12.12.23

La triple M, por Román Bay

 

El dogma a través del cual lee la realidad el señor Javier Gerardo Milei no contempla otros puntos de vista que no sean los suyos. Hugo Chávez o Cristina Fernández de Kirchner, Hitler o Nerón, la personalidad narcisista de un líder con tendencia a la megalomanía perjudica a los pueblos. Un nuevo capítulo en la historia del colonialismo en Argentina. Se lo debemos a los burócratas que trabajan para el FMI y no para la patria. Se lo debemos a los chupasangres golpistas que viven del saqueo y del contrabando de armas. Se lo debemos a los vividores que endeudaron al país. Cuando un gobierno o sus autoridades no pueden tomar decisiones de manera autónoma, cuando aparece un interés espurio de controlar un territorio estratégico en comercio internacional. Cuando una colonia paga tributos y rinde cuentas al país colonizador. Las paredes son la imprenta de los pueblos. Fui a ver que escribe en la pared la tribu de mi barrio y decía: «Compre Bitcoin. Apagá la tele que mienten lo$ periodi$ta$$$$$$$». El fascismo es la supremacía del Estado por sobre el individuo, el adoctrinamiento. Pero las palabras son sonidos vacíos. Un palo tiene siempre dos puntas. De un lado está Macri, la inescrupulosidad más absoluta y demencial, sin moralidad alguna, y del otro están los fondos buitres. El señor Javier Gerardo Milei y sus fantasías dementes que giran como moscas alrededor de la materia fecal todavía caliente de un perro sarnoso. El señor Javier Gerardo Milei, nacido a la política como panelista televisivo, y el triple idiota de Macri con su casta de millonarios y financiastas inescrupulosos. Siempre se puede estar peor en la ley de la selva. Una combinación entre los medios hegemónicos, la causa del bien, los poderes del cielo, el embustero de Macri, el roñoso de Luis Caputo, el pedazo de mierda de Ricardo Argentino Bussi, que niega que durante la dictadura haya existido un plan sistemático de desaparición de personas, la torre de estiércol de Patricia Bulrich Luro Pueyrredón, gusana arrastrada cómplice del asesinato de Rafael Nahuel. Van por el litio, van por el agua, van por el petróleo, van por las jubilaciones, van por la ESI, van por la comida, van por los derechos humanos. ¿Qué podemos esperar de una negacionista recontra facha como Victoria Villaruel? La negación del genocidio conlleva las peores formas de impunidad. Qué esperar de una persona que publicó el pasado 12 de octubre en su muro de FB: «Feliz día de la Hispanidad. Un día como hoy sucedía una de las epopeyas más importantes de la historia de la humanidad, se avistaban las tierras del continente americano y dos culturas se unían en la hermosa mixtura que es Hispanoamérica. Orgullo por ser parte de esa fusión». ¿Hermosa mixtura? La llegada de los conquistadores españoles al continente americano dio inicio a uno de los genocidios más grandes en la historia de la humanidad. Al menos 90 millones de pobladores de la región fueron exterminados. ¿Hermosa mixtura el saqueo de tierras ancestrales para los intereses mercantilistas de la corona española? ¿Hermosa mixtura difundir por la fuerza la religión cristiana, conseguir la pestilente gloria militar y riquezas derivadas de la explotación de mano de obra indígena en haciendas y minas de metales preciosos? No, no fue una epopeya sino uno de los choques más violentos entre civilizaciones. Masacres, violaciones, robo de metales, esclavismo y explotación laboral de negros e indígenas. Todo eso junto. Lo que reivindica la señora Victoria Villarruel son los años de plomo de 1976. ¡Para vivir entre los lobos, hay