Después leí que Arenas decía que en todos lados te dan una patada en el culo pero en socialismo tenés que aplaudir. El de los Castro, aclaro. Esas pequeñas cosas muestran que no tienen nada que ver los dos sistemas. El capitalismo incluso siendo mafioso ha tenido efectos más benéficos que ese discurso de la solidaridad, de lo equitativo, todo eso, terminó siempre en…

LE: A nivel literario sí produjo cosas.

LT: En la zona concentracionaria, como vos tan bien decís, se escribieron cosas que no tienen comparación. Yo creo que el dinero, mejor dicho, la moneda, no existe en la Argentina, quiero decir, no tiene sujeción. Jean Bodin, uno de los primeros teóricos de la soberanía asoció a esta con el poder de acuñar moneda por parte de los monarcas. Esta moneda debía ser reconocida, en China había pena de muerte para quien no lo hiciera, en Occidente era un delito castigado. Pero después los Estados descubrieron que la mejor manera de estafar al pueblo es emitir moneda. Y todavía no salimos de eso, en la Argentina y en Europa, ahí tenemos a los Paul Krugman y a los Stigltiz, hacen lo mismo que Evita o Alzogaray, proponen resolver la crisis europea emitiendo moneda o con bonos. Y Francois Hollande parece que quiere poner la tasa Tobin si gana las elecciones. Todo eso significa más burocracia y menos mercado. “Pongo impuestos y luego distribuyo”, Europa, salvo Alemania, no puede zafar de esa fórmula suicida. Escribí en detalle sobre eso. Lo primero que tiene que hacer un país es darse una moneda sólida, como hizo Cardoso en Brasil. Retrocedé diez años, veinte años y compará a Europa con Brasil para no hablar de la Argentina. Hay una relación entre el significante del dinero y el trabajo. El trabajo ya no existe en el sentido que tenía en el proceso que va desde el valor trabajo de Marx al capitalismo fordista en el que fuimos educados. Lo físico ya no es la principal creación de valor y esto supone otro tipo de educación. Siempre va a haber alguien que cargue bolsas. El trabajo que hoy más “pesa” es inmaterial. El trabajo era un castigo en la Biblia, uno lee lo que dice Primo Levi, que los nazis le hacían llevar y traer una piedra… y lo consideraba peor que la tortura física.

LE: Yo acuerdo con vos, pero mirás las cosas desde otra altura, porque la verdad es que la gente labura.

LT: Yo hablo del trabajo como un concepto económico, no como esfuerzo o sudor. El trabajo parasitario aunque se sude la gota gorda convertido en causa nacional es una estupidez. En Cuba la gente finge que trabaja, tiene que hacerlo si no los meten presos por vagos. El trabajo que cuenta hoy es el inmaterial y el intensivo. La educación debe estar en función de esto. Pensar la relación entre trabajo inmaterial y el ocio, que es muy importante. Ahí entra la literatura, que tendrá que hacer los suyo para ir abandonando los fantasmas fordistas de nuestros abuelos e inventar otras genealogías. En Sekuppu analizo la sexualidad en relación al trabajo, como si el discurso sacrificial del inmigrante tipo mi hijo el doctor hubiera terminado en una cogida entre Bonavena y Monzón con garfios que para Osvaldo Lamborghini era lo no dicho de la ideología argentina. El fantasma fundamental. Que también se ha desplazado, inmaterializado, ahí aparecen los ninfos y la exploración de otra trama.

JFP: ¿Pensás que la tuya es una literatura de ideas, que cruza cierto tipo de saberes y registros históricos?

LT: El asunto es que hay tales ingredientes de saber y hay que ver qué pasa. Porque puede salir como puede no salir. Yo tengo una novela que se llama El principio del arlequín, tiene más de quinientas páginas, son muchos relatos que se van encadenando en simultaneidad, creo que es de lo mejor que escribí. Tiene que ver con la teoría de la combinatoria universal de Leibnitz. Yo quería hacer como una combinatoria singular de relatos, narrando todo lo que me era enigmático, explorándolo, descubriéndolo al narrar. Lo escribí a fines del noventa y desde entonces parece cada vez más realista. El árbol de la esquina se fue volviendo cada vez más real, había que comenzar por eso ¿no? Después, el problema del acontecimiento. Nosotros somos un punto en una curvatura de espacio-tiempo que es infinita. Donde hay cuatro coordenadas. El problema es cuando uno falla en la coordenada (Risas). Cuando el acontecimiento está cubierto, neutralizado por la fraseología recordando a Karl Kraus. Esta teoría del espacio-tiempo te muestra lo siguiente, que ya somos una singularidad, no hay que esperar a la revolución o la toma de la Casa Rosada. Y cuando todo es fraseología tenemos que recordar con Tácito que los más grandes acontecimientos son los más desconocidos y partir desde hechos mínimos como hizo Kafka.

LE: Bueno, pero es todo lo contrario de la revolución, que no es la singularidad, es justamente la masa…

LT: La singularidad te dice que hay como una especie de revolución permanente que es también una contrarrevolución. Nosotros ya somos un acontecimiento. Ahora, que vos trabajes para no ser un acontecimiento, es un trabajo neurótico que…

JFP: ¿Una ética de la renuncia?

LT: Una renuncia a valorar y afirmar algo. Yo a los diez años recitaba poesías modernistas en un hotel de Punta Mogotes, después me pidieron que cantara y le daba al tango. Bueno, no me gustó que me aplaudieran y menos que me franelearan las mujeres que me agarraron en un garaje. Me querían regalar algo, bueno, dije al final, encima de una que me había alzado: un auto. “Un autito para Luisito”, repitió la mujer, no un auto, aclaré, mirándola mal, como los que veía en el garaje, un autito, un autito seguían diciendo las cotorras. Esto se lo dije a Sergio, ese día fue decisivo en mi vida: no quería autitos, tampoco iba ser artista popular, no me gustaba el aplauso colectivo que por otra parte no me merecía. Era más tentador ir contra las convicciones del público, que no todo fuera tan dado y tan fácil…

JFP: Y los temas de tu literatura…

LT: En la poesía trato de ser lírico. Es un punto de partida, después intercepto otras voces.

LE: Si uno hiciera un punteo de motivos, aparece la ciencia como uno de tus temas.

LT: La ciencia es una especie de idiolecto. Alguien dijo de Match que estaba tan inculcado de positivismo que ya todo lo que hacía era positivista. No lo es tanto el aleteo de una mariposa en Pekín que produce un tornado en California. El avance de las ciencias se va a intersectar con los fantasmas que nos vienen de la revolución industrial, no se sabe qué va a pasar. Hay cosas que puramente ideológicas. Sergio Rienzi tiene una frase que dice que no es médico pero ve cuando la muerte viene galopando, algo así, está muy bueno eso, escribió un poema sobre las mujeres viejas. La mujer vieja es algo que interesó mucho a Nietzsche. La mujer y la verdad tienden a excluirse. La mujer es infiel porque es fiel a otra cosa de la que nosotros creemos y pide que la vuelvas infiel haciéndola tuya pero después si busca a otro eso es otro problema. Aquí no quiero dar conclusiones o profecías.

LE: Algo así como una lectura de lo sagrado que cruza con lo profético y para mí se emparenta con Murena.

LT: A veces lo profético disuelve lo sagrado. La función que tiene en la Biblia es esa. El amor siempre se vive en un estado profético donde se va inventando y es amenazado por lo sagrado que quiere llevarse el botín sin haber hecho nada. Casi siempre aparece bajo la forma del fetiche. Hay un vínculo entre lo sagrado y el fetichismo y entre lo profético y lo literario.

JFP: Lo sagrado en la Biblia es fusional y puede disolverse. ¿Pero cómo disolver la sociedad sagrada de los poetas? Hay una guerra de salón sobre quién es el poeta laureado.

LT: El talibán de salón es el bienpensante martirizado. Es una estupidez esto de gran poeta nacional instituido por burocracias y no por los lectores. O nombrar desde arriba quién es el mejor escritor. El primero es ya un sucesor. Y acá siempre se está buscando nombrar al primero. Nadie va a decir yo soy el primero. Nombro a otro como primero. Piglia, que es un tipo bien zorro, no dijo que Borges es el mejor escritor, el primero, dijo que es el mejor escritor argentino del siglo XIX. ¿Y Piglia quién es? Sin duda, un escritor interesante que captó el lugar de Alberdi en la historia, que estaba fuera del nacionalismo y de ese tipo de liberalismo que desde la década del setenta de va a unir al populismo, desde Rodrigo-Zinn hasta Boudou, pasando por Cavallo y demás. Pero lo dejó ahí. Lo critiqué cuando oponía Arlt con Borges en literatura y la utopía a la posibilidad de una modesta democracia en los ochenta. Pasó de abrir la lectura de Alberdi a la utopía, no cualquier utopía sino una bien situada que tenía su capital en La Habanacastrista. Anuló la misma línea de transmisión que abrió. Eso fueron haciendo la mayoría de las vanguardias. No me quedó sino cruzarlo en cuanto a las líneas de transmisión. También me asombra la asimilación de Macedonio, que proponía en su teoría del estado un máximo de individuo y un estado mínimo a Contorno que iba por un camino contrario. Hubo una gran dimisión, se instituyó un agujero negro que se traga las posiciones enunciativas en la gran familia nacional y popular. Ahí aparece el zombi terminal, imagen inversa a la criatura que propongo en mi primer libro. Doy un ejemplo, porque se repite seguido. Hace poco un amigo en una discusión me dijo: no hablo en nombre del Estado sino del pueblo que es el Estado. Y bien, Mussolini repetía eso todo el tiempo, que "el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo". Estaba repitiendo a Mussolini en nombre del progresismo, de los derechos humanos, sin entender que en el estado fascista no había garantías mínimas para el individuo que no quiere participar del fascismo.

LE: Así, en su propia lectura, Piglia se quedó solito en el siglo XX. Si ventilás un poco el siglo XX te ponés vos, parece decirnos. Es una estrategia evidente y gritada.

LT: Se quedó sólo en una universidad norteamericana, se aburrió del Piglia argentino y fue en busca de otro y le hizo bien. Ahora critica a Cuba, no puedo esperar que apoye a Bush como Vaclav Havel o lea a Dantec pero algo es algo. De pendejo yo ya decía eso, que Borges y Arlt estaban del mismo lado, la literatura. Ahora está Sarmiento vs. Rosas. Que es peor todavía, porque no tienen nada que ver. A Rosas hay que verlo en relación a Rivadavia. Alberdi lo que dice es que Rivadavia al suprimir los cabildos, que eran formas de democracia donde la gente hablaba y todo eso, produce como efecto el rosismo. Todo el análisis de Alberdi. Si vos ponés a Sarmiento y a Rosas, vas a ver que forman parte de lo que digo de los ninfos, de un conjunto indistinto. En un gobierno en el que está Moyano que viene de las tres A y Bonafini, la cosa no termina bien. Eso produce el efecto de Milner en el libro Los nombres indistintos

LE: Pero yo lo entendí a eso cuando decíamos que los lectores leen dormidos.

LT: La biografía está dispuesta para que se lea siempre lo mismo. Dime lo que lees y te diré quién eres. Los autores que considero importantes aquí no se los lee.

LE: Yo entendía los nombres indistintos en ese camino, digamos, un tipo que en el 70 daba lugar a algo así como a una revolución estilística, que movía un poquito el agua, ¿cómo fue que cerró esa ruptura, cómo esa grieta fundamental hoy no sigue adelante? ¿Por qué ese tipo hoy está en los nombres indistintos, en el cualquierismo?

LT: Hubo un montón de traumatismos en la Argentina. La catástrofe no es representable. Y puede ser que de eso venga el cualunquismo. Lo único que se transmitió de las catástrofes es que el Estado es bueno y el mercado es malvado. De ahí al zombi hay sólo un paso.

LE: Los nombres indistintos es lo contrario al horror. El horror, vos decís, es tautológico.

LT: Auschwitz es Auschwitz. Para mí eso significa que el horror no puede ser invertido.

LE: Mi pregunta es ¿por qué hay escritores que se idiotizaron y otros no? ¿Siempre algunos fueron idiotas?

LT: (Risas) Hay varios efectos terribles o de catástrofe que golpean, como el del 2001 sobre todo donde de un día para otro todo el mundo se volvió tercermundista y con esa fachada se blanquearon los mismos que se hicieron multimillonarios en los noventa. Ahora están todos juntitos. Yo estaba en Literal, y vino el golpe del ’76 y yo dije que había que decir algo de lo que pasaba. Había caza de brujas. Yo no conocía a nadie, llevé un trabajo, el de Raucho que te dije y me pusieron como director. Entonces empecé a dar mis opiniones. El manifiesto se había escrito antes del golpe y para mí había que decir algo, yo tenía dos amigos desaparecidos. Literal introdujo dos o tres chistes en medio de la matanza general.

LE: Pero de la gente de Literal uno de los únicos que zafó es Lamborghini, como también Jorge Quiroga y en otro sentido Germán García. Vos mismo decís: Lamborghini quedó atravesado por el psicoanálisis, atravesado por distintos discursos pero pudo salir de ahí y seguir caminando.

LT: Él ya no estaba en la revista, nunca entendí bien por qué, era algo entre él y Germán García, a mi me pareció que se querían demasiado. El manifiesto de 1977 era contra el realismo, en contra del izquierdismo. Estaba de acuerdo pero yo quería poner algo sobre la caza de brujas de entonces, pero no quisieron cambiar una línea. Dijeron que yo era neurótico, podía ser pero no se trataba de eso. Si Literal hubiera puesto eso ahora serían próceres.

LE: Es decir, en el momento de la catástrofe ya se confundieron, ¿eso querés decir?

LT: No aceptaron lo que se estaba jugando en relación a la muerte. Lo mismo pasó en Sitio. Se pudrió todo cuando vino Malvinas. Vino la guerra de Malvinas y todo el mundo no apoyó a los militares sino que vieron no se qué nueva posibilidad de nuevas relaciones sociales, supongo, por lo que leí, basadas en el antiimperialismo. Aunque la dictadura tuviera las mejores migas con Fidel Castro, esto era pasado por alto. Lo primero que dije es: Inglaterra está en la OTAN. No iban a dejar que unos guapos argentinos patotearan el Atlántico Sur. Y aparte estaba el problema de los desaparecidos. Malvinas pertenece a la Lengua, tal es así que ni bien apareció el disco –las Malvinas, argentinas–, ese eterno disco rayado, los desaparecidos desaparecieron. Y con eso toda posibilidad de crítica. En esa época yo era tomado como de izquierda, incluso de ultra. Eso no era de izquierda ni de derecha era un problema de crimen. Y hay un montón de países donde tipos de ultra derecha se vuelven de ultra izquierda. Como pasó en Etiopía. Es decir, siguen haciendo lo mismo, o peor, pero con la inmunidad de tener el apoyo de Castro. El único amigo que tenía era Luis Gusmán, alguien muy generoso pero que no se metía en estas lides.

SR: Otra forma de la pregunta sería: ¿Por qué en los 70 algunos autores fueron centrales y ahora están dentro de una nómina de olvidados?

