21.9.23

Hotel Pandemia, por Santiago Armando



De madrugada en la Oficina aérea de indigentes atiendo a los crotos tempraneros que suben con mate y achuras crocantes con limón y sal, les pregunto si les interesa una lectura y me chistan porno teléfono. En los edificios desmontables estamos bien, muevo los bloques con balcones de parrilla y vegetación como los tetris con un portero electrico con cable y se dispersan por el aire las viviendas hacia el leve tráfico en vaivén. Juliana Awada pasa año nuevo en los baños y cuartos con fuegos, le cocino mollejas en el wok, hay baldes con Coronas, pero me pide un doble Malbec a la ducha. Los extraterrestres están entre nosotros. Esto cambió la política de nuestra acción social que nos iguala con esas caripelas del noticiero. Que les entreguemos nuestro Mónaco volante de crotos, que les abramos nuestro Jockey Club a los aliens, se le quejan al Ministro. Pero ah, ¿son hermadroditas con humanos? Llamen a Elvy, Juliana viene, a la cumbieras mueveculo de River se las dejamos a Los Copitos.

 

Mirtles

A la ONU

Abuela porteña venezolana cuenta cómo una hija le fue chupada por el campo de concentración mapuche binacional.

 

Me hacía acordar a Edmondo, me gustaba aquel lagarto comadreja crestaepollo, me meaba de solo ver el cepillo que tenía cuando estaba en la escuadra evangélica que me sacó de Caracas, y quise conservar las cerdas de un quincho de la región Bio Bio en Bariloche y le pedí un hijo al Rulo esa misma mañana en el telito Calefacción, y cayó la razia, en el campo de concentración nos enamoramos. Le gustaban los nombres de villeros porteños y me dijo Naiara, al que agregué Samantha Xiomara, como la nueva bomba budista tucumana de la birra de River. Naira, ah, llegaron los técnicos coreanos y les vendimos dogos, el viejo Tuni vivió muchos años en los fiordos chilenos. El campo de refugiados es un paraíso liberal, el campo de concentración es más parecido al psiquiatrico familia escuela de Buenos Aires, y jugaban con nosotras las psicólogas argentinas. El Rulo se fue con una pelirroja pasante de la UBA, apareció la mina y dejó de mirarnos, mi psiquiatra me perseguía con fotos de ellos, viven en Canadá. En Argentina nos daban la medicación gratis por el PAMI, ahora solo el cincuenta, igual que al hermafrodita alien que se niega a procrear con humanos, y no les dan Clonazepam, que les vendemos, y les hace muy bien.

 

Naiara salió al bosque y llegó hasta un fin del mundo enrejado, muy boscoso con luna y una laguna y una curva, quiso pasar la reja y fue fulminada por el domo de defensa. Yo me desmayé y desperté en Témpora, un psiquiátrico de Palermo, con el cerebro descompuesto, deconstruido, como se dice, mi cuerpo liberó una sustancia que hizo a is órganos invendibles, inútiles. Me separaron de los aliens y me dieron el DNI, pase de transporte público y pensión por mi habituación petera en los pasillos del subte, y me dijeron que no debo ser molestada para otra cosa que para escribir para Nuestra Señora, la Emperatriz del Universo, y soy corregida por las monjas, que prefieren chuparle la pija al señor. Son muy frambuesonas con él.

 

Juan Bernardo Neustadt

 

Dictado a Claudia Cordero Viedma en shorts una tarde otra vez con el traje de baño rojo con los huevos para afuera, verano del año noventa y tres, ya en casa de barrancas de La Lucila, Tiempo Nuestro, con vistas de tablas y veleritos del río:

 

Había llegado a Colorado desde Mendoza, con el documento de identidad ecuatoriano… fumando fui sumando unas nacionalidades con la flauta de madera cruzada rumbo a lo del viejo kush de la paragua en Antwerp, Colorado. El abuelo paga el Nefli de la muerte porro por un mal fulbo: unas cusqueñas con suecas en Pompeya, y todo el paquete gorosito. Tres de la tarde. Debería auspiciar la hora del orgullo del porro con un buen cuete. Miss Porro era Ava Kavafis, y el enguascado,primero un empleado de la Global Fass Kafkiana, (pero estos ruidos mejor, el nocturno de heladera Siam de la computadora me atraviesa el cráneo y me acuesto, soy un simil geronte en inverno, y llega septiembre a tiempo) el cuerpo se licúa en verano con tus besos en la terraza con toldo, y el aire acondicionado abierto.

 

Colores de la paragua

 

Las ficciones muchas veces hacen metafísicas que tienen resultados impredecibles en el mundo, como el Copito que usé por años de Phillip Guston en la librería. Para muestra Un Botón: Por Avenida Corrientes y Microcentro se ve claramente el policía de la ciudad biotipo paraguayo de un metro setenta y cinco de gimnasio, con talante de brasilero en feria de turismo. Pero las castañas flacas de largas piernas uniformadas, de la Metropolitana, con esos pantalones, nunca se vio, con espejados que escoltan la horrible reja de la Casa Rosada, los que se robaron la estatua de Colón en su heráldica proa proverbial, regalo de España en nuestro centenario en el patio del Gobierno, hasta que le hicieron la circunvalación y enrejaron y el museo subterráneo y le pusieron esa reja barata. Los copitos son un chiste de Cancillería, Expósitos de las Mercedes. Le pego al brillo de los espejados una sombra del huevo con el pinzado, retráctil a su enchupinado. Veo los clubes de clanes de clones paraguayos adventistas, veo al Gato Sessa agarrarse a piñas con Chilavert en las cuevas de cambio para quedar bien con los  barras cambistas. Conversando con los nuevos proxenetas de traje negro, corbata negra, camisa blanca y rulos brillantes, que también venden cocaína. La Máquina de Hacer Paraguayitos fue incorporada al estado durante el Gobierno de Macri en CABA.

 

Haitiano

 

Colgado Massa en Plaza Miserere, pasan las comparsas de Las Tunas junto al cajón blanquito con venecitas de vidrio y corazones verde y azul de Magdalena Galnarimi. Gatillada en la frente y sodomizada por revólveres y puñales de preadolescentes, el espíritu santo vuelve al mercado celeste con camisetas de fulbo y píos y graznados mamertos del Tigre. Unos pibes juntan para el tabaco y pagar un Rabo de anti-nube, unos días de cama… El lumpenado lamprea al tacho las medias rotas, calzones flojos, vende las pilchas del último fin de año que salió de noche y aporta pan viejo de rayar milanesas. Hablan del precio del kilo de milanesa. El billete dólar lo venden barras de calle Florida arriba del Ateneo, los pendejos que se hacen los financistas a veces entran en relaciones con ellos, ¿querés cien dólares, gordito? Y se lava el culo en una bañadera de plástico doble del hospital Garrahan, se pasa un  cepillo con un rodillito al costado para la zanja, “estos son para viejos suecos”, me dice: Ah, son buens los canadienses también. En Nordelta todo normal, habla una Morsa con Moco y barba con dos canas civiles Biotipos Paraguayitos con Espejados. Ayer vi brasileros más terminators con nuestros cueros y gafas oscuras junto a la babosa de billete canuto calle lateral de la AFIP, en Plaza de Mayo, sacaron el cartel de Ministerio de Economía y le pusieron AFIP, nadie dice nada de eso, en plena Plaza de Mayo, el Sponsor al fin. Nadie se imagina lo que era la Plaza de Mayo los sábados.

Tras la ventanilla privada con vidrios negros en la entrada: “Porqué tein qui pagá al goberno fedr-ralu ocosssumo extern dum país livre qui dmánda, ne, ¿o qué faz o estado arginchino n meu interés?, y, qué lindo es el fulbo…¿nó?. ¿Ese?, dijeron, y le cortaron la nariz y la mano del teléfono al brasilero terminator con nuestros cueros y espejos, ¡y un jean del once para arriba! Llueven papeles del ministerio. Un Plan Aduana 3000 socio de Boca para hacerse socio de Boca y pagar con débito y votar, pero no, votan los que tienen tarjeta de crédito, como en todos lados. Con la débito del ministerio de acción social nada, ¡quiero participar de algo! y no, (me toman la de débito en Amazon que toma cualquier cosa y solo puedo usar el Kindle, Adidas Argentina no me la toma, ni Buscalibre que tengo que ir al Pagofácil, hace poco no pude garparles un Rabo de anti-nube veintiseis lucas, y se fue a cicuenta y dos. Pero le pude comprar a mi ahijado la camiseta del campeón varios meses antes de control de gastos de mi tarjeta discapacitada, la última con las dos estrellas, pero el fútbol es infinito y se actualizan las camisetas por semestre. Messi en el Inter es Copito Rosa, botines rosas, queda para mi ahijado la negra suplente del Inter que me pidió.) ¡y me afanan todo si me pido algo de afuera, si llega a la aduana lo reparte un intendente paquero en un acto!, en una plaza, mi Erogando Trizas donde Gotas de lo Variopinto de Lorenzo, dos ejemplares, en manos de una niña… El espíritu santo sabe de armonía peronista. Y se quedó la plata el gallego que publicó su último libro. Bien por ese señor.

 

 

Choriducto al Golf

 

Vivir en un velero pagando amarra en una marina no va más, los soretes de los locadores náuticos se encaraman, se acurrucan en el amarradero y babea el pasto del barrio con canchita de golf y amarra a casa, se ve desde los balcones la mancha espesa, las olitas sobre la hierba del green encajonado. Se acercan los guríes, un bully empuja a un distraido al plasto marrón de culones, sin anteojos ni saber nadar, los buzos reculan, -Todos tenemos problemas, dice Massa. Mejores recodos hay en el delta que tiene corriente, pero guarda el pampero retroactivo de sorete, si está alto el choriducto. Siempre la misma solución final en el horizonte del Tigre: nos tapa la mierda, baja el río. Nos comen los aguiluchos si Nordelta no termina la Swiss Medical. La flota de remises artillados de Rúben Culos está poniendo la plata ahora, y cuando paso hacia la inyección veo que el edificio ya tiene paredes, avanza firme la Construcción de la Swiss Medical de Nordelta.

Feriado en el Subte fin de Agosto comprime el tracto de sorete el Subte D, todo pinchado está el Maldonado ese, riesgo de riego de sorete por aspersión en Plaza Lavalle en verano. Dormía calentito un croto en el pasillo de la estación Tribunales, ahora lo recuerdo con el sombrero en la cara y parecía estar riendo.