que aullar con los lobos! No me van a decir que se creyeron el cuento de que después de aguantar seis meses, este país va a ser el mejor del mundo. Una ficción idiota de una banda de idiotas de la casta de los millonarios infatuados. Jean François Revel apunta en El Estado Megalómano: «Una de las primeras observaciones de Tucídides al comienzo de la Guerra del Peloponeso, muestra la falta de curiosidad que tienen los hombres respecto de las exactitudes de los hechos, de las verdades más accesibles en materia de política y de historia, así como su capacidad para perpetuar convicciones que carecen de fundamento, que muchas veces aunque en vano, han sido reducidas a la nada por la más elemental de las informaciones» Nos van a endeudar a mil años, excepto que consigamos formar una resistencia organizada nacional y antiimperialista. Ahora el señor Javier Gerardo Milei le dice al canalla de Luis Majul en una entrevista televisiva que cree que «no hay mayor experto financiero en Argentina que Luis Caputo» cuando hasta no hace tanto había dicho, en otra de sus exhibiciones televisivas de necedad y estulticia que «Caputo se vendió, se fumó más de 15.000.000 millones de dólares. (…) Se terminó en el Fondo Monetario Internacional. Vino Caputo, o sea, lo echaron a Sturzenegeer acusándolo de manejar mal la mesa y se fumó 15.000.000 millones de dólares irresponsablemente, ineficientemente y nos deja este despiole de las Leliq». Ahora el señor Javier Gerardo Milei dice que va a haber estanflación cuando durante su mentirosa campaña dijo que era el único que podía terminar con la inflación en nuestro país. Argentina no es su país sino un estado de su mente atrofiada. El sentido económico del país y el remate de todo lo estatal recuerdan ese pasaje que aparece en Los raros, de Rubén Darío: «¿Habéis visto un final de fiesta, cuando el alba empieza y la luz del sol va inundado el salón iluminado por las arañas y los candelabros? Los rostros cansados, las ojeras, las fatigas del cuerpo y una vaga fatiga del alma». Lo que lamentamos como un fin, otros lo celebran como un comienzo auspicioso. La danza de los cargos, la improvisación política, una agenda organizada por Washington, impunidad para represores, vendedores de soberanía en ascenso. ¿Qué esperaban? Votaron eso. El voto lumpen, irresponsable, en nombre de algo que no existe. Un discurso economicista que favorece a las grandes transnacionales. Sin memoria histórica en el planeta soja. ¿Todo por asestar una herida narcisista al camaleón de mil caras del peronismo? La realidad argentina es múltiple y compleja. Los sumos sacerdotes del capitalismo festejan. Los intereses fenicios y mercantiles de la derecha argentina dan la espalda a la argentinidad. Y aunque las raíces de esta lacra sean complejas, resulta evidente que la desesperación y los altos niveles de pobreza son un buen caldo de cultivo para que la parte más recalcitrante de la sociedad argentina, sea de centro o derecha, sea de clase media o baja, reclame. Los argentinos de bien que imaginan el timbero Luis Caputo, ministro de finanzas del gobierno de Mauricio Macri y operador offshore, y Javier Gerardo Milei, muy pronto, ellxs también, van a estar indignados. Si a Milei le va bien al pueblo argentino le va mal. La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa. Primero fue Carlos Saúl Menem. Ahora es Javier Gerardo Milei, un ser completamente entontecido. Menem, Macri, Milei. La triple M. ¿Qué es esta confabulación? El gobierno de unos pocos que identifican los intereses de la nación con los de su propio grupo. Ojalá nos salvemos.