LT: Siempre hay nuevos íconos. Luis Gusmán ya pasó a ser, no te digo un clásico, pero ya un escritor reconocido. Me interesaban Osvaldo Lamborghini o Hugo Savino, con ellos me podía “pelear”, no se asustaban de los que entonces estaban confinados a lo incorrectamente político. Más bien se reían, no simulaban llevar el peso de la Sociedad sobre sus espaldas. Tuvieron posiciones jugadas, leyeron a contramano, Savino a propósito de Poliscuerpón dice que lo que se desea es un dictador que sea esclavo del pueblo, imaginá eso dicho por cualquier escritor de esos momentos, incluso de los que ahora circulan, es inverosímil. La cultura argentina tiene distintos estabilizadores pero el objetivo es reproducir el sistema prebendario, estatista, cleptocrático, en claves populistas y socializantes. Ahí es donde se acomodan. Está lo que llamo el “loco de los suplementos” que quiere venderte la cumbia villera que suena todo el día en el Coto como la gran transgresión. Sitio parecía una revista de ruptura y se volvió estabilizadora. Había una angustia colectiva. ¿Cómo un psicoanalista lacaniano después de leer a Freud va a empujarte a la masa? Aunque vos estés de acuerdo que la masa linche a alguien no podés empujar para el lado de la masa. Ahora hay un neo-negaconismo. Son como Alejandro Kaufman que te dice que tanto el genocidio de Stalin como el de Pol Pot son de derecha, es decir, que no fueron marxistas leninistas. El marxismo leninismo, ¿es de derecha o de izquierda? La izquierda se volvió analfabeta por eso es fácilmente penetrada por el antijudaísmo, se comen cualquier mierda que sea contra Israel, con eso creen dormir tranquilos. Castoriadis dice que el marxismo leninismo ha sido ideología más criminal que hubo en la historia, superó largamente en crímenes al nazismo, que los concentró y no tuvo más tiempo de seguir el exterminio. A este tipo de negacionismo podríamos llamarlo alucinatorio pero es brutal porque de un trazo elimina toda la obra de Claude Lefort que es excepcional. Eso explica la reacción ante la carta de Oscar del Barco que “narra” lo que fue el marxismo leninismo, lo que es en Cuba. Pol Pot se formó en Francia, conoció a Sartre, recibió la enseñanza de Ho Chi Minh.

LE: ¿Escritores contemporáneos?

LT: Yo frecuenté un cuarteto. Porque esto de Malvinas, son como nudos de transmisión donde siempre hubo alguien que habló aunque no lo escucharan. Para mí los cuatro son Murena, Di Benedetto, Cerretani y Osvaldo Lamborghini.

LE: ¿Y Sánchez?

LT: A él lo leo sin confrontación, como a un jugador de truco, un músico de jazz que hace variaciones libres en una sola larga frase, ritmada e interminable.

LE: ¿A qué le llamás líneas de transmisión?

LT: Estas líneas se van a escuchar cuando se termine de buscar al mejor que cada vez empeora más. En "Mosaico para una reedición inédita" narro de manera delirante cómo funciona el dispositivo cultural, se proclama un Autor, el mejor, el que hace las veces de primero, y empieza el canibalismo, al final se lo van comiendo, quieren hacerle firmar un texto que ya no importa si lo escribió o no, se ha logrado la utopía del mismo texto, por siempre reeditado y perpetuamente inédito. Nadie le dio bolilla a ese relato, salvo Américo Cristófalo, es un relato que tiene por objeto la transmisión: la que hay en curso, cuenta, lleva al canibalismo y al suicidio. Hay una gran devaluación entre Viñas y Cucurto. Ahora el mejor se ajusta no ya a un intelectual, como Viñas, sino a un zombie. Por eso Piglia agarró y puso “del siglo XIX”. ¿Es mejor Mansilla que Sarmiento? Puede ser. Es un absurdo. Leamos Recuerdos de provincia y las Memorias de Mansilla. Varias veces me pregunté por qué Viñas no terminó el libro de Mansilla. Viñas un libro de ensayos te lo escribía en un mes, en una semana. No lo terminó, conjeturo, porque vio cómo venía la mano. Viñas participó en el caso de María Soledad y celebró la sentencia como un logro de la democracia. Participó en el pedido de intervención de los Saadi. Ahora, en el caso de Mariano Ferreyra, no se metió, como si ya no quisiera pelear. Estaba rodeado de obsecuentes al oficialismo. Se fue a dormir con el enemigo, en realidad nació a destiempo, debió pertenecer a la generación del ochenta. Fue el lector más apasionado de La Nación, que va a extrañar sus subrayados. Ahora la monja Pelloni le escribió una carta a Insfrán donde denuncia el uso de niños como mulas que pasan por la frontera, la frontera, la indiferencia de la gendarmería…en otra época hubiera habido un escándalo pero nadie quiere enterarse de eso hoy…

JFP: ¿Podés diferenciar a Mansilla de Sarmiento, o no te interesaría hacerlo?

LT: No… eso lo hicieron Cristófalo y Savino en un muy buen reportaje a Viñas que leí en El interpretador. Ya dije por dónde va mi lectura. Savino y Cristófalo son dos interlocutores que tuve. Nunca estuvimos de acuerdo en todo, muchas veces nos agarramos duro, pero han leído libros, los saborearon. Nos pasábamos libros. Savino dice dos frases y da cuerda para un libro. Cristófalo es el mejor sofista que conocí, te puede convencer que el triángulo es un cuadrado, es falso, pero que puede ser cierto en otra geometría. Los sofistas tenían el mérito de multiplicar los puntos de vista. Te obliga a cargar con la Verdad, a ser un platónico a pesar tuyo y eso irrita. Ojo: si querés hacer un sofisma haciéndote el vivo podés pasar y hasta volverte imbécil. Para mí lo mejor es el aforismo, que no vale por su verdad o falsedad sino por su contundencia. Lo que se trata es no abolir la relación con la verdad, no encarnarla como los profetas, pesa mucho. Pascal dice que el que quiere hacer de ángel termina haciendo de bestia. La bestia sentimental que Savino no deja nunca de atacar…en fin, estos dos captan cómo funciona la cosa, después si se hacen los sotas es otro tema. Hay otros, pero que no se juegan ni en una sílaba como hizo Del Barco en su respuesta a León Rozitchner sobre Cuba que me parece un texto fundamental. Están alienados al personaje social. Si Rozitchner que adhiere a una dictadura de partido único hubiera tenido el poder concreto lo hubiera encanado a Germán García porque se burló de su libro sobre Freud y Marx. El saber sin sabor termina en la creencia, en lo sagrado. Saben leer literatura, han tomado a Sánchez, a Murena, han leído lo que otros no leen. Tienen sentido del humor. Uno de ellos me dijo algo que me hizo reír mucho. Que Beatriz Sarlo, en Punto de vista, nunca hubiera publicado mi ensayo sobre Harold Bloom como lo hizo Horacio González en El ojo mocho. (Risas.) Si la cosa sigue así, La Cámpora va a poner a un asno joven en la Biblioteca Nacional. Estamos entrando en la fase jacobina del populismo, están despidiendo gente en las municipalidades y sustituyéndolas por punteros. Los viejos peronistas ya resultan demasiado “liberales”. Horacio González permitió que Sofía Bonorino hiciera jornadas sobre Tolstoi y Marina Tsvietáieva donde vinieron personalidades de todo el mundo. Sarlo es el mejor ejemplo del saber sin sabor. Sacralizó a Mao cuando ya había pasado la política del Gran Salto con sus millones de muertos, no leyó a Leys que demostró a la imbecilidad a la que puede llegar Barthes cuando quiere posar de revo pop….lo argumento en "Una generación de granito".

LE: Vos lo que decís es que la canonización se ejerce en otros lugares.

LT: Bloom es un revisionista también: canoniza el canon. Tiene un desconocimiento olímpico de Freud. Bloom llega a decir que Hamlet era más inteligente que Shakespeare y para colmo agrega que tampoco tenía el encanto de Rosalinda. Nunca leí algo tan desopilante. Es evidente que Superman es superior al que hizo la historieta. Chocolate por la noticia. Shakespeare no sabía nadie quién era. Un tipo que trabajaba para la reina en El Globo y escribía para la Corona. Shakespeare no supo quién era Shakespeare. Cien años después, todo el mundo pensó que era Marlowe, además como lo habían matado en un duelo en el que le clavaron un cuchillo, y después apareció el Doctor Jhonson…

JFP: Si no querés hablar de Mansilla y Sarmiento, todo bien… (Risas)

LT: ¿Otra vez? ¿Me están gastando? A mí me interesa especialmente La Gran Aldea, nadie fue tan lejos en su generación en la exploración de lo femenino como Lucio López, de la mujer y el crimen, seguro que por eso y no por una denuncia lo mataron en un duelo. Yo a Mansilla lo llamo el General Mansilla. Fue el General Lucio Victorio Mansilla que era el hijo del General Norberto Mansilla. Y él tenía una gran diferencia con Rosas. Los pacho revisionistas no hablan de eso. La diferencia entre Mansilla padre y Rosas. Mansilla, vive una alienada relación con Rosas. Si vos leés el retrato de Mansilla de Rosas, ves que hay un temor casi imposible de elaborar. Está atento a cada palabra de Rosas. Era una figura demoníaca para toda una generación. El artículo me llevó a esta conclusión, que era mucho mejor que Rosas te tratara de vos que de usted. Porque si te trataba de usted, ibas camino a Manuel Vicente Maza, asesinado de una manera cobarde y criminal por la mazorca. Bueno, Sarmiento, en el Facundo, despedaza la imagen de Rosas, que concentraba entonces el terror y la veneración, más allá que después se va para otro lado, al tema de la raza que comienza a obsesionarlo. Pero en Facundo destruye la imagen de Rosas como omnipotente y terrorífica, sostenida por la mazorca. Los indios de Choele-Choel supieron de eso en su campaña al desierto de 1836, borrada de la historia. Hay que situarse en ese contexto. Después tiene un texto que se llama “Las tropas de Rosas”, donde él finalmente en la campaña de Urquiza era un notero. Y Sarmiento se le presenta a Urquiza como militar. Y Urquiza le dice: ¿Usted quién es? Lo cierto es que “Las tropas de Rosas” es un análisis de la psicología de masas que desborda los estereotipos sobre Sarmiento. A Mansilla le gustaba la guerra, se puede leer esto las descripciones y los movimientos de la Excursión. Le gustaba la guerra y era un dandy, dos cualidades para la constitución de un sujeto para el siglo XXI. Peleó en la guerra del Paraguay, estuvo en Humaitá y fue herido en Curupaytí. Estudié mucho esa batalla donde Mitre aplicó los mismos métodos que en Pavón, asaltando las líneas de abatíes como si estuviera en un billar, en Cepeda. Fue la mayor catástrofe militar argentina. No se transmite que el general Mansilla además de escritor era guerrero porque peleó en el lado malo de la historia, la guerra del Paraguay, sólo las ideas y vueltas con sus contemporáneos. Ricardo Ibarlucía me dijo algo muy divertido: que si se tomaran a la letra los argumentos que Argentina esgrime sobre Malvinas, habría que devolverle Formosa al Paraguay, revisar el Tratado de la Triple Alianza, condenada por revisionistas y la Presidenta. Chile podría prenderse y reclamar la Patagonia por los araucanos, todo el territorio conquistado por Roca. Los K perderían Los Sauces, el Calafate, pero hay que hacer sacrificios para ser coherente con lo que se dice. Se condena a los autores de la Campaña del Desierto o la Guerra de la Triple Alianza, pero se preserva el botín. Insfrán aparecería como gobernador paraguayo. (Risas) Pasa como con el IVA: Cavallo es un demonio pero se mantiene su impuesto.

JFP: Habíamos pensado preguntarte por tu obra, en la que vemos un cruce de géneros en donde el cuento y el ensayo conviven con el poema…

LT: Sí, eso lo hice en Cuerpos inéditos. Ese es el tipo de libro que me gusta hacer: donde convergen cuerpos, tiempos y mundos y la misma edición es discutida a través de los géneros, por eso lo de inédito. Ahí funciono bien. Tiene que ver con Santa Teresa, en el sentido de escribir a muchas manos. Con que con una mano podía escribir un ensayo y con otra un poema, combinarlos con relatos. También, por ahí, tiene algo que ver la música. Yo estudié música y hacía un montón de canciones. El problema del ejecutante es interesante. Ravel decía: “toca mi música, no me interpretes”. Pero si escuchás la versión de La Valse de Gould y la de un ruso son dos cosas diferentes.

JFP: Serían invenciones todas, lo mismo un cuento, un ensayo que un poema…

LT: Cada uno requiere un tipo distinto de ejecución, unos resuenan en otros. En esa época de Cuerpos inéditos, me funcionaba cualquier cosa. Había un ritmo cultural que me alentaba a intentar publicar algo que no encajaba en los compartimentos del mercado editorial. Luis Tedesco lo entendió bien. Ahora hay una cultura de trincheras. Nadie era oficialista como hoy. Ahora se realizó el ya escrito del Mosaico. Los burócratas ya no se sorprenden de nada y trabajan día y noche para que nadie pueda sorprenderse… varios que leyeron No vienen avispas me dijeron… cómo puede ser que no lo tomen en cuenta… bueno, eso mismo pasó con los libros que a mí me gustaban.

LE: ¿Y qué alimenta las líneas de transmisión?

LT: Las líneas de transmisión no están en un lugar fijo, son inmateriales, como la fórmula de Coca-Cola. (Risas.) Cambian cuando alguien las interviene, como al principio dije de Kafka con Homero. Hasta entonces nadie había pensado en el silencio de las sirenas. Para mí es un tópico importante. Las sirenas siguen zumbando, aturdiendo cada vez más oídos. No se escuchan hablar, dice Savino. El tema Malvinas, el modo en que se lo trata, demuestra que el discurso de Galtieri en la plaza sigue zumbando en los oídos. Las Malvinas por ahora no existen jurídica ni políticamente, sólo en nuestra imaginación, más allá de lo justo del reclamo. Si decís eso el argentino medio reacciona como si le tocaran la madre. Pero ese mismo tipo que se indigna ante eso vota por De Vido y por Oyarbide. Bueno, las leyes más elementales pero capitales como el presupuesto, manejado a gusto por los superpoderes, también existen en nuestra imaginación. Y el autor es el Estado, que hace la peor literatura, como lo muestro en mi libro sobre Alberdi que se llama Estado y ficción.

LE: Está bien, pero funcionan… algo las alimenta. ¿Las alimenta la historia, la coyuntura, el momento justo en el lugar justo?

LT: Se reproducen a la medida de la psicología de masas. Se lee en masa todo lo que aparece en los suplementos como si se hiciera deberes, así se pasó por alto a Simón Leys, su monumental obra sobre China no existe en la lectura argentina. Así con muchos otros. Eso tiene que ver con la mercancía-espectáculo. El repudio de la izquierda del mercado es proporcional a su idolatría por la mercancía espectáculo. Lo que resiste a esto es la enunciación. Lo que decís vos o lo que digo yo, fuera de estas cadenas de reproducción. No hay otra cosa. Ahí aparece el mejor… cada vez peor.

LE: Vos algunas cosas solías ejemplificar con Libertella, ¿lo seguiste leyendo?

LT: Libertella asumió el estado de las vanguardias desde una perspectiva muy coherente y respetable. Yo más bien apunto a constituir un sujeto ateo de vanguardia, tengo a La Biblia, incluso mal traducida, como un libro actual, escribí Eunoe en torno a la parábola de Dante y escribo, por ejemplo, un ensayo sobre Corea del Norte. Había leído Las personas en pose de combate, me gusta cuando empieza con Frank Sinatra. Cuando escucha Frank Sinatra manejando el auto. Libertella leyó a Arenas, tiene un ensayo sobre José Balza, un autor que ya nadie lee. Ponía el ojo en excepciones y acertaba.

