¿Cuál es
el colmo de la miseria?
Ver tv, series.
¿Qué virtud valora más en las personas?
Que no militen por abstracciones, fantasmas.
¿Qué es lo que más le gusta hacer?
Perder el tiempo.
¿Dónde querría usted vivir?
En
Lambaré, donde vivo actualmente.
¿Cuál es
su ideal de la felicidad terrestre?
Que nadie me moleste.
¿Con qué
errores tiene la mayor indulgencia?
Con ese que
busca el reencuentro con la vida, pujando por obtener en cada intentona la
perla de los Gnósticos.
¿Cuáles
son los héroes de novela que prefiere?
Watt de Beckett, cualquiera de Los posesos de Dostoievski, Jorge Malabia de
Onetti, Dagoberto bizco, monópodo y folísofo de Murena. Tyaratyondyorondyondyo,
joven de extraordinaria
belleza que según un cuento herero fue asesinada por la envidia de las otras
jóvenes igualmente bellas, pero, como dicen los pastores,
Tyaratyondyorondyondyo sobresalía como el dedo del medio entre las demás. (Antología
negra, Cendrars).
¿Cuál es
su personaje favorito de ficción?
Ese Archibaldo de la Cruz noir de Obsession (Hidden room) de Edward Dmytryk,
1949, se trata de un marido cornudo que decide disolver al amante (su amigo) de
su bella e infiel esposa.
¿Cuáles son sus heroínas
favoritas de la vida real?
Las mujeres cheyennes –tiernas y amables madres y esposas en la vida
diaria- salen con cuchillos para mutilar los cuerpos de los enemigos muertos.
¿Su pintor
favorito?
Los trogloditas que pintaron los caballos de Chauvet
¿Su músico favorito?
Cualquier músico africano, el tecladista etíope Hailu Mergia, el antropólogo y
cantautor camerunés Francis Bebey o Traoré Amadou llamado Ballaké (Burkina
Faso).
¿Su cualidad preferida de los
hombres?
El
silencio.
¿Su
cualidad preferida de las mujeres?
“Una mujer con quien beber y morir”.
¿Su virtud preferida?
Virtud del
rey Arturo para ver el miligramo milagroso.
¿Cuál es su ocupación
preferida?
≪Que en la monótona e interminable
serie de vocablos carentes de sentido‚ en determinado punto‚ encuentre la
palabra mágica‚ aparentemente similar a todo el resto≫
¿Cuál es su idea de la
felicidad perfecta?
No salir nunca de la pobreza, venero de la fantasía.
¿Cuál es su miedo más grande?
Un planeta donde se prohíba tomar cerveza y coger con mujeres.
¿Cuál es el rasgo que más
deplora de usted mismo?
La curiosidad.
¿Cuál ha sido su mayor
atrevimiento en la vida?
Ninguno.
¿Cuál considera que es actualmente la
virtud más sobrevalorada?
La indignación digital.
¿Qué es lo que más le disgusta
de su apariencia?
Su virilidad hirsuta y heathcliffiana.
¿Cuáles son las palabras que más usa?
Nambré (no me vengas con eso)
¿Qué es de lo que más se arrepiente?
No
haber aprendido a andar en bici y nadar y manejar un coche.
¿Quién habría amado ser?
El viento en un bosque de b0ambú y tacuaras.
¿El rasgo
principal de su carácter?
La
inconstancia.
¿Su sueño
de felicidad?
Que el canto
de mis luchas cotidianas, no muera. Que sea cantado siempre y viva más tiempo
que todos los reyes y tiranos y héroes.
¿Cuál sería su mayor desgracia?
Haber nacido.
¿Su principal defecto?
El aburrimiento, todo termina aburriéndome.
¿Eso que querría ser?
Yo
a los 16 sin granitos en la cara.
¿El color
que prefiere?
El rosicler, el rosado del amanecer.
¿La flor
que más le gusta?
Las de los cactus.
¿El ave
que prefiere?
El chingolo lugonesiano o el colibrí (mainumby
o mainó) mbya guarani.
¿Sus héroes en la vida real?
Arecayá,
Guyraverá, lideres de las rebeliones indígenas de los siglos XVII.
¿Sus heroínas en la historia?