 

10.12.23

Los montes de la loca, por Marisa Wagner

 

 

SILBANDO BAJITO ANDO

 

Silbando bajito ando.

Me construyo un girasol

–es decir me lo dibujo–

Y lo pego en la pared desnuda y grisácea del hospicio.

Después le pongo yerba al mate

y me voy a pasear por mis recuerdos.

Había una mamá, allá en mi infancia,

que trenzaba mi rubia cabellera,

que me ponía moños primorosos

y vestiditos con puntillas.

–Mamá no vino a verme nunca

ahora que estoy en el hospicio–

¡Cómo me gustaría que me trenzara el pelo!

Estoy aburrida de ser grande y estar sola.

A veces, hasta me aburro de estar loca

Y juego a la lucidez, por algún rato.

Mientras me cebo otro amargo

que aseguro-ayuda-a soportar la realidad,

los abandonos,

los etcéteras.

Me construyo otro girasol

–es decir me lo dibujo–

y lo pego en las paredes del hospicio.

(Ya casi tengo un girasolar completo)

 

31 de agosto de 1997

 

 

 

LITIO

 

Se habla de la bipolaridad de mi locura.

De la necesidad del litio de por vida.

Hace diez años:

Litio en desayuno.

Litio en el almuerzo.

Litio en cena.

Y cada tres meses una litemia.

(Valor de litio en sangre)

Una ecuación psiquiátricamente perfecta.

Sin embargo, yo siento

que mi locura

tiene mucho más que dos polos.

Muchos más matices.

Muchos recovecos.

¿Será, tal vez, multipolar y multifacética?

Me pregunto si puede el litio con todo esto.

¿No estarán podridas mis neuronas de tanto

Ceglutión en cuotas?

Maníaca. Depresiva. Psicótica.

Caractericemos.

Encuadremos.

Traguemos la pastilla.

Que pobre mi locura bipolar

que se queda quietita con el litio.

Que retrocede asustadiza.

Y yo vuelvo a ésta lucidez de morondanga.

Prolijita, Mustia. Gris.

Casi calladita.

Es que si río demasiado tiemblo.

(Me estoy euforizando, temo)

Si lloro, también tiemblo.

(Me estaré deprimiendo, pienso).

HAY QUE CUIDARSE DE LOS POLOS.

–Me convenzo–

que a no olvidar son dos. Y me rebelo.

 

A la doctora Gabriela Vranges

La “loca” del litio y la litemia.

 

 

 

EN DEFENSA DE LA IDENTIDAD Y DE LA BELLEZA (MECANISMOS)

 

A mí me gustan los caballos blancos,

Los girasoles.

Los cigarrillos rubios y los negros.

El café muy fuerte.

El mate amargo.

También me gustan los pepinos

–como los prepara Nomi–

los langostinos, las rabas, los locos, los erizos…

–en fin, todos los mariscos–

Las canciones de Serrat,

José Larralde,

Spinetta, Manal, Charly García.

Violeta Parra.

El tango, Piazzola. El Polaco y La Tana.

Algunos versos de Neruda.

Todo Vallejo.

Los libros de Cortázar.

Los hombres con el rostro aindiado y otros hombres.

El mar.

Los Redonditos de Ricota.

El teatro contemporáneo y algo del teatro clásico.

La voz de Janis Joplin.

Los cuadros de Dalí.

Las mujeres de Modiglianni.

El Guernica de Picasso.

El Jardín de las Delicias, de H. Bosch.

Boca Juniors.

El asado y las ensaladas.

La provoletta a la parrilla.

El piano de Villegas.

Los cuadros de Mauricio Stem.

La cerveza bien helada.

El color amarillo.

El humor de Eduardo Arce.

Leer Artaud de vez en cuando,

Y también a García Márquez.

Las caricias.

El dulce de leche.

Levantarme en medio de la noche

E irme a pasear por Buenos Aires.

Los hombres y las mujeres que luchan

Por un mundo más habitable.

Los pies chiquitos de Malena.

Algún cuento de Borges.

Dos poemas de Benedetti y cuatro de Gelman.

Los besos de Malena.

La poesía de Sergio Darlin.

Las canciones de la nueva trova.

Dibujar.

Hacer el amor cada cuatro días.

Escribir boludeces…

Pero en realidad, ahora que lo pienso,

yo me fabrico estas listas

porque aquí en el hospicio

me son muy necesarias.

Así uno, no se olvida

De quien es, al menos…

Y de paso se acuerda que existen cosas linda

 

 

 

CONSEJOS PARA VISITANTES

 

Si Ud. hace caso omiso

De nuestra sonrisa desdentada,

De las contracturas,

De las babas,

Encontrará, le juro, un ser humano.

Si mira más profundo todavía,

Verá una historia interrumpida,

Que hasta por ahí, es parecida…

Si no puede avanzar,

si acaso le dan náuseas o mareos…

no se vaya…

antes, por lo menos,

deje los cigarrillos.

