10.2.26

Visitas, por Santiago Armando

  

Mientras más chimpancé es la gente, más ruido hace.

Juan Abreu

 

 

Sin noticias de Boca, sin información de fútbol, el boliche cerrado. Mi hermano manda videos del Chelsea contra el City. Batistuta era mejor que Erling. En fútbol nada me asombra, todo es muy obvio y bobo.

Nos visitan mis hermanas con sus familias, mi hermana mayor con su marido y sus hijos, y la menor con su hijo.

Fumar faso de transa en casa de los padres no va más, mejor bien lejos de todo, en la verde llanura, con la computadora y la casa fresca, el techo alto.

La voz de mi cuñado traspasa el frágil volumen de los ambientes de ladrillo hueco. Es y se hace todo el tiempo el boludo, transpone su pelotudeo con gracia y hace buenos asados, debo respetar a todos los invitados de la casa. Tendría que haberle dicho que por favor se vaya a hablar por teléfono a otro lado. Escucharlo me da cáncer.

 

Jueves 1 de enero. Anoche mezclé vino rosado con cerveza y me tuve que meter en la ducha y tomarme un Paracetamol más las pastillas para dormir, me dio el amarillo por mezclar un vino rosado berreta. Hoy primero de enero, diez grados de temperatura menos, se puede estar.

 

Viernes 2 de enero. Madrugada. Hace un rato el menor de mis sobrinos se encerró en el cuarto y empezó a chasquear la puerta hasta que se trabó con él adentro y tardaron un rato en abrirla, me quedo en el molde porque estoy con el hombro y la rodilla cagados, más la obesidad. Lo sacaría de esta casa de los pendejos del orto a mi cuñado, saca lo peor de mí. Estoy en el cuarto al lado escribiendo y me aturden. Siento que algo pasa cuando termino una oración, no quiero fumar más porro, me droga escribir. Pero puse a germinar una Jack Herer.

En realidad ya no puedo plantar más porque la casa está en venta y la tipa de la inmobiliaria se quejaría. El suizo tiene queso, frutilla y choco. No son buenas para escribir, para escribir eran buenas algunas de las semillas sativas que venían con el prensado. Dani me dijo que el porro me ayude a cagar puede ser la adicción, que simplemente se me afloja el ojete por la droga.

Estoy endeudado con el banco por los regalos navideños. Trataré de seguir con la librería en las redes cuando comience el año. Suena un teléfono en la casa de al lado. Me voy a dormir.

 

Sábado 3 de enero. Todos se fueron a cortar el pelo y yo falté por dormir, lo tengo muy largo. Voy al cajón de la tijera y me lo rebajo mirando el espejo del baño.

Estoy harto de los doblajes mejicanos por todos lados. No los soporto. No tolero el español latino. Hay publicidades de evangelistas y musulmanes en el Facebook. El Facebook y el Twitter son basura. La vida es muy corta para estar chupado por las redes sociales.

Deponen a Maduro al fin, se lo llevan en barco para juzgarlo en New York. En la conferencia de prensa en Mar-a-Lago Trump dice que gobernarán ellos porque no confían en nadie, que Delcy Rodríguez estuvo de acuerdo bajo amenaza de un segundo ataque. La transición tomará un tiempo antes de procurar candidatos confiables, parece. También dijo que repondrán toda la infraestructura para sacar petróleo que estaba inutilizada, y las empresas volverán y recuperarán las ganancias expropiadas por Chávez, que los venezolanos recuperarán su país en paz y que serán ricos. Que es inconcebible lo que les ha ocurrido a los venezolanos. También dijo por segunda vez que Petro debería cuidar su culo porque saben que los colombianos envían cocaína a Estados Unidos. Y lo de Groenlandia. Dinamarca ya desembarcó tropas. No hay chance en Venezuela si la policía y los servicios y los colectivos armados no son dados de baja. Lo mismo pasó en Argentina con la policía, la triple A y el ejército, tardó una generación, el policía que me detuvo en mi última internación lo hizo con una dulzura muy civilizada.

Mi cuñado hizo un asado espectacular, pero sirviendo a punta de cuchillo. No pude brindar por la deposición de Maduro con papá, para no incomodar a mi hermana comunista.