Fanni
Kaplan.
¿Sus nombres favoritos?
Agripina, Eleuterio, Anastasia.
¿Dónde y cuándo es feliz?
Cuando duermo y sueño.
¿Cuándo miente?
Todo el tiempo, ahora.
¿Cuál es su idea de la muerte?
Para los
vivos la muerte no existe; en cuanto a los muertos, no existen ellos.
¿Qué no perdonaría?
No dejarse
matar por las tres obras que veneras.
¿Cuál considera que ha sido su mayor
logro?
Jugar el juego de la vida hasta la última baraja o pieza, a pesar de su
manifiesta trampa y final cantado.
¿Para usted qué es un buen
insulto?
Anus Caín, la de Céline contra Sartre.
¿Cuál es su idea de la
fidelidad?
La del escritor a su escritura.
¿Qué cosas detesta por encima
de todo?
La obsesión
por los fantasmas en el hombre moderno.
¿Personajes históricos que más
desprecia?
Papa
Inocencio VIII, perseguidor de la magia popular.
¿El hecho militar que más
admira?
La
de Gral. Díaz en la batalla de Curupayty, la única victoria paraguaya de la
Guerra Guazu.
¿La
reforma que más admira?
Las leyes germanas que protegían a las mujeres: “El que corta la cabellera
de una jovencita, esta condenado a pagar sesenta y
dos monedas de oro; el ingenuo que ha apretado la mano o el dedo de una mujer
de condición libre, es punido con una enmienda de quince monedas de oro; de
treinta, si le ha apretado el antebrazo, y de cuarenta y cinco si le ha tocado
el seno (si mamillam strinxerit)”.
¿El don de la naturaleza que
quisiera tener?
El
del chamán, todo lo que toca es más bello, sano, grande y fabuloso.
¿Cómo le gustaría morir?
Cogiendo
se dice en Paraguay, tatuári.
¿Estado presente de su
espíritu?
Zen,
Tao.
¿Cuál es su frase preferida?
Macht kaputt,
fue euch kaputt macht! (Destruye eso que intenta destruirte). ¡Que es, por cierto, el estado
actual de mi WhatsApp!
25.11.21
Cuestionario Proust a Cristino Bogado
7.11.21
Bumba meu Boi, por Carlos Rosendo Quiroga
El Atelier del Mestre Lua queda a media cuadra del corazón
del Pelourinho, en San Salvador de Bahía, sobre una callecita lateral que
desemboca en una plaza seca (hay tantas plazas como iglesias en Bahía). Llegué
hasta allí viajando, había estimado en cuatro meses el tiempo necesario para
recorrer los más de ochocientos kilómetros que separan la ciudad de Recife, en
el estado de Pernanbuco, con la ciudad de San Salvador de Bahía, la capital del
estado de Bahía, desde donde tenía el vuelo de vuelta, viajaría sentido al sur.
Ir de pueblo en pueblo, de playa en playa y sin ningún itinerario establecido
era todo el plan. Si la estaba pasando bien me quedaba y si no seguía viaje. El
centro de la Ciudad de Bahía y el Pelourihno son destinos obligados para
cualquier viajero que pase cerca y que tenga tiempo. Fue así que me encontré
recorriendo sus callejuelas laberínticas y sus becos, sintiendo el calor
abrasador del sol en la suela de las ojotas que se me derretían bajo la planta
de los pies, sobre los adoquines calientes. No recuerdo exactamente qué fue lo
que me llevó a entrar al atelier del Mestre Lua, pero entré. Quizás me llamó la
atención que se tratase del taller de un Luthier de instrumentos de percusión,
estaba lleno de ellos, quizás solo buscaba refugio del sol, lo cierto es que
entré. Luego descubriría que Mestre Lua era mucho más que un luthier. Durante
un buen rato miré los instrumentos colgados en las paredes y nadie vino.
Materiales vírgenes por doquier, maderas, hierros, flejes de acero enrollados,
rollos de cuero. Materias primas, pensé. Se destacaba la variedad de pandeiros,
los había con parches de cuero de vaca, de reptil, con aros de madera, lisos,
grabados, con chin chines dorados o chin chines negros. También había
tumbadoras de varios tamaños y diámetros, congas y requintos por todos lados.