 

 

 

DISQUISICIONES

 

“Cada sociedad tiene el hospicio que se merece…”

Y uno, que vive en esta sociedad,

Quiero decir, en este hospicio,

sabe a ciencia cierta,

que eso es cierto.

Y si está de gusto, como casi siempre,

se pone a hacer disquisiciones.

Piensa , por ejemplo,

en el puesto de vigilancia que está en la puerta .

No se sabe muy bien para qué sirve.

Si para evitar la salida de los locos

o para evitar la entrada de los cuerdos.

Por lo primero,

no debieran preocuparse, creo.

Los que estamos adentro,

escuchamos radio ,

miramos televisión,

quiero decir, estamos informados

de lo que pasa afuera.

Y muchas ganas de salir no tenemos.

Tampoco veo grandes multitudes

pugnando por entrar,

con enormes ganas de visitarnos.

Los aquí depositados, abandonados, olvidados

y otros ados,

vemos que los muchachos de la puerta

toman mate y fuman aburridos

(como nosotros)

todo el santo día.

Nadie entra.

Nadie sale.

La paz de los cementerios se nos hace rutina.

Y nuestras familias, por fin, duermen tranquilas.

 

 

 

SI YO NO ESTUVIERA LOCA

 

Si yo no estuviera loca…

¿Qué estaría?

¿Muerta?

¿Desaparecida?

Y estar loca…

¿No es una manera-como otra cualquiera-

de desaparecer o de morirse?

Pero no filosofemos… ¡no jodamos!

Si yo no estuviera loca estaría cuerda.

Haciendo la fila

para pagar la luz, el gas, el teléfono.

Haciendo otra fila

para pagar los impuestos.

Estaría mirando los clasificados.

Los informativos.

Estaría soñando

Con ser alta, flaca, rubia

–como las modelos–.

Estaría yendo de Shopping

por ejemplo.

No sé si lo resistiría.

Creo que no sabría que hacer del otro lado.

 

A Alberto Sava

 

 

 

¡VIVA CHILE, MIERDA!

 

Con vos aprendí a decir

Antofagasta, Iquique,

Cochayuyo, pisco,

a nombrar el odio

y decir carabinero.

Con vos supe del Mapocho,

de las poblaciones,

de las barricadas,

de Isla Negra, la isla del poeta.

Ir al sur, decir Parral, Temuco,

bosque y lluvias.

Con vos aprendí a cantar

Gracias a la vida de Violeta.

A saborear las cazuelas, los locos, los erizos

–los riquísimos mariscos del Pacífico–

Con vos aprendí a decir

¡Viva Chile, mierda!

y a llorar la muerte de Allende, en La Moneda.

A decir Lautaro, Caupolican

y Araucanía…

todas esas hermosísimas palabras fueron mías.

Creció mi geografía…

la cordillera fue solo un accidente desde entonces,

que ya no divide, hace de puente…

“Una Pilsen…dos, una mesa llena de botellas”

para brindar por el sueño americano.

(Los americanos del sur, también soñamos)

¡Un pueblo ha sido asesinado!

El tuyo y el mío…

el mío y el tuyo…

es decir, nosotros…hemos puesto la sangre.

Pero la sangre tiene-tú sabes-

destino de semilla.

 

A Francisco Suárez Castillo

 

 

 

LADRILLO A LADRILLO

 

Ladrillo a ladrillo

había levantado mi pared.

El mundo estaba allá, del otro lado

–quieto, previsible, ajeno–

Pero llegaste…

ladrillo a ladrillo

derrumbaste

mi paz de naftalina.

Todo está otra vez bajo sospecha,

ya no hay nada que se quede quieto.

El desorden se adueñó

del reloj de arena de mis venas.

Es otra vez el caos, como al principio.

¿Qué voy a hacer con todo esto?

Ya no puedo ni quiero pedirle al corazón

que marche más tranquilo.

Es que tu piel huracanada

le ha puesto espuelas de plata a mi deseo.

