13.8.26

Nosotros y las circunstancias, por Cecilia Bainotto

  

y que todo esto no es nada nuevo/ y que la vida es preciosa/y que eso es todo/lo sabemos/lo sabemos/lo sabemos perfectamente bien/ y que lo sabemos perfectamente bien/eso también lo sabemos

Hans Magnus Enzensberger

 

 

ESPERANZA

La espera aovillada sobre la silla a la que hay que enmendarle una o más patas. Está de frente, de costado, avergonzada, malhumorada, animada, secreta, caliente, templada en la fragua. Según la esperanza todo es posible. Todo es posible que nunca ocurra. Que lo que ocurra no sea lo esperado. Que lo posible no se cumpla. Que lo que se cumpla sea a medias. Que las medias sean cuartos. Que los cuartos sean tercios. Una dimensión aurea sería la apropiada. Al final las partes se reconcilian. Se visibiliza lo que se espera con equilibrio entre los elementos. La tierra, el cielo, el tiempo. Yo, tú, ella/él.  Nosotros y las circunstancias.

 

 

INUNDACIÓN EN EL TRÓPICO

Lo tendría que haber dicho. No esperar a que la lluvia inundara las galerías, la cocina, los cuartos, más la destrucción de los artefactos y los libros. Lo tendría que haber dicho porque antes de la tormenta le hizo marcas en las muñecas para salvarla. Solo pudo rescatar –por necesidad de época– el dispositivo móvil con mensajes que interpretó ayudado por Freud y Lacan. Las mariposas atrapadas entre las hojas. Las moscas verdes en la basura. Los vidrios rotos flotando. Los pájaros emplumados con su soledad. Lo tendría que haber dicho, pero el silencio era un océano de cosas en desuso.

 

 

FELICES VACACIONES

La vida sigue. El mundo sigue desde que te desenchufaste. A grandes rasgos o a vuelo de pájaro; la guerra Ucrania–Rusia se reavivó. Los bombardeos entre Irán y Estados Unidos siguen iluminando el cielo de Teherán. Gaza en crisis humanitaria y sin agua. Cuba cada vez peor. Por aquí ni te cuento los proyectos del apátrida, pero estuvimos liados con acusaciones de ser país “racista”. Bueno, ante todos los males que nos aquejan y los males del mundo sería tema de poca importancia devenido de alborotos algorítmicos. ¿Ya te conté lo de mis ex compañeros de trabajo bolivianos que eran racistas con los “cholos”? Si así no fuera lo contaré en otra oportunidad. No quiero estropearte tus vacaciones en la nieve. Aunque todos nos merecemos un descanso. Un cambio. Llegar con la mirada y con lo que hay detrás. Vaciarnos y construir algo. Tal vez olvide algún conflicto, alguna buena noticia. Siempre recuerdo aquella frase “Entre todas las pestes, el “amor” es la peste menor”, ¡qué pensador que sos! Sí, sé que no te referías al amor universal, a la ayuda al necesitado. A la meneada empatía. No soy tan tonta. ¡Ah! quizá cuando recibas lo que cuento en las primeras líneas, todo puede ser diferente.

 

 

LA QUEMA

Los paisajes destrozados con los ríos, los árboles, los senderos, las flores, las piedras y los pájaros. La vida de las personas con los amores, las infidelidades, los robos, las injusticias, las casas, las hipotecas, las enfermedades y las muertes. Una porción en un valle pequeño que es réplica de otro más grande. Enciende un cigarrillo y tira el fósforo. Con avance Pirro ejerce el dominio sobre sus creaciones. Intuía algo cuando veía los borradores en prolijas carpetas al lado de la Salamandra. Pudo adivinar que, cuando escribía a mano, con la punta del bolígrafo extraía espinas alojadas debajo de las uñas. Saltaba sangre y si alguien de su entorno intimo lo veía en el acicalado doloroso, no dudaba de echarlo a las puteadas. Hoy a la distancia admira su serenidad de monje. Aquellos borradores quemados son de un valor incalculable.

 

 

REFLEJOS DORADOS

¿Cómo era el tiempo anterior a este? No te lo preguntás porque responderías que fue igual a la tiranía del insomnio durante las noches. La mesa estaba puesta. La vida retozaba los domingos. Había tardes de mirar vidrieras en shoppings y complacer con la tarjeta de crédito. Una vuelta en la que viajaban todos juntos en la nave azul o en la catramina blanca. No había una vez una mariposa que volaba gentil. Un cuento. Abrís el aparador por sí está la botella de whisky para olvidar que soñaste con una nena que no encontraba a su mamá.  “Mi corazón alborotado necesita un descanso” pensás cuando el líquido dorado mezclado con saliva ácida, tiene un sabor diferente. El ruido del motor te ha despertado, “el descanso puede esperar” y sentís que tu pie libre sobre el acelerador se desprendió del gancho. Los carteles a orillas del camino son un desafìo que no reverencia los recuerdos. La cinta gris del asfalto es el mapa de una isla nueva que se aparta del continente. La luz cegadora de frente la esquivabas a los volantazos y, a pesar de la urgencia de tu vejiga, no parabas. Solo lo hiciste de madrugada en el piedemonte de la montaña. Estabas mojado e impresentable, aunque igual, locos de amor.

7.8.26

Una cosa, por Mariano Fiszman

 

Una cosa que me gusta de mi heladera es que nunca tiene mal olor.