LE: Yo lo traigo a colación porque tienen que ver con algo de tu modo, porque constituyeron obras dislocadas, desbordadas, juntando cosas inesperadas… diferentes en la trama literaria argentina…

LT: Como algo heteróclito.

LE: Sí, más bien enloquecido. No sólo heteróclito sino enloquecido. Excesivo, desenfrenado, como Libertella, enquistado en seguir escribiendo el mismo libro y queriendo publicar lo único, lo que siempre es una autobiografía.

LT: Lo enloquecido surge cuando uno empieza a mezclar tonos y acordes y introduce el vértigo en la exposición. Las líneas de transmisión han sido cortadas por los clowns postmodernos y ahora es tiempo de desertificación. Se limitan a la difusión de los amigos, tenemos clásicos para tirar por el techo, pero por ejemplo a Catuonio, escritor interesante, no se lo toma en cuenta porque no es de la pandilla. Lo mismo pasa con Claudia Schwartz, me refiero a Nimia, una novela cosmopolita o a Tránsito es Nombre. Céline en De un castillo a otro dice que si sos payaso se te permite todo. Fogwill fue un tipo que dijo que Sánchez era un pobre infeliz y Murena, un tarado. Sacando a esos dos escritores, ¿qué te queda? La difusión, la mercancía espectáculo. Lo dijo textualmente. De ahí, los pupilos que salieron. Después tenés lo que dice de Irán, el tema de Irán introduce el horror, introduce el atentado, introduce a Israel, introduce un contexto mundial impensado que aquí se lee desde un mapa de los años setenta, todo lo que los bienpensantes no quieren saber nada. Fogwill ahorra ese horror. Habla para ninfos cuando, por ejemplo, dice que hay que dejar en paz a los iraníes porque tienen una cultura milenaria. Ahora bien, ¿y si esa cultura milenaria es una mierda? En Libros peligrosos publiqué y escribí sobre escritores, mujeres que están contra eso, solitarias y que pueden perder la cabeza. Eso volverse cómplice de los verdugos, es aplastar en complicidad con los ayatolas de la muerte a los que levantan la voz como la libanesa Joumana-Hadad que introduce a Sade en un país donde Hezbollah practica la limpieza étnica.

SR: ¿Fogwill puede dar lugar a una perspectiva del zombie terminal del que hablabas?

JFP: Es tiempo de que Thonis haga una teoría trascendental del zombie…

LT: Si es zombie no puede trascender y menos ser trascendental… cuando algo se vuelve filosófico conviene desfilosofar. Yo no tuve ningún problema con Fogwill, simplemente que él me elogió en Vigencia, hablando de mi forma de leer, junto a Nicolás Rosa. Al mismo tiempo me mandó un libro de poemas. Quería que escribiera sobre ese libro, porque Osvaldo Lamborghini le decía que yo era un genio, tenía ese prestigio. Ese libro era, como diría Rienzi “sintético”, aunque no en sus proposiciones, sino su estilo. Coexistían Rimbaud con Girri. Yo le di mis razones y algo me hizo caso porque nunca lo publicó. Después leí Partes de Todo y me interesó. Pero el tipo me tomó como enemigo, por eso. Me quería publicar donde publicó a Perlongher, a Lamborghini, introducir en la familia, insistía para que me publicara. Pero el problema mío con él es que no me gustaba cómo trataba a la gente, ese tono de porteño que parece que te tiene radiografiado y te conoce más que vos mismo, nada más que por eso.

JFP: No hace tanto dijiste que alrededor de la lectura de poemas hay un manto de ridiculez, como que es muy difícil zafar del ridículo en una lectura de poemas. ¿Podés desplegar un poco esa idea del poeta en ridículo o como estafador?

LT: La clave está en el verbo Ser. Es lo mismo que en el revisionismo, hay un a priori en donde está todo dicho. “Yo soy la poesía”, aparece como una cosa que tiene más que ver con médiums que con otra cosa. A mí me pusieron en la antología de la poesía del bicentenario de la poesía argentina, dirigida por Monteleone. Monteleone fue uno de los pocos que se leyó a Cerretani y fui a la presentación. Yo no sabía quién era quién leía ni qué leía. Y escuché leer un poema que era de Gelman y aparte leído por Cristina Banegas. Esto lo supe después. Cuando leían el poema, aguanté hasta que pude y me fui. Cuando bajaba las escaleras me seguía una fila que se coló tras de mí. Eso me inspiró para escribir “Malone y la lectura de poemas”.

JFP: ¿A Banegas leyendo Gelman? (Risas.)

LT: Yo pensé que la cosa más atormentante para mí era Pacho O’Donnell. En una de las Ferias del Libro dije que estaba a favor de la pena de muerte, no para los demás sino para mí. (Risas) En el sentido en que si fuera a la cárcel y tuviera que compartir la celda con Pacho y nombré a otros plomazos que te matan.

LE: ¿A esos que te matan son los que vos llamás en tu blog libros peligrosos o más bien a lo contrario?

LT: Hay dos tipos de libros peligrosos. Ahmanideyad aplica las técnicas de Mein Kampf. Todo el mundo árabe sabe de memoria ese libro. Y mirá qué bien que lo aplican. Ahora estoy traduciendo un ensayo sobre Mein Kampf de Pier Andre Taguieff. Ahmanideyad, cuando llegó al poder en 2005, decía que había que borrar Israel del mapa. Sonaba como un loco. Ahora, después de las guerras que produjeron en combinación con Siria –ahora algunos se dan cuenta quiénes son– y Hezbollah se produjeron, la destrucción parece más verosímil. La prensa siguió ese libreto, refutado por Claude Lanzmann. Las técnicas de Mein Kampf invitan a plantear algo muy loco y ver qué consenso tiene en la gente. En ese sentido, van ganando, creciendo en la opinión progre.

LE: ¿Pero eso no pasa en todos lados Luis?

LT: Y, ya lo vimos en Europa. Europa fue la que creó el nazismo, el comunismo. Y ahora hacen un circo con eso. No se quiere saber del horror. Lo encubren con prácticas infantiles. Y la escritura, aunque hable de otra cosa, aunque hable de la risa…

LE: Ahí está Leónidas. A mí me encantó la frase que vos ponés en el texto que dice: “Leónidas corría con ventaja, llevaba a Dante en el bolsillo”. Ahí es donde yo pesco que por suerte, le das la delantera a la literatura.

LT: Claro, porque el Paraíso, es una figura que te sustrae inmediatamente del poder, incluso si apoyas alguno, no tenés que creer en él. Hay que ser muy bola para creer que el Paraíso existe. No existe, pero es real como el lenguaje. No existe la lengua del paraíso sino la risa. También digo que Auschwitz, el Gulag y la Universidad son las tres catásfrofes del siglo XX. Esos tres efectos desconocen el paraíso pero quieren que exista en la tierra. Con Dante tenés una carta, mejor dicho, un teorema en el bolsillo. Esto último debería trabajarse. Lo que no significa que no quiero que nadie estudie, en Inglaterra pusieron de nuevo las lenguas clásicas, es una buena medida contra el bla bla bla. En vez de tener ese lugar, en donde se sitúan también los utopistas. Todo es una gran falsedad, una gran mentira, pero, ¿quién es el que habla? Él se ubica en el Paraíso, que es el lugar de la risa. ¿Qué es la risa del Paraíso? No sé, salvo por Bach, pero es un lugar donde aparentemente está Dios. Pero es un Dios que no está antropomórficamente mezclado con el mundo, ya está separado. No es el Dios de Hezbolahh que significa el Partido de Dios y siembra con bombas la tierra.

LE: ¿Y las correas de transmisión de las que hablabas?

LT: Podríamos decir que las líneas de difusión de la Universidad –aclaro que no hablo de las aulas, aunque también cuentan– se estructuran hoy en torno del montaje para una segunda Shoá mediante un proceso de descerebramiento: el mayor enemigo son las latas de Coca-Cola (Risas). No digo que vaya a ocurrir, pero así se estructuran porque ya el negacionismo no es un delirio sobre la historia, se está convirtiendo en la historia misma. La Universidad también trasmite, como el profe de griego de Phillipe Roth en La Mancha Humana o Laura leyendo a Steimberg, por ejemplo. Tampoco me refiero a un profe de literatura, digamos, convencional, que está bombardeado por estos discursos. Pero lo que hacer ruido, zumba en los oídos, es lo otro. La transmisión es un après-coup, para mí la verdadera transmisión tiene que ver con lo arcaico. La palabra caca es presente pero es arcaica. Otra cosa es el pasado. Ahora, Occidente no puede llegar a Thonis. (Risas) Te explico por qué. Porque antes de los faraones, en Alejandría estaba la ciudad de Thonis. Siempre están volviendo los faraones. ¿Por qué no se puede volver más atrás de los faraones? A la ciudad de Thonis, que era un puerto donde se hacían negocios. No sé por qué. Ahora estoy descubriendo algo cuando hablo. Lo único que tenemos para resistir eso es lo arcaico. Los faraones no es el arcaísmo. Vos viste que Freud es el único que se atrevió a ir más atrás de los faraones. En “Moisés y el monoteísmo” muestra que el judaísmo fue fundado por un egipcio y el cristianismo por un judío. El fundador tiene que estar fuera del conjunto de lo que funda. Ahí tenés un tipo que no tiene que ver con los nombres indistintos. Que va hacia el origen para abrir un après-coup múltiple contra el porvenir del origen, arcaico, el pasado de una ilusión como diría Furet en su historia del comunismo y el porvenir de esa ilusión insistente que es que terminado con el pueblo portador del relato bíblico todo irá incluso más mejor que con Coca-Cola. Así de imbéciles son la mayoría de nuestros contemporáneos.

JFP: ¿Leés mucho el diario?

LT: Sí, las noticias, todo eso, recorro los diarios extranjeros, pero también a los que firman y no se quedan en eso. Leo a dos periodistas: James Neilson y el Pepe Eliaschev. Saben de lo que pasa en el mundo y no están alienados a los clisés de la ideología argentina.

JFP: Porque en tu blog hay como un seguimiento tuyo a desastres o un ojo puesto en ciertas catástrofes mundiales.

LT: Sí, es como si siguiera una secuencia, no digo que todo esté relacionado con todo, pero hay efectos en cadena, la matanza de cristianos en todo el mundo árabe de la que nadie habla. Los malos ya están determinados: los yanquis y los judíos. Las democracias son aberrantes, de acuerdo, pero las dictaduras o los crímenes de masa son pasados por alto. Los ideólogos le echan la culpa al mercado de la crisis griega, pasando por alto treinta años de clientelismo y fraude fiscal. No saben ni de qué hablan pero lo hacen en coro. Por eso no se puede leer nada. Se espera que hablen los ideólogos y éstos son farsantes. No sólo pienso que el mundo está en guerra sino que hay una guerra de los mundos donde Jerusalem es el blanco y la madre de todas las batallas. Esto es negado rabiosamente por los traficantes de los pueblos oprimidos, por eso nadie dice una palabra, una mínima protesta de las masacres a las poblaciones civiles, la que está haciendo Siria ahora, que ya lleva seis mil, entre niños y mujeres. Pienso eso a partir de Leibniz, del que puse en escena en El principio de Arlequín. Si la mónada está acá, también está allá. No pienso en términos de distancia.

SR: … algo que está en todas partes…

LT: Hay como una novela que se está haciendo y veo como se va combinando para incidir en el juego. Es mucha la incidencia que puede tener una intervención mínima aunque nos quieran convencer de lo contrario. Kraus pensaba que puede sobrevenir una catástrofe por una coma mal puesta.

JFP: ¿Iría en contra del fragmentarismo postmoderno? ¿Como que todo tiene que ver con todo?

LT: El fragmentarismo posmoderno se concentra en el clown o en marionetas políticas como Zapatero. El horror, creen, ya pasó y ahora lo único que importa es cómo vamos a pasar las fiestas, ese el planteo del postmodernismo que es un pasaporte directo a que Europa en pocas décadas se convierta en Eurabia. La fiesta es algo dado, sin aventura, para que haya otra fiesta hay que amar de otra manera. Desde otro tipo de sujeto que como punto de partida admita lo que se está jugando con los ojos bien abiertos, como decía el viejo Adriano. De lo contrario el occidente ninfo se autodestruirá de un día para el otro como el comunismo. Los hitlero islamitas no tendrán que hacer atentados, se derrumbará como el Muro, víctima del fetichismo y la religión posmo. Bataille...

LE: No me traigas a Bataille.

LT: Bataille dijo que la verdad del lenguaje es cristiana….

JFP: En Shakespeare el clown es el lugar de la filosofía, ¿o no?

LT: El bufón es fundamental en Shakespeare. Es un lugar de escucha, está en transferencia con el Rey, se permite decir cosas que otros no podrían. Pero no tiene que ver con el dandy del modernismo, que yo reivindico, ni con el clown posmoderno, que me aburre porque no me dejo deprimir. Rebuzno, diría Laura cuando lee a Oscar Steimberg. El clown posmoderno es un operador. Es la literatura de Houelebecq. El tipo es nihilista, se haría fundamentalista o lo que fuera si tuviera que salvar la ropa, está en contra de todos los valores occidentales… pero cree en los jóvenes, escribe a la medida de los suplementos literarios. La novela por encargo existe. Son anti best seller pero mucho peores que los best por la mala leche. Yo siempre quise ser viejo. Así pude decir algo. Si te planteás como joven tenés que repetir al clown posmo. Aparecés en el lenguaje ya en situación de zombi.

SR: En el zombie terminal, ¿hablás de eso, no?

LT: Claro, una literatura sin crimen, sin el horror. No tiene que aparecer eso, tiene que estar latiendo. Pero una cosa son las informaciones y otra la combinatoria. Es lo que te decía de Leibnitz. Hay una combinatoria universal que no tiene ninguna base ya en Dios porque ya se quebró eso. En el 2001 ya hubo una quema de neuronas total, en vez de decirle adiós para siempre al estado cleptocrático y prebendario se lo "recuperó" y recicló. La quema de neuronas derivó en el zombi terminal que el populismo cultural fue construyendo en coexistencia con los posmos. Hay mucha "interioridad" pero nada de sujeto.

JFP: Nosotros habíamos pensado que hay una lógica combinatoria en tus textos más ensayísticos que presentan características del orden del desafuero. La locura como un componente de tus textos.

LT: No soy el presidente Screber. No se empeñen más en mandarme al manicomio (Risas). La locura es el vértigo de las combinatorias. El presidente que trata Freud y que quería convertirse en mujer no tenía que ver con la homosexualidad. No quería ser mujer para que se lo cojan, quiere más bien ser La Mujer y con eso salvar a la Humanidad. Eso es loco de veras. Los que se estallan a sí mismo con bombas también se fusionan a la mujer con mayúscula. Susan Sontag dijo que los que se estrellaron contra las torres eran valientes. Eso es pusilánime. Hay muchas cosas que pasan por valientes y son pusilánimes. Así lee la Universidad, por eso hay tanto zombi dando vuelta. Lo sagrado no es loco, no es psicótico, pero va para ese lado. En suma: parezco loco porque soy uno de los pocos cuerdos que queda en este mundo. (Risas.)

LE: ¿Entonces, te reconocés en ese delirio?

LT: No quisiera. Aunque está a la vuelta de la esquina, golpeando a la puerta. Uno puede descifrarlo como a otra lengua, es decir, que uno lea el griego no quiere decir que lo hable ni actué como Aquiles, ni el griego ni el de mi personaje mientras el delirio no haga cuerpo con la lengua, me refiero a una lengua fundamental como en el caso de Screber y de Heidegger, más complementarios de los que se piensa, no hay problema… conviene enamorarse de las lenguas como de mujeres, yo me enamoré primero del griego, después del latín, del francés y del inglés aunque no mucho del italiano supongo que por la afinidad de las raíces madres.