Y todo es vértigo encendido,

lava, piedra madre y torbellino.

Todos los vientos

y además el viento.

Estoy desnuda, hambrienta,

tengo mucha sed.

Me acabo de dar cuenta que estoy viva.  

 

 

 

Tomado de: Los montes de la loca, Buenos Aires, Ediciones Baobab, 2007.

4.12.23

Irreversible, por Mariano Ruiz Montani

 

El primer sonido es el de vidrios rotos: una botella. El estallido me llega lejano, atemperado en el espacio. Sólo unos segundos después percibo claramente el repercutir de algunos cubiertos; su estrépito acerado retumba en el silencio. Casi sin intervalo se suceden otras detonaciones: ahora se trata de un pequeño ventilador, una radio portátil y algunas herramientas. Sus desmembraciones se multiplican en infinitos crujidos y mandobles. Por alguna razón que no alcanzo a explicar esto ha devenido en hábito, es el modo en que comienzan mis días. Tampoco deseo recapacitarlo. Porque cuando aún no han dado las cinco y media y toda la ciudad se dispone por fin a despertar yo estoy, medio desnudo y muerto de frío, asomado por fin al ventanal. Desde lo alto de esta torre y en dirección al patio de luz arrojo con furia cuanto esté a mi alcance. Al precipitarse los objetos chocan y hacen cimbrar las cajas metálicas de los aparatos aclimatizadores. Sólo Dios sabe por qué disfruto y sufro al hacer esto. Tras la brevedad del arrebato cierro la ventana y siento de vuelta el exceso de calefacción del interior. Una lágrima se me escapa de los ojos, mansa. Atrapado en la turbulenta corriente del cambio, busco con desesperación un punto estático, la inmutabilidad feliz que me sirva de descanso. Entonces la veo dormir. Es en ese instante cuando amago con hacer lo de costumbre, regresar y tenderme junto a ella. De esta manera tendré la certeza de que en unas horas me despertará y yo me sentiré aliviado, agradecido de estar a salvo a su lado. Como olas, los días se han repetido así, uno tras otro, desde el verano. Sin embargo hoy algo varió, algo cedió por fin en mi ánimo. Toda la noche he observado la extinción paulatina de las luces en las ventanas del hotel de enfrente. Aquí, en este edificio emplazado en una esquina de la Avenida de Mayo, bajo la aparente quietud que me rodea se gesta un cambio. Acaso también esto, esta falsa impresión de disponibilidad, sean parte de lo que dejo. Veo un ortóptero trepar sobre una taza vacía, veo las paredes vacías. Vivimos en un departamento desmantelado, en una compresión imposible, en medio del desorden. Nos arrinconan las cajas, la ropa y el bagaje tecnológico. Hace cinco años, cuando la conocí, me manifestó su posición, el porqué de su despreocupación por el entorno. ‘Todas las cosas’ –me dijo– ‘desde el virus más diminuto hasta la mayor galaxia son, en realidad, no cosas sino procesos. De esta forma el día y la noche, el verano y el invierno, la vida y la muerte, juntamente, forman la única realidad que siento: disonancia, contrariedad, discordia, la realidad que es y que no es. La lucha es el principio de todas las cosas’. Ahora así, acostada y rendida sobre el colchón en el piso, la observo. Ni sombra de la vorágine en que se sume a diario. Claro está que no faltarán al promediar la tarde las llamadas telefónicas, el curso de innumerables invitaciones, el cumplimiento exasperado de la lista. Finalmente la noche. La noche en los clubes nocturnos es otra historia. El