 

Sobre la Guerra Sátira

 

El paisaje en el espacio es mayormente monótono, negro y estrellas, negro, y estrellas... ponés los platines hasta una nebulosa a ver un paisaje de gases, esas cosas de Mofluscus... tocino lagarto. Hacer una guerra en el desierto era algo muy común y solitario, no todo es acción, hay que dormir flotando en el espacio a veces, a veces te despierta la alarma por un movimiento que hace para que no pegue un asteroide, podés apagar la alarma si no es un atacante y que no te perturben, aunque tarde o temprano aparezcan a atacarte. Los guanacos acá solo joden para matarte, eso es lo bueno, acá no hay metaverso... acá, es ver quién va a a matar primero con sorpresas. Y hablo así porque me gustaba la sátira, la guitarra y todo eso... y lo que viene consigo. Porque está la guita, y la guitarra por separado, y yo quería, quería, ser escritor.

 

Soy guardia y guarida de drons del Ministerio de Acción Social en la regulación de los Aliens adventistas y hago mi guerrilla a los controles de todos los cuadrantes de la agricultura de porro en repollos de guasca que fuman los aliens, Ley REPROCANN 27350. Somos gárgolas, personal de seguridad, Metatrones de la Armada.

 

La mañana vieja se renueva en Plata, la primavera se consagra en Noviembre, después el foco alógeno de verano bajo la chapa hasta bien entrado Mayo, Léon Bloy, frío, lluvia, tormentas eléctricas hubo, y un granizo, privaciones, led, mala vista. Mate, la tormenta eléctrica con paredes de ladrillo hueco. Rivotrilhs! compra un brasilero.

 

El nominal en señal de traide, enseña Fräulein Fraude, solo esa acción humana, en ciudades, suburbios, todo el tiempo garpar. El ingeniero social comunista no había concebido nunca lo que son las colas encadenadas de los adelantados pagacuotas de pagar-pagar, desde acá se ven como la muralla china, y ni un crack de viejo con fentanylo quietito en la fila con cinturón de pañales entre los peones de la caja de cuotas adventista toma-terrenos que presta pesos en el local de al lado. Con la nueva ley de propiedad privada en órbita baja y planetas donde nos podamos colgar rige el Conectar Propiedad Privada. El trabajo de colonias subterráneas en climas y suelos adversos lo atienden los japoneses. Corren las motos pizzeras con horno en el holograma azul del tráfico del West Sterling. Escucho La Colifata. Coca sabor original de vidrio helada, dulce de leche con tostadas. Le hago un descanso a la fugazzeta sin aire.

 

Se sigue fumando el horrible sorete de siempre, y me tengo que dedicar a la literatura, pero puedo cultivar autóctonas, hacer mi landrace acá arriba. El cannabis tiene futuro, la hierba siempre fue el futuro, y más con la fotosíntesis de semillas originarias, para el chino de hoy. Encontré dos índicas japonesas: Dosuko y Obi. Vinieron los Dupont con el Nylon y las drogas con el sufijo Dona, la DEA, La Metropolitana Catedral y el Google Mercado Libre y el REPROCANN Ley 27.350 y las sacaron al toque, antes mezclaba Nozinan con Mcdonald’s y me iba a un concierto de Bach con instrumentos de época en el CCK con todos viejos en pascualinas y juntaba fibromialgia, cáncer, LED, pantalla, jogging, pero ese paraíso se perdió. Mis afganas nacen, voy a fumar mejores índicas el año que viene, si Dios quiere, Ah, Pañal de Sumo/de Cáñamo, aguantacachas, sobado abierto el bolsillo al Budo.

 

El índice Critical Sorete no molesta a los chinos, chino toma passtilla y come sorete.

Liliq Montoya tiene diez bancos de pesos y presta, su familia es de River, 816 de oficio el blue, y el Banco Central sube la tasa y ya me confirmaron el bono trimestral. El porro es un rigor doloroso con sorete de tranza en la antiaurora y allá abajo en Punta del Este todo el pelo largo y la barba de Feinman en verano con una Harley Davidson verdecita como la de George Clooney y montada atrás una cobrax de Awada de cúbito con shorcito de jean y fleco mediatanga, la ojotita brasilera con arenilla en las patas, polvo, y largos atardeceres de mar con tabla.  

 

Le pongo talco al teclado, mi hermana olvidó que le dejé el ungüento CBD para las manos. Ahora no veo las teclas por el talco, pero no le pifio más al Tapiz. Teclado Blanqueado Superior compra el chino. Busqué el Nosotros, los brujos de Santiago Arcos, no lo tengo y nadie lo larga, el otro día encontré en Google el posteo de Villafañe ofreciendo el último ejemplar a 750 p. Le vendí los Relatos de Belcebú a su nieto, vino en bicicleta hasta la Yenny de Jurabildo donde lo había cambiado veinte minutos antes, y me recitó el Serás Ingeniero y luego hombre, por añadidura. Los Relatos de Belcebú estaban buenos, pero las naves espaciales parecían submarinos de Julio Verne, como el que tenía cohete de los autos locos. Decía que la tierra originaria fue partida en tres partes por un meteorito y se formaron La Tierra, Marte y la Luna. Zeguro, y la mancha marrón de Jupiter un barrito del Tigre que llevó la gravedad de Palega Ortito.

 

Juegos y juegos de representar, atrapado en signos, me acabo de dar la inyección quincenal, el neutrinario con repeticiones 12/70 Gauge y el 420 colgando, Itaca corta y sobretod, cargo el guasker tiro al travesaño, se me va por arriba. Veo la nave de Botcoins, pesa el ballenato con drons Winchesters, subo al lerdo convoy de Botcoins de Maslatón en el mausoleo espacial de Néstor. En la armonía del crucero la criptografía tiene un acorde inviolable. Podíamos jugar a entregar los criptos con escaques hacia abajo firulete con jeta de alien rendida al Kush. Bytes, bytes por bitcoins todo el año estables, Ibiza, Córcega, Corfu, y a la siesta del popolo los caracteres un poco, como don Pancho y Savino, en mi jubilación, otro poco de noche con terraza al mar y dormir. Hoy escuché, hoy ví, entendí como funciona la masa del mundo y alrededores: pagacuotas, navegantes del Iguazú jugando a las damas, y pelitos para la dama. También veo el choriducto muy apretado en cuotas de la clase media, ¿escucho alguna voz de alivio? No, solo Macri puteando, el viejo con sombrero y sobretodo por Parera hacia Alvear pisa un sorete enroscado. Oh Mirtles, Los Copitos, tus poemas de copitos en Corrientes.

 

Otra entrevista a una vieja y atrás muestran en off con redondelito el tráfico de los copitos rosas por el aro de la antiaurora por todos los cuadrantes mis bajitos rosados serruchando el tendido agrario de los aliens. Paso el dedo de sangre y escupo a la sombra. En la nueva pandemia empiezan a liberar los subtes. Le hacía mejor silbido al culo en el Subte, y la Yenny El Ateneo con Durán Barba y Galeano en Jogging de tela de avión con camiseta de basquet tomando una Stella chiquita, saliendo me cruzaba con el Bambino Veira ganando, y las minas de Dolina por Avenida de Mayo. La majestad está en las piernas, sí señor. Y había una negra italiana que me sonreía y me hice el apurado. Cagón. Estaban buenas esas tanas en lo del gordo, y el brillito de sol en el agua. Estaba su mujer que llamó Mi Señora y lo dejé solo, pude haber rascado algo. Mi divinidad no apareció por mucho tiempo, mi español es muy infantil a las mujeres, solo puedo hacer giggles, goofs, y bomba petrolera de lagarpijas búfalo. Lo que me trajo a la seguridad planetaria fue la intimidad con extramuros. La sonrisa de perla de mis colombianas o de italiana negra se lavan y queda la parca y el chirrido de gallinas y chimangos de mi casa. Arrojo el casco de Botcoins con bombas nucleares que se fuman los gases y soretes con estrellitas de la nebulosa Ortho de nuestra próxima aventura aerospatiale al agujero rosado. Los aguiluchos viejos se ríen en las jornadas lúgubres. En la mañana de luz salía a vender la ropa del año anterior a la Bond St. y 5ta avenida para las índicas de verano para tachos y tierra nueva. Mediodía y arreglado todo el asunto, nunca necesité mucho, cuchicheo de píos, no comprar las Mazar Regular de Dutch Passion, viene mezclada con la Skunk que la detesto. Nadie en la calle, todos ocupados, todos afanando, ruidos del teléfono que sabe que despierto, ofertas de Mercado Libre, subo la distorsión babosa con ripio de Satriani en Souls of Distortion. Ayer se incendió Maui, pero como todo el día el Spaces está en estado de alarma ni bola. Maui, la descripciones del fuego de los sobrevivientes hablan de bombazos de fuego con humo, se durmieron en el cuadrante del Pacífico. Veo las neutralizaciones de los cuatro de copas, reseñan con intercambio de muertos, las revistas escolares y paraculturales de la tele, la moralosa escándalo de Viviana Canosa, no tengo excusas por mirar lo que muestran, pero al menos ya no reaccionan como psicólogos de taller. No sé porqué les sigo dando bolas, yo amo a mis lectores, vendo más que Tolkien y me mudo a las barrancas de Martinez con mi diario y sigo sumando caracteres y fumando porro con el teclado haitiano en el jardín bucólico

 

Pongo música tecno Ibiza con vocoder en los últimos versos. Camino el cuadrante. El ritmo sin comas, ¿de donde vendrá el canto de sirenas, de nuevo en un tango?, hormigas me pasan por los dedos y se meten entre las teclas, sueño publicidades de you tube, las corto, me queda la utilidad de un abuelito con su nieto de la publicidad de Buscalibre, que saca de la vieja biblioteca el cuento del Capitán Remolacha. Ravel por Walter Gieseking. Home de Eric Whitacre que me pasa mi hermana. Hay que pagar para que no pongan publicidad, la cabeza no se opera y la música sigue. Inspiración de Ara Tokatlian con el Mono Villegas, me gusta el Mono como se apaña con ese saxo asqueroso, la Music for Zen Meditation de Tony Scott, la escucha me cuesta y medio, pero mi hermana me manda por Whatsapp sus piezas de piano. Los caracteres no hacen metaviejo, quedarán mis jeroglifos torrados y hierbajos de Josefina Robirosa, los bajorelieves chinos de la tapa de la nueva edición de Un país mental, que no voy a coger, y las cortinas naranjas de lino. Jeroglifos de copitos crepusculares. Bóvedas naranjas de Maxon Crumb con un Moái blanco. Llamar la atención de los aliens, que sepan que los estoy apuntando. Hace como ochenta años les conocen el sorete en el Area 51. Me dicen que pueden hacer gimmicks con los deditos también. Veo sus publicidades: Aliens verdes y sus primos chinitos metaglifos de la hora crepúscula bajan a Ibiza a beber sus coronas con jubilados swingers con la mínima.