LE: Yo tenía anotada una frase tuya, algo así como que “la lejanía es innata porque no se puede distribuir por el malentendido del lenguaje”. No hay lejanía porque el lenguaje establece un malentendido tal que interrumpe. ¿Podés hablar, ahí, un poco de los amigos? Porque en el tema de los amigos funciona para mí el tema de la ética, quizá una forma de lejanía o distancia. Si la amistad aparece de alguna forma en tu obra. Porque sabemos que las mujeres, la ciencia, la política o la historia son fascinaciones tuyas...

LT: Una cosa es tener amigos y otra es tener entre dos. El entre dos intercepta con el infinito. Un entre dos no es cualquier cosa. Ser amigos, por ejemplo, un partido de fútbol, comparto todo cuando juego un partido de fútbol. Decís excentricidades, todo, pero no hay entre dos. Cada uno tiene una historia, no es una carrera de embolsados sino de encuentros asimétricos: se encuentra con un libro, la mujer, la historia, la música, y se va ordenando en el mismo caos. Un ejemplo es mi encuentro con el nombre judío. Cierta vez en la primaria le di una paliza a otro chico, no me acuerdo por qué. Al otro día vi que los chicos me celebraban, le pegaste al judío, como si fuera una hazaña. Yo no había peleado por eso. Eso me intrigó. Tuve otras historias, el secundario, los vivos tomaban de punto a un judío y bueno, dije, el que se meta con Benjamín, así se llamaba, se las va a ver conmigo y tuve una serie de peleas con un grandote hijo de militares, bien facho, que no se resolvían hasta me integraron a la patota pero al chico no lo jodieron más. Tuve una novia judía, encantadora, inteligente a los veinti tantos. Un día le hice una broma pesada, hice como que iba a acogotarla y le dije al oído que la iba a gasear por “judía” marcando las letras. Vi que tenía miedo en los ojos. El mismo miedo que recordaba Laura, cuando Kafka dice esta frase que le recuerda a los judíos que lo escuchan que el alemán que hablan no es “su” lengua, que no están estratificados en una sola, que están entre dos lenguas una de las cuales no carecía de territorio. A partir de ahí ya nada fue lo mismo. Se había iniciado un entre dos que hoy tiene que ver con mi lectura del lugar de la guerra en el mundo que poco a poco irá revelando sus actores. La amistad amiga, digamos, no es productiva en sí misma, muchas relaciones de identificación mutua terminan en hostilidad, uno inventa un escándalo por nada para separarse de otro. La verdadera amistad te lleva al encuentro de nombres, quiero decir, de libros, no te permite crear una asimetría con el otro sino ponerte a prueba a vos mismo como en la literatura. Después de todo, los amigos fueron inventados para que la traición exista en este mundo.

JFP: Entonces no siempre hay asimetría en la amistad…

LT: La amistad está vinculada a la teoría de la guerra, la teología y a la edición. Perdón que me cite pero eso está en “Mosaico para una reedición inédita”. En la guerra el enemigo de mi enemigo puede ser mi amigo. También eso sucede en la amistad. El que se opone a uno que no nos gusta se vuelve automáticamente simpático. La amistad introduce siempre a ese tercero, al enemigo de mi enemigo que unas veces puede ser más amigo que el amigo o peor enemigo que el mismo enemigo. Ya lo dijo el general Patton: la línea Maginot fue un monumento a la imbecilidad, porque plateaba una estructura fija en una guerra que era de movimientos, química y aérea, como decía Arlt, los franceses la pagaron caro por subestimarlo. Los franceses combatían la segunda guerra con los fantasmas y los hábitos de la primera. Ahí aparece Dios. Leo el argumento de San Anselmo como un desafío: ¿por qué nadie pudo concebir un ser más poderoso, omnipotente que Dios? Se han buscado todo tipo de sucedáneos, pero no resisten. Hacé una lista de los líderes maos tercermundistas además de Hitler. No creen en Dios, por más que maten y exterminen siempre son derrotados. Por lo tanto Dios no plantea un problema de si existe o no existe: es un ser que no puede ser reeditado. Sin embargo, se intenta reescribir y editar siempre el mismo texto, como digo, por siempre reeditado y perpetuamente inédito. No se quiere renunciar al fetiche, se quiere sustituir esa consistencia de Dios que San Anselmo demostró. El pacho revisionismo quiere volver a pelear guerras perdidas, ya mil veces editadas y comentadas. Eso nos lleva a la lectura del primer asesinato, a Abel y a Caín, que tiene innumerables versiones pero para mí está vinculado a la edición, Mallarmé fue quien puso el acento en eso. Aquí voy a terminar porque este tema me pone nervioso…

LE : Proust escribió en algún lado que les debemos las grandes cosas a los nerviosos…

LT: Amén.

JFP: No vas a zafar tan fácil, vamos a seguirla.

22.2.12

POEMAS REACCIONARIOS, por Laura Jaramillo






De Reactionary Poems, Olywa Press, 2008.


MEDIAS EROS CO.

Mientras como este sandwich de jamón
otras actividades
transhumanas podrían cruzar mi mente
algunas dificultades
inagotablemente ensayadas
dentro del calor embarazado
como respirar y coger

EROS HOSIERY CO.: Eating this ham sandwich/ other transhuman/ activities may cross my mind/ some endlessly/ rehearsed difficulties/ in the pregnant heat/ like breathing and fucking


ES DE DÍA EN AMÉRICA

Las hipocresías fundamentales se ocultan
en que
el Lenguaje es hermoso
en el chisporroteo distante de los
aplausos pregrabados
en las ululaciones que son
la certidumbre y el color

IT’S MORNING IN AMERICA: The central hypocrisies are obscured/ in that/ Language is beautiful/ in the distant crackle of pre-/ recorded applause/ in the ululations that are/ certitude and color.


FASCISMO TROPICAL

Escribir es aburrido
y difícil hoy estoy llena
de estúpidos celos hasta de los textos de
los comerciales y de las revistas de farándula
“viaje de vacaciones a un país
en guerra” son versos de
un poema de guerra mitad
terminado nace esa incómoda
sensación, haber sido
sólo un proxy de mí misma

TROPICAL FASCISM: Writing is boring/ and difficult today I am full/ of stupid jealousies even the ad/ copy and gossip rags/ ‘holiday trips to a country/ at war’ are lines from/ a half-finished war/ poem births that uncomfortable/ sensation, having been/ only a proxy for myself


DRAG POST-HEROICO

Cómo puede la palabra ‘postheroico’
siquiera
existir pero la verdad es
que existe-importada
no de la publicidad
sino de las teorías
inventadas para vender
conceptos en el campo
de la publicidad.

POST-HEROIC DRAG: How could the word ‘postheroic’/ even/ exist but it does/ exist–imported/ not from advertising/ but from theories/ invented to sell/ concepts in the field/ of advertising.


DRAG POST-HEROICO PARTE II

Aún, ella arrastra sus empeines
cansados, su barba de un
día su pecho
correoso a la calle
vacía

POST-HEROIC DRAG pt. II: Still, she drags her tired/ arches her five o’clock/ shadow her leathery/ bosom into the empty/ street


SI TÚ NO VIENES AL
PLATANAL YO ME MUERO

Tú y yo mantenemos una caja
de mierda y sedimento pisoso
en la cocina

IF YOU DON’T COME TO THE/ PLANTAIN GROVE I’LL DIE: You and I keep a box/ of shit and pissy/ sediment in the kitchen

LA WOODYALLENIZACIÓN
DE LAS ESPECIES

Antes de dormir, estructuras potenciales:
habitaciones que se abren sobre jardines
jardines sobre peonías o narcisos
blancos poemas de
O’Hara la salmuera de Homero
ciega propa
gada ardiente
en discurso y porte. Entrégame con una
flecha en el tendón/ una pequeña tormenta
en el lóbulo frontal
para dormir sueños
tan tediosos
como vivir

THE WOODY ALLENIZATION/ OF THE SPECIES: Before bed, potential structures:/ rooms that open onto gardens/ gardens onto peonies or paper/ whites O’Hara’s/ poems Homer’s blind/ swept brine/ ness blazing/ in speech and in carriage. Deliver me with an/ arrow/ in the tendon/a small storm/ in the frontal lobe/ to sleep to dreams/ tedious/ as living


CASETA MENTALISTA

Ve allí
para que tus ojos no puedan
encontrarse aquí
al otro lado del cuarto los Yankees
están jugando
de culo este año

PSYCHIC DUGOUT: Go there/ so our eyes can’t/ meet here/ across the room the Yankees/ are playing/ like shit this year




Traducción y selección: Gabriel Cortiñas & María Salgado

18.2.12

Con las armas, por Juan Leotta





A Sheree



Yo estaba en serios problemas ese día de febrero del año pasado.
–Te lo mando… –me dijo Julio–. Es un pibe. No puedo ir yo. Pero quedáte tranquilo, que él sabe…
Sin estar muy convencido, acepté la propuesta y volví a casa. Me quedé un rato fumando en silencio, de espaldas a la máquina monstruosa. Una de mis hermanas, que limpiaba la casa, se acercó y me preguntó qué me pasaba.
–Cosa de hombres –le dije yo, serio.
Esa respuesta –lo sabía bien– bastaba para hacerla enojar. No volvería a hablarme por un par de horas. Era lo mínimo que yo necesitaba en esas circunstancias.
Como todos, alguna vez yo había escuchado historias de gente que pierde un poema, un cuento, incluso una novela. Aunque suelen ser bastante tristes, esas historias no dejan de tener la perspectiva de volverse cómicas o épicas con el paso del tiempo. Mi caso, por el contrario, era muy distinto. Pero no tiene sentido entrar en detalles: suficiente decir que ésta vez no se trataba simplemente de literatura, y que los datos en cuestión estaban archivados bajo un nombre simbólico, un nombre que eventualmente iba a actuar –imaginaba yo– como un conjuro:
"Imborrable".
Sí. Parecía un chiste. Ése era el nombre-conjuro que falló. Ahora estaba a merced de una mano maestra para arreglar la situación.
– Eee… me manda Julio– fue lo primero que dijo el pibe por el portero.
Ni un hola, ni un buen día. No. Lo primero que escuché de él fue esa suerte de explicación, de disculpa por haberse hecho presente. Un momento después, cuando abrí la puerta, entendí todo. Le pesaba ser tan chico y cobrar tanto por lo que hacía. Y hay que decir que era chico en todo sentido del término. Debía tener unos diecisiete años, a lo sumo. Y era muy bajito y muy flaco. Eso sí, se tenía todo la confianza del mundo en su oficio.
–Me contó un poco Julio –dijo, sentándose a la máquina–. Todo OK. Esto es una pavada para mí.
– ¿Voy a recuperar todo?
–No sé. Digo, va a ser fácil recomponer la máquina. Lo que se perdió, veremos…
La verdad es que yo no podría reponer ni siquiera mínimamente los pasos que él siguió. Nunca entendí mucho de computadoras. Surgieron ventanas, aparecieron relojitos de arena, corrieron aquí y allá números y siglas. Aunque ignorante en esas cuestiones, yo no dejaba de imaginar allí cierta lógica en curso. Si de lo que se trataba era del Orden en vías de reestablecimiento, entonces debía estarse dando, de manera inversa, el proceso que había instalado el Caos. ¡Y eso yo también lo había visto! Había sido increíble…. Tras abrir la puerta equivocada, pum, la catara fulminante… Detrás de uno de los íconos de la impresora, se había agazapado un paquete de cuatrocientos virus.
–Acá… –dijo él, al rato–. "Imborrable". ¿Éste era el que te interesaba, no? Quedó sano.
Respiré como si hubiera llegado a otro planeta. Encendí un cigarrillo y le di una palmadita en la espalda al pibe. Llamé a mi hermana para le sirviera un vaso de Coca. Es más: era como si de pronto, aliviado, pudiera verlo por primera vez con la ropa del personaje que él elegía llevar: la del hacker, claro. Así lo había definido Julio, el técnico del negocio de computación, antes de mandarlo para mi casa.
– ¿Y tenés muchos amigos en esto? –le pregunté yo, ahora intrigado.
– Los suficientes –dijo él, sin sacar la vista del monitor. Todavía le faltaba parte del laburo–. Al que sí conozco es al mejor de todos. Al menos acá en Buenos Aires. Es más chico que yo. Pero es un Maradona. Posta. Un talento que está más allá… Va a hacer mucha plata ese pibe… –De pronto me miró–. ¿Contra atacamos?
Largué una bocanada de humo, sorprendido:
– ¿¡A quién!?
– Al que te mandó los virus…
Hasta entonces, yo había pensado que el Caos era efecto de un piedrazo lanzado por una mano ciega, que tiraba por tirar, sin mirar al blanco. O, incluso, que todo se trataba de una falla inherente al sistema, desencadenada y reproducida sin la mediación de una voluntad individual.
–No sé quién pudo ser… –dudé yo.
– ¿No tenés enemigos? –me preguntó él.
¡Qué extraña esa pregunta! Había sonado absolutamente natural, como si se tratara de algo común y corriente para él. No pude responder nada de entrada. La pregunta, por una extraña reverberación, me había alejado de la cuestión de los virus y me había hundido en el pasado. Fue como si recorriera varios años, de un simple vistazo, movido por ese particular criterio: detectar quién podía haberme odiado hasta convertirse en mi enemigo. Por alguna razón incierta, mis enemigos, si es que existían, debían pertenecer al ámbito del pasado.
Tres posibilidades.
Uno. Recordé a Benesdri, un compañero mío del secundario a quien –sin ninguna mala intención de mi parte– yo le había roto una pierna jugando al fútbol. "Ya vas a ver", me gritó desde el suelo. Tuvo en mente desde siempre la sospecha sobre mi mala intención. Y jamás sirvió que incluso el arquero de su equipo, testigo privilegiado de la jugada, dijera que yo había ido limpio a la pelota. Benesdri me miraría cruzado hasta el final de la secundaria.
Dos. Recordé al padre de una novia mía de la adolescencia. Cuando yo la conocí, ella ya encarnaba el rol de la oveja negra de la buena familia. Que a mí esa situación me provocara un goce particular no tenía ninguna relevancia… asunto mío y punto. Más allá de ello, una cosa es la droga y otra la anorexia. Con lo de la anorexia yo no tuve nada que ver. Es más: me cansé de decirle –con plena sinceridad– que ella ya era demasiado flaca.
Tres. Recordé a otro escritor. Un tal J.K. que me había acusado seriamente de ser fascista. La pica era en realidad mutua y espontánea, de piel casi, pero se había escamoteado tras una sutileza literaria. Aunque mis cuentos casi no tenían circulación, él sí los había leído. Por entonces yo solía narrar desde una primera persona, siempre con personajes que, ligados al universo de la cultura pop, se revelaban gradualmente como fascistas. A veces funcionaba, otras no. Así son las series. Quizás la tesis global –es decir: la cultura pop es fascista– fuera demasiado simplista… Pero bueno, eso no tenía importancia ahora. Este J.K. era un tarado que no entendía nada y que me encasillaba con su lectura primaria. Tan grueso era el error que yo ni me molestaba en aclararlo, en hacer algo al respecto.
Tres enemigos. Creo que ninguno más. En cierto modo, un buen balance de mi vida.
En vistas al tema de los virus, eso sí, eran tres posibilidades altamente improbables. Una más improbable que la otra. Cualquier hipótesis hubiera bordeado el ridículo, para ser francos. Ninguno de ellos iba a mandarme un paquete con cuatrocientos virus.
– ¿Contra atacamos? –volvió a preguntarme el pibe, al verme vacilante–. Si vos me decís directamente, la cosa es mucho más fácil. Pero si no, yo puedo rastrear de donde vino todo esto. Es más laburo, pero te puedo hacer precio…

Pequeño detalle que yo había pasado por alto: aunque para él no dejaba de ser un juego, a mí me iba a costar otra buena cifra. Apagué el cigarrillo. Le dije que no, que por ahora no, que llegado el caso le avisaría. Él pareció desilusionado. Quizás no tanto por la plata, sino porque acaso esperara "otra cosa" de mí.
Mientras bajábamos en el ascensor, no mucho después, casi no hablamos. Yo había empezado a sentir un raro asomo de paranoia. Era como si fuera a despedir a un desconocido que se llevaba la llave de mi casa. Imaginé que en adelante él podría hacerse un festín con mi computadora. Que tuviera diecisiete años sólo empeoraba las cosas. Incluso podría hacer el daño no por interés, sino por inconsciencia. Julio me había dicho que era de confianza, pero eso no quería decir nada. Julio también estaba bastante loco.
Fue justo entonces cuando el pibe, tal vez incómodo por el silencio, me hizo la pregunta perfecta.
– ¿Y vos? ¿A qué te dedicás?
Gracias. Ahí yo apelé a una respuesta que, dicha en broma en el pasado, había desconcertado (e incomodado) a mucha gente. Incluso a J.K., el escritor.
– ¿A qué me dedico? Soy instructor de tiro.
El ascensor se detuvo. Abrí la puerta con firmeza y le hice un gesto para que saliera. Él obedeció.
– ¿Instructor de tiro? –caminaba delante de mío por el pasillo–. La verdad que no lo hubiera dicho, porque… ¿Cuántos años tenés?
– Veintitrés –le respondí, detenidos ya frente a la puerta de calle–. Veintitrés, sí. Pero eso no tiene nada que ver. O sea, yo a tu edad ya era Maradona en lo mío. Crecí con las armas. A ellas les debo todo en la vida. ¿Entendés de qué te hablo?