 

 

Una cosa que me empezó a pasar a partir de cierta edad es que se me intensificó el sentido del olfato. Por qué, no sé. Tener el olfato más fino puede ser causa de burlas por melindroso o de reproche incluso, como si fingiera oler lo que aparentemente solo yo huelo para obtener una ventaja en una situación equis: un cambio de ropa, la limpieza de un objeto, que abran una ventana, un tragaluz aunque sea, caprichos que justificaría con la excusa del olor.

 

 

Una cosa así puede ser causa de hostigamiento también. Las diferencias de percepciones exasperan a algunas personas.

 

 

Una cosa como esta me hace pensar en otras características, inclinaciones y hasta dolencias que llegan o se van sin explicación.

 

 

Una cosa o algo.

 

 

Una cosa por ejemplo que empecé a tener en un momento de mi vida, otro momento, es asma. Yo siempre digo que me hice asmático por Proust, puede ser una simple fórmula con pretensiones de gracia o puede ser verdad. Lo concreto es que por esos años estaba leyendo La recherche.

 

 

Una cosa quería decir: es tarde, me voy a acostar.

 

 

Una cosa más: durante mucho tiempo me fui a acostar temprano.

 

 

Una cosa que extraño de cuando era chico son las sillas en la vereda. Hay gente que todavía lo hace, muy poca, sacar una silla a la vereda y sentarse a tomar fresco. Tengo varios puntos en el barrio para sentarme a veredear: umbrales, bancos improvisados, las vías. Aunque las vías ya no porque las sacaron para hacer ese tren elevado horrible. Era mi lugar preferido. Alrededor había escombros, pasto, pintadas, y de tarde, al fondo, según la época del año, se veía la puesta de sol. Con esos caños para sentarse arriba y apoyar los pies abajo que resultaba en una postura muy cómoda. Cuando pasaba el tren, retumbón y arrastrando el viento, había que agarrarse fuerte como en un precipicio, por miedo a caerse o a querer tirarse abajo.

 

 

Una cosa que siempre hago cuando paso adelante de alguien sentado en una vereda es saludar. Y siempre me devuelven el saludo, sin falta.

 

 

Una cosa que estoy pensando hace tiempo es comprarme una silla de playa plegable amarilla de aluminio y sacarla a la vereda para sentarme al solcito en invierno y de noche en verano. Dejar de pasar y ser el quieto que devuelve el saludo.

 

 

Una cosa es una cosa es una cosa es una cosa.

 

 

Una cosa no nace, se hace.

 

 

Una cosa, dice la vecina sin sacar la cadenita de la puerta, es que se me pase medio minuto el pollo, y otra que haya que abrir todas las ventanas de todos los pasillos del edificio, hasta la puerta de la terraza, porque hay un poco, un poco, dice más alto, de olor.

 

 

Una cosa trae la otra.

 

 

Una cosa que nunca le contaste a nadie.

 

 

Una cosa sucia, inmóvil y ovillada en el umbral, que a medida que me acercaba iba cambiando de sentidos posibles: caja descuajeringada, hatajo de ropa vieja, montículo de restos de comida en mal estado, linyera durmiendo la mona, entrevero de ramas y hojas de una poda, mastín muerto, encomienda sin destinatario ni remitente y varias cosas más.

 

 

Una cosa estética es tétrica.

 

 

Una cosa: un caso: un caos.

 

 

Una cosa, una casa, un ocaso, un escaso, uno cose, una caza, un acaso, un casi, un acá sí, un acá se acosa, acusa, acuosa, uno saca un saco, una sota, una seca, un saque, un queso, uno cata una tuca, una seta, una única uña uncida, torcida, uno ha sido un asco, un asceta, casto, una costra, un castor, una torcaza, una orca, un ahorcado, una roca, una rata, un toro, una tara, un rata, una rana, una máscara cara, una col, una coz, un coso, un corso, un acodo, un ácaro, un actor, una canta, uno acecha un coche, una cucha, uno escucha, uno acata, uno acaba una cosa.

2.8.26

Estudio sobre un capricho barroco, por Gastón Moyano

 


Antes quería ver los detalles de algunas flores, en especial la Lila Atigrada, quería saber sobre sus vidas, sus ciclos, las imaginaba a lo largo del suelo de los árboles, quería describirlas como lo hizo Linneo, pero donde vivía no había clima para las lilas, solo en algún jardín de alguna vecina, no en estado natural. Solo árboles de pimiento. Crecen con poco, no tienen partes muertas, ni hormigas, solo el verde necesario para sobrevivir en el piedemonte del Fachinal. Mirando árboles de pimiento encontré una estatua de caliza, de tamaño natural, una curiosidad barroca, tan rara como una lila atigrada en este lugar. La estatua de una Santa, en medio de un grupo de árboles de Pimiento, un banquito para sentarse a rezar. La Santa rodeada de lirios sería un cuadro perfecto del cristianismo plebeyo.