 

Lunes 5 de enero. Vino Matías y fumamos una Champaña colombiana de Black Tuna, un poco pesado el faso con este calor, ya no estoy para esto. El mundo se vuelve bastante pelotudo y todo me irrita, pero por ahora, si no molesto, quiero vivir, la muerte no es un consuelo debido al porro, que me sube la autoestima. No tengo más fuerza, tengo pesadillas malditas, quebrantos nerviosos, falta de salud, de dinero, de amor. Cuarenta kilos de sobrepeso, calor, ladrillos huecos en verano y techo de chapa, piscina de agua turbia, meada, pero la ventisca nocturna se mece suavemente sobre mí.

La Jack Herer me da energía. La energía que necesito para salir a buscar los libros, por ejemplo. ¿Quedó viejo Reinaldo Arenas, más viejo que Pedro Lemebel o Roberto Bolaño? Compré Antes que Anochezca y Viaje a La Habana para una clienta. Tengo que buscarlos a mediodía por Callao y Corrientes.

La Champaña me dio paranoia, y tenía hongos. No confíes en nadie, planta tu propio porro, no te fíes de un transa, fíate de los buenos cultivadores. Híbrida la Blueberry con la White Widow, estabilízala, fuma cuatro pitadas de Cinderella o Jack Herer, mejora tu ánimo en este mundo de mierda. O fuma CBD para aguantar el cuerpo esclavo.

Veo en los reels a mi hermano en una peluquería de Londres, junto a un Hash Bar.

 

Martes 6 de enero. Mi vieja se queja porque dejé de tomar la Pregabalina. Para ella estoy en riesgo. Me amenaza. Llamo a la clínica para avisarle a la psiquiatra pero no me atiende nadie. Mando un mail y me duermo. Cancelé los libros de Arenas y le compré uno a mi hermana de terapia con aceites. Se lo había prometido.

Mezclé Schweppes de pomelo con té de Ibiscus y me dio diarrea. Me pasaron el flyer de un transa que vende Kosher Kush, la original de DNA Genetics. Tiene la Chocolate Fondue también, que es Chocolope con Exodus Cheese. Tiene buena puntuación en Leafly. La Kosher es un clásico.

 

Miércoles 7 de enero. Hace dos días que no veo a mi cuñado, el otro día que fumé la Champaña me dieron fantasías de acuchillarlo, por suerte fumé pocas pitadas y no dije nada, pero luché con mis instintos de mandarlo a la mierda. El té frío de Ibiscus me relaja, hoy dormí ligeramente las pesadas horas de la tarde sin ruidos. Mi hermana menor y el hijo no hacen ruido. Ahora está cocinando unas nuggets.

Vinieron todos y están mirando El señor de los anillos.

El Ibiscus o Flor de Jamaica cuesta veinte lucas el kilo.

Puse la Jack en una botella de Coca-Cola grande.

 

Miércoles 21 de enero. Dos semanas enteras sin computadora fumando la kosher kush y la chocolate fondue: La kosher buena, no da euforia, no es demasiado estimulante, pero te hace toser como la puta madre, apenas la podía pasar. La choco fondue un sorete con mucho olor que alertó a mis parientes, pero nada del otro mundo. Me gustan las índicas porque son narcóticas y no dan euforia, son calmantes, hay sativas sin euforia pero no son buenas para escribir a como yo estaba acostumbrado, pero me estuve releyendo y soy un embole, y todo lo que escribí en el cuaderno es una bosta. La que me gusta es la Jack x Blueberry y la White Widow x Blueberry, la Cinderella 99’. Extraño los fasitos que me daban las plantas de mi terraza.

Hice unos poemas que paso a transcribir.

 

La bocina de chata del delta

Y el tren zumba

Los niños juegan a los dados

El cerco auditivo de los grillos

Y unos nidos intranquilos

La paz finalmente

En el ocaso de la pradera

Con las primeras estrellas

 

Rezar, dormir, el viento.

Lo demás es una pesadilla

De joven había que huir de los padres

A la madurez las cotorras huyen

Y las reuniones sin fumar

Callan todos y sopla el viento criollo

Y los tufos del viento norte

Se guardan en los cajones

Lo sabes aguardando la temperatura del mate

 

Los pájaros son

los primeros que callan

en el viento norte

que atiza las casas

de ladrillo hueco

 

La mucama nueva se negó a limpiar mi cuarto y mamá le dijo que no venga más, después fuimos a la psiquiatra, mamá fue a pedir que me internen para poder irse de vacaciones, con el pretexto de que estaba fumando marihuana. Le expliqué que es una índica que me ayuda a la mañana con la resaca medicamentosa y además le dije que saqué la Pregabalina porque me mareaba y perdía el sentido, además me subía la presión, me la cambiaron por Rivotril. Me mandaron a hacerme análisis porque la Risperidona me puede cambiar el metabolismo y subirme la glucemia, que siempre estuvo normal. Lo que me da alto siempre son los triglicéridos.