13.2.12

Acerca de Savino y La mañana sol de limón y en contra de la basura sideral, por Sergio Rienzi






Hace rato que Savino dejó de cartografiar el pasado. Hace rato que a Savino se lo tragó el espacio, y se lo tragó el tiempo. No se puede decir cuándo, pero pasó. Y ahora escribe desde este agujero negro que le vive haciendo a la literatura. Porque sabe lo que es sangrar por la herida, y no corta por la tangente, ni por lo más sano para todos, hace sangrar a la literatura por los lugares donde más le duelen.
No corta por la tangente, ni va por los atajos.

Savino es inmigrante, es hijo de inmigrantes, no tiene palabras ligeras, frasesitas hechas, premasticadas, no tiene la fritanga encima. Savino no porta mochila, ni bolso de mano, Savino viene con un lenguaje, y ese lenguaje son bártulos, palabras-bártulos, con frases bártulos que no entran en ningún lado, por eso ese inmigrante vino en barco, con fraseos de barcos, de conventillos, de la “calle”, de inmigrantes.

El que quiere buscar en Savino una bocanada de aire fresco, palabritas sueltas de verano o de primaveras nacientes, que se vaya a otro lado. No hay que ser un sabueso para olfatear a simple vista que eso no se encuentra en un Savino. Y menos que menos en “La mañana sol de limón”. Un menos que menos que calculo irá cobrando más fuerza, y más sentido.

Así es como Hugo Savino con su último escrito te teletransporta a un fraseo, ya no importa el tiempo en el que habla, porque es a un tiempo: descubrió un lugar desde donde escribir, donde fusionó todas las dimensiones, y ahora ya no quedan universos paralelos, ni idas y vueltas, ahora escribe desde un punto centrífugo donde las dimensiones y los hechos y el pasado y el presente se cruzan.

Con ese fraseo, te rescata de las palabras escuetas o de las frasesitas esqueléticas o de los lugares comunes o las que alguien que escribe es tentado a dejarse convocar.

Savino es fraseo a la velocidad del sonido, es música para oídos a veces un poco sordos, Savino te pone a hablar lo escrito, te toca el hueso con lo escrito, te lleva de la nariz a la raíz de la frase, y todos quizás se debe a que deja a la mano escribirse, deja a la mano los feudos que son de la mano, el anotador y la mano, la traducción y la mano, que la mano traduzca lo que la voz quiere decir, deja al pasado escribirse, deja al presente cruzarse con sus laberintos, con sus callejones sin salida, con sus pasajes, con sus idas y vueltas, todo quizá porque Savino va dejando todos los cabos sueltos posibles, sin ataduras, abre paréntesis que terminan en puentes, se pone a caminar puentes que van de espacio en espacio, todo quizá porque Savino deja tantas cosas sueltas que no nos deja más remedio que terminar insultándolo, y diciéndole: ¡DEJADO! , Savino dejado, maldito dejado, un grandísimo dejado que supo dejar abandonarse a tiempo, clandestinamente a tiempo, para dejar fluir los ripios de las fuerzas oscuras, los sedimentos que todos tratan de maquillar todo el tiempo y revocar, a esos sedimentos Savino le puso nombre, hizo topografía, se volvió arqueólogo de esos sedimentos, de esos escombros, de tanto revolver y restituir, y devolver. Savino volvió a todo eso frase, le hizo música a la letra, y compuso “La mañana sol de limón”. Y la palabra composición viene a lugar, creo.

A quién le pese, letra y música de un fraseo con “vibratto”, con intensidades, con intermitencias, con claroscuros, como un limonero grande que da luz pero deja lugar a la sombra, deja un lugar para que una mano se siente a escribir debajo de él y puede mientras escribe saborear el perfume de los limones caídos.

Savino dejó que los eyaculadores precoces de “La Lengua” hablaran, hasta dejó que siguieran escribiendo sus necedades, ya no se va a la escansión, no obtura, no sutura, no cose, Savino está atrapado en un agujero negro, en un punto donde hace cruzar al presente con el pasado, y así está bien, y el que no ve este punto no logrará entender la magnitud del lío en que metió Savino, y no logrará ver tampoco el nudo borromeo que le logra hacer a La Lengua de este lado del charco, que está que se estrangula sola o se muerde la cola en un manotazo de ahogado.

Savino no tiene intención de despejar incógnitas en una ecuación, Savino es el Salieri de Savino, es la sombra que sigue a Savino hasta la muerte y que planea matarlo, Hugo Savino lleva años envenenando a Savino para que pudiera surgir este Savino, el claro, el oscuro, el de las fuerzas centrífugas, el que ya se vengó de todos los que tenía que vengarse, el que ya redimió y ahora deja que la mano haga lo suyo, lo que es debido, las manos de boticario poniendo las cosas en su lugar, como encerrando el pasado en frasquitos antiguos de farmacia.

Por eso el mundo Savino nunca será ATP, nunca apto para todo público, nunca lo podrán embalsamar en un dossier para extranjeros, un dossier bien plegado, no lo podrán reducir a santo, ni elevarlo a mártir, y ni siquiera a apoteosis. No.

La lista del no. Cada vez que se dice no, pensar en la lista del no. Y pensar que todo esto tiene sentido, un terrible sentido que llega como un trueno que anticipa la tormenta.
Un no. Savino hace su lista del no. Y él es un no rotundo. No quiere ser reducido, ni canonizado.

Decía que no es fácil adentrarse en el mundo Savino, porque en el fondo a todos nos gusta la música clarita, o el ruido. La buena música, la que tiene mejores ritmos, y formas más sinuosas, no son para todos. Porque ahí hay que poner más que el cuerpo para bailar, hay que poner oído.

Y no todos soportan el rigor del oído. Nos tapamos los oídos. Preferimos “música para los oídos”, baratijas, novelas de verano, policiales, relatos póstumos, historias, música funcional. Ni siquiera el ruido.
Nos hacemos sordera.
Y Savino es veneno para sordos, por eso uno lo lee y siento un pequeño cosquilleo acompañado de un antiguo mal sabor, algo más agrio que una mañana rodeado de limones, algo entre agrio y dulzón, fruta exótica, nueva fruta, al agridulce quizás, producto de un dejado que se dejó ir a la voz con su mano. Es lógico que los tímpanos duelan un poco al leerlo. Y el orgullo propio, si quedó algo de eso. Y todo lo demás también, y puede ser basura sideral.

7.2.12

El pasado irreal, por Jorge Quiroga







1


En Montovo el sol sale temprano
anda sobre los techos
mientras tritura la nieve
en las manos .
El pan se cuece en el horno,
y las versas reposan
en el profundo pozo.
La resolana barre la calle



2


Hiende
y enfrenta la corriente,
se desliza entre las ondas del río.
Ya divisó la piedra,
arrepollada y movida
en el perfil de la sombra
respira sonora
atraviesa el fondo del agua
parece navegar y perderse cuando vuelve.



3


La ciudad queda donde se apaga un fuego
hay que buscarla en el hueco del mar,
en la habitación con la ventana abierta,
(cerca de un escenario al aire libre,
monótonamente, una y otra vez,
en el sonido de una música rítmica)
Al desdibujarse la tarde,
camina sin sentido,
porque de pronto puede surgir
envuelta en fiebre y alelada



4


Los vecinos tienen la necesidad
que aseguren su empeño,
el hijo
es visitado muy a menudo,
están un poco vencidos por la vida,
una honda nostalgia los
recluye de todos y siguen un presentimiento
que por su edad es muy difícil,
aprendieron a callarse y a vivir como pueden,
pero a la tardecita en el fresco, nadie los puede desmentir.



5


El pasado nos asombra
con su carga medida,
aparece en el centro de la oscuridad
y es preciso ausentarlo,
pero no se rinde
nos violenta
y no nos permite dormir,
en el insomnio ciertos rostros
se adueñan del espacio
desmoronando cada latido,
entonces en el borde de la cama
un hombre casi sin aliento,
recuerda
ata su respiración el vacío,
con la persiana semicerrada
mirando la zanja de tierra
el descubrimiento se detiene,
las sombras se retira y lentamente se recupera
sin siquiera molestar a nadie
sin volver a pensar.



6


La intensidad del sueño
ahora nos toca
cuando encaramos nuestro rumbo
como una manera de acercarnos
a lo que fuimos alguna vez.
Una tozudez en las palabras,
una mirada que ve a lo lejos,
en un tiempo de otro pedido,
otros amigos
y pocas preguntas
llegando, contra toda certeza.



7


La mariposa se detuvo
al lado,
brilla transparente
como una lluvia fina
en una hoja
Marta la colocó en una caja
de papel madera
la guardó
la puso dentro.
Se voló en la mañana
en el aire
del día iluminado
no la vimos más.



8


Nada de eso es verdad,
está dirigido a quienes,
no se les habla
porque siguieron varados
y repiten lo mismo.
A los que conocemos
hace años
y se sintieron atropellados
por su destino.
Todavía los continuamos
buscando entre
la memoria que se interrumpe.



9


La lavanda del patio
tímidamente
ha sido robada
se trepa a la pared
y se abre.



10


El éxtasis lo lleva en los ojos,
mujeres deshabitadas
se sientan en el mármol blanco
del umbral,
cuelgan una cortina
que impide ver el interior de la casa,
después sellaron con una puerta,
en esa misma cuadra
tardé mucho tiempo en encontrarlos,
ellas no salen a la vereda.
Cuando paso por allí, esquivándolos,
se esconden.

1.2.12

Viscarra, cuando escribir es vivir, por Javier Fernández Paupy






Los libros de Victor Hugo Viscarra (1958-2006) están cargados de vida. Son una ráfaga de anécdotas y misceláneas. Por sus páginas pasan imágenes de la noche paceña, ladrones, vendedores ambulantes, marginales de la noche, rateros, especialistas del delito, especímenes enfermos de la cocaína que mezclan con el tabaco de sus cigarrillos. En Viscarra la calle es un hospital de locos y asolados donde trajinan la resaca de sus días prostitutas adolescentes y amanecidos que se drogan con disolvente de pintura o pegamento. Noches de borrachos a los que se les abre el hígado por un trago, entre patrullas de carabineros, peleas con armas blancas, puestos ambulantes de comida, fusiles marca Máuser, drogadictos que toman Artán sin ser epilépticos y dipsómanos en rehabilitación crónica. En las páginas escritas por Viscarra, como el memoralista que fue, aparecen madrugadas homicidas y mala alimentación, una bohemia de inhaladores de bazuco y empedernidos esnifadores de bicarbonato de sodio.

Cito a Cristino Bogado: “Más que la distancia entre la realidad y la ficción, lo que media entre la vida y literatura es que no cumplimos nuestras obligaciones cotidianas con la misma intensidad con la que leemos un libro.”

Viscarra hace sonar las voces aymaras, quechuas y palabras del lenguaje marginal boliviano. Su Coba (1981) recupera las voces del lenguaje secreto del hampa de su país. Un diccionario de bolivianismos pacientemente reunido que cuenta con más de un millar de voces y precisa una, llamémosla así, comunidad lingüística lumpen al tiempo que recrea la historia de los bajos fondos desde las mismas entradas del diccionario.

Alcoholatum & otros drinks. Crónicas para gatos y pelagatos (2001) prende la mecha de una memoria escrita que es también la entonación de un lugar. Fulguraciones del pasado en su mirada fresca, pícara. Autofiguración, paisaje, espejo de tinta, retrato de una ciudad pobre, autobiografía y memoria descriptiva de un lugar. Evocaciones, figuras líricas de la vida que pasa. Una escritura que crece a partir del trabajo con la remembranza. Sus libros son retazos de un autorretrato implacable. Entre lo público y lo privado, entre el testimonio y la denuncia, ¿cómo se acerca a las cosas del mundo la literatura de Víctor Hugo Viscarra?, ¿cómo las toca?, ¿cómo las muestra?, ¿puentes tendidos en su obra entre la cultura letrada y la popular? A otro perro con ese hueso. Víctor Hugo Viscarra lo dice mejor y más claro, en Borracho estaba pero me acuerdo (2002): “A los doce años me sumergí de cabeza en la noche”. Un escritor que tuerce las clasificaciones y se desliza a lo inclasificable, que arma un espacio literario y una escritura propia. De una tentación marginal y una exquisita pulsión autobiográfica se nutre su obra.

Escritor-espía-testigo-etnógrafo-retratista de los bajos fondos. El misterio de los desheredados, la aritmética fascinante y facinerosa del habla de los delincuentes, la jerga de los reventados, desposeídos, envenedados, en las páginas de sus libros. Viscarra memoralista compone el friso social de un tiempo perdido, de una Bolivia desarropada, famélica, vagabunda.

Hay en Viscarra el vigor y la fuerza de la letra impresa. Separación inseparable del autor. Una épica y una ética del fracaso. Pero ninguna autocomplacencia de lo tonto, sino tomar deliberadamente el camino de la pérdida, alto coraje. Pero pérdida y fracaso sólo se confunden en apariencia. Quizás se trate de una ética de la renuncia.

Lo imagino a Viscarra pidiendo plata en las calles paceñas con un cartel colgado del cuello en el que se lee: “Para qué mentir, necesito un trago.”

