20.3.23

En busca del tiempo perdido, por Juan Cruz Carrique

 (Sobre El traductor, de Salvador Benesdra)



Y ahí en la noche veraniega en la que sentía que me había
quedado cortado del mundo y de las cosas, supe de pronto que
estaba retornando a mí como una vieja compañía infatigable.

Salvador Benesdra, El traductor



LA OBRA

Verano de 1992. Balneario de Arachania, Departamento de Rocha, Uruguay. Una casa sobre las dunas. Noches calurosas y estrelladas. Playas desiertas. Tac tac tac. Los dedos repiquetean contra las teclas de una laptop primitiva. Tac tac tac. Un hombre alto, de barba tupida y piel aceitunada escribe con urgencia. Tac tac tac. Algo se está gestando.

1993. Redacción de Página/12. Sección de Internacionales. El hombre alto y de barba conversa con el reconocido periodista Claudio Uriarte. Uriarte es su amigo, su confesor y su némesis intelectual. Discuten sobre el fin de las ideologías, sobre un mundo que ya no es. Uriarte, trotskista en la adolescencia, ha devenido un hombre de derechas. El hombre alto, también trotskista durante la juventud, no ha abandonado sus convicciones marxistas, aunque se sabe derrotado. Ahora apuesta, tibiamente, por la socialdemocracia europea. Son dos planetas que colisionan todo el tiempo.

1994. Entre noticia y noticia, en la redacción del diario, abundan los tiempos muertos. El hombre alto escribe, enajenado, en su computadora. El monstruo en papel ya tiene casi seiscientas páginas y lleva por título El traductor. En algún momento se lo muestra a Uriarte. Es probable que él sea el primero en leer esa desmesura. Uriarte da el visto bueno: en el texto reconoce un pensamiento en tensión permanente y, también, muchas de sus discusiones. Se menciona a Hegel, Nietzsche, Lacan, Konrad Lorenz, Lenin, Darwin, Piaget, Lobsang Rampa y el zen. El hombre alto, reconfortado, cree que tal vez ya sea hora de pasar a otra instancia.

Primeros meses de 1995. El escritor Elvio Gandolfo retira de la editorial Planeta las veinticinco novelas que tiene que leer como pre-jurado para el premio de aquel año. Las tiene que calificar en tres categorías: rechazable, legible o premiable. En total se han presentado más de cuatrocientos manuscritos. De la pila, uno le llama la atención. Comienza así: “Me dije que tal vez era cierto después de todo que las ideologías están muertas; me regodeé mirando por la ventana del bar cómo el sol caliente de la primavera de Buenos Aires comenzaba a fundir todas la convicciones del invierno. Sospechaba por primera vez que podía haber un placer en el vértigo de flotar en ese caldo uniforme que se había adueñado hacía tiempo de todos los espacios del planeta.” Gandolfo, después de leer los primeros párrafos, sentencia: “este tipo escribe”. Casi al mismo tiempo se da cuenta que “no la van a premiar ni en broma.”

El centro de gravedad de El traductor es Ricardo Zevi, un hombre de 36 años que tras militar durante años en el trotskismo se da cuenta que la realidad en la que creció se está desmoronando: acaba de caer el Muro de Berlín y Menem llegó a la presidencia. Influenciado por el realismo crítico de Arlt, en la novela se respira un aire de tragedia permanente. Todo está dispuesto para que las fuerzas de la historia acometan su furia contra el personaje: la editorial para la que trabaja como traductor –de supuesta ideología izquierdista– no tardará en aplicar medidas de “racionalización” y flexibilización laboral contra sus empleados; y Romina, la mujer de quien se enamora –salteña de raíces indígenas, adventista y profundamente reaccionaria– mostrará una frigidez inclaudicable contra la cual Zevi deberá luchar de los modos más insólitos y perversos. Así las cosas, El traductor apuesta por sintetizar en su personaje principal –salvaje alter ego del hombre alto– la derrota de un modo de pensar y desear la vida. Tanto en el plano político como en el afectivo.