Leyendo sobre hagiografía encontré la Vida de Santa Rosa de Lima, de Leopoldo Marechal, la santa se relacionaba con delantales blancos de maestras, Los nombres de la Rosa, el prodigio de la imagen: la Santa  tenía un nombre de origen árabe, Jam-Alá que significa hermosa, no tenía datos hagiográficos de ella, registré los efectos de la luz, en distintos momentos del día, desde diferentes posiciones de observación: de frente cuando el sol le pega en todas partes, justo al mediodía, los efectos duran poco, el manto azul. Rojo en la cara, en las manos, en la punta de los dedos de los pies, sobresalían debajo de la túnica blanca, que recibe los cambios de color que le envía el ambiente, de ahí se distribuye al cuerpo, cambia en leves detalles, la figuración gravita como escombros que uno despeja, porque no son la realidad de la estatua, el aire caliente hace humosa la percepción, móviles los contornos, la luz lanza una escala encantada a través de los árboles, se abre un ángulo para una dulce plenitud el campo visual, su reflejo en la Santa rompe la retina, a la manera de los arquitectos primitivos y maestros vidrieros del Gótico, se sustituye la opacidad por irisaciones, sobrenaturales apariciones multicolores, los destellos se dibujan como si nuestra Santa fuera un vitral. La intensa luz cambia, se hace más fuerte, pero de otra manera, ya no cubre todo, recalienta la tierra, hace mucho calor esa fracción de tiempo que es la hora de la siesta, hace verde marrón la parte baja del manto, a la altura de los hombros tampoco se nota lo que era azul a la hora anterior, toques amarillos de poca consistencia, la luz de esa hora produce un contorno en la Santa de color amarillo pus, que también se desprende de los alrededores, rojos en medio de los toques amarillos, que después se hará desnudo, enorme, por un efecto percutor de los bermellones y los cromos, hasta los brillos ácidos del anti natural anaranjado aparecían en diversos matices de la luz, para después pasar a ser parte del rojo en el amarillo, en otro ángulo, uno de 90 grados a la izquierda de la Santa el azul mantiene un pequeño espacio de equilibrio en la punta de la capelina, con molduras de índigo que irán bajando de a poco, el cinto en medio del cuerpo es un tocado de vuelo angelical. A la tarde el azul se estabiliza, se hace mayoría en contraste con los anaranjados, siempre vivos en los caprichos de la luz, sus tonos en las piedras prefiguran los reflejos en la Santa en otra hora del día. Ahora la estatua de la Santa no está, hay una Iglesia Evangélica Pentecostal, al pasar tropiezo con una de las piedras, todo alrededor se desvanece, la entera realidad del Lugar a esa hora, quedo aturdido por oleadas de éxtasis, saturado de esa misma felicidad la monotonía se torna luminosidad cegadora, y de repente la Santa surge de los días olvidados, su esencia radiante no se registra en la vulgaridad de un recuerdo cotidiano, en esta reduplicación de un equilibrio precario, se invade sucesivamente por los pimientos, por la marea alta del sol de la mañana, inundan como en un acuario, y en último lugar por el Fachinal, sus partes, y la escritura acre y distinguida, a la que doy forma y dicción hasta convertirse en este texto, donde alucino que aún tengo por delante lo que ya dejé atrás. Describo tres de estas estaciones, ordenadas de mayor a menor Brutalidad:

un paseo por el Parque San Martín en el que toda figura femenina era una Yamila, y los que iban a comprar porro ahora empalideciendo y desintegrándose, con una simetría inversa en sus nebulosas; la segunda una conversación escuchada que no revela nada del origen de la estatua, pero si el sufrimiento de los que le rezan, y finalmente unas fotos de la Santa sacadas con mi Zénit Soviética en el año 2001, esta Yamila resucitada perturba el sepulcro real, el cementerio descuidado de mi corazón, y el color de la luz del sol filtrándose en el recuerdo, o el color en el cinturón de la propia Yamila, bañada de la época merovingia, en el amaranto y la luminosidad de su nombre, la primera vez que la vi, ninfa entre jazmines y alhelíes de color cobre.

El registro subsiste bajo la forma misma de la predilección y la ternura, la Santa, hace un instante tan lejana y ajena a mi corazón, es ahora no solo una obsesión, sino parte de mí mismo, algo que llevo adentro. Es la memoria involuntaria de la magdalena de Proust, lo que me trae ese azul, verdes, grises, la Santa es igual a los ríos que asumen el color del cielo, dependiendo de la hora, el ángulo de observación, vuelve la mano sin dedos de la Santa, la izquierda, esa parte que no estaba, deja la suavidad del gusano de seda al tacto, los colores de la Santa se van ´por los dedos que le faltan, su presencia huye por ahí, de su columna erecta, más allá del ovalo que la contenía, la huida deja un bordado de satén de un solo color, coagula en el registro, se abrazan en una lucha,  los boxeadores que pintaba George Bellows en NY. La memoria involuntaria traza un mapa en el cuerpo de la Santa dentro del mapa del Lugar, las líneas topográficas alumbran la impresión del tiempo que pasa en todas direcciones, una ronda entorno al ovalo, también deja un efecto en los testigos que vi rezarles a la Santa:

dos pibitos inquietos, se habían robado una platita, agradecen que ella los cuidara, le dejan cigarrillos, y 50 pesos en el 2002; una piba que soplaba poxiran, lloró mucho ante la Santa, 2002; una pareja reza por el alma de su hija, 2003;pibes sin remera, llenos de tatuajes del penal, uno muy flaco de cara delicada, otro un poco más viejo, sin visera, al tercero, la cubata le llegaba debajo de los hombros, el cuarto, una rareza en el Fachi, un albino, con el pelo casi blanco, los ojos azules, en medio del caos de los morochones, 2004; otro que le decían Caballito, porque su padre tenía una carretela con caballo, le dejó un rosario de plástico,2005; estudiantes de Trabajo Social, de Sociología sorprendidos por la estatua en medio de la villa, 2006; el Chochán un niño de 12 años, se bajaba de su caballito, parea besar los pies de la Santa, en el 2006; con los continuos besos los dedos de los pies se fueron gastando, esa pérdida no era instantánea, no la ven los ojos, como el Hércules de Agrigento, del que Cicerón decía: “la boca y el mentón están un poco más gastados, no solo tienen la  costumbre de venerarlo, sino también de darle besos”, la negra Bárbara le agradecía por haberla ayudado a conseguir el plan Mi Casa, para ponerle techo a su casa, 2009;