No toqué ninguno, solo imaginaba como sonarían. Pasado un buen rato seguía solo
y como estaba cómodo e interesado no me importó. Creo que cuarenta minutos
después apareció desde atrás de una cortina un flaco, alto, desgarbado, de pelo
muy corto, de modales temblorosos y mal quemado por el sol, que en un
dubitativo portuñol intentó venderme algo.
–Hablo español. Lo
interrumpí.
–Ah, bueno, ven vámonos,
¿Cómo andas? Soy Mosquinha. Se presentó y
me dio la mano.
–Vamos a tomar una pinga
al bar do Guma, ahora Mestre Lua está encerrado trabajando y no hay que
molestarlo.
Hasta ese entonces
solamente conocía las pocas manzanas que rodean la entrada al Pelourinho y los
alrededores de la estación del ascensor Lacerda. Mosquinha empezó a caminar
para el lado contrario, bajando la ladera, alejándose de la ciudadela, en
dirección al mar. El Pelourinho está arriba de un morro, es por eso que hay que
tomar un ascensor comunitario de una sola estación que transporta a la gente
desde el nivel del mar, donde se halla casi toda la ciudad de Bahía, hasta la
ciudadela colonial en la cima, el Pelourinho. En los alrededores viven
mayoritariamente quienes trabajan en este circuito turístico. Desde los
empleados de hoteles y restaurantes hasta guías
personales o traductores ocasionales a la pesca de alguna oportunidad.
La situación me inquietó, no es recomendable caminar por lugares desconocidos,
en país ajeno y recién llegado, pero la confianza de Mosquinha me animó a
seguir. Caminábamos rápido y de cabeza gacha, casi no hablamos en todo el
trayecto hasta llegar al bar, otro bar más en Brasil, pero en este nos
recibieron con los brazos abiertos. Por la forma en que Mosquinha saludó a
todos hacía tiempo que se conocían.
–Hace casi dos años pasé
por acá y me quedé trabajando para el Mestre Lua –me dijo, y se tomó el primer
trago de un sorbo. Tomábamos pinga (cachaça) cortada con un chorrito de
Martini. De una y sin sal. Yo necesité tres o cuatro sorbos para terminar el
mío. Se siente cómo el alcohol recorre el esófago por dentro y lo va quemando
mientras baja hasta el estómago, genera
una contracción en los músculos del cuello y escalofríos en la nuca. Pero a
Mosquinha no parecía causarle el mismo efecto. Después supe que para él era la
cuarta ronda del día antes de planificar lo que haría a la noche.
Nos llevamos bien de
entrada. Hablamos largo y tendido mientras atenuábamos el sacudón del Rabo
de galho con cerveza fría.
–Tenés que conocer
Arembepe. ¡Flipante!
Le hice caso y fui, pero
esa es otra historia.
Me contó sus viajes y yo
los míos, que eran menos y mucho menos interesantes. Había nacido en Barcelona
pero hacía bastante tiempo que no volvía a España. Así, sin arraigo en ningún
lado, se dedicaba a viajar por el mundo. O por esta parte del mundo. Estaba
cómodo y ocupado en el Pelourinho trabajando para Mestre Lua y con eso que
ganaba alquilaba una pieza a pocas cuadras del bar.
–Cuánto más te alejas del
centro, más barato es el hospedaje –me decía.
Quedamos en vernos al
otro día en el taller para ayudarlo con el trabajo que Mestre Lua le había
encomendado.
Amanecí con dolor de
cabeza, mucho dolor de cabeza, tanto que me costó más de lo habitual
recuperarme. Llegué justo al mismo tiempo que Mosquinha salía para la calle de
las telas a comprar retazos o cualquier cosa que sirviera para darle vida y
color al toro. Sin más preguntas lo seguí, antes de llegar hicimos una parada
táctica en lo de Guma. Conseguimos unas bolsas con retazos de Lycra de colores
brillantes y unos apliques de fantasía con espejitos dorados y miniaturas de
ángeles y santos, todo finamente engarzado en una cadenita de plata. Con todo
eso encima volvimos al taller, pasamos directamente al fondo y vimos que Mestre
Lua había salido hacía poco, el barril de aceite donde templaba los aros de
acero de los tambores todavía humeaba.