Gandolfo lee la obra con fruición. Pasea el enorme pilón de hojas durante días por Buenos Aires y Montevideo y termina escribiendo una evaluación el triple de larga que las demás. Obviamente la califica como “premiable”. En Planeta desconfían del tamaño del libro, y también de Gandolfo, así que le dan la novela al escritor Daniel García Helder, otro de los pre-jurados, para que la lea. A García Helder no sólo le parece un libro excepcional, sino que se fanatiza al punto de comenzar a hacerla circular entre sus amigos: “Hacía rato que no leía una novela argentina tan potente y llena de aristas. Ofrecía un análisis del proceso histórico argentino y mundial antes de que éste llegara a cristalizar en las visiones remanidas del menemismo y el neoliberalismo.” Finalmente, la devuelve con un dictamen tan positivo como el de Gandolfo. Gracias a ello, El traductor queda entre las diez finalistas de 1995. El primer premio lo gana Sucesos argentinos, de Vicente Battista, y Gandolfo decide no trabajar más como lector de pre-selección de Planeta.

Invierno / Primavera de 1995. A partir de aquí todo se acelera: el hombre alto averigua quiénes fueron sus lectores en la selección de Planeta y los telefonea. Le pide a Gandolfo y a García Helder, por separado, que lo ayuden a publicar el libro. (Ya lo ha ofrecido a numerosas editoriales –algunas grandes, otras más chicas– pero todas le responden lo mismo: “su novela no se ajusta a los criterios del mercado”). Se reúne con ambos y en pocas semanas se hacen amigos. García Helder lo recuerda como “un autor en búsqueda desesperada de lectores”. Gandolfo, por su cuenta, le recomienda presentarse a una beca de la Fundación Antorchas para que le financien la edición. Lo hace. Antes, y también gracias a un consejo de Gandolfo, elige a Ediciones de la Flor, de Daniel Divinsky, para publicar El traductor. Divinsky, que en un primer momento la había rechazado, acepta que se publique si la editorial no tiene que poner dinero.

Últimas semanas de 1995. Se han acabado los trámites. Sólo queda esperar la resolución de Antorchas. El hombre alto cruza el Río de la Plata y alquila la misma casa sobre las dunas en Arachania. Quiere concentrarse en Puntería, su nueva novela. Durante los primeros días lo acompaña Claudio Uriarte, que vuelve a Buenos Aires antes del fin de año. Sin embargo, el hombre alto no se siente bien. Tiene fuertísimos dolores de espalda y debe pasar muchas horas en cama. Está deprimido y teme tener un brote psicótico. Ya le ha sucedido otras tres veces. La primera y más grave en París, en 1978, cuando acabó internado en la Maison Blanche. Unos años más tarde en Buenos Aires, y esa vez le tocó en suerte el Borda. La última no fue internado pero obligó a sus compañeros de redacción a que lo acompañaran al Obelisco a ver a los extraterrestres que estaban a punto de llegar a la Tierra. Finalmente, decide volver a Buenos Aires.

2 de enero de 1996. Barrio de Congreso. Los dolores no ceden. El hombre alto llama a algunos amigos, entre ellos Gandolfo, pero no encuentra a ninguno. Deja mensajes en el contestador. Sale al balcón de su departamento, en el décimo piso del edificio ubicado en Solis 456, y se arroja a la calle. 

Febrero de 1996. Gandolfo, que ya se ha enterado del tristísimo suceso, recibe un llamado de la Fundación Antorchas. Le dicen que no pueden comunicarse con el autor de El traductor, un tal Benesdra, y por eso lo llaman a él: la novela ganó la beca.

Mayo de 1998. El traductor se presenta en la Feria del Libro de Buenos Aires. Gracias al aporte de familiares, amigos y, por supuesto, a la beca de Antorchas, el libro es publicado con una tirada de 1.500 ejemplares. Unos meses después se editan mil más. Luego, por más de diez años, el silencio y el misterio envuelven la figura de su autor. Recién en 2012, la editorial Eterna Cadencia recupera el legado benesdriano y reedita toda su obra: El traductor y El camino total, un libro de autoayuda no convencional escrito al mismo tiempo que la novela.



EL HOMBRE

Salvador Benesdra nació en 1952 en el seno de una familia judío sefardí de mucho dinero, aunque poco afecta al amor filial. Su padre era el dueño de la zapatería Greco, famosa en Buenos Aires, y siempre tuvo una relación conflictiva con Salvador. Fanático de la lectura, en la juventud descubrió que le gustaba leer a sus escritores favoritos en su lengua original así que pronto aprendió inglés, francés, alemán y portugués. Luego se dedicaría al japonés y al ruso. 