Santa Yamila, una Lucrecia del Vaticano, convertida en Carmelita, para lo viviente que no existe más, un ritmo testigo del pasado, la ecuación proustiana no es sencilla, toca como gigantes sumergidos en los años, épocas vividas por ellos, tan distantes, y entre las cuales tantos días han venido a situarse en el tiempo, no lo podemos recuperar pensándolo, como  en el poema 26 de Baudelaire:

“Aromas y promesas/ y besos infinitos/ renacerán de un pozo

prohibido a nuestras sondas”,

la memoria involuntaria da referencia, no descubrimiento, es explosiva e inmediata su total deflagración del recuerdo, elige la hora y el Lugar en que habrá de suceder el milagro, encuadra a la Santa, sus arcadas, y el horizonte entero en el arco de su mano sana, en el doble intercambio el sol emanaba un dorado muy bello, se reorganizaron en las bolitas rojas de los árboles del pimiento, la tierra en las hojas incidía con un marrón, suave en los reflejos naranja en la cabeza Santa, era un singular atletismo ese de los reflejos, en las tardes la luz se armonizaba un solo amarillo, del centro del color, se escapa en pedazos la estatua en un esfuerzo inmóvil, deja algo de ella en las hojas de los pimientos, la imagen se disuelve como un poco de grasa en el agua hirviente, no tiene cara es una cabeza, puede ser la cara de cualquiera, una santidad distinta, sus colores salen, ascienden como si describiera huesos que salen de la carne, el objeto más alto para la piedad, la carne sufriente, el recuerdo de la cabeza deshace la cara, veía pequeños trazos de tierra a su alrededor, la Santa tiene las sensaciones del Fachinal. El Fachinal está en el piedemonte, es rosa seco en un centro azul, un charco verde subsiste para derramarse en la parte de la Santa que da la oeste, es una verdura púrpura, más colores lisos cayendo en la luz blanca. Me dejo llevar, no sin deleite, por lo que registré, escribo de nuevo lo que leía en los Simulacros de Lucrecio, los matices cambian por la mezcla con otros en el aire, en la gama de tonos, se oponen entre sí, hasta llegar al centro del matiz, el tono vivo se repite en el tono roto, el blanco del azul, en los verdes, los violetas, rojos, rosas, fluyen por la mente, por el musculo, no hay una geometría estable del color en este lugar ni en la estatua, un liso violeta entre contornos rojos, la decoración para iluminaciones encantadoras,  de lo que estaba y de lo que queda.

 

30.7.26

Gramática de la pobreza, por Javier Fernández Paupy

 

 

Si tuviera dinero tendría un perro. Si tuviera un perro tendría paz. Si tuviera paz me quedaría callado. Si me quedara callado me habitaría la calma. Si me habitara la calma podría recuperar la perspectiva. Si recuperara la perspectiva podría ver mejor. Si viera mejor entendería con mayor claridad mi vida. Si entendiera con mayor claridad mi vida acaso no estaría tan preocupado. Si no estuviera tan preocupado dormiría mejor. Si durmiera mejor recordaría con más nitidez mis sueños. Si recordara con más nitidez mis sueños andaría más despierto de día. Si anduviera más despierto de día tendría sueños más reveladores por las noches. Si tuviera sueños más reveladores por las noches se abrirían las puertas de mi percepción. Si se abrieran las puertas de mi percepción accedería al palacio del entendimiento. Si accediera al palacio del entendimiento dejaría de ocupar el pensamiento en estupideces. Si dejara las estupideces de lado…

 

20.7.26

Las manos, por Santiago Armando

 

 

Freedom is something that dies unless it's used.

Hunter S. Thompson

 

Me agarro de las sogas sobre el Puente Pueyrredón que llenan los metrobuses de la 9 de Julio, hay cielo de sogas tejidas en todo el AMBA, voy bajando con elásticos y poleas inteligentes, me llevan. Hongos en la piel, me decido a hablarle a las masas de los saunas paraguas. Sodomización del Obispo perfumado.

Soy pobre, no tengo anteojos, no puedo leer, soy poeta por extrema dejadez. “Sos un vago de mierda”, me dijo mi hermano. Al final se nota mucho la necesidad de tomar mate, escribir una línea y mantenerme en la cama, recordar a Juan Abreu cuando insistía con que el escritor solo quiere autochupársela. Mientras, hago los ejercicios para levantar a mi papá de la operación en la cabeza del fémur, que anoche ya me había olvidado la fecha, ya pregunté, me dio el Grok la rutina, me baño con agua fría y puedo todo menos no fumar, respirar profundo en la nave de los obeliscos de la panza madre con telemundial, se chorrea una pizza en una zanja peluda del Gran Buenos Aires, Lola Pelusa le dicen, nuestra heredad nos perfecciona. Pronto seré un campeón en limpiarle el ojete a mi padre, espero que no se me resbale.