23.1.12

Sobre Claridad de Saltimbanqui, por Mariano Massone






Claridad de Saltimbanqui
, Hugo Savino (Ediciones Cada tanto, 2010)

Mientras pasaban las manifestaciones en España, Hugo Savino, desde su departamento de Madrid, le decía a Laura Estrin con una breve sonrisa irónica: “Esto ya lo viví”.

La ausencia de odio en su poética es lo que lo hace brillar. El saltimbanqui se caracteriza por mostrar todas las deformidades sociales desde una mirada aparentemente ingenua y jocosa. Esa es la treta. Como dice Hugo Savino en su primer poema: “memoria extralúcida” para recordar todas las tensiones del pasado que vuelven a resurgir como parodia.

huyen del ritmo

de la línea voceada

se refugian

en el rencor

El libro es un juego burlesco donde varios payasos intentan crear sistemas y estrategias. Obviamente, siempre llegando al fracaso. El horror es “la filigrana del odio el borracho”.

Hugo Savino se aburre de su queja, se duerme viendo pasar la caravana de jóvenes que protestan y puede ver con acertada claridad de saltimbanqui esos sistemitas ausentes que, según ciertos poetas, son verdades inamovibles. “En mi mano está mi voz”. Con esas simples palabras nos damos cuenta que sabe.

El desfile de las Bovarys y las preciosas populistas, los esmerados kierkegaardianos, los retóricos, los poetas delatores y los coloquiales conforman una “tribu escritora”. Es mejor mirar esa tribu de costado. Volviendo a Libertella: toda tribu se define por estar arriba o abajo del árbol del ghetto.

El saltimbanqui da cabriolas entre un esquema y otro. Sólo mantiene dos cosas: el ritmo y “la línea invisible de lo que florece”. Ninguna vía esquizo, ninguna ilusión ni mentira. El saltimbanqui no tiene una estrategia ni un programa, tiene una voz.

el cochero

de Bernard Malamud leía a Spinoza

y no daba gritos de mea culpa por todas las revistas

no

sólo leía a Spinoza y comía nueces

quemadas

Mejor no encontrarse en el lugar donde todos creen que uno está. Mejor sacarse el pijama, ponerse los zapatos, salir a la calle, sentir el viento que pega en la cara y el sol radiante sobre nuestras cabezas.

del lado de los

saltimbanquis que se ponen trajes gastados

entran por la puerta del vacío del tiempo

juegan a caballo mancado

complotan contra el parasitismo de la

anécdota

y buscan una sintaxis

14.1.12

Fuera de acá: Kafka con Copi, por Gustavo Calandra






Introducción


Si el sujeto en cuestión está “ante la ley” y, si esa ley es una identidad orgánica del sentido, no le quedará otra alternativa de poner en marcha el recurso de huida: huir del sentido.

Sabemos que para alcanzar la libertad creadora es necesario trazar una línea de fuga hacia el caos. Es a la sombra del edificio institucional –cuyo imaginario busca asegurar la continuidad de la sociedad, la reproducción, en fin, solidificar las formas– hacia donde vamos, allí, al costado, nace un monstruo. Son muchos. Comunidades de monstruos. Levantan su estandarte de monstruo contra el Estado y las Iglesias, contra toda fantasía normalizadora. (Daniel Link, Clases). Estos monstruos corroen los anaqueles de la taxonomía, con sus filosas prácticas aniquilantes cortan –instante de peligro– el lazo ideológico del Otro. Encima son reacios a la disciplina. Seguro que la belleza es nunca vivir seguro. Por eso, los monstruos pierden el juicio y rompen la cadena de significantes despojándose de la etiqueta.

Esta es una fiesta de locos… una nave que naufraga en la modernidad buscando a un narrador que ya ahogado, se extravía. Una vía no institucionalizable es la invención de un camino errante cuyo destino –o principio– es la destrucción (Alan Badiou, El Siglo). ¿Y acaso no es acercarse a la Revolución –dice Bakunin–cuando se desarrolla esa pasión destructiva y fecunda en la conciencia? Nada desmoraliza, ni la propiedad, a la insurrección popular, pues posee nada, “lo que la convierte en una fuerza brutal y salvaje capaz de realizar gestos heroicos y de realizar objetivos en apariencia imposibles. Capaz de exterminar su propia aldea o ciudad. Una destrucción saludable, puesto que es de ella, y solamente por ella, de donde surgen y nacen mundos nuevos.” (Mijail Bakunin, Estatismo y Anarquía)

Ha sucedido una catástrofe y nosotros somos consecuencia de ello. No es fantasía, “la moderna realidad histórica ha contribuido en gran medida a extender la imaginación de la catástrofe.” (Susan Sontag, “La imaginación del desastre”). Es inminente la extinción colectiva y sabemos que la expectativa del apocalipsis puede ser ocasión de cortar las amarras de la sociedad.

No hay salida. Destrucción. Habrá que trabajar con ruinas, partir de cero. Las huellas se han borrado liberándonos de la experiencia pasada –y sobre todo pobre. Como un sol en el cenit es el grito del recién nacido, el comienzo de una nueva barbarie. (Benjamin, “Experiencia y pobreza“)

Un campo fértil preñado por la imaginación supone también un registro consciente de la nada que libera al acto y supera lo real. En la propuesta de lo que aún no es, ese acto imaginativo, no solo aísla y aniquila, constituye un universo. (Sartre, Lo imaginario)

Considerando que la fuga frente a la inminencia del desastre puede convertirse en un viaje a la nada, intentaré leer la serie Copi–Kafka como la invención de un camino errante y su posibilidad de fundar una comunidad de monstruos, con el anhelo de siempre: la Revolución.


- I -


El siglo XX es una bestia cuya vida es incierta. A ese gran sacrificio que ha producido, le sigue una sangrienta ola capaz de borrarlo todo. Guerras, devastaciones, genocidios. La organicidad peligra ante la máquina y es tarea de la flauta unir “las rodillas de los días nudosos” (me apoyo en el poema de Osip Mandelstam, “El siglo”) para así comenzar un mundo nuevo. ¿Será mano y alma del último inventor quien se encargue de la creación cuando ya no quede sino tela arpillera de las bolsas de una barricada? Así sucede en 9, la película producida en 2008 por Tim Burton, y la Bestia es una máquina de destrucción que se multiplica “(y me permito decir que los humanos no son la única especie fallida, toda creación es riesgosa)”, aclara el Dios de los Hombres de La Ciudad de las Ratas.

No tenemos tiempo. Acechan el imperialismo económico, el deseo fascista, revoluciones y burocracias, dictaduras. Ante una revolución que solo cambia engranajes queda precipitar y rebasar las potencias diabólicas (Deleuze –Guattari, Kafka. Por una literatura menor). El espacio se miniaturiza –somos ratas o coleópteros– y su consecuencia es la aceleración del tiempo. “El universo de un artista es efímero” (Copi, La internacional argentina): cuando querés acordar, la catástrofe.

Salgamos por la imaginación. Un viaje-rapto es el modelo de fuga. La razón se escapa en Montevideo (Copi, El uruguayo).

Es el exilio: hurtar el cuerpo a bombardeos y torturas, soslayar los Espantapájaros, y una familia como un Paraíso o Infierno perdido. La urgencia del arte y la política. (Copi, Río de la Plata).

Es el viaje a América, a un mundo que es una nada y donde para un europeo podría compararse a un nacimiento. (Kafka, América) Será el lugar donde se pueda fabricar la ficción, tanto se miente como se roban maletas.

Kafka, en su diario, 18 de noviembre de 1911: “Uno acepta las ciudades desconocidas como un hecho, los habitantes viven en ella sin penetrar en nuestra manera de vivir, del mismo modo que nosotros tampoco podemos penetrar en las suyas”.

Volver a empezar que aún no termina el cuento, dice una canción vulgar de otra época. Si “la época de la imaginación es una deformación de la memoria”, (Tcherkaski, Habla Copi, Homosexualidad y creación), el olvido nos da la posibilidad de cambiar de espacios, decorados, actores, trajes, haciendo mutis en teatros sucesivos o mundos incluidos. El olvido hace que recomience El baile de las locas, pero la Bic asesina lo viviente del recuerdo. La escritura todo lo contamina en este teatro del mundo que es el universo de las locas.

Entonces Uruguay, “un país que no para de encogerse” (El uruguayo) será un objeto artístico a priori, patria de la representación de una Argentina en escala reducida. Aunque también Argentina, visto desde Europa, es un país sin nada ni nadie que da la posibilidad de partir de cero a un movimiento revolucionario internacional. Un baldío propicio para abonar con imaginación, “el más precioso de los potenciales” (La internacional argentina). Y para Silvano (La vida es un tango) “todo Buenos Aires pertenece al reino de la fantasía”, dice ya no ser él mismo, luego que sale desnudo hacia el diario Crítica, una vez bautizado sexualmente por Yoli de Parma mujer-madre-puta-actriz, donde será absorbido en ese escenario de “ritmo endiablado”. Allí los barrios son etiquetas que pueden llevarse bajo el brazo y su simple denominación confina, a quien lo posee, a una cárcel de lenguaje. Tener es igual a morir. La propiedad, dice Proudhon y le creo, es un robo que en este caso significa la muerte.

Mediante un “juego idiota”, y a través de un uso profano de la lengua, se exorciza la duplicidad de la representación. Los habitantes se liberan de la esfera “sagrada” y desactivan los dispositivos de poder, considerando que:

El hábito, como segunda naturaleza, tiene el poder de sugerir al entendimiento nuevas formas categóricas, fundadas en las apariencias de lo que percibimos, y por eso mismo, desprovistas, en la mayor parte de los casos, de realidad objetiva.
(Proudhon, ¿Qué es la propiedad?)


El juego hubiera sido la solución perfecta pero el tiempo se reduce de manera vertiginosa. (El uruguayo). La narración no frena y el proceso de aniquilación se precipita:

Si el hombre no es un pescado,
la mujer no es una sirena.
Si el agua del océano a hervir se pusiera,
cambiaríamos del todo
nuestra concepción del mundo.
(La guerra de las mariquitas)


Cuando la imaginación desbordante no sigue el cauce de la creatividad, “se orienta instintivamente hacia la destrucción, peor aún, hacia el aniquilamiento de la especie humana.” (La Internacional Argentina)

Que una tormenta de arena en Montevideo. "Una novela es como un médano: hay que sacudirlo cada tanto”, vale esta afirmación de Copi para su primer experimento narrativo. Catástrofe. Bombardeo. “La tierra prácticamente ha estallado”, es la guerra de las mariquitas. Que un tornado. ¡Canibalismo del Amazonas! “E l´ora de l´apocalypse”, según Pierre y ya no habrá baile de las locas. ¿Un ciclón? La muerte es un tiburón gigante que asoma su aleta. Que un atentado en los Baños Continental, hierve el Place de l´Opera. Explosión y chau Saint–Chapelle. El ejército humano es destruido. Se viene el diluvio. LAVA. Parece el fin, “el eje sobre el cual gira el mundo se volvió loco.” (La ciudad de las ratas)

Pero como se viaja para escribir y se viaja para vivir, la fuga. “Uno se escapa donde puede”, reflexiona el centenario Silvano antes de ingresar a la gruta de sus propios símbolos. Habrá tormenta y saldrá el arco iris. (La vida es un tango)

Se viaja a la luna amazónica o a un París revolucionado. La isla de la Cité avanza errante por el mar. Imposible discernir ficción de realidad. La causa: ¿falta de curiosidad? ¿Disneylandia? La existencia como una sucesión de viñetas de comics. Cartas. La amnesia. Tache. Lea y tache, maestro. Nada quedará en la memoria (El uruguayo)

Carlos Correas lee este curioso procedimiento en Kafka: “Felice, te lo advierto. Te lo dije ya el otro día: ésta es una de esas cartas que debes dejar de leer a la tercera o cuarta frase. Ya Felice, ¡rompe esa carta! ¡Ahora, rómpela!”.

En ciertos casos, el olvido puede ser liberación. A Josefine le espera la disolución en la incontable muchedumbre de héroes, donde “se perderá alegremente”, ya que no existe registro histórico en su pueblo.

Un “deseo de ver las cosas tal como son antes de que se me muestren” es la excusa del orante ante el olvido de los nombres. (Conversación con el orante)

Kafka se propone desmontar los dispositivos maquínicos y los dispositivos de enunciación, provocando “fugas en el mundo y en su representación” (Deleuze) cuando se trate de los cuentos. La desterritorialización es diferente en las novelas, la línea de fuga arrastrará todo el dispositivo social.

Sorteada la cárcel de su negocio, “el comerciante” surfea olas de excitación que lo llevan sin rumbo. Está solo, es de noche y en la altura del ascensor amonesta a los otros (los que no dan fiestas ni huyen a América): Retrocedan, vuelen, crucen el arroyo, persigan al hombre insignificante. (El comerciante)

Para cambiar es preciso huir de la familia –romper el triángulo– y la seguridad doméstica, dar “El paseo repentino”, tomar “Resoluciones”, “terminar con todo”, en fin, una experiencia radical de ascesis que permita habitar un no-lugar: fluir. Porque “El pasajero” siente una inseguridad completa respecto de su mundo.

“El rechazo” solo deja una salida: la soledad. Y, sobre todo, cuando uno no es un fornido indio americano aunque desee convertirse en indio lanzado a la carrera a través del aire. Sin espuelas, sin riendas, sin caballo, la búsqueda de la diferencia mínima por la cual salir de la dialéctica.

Ante la ley paranoica del déspota, el recurso de abandonar el sentido. Desde ese lugar de enunciación vacío, de pura negatividad, una literatura menor debe producir enunciados nuevos, armar otras series textuales de bloques discontinuos, plantear otros problemas. Contra todo pronóstico de fuerza y corrientes sociales nace un arte con potencia revolucionaria.

“No bromees”
“¿Y quieres que yo te enseñe el camino?” pregunta el representante del orden.

No, la meta es “La partida”, irse lejos de aquí, fuera de acá. Como una barca mortuoria sin timón. Y tal vez llegar al umbral y extraviarse –en un vuelo– en los hielos de la cordillera, “hasta nunca más ver”. (“Jinete en un cubo”)


- II -


La comunicación es imposible con el otro cuando uno –cualsea –está fuera de juego, mirándolo “con mirada animal” y sin ponerse en órbita (“Resoluciones”). Para quien adhiere a la impropiedad como tal, a una singularización sin identidad, no determinada respecto a un concepto, sino solo a través de su relación con una idea (Agamben, La comunidad que viene), no es posible la comunidad burguesa. Gracias al anonimato parisino, el apolítico y apátrida exiliado evade la desdicha general: “no soy feliz ni desgraciado, no soy nadie.” (Copi, La Internacional Argentina) El médico de campo no cura al cristo agusanado y sale desnudo hacia la tormenta, en caballos de otro mundo, para perderse en el desierto de nieve. (“Un médico de campo”)

La nada. De allí sacar la fuerza para la transformación radical. Ése el proyecto político de Kafka. Fondo blanco. Ojos en blanco y una botella de Schnap. ¡Hola! El salto al grupo humano, una salida que no significa libertad para el ex simio (tan solo imitación). Por eso, “una excursión a la montaña” con nadie. Y si hay que viajar para casarse, se envía el “cuerpo insignificante” o se toma el tren equivocado. “Y mientras tanto digas uno en vez de yo no pasa nada, puedes contar esta historia”. (“Preparativos de la boda de campo”). ¿Cómo luchar contra los Aparatos Ideológicos de Estado (religión, familia, cultura, ley, política) que aseguran producción de las condiciones de producción? (Althuser, Las ideologías y los aparatos ideológicos de estado). Sin presupuestos y sin sujeto.