Tengo el Cáncer de Huevo Izquierdo Matadiegos desde el año noventa, los nervios de las pastas y las meditación zen hacen sus hasanas de mear y calma el pucho el fuego azul.

 

El Chuleta

Tenía un pedazo de titanio en el cráneo y descarriló el tren cuando se quiso suicidar, al Chuleta se le prendió fuego la cara arreglando una turbina y quedó como una bondiola en carne viva, se pone gasas, hace burlas a los niños con su cabeza, les dice vean, la caripela así me la hicieron en el espacio y me jubilaron en planeta tierra. Me hacía bien el jabón que vendía Araceli González, explica.

 

Diario de arena: salvajes y animales

 

Thonis se quejaba de que Aira hace una literatura sin conflicto. Sale una nueva traducción de Bloy, Sobre la tumba de Huysmans, barata, traducida por el buen Caresano, mejor traductor por lejos que las boludeces que escribe en Cuarta Prosa sobre la bataclana humanista que se cambió el nombre como Prince o como qué se yo, como si Léon nunca lo hubiera tocado. Otro ajuste de cuentas sobre la tumba de un escritor del siglo XIX. Todavía y por un tiempo los escritores tenían tumba. Pongo a Maurice Rollinat, amado por Léon. Los intérpretes deben ser muy malos porque no siento nada. Quisiera un surtidor de ácido para estos animalitos, quiero un libro, no quiero una novela, detesto a los novelistas. Me conecto a una máquina de caracteres como cualquiera. Me bajo los diarios de Kafka, apenas puedo estar parado, escribo en la cama, ya no puedo ver videos, no puedo salir de acá más que por arriba, no hablo con nadie ni nadie me contesta. La hoja de ruta hace simil de inodoro. Los caracteres de limpiarse el culo dan cáncer de ojete. Leo los tweets aforísticos de Ariana Harwicz. Al fin los novelistas junto con el periodismo y las redes sociales crearon el nuevo detrito humano que se ha cargado a casi toda la industria gráfica. Repaso aquello de “El lenguaje es la guerra” y me considero ahora, dos menos cuarto de la madrugada de un lunes bajo la luna en el Valle de Gojan, ¿qué hice, cómo me metí en esto?, apenas puedo leer, y tengo que escuchar el viento, y otra vez, ¿cómo salgo de acá? Tenía mi mesita de escribir y mi cama, el mate, mis pastillas, mis plantas, cincuenta cigarrillos armados por día. Por las mañanas la almohada con sangre, ya me estaba yendo. Pero me cansé de esa mierda, de mis poemas, de mis burlas a a la literatura, nunca estuve ni ahí, nunca estuve en ese mundo y apareció esta mujer, Belén, con la oferta de vender mis landrace a unos aliens a través de los israelíes, solo sé de esta mujer de ojos azules que me los abre muy grandes en la noche. Tuve suerte. Recé mucho, por mis sobrinos, y para irme al cielo pronto, y me cayó esto. La visión más nítida del mundo eran las australianas rosadas por el sol de cataratas, y ahora ella. Me lavo, quiero usar letras blancas o color plata sobre negro, de lápida. Este archivo como mirar mi lapida contra el paisaje, eso, esto acá adentro, crecerá el montoncito de bytes, los riego, les dejo rositas chinas.

Omar Requena Medina con sus deudas imposibles de pagar al sistema de salud chileno por sus dos ACV y el cavernoma debe volver a trabajar en el galpón concentracionario en pocos días, con hipertensión y el aneurisma sin operar, Teresa no responde, Mariano tampoco, Juan Manuel me bloqueó, que se caguen. Mis viejos se encierran en el ala opuesta de la casa y apenas me notan. Lucen más jóvenes que yo, con más futuro. El futuro de los abuelos parece más promisorio que el de los adolescentes.

Mariano me había pasado el pdf de su Vida de Maniobras con treintaynueve carillas, no le di mucha bola en su momento, lo miro ahora que se ha publicado, lo repaso: los malos entendidos, el fracaso de la literatura. Él me lo había dispuesto como algo tipo La soledad del lector de David Markson. El título original de La soledad del lector es Reader’s Block: Bloqueo de Lector. La traductora me dijo que Chitarroni le había cambiado el título, yo me había leído la tetralogía en inglés. Los pintores lucían más felices y con mejor destino que los escritores. Mucho no puedo agregar, terminar mis últimos treinta años en un loquero no me parece tan malo. Leo a Chitarroni en Cuarta Prosa y siento su respiración sentado en el inodoro como una olla hirviendo de pedos que pegan contra la tapa.¿De qué guerra me hablan, de qué burgueses y de qué revolución me hablan Harwicz y Debord? Todo eso siempre viene de Francia, hasta me acuerdo que en la época de Menem se hablaba de importar sorete de Francia.

Hoy chateando con una mujer de Arica me dijo que los del Tren de Aragua habían tomado la ciudad, me pidió que averiguara sobre El tren de Aragua, el sindicato de una línea de tren que nunca se hizo y devino una mafia en toda sudamérica dirigida desde un penal venezolano autogestionado con permiso de Chávez en el año 2006. Le pregunto a Omar y me dice que sí, que también secuestran y matan venezolanos en Santiago. Retomo lo de El lenguaje es la guerra, ¿porqué esa fatalidad comunista como epígono, no podría ser también la seducción, o pongamos, la música? Yo nunca me fui a las manos por palabras, ni le eché mano a los fierros. Hace dos semanas salió en La Nación un tweet de Genovese llamando ágrafo a Maslatón porque en su libro dice que prefiere pensar y escribir cuatro líneas concretas que pasarse la vida leyendo como los intelectuales. Salté directo al tweet por la página de La Nación y le pude escribir al Xeneize: Genovese inútil de mierda, el ágrafo sos vos. Porque vamos, un promotor cultural es un inútil de mierda. Genovese y Quintín son la cloaca de la literatura argentina. Lo imagino a Quintín como el caño maestro. Pensar en un pobre novelista desquiciado en su cuarto tecleando todo el detrito retorcido que se le junta en la cabeza, el Maelstrom, para que te levanten estos tipos, y que encima se conforme por la publicidad. Y también aquello de Dantec de que “Un novelista que no ama la guerra es un poeta que no ama el amor”, ¿porqué tiene que ser así?, a eso se llega sin una literatura de observación y escucha. ¿Qué es lo que hace un novelista con sus sentidos y su cerebro?, para eso tengo una función en mi casco con visor y el traje con tanquesito de aire, pero ¿qué se traen del absurdo extravío? Céline sí estuvo en la gran guerra, en el bombardeo de París, en Dresde, y la descarga de horror en las páginas es mucho más que un gran piano. Hay que ser un culturín de pedos para compararlo con un gran piano, o tener delirios de concertista o cineasta. Los comentarios tienen cáncer.

¿Qué es lo que me queda de todo lo que leí? Los diarios de Bloy, Lorenzo, Maquieira, Wally Stevens, Spencer Holst, Céline, Artaud.

A mi me gustaba el Isidoro y los cuentos de Borges, ¿cómo fue que me fui metiendo en esta mierda?, ¿y ahora?, ¿Bernhard un dios?, ¿Escritores dioses?, suficiente colmo del ridículo y muchas gracias, gagás. Mejor unos videos de Mauro Albarracín y un poco de El Loco y el Cuerdo. Anoche encontré a Osvaldo Gerson. Compré dos lotes de Mazar y de White Widow a Hassan, tengo uno de Afghan Kush, esta praderita en el Pakistan Valley, Black Domina y cuatro de Malawi Gold. Con lo último que me quedaba unas Kosher Kush y las Eleven Roses. Me gustaría tener una alfombra para andar un poco por el piso. Detesto las baldosas de farmacia. Nunca fui dueño de nada. Nunca pude pagarme nada que haya conservado salvo estos trapos viejos de encantador de serpientes. Y allá la cama la compu y la terraza. Los poemas me salían yendo y viniendo por la terraza. Ahora leo un poco y prendo el casco. En el discurso de aceptación del Nobel la Szymborska dice que la vida del poeta es más o menos así, papeles y cama, pero no dice nada de los dolores, la dificultad para caminar, la soledad obligatoria, las voces nocturnas del viento, los ruidos de los beduinos, de la ruta, de los centros de logística, de los de mantenimiento, del hambre y la querencia de las pastillas cuando no hay porro.

 

Sueño que un primo tucumano de Mariano presentaba una traducción de Kerouac, estábamos con la flía en una casa blanca como la de mi abuela pero más parecida a la de unos amigos, vieja, una casa para muchas personas, no los módulos habitacionales de ahora, verde, blanca, y me siento al lado de Mariano y en la introducción el primo habla de una visita de Mariano a Tucumán y abre el libro y la literatura pasa como una película animada corriendo por un río. Siento la presencia benéfica de Belén en todos los sueños. Me preocupa que pueda pasarle algo, por un momento, pero debe ser la llegada de la primavera.

 

                                                               ***

El hijo menor del vecino pasa con la bici y se me rie en la cara, se burla con gesto de expresarme que soy un pobre infeliz, reconozco esa expresión de mi lejana infancia (hay cosas que no pasan de moda) No debe pasar de los siete años el borrego. Cuando tenía cuatro y no podía entender que tengo más edad que sus padres y que vivo con mis padres me preguntó si era propietario, dijo propietario, como los de la guardia de seguridad. Una vez les dije a los guardias que no era propietario sino residente, y casi no me dejan entrar, les tuve que dictar el DNI y pasé como autorizado. El mayor del mismo vecino días atrás me vio acostado en el pastito de la rotonda y me preguntó que hacía ahí “tirado”.

Mi cuarto está arriba de la cocina, llega papá y mamá empieza a darle charla en voz alta y no puedo leer. Sigo los diarios de Kafka, la versión de Gutemberg con la traducción nueva que bajé gratis al Kindle.

El día del festejo de la comunión del menor de mi hermano Ignacio apareció un viejo amigo de él con una pata de ternera desmenuzada, se dedica al catering. La pata desmenuzada parecía recogida de la basura, y el vino que trajo de obrero. Su mujer está por morir de cáncer y el tipo estaba vestido como un jóven gitano de parranda con su camisita de lino, bronceado y con los rulos rubios emparejados con esmero. Le fui prestando la debida atención luego de que le expresé mi dolor por la enfermedad de su esposa hasta decirle que el Rosario nunca lo iba a dejar tirado, pero me miró con un profundo desprecio, igual que mi hermano muerto cuando le dije que se consagrara a Dios porque iba a entregar el alma.