–Ya volverá. Venga tío,
vamos a trabajar.
En el centro del taller
se erguía un gran Toro que dominaba toda la escena, estaba construido con el
cuerpo de un viejo sillón de mimbre, una calabaza seca con dos pedazos de cuero
a los costados que hacían de orejas, dos zanahorias de cotillón como cuernos y
un rabo de tela desflecada. El trabajo consistía en hacer pasar un hilo entre
la trama del mimbre y atarle tiritas de tela sujetas desde una punta y repetir
esta acción todo alrededor del cuerpo, de modo que al moverse bruscamente de un
lado a otro, generara un efecto de movimiento solapado. Los espejitos, los
colores brillantes de la Lycra y el sonido de los Chin Chines de chapa
completaban la ilusión. Pasamos toda la
tarde tomando cerveza y atando tiritas de tela y cadenitas de fantasía al
cuerpo del toro. Le hicimos una montura de cartón y cuero, cubrimos la parte de
abajo con una esterilla de mimbre para que no se vieran los pies de quien lo
guiaba. Llegó la hora de irnos al bar,
pero esta vez nos fuimos con la conciencia tranquila de haber terminado el
trabajo para Mestre Lua. Esa noche entendí que en realidad habíamos hecho un
trabajo para toda la comunidad. Pedimos otro Rabo de galho y lo tomamos
de un sorbo. Esta vez sí pude. Hacía cuatro días que estaba en Bahía y todavía
no conocía la playa.
Es el día de Bumba meu
boi y todo está listo. Una cachaça, una cerveza y Mosquinha se perdió para
siempre bajo el toro. Salimos del taller. En la puerta un nutrido grupo de
gente nos esperaba, turistas, curiosos, varios con tambores, birimbau o
simplemente cotillón. Ni bien vieron asomar los cuernos del toro los niños
comenzaron a correr alborotados alrededor, orgullosos de poder desafiarlo,
saltando y esquivando los embistes. Había empezado. Entre cantos y plegarias
recorrimos durante horas las calles del Pelourinho, dando vueltas, pasando
varias veces por el mismo lugar, riendo, cantando y esquivando las embestidas
de un toro que no se cansaba en sus intentos de conseguir cornear a alguien.
Mosquinha soportó estoico toda la noche hasta que paramos en una plaza y se
armó una ronda. Cantos de Birinbau, temblores de Caxixi, la danza
de los que luchan. Así como lo hicieran siglos atrás los habitantes negros del
Recóncavo Bahiano, con Besouro como guía y un infierno en sus espaldas curtidas
a cuero y planazos.
La ronda siguió toda la
noche, y probablemente toda la mañana siguiente, pero yo me fui a dormir.
Cuando me acerqué a despedirme de Mosquinha le dije que había decidido irme a
Arembepe, decisión que festejó y me invitó a beber una vez más. Antes de irme,
alguien me tomó del brazo y me dijo al oído en un susurro:
–Lembre desta noite,
vai levar con você
a Exu a vida toda.
No alcancé a verlo del
todo, sólo un reflejo de luna sobre la frente y los hombros. Se mezcló entre
los capoeiristas que cantaban y reían mientras se tiraban patadas forzadas e
imposibles de descifrar.
Y me fui.
6.11.21
Al filo del tiempo, por José Fraguas
(Sobre El pasado irreal de Jorge Quiroga)
|
¿En
qué consiste la irrealidad del pasado a la que hace referencia el título del último
poemario de Jorge Quiroga? ¿Es irreal porque es construido y por eso inventado y
quizás literario? ¿Será real entonces el presente? O se tratará más bien de un
tiempo verbal nuevo, un pretérito que no es perfecto ni imperfecto sino irreal.
Quiroga no da una respuesta o da muchas y logra que la poesía hable como ella
sabe de cosas como el tiempo, el espacio y la memoria.
