14.2.26

Free jazz Savino, por Sergio Rienzi

  

Vamos, ya todos sabemos lo que pasó. Hugo Savino se fue alejando de sí mismo. No se trata de esencias ni existencialismos. Se trata más bien de una coordenada, o de una no coordenada que designa el lugar de varias pérdidas fundamentales. ¿Se habla de la pérdida del sentido o del relato o de cierto hilo conductor? Creo que Savino nunca tuvo que soportar esas cruces o se las desembarazó rápido como para seguir con su ritmo. Su ritmo lo volvió recóndito. Y lo recóndito lo hizo alejarse más de sí mismo y ya no puede volver sobre sus pasos. Gris al Fondo nos muestra un esbozo de esta pérdida, y cierto rescate por volver sobre sus pasos arma el paisaje de Gris, y articula su free jazz. Es el jazz libre de Savino el recóndito.

Destierro: acción y efecto de desterrar o desterrarse. O también, según la Real Academia Española: pena que consiste en expulsar a alguien de un lugar o de un territorio determinado, para que temporal o perpetuamente resida fuera de él.

Savino se desterró a fuerza de jazz y de tango, bajo fuego cruzado. Fue un destierro gradual, lento, llevado a cabo por él mismo en secreto pero a plena luz del día. Gris al Fondo de un paisaje que sigue existiendo y que ya no existe, tensión eléctrica por pulso y pulsación, se trata del gato de Schrodinger del famoso experimento de la caja: vivo y muerto a la vez. Gris al fondo con sus paisajes que existen y que ya no existen a la vez, nos atrapa en sus paradojas de espacio-tiempo, y nos lleva a pensar fuera de la caja a la que se expulsó Savino, hasta el bucle de tiempo y un pliegue que se repliega contra el lenguaje de remaches y remiendos y fragmentos entrecortados.

Geografía recurrente: Avellaneda, Barracas: como boomerangs soltados al tiempo que vuelven una y otra vez y te golpean durante la lectura. Otras geografías y territorialidades del Jazz-Savino: Visiones de Cody de Kerouac, el Finnegans de Joyce. Puntos cardinales precisos. Este y Oeste. Norte y Sur, y una brújula rota que apunta a todos lados y a ninguno al mismo tiempo. El magnetismo del texto rompe la brújula, y los resultados de la pérdida. Los corolarios de la pérdida. Las huellas fueron borradas del terreno adrede. Un cazador sabe que puede ser cazado por otros cazadores o por los animales que está tratando de cazar.

El hilo conductor de Gris al fondo es una puerta cancel atrancada, anulada. No hay por dónde pasar. Cartografías y geografías oscuras trazadas a espaldas de los codos y los recodos del tiempo. Free Jazz-Savino ramificador, rizomático, obsesivo, escrito a contraluz y a resolana, expulsado de su propio espacio y tiempo, se hace carne el texto en uno, como eco de que hizo carne en Savino. ¿Es el destierro un hecho relacionado con el tiempo? Sí y no. En la dimensión Savino del Free Jazz, el destierro afecta al tiempo, el fraseo del free jazz deshace espacios.

En Gris al Fondo no hay Cielo, ni Infierno, ni posibilidades de futuro: sólo el pasado como constante cosmológica refractándose en los ríos de un presente continuo ramificado. Tiempo y destierro en el Free Jazz-Savino conforman una nueva figura: el destiempo.

La música Savino se volvió un dialecto más libre y salvaje. Sonidos feroces, oscuros, mordaces, lanzados a un vacío desde un vacío, que se repliegan hacia dentro y no se dejan reproducir o imitar. Como si de Gris al Fondo sonaran a la par en una misma caja de resonancias Coltrane, Aníbal Troilo y Thelonious Monk. Los sonidos del Free Jazz se entreveran con el tango dando lugar a una fusión imposible, desfiguración improbable, en donde coexisten y me mezclan en un solo tejido el sonido del afilador de cuchillos que pasa por el barrio con el sonido del tren traído por el viento. Amasijo de música. Resaca del silencio interceptado por comentarios secos de Roque Juan o de Celia, como al pasar de algo que los nombres propios dicen y se retienen para siempre, como al pasar de algún paso a nivel, o tren de carga, o el paisaje Avellaneda atropellándose a sí mismo y ahogando las voces que no se pueden ahogar en los Cuadernos de Cardoso.