No quiero ir más a lo de mi hermano, mi sobrino mayor me rompe el corazón, cosa esperable en realidad, salió un pendejo miserable cualquiera que se guía por el dinero sin disimulo, como sus padres. Mis sobrinos me miran con la expresión del deseo de mi pronta muerte o de la vergüenza ajena. Aunque debo agradecer el socorro que me mandó mi hermano, el regalo de mi cumpleaños atrasado tres meses, digo atrasado porque él me repetía que me lo debía como si fuera una obligación, cosa que me exasperaba debido a mi permanente necesidad, y que finalmente me permitió terminar de pagar un crédito y acomodar un poco mejor mis deudas.

Mis padres se fueron tres semanas al sur y casi no me dejaron nada para el sostén de la casa, se acabó la comida de la perra y tampoco yo tenía qué comer, por lo que la avispada mucama se hizo cargo de traer comida para mí y para la perra y poder hacerse unos pesos con los sobreprecios de la comida que compra en la villa que le pasa a mamá como comprada en el Carrefour, comida sin mayores diferencias la verdad, la de la perra y la mía. La bestía cavernaria me intoxica con sus fritangas, lo único que sabe hacer es milanesas y guiso. Le tuve que enseñar a hacer el puré de papas y a hervir bien los huevos duros, pero no aprendió, como si se burlara, el último día me los dejó crudos sin la cáscara y de nuevo los tuve que tirar y quedarme sin comer.

Me voy quedando sin aire un poco todos los días y me voy despidiendo del mundo con modestos horrores de burgués lumpen. No creo que llegue a cosechar mis plantas en mayo. Noto que hace tiempo no me imagino en el mundo dos o tres días más, eso psicológicamente podría ser por mis deudas, pero van pasando los meses. Debo dejar una ventana abierta para respirar, garúa, juegan Racing y Newell’s, debo ver a Pablo Pérez. Debo terminar los diarios de Kafka. Esas es mi inanidad. El mundo se irá poblando de gente con hambre y ganas de prosperar sobre su faz como una babosa hasta secarlo, mi memoria morirá conmigo: la calle arbolada a traves de la cortina traslúcida del living de mi bisabuela, mi bolsa de arpillera azul con mis juguetes junto al televisor blanco y negro con perilla para los canales, los mecanos del papá de Mariano que no me dejaban tocar y todo eso, antes de la llegada atroz de la conciencia y las responsabilidades.

 


18.9.23

Roby Nelson, por Bernardo Arias Trujillo

 

 

Lo conocí una noche estando yo borracho
de copas de champaña y sorbos de heroína;
era un pobre pilluelo, era un lindo muchacho
del hampa libertina.
Ardía Buenos Aires en danza de faroles;
sobre el espejo móvil del Río de la Plata
fosforecían las barcas como pequeños soles
o pupilas de ágata.
En el asfalto móvil de la amplia costanera
el arrabal volcaba sus luces de colores:
poetas, pederastas, muchachas milongueras,
apaches, morfinómanos, artistas y pintores.
Los pecados ladraban como perros sin dueño
entre la bulliciosa cosmópolis del bar;
los marinos iban en góndolas de ensueño
sobre las aguas líricas del mar.
En un ángulo turbio miro desde mi mesa
a un pálido chiquillo que sonríe y me mira
y a través de las gotas rubias de la cerveza
mi lujuria conspira.
Tiene catorce años y en sus hondas pupilas
cercadas por paréntesis lívidos de violeta,
ojeras prematuras del vicio, ojeras lilas
de onanista o asceta.
¿Quién eres tú? –le dije,
rozando sus cabellos ondulantes de eslavo.
¡Yo! soy un niño triste…
Roby Nelson me llamo.
Roby Nelson… lindo nombre de golosina,
nombre que suena a dulces tonadas de ocarina,
nombre que tiene dóciles inflexiones de amor
y una delicadeza enfermiza de flor.
Y pienso: Este muchacho
es un retoño de hombre que errará por el mundo,
en sus pupilas grises hay un dolor profundo,
es hijo de inmigrantes venidos de lejanos países
y en su cuerpo errabundo
se ha cruzado la sangre de dos razas tristes.
Se llama Roby Nelson, flor del barrio,
que va de muelle en muelle, de vapor en vapor,
este chico vicioso de cabellos de eslavo
vende cocaína y amor.
Es hijo de la noche y huésped del suburbio,
hoja de Buenos Aires que el viento arrebató,
desperdicio del vicio, pobre pétalo turbio
que un arroyo se llevó.
Tal vez en un hospicio su cuna se meció
y es hijo de prostituta y de ladrón.
¿Quieres estar conmigo esta noche pilluelo?
Y sus ojos piratas me dijeron que sí
Mi sangre trepidaba entre llamas de anhelo
y naufragué en un tibio frenesí.
Besé entonces los lirios ignotos de sus manos,
la fresa de su boca congelada de frío;
nos fuimos vagabundos por los diques lejanos
y en esa noche griega fue sabiamente mío.
¿Qué quiere usted que hagamos?
Me dice con la gracia de una odalisca rusa;
y se quita la blusa, se desnuda
y me ofrece su cuerpo como si fuese un ramo.
Desnudo entre los rojos cojines y las sedas
sobre la cama asiática me brinda sus primicias;
sus manos galopaban en pos de mis monedas,
las mías galopaban en pos de sus caricias.
Y besando su cuerpo de palidez divina
que tenía la eucarística anemia de las rosas
le dije tembloroso en un dulce clamor:
Te pido solamente que me vendas dos cosas:
un gramo de heroína y dos gramos de amor.
¡Roby Nelson! ¿Dónde estarás ahora?,
¿Nueva York, Río de Janeiro, Filipinas, Balsora,
Panamá, Liverpool?
¿Dónde estás Roby Nelson de cabellos de eslavo
con tus hondas ojeras, tu chaqueta de esclavo
y tu raída gorra azul?
¿Por qué turbios caminos empañados de ausencia
van tus zapatos viejos robados a Chaplín?
Quizá la droga trágica que embriaga de demencia
como una diosa pálida amortajó tu esplín.
Muchachito bohemio, príncipe de tus vicios,
exquisito y perverso, frágil como una flor.
En mis noches paganas de crisis voluptuosas,
en los hondos naufragios de mi fe y mi dolor,
te pido como antes que me vendas dos cosas:
un gramo de heroína y dos gramos de amor.

 

Tomado de: Canción a Roby Nelson, Madrid, Editorial Amistades Particulares, 2019.

11.9.23

Alrededor de Maryka, por Sebastián Gómez Matus

 

 

(sobre Maryka, de Francisco Garamona, Santiago de Chile, La Calabaza del Diablo, )

 

 

Si el mundo es como la impresión que deja la narración de una historia, la vida es como la impresión que deja la lectura de un poema. A medio camino de la canción y con cierto retinte epigramático, estos poemas de Garamona nos devuelven a lo que antes se conocía como poemas de circunstancia o “a una que pasa”, un tipo de poema que por lo menos acá ha perdido terreno, dando lugar a una poesía de formato y temática. Al contrario, esta poesía escrita en tiempo real, al mismo tiempo que la vida se despliega en un doble movimiento recíproco con la escritura, son poemas sueltos, dicharacheros, llenos de erotismo y camaradería; sabios en su falta de pretensión, surgen del resquicio que se abre entre experiencia y registro. Este hermoso libro es la historia de un amor, de un viaje y una suerte de origen perenne del poema. También es la cartografía de un nombre que responde a una mujer y un territorio.

 

Los poetas van hacia Arica, hacia el mar, el desierto, casi se ve el Perú, que es una suerte de espacio connatural del misterio. La sed que hay en los poemas tal vez refiera a una de las posibles etimologías de “ica”, que significaría “tierras secas”. En el título del libro hay una aglomeración de posibilidades nominales que saltan a la vista de cualquier lector conosureño. Marica, mar e Ica, Arica, Mary, etc. No parece arriesgado decir que el título hace compartir nombre a una persona y un territorio, cuerpo y espacio, gesto que de inmediato nos pone en el plano de la metamorfosis y por lo tanto propone una superación de los límites o fronteras, semánticas o políticas. Esta idea se ve reforzada por cierta dicción a la chilena, como si Garamona recogiera cierto tono después de tantos años de flujo y amistad con poetas de nuestro país.

 

Hacia la mitad del libro hay un poema titulado “Nuestros sueños serán sus pesadillas”. Los poemas anteriores abrieron el camino para este poema directamente político, pero donde diga político, por favor, leamos poético. Cito este poema porque hay una delicadeza que hace ese reemplazo de lo político por lo poético sin enunciarlo, sin discurso: “La sombra de un arma será/ más real que el arma misma”. Si antes la poesía comprometida se quedaba en el compromiso y se alejaba de la poesía, en el caso de Garamona el compromiso es con la poesía y su infinita riqueza abandonada aquí recuperada con un “fusil ultraliviano y bacán”, otra metáfora de la escritura y ejemplo de una dicción transcordillerana. Además, este poema incluye lo que Benjamin conceptualizó como “política del sueño”, la que se puede retrucar como “poética del soñador”. El espacio de la mente, hoy más que nunca en disputa, dispone de esta arma tan extraña como secreta. De hecho, más adelante leemos: “Este poema no lo escribí/ lo soñé recién/ y en mi sueño lo escuchaba/ recitado por los labios de una niña”. Ojalá el mundo fuera dictado por esa pibita.

 

En el poema siguiente da cuenta de cómo ve el aspecto territorial mientras viaja y escribe en un solo movimiento, algo fundamental del libro: “La región despierta como un niño/ y se refriega los ojos para alejar/ las visiones terribles de la noche”. Esa región es Arica, ciudad fronteriza marcada en realidad por la cultura andina que la precede, y estos poemas entienden esa herencia en el goce y en la responsabilidad de no automatizar al Otro, pues “No existe posibilidad fuera del amor”. Garamona, poeta de gran trayectoria, a través de estos poemas nos muestra y entrega una claridad, la búsqueda de la claridad, tan requerida por Oppen, señal de plenitud en el arte de la poesía.