Para
Quiroga el pasado es un conjunto de fragmentos que como los trozos del vidrio
roto de la ventana de la cocina que aparece en uno de sus poemas: “se mantienen
en un equilibrio inestable / pueden lastimar / o quedarse inmóviles”. Y su
poesía explora con sobriedad porteña los bordes dentados del fragmento: “Los
restos tienen una fuerte atracción”, la recurrencia de lo que no está y sin
embargo persiste negado con inquietante intensidad: “Teresa está en algún lado
de la casa / y ya no dirá lo sabido / porque no espera en la puerta / como
siempre”.
La percepción tiene sus tiempos. Al mirar involuntariamente, poco antes de dormir o medio ya sumergiéndose en el sueño, se capta algo, de súbito y tan solo un instante: “Hay un momento/ que esa presencia / asoma prendida / por alguien / que entorna una puerta / estremecida y solitaria”. También en la morosidad del recién despierto aparece una mirada nueva que se detiene en la actitud de los muebles o el modo en que entra la luz a la habitación de siempre.
Soñadores,
insomnes, locos, videntes y alucinados
pueblan la poesía de Quiroga. “Qué ve que nosotros no vemos”, es el
primer verso de uno de los poemas. En lo
no dicho, lo presentido, lo sospechado, lo silenciado parece haber algo más
significativo que cualquier afirmación directa pero esa huidiza verdad solo
permite ser entrevista, rodeada.
El pasado irreal efectúa también
un asedio poético de los espacios, privados y públicos, íntimos y compartidos
así como de las fronteras más o menos borrosas que los separan. Hay una
exploración recurrente de los lugares, la ciudad, las calles, la casa, la
habitación. Desplazarse por la vereda es como pensar, hablar o escribir. A
veces se camina sin sentido como quien divaga pero también se toma contacto con
el afuera, con los otros a los que se observa y registra. En algunos textos las
individualidades se diluyen en un conjunto de siluetas: “se aglomeran en la
calle estrecha/ todo tipo de vagos”. Pero de vez en cuando alguien recibe una luz
cenital que lo vuelve personaje, una nena que juega sola, un anciano que se
protege del sol. Hay algo de Van Gogh en el modo en que son retratados esos
seres, por las pinceladas espesas pero también por la capacidad de entrever y
mostrar su pulso interior. Alcanzan dos palabras para definir a un personaje,
“maestro insólito”, por ejemplo.
Hace
siglos un poeta español afirmó que ante la fugacidad del tiempo, si juzgamos
sabiamente, “daremos lo no venido por pasado”. La poesía de Quiroga lejos de ver pasado en el futuro, encuentra
en lo vivido, a través de los diferentes modos del recuerdo y del olvido pero
también en la rica diversidad de miradas posibles, desde el registro objetivo
al delirio, un material que relampaguea iluminando lo sentido, lo vivido y lo
posible.
Tomado de: Escritos en las mangas
17.10.21
Revelación de un mundo, por Ezequiel Alemian
(Sobre Informe sobre Moscú, de José
Sbarra, Palabras amarillas, 48 páginas)
A fines de 1990, José Sbarra (1950–1996) se encuentra en la Unión Soviética.
Viajó hasta allí para terminar el guión de una película que se hará con su
novela Marc, la sucia rata (1988),
y para negociar la traducción al ruso de ese libro y de dos de sus títulos
infantiles. Lo entrevistan para el Pravda, ofrece conferencias de prensa, es
invitado de honor en estrenos diversos, se aloja en hoteles históricos y pasea
en comitiva, con un intérprete, por Moscú y Leningrado, o Petersburgo, porque
entonces nadie se pone de acuerdo sobre el nombre de la ciudad.
En la televisión escucha repetirse todo el tiempo una palabra: “perestroika”.
El ruso le suena a música. Escribe un diccionario fonético en el que anota cada
término que aprende. “Pañiatna, pañiatna, spasiva” (“Entiendo, entiendo,
gracias”). Se inyecta opio con una jeringa de quince centímetros, toma unos
hongos que le regala una pareja de artistas y fuma marihuana para no aburrirse.
Su amante ha preferido quedarse en Buenos
Aires. Sbarra lo extraña, se mortifica con la idea de que su pareja esté con
otro, presiente una ruptura. La situación, la distancia que los separa, lo
atormenta. “Todo Moscú con sus cuervos y su nieve, con sus ramas dolorosas, me
recita a los oídos: suicídate.”