Estudió en el Nacional de Buenos Aires, donde se hizo famoso por convencer al profesor de literatura de tercer año y al jefe de celadores de que se hicieran trotskistas. Sus compañeros lo recuerdan como un discutidor –y convencedor– nato. Una vez que se graduó, estudió la carrera de psicología en tres años y se marchó a París a realizar un posgrado. Allí tuvo su primer brote. Alejandro Mantero, íntimo amigo de Benesdra, lo fue a buscar junto con su hermano y se encontró con una situación inverosímil: “Cuando llegamos nos lo tiraron por la cabeza con el sólo afán de sacárselo de encima. Ahí nos enteramos que Salvador había soliviantado a los internos contra el poder psiquiátrico –alentado por las ideas antimanicomiales de Franco Basaglia– y había llevado a cabo un verdadero Atrapado sin salida.”

Cuando volvió a Buenos Aires, en 1982, empezó a trabajar como periodista de política exterior. Primero en La Voz, después en La Razón y, por último, en Página 12. Walter Goobar, su editor en Página/12 lo recuerda como alguien brillante: “tenía una sintaxis excelente y un gran talento para procesar la información. Era un obsesivo de las fuentes y la escritura.” Allí también fue representante gremial de los trabajadores, donde se destacó como un orador temible. Según el periodista y escritor Sergio Di Nucci, que no lo conoció pero sí a muchos que trabajaron con él, Salvador “se subía a una silla o a un banco y pronunciaba largos discursos, con frases ciceronianas, perfectas y muy bien argumentadas, pero, ay, inconvincentes.”

En 1995 lo echaron de Página/12, junto a 60 trabajadores más. Este episodio lo deprimió muchísimo y aunque consiguió trabajo en una publicación institucional de la empresa Socma, ya estaba decidido a dedicarse sólo a la escritura. 

Así como los motivos de su suicidio nunca se sabrán, ya nadie podrá borrar la marca que Benesdra ha dejado en la literatura argentina. En todo caso, para esbozar alguna respuesta quizás haya que hacerse, primero, la pregunta que tanto atormentaba a Ricardo Zevi: “Si de una vez por todas quería ganar, ¿no era hora de hacer un salto sin paracaídas de verdad? ¿De jugarme a alcanzar aunque fuera tan solo un punto de no retorno, sin resguardos, ni reaseguros, ni opciones de reserva?”  

 

Tomado de: artezata.com.ar

16.3.23

La ruta de la edición: TAMMY METZLER

 


Preguntas a editorxs
Hoy responden Ignacio Barsaglini y Mara Pedrazzoli de Tammy Metzler

 

¿En qué año arrancó la editorial? ¿Cuántos títulos llevan publicados desde entonces? ¿Quiénes son lxs editores?

BARSA: Alguna vez pusimos en un catálogo de feria: Tammy Metzler es amor, amigxs, poesía, drogas, ovnis. La editorial empezó en 2013, así que este año se cumplen 10 años. Llevamos publicados 35 títulos aprox. Somos Ignacio Barsaglini y Mara Pedrazzoli.

MARA: Éramos pequeños, nos conocíamos a través de algo que no podíamos explicar pero tenía un mismo sonido en todos nosotros que nos fuimos haciendo amigos. Hoy tenemos una historia y una editorial que sigue siendo pequeña pero cumple 10 años.

¿Cómo describirían el estilo editorial de Tammy Metzler y su filosofía?

Creo que lo describiríamos como algo fresco, una mantita, donde se publica a poetas, artistas, algunxs narradorxs y ensayistas. Me gusta pensar que la Tammy Metzler de la película existe. Hoy en día diría que es alguien parecida a Florencia Méttola, que es una autora tucumana, intensa pero también cute con su mundo íntimo muy desarrollado.

¿Qué están leyendo?

BARSA: A los hermanos Manuel y Ezequiel Alemian, me interesan ellos dos, son como islas en el mundo literario. Cada vez que sale algo trato de conseguirlo. Me pasaba con Aira pero ya me dejó de pasar, así que ahora me pasa con ellos. Otra lectura reciente es Bárbara Wapnarsky, que me parece una muy buena narradora y que me gustaría que publique en Tammy algún día. Después lecturas de ajedrez y programación.