 

Por último, quisiera destacar que estos poemas hacen comunidad, hablan de esa comunidad inoperante o desobrada que forman las poetas y los poetas, en instancias como el festival de poesía adonde llegan Maryka, la persona-territorio, y Garamona, el poeta-terrenal. El territorio que cubren los poemas es a la vez geopolítico y el lugar de un sueño, el sueño que se vive en estos poemas absolutamente latinoamericanos que van al encuentro del otro con una poesía celebratoria, feliz, fuerza de la cual en Chile parecemos desconocer su capacidad rebelde, saturados de hostilidad. “Maryka, la poesía está en el aire” nos recuerda una canción, y estos poemas nos recuerdan la alegría de cantar bajo la noche acompañado de un gran amor y vino, mucho vino en lo posible y todavía más amor. “Son días únicos,/ los del amor que se pregunta/ por su flecha indiferente”. Recuerdo que alguna vez Juarroz dijo que todo poema era un poema de amor. Maryka no es un libro temático, pero el amor está al centro de la poesía de Garamona y, si me apuran, la poesía y el amor están al centro de todo, solo que el centro está desenfocado y de la enemistad y la agresión se ha hecho una política portadora de una justicia que no es tal. Así como una vez Whitman dijo que quien tocara su libro tocaba a un hombre, quien lea estos poemas recordará que la amistad existe, que el goce de vivir es una fuente inagotable de subversión, que el pensamiento es comunidad. Siempre atento al presente, el poeta Garamona nos advierte que “Hay coronas de laureles,/ también dosis de cicuta”.


4.9.23

La ruta de la edición: CORAZÓN DE PERRX

 


Preguntas a editorxs
Hoy responde CORAZÓN DE PERRX

 

 

Podrían definir su proyecto editorial. ¿En qué año arrancó la editorial? ¿Cuántos títulos llevan publicados desde entonces? ¿Quiénes son lxs editores?

Nuestro proyecto editorial comenzó en 2019 con la idea de ayudar a un amigo a publicar su investigación y a partir de ahí no paramos hasta la actualidad. El objetivo que nos propusimos fue dar espacio y dentro de nuestra limitaciones colaborar económicamente para que lxs autores puedan publicar sus trabajos. Hasta el momento llevamos publicados 4 títulos: La cultura skinhead antifascista, Punk for export, A quien corresponda y La Madona de Sorata: crónicas de indígenas lgtbq en Bolivia. Lxs editores somos Matías Borsani y Andrea del Zotto.

 

¿Qué están leyendo?

Biografia de Jose Ignacio Rucci de Luis Beraza y la saga Dinosauria con nuestra hija.

 

¿Cuáles son esos autores a los que siempre vuelven?

Rafel Barret y Juan Gelman

 

¿Cómo es el proceso de lectura de un manuscrito?

Lo primero que hacemos es leer el trabajo por separado y a partir de ahí intercambiar puntos de vistas y potencialidad del escrito. Por lo general decidimos editar cuando ambos tuvimos la misma sensación sobre lo leído.

 

¿Qué tiene que tener un libro para que les interese publicarlo?

Tener algo nuevo, ya se su temática, su forma de escritura y la propuesta artista.

 

¿Cuánto intervienen en los textos que publican?

Eso depende las características del trabajo, en el caso de ser una investigación de tipo académica intentamos siempre que sea accesible para un público no académico. Por otro lado, tratamos de pensar un perfil de lector y a partir de ahí pensar los cambios o sugerencias.

 

¿Qué relación buscan entre el arte de tapa y el texto que presenta?

Al ser una editorial nueva, es fundamental para nosotros que la tapa llame la atención a primera vista, por lo tanto intentamos que sea llamativo desde todo punto de vista. 

23.8.23

Un lugar, por Javier Fernández Paupy

 

Siempre vuelvo en la memoria a los lugares en los que viví y repaso mentalmente los espacios cerrados en los que el tiempo se detuvo. En el barrio de Munro, al borde de la autopista, vivió durante unos años un amigo muy querido, Pablo Moreno, en un PH al que ni él ni yo vamos a volver. Pablo era un cronista genial. Alguna vez escribió algo sobre el tiempo interno que nos llevan las cosas. Hablaba ahí de un tiempo por fuera del tiempo. En cada una de sus mudanzas desmanteló su vida metiéndola en cajas de cartón. Trabajó durante muchos años en un video club, en Caballito, en la esquina de una calle que lleva al Parque Centenario. Ahora hay una ferretería ahí. Entraban seguido a robar al local. Hasta lo culetearon en la cabeza para llevarse unos pocos pesos. Ese espacio fue una sensación en mi vida, con su olor a plástico y humo de cigarrillos. Ahí nos juntábamos a fumar y hablar de libros. El baño era minúsculo, estaba lleno de afiches de películas, no tenía luz, había que entrar agachado y dejar la puerta abierta. Nunca conocí a nadie que disfrutara tanto el cine como Pablo. Le gustaba sentarse en las butacas altas del América. Pasaba tardes enteras durante los festivales de cine independiente. Decía que no existía otro director que filmara desnudos como Bertolucci.  

Murió a los 53 años, la misma edad que tenía su padre cuando se suicidó. Pablo es un lugar que cambió para siempre. Un lugar que nunca más va a estar ahí cuando quiera volver. Cuando alguien muy querido muere, también muere una parte muy profunda de nosotros. Eso es obvio. Una personalidad que solo se realiza en el suicidio, le dijo una tarde un profesor universitario, citando a Lacan, en una de esas clases en las que nos conocimos. En ese lugar que alguna vez había sido una fábrica de cigarrillos y con el tiempo se convirtió en una escuela refinada de argumentación. Todo alrededor nuestro cambiaba. Dicen que la muerte no existe. Quizás sea cierto y Pablo esté viajando hacia la luz. Con su última mente y con la primera. Para mí que nada de lo que nos pasó fue casual y hubo un doble propósito escondido en cada cosa que hicimos. Éramos ruedas que giraban sin conciencia de su propio movimiento. Es posible que cuando Pablo murió de manera sorpresiva haya dejado un atisbo sobre la vida. ¿Cuál? No sé. Pero es fácil entender que todo es impermanente, transitoriedad y cambio constante. La rasposa hamburguesería y panchería 24 hs. de la calle Esteban Echeverría se convirtió en un Drugstore impersonal. La digresión que sugería el graffiti del quiosco de revistas cambió su enigmático mensaje. Se arratonó el borde blanco de un cartel de altura máxima 2 metros 70 y, aunque las palomas parecían ser siempre las mismas, algo dejaba de ser todo el tiempo lo que era. Donde antes había un acuario que vendía peces tropicales ahora hay una barbería. Cerraron la fábrica de colchones de la avenida Mitre que cada semana se volvía un poco más oscura. Cerró la tienda de cajas de cartón que ofertaba artículos de embalaje y la farmacia que anunciaba envíos a domicilio. Solo parecían permanecer iguales los talleres mecánicos de la avenida, las casas de lotería de la provincia y algunas carnicerías. Es posible que el mundo nunca vuelva a ser como alguna vez pensamos que era. Hay algo de inexplicable en la ilusión de permanencia que proyecta la YPF de la calle Manuel Ugarte. Nada persiste en el paisaje. Pintaron de verde las paredes del centro odontológico Paula Harris. Hay algo misterioso en la gracia mutante de las cosas. Si se mantuviera idéntico el panorama, la geometría y la música, ay, sería más difícil de asimilar la progresiva ajenidad que nos rodea. Cada vez las cosas nos pertenecen un poco menos y cada cambio es el primero de una cadena indefinida. Pero en el efecto de linealidad del tiempo hay sucesos significativos. En esas mismas escuelas desangeladas que sigo frecuentando y donde él también trabajó y se hizo querer por chicos y chicas largando un perfume raro de interés en la posible sobrevida que hay en la contemplación artística. Un profe pelado con pantalones chupines, anillos y remera negra de Talking Heads. Le gustaba dar clases. Una vez un estudiante le preguntó por wsp: Profesor, ¿qué es para usted la literatura? Para mí, contestó Pablo, es el aire, la forma más perfecta de tener sensibilidad, la mejor manera de expresarme y exorcizar mis demonios a través de la escritura. El día anterior a morir repartió bolsones de comida a estudiantes de una escuela de la villa de Rosetti, cerca de Pelliza y Panamericana.

La última vez que nos vimos Pablo me prestó una novela sobre fantasmas y una secta de espíritus que hacía que murieran jóvenes las estrellas de rock. Aunque juré que nunca iba a desprenderme de ese libro, lo vendí por dos pesos en una de las purgas periódicas que hice en mis bibliotecas. Antes del confinamiento se había vuelto a separar y, otra vez, a mudar. Estaba contento. Recibí la noticia de su muerte por teléfono. Una amiga que ya no frecuento me llamó para decírmelo. Esa noche cuando me miré en el espejo no me vi. Pensé que Boulogne era un barrio distinguido para morir. San Martín murió en Boulogne-Sur-Mer. Pablo también. Una casa grande. Quizás la casa más grande en la que había vivido en toda su vida. Decía que podía andar en bicicleta por el comedor. Estaba escribiendo y viendo mucho cine. Siempre estaba volviendo a empezar. Dejando atrás muchas cosas. Ya no voy a escucharlo nunca más hablar sobre Guy Debord, Bret Easton Ellis, Frank Zappa, Osvaldo Lamborghini, Norman Mailer. Amaba a Mailer, hablaba mucho de Los ejércitos de la noche y de sus textos sobre boxeo.
Tenía una colección de revistas de cine El amante. Cuando se separó y fue a vivir unas semanas conmigo a Martínez, a la casa donde yo vivía en esa época detrás de la Panamericana, llevó en cajas esas revistas que guardé durante muchos años hasta que se las devolví, cuando se mudó al PH desde donde se veían las palmeras de la autopista. Munro dejó de ser para mí Munrock, como la llamaba mi amigo Pablo, y pasó a ser otro enclave inane del partido de Vicente López.

 

Tomado de: Revista Segunda Época N°6, noviembre 2021.-

16.8.23

Polonio, por Lucía Aguirre

Polonius is a man bred in courts, exercised in business, stored with observation, confident of his knowledge, proud of his eloquence, and declining into dotage. His mode of oratory is truly represented as designed to ridicule the practice of those times, of prefaces that made no introduction, and of method that embarrassed rather than explained. This part of his character is accidental, the rest is natural. Such a man is positive and confident, because he knows that his mind was once strong, and knows not that it is become weak. Such a man excels in general principles, but fails in the particular application. He is knowing in retrospect, and ignorant in foresight. While he depends upon his memory, and can draw from his repositories of knowledge, he utters weighty sentences, and gives useful counsel; but as the mind in its enfeebled state cannot be kept long busy and intent, the old man is subject to sudden dereliction of his faculties, he loses the order of his ideas, and entangles himself in his own thoughts, till he recovers the leading principle, and falls again into his former train. This idea of dotage encroaching upon wisdom, will solve all the phenomena of the character of Polonius.