El rigor de fumar porro todo el tiempo no es para mí. No sé para qué me metí en esto. Ahora no tengo Serotonina y tengo mucha hambre. Las piernas pesadas. Sin fuerza.

 

Viernes 23 de enero. Estoy leyendo las Memorias errantes de Adolfo de Obieta. Si leo de noche con las pastillas, al día siguiente me queda un recuerdo borroso.

 

Volvió mi cuñado y vino mi cuñada con sobrino, la pileta es un griterío, mis viejos duermen con el aire, yo acá arriba cagándome de calor. No tengo fuerza. Le conté a mi hermana de cuando lo vi a Ray Bradbury en la feria del libro, estaba solo esperando que alguien viniera a que le firme un autógrafo y no había nadie con él, lo pude observar perfectamente pero no me animé a hablarle, era enorme, con el pelo blanco y anteojos, la cara grande rosada, con una camisa de jean y caquis. Era un típico yanqui blanco de los de antes, que se están extinguiendo, como los italianos de acá, llamados gringos, o polacos en el interior.

Lo de Macedonio, un escritor metafísico de hace cien años, que cuidaba del cuerpo, parecen buenos sus hábitos de comida, dormir mucho, pero fumaba, le escribe a Ramón Gómez de la Serna que lo compren con cigarrillos. El papá de Borges lo llamaba Macedonio Farniente.

Quisiera no tomar más pastillas. Pero me da dolor de pecho a la noche si no las tomo. Oh, una mujer nueva en mi vida, libros y libros para vender, tomarme el bondi al centro. Ganarme un loto, recuperar la alegría, qué imposible todo. Solo pueden contentarme la Jack Herer y la Cinderella 99’ sin este calor ni las visitas. La verdad es que la venta de libros cayó con la última recesión de Macri y no se recuperó, después vino la pandemia y la mala fama de Scardanelli Libros por poner cosas de la Virgen de la Salette.

 

Sábado 24 de enero. Se fueron las visitas. Todo está tranquilo. No me pude despedir de ellos porque estaba dormido. El chiquito se ponía a gritar en la escalera, a cantar en la mesa, y yo no podía estar en ningún lugar, los ruidos me hacen salir de la piel como un loco. Se fueron silenciosamente. Mi cuñado me dejó el Esquilo y el Sherwood Anderson que le había dado. Todo está en paz. Me hice un mate, regué mi plantita, está nublado.

El Intel i5 que me pusieron es del año 2013, y un motherboard Asus que se tilda. Doscientas lucas el arreglo.

Lo del cuaderno que escribí fumado es todo una porquería. No tuve tranquilidad en ningún momento durante el mes pasado. Me la había agarrado con los hijos de puta balzacianos. Odio a Balzac, a Flaubert y a los pelotudos que los leen y que los traducen.

 

Domingo 25 de enero. Matías estaba en su casa y tosió y se cayó al piso por su bloqueo en la columna. No sabe cómo hizo para abrirle la puerta a la ambulancia. Se cagó la columna andando unos metros en skate y se fue a la mierda, tenía cuarenta años, ya casi diez con este asunto. Toma Tramadol y labura todo el día. Yo tengo miedo de irme a la mierda en la ducha, no tengo buena estabilidad con esta gordura.

No quiero escribir así.

5.2.26

Rebelión en la granja, por Paul B. Preciado

 