MARA: estoy leyendo a Carolina Sanín, que tiene un estilo medio Aira, es muy profunda, pensante y me deja un poco fascinada. También leyendo algunos libros de la editorial Caleta Olivia. Y, te vas a reír, pero El cangrejero de Javier Fernández Paupy. Y otros dos libros sobre política y la sociedad digital.

¿Cuáles son esxs autorxs a lxs que siempre vuelven?

BARSA: Creo que por cercanía y amistad la poesía de María Lucesole siempre está muy cerca. Porque la voy a verla a lugares donde lee, como fan. Y me parece importante su presencia en la Poesía Argentina.

MARA: Vuelvo siempre a varios, amigos también. A Arturo Carrera volví recientemente porque tiene un texto bonito sobre el error y la equivocación. Vuelvo a Baudelaire. Voy cambiando a dónde vuelvo.

¿Cómo es el proceso de lectura de un manuscrito?

BARSA: Por lo general el proceso fue más de que alguien nos guste y ahí leer. Es muy arbitrario y jactancioso decirlo pero fue así casi siempre. Y después nos juntamos y leemos,  no hay más que eso. Mara es más correctora que yo.

MARA: A mí me genera pasión y esa cosa medio perfeccionista a veces con los textos, hay textos que no tenemos que tocarle ni una coma, los primeros no fueron así y fue divertido editar. Hermoso proceso.

¿Qué tiene que tener un libro para que les interese publicarlo?

BARSA: Rareza y extrañeza y peculiaridad. A veces veo muchos escritores que se esfuerzan en demostrar que son escritores, que se sacan fotos de escritores, que se sacan fotos firmando un contrato editorial, que aplican a becas de afuera para que alguien que no vieron nunca en su vida les diga
SÍ: SOS ESCRITOR, y me dan algo de pena y tristeza. Las personas que buscamos muchas veces rehuyen a esa especie de “fama”.

¿Cuánto intervienen en los textos que publican?

BARSA: Muy poco, respetamos mucho los textos.

MARA: Depende.

¿Qué relación buscan entre el arte de tapa y el texto que presenta?

BARSA: La tapa tiene que atraer, a priori es lo primero que ve un lector. A veces veo editoriales que los diseñadores les hacen tapas de 1950. Y me sorprende bastante cómo nadie les advierte, ni el mismo diseñador (que por ahí y seguramente no le importa) ni el mismo escritor que ve otras tapas y no dice nada de la suya. En Tammy usamos obras de artistas recientes y tratamos de darle alguna ondita al diseño del libro en general.

MARA: Las tapas de Tammy son lo más, ahí el mérito es de Ignacio.

¿Cómo ven el futuro del mercado editorial y cómo esperan que cambie en el futuro?

BARSA y MARA: En lo personal nunca me metí en la ruedita del hamster editorial. Hay editores que se metieron y ahora le lloran al Estado que el precio del papel es muy caro, pero esas cosas pasan. Me acuerdo del amigo y colega Miguel Villafañe que siempre tuvo una actitud crítica frente al mundo editorial. Tammy es para nosotros una forma de relacionarnos con artistas y poetas que nos gustan y admiramos y un emprendimiento que no sabemos bien para dónde va. Nunca funcionó pensarlo como emprendimiento solo... El futuro de Tammy lo vemos digital más que analógico, Ignacio se metió en el mundo de la programación y creo que va por ese lado. Este año se cumplen 10 años de Tammy Metzler y seguro vamos a celebrarlo.

8.3.23

El verdadero problema de la droga, por Carlos Correas

 


He visto dos o tres goles soberbios de Maradona. Belleza y precisión conmovedoras. Me evoca a otro también sobrenatural futbolista: Adolfo Pedernera, a quien, a mis diez años, tuve la dicha de ver jugar. Tengo en mí, definitivamente, la imagen inverosímil de un hombre que apenas se movía en la cancha y que sin embargo estaba siempre al lado de la pelota. Se lo comenté a mi padre, que me había llevado a la cancha, y mi padre me dijo: «Ese jugador se llama Pedernera y lo que vos me comentás se llama tener colocación». Ahí, de Pedernera y de mi padre aprendí algo que es una parte de mi vida. Digo, entonces, que Maradona y Pedernera se corresponden en tanto futbolistas. Son casos para los que el lenguaje general y/o popular usa la voz «maestro». En cuanto al lumpencito que nació y se crió en Villa Fiorito y ahora jaranea en Punta del Este y tira dicharachos o balines en lugares de parranda, vistosidad y haraganeo, es normal. Eva Perón es análoga. Gardel, otro maestro, es también análogo. Nuestra sociedad, en su forma actual, los engendra. Todos somos responsables por ellos, tanto más que por nosotros mismos. Yo, profesor universitario de la UBA y de la UNR, los saludo. En lo referente a la droga que tomó o toma Maradona, lo respeto y allá él. Yo, durante décadas, fui adicto a la anfetamina. A base de esta experiencia me autorizo en enunciar que el verdadero problema no es la droga, sino la falta de droga. A saber, el verdadero problema para el adicto, que además es el único problema.