Surge la pregunta: ¿Cómo y para qué reproducirse si esa reproducción incluye las condiciones materiales de existencia? (Link, Clases, “Ley”)

¿Vivir en un trapecio, aislado? Con el riesgo de asomarse a “La ventana que da a la calle” y ser arrastrado por caballos hacia la comunidad de los hombres.

El deseo es parte de la máquina; su fantasma, un engranaje que repite y propaga. Limemos los dientes de la pieza, desviemos el eje de rotación.

Con Copi irrumpe el desastre. Guerra entre mariquitas y la tierra ya no existe. No hay dios y el nuevo reino de las amazonas muta darwinianamente al revés. Solo cabe un intento monstruoso de maternidad en Conceiçao.

Las uniones son imposibles: travestis, homosexuales, emasculaciones.

El ombligo de Pierre es territorializado como órgano sexual y forma par con el muñón–pene. Renuncia a la multiplicación el Dios de dioses en la ciudad de las ratas. Diluvio y no procreación. “Tenemos un hijo de nosotros dos”, y los amigos lo bautizan Goräkareine.

En ese pueblo infantil y viejo de los ratones, cuya vida es intranquila y acelerada –pues es necesaria en tiempos de lucha– Josefine es la “excepción”. Ella pelea por dejar de yugarla y tararea imponente su tenue chillido en la asamblea popular, una voz que es una nada y se abra camino y “hace bien pensar en eso”.

La comunidad brinda seguridad: “Desde luego la diferencia de fuerzas entre el pueblo y el individuo aislado es tan enorme… basta con que traiga al protegido al calor de su cercanía y con eso aquél está ya suficientemente protegido.” Pero “Josefine está casi más allá de las leyes”, lo que pone en peligro al grupo. Claridad diáfana: la “o” del título marca la disyuntiva. ("Josefine o el pueblo de los ratones")

Ni siquiera en la amazonia lunar René Copi evita enrolarse en ideología, ejército o religión. Sabe que no es el único loco por “sentir fobia por cualquier tipo de agrupación”, aunque la brigada homosexual sea el único grupo en el universo. (La guerra de las mariquitas, p. 77) Argentino en París: imaginario irrealizable.

Tanto el chillido liberador y espontáneo como el graznido de Gregorio o de los nómades sin lengua, se transforman en gritos que escapan a la composición, al canto, al habla. "Ser infeliz” y gritar solamente por oír el grito, al que nada responde y al que tampoco nada le sustrae la fuerza”. Lo único que cuenta es la intensidad, una línea de fuga que desorganiza el sentido (Deleuze). Ser extranjero en la propia lengua. Esta desterritorialización de la cultura opone su carácter de oprimido y conduce la lengua al desierto. Porque en el desierto no hay patria y los nómades del norte rechazan las instituciones, intervienen de otra manera, toman lo que les hace falta. (Kafka, “Un viejo papel”)

Sin embargo, no será monótona la vida solitaria del uruguayo en el desierto (el acto amoroso queda relegado a una relación con la negra muerta), puede estimularse la creatividad hasta límites surrealistas y pequeños milagros. Un mundo no autónomo que se re-construye con el reciclaje de desechos y de elementos.

La fuga del mundo, sea por viaje o imaginación no permite formar comunidad y, en caso de establecerse, sobreviene el desastre o una nueva huida. El monstruo reafirma su subjetividad singular y solo es capaz de una reproducción aún más monstruosa, que atente contra la vida burguesa. “Es posible amar a un monstruo; no amamos más que a monstruos.” (Copi, La guerra de las mariquitas)

“Queda mucho por hacer”, diría Pappo: edificar el limbo a partir de una orgullosa nulidad que recupere la alegría natural, para siempre y sin destinación. (Agamben, “Del limbo”, Las comunidades que vienen). Percibe Copi al Río de la Plata como purgatorio de persecuciones desde donde pudo escapar. (Río de la Plata)

Fracasa la realización física de la comunidad, ya que sabemos que proviene de la imaginación de los intelectuales que, a través de la expresión de una conciencia alterada, definen el nacionalismo, elemento de cohesión e igualdad –abstracta– entre los ciudadanos. (Benedic Anderson, Comunidades imaginadas)

Fisuras en la aldea global del capitalismo por donde se cuela el elemento desestabilizador revolucionario.


- III -


La literatura menor –en Copi y Kafka se lee– arma su programa político revolucionario. El viaje/fuga nos puede conducir a América, dejando atrás padres y descendencia y comprometernos, hasta el llanto, con la mano de un trabajador, inicio de lucha por una causa justa. Pero la velocidad adquiere ritmo de alienación mecanógrafa –un Chaplin en Tiempos Modernos– hasta el punto de ensoñar una vida de oficina y entrega al negocio (¿para qué derrochar energía en estudios?), hasta el desdén frente a una huelga obrera. La huida no se detiene, atrás quedará la comunidad de ascensoristas, hoteles, casas, asilos. Huyamos de los discursos del poder que escarnecen al pobre. Aunque la máquina funcione a la perfección, desconfiar de esas trompetas que tal vez anuncian el apocalipsis. Desposeerse, desequiparse, abandonar también el nombre, ser Negro (y lo que eso significa en EEUU), seguir transitando ese gran teatro de la vida y, desde dentro, instaurar dispositivos colectivos de enunciación como una potencia diabólica del futuro. Es el momento de la manada.

Emerge desprendido/despreciado un fragmento de tierra cuyo impulso proviene de una fuerza maligna que lo guía y protege. Se escuchan viejas canciones revolucionarias al ritmo de la destrucción. Recuperan la libertad prisioneros humanos. ¿Cómo es ser un salvaje en la utopía del circo homosexual espacial? ¿Ser extranjero, o travesti o lesbiana?

“Se las puede comparar con cualquier cosa, son nuestra imaginación”, motor de la acción política. Un manifiesto que es declaración de guerra: El sol rojo de las pampas. En un trip de ácido la velocidad se vuelve vertiginosa y la Revolución es teatral. Ser un santo y quebrar el verosímil de forma violenta como recurso extremo contra la envoltura de la explicación. Maldición va a ser un día hermoso. El cielo está cerca y se puede tocar el sol con la punta de los dedos profanos.

-¡Vengan!
-¡Juntémonos todos!

Hay que saltar del puente, zambullirse en el atardecer –no hay razón para no hacerlo– y volver a levantar el copete solo para caer en una zanja más honda. Hay que seguir aunque estemos locos. ¿Cómo van a cansarse los locos?


Epílogo como si lo hubiese escrito Mijail Bakunin


La insurrección popular, por su carácter mismo, es instintiva, caótica y despiadada; supone siempre un sacrificio y un gasto enorme de su propiedad y de la ajena. Las masas del Pueblo están siempre dispuestas a sacrificarse; y lo que las convierte en una fuerza brutal y salvaje capaz de realizar gestos heroicos y de realizar objetivos en apariencia imposibles es que poseen muy poco o con frecuencia nada, y por consiguiente, la propiedad no las desmoraliza. Si la victoria o la defensa lo exige, no se detendrán ante el exterminio de sus propias aldeas y ciudades, y como la propiedad es generalmente ajena, desarrollan positivamente una pasión destructiva. Esa pasión negativa, sin embargo, está lejos de ser suficiente para elevarse a la altura de la causa revolucionaria, pero sin ella esta última sería imposible, porque no puede haber revolución sin una destrucción saludable y fecunda, puesto que es de ella, y solamente por ella, de donde surgen y nacen mundos nuevos. (Mijail Bakunin, Estatismo y anarquía)

6.1.12

La niñez robada, por Pablo Moreno






Hace años mi hijo se me acercó y me dijo:
Papá, los caballos no tiene cuernos.
De esta manera un niño descubre la vida.

Viktor Sklovski. Maiakovski


A lo largo de The Big Red One (1980, Fuller) hay testigos que significan lo absurdo de toda contienda bélica: los niños. Una niña ve comer al sargento en una playa de Túnez, ante la incomodidad que ésta le provoca el sargento le cederá su lata de ración. Al mismo tiempo otro niño comercia intercambio de bebidas o mujeres por cigarrillos. En otra escena otra niña juega con el casco del sargento, luego decorará con flores el casco a cambio de un beso. Ese gesto de ternura lo pagará con su vida: el casco es muy llamativo para el enemigo. Otra escena: un niño lleva en un carruaje el cadáver en descomposición de su madre, dará información de dónde se halla el cañón enemigo a cambio de un entierro digno para su madre. Niños que buscan padres, huérfanos que son empujados a la adultez sin ningún paso previo. La infancia en Fuller es ese testigo molesto que no se desea ver, pero que siempre está ahí, vitalidades incómodas que surgen de las ruinas de la guerra. No se puede señalar una sola escena, son varias porque lo primero que mata la guerra es la inocencia.

Fuller aparece en el film con su cámara de 16 mm filmando niños alemanes, fanáticos y aún así, inocentes. Otro niño nazi es francotirador, cuando el sargento le ofrece a cada uno de su grupo que lo ejecute, nadie puede hacerlo, unos cachetazos correctivos transmutarán el grito de Hitler de parte del niño por el llanto pidiendo por su padre, una manera de hacerlo volver a su infancia, donde los padres son los que señalan los límites de aquello que es incorrecto.

El Iván de Tarkovski tiene una profesión de adulto: es espía, prefigura la acción de otro personaje futuro del realizador ruso: “stalkear” (tomo el concepto de Serge Daney empleado en su artículo sobre Stalker en Cine, arte del presente), cruza el umbral para adentrarse en el bosque, es decir, deja de ser niño porque se adentra en el miedo al deambular por la filas enemigas para recoger información. Iván ya no es niño (el título del film no deja de ser paradójico porque la imagen lo desmiente), es un soldado consumado al cual se le encomiendan misiones peligrosas. Sólo puede acceder a la infancia a través de la materia onírica, que la vez constituye la memoria de aquello que le fue arrebatado (su madre, su familia ¿cómo era?, no lo sabemos). A la memoria le gusta escudriñar las tinieblas dice el poeta Ossip Mandelshtam y la vigía del sueño siempre será rota por el presente de la guerra.

Así como la crítica italiana le reprochaba a Tarkovski cuestiones formales respecto a las representaciones oníricas porque de esa manera ya no se filmaba en Europa, en la URSS Tarkovski siempre fue criticado por “formalista”. Pero como bien señala Sartre, la cultura de Tarkovski es “necesaria y esencialmente soviética” y en La infancia de Iván (1961) lo onírico es la vía formal posible para señalar que el personaje principal ha perdido su niñez. Al respecto dice Deleuze: Ello explica que el cine europeo haya recogido muy tempranamente un conjunto de fenómenos: amnesia, hipnosis, alucinación, delirio, visión de los moribundos y sobre todo pesadilla y sueño. Este fue un aspecto importante del cine soviético y de sus variables alianzas con el futurismo, el constructivismo, el formalismo, el expresionismo alemán y sus variables alianzas con la psiquiatría yo el psicoanálisis… el cine europeo encontraba así un medio para romper con los límites “americanos” de la imagen-acción, y también para alcanzar un misterio del tiempo… “Del recuerdo a los sueños” en La imagen-tiempo.

El niño no tiene pequeñas virtudes ni pequeñas debilidades: es radicalmente lo que la historia ha hecho de él. Proyectado a su pesar en la guerra, la guerra no lo ha hecho enteramente. Pero si asusta a los soldados que lo rodean, es porque no podrá vivir nunca en paz, señala Sartre (“Discusión sobre La infancia de Iván” en Revista de Occidente Nº 175, diciembre de 1995). Es por eso que los oficiales lo abrazan, le dan afecto y lo quieren enviar a la escuela. Pero no pueden ver que la imagen del niño no es precisamente lo que florece de su interior. El odio y la venganza es el motor que mantiene vivo a Iván porque su niñez ha sido extirpada. A fuerza de ver tanto horror lo único que le queda es su causa. Y es por eso que ya no quiere mantener ningún lazo afectivo con los adultos y decide volver con los partisanos.

Luego que Iván va a su última misión, volviendo al territorio inhóspito del bosque, al film se le insertan partes documentales que dan cuenta de la liberación de Berlín por parte de las tropas soviéticas. Nuevamente la infancia hace su aparición de modo perturbador: los hijos envenenados de Goebbels puestos en fila en el piso, otros niños asesinados en otra habitación, la violenta capitulación de los nazis empezó con la ejecución de sus hijos. Posteriormente, cuando las tropas soviéticas revisan las salas de ejecuciones y los archivos (con sus respectivas fotos) de los prisioneros ejecutados la foto de uno de esos expedientes devolverá la última imagen con vida de Iván: un rostro que estremece no sólo por ser aquel que había sido enviado a esa misión suicida, sino porque también devuelve una mirada de odio. Una mirada que no parece de niño.

Fuller también culmina su film con una liberación: la del campo de concentración de Falkenau. Nuevamente, lo que la imagen nos devuelve en primera instancia son miradas, ojos asustados. El sargento intentará alimentar y apartar del horror a un niño que ya ni come y que luego morirá en sus hombros. Habría sido sentimental si la escena hubiera estado aislada de la totalidad del film, pero anteriormente habíamos señalado la presencia opresiva de los niños como testigos del desastre. En esto quizás reside la diferencia con el film de Tarkovski. Iván resigna su infancia en el mundo “real” (no en el mundo onírico), ha perdido todos sus afectos y por ende se ha convertido en un “hombre” de acción, consciente de su destino trágico. Los niños en el film de Fuller aún conservan una mirada inocente (no dejan de ser miradas de niños) a pesar del horror.

Tanto Fuller como Tarkovski coinciden en una misma idea: el espacio trágico de la guerra es el de la niñez robada.

1.1.12

Macedonio Fernández: la poética del pensar, por Jorge Quiroga





El tema de la muerte es una constante macedoniana y está ligado a una preocupación que lo acompañará siempre, un dato radical (No todo es vigilia la de los ojos abiertos) que conmocionará su forma de acercarse a las preguntas que fundamentan su poética.

Macedonio se interroga acerca del porqué de la poesía, tal como él la entiende, puede justificar hechos tales como la muerte, la involuntariedad de la voluntad, el porqué hay imágenes, memoria, ensueño, la invención del Pasado. La crítica de lo Dado (“Poema de poesía del pensar”). Y encuentra en la conciencia de lo contingente, es decir en el mundo, la oportunidad misma de que la poesía pueda existir. Esta poemática del pensar es en verdad una forma seria y desmedida de tratar esa “invención libre”, que hace que las cosas sean contenidas en el impulso que las necesidades estéticas de la conciencia estructuran.

La anulación de la posibilidad de la muerte en Macedonio está asociada a esa maniobra que realiza, al mismo tiempo que piensa el cuerpo, logra convertir la idea misma de lo corporal en un absoluto, que como resultado lee al mundo como un vacío o una ausencia reiterada.

Macedonio dice que crear un instante sin mundo en una duración de lo no sentido, de no sentir es creer en la Duración del tiempo y ese enigma que consiste en la anulación ilusoria en la que suspendemos la relación con lo sensible y pueda ser el nacimiento de lo pensado, que aquí entonces empezaría como una interrupción. Inexistencia que surge abruptamente, pero como una desvinculación que paradójicamente cierra para que pueda ser pensado el mundo.

Lo que ocurre es que esa insistencia macedoniana de pensar la nada, es decir la no-existencia, la muerte, se le presenta como una intriga que inevitablemente es una pregunta que ya sabe que no tiene
posibilidad.