No produzcas nada. Cambia de sexo. Conviértete en el maestro de tu profesor. Sé el alumno de tu estudiante. Sé el amante de tu jefe. Sé el animal de tu perro. Todo aquello que camina a dos patas es un enemigo. Cuida de tu enfermera. Entra en una prisión y reproduce la escena central de Rebelión en la granja. Conviértete en el asistente de tu secretaria. Limpia la casa de la señora de la limpieza. Prepara un cocktail para el barman. Cierra la clínica. Llora y ríe. Abjura de la religión que te fue impuesta. Baila sobre las tumbas de tu cementerio secreto. Cambia de nombre. Cambia de ancestros. No busques gustar. No compres nada que hayas visto transformado en ícono en una pantalla ni cualquier otro soporte visual. Entierra la escultura de Apolo. No busques gustar. Haz tus maletas sin saber donde te mudas. Abandona a tus hijos. Deja de trabajar. Entra en un campo de refugiados y reproduce la escena central de Rebelión en la granja. Prostituye a tu padre. Pasa una frontera. Exhuma el cuerpo de Diógenes. Cierra tu cuenta de Facebook. No sonrías en el momento de la foto. Cierra tu cuenta de Google. Entra en un museo y reproduce la escena central de Rebelión en la granja. Abandona a tu marido por una mujer diez años menor que tú. Todo aquello que camina a cuatro patas y todo aquello que tiene alas es un amigo. Solicita la clausura de tu cuenta bancaria. Rápate la cabeza. No busques el éxito. Abandona a tu marido por un perro. Redacta una respuesta automática para tu email: “Durante el 2017 y hasta nuevo aviso, contácteme por escrito a la dirección postal 0700465.”. Regala toda tu ropa y comienza un curso de corte y confección. Destruye la carpeta Dropbox de tu ordenador. Prepara una maleta vacía y vete. Pasa una frontera. No hagas ninguna obra nueva. Abandona a tu mujer por un caballo. Abre tu maleta en cualquier calle y acepta aquello que los demás te den. Aprende el griego. Entra en un matadero y reproduce la escena central de Rebelión en la granja. Cuelga una flor en tu barba. Regala tus zapatos más bonitos. Cambia de sexo. Ningún animal usaría ninguna ropa que no haya confeccionado él mismo. Acuéstate en el suelo de tu oficina y mueve tus pies como si bailaras en el techo. Sal y no vuelvas. Abandona a tu mujer por un árbol. No analices ninguna coyuntura. Exprésate exclusivamente en idiomas que no conoces con personas que no conoces. Pasa una frontera. Deja de votar. No pagues tu deuda. Quema tu carta electoral. Ningún animal mata otro animal. Destruye tu tarjeta de crédito. Valora aquello que los demás consideran inútil. Admira aquello que los demás consideran patético. Busca ser invisible. Intenta no ser representado. Ningún animal dormiría en una cama construida industrialmente. Cambia el objeto de tu libido. Descentraliza el placer genital. Siente placer por todo aquello que trasciende los límites de tu cuerpo. Deja que Gaia te penetre. Adjura de la farmacología. Cambia los ansiolíticos por el pasado. Trenza. Teje. No construyas una casa. No acumules. No comas otros animales. No fomentes el desarrollo humano. No segmentes. No aumentes los beneficios. No mejores. No inviertas. Entra en un hospital psiquiátrico y reproduce la escena central de Rebelión en la granja. No coordines las acciones. Revisa la basura. No pagues el seguro. No escribas la historia. No organices tu jornada de trabajo. Reduce tu nivel de rendimiento, consciente e inconscientemente. Ningún animal beberá vodka Absolut. No descargues videos de Youtube. Si aun no lo has hecho, no te reproduzcas. No te modernices. No utilices la comunicación de manera estratégica. No preveas el futuro. Intenta hacer lo menos posible durante la mayor cantidad de tiempo. No busques mejorar tu productividad. Entra en un asilo de ancianos y reproduce la escena central de Rebelión en la granja. No rindas cuenta alguna. Admira el saber que los otros no llaman conocimiento. No digitalices nada. No dejes pista. Envía una carta a tus rivales: “Renuncio. Feliz año.”. No aumentes la infraestructura logística. Escoge la vida en vez de escoger la prolongación científica de la esperanza de vida. Todos los animales son iguales.

Barcelona, 24 de diciembre de 2016

  

Tomado de: Un apartamento en Urano. Crónicas del cruce, Barcelona, Anagrama, 2019; pp.  242-244.

2.2.26

Manual místico para abrir, por Noe Vera

  

(Sobre Las bandidas abren el tesoro, ¡qué suerte!, Bahía Blanca, Vox/Lux, 2025)

 

De Las bandidas abren el tesoro, ¡qué suerte!, de Lucía Caleta, quiero decir poco, porque todo lo que importa pasa cuando se lo lee. Como cuando en la niñez te leen en voz alta algo que te atrapa y no querés que ese momento se termine nunca. Porque es puro disfrute y al otro día pedís que te lo lean de nuevo, lo amás el doble y entrás en el planeta de los sueños con una sonrisa dibujada.

Empecemos por el título, que transmite una alegría niña. Te dice desde el principio que algo termina ¿o empieza? Muy bien. Hay un tesoro y va a ser abierto por las heroínas. ¡Qué suerte! Desde el primer poema, además, sabremos que nuestras bandidas van calzadas, toman a su paso lo que quieren sin tener que hacer ojitos, son centauras, motomamis, pistean a la par que cuidan la montaña. Esa es su misión. Y una vez que el tesoro les es dado, lo liberan: lo dejan al viento, lo llevan de paseo en sus naves majestuosas.