En revista Página/30, N°69 (Buenos Aires, abril de 1996)

Tomado de: Todas las noches escribo algo, Buenos Aires, Mansalva, 2021.

12.2.23

La ruta de la edición: PLANTA

 



Preguntas a editorxs
Hoy responde Luciana Delfabro de Planta Editora

 

Podrías definir el proyecto editorial. ¿En qué año arrancó la editorial? ¿Cuántos títulos llevan publicados desde entonces? ¿Quiénes son lxs editores? 

Planta es una editorial de libros ilustrados. Son libros para todas las edades. Libros que se clasifican en el mercado como “infantiles y juveniles”, pero son libros de ficción ilustrados por artistas; son libros con historias, muchas de iniciación, otras de una belleza simple y perdurable que hacen que sean libros para ser leídos en todo momento.

La editorial arrancó en 2008. Sus primeros años fueron de un trabajo intenso y sostenido. Actualmente esta en un momento bastante diletante. Saco pocos títulos cuando algo me moviliza a hacerlo pero es bastante caprichoso. Esto por ahí tiene también relación con tu pregunta siguiente. Soy la única editora pero, como es sabido, en las editoriales tan chicas lxs editores hacemos de todo. En el último tiempo se ha sumado a trabajar conmigo Fernanda Nicolini.

En general siempre me he tomado recesos, pausas, porque tengo actividades e inquietudes varias. Nunca tuve el foco exclusivamente en la editorial.


¿Cómo describirías el estilo editorial de Planta Editora y su filosofía? 

Lo interesante de armar un catálogo es eso; hacer una filosofía en el andar. Creo que la editorial la tiene bastante definida y me gusta porque habla por sí misma desde los títulos vistos en conjunto. Es algo que me da mucha satisfacción. Me gustaría entonces que su filosofía se vea y se lea en el catálogo que se ha ido armando. Al día de hoy tenemos poquitos títulos, alrededor de 15 pero cada libro tiene años de trabajo atrás. No tenemos para nada un cronograma lógico desde el punto de vista comercial. Supongo que este modo de hacer hace también a la filosofía de la editorial.

 

¿Qué estás leyendo?

Ahora estoy leyendo a Úrsula K. Le Guin. Se editaron varias cosas últimamente en Argentina. Con muy buenas traducciones. Empecé por el ensayo que se llama La teoría de la bolsa de la ficción editado por Rara Avis . Es un libro hermoso editado de manera hermosa. Disfruto mucho de los libros cortos y concisos, que tienen poder de manifiesto. Algo de esto tienen también los títulos de Planta. O al menos yo los siento así.

Después seguí con otros libros de la autora, Las chicas salvajes, editado por Hekt de manera hermosa también y otro libro que es una edición más vieja y de traducción española que se llama La rosa de los vientos (Edhasa).

También tengo en la mesa de luz El ABC de la lectura de Ezra Pound  (Ediciones de La Flor) y Lexicón de Sergio Raimondi (Mansalva).

Me encontré casi por coincidencia leyendo cosas que tienen que ver con la lectura, con las historias que queremos contar y con el valor de la literatura.


¿Cuáles son esos autores a los que siempre volvés?

No me da la vida para leer todo lo que quiero pero siempre vuelvo a Sara Gallardo.

¿Cómo seleccionás los proyectos para publicar?

Intereses del momento, afectos y sobre todo a partir de alguna experiencia propia con la lectura.


¿Cómo es el proceso de lectura de un texto que planeás publicar?

En general lo primero de todo es el texto. Si el texto ya existe es simplemente buscar con qué artista me interesa trabajarlo. El trabajo con el artista es largo y arduo. Lleva muchísimo tiempo, muchos intercambios y ahí interviene la directora de arte, Ana Armendariz.