Samuel Johnson, Preface to Shakespeare 

El consentimiento tardío de Polonio arrancó de la casa de su conciencia a Laertes, su triste hijo y a él, estúpido lord danés, y también a su hija, la pobre Ofelia. Hamlet, después de matarlo, dice que era un miserable y un bobo. ¿Lo mata porque lo confunde con el tío? Puede ser que lo confunda. Pero cuando Polonio le dice a Hamlet, estando Guildenstern y Rosencrantz presentes, su opinión sobre los cómicos, ahí él todavía no sabe que la obra que van a representar va a terminar con su muerte. Y miente con alevosía para seguir la corriente de la conversación. Dice: “Son los mejores cómicos del mundo, tanto en lo trágico como en lo cómico; en lo histórico como en lo pastoral; en lo pastoral-cómico como en lo histórico-pastoral; en lo trágico-histórico como en lo trágico-cómico-histórico-pastoral, escena indivisible o poema ilimitado; para ellos, ni Séneca es demasiado profundo, ni Plauto demasiado pesado. Sea para recitar reglas de arte o de la libre improvisación, son los únicos en el mundo.” Les pregunto: ¿Qué sabría Polonio de Plauto o de Séneca o de reglas para improvisar? Revisar a los personajes secundarios muestra otras perspectivas de las obras. La idea ya está en Toqueville, cuando dice que hay que seguir de cerca a los actores sociales secundarios o de poca embergadura en los sucesos históricos complejos como un buen termómetro para medir la frecuencia de una época. Polonio es el cortesano que adula, el consejero turro que espía lleva y trae rumores. El viejo choto que sermonea a sus hijos sin saber. ¿Cómo es Polonio? Es controlador y metido. Sí, también estricto y egoísta. Porque cuida de su imagen sin respetar las propias opiniones de sus hijos. ¿Busca saber si Hamlet no tiene los patitos en fila o lo que siente por Ofelia, o asume de entrada que está loco? No. No sabe. Polonio siempre se mete en cosas que no le importan. Más sirviente que servicial, aconseja a los reyes, pero el príncipe Hamlet no lo trata como si fuese alguien de confianza. Polonio aconseja a sus hijos porque necesita cuidar su reputación y estabilidad social. Desde esa perspectiva, siendo un Lord Chamberlain, tiene que mantener el abolengo, y para evitar ser difamado y otras consecuencias ligadas al posible peligro de su posición en el reino, aconseja a Ofelia como lo hace. El mensaje que Polonio da a sus hijos es que no confíen en las personas. Como si pensara que se puede evitar que la gente sufra o viva engañada. ¿Quién es Polonio? El que mató Hamlet. ¿Por accidente? Cuál podría ser su epitafio? Sí, un epitafio, para su tumba. Podría decir: “Invaluable consejero, los reyes recordarán tu fidelidad” Otro podría ser: “Acá duerme para siempre Polonio, buen ratón”.

9.8.23

Los ocasos precipitados, por Santiago Armando

Era Jerusalén con Maslatón, don Carlos. en un mercado de opio hashich y porro. Porro normal y porro para Bitcoin, él no consume estupefacientes, yo me quedo fumando uno y le digo El inglés más cheto del mundo lo hablan las adolescentes de Acassuso y las feministas recatadas de izquierda se burlan de envidia colectiva, todo normal”, y poco de él, solo observa cómo están las cosas. Hay una cajita con un faso de Bitcoin y nadie controla y están Lacro y Nicolás a la gorra que sí meten mano, y llega Masco con pelo largo viniendo del colegio y me ve diciendo que se viene a fumar uno después otro y el mostrador no tiene cuidadores y las paredes de roca son milenarias y estamos ahí contento yo que viene Masco con ganas de fumar, y Maslatón al que según recuerdo seguía por otro aro caleidoscópico.


Vivía en mi cuenta vacía de Facebook, un gran ambiente transparente que daba a las vistas crepusculares de Marte, vecino de Carlos Maslatón. Había puesta una foto de él borroneado en una playa justo entre donde van mis pies en una balanza vieja o tal vez un raro inodoro y me cotizaba en alza entre sus veintiocho mil seguidores, Carlos era mi vecino soltero, todo era solista y abierto y entonces estoy acostado abro los ojos y con su pija encima mío sin molestarme su cuerpo obeso me puertea, lo rechazo naturalmente, él mediante una suerte de códigos políticos y afectivos comunes se me fue acercando en el edificio abierto hasta el ojo de mi culo, pero todo bien, y como no había otra forma de relación más que esas formas de lectura fructífera de mi culo, por esa negativa a ser penetrado, Maslatón desapareció mientras yo cerraba unas cortinas también crepusculares por donde espiaba mi familia, en eso corro la puerta del departamento y salgo para sacar a una loca que se metía en el departamento de Maslatón y que reconozco de su muro que aparece de traje y corbata en su oficina ostentando fotos con mujer e hijos.

Don Carlos venía a despertarme, dejé las persianas abiertas, es temprano, le muestro los cuartos de las gambas con racimos de frambuesas de carne enormes, se los muevo.

Era un psiquiátrico con primario escolar mejicano, de primero escribir después publicar. Osvaldo estaba por salir, estaba preso por la dictadura, principios de los ochenta, no se había podido ir a España. Estábamos sentados uno a cada mesa juntas como a un metro, yo escribía y él se levantó a buscar hojas de carpeta Nro. 3, las de secundaria, escribía en eso. Yo escribía con el cuerpo encimado en mi cuaderno y, reventado de obeso, tocaba todos los confines de la sala. OL miraba la tele, había unos dibujos animados de células, unas rojas otras amarillas que se hacían relevos.
En este sueño como en el otro con Sánchez ellos estaban nada dispuestos a conversar, y con la sensibilidad del cuerpo despectiva con mi presencia. Me despierto a hacer pis y vuelvo a soñar con él, ya estaba libre, o se había escapado, tenía mucha hambre. Estábamos en La Farola de Núñez, de noche, frente a la heladera de vidrio con budín de pan y dulce de leche en enormes merengues con coronas de guinda, y Osvaldo abrió la puerta de la heladera con plato y cuchara y empezó a mezclar todo y a zampárselo como un animal, Zelarayán y Germán García miraban, y él les dijo: soy peronista conservador.
Osvaldo era grandote, medio Gore, había sido Capitán de Los Pumas, con sobrepeso pero despierto como un chico de la calle, el hijo argentino de Ferrucio Lamborghini. Tenía una camisa blanca con rayas verticales azules y yo le apretaba los músculos y sonreía, y sus rulos que siempre envidié, ya se habituaba a tenerme alrededor, creía yo, pero se metió adentro de la heladera y desapareció.

Con Néstor Sánchez soñé hace unos meses, no lo anoté, no lo recuerdo mucho, andábamos por los pasillos de una especie de palacio de pretor romano decadente, en la hora crepuscular, y había jabalíes empalados al fuego, lleno de moscas,  y ánforas y divanes y frutas, y larreta con rulos a los costados entalcado como un haitiano en taparrabos, con los labios frambuesones, y estábamos solos, él con un saco oscuro y camisa blanca, miraba todo sin expresión y hacía muecas de infortunio.

                                                                                    ***

Estoy en una fiesta donde un amigo de mi hermano trata de abusar físicamente de él, entonces lo tomo del pelo y empujo su cabeza contra las brasas de un fogón maldiciéndolo hasta que su cabeza de chacal se hace una braza sin vida y los demás murmuran como fariseos desaprobándome, y siento que se me fue la mano y digo: que los espíritus malignos me lleven, y acto seguido me disuelvo en varios enjambres de langostas furiosas y despierto.

                                                                                     ***

El lugar tomó vida de una foto vieja. Éramos judíos en una aldea cuando llegaron tropas regulares, estábamos rodeados, el caballo de la casa dormía adentro parado entre unos postes, yo traía agua, calle de barro, se sabía que en cualquier momento abrirían fuego, parecía que estaban ahí desde siempre, como los más grandes de la secundaria tan temidos, más rubios pero opacados, más fuertes. Detrás de la línea de casas avanzaron, alguien me ayudó a enredarle los huevos a uno con el alambre de púa de la medianera, y vi la cara de otro de mi secundaria y me enardecí, ya habían hechado fuego a tres casas de la mía, no teníamos armas, ni siquiera un hacha encuentro, veo a una mujer con trenzas irse al bosque por una picada.

                                                                                     ***

Soñé que era el 36 y volvía a mi casa de infancia, a una reunión con los de mi colegio y otros pitucos de San Isidro como si me hubieran corrido la escena del gaucho con concha de Manucho Mujica Lainez y Silvina Bullrich, y me senté a la mesa de un tío en bikini apoyando el pavito como una mina y diciendo “¡qué lindo vientito!”, alguien supuestamente me conocía, eran todos dandys nazis, había un tío político y uno del colegio, Robirosa; y tuve que decir quién era y cuando quise acomodar mis explicaciones se levantaron y caminaron por el jardín hacia otras personas, había un gaucho    nazi con camisa parda, como esos que se disfrazan prolijos en las peñas pero camisa parda y con la banda nazi en el brazo, gigante, ahí me di cuenta de que me estaba jugando la vida así en tanga, pero yo quedaba atrás, la gente se iba hacia unas aves de corral de pico largo sobre un claro de arena, parecían empetroladas, aves del 30 todavía vivas y se inclinaban a tocarlas como si también hubieran vuelto de otro lado, y eran bien recibidas y amadas con arrobos en las redes.

                                                                                     ***

Largo sueño con Leopoldo María Panero. Con su poema-vida de juventud de la que no me queda un solo verso. Solo rock, pucho, mate, porro, también un padre cagando cincuenta minutos con el diario. Salimos, o entramos por unas arboledas luminosas de Acassuso, saliendo de una vuelta al secundario, dejando los estudios, su paso de mártir redimido, y de santo, visitamos unas mujeres en una reunión de familia que jugaban a las cartas entre hombres muertos de televisión y negocios de almacén en un piso por escalera que antes de salir era un bar donde pegamos, y ya estábamos puestos, con cadencia de Sánchez el cuerpo es un reloj de tango, dos stoners en la ballena de piojos, era un baile de balde la vida y queda una antología: Agujero Nevermore. La vida la joda ese poema antes de las primeras internaciones. La música estaba muy fuerte en casa y salgo con el sobretodo negro, todo de negro y camisa blanca, y la voz de bobo de mi hermano menor al dejar la casa que me cierra la puerta, y vuelvo la estrello y despierto.

                                                                                   ***

Julio Cortázar como un ladri vivía arriba de una Shell vieja en Beccar, lo vimos cuando El Piña paró a inflar las gomas y Belén se bajó a saludarlo, era su ídolo. Nos invitó a pasar. Mientras hablaba con ella me mandó a sacar su libro Socorro en la parte de arriba del placard. Yo lo leía y le dije, ¿Sabe Julio? Esto cuando lo leí a los 18 años ya no me gustaba, no me banco los socorros literarios de papel, ni de los más grandes como usted, don Julio, dije con autoridad de tallerista de Abelardo Castillo.
Julio no me dejó terminar y me mandó a buscar otro mientras le pasaba éste a Belén, entonces me asomé otra vez al placard y vi un fajo de francos suizos y me los metí en el bolsillo. El Piña ya había inflado las gomas, Belén se despidió emocionada, y nos fuimos a tomar unas birras.