¿Dónde está el escritor? Sbarra ha superado, o ignorado, esos
ilusionismos formales. Su escritura es de una observación casi pura, no en el
sentido descriptivo de los naturalistas, sino en el sintético que adquieren las
imágenes en la mejor poesía.
“Informe sobre la situación en Rusia” es el título que encabeza este texto
brevísimo: veinte páginas, escondidas en veintitrés incisos y un epílogo. Informe sobre Moscú es el
título que figura en la tapa del libro. Son formulaciones similares pero
distintas: una hace referencia a lo general del contexto, la otra puede
pensarse más en términos personales. “Informe” puede leerse bajo dos acepciones: como “noticia
sobre algo” o como “sin forma”, o “de forma vaga”, pero en este caso en
particular, las acepciones deben combinarse: “Noticia sobre algo, de forma
vaga”.
Sobre la escritura del texto, Enrique
Symns elogió que le resultara ingenua, obvia y enunciativa. Es que,
de manera refleja, cuando uno lee ficción, espera encontrar en el texto un
espesor literario, una suerte de intermediación estetizada que nos detenga en
el saber hacer del escritor, en los devaneos de la velocidad enunciativa. No
encontrar ese espesor nos decepciona. ¿Dónde está el escritor? Sbarra ha
superado, o ignorado, esos ilusionismos formales. Su escritura es de una
observación casi pura, no en el sentido descriptivo de los naturalistas, sino
en el sintético que adquieren las imágenes en la mejor poesía. Informe sobre Moscú parece un
texto escrito hoy por un joven de veinticinco años. Ha triunfado el
capitalismo, y lo que campea a su alrededor es “el horrible estilo de los que
han dejado de amar”.
Tomado de: Los
Inrockuptibles, abril, 2014.-
4.10.21
Cuestionario Marcel Proust a Roberto Papateodosio
¿Cuál es tu idea de la felicidad
perfecta?
Prefiero la idea de plenitud en la figura de un libro, o una música.
¿Cuál es tu miedo más grande?
Perder
mi biblioteca.
¿Cuál es el rasgo que más deplorás de vos
mismo?
La
ingenuidad.
¿Cuál considerás que es actualmente la
virtud más sobrevalorada?
Si
está sobrevalorada no es virtud.
¿Cuáles son las palabras
que más usás?
Son
tres: “genial”, “imprescindible” e “inhallable”.
¿Qué es de lo que más te arrepentís?
De
no haber comprado libros que hoy están agotados.
¿Cuál es tu posesión más preciada?
Tengo
varias: obras de Sergio de Loof, o Vicente Grondona. Muchos libros en primeras
ediciones; creo que elijo el Fata Morgana
de André Breton, ilustrado por Wilfredo Lam. Regalo de Francisco Garamona.
¿Cuál considerás que es la peor miseria?
La
mediocridad.
¿Con qué personaje histórico te
identificás?
NS/NC
¿Cuál es la cualidad que
más te gusta de una mujer?
La lucidez.
¿Cuál es la cualidad que más te gusta de
un hombre?
La
generosidad.
¿Cómo te gustaría morir?
Cayendo
aparatosamente, aferrado a un cortinado de terciopelo rojo en una película de
Visconti.
¿Dónde y cuándo sos
feliz?
Cuando
estoy rodeado de amigxs y libros.
¿Cuál es el rasgo de personalidad que
menos te gusta de un hombre?
El
egocentrismo.
¿Cuándo mentís?
Cuando
es necesario.
¿Cuál es tu idea de la
muerte?
Como
dormir sin soñar.
¿Qué no perdonarías?
La
traición.
¿Qué te hace llorar?
La
composición The Two Lonely People de
Bill Evans.
¿Cuál considerás que es
tu mayor logro?
Lograr
distanciarme de lxs mediocres.