Si el texto se hace ad hoc, hay idas y vueltas con lxs autores y después de eso el trabajo con los dibujos o ilustraciones que comenté antes.


¿Qué tiene que tener un libro para que te interese publicarlo?

Es una pregunta difícil porque lo que publicamos no existe a priori. Por ejemplo, podemos publicar algunos cuentos clásicos pero la elección, la compilación y la ilustración ya lo hacen un libro diferente.

¿Qué tiene que tener un texto para que me interese? No lo tengo tan claro, trabajo con intuición y con mis intereses del momento.


¿Cuánto intervenís en los textos que publicás?

Como te comentaba antes, depende si el texto es un cuento que ya existe o si fue hecho para la editorial.


¿Qué relación buscás entre el arte de tapa y de interiores y el texto que presenta?

En el caso de nuestros libros, es todo una unidad.

 

¿Cómo ves el futuro del mercado editorial y cómo esperás que cambie en el futuro?

Justo uno de los textos de Le Guin que te comentaba que estoy leyendo -que no es de ahora sino del año 2007- habla un poco del mercado editorial. El ensayo se llama “Mantenernos despiertxs mientras leemos”. Ahí Le Guin dice que hay una gran preocupación porque la gente no lee. Hay también exigencias muy específicas por parte de los socios capitalistas que intervienen en el mercado vinculadas a las ganancias que la industria editorial tiene que generar. Y por otro lado hay una pequeña cantidad de lectores. Es interesante porque Úrsula dice que lectores nunca hubo muchos (vale la pena leer el desarrollo de esta idea). Lo importante es ese pequeño grupo de lectores, animado por diferentes razones que también se comentan en este ensayo, sostiene de manera continua el mercado editorial que a nosotros nos interesa. Esos lectores nos permiten en una modesta y apasionante medida hacer libros a los que amamos hacer libros. Lo demás son intervenciones exógenas: fenómenos de marketing, movidas financieras, invención de personalidades para esos fines y todo lo que sabemos que traen los grandes grupos editoriales a esta industria tan particular y poco racional.

El futuro editorial no creo que difiera en mucho. Seguiremos siendo un grupo muy disímil haciendo libros en escalas diferentes, movilizados por cosas diferentes y padeciendo estos extraterrestres que en verdad no aman los libros sino los negocios.

7.2.23

Imperio austrohúngaro, por Santiago Armando

  

1 de enero, 2023

 

Pax Djeerlings verdaderos

En la trinitaria gondwania

Hasta la pax del plata oh

El parca del plata

Que te cocina la fugazzeta rápida en el

Hornito elétrico

Y jardincito superpoderoso para

Los superpoderes

 

 

 

Ciudad Gótica (Lamento)

 

a Gustavo Arrabal, in memoriam

 

Me sacaban de mi cabaña

a fin de mes por temporada

Puerto Iguazú, Misiones

y todos en la joda

todo bien de joda

o rascándose los bolas

a dieciséis manos

y con guita pero

Hawks, también, los Jokers

rapiña de plata

en el ojo

y todo hermoso

pero si caés en desgracia

te rajan primero

tus amigos de cuatro décadas

de fugazzetas en Monrmartre

de noches inolvidables,

de largas temporadas

de laburo codo a codo

todos te desconocen

y no te queda nadie

en Ciudad Gótica

tus íntimos de escuchar discos

tus cumpas amantes del arte

también, rapiña, alta

rapiña

y solo te atajan

las putas y los gitanos

de Ciudad Gótica

te llevan al rancho

te dan de comer

no te joden

te dejan reponerte

dormir

tomarte todo el tiempo

te garchan, te la chupan

y te dicen, te dicen las cosas

en la cara

simple y directo

lo que nadie, solo

las putas y los gitanos

de Ciudad Gótica

todo lo demás

profunda miseria,

y vergonzoso anatema.

.pero.

ese sería un final feliz

para Ciudad Gótica

con putas y gitanos,

entonces, tus íntimos de antaño

te ven por la calle

con tus nuevas compañías

de putas, gitanos

y te pasan de soslayo el águila

que te ve tiernito

apunto en desgracia

por las calles

de Ciudad Gótica

para llamar a tus viejos

a que te guarden

en un loquero clandestino

de Galeno

y limpiarte

de Ciudad Gótica.