Aquella entrevista a Néstor Sánchez donde dice cuando conquisté el estado de pregunta, tendí a un humor grave, acaso angustiado… Sergio Gentilli quiere un partido con enemas pirotécnicos que empalagan. Nosotros escuchábamos a José María Muñoz en democracia y en casa se leía La Nación con mi querido suplemento de Cultura, con las sensaciones de la Hopenhayn y otras muertas como la Ortiz Dujovne, de más grande la geniales columnas Mariana Enríquez en el Radar, el Late Registration de Kanye West lo fui a buscar.

Amargura lúcida divagante, son todos cantantes que duermen la siesta, esa lucidez amarga la notaba Antonio Escohotado, lo que se puede hacer es dormir y no esforzarse por escribir más que aguafuertes, pero,  el deber del hombre es saber dice Escohotado, clavando en las piedras de cobre daliniano de la costa de Ibiza bajo la luna: Guampas y un Anubis. Es porque no se dan vuelta haciendo caras, ni se bañan con agua fría y fuman, no hacen sentadillas con los brazos levantados ni rezan. Aburre la soledad y el ambiente adverso con los anteojos atendiendo las palabras que crea la gente común sin el porrito, es mi karma en la vida que me rompan las pelotas por “el  porrito”, vale para hacer fuerza, mantenerse en forma, escribir a la mañana con las sierras del mantenimiento del barrio, y apoyar la cabeza con las persianas bajas, hasta el atardecer reticulado.

Durante la obesidad sin porro leía, ya no puedo por la falta de anteojos, las sogas del AMBA me mantienen en forma, y con la hierbita de jardín o maceta de tierra me da ganas de escribir  y me olvido de leer. Lo que yo saqué de mis macetas no era este indoor ni de casualidad, era algo mucho más sabroso que fumaba al atardecer y luego de la cena con la luna o a la mañana en verano. Levantar con los glúteos las sentadillas. Los espejos holográficos con tetas en tules de la vecina, sus gemidos, las visiones del cómic de Lasher, y el josecito con sombrerito: una fosa de milanesa podrida de hachar mujeres del CEAMSE. Pero me mantengo del lado de la luz, rezo el Rosario y rasgo la guitarra.

Así deben ser los recitales de Lali. Enoc me dijo que lo del blog se guarda setenta años si alguien no lo borra, hay un filósofo del CONICET con mi nombre. Verónica rechazó mi novela, no le llegará más nada, ¿será porque en el sueño se confunden ella y Monica Bellucci, la mención de “comeniños” de Romina Tejerina le cayó mal? Debo parecer un psicópata pero soy peligrosamente insensible. Tal vez la pajita después del dedo mayor de Jorge Asís en el sueño. Ahí tuve una respuesta del público. Llegaron los puchos.

Estaba sucio de tres pajas, teníamos misa del cumpleaños de mi hermano occiso a las diecinueve. Me bañé y encontré la ropa que habían puesto fuera de mi vista por las visitas de la inmobiliaria. Me pido Infinite Jest, el original de tapa dura ochenta lucas, pero me la bajo al español y es un boludo de veintisiete años insoportable. Está The Proud Highway, el primer tomo de cartas de los dieciocho hasta los treinta años de Hunter S. Thompson, y el Campaign Trail 72’, gambas de Pavese y Debussy, pálidas figuras en medias de colores. Después de la misa papá me anotó en un curso de Confirmación, después fuimos a un bodegón cercano y comilona.

Una vez me tomé el Sarmiento de los cartoneros. Una noche en lo de Verónica que no podía calzarme y dormir en el sillón doble, me fui a la mierda. El vagón tenía una débil luz anterior a las LED. Y veía gentes con grandes sacos, ninguno grande en altura, sacos y personas tenían casi la misma altura, pero tampoco miré mucho, no lo recorrí. Dupont hablaba de los enanos, como aquellos bolivianos que pusieron las cloacas en mi barrio, toda la cuadra marrón esos días, yo ya escribí de un bar con olor a pedo de plomo y gomina, me agarré del pasamanos con el brazo izquierdo y me hundí en la capucha de aquel viejísimo buso y pasé desapercibido. Y llegar a mi pago y dormir y olvidar esa casa triste y apagada e incogible. En Buenos Aires soy pobre, hacer el amor solo a ojos de Michelángelo, otros celestes, luminosos azules, ojos amarillos, ojos verdes con diamantes.

Terminé una novela de ciento veinte carillas homenaje a la divulgación científica que brinda la inteligencia artificial, el motor de solitones de Erik Lentz, y los perfiles de antimateria del santiagueño Julio Navarro, en verdad no está mal y pone a la conquista de Marte en ridículo, los astrofísicos saben que en el resto de los planetas y cometas hay energía suficiente para la conquista del universo.

Reparos con la Confirmación: tengo este tic de coitos disimulados en lugares públicos, el porro, el pucho: todos travas tienen ojos de serpiente levantando la patita con Mendicrim, mientras suena el Raga de Zia Mohiuddin Dagar.

De fondo Visitantes, la selección se fue a un baldío con una iglesia y una funeraria, mataron a dos y nueve heridos, grescas con los del otro lado del Mississippi. Gas del Duka, se habla con la busarda, se escribe con la panza para afuera, esa es la única manera de matenerse recto y convertirse en un fiel copiador, yo siempre estoy acá. Pablo Carrozza habla, es una lacrita con doscientos sesenta abolladuras de ojete, todos están gagás menos Duka, tan jóvenes.