                                                                                 ***

Estaba peinado en armonía con el quilombo cotidiano en el Stand de la empresa en Cataratas un día más, cerca de temporada, todo normal, en el mostrador mi ticketera, aseado, flaco, bien. Sigo mirando y veo a un yanqui caminando por el pasto fuera de la senda, muy flaco, con los ojos desencajados, rascándose la espalda. Entonces le clavo la vista en la cara y me ve y se me viene al humo directo y me pregunta con tono desafiante ¿sabe usted lo que significa esa mirada en mi país?, y le contesto: me chupa un huevo su país esta tarde de sol, señor. Y le agrego: Man, your slip is hangin', literalmente que se le escapaba la enagua, queriéndole referir que se le notaba mucho la fisura. Y naturalmente se enderezó y su cara se hizo sobria, dijo gracias, y siguió por la senda como un turista más.

                                                                                ***

Cuando era un escriba esclavo de los egipcios para la pirámide les llenaba los papiros y los frescos y obeliscos con el pictograma de mi pajarito. “Vamos a tener problemas por tu culpa, pedazo de pelotudo”, me decía Moisés.

                                                                                ***

Llegaba a mi librería subterránea, mi refugio la galería donde algo encontraba, una escalerita de mármol en caracol hacia las columnas dóricas de la entrada, mi pequeña Yenny; y estaba mi querido Mariano, que atendía, relajado, me da unos libros y me dice que la autora de uno de estos quería conocerme, que iba a venir. Iba a dar una charla sobre de qué iba, o daba, su gusto literario, y la gente naturalmente se fue apiñando en torno a mí y arranqué una perorata motivadora, que era un concurso de belleza, mujeres hermosas salían de mi boca, las señoras se reían, señoras grandes, Mariquena Monti se me abalanza y me mancha la mejilla con un beso, y otras señoras de la cultura, mas prosigo envalentonado y alegre diciendo boludeces, y Mariano hace un comentario marcando como que ya me estaba yendo de boca, entrando en equívocos y haciendo cagadas. Comentamos unos libros y se venden todos, los anaqueles quedan vacíos, la gente se va. Veo el hipódromo de San Isidro y comprendo que es hora de ir para allá.


Tango 78’

Savino daba con pinturas burreras que siempre estuvieron ahí, en Roque Saenz Peña y Libertador, cantores con la boca abierta, caballos, toros campeones, pinturas alusivas a letras del contrario, y fui al Atlético a mostrarle a mis amigos de cuando jugaba y tuvo éxito el paseo y me armé un kiosquito turístico y se llenó de gringas, y me gustaba una que me daba bola y solo pensaba en seguir el recorrido hasta la noche, en seguir la joda de las minitas ganando con códigos savineros pictóricos del hipódromo de San Isidro y llevarme una a la oscura tribuna matadero. Sueño con la música del Tata Cedrón pero decía “... Los grandes molinos savineros...”.


                                                                                 ***

Andábamos todos con la ira política como una rabia o virus todos enfurecidos y yo con la idea fija colgar a los ideólogos más apestados de meter a las masas en ojetes de deudas. Me miro en el vidrio del ómnibus y tenía en la mejilla tatuado un sello de la Wehrmacht, y el bigote profuso nietzscheano cortado recto sobre el labio superior, como un Facundo rubio, espléndido.
Caminaba por la matanza en todos lados y me pescan y meten en un bondi de razia donde era posible matarse con cuchillos de carnicero, y mientras me imaginaba como mataba a Milei, lo hacía, lo desguazaba con intuición quiropráctica, viendo sus carnes de vaca todavía lo escuchaba hablar de la Inflación Core. Llegamos a un hospital colonia o un ojo me ve y me extraen del bondi, comparezco arrodillado ante un mulato arrugado de overol naranja que me identifica y dice elimínenlo, llevo el rosario, esperando con ansias el disparo. Me hacen arrodillar frente a una vieja cartelera marrón con letras amarillas y empiezan preguntas y confirmaciones, contesto alto y fuerte la última, arrodillado, con la pistola en la nuca: “¿Es necesario?”, “¿Es necesario qué?”, contesto. “Seguirlo”, me dice; y grito "¡No. Yo soy libre en mi patria!". Y apartan el arma de mí.

                                                                             ***

El mundial de clubes se jugaba en el conurbano funebrero. Mamá tenía una panadería en la villa y estábamos todos mezclados los gringos con peruanos paraguas, bolitas, santiagueños, polacos, armenios. Había pasillos en las veredas con las tolderías y explanadas con canchitas de hormigón, ropa colgada, y todos jugábamos y al tiempo como que laburábamos y estaba Feinman de preceptor que era la cana, había pozos ciegos y mierdita que saltaba porque nos cagábamos bien de risa todo el tiempo, era como el centro del mundo del fútbol y todos nos hacíamos chistes va y viene, y en eso aparece Cristiano Ronaldo a jugar con los pibes y lo achuramos, llegó a la panadería trozado, me tocó meterlo en el horno de la panadería de mi vieja que era un Fairlane negro y Messi comentaba “Uh dale, todo el tiempo dicen que este gomina es el mejor del mundo” yo le dije “Pero Maradona dijo que Cristiano no es menos que vos.”, estaba Antonella también, que aceptaba todo, muy linda, a un costado. Lalo Mir me dijo que le deje a él el asunto y lo acomodamos en el Fairlane porque venía la cana y pasó Cristiano Ronaldo como un lechón u otra tanda de pan.



La edad de Mick Jagger (Savinera)

Taco, taco. Casi sordo en el andén, casi ciego. Antes me guiaba por vibraciones, las luces y campaneos de la vía. Ahora me llevan puesto. Un pendejo me cruza la pierna en la escalera: puteada al oído. Por arriba los trenes nuevos silenciosos, los pasillos dan a una suerte de aeropuerto angosto. Casi me agarra un Toshiba amarillo una vez, Hernán me sacó del brazo. Tengo las piernas duras, las rodillas no me vuelven derechas, tampoco los cuartos a la cadera. Desde que levantaron la estación Belgrano C le taparon el amanecer a los primeros pisos. Todo ese riel de hormigón acostado desde Nuñez hasta Dorrego por no hacer barreras nuevas. Al quiosco de diarios lo mandaron para La Pampa, ¿pero qué venden aparte de muñequitos de plástico? Sacaron los bares peatonales, sánguches de mierda de parado con humedad de aceite de meses, una feta de jamón, queso o salame con pan humedecido, a Luis le gustaban. Comer ahí después de trabajar parecía tentador todo eso en el mostrador, mismo las facturas de plaza Constitución. Solo se podía comer un panchito con Chisaps y llevar la revistita de cuentos eróticos con teléfonos. Una vez encontré un Malone Muere de Octaedro veinticinco pé, cuando no usaba anteojos.

Por Juramento en la mano de los edificios voy como alambre chueco, engañabaldosas. La librería con cartel fileteado voló con la obra: La Porteña, tenía buenos saldos. Un Paradiso Casa de las Américas por Cintio Vitier, lo revendí bien. No voy por la plaza desde que pusieron los caniles de arena para descanso a los paseadores, y las baldosas que deccían San Isidro que le mandó Posse, un beso.
Las baldosas horribles que pone Larreta no se mueven, qué va a escuchar ahora Bruno Gelber que vive en Once y le pusieron esas del microcentro, ¿porqué no ponen adoquines?, Posse se los vende, los tiene todos encanutados en un galpón.  El capricho de un porteño distraido había inventado un berretín nuevo: el recoge-soretes de perro. Recoge-soretes de Macri. El macrismo nos inculcó que levantar el sorete del perro es un deber, antes lo hacía el portero con la manguera. La Bullrich quiere una colimba civil voluntaria.

Pendiente ascendente hasta O'Higgins. Adelante mano izquierda el museo Sarmiento con libros usados sobre el mármol bajo las rejas, La República de los Sabios 20 pé. Omar en Santiago también la encontró regalada en la vereda. En la plaza nada, después enrejada, después con feria que pasó a la recova de la Inmaculada Concepción. Llena de satanistas las ferias, en todas siempre alguno. Nunca pude hacer nada en las plazas -con la pelota nos corrían los placeros, de noche drogones, a la mañana las jeringas-, ni en los cafecitos de grande, me las tienen por el piso los del café. La camperita azul Wrangler en el mismo local anterior a la Yenny, años en la vidriera, 65 convertibles. Quedaban los libros del amigo en Galerna la última vez que pasé, ¿cuánto tiempo pasó?, para eso salí a la calle, calculo seis cuadras más. Autos frenados con el semáforo rojo... (Esperar a que el semáforo se ponga en rojo y asegurase de que los autos estén detenidos, Pedro Monzón dixit)… cruzar Jurabildo a las manos de enfrente y caminar por la luz, Sunny Side of the Street. Ya no venden guantes de lana para las manos duras de frío, el frío en las manos y los cuchillos, miedo de los cuchillos domésticos al escribir. Las manos tan precisas, y los ojos más cómodos en el LED de la pantalla. El hombre mira el LED más que al fuego, la gráfica se acabó con los últimos asados del basurero. Miro en la luz del día, ¿qué hay? Bufarras con vahos ácidos, camino escorado.

Variaciones de guríes. Para mí serán unos meses más de escribir y listo, al hospital. Anónimo, podré seguir durmiendo y estar inmóvil. No dejo ni dientes postizos. Dos bombillas de alpaca -una tapada en agua aflojando. Tres mil carillas de cómics en verso, un libro de sueños, abortos de novelas de poemas rebobinados con el backspace, un Word con cuentos. Todo el montoncito de bytes deleteado por un pariente.

Pibitos en camperas violetas y palitos con globos cromados, las viejas galerías, la joyería con la cara de Chiche Gelblung “Acá respetamos el valor de tus afectos”, Churba tirada abajo por Tower Records hecha un emporio de zapatillas, la Samsung, la Yenny de Etcheverría que me tomé un rivotril y me olvidé que me metí en el bolso el Band of Gypsies de Jimi, toda esa cuadra de luz con copitos custodiando los rosas Barbie. Mamá sacó las viejas muñecas de Luli, le digo que las pongo en Amazon con otros saldos de Mercado Libre y se las vendemos a  las masas mejicanas y chilenas.