 

 

parece que quedó una pascualina

de la semana santa pasada

le digo a mamá

delante de la mucama

abriendo la heladera

 

 

para mi funeral mango

para mi sepultura

en campo santo

ramsamsam.mp

no le den bola

al link celeste

solo es mi alias

de mercado pago

 

 

 

"Pecar de ingenuidad"

 

De ingenuidad

pueden pecar

los filósofos

los políticos, etc

largo etc

un infinito hecho de polvo

de viejos zorros cínicos, etc

polvo que hollamos

para consuelo y ¡ETC!

porque

la ingenuidad

no es un pecado

para Dios


 

Larreta

 

Siempre fue un prometedor

sombrillero art decó, pensé

pero no

solo era

un cualunque amarillo

Mario Bros.

 

Larreta es un Walter Esohn,

Y se bebe la guasca

Y se fuma el sorete

 

En realidad yo no escribo

yo sueño, en realidad

Santiago Armando está ahí

durmiendo en su cama

y lo miro y es feo

un piojo con panza

un poco más prolijo

desde que se cortó el pelo y yo

me lo chupo

soy su holograma

que sale del modem de internet

chino, marca Huawei

que le encajó en su cuarto

el peor electricista del mundo

cuando hicieron esta casa

 

 

UBA

 

Materia: Semiología, del ingreso

CBC, año 1996,

el profesor afrancesado decía,

"¡No sé por qué!

¡Ya no se habla de lucha armada!"

un maricón

de pelo blanco con rulos

y pañuelito

y esperé hasta el parcial

para contestarle

que se haga culear

arriba de la tapa del piano,

y me fui

para no volver más, pero

fatigué infructuosamente

los cedros azules.

 

 

 

12 de enero, 2023

 

Hoy venía caminando por mi barrio,

barrio cerrado en Benavidez, Tigre,

y para mi grata sorpresa, lleno

de judíos ortodoxos

que alquilaron, esta temporada,

con sus ropajes campesinos del siglo XIX,

indiferentes al calor como yo.

 

Venía yo caminando calle abajo

hacia los puchos de siempre

del almacén paraguayo

y veo una Jeep Renegade parada

en mitad de la calle,

algo normal en mi barrio,

pero atrás venía, también

un viejo tractor John Deere

con el acoplado cargado

con el personal de mantenimiento de parques

que al saludarme

no vieron a esa mujer parada

en su Jeep Renegade negro

y me di vuelta

para ver justo

como el conductor del tractor verde

trataba de doblar, infructuosamente

para no partir al medio la Renegade, para no

matar a esa mujer

y alcanzó a doblar

por la fugazzeta del color

pero igual

el viejo tractor John Deere

aun doblando

reventó la camionetita al medio y

le bajó todos los vidrios

con un delicioso sonido crocante

y yo

al ver que no había,

gracias a Dios, ningún herido,

proseguí caminando hacia los puchos,

que de nuevo

aumentaron.


 

Me compré:

Dios y la Patria se lo demanden,

archivos secretos

de la Política Argentina

(1930-2019),

de don Tata Yofre;

El Buenos Aires de Oberdán Rocamora,

y

Los Reventados,

de don Jorge Asís, nuevos,

por:

3650 pesos,

(diez dólares) en

mercado libre.

y me fui.

 

 

Ya no estoy

Para estar vigil

Cuarenta horas

Por cuatro de sueño

A mis

46 abriles

Seis menos cinco AM

Y amanece sonando

El último de Megadeth

 

 

21 de enero

 

Vine al mundo

con la

vergüenza de ser pobre

bajo el brazo, me digo

pero, eso

eso lo inventaron los yanquis

y sigo

ése fue

el gran evento

o invento, pero

¿?

de dónde habrá salido eso

el burgués pierde la religión

y la imaginación

¡celoso, de no pedir nada!

es horrible el mundo

como dijo Osvaldo

"campo de concentración.

al que es importante entrar"

cada vez me convenzo más

de que tengo que seguir

mangando

aunque sea como pose, eso

escribir mis poses

y mi oración:

bajo la gloria del Padre

prefiero tener la mano extendida

que el ojete apretado.

 

 

 

Mi miseria, vientito

y se me acaba el puchito y

le pido a Dios un puchito

y se lleva a mi mamá

que me los compra, ojito jito

¿qué sería yo sin puchitos,

cuando se vayan mis padres?