4.9.21
Todos los días en la vida de una mujer, por Pablo Moreno
Apuntes a la ligera sobre Ash is a purest white (2018) de Jia Zhangke
Sound affects
En Ash is a purest white (2018),
último opus del realizador chino Jia Zhangke, los miembros del jianghu se
reúnen a mirar películas de triadas hongkonesas. Más precisamente The Killer (1989) de John
Woo. Rituales de representación que llegan del cine, lejos de la acción a gran
escala de la narrativa cine del propio Woo (o de Johnnie To), aquello que
se importa es el gesto de camaradería. Gánsteres de poca monta liderados por
Bin, un afable mediador que regentea un club de baile de salón y que por supuesto,
no llega a tener el anonimato de una discoteca, en donde los habitúes se
entusiasman con YMCA de Village People. En Unknown Pleasures (2002) retrataba la discoteca
con idéntica alegría con una cita a Pulp
Fiction de Tarantino. En Mountains my depart (2015), Tao (Zhao Tao)
liberaba sus frustraciones, la definitiva separación de su hijo, bailando bajo
la nieve al compas de Go West de Pet Shop Boys. La jianghu de Ash… lima sus asperezas y
sellan la amistad brindando una mezcla de bebidas que cada miembro arroja en
una fuente de plástico. Entonces la banda de sonido arroja la melancólica
canción de The Killer interpretada
por Sally Yeh. Y en ese gesto, Zhangke aleja al film de un mero retrato
de mafias de la China continental.
Todo lo sólido se desvanece en el aire
El marco de Ash… es la ciudad de
Datong, una ciudad minera en vías de desaparición. Culpa de la baja del precio
del carbón y de los negociados que ejercen las autoridades locales, que el
padre de Qia denuncia en la radio local, extenuado y alcoholizado, una voz que
resuena sin que nadie la escuche. El acelerado proceso capitalista produce
ciudades fantasmas.
Ciudades que terminan sumergidas como Fengjie en Still Life/Dong (2006),
díptico de ficción y documental, en donde se narra la desaparición de la
mencionada ciudad por la monstruosa construcción de la represa de las Tres
Gargantas.
La ciudad del parque temático de The World (2004) es el telón
de fondo del hiperdesarrollo y la industrialización que hacía trizas toda
posibilidad de afecto.
En Platform (2000), un grupo de artistas de un colectivo que
trata de adaptarse a la privatización de las prácticas heredadas de
revolución cultural china. Los cambios se manifestaban casi imperceptiblemente,
Desde las temáticas de las obras, el vestuario y la música hasta que la
ciudad impone toda su presencia.
Lugar común es señalar que Zhangke es el gran narrador de la transición al
mundo capitalista de China. En estos films los cuerpos son sometidos al plano
general. Solo los primeros planos nos recuerdan que quienes habitan ese espacio
son obreros. Y que esos rostros anónimos son avasallados por el peso de la
Historia, un espacio que narra, un espacio que disemina figuras en un paisaje
que todo lo avasalla, que provoca migraciones internas, que destruye
comunidades, que la experiencia moderna de la China contemporánea es la
vulnerabilidad ante la fuerza del cambio.
Esta salvaje oscuridad
Desde Unknown pleasures, la violencia en
el cine de Zhangke era un estado latente con ribetes trágicos. En A
touch of sin (2013) lo implícito cede a un realismo desbordado, a una
puesta visceral. Imposible que la china contemporánea no haya transmutado a una
ferocidad salvaje.
La jianghu de Ash…sucumbe ante la furia de nuevos grupos que buscan
controlar una ciudad ya corrompida. Uno de los miembros es asesinado por
oscuros negocios inmobiliarios. Bin primero es advertido con un golpe hecho con
caño de plomería. Los jóvenes encarnan ese panorama brutal tratando de
desbancar a un Bin mira el presente con cierta perplejidad e ingenuidad. Llevar
un arma no implica emplearla. Luego será desfigurado por un grupo de
motociclistas en una emboscada. Quien entiende esos cambios es Qia. Un disparo
en el medio de la noche impide que maten a Bin. El arma es ilegal. En ese acto,
Tao ingresa al jianghu, en el silencio, en no delatar a su amado. La cárcel
implica asimilar el código.
Melo
Los rostros del melodrama hongkonés configuraron el
melodrama del cine Wong Kar Wai. Un sistema basado en la fidelidad a los
actores que encarnaban esas historias. Tony Leung y Maggie Cheung encarnaron el
tríptico conformado por Days of Being Wild (1991), In
the mood for love/Con ánimo de mar (2000) y 2046 (2004).