Nadie me dice que cantó Tini ni Lali, nadie me pasa un tema. Mundial 2010 con Maradona de técnico, Pastore de perfil tratando de jugar al pasesito contra el escanolamiento de la defensa alemana que bastaba un simple cambio de ritmo para maniobrar bloqueos, porque Pastore la llevaba al trote, el único puente Einstein-Rosen que faltaba eran los pases de Riquelme y las definiciones de Messi, Román se quedaba sin aire y pedía el cambio y entraba Verón y ganábamos, en la última derrota con Inglaterra que Bielsa lo saca y lo dan vuelta los ingleses, Riquelme no tuvo repuesto… porque en la selección Riquelme pedía el cambio y Bielsa lo llevó incómodo porque no juega con diez.

Al final de un karaoke me la chuparon. Y también bajo la mesa de un bar lleno, con la discreción de las mesas vecinas.

Cuando a mi jefe se la chuparon para que me eche fue en una torre blanca de ladrillos con sábalos chupadores, la jota toledana del castillo hay que hacerla, había curvas de racimos de sábalo perlado. No saben manejar este alfabeto, más mueven las tetas, les gusta salir, vivir para mover las tetas. El teclado no parará de escribir porque la compresión de los dedos sobre él es muy fuerte en mí, súbenme por la espalda los impulsos que terminan en los caracteres. Cuartos de final con Pork Soda, el chanchito mejicano de Les Claypool y la Iglesia de Shoni Viale. Lo que deben ser las sábanas meadas de Shoni, ese se mea encima en vivo.

Apilo ropa sucia junto a la máquina. Puedo pringar a todos mis lectores en las pestañas, todo para peinar la ventana con la pera y poner mis manos en la fina ceniza de Anubis: María/ morena/ tus tetas enmarcadas en la arena.

Un atardecer me quedé frente al sol en una playita de José Ignacio, después mi hermano me pasó unas Pepperidge Farm de chocolate. Fueron quince minutos de arrobamiento en esa mansita.

Mi cuñada de las rodillas está perfecta, me dijo que hace aero yoga y está flaca y fuerte, le pregunté todo, y partió llevándose comida del mostrador en una bolsa a un ensayo después de la comilona pos misa del cumple de mi hermano. El vecino mejora en sus clases particulares de boxeo, a las que se ha sumado su padre.

El teléfono molesta, siente el cambio de movimiento y manda spam de Mercado Libre. Lo voy a mandar a la concha de su madre a Galperín por Twitter, hasta los domingos te mandan ruidos de propagandas pelotudas, mentirosas, molestas, innecesarias, repetitivas, hasta en el dia domingo de descanso del Padre.

Me levanto y cancelo los libros. Infinite Jest es una verga, como aquella novela monólogo Cristo vs. Arizona de Camilo José Cela. Pero más inocente. Son chotísimos. Cancelo todos y la devolución se hace rápido. Sonatas de piano de Mozart por Glenn Gould. Sigo con mi Kindle sin poder bajar nada por el cable en mal estado, se pone bien cuando quiere.

Mi cuñada cambió por completo su físico, me dejó tranquilo, directo le pregunté por sus rodillas, no olvido que traigo mala suerte, debo permanecer callado, antes de partir, por eso regalo, las buenas intenciones siempre terminan mal, la industria gráfica pasó de moda, los dibujos de Gustave Doré de la Divina Comedia, los Taschen de El Bosco, Egon Schiele, ofrezco, pero me niegan la generosidad, se los doy para que recorten y hagan cuadernos para escribir, ¿quién va a escribir?, les chupa un huevo, les doy igual. Me canso de leer, tengo que ir al oftalmólogo y pagar una fortuna los anteojos que no tengo. Tanto Hunter S. Thompson como David Foster Wallace se suicidaron por depresión, a mí me deprime la gente que no tira la goma con felicidad.

Cumplo cincuenta años, viene un amigo a comer tomar y fumar Klementine, el único, El Piña. Extraño al viejo Diego, pero ya es otra persona, ya no somos amigos. Me escribió Omar para contarme que se le murió una gata que rescató en muy mal estado de la calle.

Mamá destruye mis nervios rompiendo todo en la cocina, y me pongo a leer la New Yorker y hablan de la Misophony: La misofonía (o síndrome de sensibilidad selectiva al sonido) es un trastorno neurológico en el que ciertos sonidos cotidianos y repetitivos provocan reacciones emocionales o físicas extremas, como ira intensa, ansiedad, pánico o el deseo incontrolable de huir. Mi psiquiatra no me escucharía porque no le importa. Años sentado me jodió la cabeza del fémur en la cadera, rodilla, cadera y hombro izquierdo cagados.

Ya volvieron los ruidos en la cocina, mi vieja quiere inventar una comida que nunca hizo para mi cumpleaños y le sale mal, siempre lo mismo, se lo voy a decir para la próxima, de haber: solo quiero ravioles. En un rato vienen todos. Esperaba más de Brasil vs. Marruecos. Ruidos, no te mudes a un cuarto debajo de la cocina. Los torpes chimpancés te romperán los nervios, el vecino otro, debajo de mi ventana. Imposible.

Van a operar a mi viejo de la cabeza del fémur pronto, la recuperación va a ser jodida, ya les dije que se muden a un departamento pero se enojan. Mamá le prometió a la nieta peruana pileta para siempre. Cuando se venda esta casa iremos a una más chica, supuestamente. Mi viejo se va a operar y capaz no vuelva a caminar. Pero le duele mucho y ni un quejido. Se la aguantó toda la vida, se cayó de un caballo a los siete años en Córdoba. Me cuesta más rezar cuando tengo muchas boludeces en la cabeza pero estoy volviendo de a poco.