¡eso es muy fácil de ver!

sería un hombre en la calle

mangando puchitos, che

hace mucho que no mango puchitos:

2001 orwelliano

pidiendo puchito

¡me mandaban a laburar todos!

y en Santa Fé y Julián Álvarez

lo vi a Galtieri paseando lento

con espejados

y un gran chambergo

el pucho ayuda, me dijo

a ser pobre

y recuerdo

mi largo poema

de la última semana santa

que Dios me daba maná de fumar

y yo le vi cara de Marx,

ese papá noel también

se fumaba sus buenas pipas,

y en el Borda yo mangaba

con los cara chupada,

moneditas de 0,05

que vendían en el barcito de adentro

ah ese barcito

con los mantelitos chinos

era todo chiquito y chino

donde buscaba el puchito

con mi monedita

de 0,05

 

Yo estaba en la puerta del domo nuevo del subte en plaza constitución

esperando a un tipo

que me trajera una biografía de Nerval, la mejor

baratísima, esas

que solo pueden estar regaladas

porque la gente descarta obras de arte

y yo con la platita justa en el puño apretado esperando

lleno de canas

que cada tanto mostraban que se llevaban un fisura

que de los alrededores cruzaban la nueva plaza macrista

y apareció esa señora

creo que tenía más que esos 400 pesitos, sí,

dos lucas

para ver si encontraba algo en Corrientes

y apareció la Señora, una matrona polaca

medio gitana

gorda, con un vestido muy viejo

con un puñado de billetes de diez entre las manos toscas

y me dijo que estaba juntando para una comida

y yo no supe (le dije no tengo)

que era Cristo mismo mangándome a mi

para que la señora haga su comida para pibitos

para crotitos

para viejitos

no supe que nunca sería perfecto

y solo fui, qué:

otro negador más

 

 

 

Y con los niños

 

Estaba en un bar de Santiago de Chile,

barrio Bella Vista

comiendo unos camarones pil pil

con una Cusqueña

tremendamente a gusto

pero levanté la vista

para ver a los parroquianos

y vi una mujer hermosísima

con un embarazo muy avanzado

con un galán fornido

bebiendo un clericó luminoso

y todo se me atravesó y la puta madre

otra vez, claro, me pasa como a Tarantino

que hace sus películas

cambiando el final por uno feliz

de famosas tragedias

porque yo

no sabía aún

que durante mi concepción

para aplacarse por

una operación de vesícula

de las de antes

mi viejo estaba pegado

con la morfina

y en mi final Tarantini de

peripatético de terraza

ensayo mi pose

de que me paro

me acerco a la mesa de la señora

con mi carnet de discapacitado,

de esquizofrénico, y le digo: Señora

vea, soy discapacitado

por mi padre morfinónamo,

tenga piedad de su bebe

y no beba

a pocas semanas del parto, pero

en realidad, la escena chilena de ellos

el vestido

la figura la panza la luz el galán

y todo

era demasiado bella

 

 

 

Me acuerdo cuando pusieron en la tele

a la gordita colombiana

para hablar de sexo,

la mojigata

Alejandra Rampolla

y me acuerdo de sus clases

de tirar la goma

para la platea

de Telefé y EL 13

abrían mucho la boca

boca bien grande

sin succión

muy equivocada esa forma

¿de dónde sacaron ese modelo,

de una muñeca de goma?

¿de donde salió, por Dios,

ese modelo

de tirar la goma?

del 72% al 85%

de las argentinas que me tocaron

sacando judías y montoneras, todas

me tiraron mal la goma,

las felatrices todas

de la cultura

tiran mal la goma

porque veían el programa

de Alejandra Rampolla

 

 

 

El Caramelito

 

Adriana Brodsky

se casó con el Tata Yofre

cuando asumió Menem

1989, trece años yo

y agarré la guía

y pasaba las páginas

buscando el nombre

de Juan Bautista Yofre

para hablar con mi amada

a lo del Jefe de la SIDE llamaba

a lo del Secretario de Inteligencia

que entonces

estaba casado con Adriana, la única

mi amada

y siempre atendía un tipo y decía

¿Quién es?, y yo

¿Está Adriana?

¡Pero quién es!

decía la voz, y yo

decía:

Soy El Caramelito,

¿puedo hablar con Adriana?