El tipo sin piernas ni brazos en un carrito de rulemanes enfrente del quiosco de diarios de la Yenny no está más. Nunca le di, siempre divertido con birra de canuto me miraba fijo cuando subía la escalera mecánica, como si me esperara, pero ahí mismo en esa boca subió Ricardo Bochini con un traje de la tintorería con forro de plástico al hombro. Hace poco vi al de la pierna pelada del Mitre, se la había vendado, ¿cuántos años con todo podrido al aire?, la bolita interna del hueso del tobillo morada, toda la pierna descarnada, sigue por ahí ese. Conducta en exhibirse. Quedan pocos mendigos, y aquel que cantaba los temas de Luismi con voz de cañería que persuadí de callarse, aerofonistas con amplificador dentro del vagón de Subte, se fueron, algo hicieron mis cartas al director de La Nación, nos subían la presión a los viejos. Nunca les di un peso salvo una vez a un trompetista con bandoneón.

Avanzo a Galerna. Un Banco Nación. Desde chico no entro a un Nación. ¿Qué pasará con los bancos si todo puede hacerse por teléfono? Maslatón: que tener la plata en el teléfono impide las corridas bancarias. Pero ya inventarán algo para hacer filas: Galpones de solución final para viejos, te la hacen fácil con morfina, hasta que se olvidan de cambiar el tanquesito de aire. Si escucho a Louis Armstrong me tiro al tren, escucho tecno para escribir versos, y me leo con rock, no me sirven los tangos.

El olor a meo que tengo ni me importa, y si me cago me cago, me cambio el calzón cuando le sube la temperatura, y por flojets súbitos de cúbito acostado, ya no avisan los esfínteres. A los cuarenta y cinco años se me quebró la pascualina por fibromialgia y aguantar pedos, y empezó el olor a meo como un halo, sorpresas de la biología de comer, pastillas, puchito. Todos en el bondi aprisionando el olor a mierda de las tripas. Arreglo de Spinetta a música del film papel higiénico. No escuchan cuando les piden usar perfume. A Mick Jagger le hicieron una tanguita reforzada, deben haber sido los nietos que celosos de sus números.

Le digo al Rulo de Galerna que me de todos los libros de Juan Manuel Gioannini que tenga. Veinte por ciento de descuento: diez por pago en efectivo, diez sin factura. Lo aprendí de Sandro Barrella que lo dejé cagarme, Sandro Barrella de la Norte, Maslatón me avivó otra vez. El librero no conoce a Juanma, los empleados de librería son tan analfabetos como cualquiera… me llevo el nuevo de Céline. La traducción de Guerra es un menjunje de jergas hispanoamericanas más comprensible. Otras cuotitas de crédito en Mercado Libre y yerba y pucho de arriba. Capaz voy a un mayorista de estampitas en Villa Lugano y me traigo una caja del Sagrado Corazón y otra de la Virgen de Luján para ofrecer en los trenes.

 

Ribera, Besairs


Van y vienen cangrejos en diagonales

por los hormigones partidos

cric cric-cric

en la orilla del río

como uñicas claqués

y más atrás

en el césped,

El Parque del PRO

con los dirigentes sentados

en sillas de plástico, de las buenas:

Patricia, Santilli, Ritondo, Horacio

Mauricio y su primo

bajo el gazebo amarillo.

 

Está saliendo el sol de nuevo

y los cangrejos

en pasitos diagonales,

marrones son los de río

criccriccric-cric

bailan, y el público

les tira pochoclo

-lo trajo Larry,

que los altera,

se acercan y se alejan

de acá para allá,

cric cric,

y los políticos miran

la coreografía

en silencio,

conspicuos, esperando al orador

y aparece Milei por la costa

con su traje azul

bajo el camperón negro de cuero

con los pelos resecos, perdiendo el color

huyendo del viento con drones

mirando si lo siguen

y pisa un cangrejo

dos, tres, y le gusta

los pisa

y los patea a la mierda,

al viento con drones

y prueba un pochoclo

del piso de hormigón,

y el viento le susurra:

salados. Patricia Bullrich

le pinta pochoclos

con lápiz de labios

y le tira:

Cerezas, dice el viento,

y más al sur de la costa

por abajo de Arquitectura,

sobre un paredón gris caído

una parrilla con chorizos

Massa de blanco lo mira

el chori esperando,

el viento se calma,

se agrisan las brasas,

y una música hindi macrista

de flauta

lleva a Javier a Sergio, el parrillero

que saca un chori y se lo empana

con chimichurri,

Javier mira ansioso,

como calabaza de presidio,

pero se solaza el viento,

le alisa el traje.

cae el barro de su calzado,

y baja el enjambre de drones

de videos y fotos

de Twitter y noticieros,

pero se van se levantan ahí

viene Conan,

su Grandanés Metafísico,

con su hermana

Karina Skeletor,

y vuelven volando

por los cielos plomizos

a su cueva,

-un viejo galpón de colectivos.

 

Esmeralda Mitre pare

los drones de la SIDE

que persiguen escuchan y graban

a civiles morosos

a empresarios y políticos,

periodistas, deportistas.

Como abeja reina los maneja, Esmeralda.

Se hicieron

con restos y detritos

de teletipos

y moldes de imprentas

en su útero

-biología mamífera de la familia,

con ojos de mosca

por donde mira Larreta.

 

Diario afgano

Las letras, los blancos calcinados, la tropa de humvees artillados, los Budas detonados. Los alazanes blancos, fusiles en alto. Les brotan las tetillas a balazos, hacen blanco en el ojo de la frente, el de la iluminación: luces disco rosadas y Barbies Minajs gordas con pelo teñido con rulos Claudia Maradó, uñas leds de pintitas afiladas. Nada me perturba, paso con el opio con salvoconducto a la Rusia
I Want My, I Want my MTV… yo les traigo munición y nuevas Kalashnicovs. Soy un amo de la guerra, no existo. Veo sombras de culos en el fuego tras mi carpa, no quiero carne de cabra ni yogur, solo ginebra y el tabaco salteño armado. Los guachos me guardan la puerta, la intimidad nunca existió. Cago como cagan los camellos pero un poco agachado, les mancho la arpillera con un jeroglifo: estoy hecho de signos, no lo puedo evitar. Me duermo por falta de agua y matan a las minajs, despierto. Dejan sus cabezas sobre las faldas de Budas maltrechos. Aparecen las flacas con burkas, ahijuna me gustan. Hablan un llanto de oriente como cacatúas, se inclinan, las toco, de afuera me miran. Prendo una bolita de opio y espíritus negros salen de la noche, me chupan, me chupan, no se me para, los alejo, me duermo.

La mañana limpia sobre cal y azufre oxidado. Como cabra fría y chupo ginebra suiza. La marcha a Mazar I Sharif entibia mi cuerpo, sigo en el antiguo camino de seda.
La cabeza se entretiene en el puñado sterling: forro de pampas con cambios. Pasa el desierto en cámara lenta, soy un holograma que ven unos pocos recién nacidos. Hago las cuentas para las baterías antiaéreas de Itaipú, las once del Iguazú Superior y la vieja Yaciretá. Taiana me mira, le digo que arreglo yo con Los Paisa, que no se preocupe, pero insiste y le digo que no se meta. Maslatón aparece por el Spaces y aborto todas las ventanas argentinas. Voy para Mazar a levantar lo de Los Paisa, que también arreglan mano a mano con unos aliens que soban también, larretas de otras dimensiones que se alimentan con guasca, y todo lo hago por mi país. Vamos Massa. Sergio Espera con Malena, Intendenta de Tigre, en Mazar I Sharif. Aparezco. Sergio con sus camperones chinos de siempre. Malena con un trajecito estampado con unas vegetaciones con picos rosados y gafas cafés. Me señalan el galpón Marolio y cargo todo el Hashish en mi tornado. Con estos cuartos cuatridimensionales podría meter a toda mi familia y partir al planeta que compré, pero empecé a trabajar de grande, y mis sobrinos tendrán mejores posibilidades.

                                                                                   ***

26 de julio, 2023. Era un edificio hospital, parecía mi colegio primario. La recepcionista de mi antiguo psiquiatra, la señora Garbarino, y le hago mi gesto de paquete Gorositho hacia consultorio, yo había hablado con Daniel Kreiman que era psiquiatra y me había invitado a ser su paciente en ese despacho de dirección de hospital lujoso, verde, sombrío, alfombrado y con bibliotecas de carpintería llenas como una escribanía de lujo. Yo estaba acostado y aparece Dani, y saca la goma de ajustar venas y mira a la puerta, entra un pibe joven, un médico, ahí sentí algo raro, Daniel me llamaba a no preocuparme con una sonrisa y me paré, empecé a gritarles y desaparecieron. Le pregunté a la recepcionista qué pasaba y me dijo llanamente que era una rutinaria cita de drogarse y coger. Yo empecé a insultarla y salí al pasillo del hospital desnudo, tomé la escalera hacia arriba y veo doblando por el pasillo a un enfermero yéndose con una jeringa cargada advirtiéndome que no haga bulla. Seguí dando vueltas desnudo por el enorme hospital verde y me perdí. Después encontré el despacho y estaba mi viejo doctor Vinacour, incómodo por mi desnudez pero con su naturalidad impertérrita, la recepcionista se desmorona en excusas serviles con el doctor pero ya me la había visto enmantecada y seguí deambulando perdido por los pasillos en bolas sin remedio y la música que me sonaba se adelanta, Mis Amados se Unirán para Matarme es una marchita de la guerra final de la especie pegada a mis pasos. Me llenan bolas 24/7. Ahora tengo paz.

Pasa de uva con moco usa Aqua Di Gio

Por insuficiencia de palabras, jardín del infinito. Me masajeaba un neutrinario de bitcoins, y aire y celeste y un rosario de hojas rosas para escribir sin espinas. Gimnasia en drogas indicana kush, una x-dona rísper con dos rivotrilex, mate caliente me falta más aire, ahí estás, con el paso del tren Zárate-Suárez, sobre el bañado de barrio cerrado no secado aun que vi yendo a Gualeguaychú, en ese tren pasé de viaje egresado consuelo dos parejas: entoblerene el serrucho del garque a Lorene: "Me comiste el último repostero Gándara de envase amarillo que yo tenía criogenado como Walt Disney", y bordas rosas blancas en un ojete de geriátrico con pizza Calla, -Dulce Lamela, ¡Dulce Lamela! Llamaba a la enfermera, pero esa ni bola, a la del turno nocturno le gustaba chupar verga de muertos.

Bajo la armonía de las hasanas tantras, la contractura humanizada que chupa el cangrejo fumaporro. Las primeras trazas del alba sueltan un pedo silbando en su cama. Belén me empuja, ¡qué hacés!, ah, si queríais chupármelo me doy un bidetazo y vuelvo, digo dos años después, a las cortinas de la siesta. Siempre encuentro algo en mi tiempo perdido.