Caja de resonancias, cajita musical rota que sigue sonando. El ritmo de la ecuación Jazz y el algoritmo Tango es de tugurio, de sótano trash de bajo fondo, de zapada improvisada, y toda esa música elude a la crítica literaria, no se deja atrapar, encasillar. Este ritmo Savino desmantela lo dado, pone las cosas patas para arriba. Molesta. Patas arriba las leyes naturales que gobiernan el canon literario. Savino no cree en los personajes porque lo único que tiene son nombres propios, con caras propias que no fueron desfiguradas por el paso del tiempo, y ademanes que lo mismo, y palabras que conjuran las caras con nombres con fechas con calles y coordenadas, que rubrican todo lo dado y lo exponen. Se arriesga la caja musical a caer al precipicio. ¿Acaso no ve el precipicio? Son los nombres propios de la lejanía, cantando la música del sótano.

Savino tampoco cree en la trama porque el jazz salvaje y el tango se llevaron todo puesto. Métrica rizomática, pura expansión y contracción enredada. Música de enredaderas y de patios. La materia de Gris al fondo es de las Enamoradas del muro, Ampelopsis. Avanzan hasta comerse las medianeras de la literatura, ese punto de inflexión en donde nada puede quedar encasillado en algo.  Texto-enredadera.

“Un rizoma como tallo subterráneo se distingue radicalmente de las raíces y de las raicillas.

Los bulbos, los tubérculos, son rizomas. Pero hay plantas con raíz o raicilla, que desde otros puntos de vista también pueden ser consideradas rizomorfas. Cabría, pues, preguntarse si la botánica, en su especificidad, no es enteramente rizomorfa. Hasta los animales lo son cuando van en manada, las ratas son rizomas. Las madrigueras lo son en todas sus funciones de hábitat, de provisión, de desplazamiento, de guarida y de ruptura. En sí mismo, el rizoma tiene formas muy diversas, desde su extensión superficial ramificada en todos los sentidos hasta sus concreciones en bulbos y tubérculos: cuando las ratas corren unas encimas de otras.” (Gilles Deleuze, Félix Guattari, Mil mesetas - Rizoma)

 

El Free Jazz-Savino es rizomático. Subterráneo, subcutáneo, salta de sótano a altillo, de lectura a contraluz a calle y multitud y paso a nivel, y tren de carga. Se mueve salvaje como el jazz libre y se ramifica, se expande, se repliega sobre sí mismo en movimientos rápidos de reptil agazapado.

 

¿Libros? Básicamente tenía libros prohibidos. (20 de septiembre)
(Gris al fondo, Hugo Savino)

 

Así, lanzado y arrojado al vacío, sin fecha precisa, solo un 20 de septiembre. Hablando sobre libros prohibidos. Gris al fondo lo es. Es un libro que no se deja, que se aleja. Fechas imprecisas pero tan nítidas, con ritmo y fraseo corto de largo alcance. Caras borroneadas. Nombres propios superluminosos. Ahora bien, es necesario hablar de sabotaje. El lector en el fondo busca siempre algo a cambio: algo con qué llenar un vacío de invierno o un vacío de verano, o la incomprensión de su pareja, o un dolor lejano, o una pérdida insustituible, o tan solo el aburrimiento de la monotonía de sus días. Savino y su jazz son contrafácticos: no trabajan para compensar penas ni aburrimientos de lectores, ni para darles cierto sentido a sus existencias. Y ese es el verdadero sabotaje: escribir para nadie. Eso es lo inadmisible.