Liberar el tesoro, vaya consigna política para un día como estos que nos tocan. Todo lo que ellas hacen tiene un sentido trascendental. Las bandidas viven en una casa grande todas juntas y actúan guiadas en pos de un bien que es colectivo, nunca individual. Guardianar la montaña de la contaminación capitalista villana es una tarea que les fue asignada por una voz divina. La del mismo tesoro que además les pide que creen una canción, una que pueda cantarse por todos los “yoes” del mundo. Quienes tengan el poder, en esta poética, van a tener que incluir.

Y ¿quiénes tienen el poder y la suerte en esta historia? Las pandilleras que son mil y están rotas pero juntas y se la juegan. Juntas no temen. Se llevan bien, son guarida, una máquina de hacer justicia o hechizos, que es lo mismo.

En otro poema hay unas lobeznas huérfanas que son alimentadas por humanas, una reversión del mito de Rómulo y Remo, lobitas nutridas por unas poetas nodrizas, quedan piponas. Cuando se despiden, las nodrizas, se pronuncian así: “Para no perder tu / animal / aprender a domar / no está mal / no quererlo todo / disciplinar a la fuerza/ desconocida/ no está mal / no quererlo todo.” Esto les dicen cual oráculo a las bandidas. Y ellas maman de todo ese manantial lácteo verbal. Se fortalecen, toman las palabras de aquellas en quienes creen como hoja de ruta, camino a seguir, plan sagrado. De eso habla este libro.

Hay mucha mística y algunos poemas en primera persona que hurgan en el origen de la fe, una suerte de memorias sobre personajes y momentos que hicieron prender una llamita interna, una manera de escuchar y de ver que tiene que ver primero con creer. Me gusta pensar que estas memorias, estas historias, pertenecen al pasado de algunas bandidas. Como la máquina de los conjuros que es una señora que enseña a una niña a curar. O esas adolescentes que se arman frente al espejo (como todas las adolescentes) y que se miran sosteniendo un arma, posando juntas y viéndose poderosas por primera vez. O como la virgen que se fuma un pucho que es una mancha de humedad que una de las amigas ve abajo de su cama y a la que le trae suerte. Las amigas hacen fila para verla cada día, la ven linda, la ven sonreír, podría ser una de ellas. Y si no la ven, practican, se aprenden oraciones para atraer la aparición. Porque un golpe de suerte así, se parece a renacer y en estos poemas se dice que nacer es espectacular.

Las heroínas de estas historias son renacidas, se aventuran a un mundo que va creándose a su paso, leyendo los mensajes que traen las piedras, los animales, las nubes y por qué no sus corazones que también son sagrados. Me atrevo a decir que Las bandidas… es el segundo libro de una saga que empezó en Una reacción en cadena y un conjunto (Palabras amarillas, 2022) donde asistimos a los efectos de un big bang que instala una especie de mito fundacional para tiempos venideros, un mundo nuevo, en grado cero. Las protagonistas de estos poemas bien podrían ser las habitantes de ese mundo y vienen a desplegar, horizontal, una épica coral creativa y renovadora.

“Si cuento una buena historia, las personas me respetarán más” dice el epílogo de este libro que es un manifiesto de ternura y se llama “Dónde depositás tu fe”. Y yo, quiero que sepa, Lucía Caleta, que la mega mil respeto.

Lo último: este libro dan ganas de leerlo en voz alta a nuestras ídolas en común. Porque, de alguna manera, está escrito con ellas, gracias a ellas, para ellas. Se lo leería a Donna, a Úrsula, a Rosalía, a Terry, a Liliana, a Lucrecia, a Lucía, a Björk, a Pedro, a Tamara. La autora de Las bandidas… se atreve a preguntarse si seremos todas unas hermanas galácticas de otros tiempos y espacios. Puede ser, hay personas de esta lista que ya no viven. Lo que sé es que lo escucharían hoy, en 2025, con un brillo en los ojos, lágrimas chochas y la misma sonrisa en la cara que tuvieron de chicas. Y pedirían más, ¡otra vez! Porque estos poemas, llenos de musiquita y ritmo duro, de rimas graciosas y elegantes, de aventuras y fantasías, nos recuerdan que a cualquier edad leer puede ser un placer y un mimo.