Negar “la realidad del tiempo”, errar hacia una especulación incesante que esta refutación deja abierta pensando “estas supuestas interrupciones” que Macedonio cree que son pensables nada más que para enfrentarse a la muerte.

Sabemos que amor y muerte forman para Macedonio una vinculación tan poderosa que una reciprocidad constituyente relaciona y unifica ambos órdenes, “no se muere para sí ni hay muerte para quien no ama, ni hay belleza que no proceda de la muerte, ni muerte que no proceda del amor” (Museo de la novela de la eterna). Esta seguridad recorrerá los textos macedonianos, abriéndose a la bifrontalidad del amor/muerte, su escritura es ella misma especulación. El impulso irrealizador de Macedonio Fernández lo lleva a descreer de todo intento de develar ese, enigma mediante una acción que nos saque del ensueño, esa zona de transición que está prefigurada en el pensamiento. Escribir/pensar, esa es otra forma de acercarse a un núcleo que se les escapa, y que únicamente puede rodearse con un pensamiento ensimismado. Es decir algo volcado y centrado en los restos de una experiencia que se encuentra siempre al borde. La muerte está siempre presente en ese vacío que no puede ser pensado y que por eso mismo cobija en su seno los riesgos de la no-existencia.

La muerte explica en su enigma, los caminos para llegar a una novelística de interrupciones. El ensueño para Macedonio es visualidad, entrada en el ser: Todo el misterio Ensueño-Realidad está dominado por la suposición de lo real frente a la realidad inmediata de lo soñado. El ser es siempre, además de pleno, inmediato. Lo mediato es la nada, nada es. Despertarse es volver a soñar, continuar siendo, caer siempre en el ser, siempre inmediato, incesable y pleno” (No todo es vigilia la de los ojos abiertos). En ese momento del pensamiento macedoniano (1928), la preocupación está centrada en ese umbral entre dos situaciones vitales que se entrelazan, pero que el decide que es el estado de ensueño que todo lo abarca, y es allí donde es necesario ir a buscar el sentido. El ensueño con sus imágenes refiere sensaciones y sentencias, para Macedonio el verdadero receptáculo de aquello que se acumula en el movimiento de la propia imaginación. La pasión es en Macedonio el encuentro del ser con el ser, y la muerte el horror de esa dicha, pero está vinculada interiormente con ella a través de lazos que no pueden destruirse en el polo de la muerte…

La asimilación de los cuerpos, el traspaso de un yo en el otro, se separan con la muerte, pero en Macedonio es como si lograran un nuevo espacio, donde el vivo perdura en la vida del otro. Ese enigma de pareceres de ojos abiertos que viven en el ensueño, redoblan y ahuyentan el enloquecimiento de morir un poco en el otro. Esa unión entre amor y muerte hace que la música, otra pasión macedoniana, visite continuamente a aquellos que partieron y dejaron señas para ese aproximación. Macedonio nos dice que aunque hay algo que nunca fue presente para el ensañamiento, sin embargo podemos pensarlo: “Tal seria la intriga del pensamiento de la nada, la muerte nunca tuvo actualidad en el pensamiento de la nada; la muerte nunca tuvo actualidad en el pensamiento pues pensar es existir y por otra parte para que algo pueda ser pensado especulativamente es preciso que alguna vez ese algo y el pensamiento hayan sido simultáneos” (“El dato radical de la muerte). Es decir que pensar supone una adecuación, una actualidad puesta en juego para poder hacerlo, pero la relación existencia/ no existencia rige la vida de los hombres, Macedonio parece plantear esto que no es lógico habla de una simultaneidad hipotética, que está en la raíz de todo proceso de pensamiento. Como si pensar fuera el vehículo de una comunicación posible con la existencia del otro, y de la otra. Acertijos que Macedonio no resuelve de ninguna manera, porque lo que le interesa es tomar ese Pensamiento inicial en su nacimiento. Pensar es tomar aliento y únicamente cuando se cumple ese paso es que vigilamos atentamente esa simultaneidad, que implica siempre tomar “contacto” con la muerte.

De alguna forma también es disolver un contrasentido que está implícito en la falta de lógica, y hace desaparecer nuestra propia presencia. Macedonio procede pensando una metafísica, que aminore el aislamiento que inevitablemente lleva el estudiar con visión de niño, al preguntar interminablemente sobre los sentidos de este planteamiento, y este cruce que significa pensar.

La estética que va urdiendo Macedonio se desarrolla en el mismo proceso que significa pensar, mientras va pensando, en el movimiento en si, incluyéndose y separándose del lenguaje y sus efectos. La técnica literaria busca sorprender al, lector, confundirlo “en su sólido sentimiento de certeza de realidad del ser”, (Teorías de MF, OC). Por lo tanto el intento consiste en anular las seguridades, lo que pasa es que en esa anulación implícitamente el autor también pierde sus seguridades de existencia, desaparece para desubicarse en otro plano del discurso. No se trata de una existencia material sino de sentido.

“Al escuchar las palabras “pensar” “lo pensado” “pensamiento”, asociamos con ellas un sentido” (Heidegger, ¿Qué significa pensar?). La literatura “técnica indirecta” de suscitación de estados según Macedonio, montaría no solo una relación con el sentido, sino que al ser palabra instauraría el sentido mismo Al confundirse el sujeto iniciaría un extravío, una deriva en la que tanto autor como lector dudarían de sus mutuas existencias e incidentalmente se encontrarían salteadamente en la novelística. La perplejidad, la sorpresa, constituirían una dominante de ataque y fuga, de acercamiento entre dos lógicas complementarias. El pensar unificaría, tan solo de manera ilusoria el uno y el otro camino…

Hay en Macedonio un cierto núcleo musical que es el que está en juego en las confusiones de sentido. Existencias a las que la literatura estaría poniendo en entredicho. Hay un dialogo expresado en toques y rechazos en los que el pensamiento aparece como aquello que vincula y deshace las significaciones dejando todo en suspenso. Si el pensamiento, actuando “contra su propia esencia según Heidegger (“pensamiento de algo”), para pensar la nada entraría en el contrasentido, cumpliría, obrando así, el paso que lleva la pregunta. El enfrentamiento con esa cualidad de interrogar, lo hunde al sujeto en el llamado del que no puede salir, sino es mintiéndose a si mismo, a través o mediante el lenguaje, que lo cerca inadecuadamente. Para Macedonio pensar siempre significa que la constatación de la nada es una alternativa. Nuestro pensamiento debe quedar en el vacío, porque con el somos nosotros mismos. Si las cosas van desapareciendo, aunque fijemos el dominio, quiere decir que pertenecen a otro sentido que se escapa, y está más allá de cualquier pregunta. De lector a personaje, del vacío de la conciencia, o de la percepción de la nada al camino del ser conciencia, hay entradas y salidas, interrupciones que son el verdadero sentido. Porque lo que se busca es retrotraer todo a un momento musical en el que nace el lenguaje. Al pensar se agrega un elemento que no estaba previsto, por añadidura establecemos una relación por el que el sentido es posible. Macedonio piensa su poética, esa es su metafísica, mientras tanto se va preguntando así mismo, el hecho de los limites entre la vigilia y el sueno, quiere que ese umbral pueda ser pensado y a la vez confundido. Porque entrevé que allí se encuentra una dirección que es consustancial con el existir, Dice Macedonio que lo “único posible y artístico es la suscitación de emociones” (Teorías de MF, OC), negando que ellas puedan causarse a través de lo artístico cayendo en el realismo o la culinaria. Si el arte suscita, quiere decir que provoca, interfiere en la cadena de sentido, consciente y artificialmente, como el ejercicio de una estética, levantando promoviendo nuevos sentidos, de alguna manera interrumpiendo. Este movimiento incorpora el suplemento, que es lo que le importa a Macedonio, a lo que el defiende que es un itinerario de la reflexión.

El arte se propone no el periodismo, “sino la socavación de la certeza de vida en el lector”, (Teorías) esto es colocarlo en la encrucijada donde él dude de la evidencia y pase a ser vida que no está, en principio porque no puede desconocerse, y entra y sale del relato ahuyentado por su propia imagen y por su extravío en el texto… Salirse del camino, encontrar un lugar provisorio, es también no poder recuperar aquello por lo que es interpelado, y entonces es una forma de estar suspendido.

Porque Macedonio identifica como “mareo del yo”, esto que puede ocurrirle al lector cuando se rinde a la posibilidad de negar la vida. Hay un acorralamiento, un acoso, que el autor, además inexistente, suscita en el desprevenido, y ambos trasponen un espacio de tiempo común en el que piensan y se anulan. Marearse, después desmayarse, es salir al mundo de lo cotidiano, y en la visión macedoniana es acceder a un mundo estético, provocado literariamente por otra conciencia. El lector al hacerse el mismo personaje, o mejor dicho al poder creerlo se transforma en alguien que entra a la Novela con la espontaneidad de lo que niega su propia vida, se convierte nada mas que en un remedo. Si se consigue por un momento esto, en esta metafísica el lector sentirá “la liberación de la muerte”, el saber que se ha de morir será relativizado, puesto que participa en una alucinación, por la que no puede morir por que ha pasado a ser personaje. Por lo que la literatura, si se toma así y no crédulamente como lo hace el realismo, seria una manera de pensar la muerte hasta conseguir pasajes, que tuvieran que ver con la Vida/Muerte.

Macedonio descree del mundo visible, es como si dijera que lo único que hay que pensar en forma insistente es la posibilidad y la interferencia que pueden darse con la muerte, la literatura, lo que el llama su novelística, tiene intima relación con esta circunstancia de los pasajes. Todo esto es pensado, sometido al raciocinio pero también al absurdo, ya que la humorística será una forma de pensar y actuar esta condición. El pensamiento especulativo nos permitirá ir acompañando estas interrupciones de sentido, estas tergiversaciones macedonianas que el quiere pensar y transformar en escritura. Tal vez porque desconfía de la materialidad, y se propone pensar esos motivos sin transformarlos en asuntos o temas.

Y ellos le irán apareciendo a medida que piensa su metafísica en senderos, donde es necesario volver una y otra vez. Macedonio formula una “poética del pensar” que descarta tanto una poesía rellena de pensamiento como un pensar que se oculta detrás de una poesía o, para el caso, de una novela, del mismo modo que una forma razonante y sistemática del “pensar” así como lo conocemos por tradición”. (Noé Jitrik, “La novela futura de Macedonio Fernández”, en El fuego de la especie.)

Se trata en verdad de “experiencia de la escritura” lo que se da en ese interjuego entre el pensar/escribir que como dice Jitrik exige formas nuevas. Ese pensar sobre el origen del pensar, estaría ligado en Macedonio a una tensión improbable, la de acceder al lenguaje, como si un débil hilo que precipita las situaciones, hiciera que la palabra abriera un campo de sentido, que ese acompañamiento lograra desatar.

Gracias al pensar (ese particular modo que propone Macedonio), se ingresa a un conocimiento que dejara entrever los enigmas que lo obsesionan: los limites entre diferentes estados de conciencia, y la lucidez que de manera “sistemática” es necesario guardar para no perderse en ese laberinto confuso de sensaciones disímiles.

Es que al pensar de esa forma, buscando por así decirlo las cualidades estéticas de los acontecimientos, se va estrechando un espacio de reflexión que puede o no convertirse en Literatura, pero indudablemente encierra el ejercicio de una experiencia.

Las imágenes aparecen y desaparecen, dejando vestigios, que son los recogidos por el pensamiento para que en su captura, y en el ocultar/develar, se puedan recomponer las que quedaron sepultadas. Ese intento macedoniano de desmenuzar todo, tiene inevitablemente puntos de contacto con lo real que es negado por ser una construcción, y porque clausura la posibilidad de que puedan incluirse nuevos modos de problematizar y de interrogar.

Lo que él llama belarte se caracteriza por ser consciente, y por transformarse en versión, siendo “el idilio tragedia del Amor, su cesación por el Olvido, sin muerte, por imperfección, agotamiento de la facultad de simpatía “el único “asunto” (Teorías). Y debe poseer un modo artístico propio. La negación de la muerte, y por lo tanto del tiempo lleva implícita la idea de que ese misterio se conjura por un acto voluntarioso del amor que impide toda forma de olvido.

El pensar se ubica aquí como la delimitación de un espacio, donde en el mismo instante poético de la gestación del pensamiento, se produce ese efecto de sentido, que hace singular el instante. Que se convierta en poética significa que existe la perduración de esos procedimientos, en un pensar que se acompaña de todos los pasos de la meditación, formando nuevas interrogaciones que se suceden de manera interminable. El pensamiento se encuentra encaminado no a construir un sistema, sino a deambular en torno de ideas y palabras, objetos que resuenan en la escritura como un lenguaje interior.

La humorística “puramente sorpresa intelectual” forma parte de la estrategia de Macedonio de producir en el lector ciertos tropiezos de conciencia que van incorporados a su estética, entremezclándose en su novelística. Como se sabe los géneros van juntos en Macedonio, a pesar de se los separa residualmente ya que estamos ante una estética de lo inacabado, de lo incloncluso y seguramente de lo que se interrumpe. Nuevas uniones, lo conceptual como inherente a la percepción del absurdo: ¿No es acaso también una forma de pensar y de acercarse a ese proceso que es un recomenzar constante, un modo de disponer ciertos pensamientos?

Macedonio quería pensar, ese era su cometido metafísico, el enfrentarse continuamente con el pensamiento del vacío de la nada, que lo acechaba como posibilidad de olvido, desmemoria que él se empecinaba en ahuyentar, pero que estaba ahí rodeándolo con su silencio. Sus costumbres ambulatorias lo llevaban a repetir en los sitios diseminados por la ciudad, los mismos ritos para acceder en el entresueño (entre el despertar y la vigilia) el ejercicio de reflexionar en torno a la literatura. En Macedonio la “poética del pensar” se inscribe en el mecanismo intermitente de interpelar a los hipotéticos interlocutores , sobre la necesidad de que la vida deba suspender sus seguridades, para entrar en el asombro intelectual de interrogar los enigmas.

En “Poema de Poesía del Pensar” Macedonio plantea el intento de su Poemática como él la llama: “la metafísica del poeta es la naturaleza de la conciencia en su aptitud de recepción activa del acontecer o contingencia”, vive en ese acto de aceptación, de consentimiento. Lo que permite preguntarse sobre la justificación poética (que es lo mismo que la justificación por el pensamiento) de la Muerte que es un motivo principal y dilemático de la existencia de la voluntad, de las imágenes de la memoria y del ensueño. Transcribir aquello que ocurre en la conciencia, en esa aceptación de “un mundo doloroso del darse real” remarca el carácter estético como cualidad de la conciencia, por lo que el pensar se convierte en un acto estético, y entre Realidad y Ensueño, hechos difíciles de explicar pero que son la forma transicional y macedoniana de estar en el mundo, se procesa ese camino en el que esa cualidad estética es pensada.

Hemos inventado quizás el Cosmos ¿afirma o se pregunta Macedonio? Desde esa incredulidad inicial la ficción se encargara de disponer el propio recurso de la novelística para seguir reflexionando sobre las entradas y despedidas, las presencias y desapariciones, que están en el inicio de este procedimiento único de sorprender y sorprenderse del surgimiento del lenguaje. Macedonio piensa la eternidad desde la localización de ese movimiento mismo del pensar. Su “literatura” es el ocultamiento y el develar constante de preguntas que solo tienen sentido preguntando.

Publicado inicialmente en la revista de Literatura Rizoma, año II, nº II.