Más me obligo a escribir porque no tengo ganas, ya no escribo poemas, tiré dos mil carillas de poemas. Tiré todos los archivos. Me voy quedando con lo publicado, no sé escribir libros.

Ya no me salen los poemas, apenas avanzo en el renglón, recién me despierto con resaca, soy un descartadito con el mate, pero voy a tener mucho porro en el mundial.

Mis plantas, soy guitarrista y botánico, hoy regué mi Durban, hasta el viernes no debo regarla de nuevo, ¿qué hace un poeta y guitarrista cultivador? Tiene pensión por invalidez. Las kush y las sativa gratis para no endeudarse, un porro equilibrado y con notas de anís, licor y regaliz.

Extraño un poco la autóctona argentina llamada Destroyer, la hemos desaparecido, me contentaré con índicas de California y Holanda esta temporada, pero la Fruity Widow, la Cinderella 99', la Jack Herer versión Rápida que me llegaban de Aldi Gonzo: mi humilde homenaje a Aldi Gonzo, y aquellas autóctonas para hablar con las alfombras y las bolitas de energía luminosa que me perseguían.

Argentina jamás caerá, por su cavilación condenatoria siempre debe liberarse, somos una sociedad con medios de comunicación para tacheros. Rumbo a la paquetería del barrio con la lluvia fui rezando a buscar mi porro, el porro de Buenos Aires me inducía un delirio místico muy doloroso, se me fueron los ojos sutiles de este veneno para camuflarme en la cocina y buscar el mate. Purpurea Kush y White Widow x Super Cheese..

Contra el vidrio del comedor, con mi hermano, en la infancia, nos deformábamos haciendo caras, y yo una vez me di vuelta, no necesitábamos nada.

Purpurea kush suiza, pino y mirceno en la boca, la lluvia, los libros gratis del Kindle, me bajé los cuentos de Sara Gallardo, la que me ha gustado es Eisejuaz, es una felicidad encontrar un libro bueno pero lo que garpó más fueron los goles de Messi, descanso los ojos y me duermo, en mi cumpleaños me han regalado los Cuatro Cuartetos de T.S. Eliot edición bilingüe de Cátedra, y leo esa poesía fina y galante del idioma inglés sobre rosas y gotas de lagrimas o lluvia, todo aquello que Hunter S. Thompson ha despedazado acelerando en su auto salido de la calzada estancada, embarrando a Jack Kerouac haciendo dedo y a los lingüistas enseñando alfabetos de la paraguayania.

Hago los ejercicios, me baño con agua fría, me hice adicto a la ducha de agua fría, estoy subiendo los chinchulines a la caja, estoy adelgazando pero si fumo me cuesta, las rodillas sonaron pero se reacomodaron, me estoy regenerando con muy poco esfuerzo.

Mamá revienta la cocina con sacudidas de mono en LSD. Silencio, solo quieren aparecer en la página, escribo para los pájaros, los niños juegan a la pelota y andan en bici, el mate está caliente, hay puchitos, Gracias Dios, y este teclado, adelantar deudas de porro o dar más a mis viejos: comprar más porro.

Mi viejo acaba de decirme que sale caminando al día siguiente de la operación, no tendré que levantarlo, a no ser que se caiga, para lo que estoy haciendo sentadillas, debo estar fuerte por él. Ruido de nuevo, golpazos de armario de cocina, qué mierda, hago mis sentadillas empujando para arriba los glúteos y los brazos adelante cruzados, hago hélice en el hombro de la tendinitis y persigo el dolor y lo derroto, hice desaparecer el dolor, pero tengo una pequeña inflamación.

Ejercito los hombros a ciento ochenta grados levantándolos y bajándolos, el doloroso se cansa. Me dijo el Grok que pare con “enfrentar al dolor” y que haga las hélices del hombro cortitas.

El padecimiento psíquico permanente se disipa con el porro. El agua fría y los ejercicios me ayudan, voy a salir a caminar y todavía me retiene esta mierda con el cigarro en la mano. Hoy el CASI juega contra Newman, el bebe Contemponi hizo toda su carrera televisiva con la pera temblando y el hermano es entrenador de Los Pumas, yo soy hincha de Sudáfrica.

King Crimson me da pesadillas. La primera vez que me internaron fue porque en la oficina de una teatro fumé y pusieron Starless y empecé a tener visiones de rostros deformes en las paredes, después volví a la casa donde paraba y discutí con un imbécil porque estaba re loco. Qué música horrible.

Recuerden las sentadillas y pararse empujando los glúteos, con los brazos levantados y cruzados, adentro afuera doble sentadilla doble cruzamiento de brazos, como en la fábrica de malla de alambre. Levantar los hombros con resistencias, vencer las resistencias, eso es la vida del corazón, no fumaré más tabaco, solo buscaré mi libre chalita de los riscos con el mendicrim y las cabras.

Gago tuvo un infarto y le pusieron un stent, ayer, después de ganar con Universidad de Chile, en la conferencia de prensa se tomaba la teta izquierda dando sus explicaciones incomprensibles u obvias, y apareció en la ambulancia por la clínica a las tres de la mañana.

El porro, fumar solo porro y el saxo ah negrura plateada en holograma flameante, y la mirada indiferente de fumador puesto.