El lenguaje Savino es bergsoniano, lo cual implica ya de por sí otro sabotaje indirecto, intrínseco.  Nos lleva a multiplicidades, a ramificaciones en continuo. Dialectos en clave de cifrado. Algoritmos de pasados ramificados que viajan al futuro en presente continuo. Trabaja con conjuntos en bloques de multiplicidad como Bergson: memoria-materia, duración espacio, recuerdo-percepción. Las dualidades devienen en multiplicidades que comportan un trabajo en la estructura de la escritura y cuando la estructura trabaja fricciona y genera movimientos geológicos en el lenguaje y en el canon de la literatura.

Multiplicidades en palabras devenidas en fraseos al ritmo del jazz y del tango, estallando las palabras en mil fragmentos más como una copa de cristal que cae de una mesa al piso y salen disparados hacia todas partes. Así se incrusta el texto en quien se arriesga. Eso lo vuelve código morse, cifrado extremo. El cifrado es una clave saboteando literatura.

“Siempre está esa tirantez en la mesa de la conversación: todo quiere llevarte a las reglas de la sintaxis.

Cuaderno de Luis Cardoso. Elia le contó su desdicha berreta y de lluvia neurótica y el hijo de puta pensó que le pedía plata y cambió de tema mientras comía su arroz de serpiente de restaurante caro. Elia no mide la confesión. Pierde el hilo del compartimento estanco.”
(Gris al fondo, Hugo Savino)

 

Savino conversa con su pasado en clave jazz, tango, rap. Dialoga con fantasmas en carne y hueso, carne viva, se hace carne en ellos. Me corrijo: no dialoga, conversa. “Parla”, como los italianos inmigrantes que no se alejaron nunca de la palabra parla, y la parla es para ellos una conversación entrecortada, interceptada, que empieza de día y se interrumpe y sigue de tarde, de noche, de madrugada, y es un ciclo interrumpido y lleno de intromisiones de terceros cercanos,  incesante, fragmentado y continuo. Y hay que dar gracias por la luz matinal con resolana de este Free Jazz-Savino. Le gusta la parla, la parla de las conversaciones de patios de inquilinato, de calle afuera, de viejas comadronas en reposera en la puerta que espían todo, y los nombres propios de Savino yendo y viniendo, entrando y saliendo como a través de una puerta giratoria gigantesca que los vive expulsando y atrayendo con el magnetismo del barrio, siempre el barrio. La parla está en el universo del “Gossip”, el secreto a secreto, a voces, de esas comadrejas astutas y escurridizas que forman parte del tango Jazz-Savino.

Se dicen secretos, se escuchan secretos de otros, se pide y se reclama que las confesiones queden a salvo, como en la parroquia de barrio. Y así sucedió. Están a salvo. Pertenecen a esta catedral llamada Gris al Fondo. La Orden del Canon Literario aborrece este tipo de catedrales. Este tipo de catedral posee dialectos que la Orden no habla. Esa vieja Medusa no sabe hablar: solo convertir en piedra a los que día a día intentan pertenecer y se amontonan tratando de entrar en la gran maquinaria del mercado de pases que implica. Lo cierto es que la Orden del Canon Literario no habla estos dialectos, le dan pánico, porque no solo no puede hablarlos, sino que tampoco puede oírlos.

Savino recuerda de a fragmentos que los incrusta en letras, palabras, texto. Son injertos. El Gossip cifrado extremo: es una operación invertida desde los recovecos caracolescos, circulares, esféricos y pasillescos de los tímpanos, de los oídos, de todo aquello que fue pasando en la parla Savino, en las cosas dichas y que se dijeron por ahí. Y desde esas cavernas laterales y oblicuas y sinuosas se escucharon las palabras que hoy nos retuercen y que la Orden no puede escuchar apenas más que algo parecido a un sonido gutural, como un ladrido afónico de perro de la calle: es el trabajo de excavación con el oído, que sabotea al Canon de la Orden Literaria con fechas precisas pero no dichas del todo, con nombres propias concretos pero sin rostros, con situaciones consabidas y secuencias claras pero que se pintan al óleo adrede.

Letra por letra, palabra por palabra, el sabotaje de la lengua materna que queda atorada entre cavidades, pliegues y bucles del espacio-tiempo, replegada sobre sí misma, desbordada por un río de palabras que la transforma en un dialecto secreto.