humo, la música estruendosa, la gente, toda esa atmósfera intoxicada la muestra seductora, desenvuelta. Tal vez me haya hartado de eso, de su trabajo, de sus forzados coqueteos, de la lascivia nocturna, de la adicción a cáusticos ajenjos. O a lo mejor sea desengaño; hace tiempo creí haber encontrado una verdad que ya no tengo. Quizá la verdad consista en buscar la verdad. -‘Pecas de vanidoso. La falta de gratitud, la incredulidad o los celos hacen de tu existencia un lamento’–me hizo notar cierta noche en la discoteca. Yo me rehusaba a cruzar siquiera una palabra con un antiguo amante suyo. Le argüí que así como las montañas bajo la influencia de la nieve, de las lluvias, de la erosión, cambian lentamente de aspecto permaneciendo las mismas; y un árbol crece sin cambiar de identidad, el individuo humano conserva su personalidad en el flujo de los procesos orgánicos que constituyen su vida. ‘Sabemos que cambiamos, que no somos idénticos a lo que éramos en otro momento, y sin embargo somos siempre el mismo ser'. –'He visto el mundo a mi alrededor, la gente, sus caras y sus vicios. Y he visto mis pensamientos en mí. Y todo pasa sin dejar rastro sino este pasar mismo y este continuo quemarse’–me contestó. ‘La misma persona no tomó dos veces mi cuerpo, ni el mismo pensamiento dos veces mi alma. Nadie se baña otra vez en el mismo río'. Poco a poco rescato mis ropas de entre el desorden que me rodea y me visto. Desde el exterior el ruido del tráfico anuncia el advenimiento de una nueva jornada. Agitación, movimiento, velocidad. Aquí dentro la decisión es una sola y sobra tiempo. Ni asombro, ni furor, ni lágrimas. ¿Es esta una nueva encrucijada? Comprendo el desinterés, el desencanto, incluso la falta de todo compromiso. Pero, ¿dónde han ido a parar nuestros sentimientos? –'Niegas al mundo que es lo que vemos', me replicó. –"Suprimes el ser que es lo que entendemos’, le contesté. Yo la observaba hablar, moverse, exhibiéndose como presa ante las fieras, escudriñando a través del espejo cientos de miradas cazadoras provenientes de la pista de baile. -'La noche ha remplazado al día, el invierno al verano. La muerte hace lo mismo con la vida, y la vida de nuevo con la muerte. Ser es remplazar. Renovarse es vivir’. Amortiguados por los muros, recojo el rumor de los ascensores y el golpeteo de puertas de los departamentos contiguos. Es hora. Estoy enmudecido, el lenguaje me ha abandonado. No vale la pena despertarla, jamás encontraría las palabras adecuadas. De todas formas, quien dice todo lo que sabe, muchas veces dice lo que no conviene. No se trata de recriminaciones, tampoco de confesiones, sino de decir adiós. Prefiero un final doloroso a un dolor sin final. Al salir del edificio siento el frío del invierno. Dejo atrás cinco años, vividos sin saberlo. Camino animadamente por la Avenida de Mayo, atisbando la silueta del Congreso recortada entre los plátanos. Cualquier intento de enmienda equivaldría ahora a un doblegamiento, a una pérdida de libertad, a una amenaza de descomposición. Cerca del pasaje Barolo saludo al hombre del puesto de revistas. Me responde atento, haciendo un gesto con la mano. En la esquina de San José aguardo la luz del semáforo. Algo permanece, algo me sostiene todavía, algo cuya identidad aún no alcanzo a precisar. Súbitamente levanto la vista y miro hacia el cielo: un sol tibio acaricia mi cara.