El saludo al atardecer de los pichones, las cotorras siguen chillando un rato, uno que conozco desde mi infancia en el bajo, cotorras, la gente habla, pasan niños de un año en carritos de plástico. El arte concerniente a los ojos y al oído, y la boca holográfica de chupar pija en el país pajitas y hashish, me ha tocado sufrir el desengaño afectivo permanente hasta concluir en limpiarle el culo a mis viejos, para eso me han felicitado con lágrimas en mi cincuenta aniversario, con porro, un porro poderoso para hacer sentadillas y bañarse con agua fría. Un che pibe limpiaculo, me quisieron mandar con mi abuela y los mandé a la mierda. Me había olvidado. Aquí estoy.

Ayer me pasé la noche fumando y vi como lo echaron a Ducantenzeiler y quedó puteando solo en cámara a medio mundo, y por sus números de hoy en you tube prácticamente quedó olvidado, lo peor de esto es que Pablo Carrozza se llevó su seguidores. Por fin lo vi sin energía, agradeciendo al canal, reconoce que se vio como un programa basura salvo cuando lo dejaban solo y contaba historias, donde batió records con sus cuentos de el Loco Fierro llegando en un tren solo para hinchas de Gimnasia desde La Plata y se bajaban en las vías a la altura de la entrada visitante para ir a pelear, solo con un jean y en patas, sobre el asfalto quemante, su amistad con el Gallego Popey, líder de la barra, su presidencia, sus diálogos con Grondona, ganarle el campeonato a Boca y River como Presidente, nunca lo dejarían triunfar. Mishigene total.

Y me levanté para ver la repetición del segundo gol de Messi, que me despertó porque sonó todo el tinglado Tesla y volví a dormir hasta la cena de ravioles, me acusaron de darme una sobredosis de medicamentos. Pero solo fumé y me acosté muy tarde tomando las pastillas al final, vi las últimas nubes tétricas de la tarde y me seguían apagando los fármacos chupadores, y ahora son las doce y no está más el Duka, y ya terminé mi ejercicio de vida y no ha pasado gran cosa. Boris Becker perdió su finca en Ibiza y fue preso por no pagar impuestos. Me tomaría un hongo psilocibio en una playa con una mujer nunca imaginada, que baila con el ruido mundial y las luces de don Nikola.

La exhalación gastadita, la frase en el pedazo de papel de la libreta del preceptor que nunca usaré para "escribir mis impresiones" como por ejemplo “Ser un simple botánico principiante”, de marihuana, mezclaré el más puro pino con la miel y la menta, y para qué, para plantarlas y que me acompañen. Y también con las kush americanas que mezclaron con la white widow con gusto a chocolate y berries con miel y menta, un caos de dulces con pino y menta oh fumar es lo más suculento y más hermoso.

Ruido de la ruta, frío. Corrigiendo mis modales. Todos pasan por debajo del estanque de los hipopótamos, y nadie puede perseguir a ningún grupo social, solo patear el culo a los que rezan postrados en la calle o en el pasillo del bondi o avión.

Vuelve El Duka porque se le piantaron decenas de miles suscriptores al Carnaval Stream. Insoportable, ahora se pone en moralista y maestro ciruela, me hice un mate para estar en silencio y escribir. Perdió Uruguay, otra vez Bielsa afuera en zona de grupos. Me pregunto quién lo puso en el cargo. Con tantas pastillas no tengo reflejos, no puedo mantener una conversación.

Yo quería formar una familia católica y nunca cantar la Internacional, solo el himno. Ya es tarde.

Prefiero tener un picador de flores de porro de metal desarmable, a roscas, porque al desmenuzarlo con cuchillo o tijera se pierde el polvillo y algunas partículas que después se pueden usar con tabaco en la época de carestía, como me acaba de pasar, me he comido hasta la goma negra que deja la resina en las roscas y pasé la lengua entre las cuchillas, paso la lengua por todo después de que se acaba, hasta el mes que viene. Pero antes saco todo con mis anteojos de aumento y una tijera, con la uña crecida sale mejor la goma de la resina que traba las rosca principal, de haber hecho todo el trabajo con paciencia y un poco de tabaco me hubiera armado uno más grande, pero pude sacar uno por cada inspección. Ah, pino y mirceno con tabaco. Conseguí una semilla de ese porro salvaje de antes pero con olor a piña. Ayer puse una Durban Poison al aire libre aunque la IA diga que debajo de cuatro grados la planta muere, le pongo un envase de Coca grande por la noches, y puse a germinar más. Junté muchas semillas regulares y puedo investigar, la inteligencia artificial no recomienda plantar al aire libre en invierno salvo cubriendo las plantas con un gran plástico de doscientos micrones, pero yo solo quiero testear las semillas autóctonas que están hechas para aguantar los climas más duros y han estado allí toda la vida. En invierno salen enanas pero dan diez gramos que valen cien lucas, y la caja de diez cuesta cincuenta y cinco. Sembraré en el techo este verano. Ni remotamente tengo dinero para abastecerme de porro, ni siendo millonario.

Salí a caminar una vuelta y en una obra vi dos tachos de pintura de veinte litros y me los llevé, los lavé y les puse la tierra que generosamente me brindó el vecino, ya tengo seis tachos para automáticas. Voy a plantar Pound Cake y Jack Herer auto porque me voy de vacaciones al campo otra vez obligado y voy a poder sacar dos tandas antes de irme, y cuando vuelva voy a poder sacar otra otoñal. La psiquiatra le dijo a mis viejos que no me pueden dejar solo en casa.