29.11.23

Robert Walser – Concierto

 

El concierto me encantó. Escuché con elegancia por encima de la música, valga la expresión. El director me emocionó. Por otra parte, tengan en cuenta las razones que me asisten para considerarme un hombre culto. ¿Acaso hay que abismarse a todo trance en las creaciones artísticas? En ocasiones parece aconsejable, pero no siempre es imprescindible. Yo dejaba fríamente que me resbalase lo que pretendía cautivarme. Para resarcirme de la falta de emoción, inicié conversaciones mudas con mis vecinas, ocupación a la que supe imprimir un sentido más profundo. Aquí rozaba con delicadeza una mano, allí hacía que unos ojos refulgieran porque los miraba con calor. ¿Era difícil relacionarse con una pierna? Semejantes conexiones son siempre inequívocas y por ende se comprenden en un santiamén. Es imposible no apreciar la ternura formulada con sentido común y expuesta con cierta elegancia. Mi pie halló ocasión de apelar a un piececito que parecía sentir inclinación por el lenguaje que hablaba. Por consiguiente, yo estaba abrumado de trabajo en todos los sentidos, si se me permite la expresión. ¿No es el arte el criado de la vida, a la que debe animar y hacer feliz? Por tanto, cuando se extinguió la última nota y la gente se levantó, también yo abandoné la sala de conciertos en un estado de ánimo inmejorable. Bajé por la escalera como alguien que acaba de cumplir con su deber. En el guardarropa ayudé a unas damas a ponerse el abrigo, como es obligado, atención que encantó a las interesadas. Considero la galantería uno de los más grandes placeres. Por consiguiente, digo con razón que el concierto me satisfizo.

 

                                                                                                                (1925)

 

De: Lo mejor que sé decir sobre la música, traducción del alemán de Rosa Pilar Blanco, Ediciones Siruela, 2019.-

27.11.23

Sylvia Plath - Señora Lázaro

  

 

Lo he vuelto a hacer.

Cada diez años

lo consigo:

especie de milagro andante, mi piel

relumbra como la pantalla de una lámpara nazi,

mi pie derecho

es un pisapapeles, mi rostro,

buena tela de lino

judía, sin adornos.

Arráncame el pañuelo,

oh mi enemigo.

¿Inspiro terror?…

¿La nariz, la cuenca de los ojos, la dentadura completa?

Este aliento agrio

se esfumará en un día.

Pronto, pronto la carne

que el sombrío sepulcro se comió

estará en mí como en su casa

y seré una mujer sonriente.

Solo tengo treinta años.

Y, como el gato, siete ocasiones para morir.

 

Esta es la Número Tres.

Qué desperdicio

aniquilar cada década.

Qué millón de filamentos.

La multitud con sus bolsas de cacahuetes

se arremolina para ver

cómo me desanudan pies y manos:

el gran estriptis.

Damas y caballeros:

estas son mis manos,

mis rodillas.

Puedo ser toda piel y huesos,

pero sigo siendo la misma, idéntica mujer.

La primera vez que ocurrió tenía diez años.

Fue un accidente.

La segunda vez estaba decidida

a llegar hasta el fin y no volver jamás.

Me arrullé hasta cerrarme por dentro

como una concha de mar.

Tuvieron que llamarme y llamarme

y quitarme los gusanos uno a uno como perlas pegajosas.

Morir

es un arte, como todo.

Y yo lo hago excepcionalmente bien.

Tan bien, que parece un infierno.

Tan bien, que parece real.

Supongo que cabría hablar de vocación.

Es bastante fácil hacerlo en una celda.

Es bastante fácil hacerlo y estarse quieto.

Es el regreso teatral

a plena luz del día

al mismo sitio, el mismo rostro, el mismo grito zafio

y divertido:

«¡Un milagro!»,

lo que me deja fuera de combate.

Hay que pagar

por ver mis cicatrices, hay que pagar

para escucharme el corazón:

de veras que funciona.

Y hay que pagar, hay que pagar muchísimo,

por un roce, una palabra

o una pizca de sangre

o un mechón de mi pelo, un jirón de mis ropas.

Y bien, herr Doctor,

y bien, herr Enemigo.

Soy su obra,

su objeto más valioso,

el bebé de oro puro

que se funde en un grito.

Doy vueltas y me abraso.

No crea que subestimo su gran preocupación.

Ceniza, ceniza…,

que usted remueve y tantea.

Carne, hueso, ahí no queda nada…

Una pastilla de jabón,

un anillo de bodas,

un empaste de oro.

Herr Dios, herr Lucifer

cuidado

cuidado.

De la ceniza

con el cabello rojo me levanto

y devoro a los hombres como aire.

 

Sylvia Plath, 23-29 de octubre de 1962

 

 

 

Tomado de: Ariel, traducción de Jordi Doce, Madrid, Nórdica, 2020.