Los años transcurridos entre una obra y otra no imposibilitó que la historia de
esos personajes se siguiera escribiendo en el tiempo.
No es osado decir que Zhangke haya construido una idea de reformulación del
melodrama a partir de la historia de la China contemporánea. Qia es un rostro
joven, novia de un mafioso en Unknown pleasures (2000). Luego
aparece tratando de comunicarse con Bin en la represa de las Tres Gargantas
en Still Life (2006). Aquella comunicación que parecía
truncada reaparece en Ash… (2018). Qia es enviada a la cárcel.
Vuelve a buscar a su amado, es engañada por una pasajera, embauca a un
empresario en un hotel, sufre y sobrevive. Qia es encarnada por Zhao Tao en
todos estos films. Su personaje es el punto donde confluyen todas las
perspectivas del melodrama y que ya confluían en el protagonista de su
film anterior Mountanis my depart, su primera incursión en el
género y obviamente también protagonizado por Zhao Tao, quizás uno de los
rostros más bellos y expresivos de lo que podríamos denominar como una cierta
idea de cine contemporáneo, porque Jia Zhangke es un narrador de cine y no un
formulador de nuevas narrativas. La familiaridad del personaje de Qia nos dice:
la Historia como un melodrama y el melodrama como Historia. Tamaña ambición de
contar a través de un género popular la vida en la china contemporánea no solo
refleja un gesto inusual del cine político de Zhangke (sí, Zhangke hace films
políticos). Da un paso más allá que narrar el estado de las cosas. Es narrar la
vida de una mujer. Una sensibilidad cargada de futuro.
12.8.21
Literatura del escándalo, por Javier Fernández Paupy
Todas
las noches escribo algo (Mansalva, 2021), libro
póstumo de Carlos Correas, se lee como una autobiografía o, por lo menos, da cuenta
minuciosa de la vida de un autor inigualable. En este tomo están los elementos para
descifrar su obra con más perspectiva. La época en la que vivió, sus lecturas,
su derrotero en el universo revisteril de su tiempo, la aventura y el
conocimiento de un querer citadino, su soledad, su sexualidad, su afición al
diario como un registro y trabajo sobre sí mismo, la práctica de la
autobiografía novelada, su amistad con Masotta, sus lecturas de Sartre, Arlt y
Borges, sus traducciones de Kafka, Kant, Kierkegaard. Es un contrapunto único
para entender la obra de Correas. Compilado por Jorge Quiroga y Federico Barea,
el libro está divido en seis apartados. Asistimos a una disección temática de la obra de Carlos Correas.
La literatura de Correas apunta en contra del aburguesamiento. «La literatura
agoniza por exceso de críticos» anotaba a sus veintidós años, cuando reseñaba una
novela de Valentín Fernando para la revista de Héctor Murena, Las ciento y una. En esa nota que hoy se
lee como un manifiesto, el joven Correas proponía su programa de escritura en
contra de una literatura anodina: «Nuestra tarea de escritores debe abarcar la totalidad sintéticamente.
Nuestras obras deben asustar, crear dolores de cabeza, preocupar, ponerlo todo
en cuestión. Es, por supuesto, una literatura del escándalo. Una literatura de
suicidas para suicidas. Podríamos decir, que la nuestra tiene que ser una
literatura homeopática, es decir, que cure los males con los males mismos. Y
debemos hacerla con todo rigor, inflexiblemente, sin pedir ni dar tregua ya que
no tenemos otra manera de amar a nuestro público y este es nuestra única
esperanza».
En este libro vemos la transformación de la mirada de un autor. Desde esos
textos tempranos y belicosos, al aplomo minucioso y mordaz con el que
desacredita malas traducciones, hace exégesis de distintas versiones de
traducciones de Marx, elogia casos aislados como la traducción incompleta de El idiota de la familia que hizo
Patricio Canto. Correas se burla de traductores a los que
define de “garruleros y botarates”. Con gracejo destruye la impericia de las
malas traducciones y de los divulgadores de mala estofa. Así, anota: «La
traducción de Manuel Lamana, en 1963, de la Critique de la raison dialectique (edición
francesa de 1960), para Editorial Losada, es execrable y sólo puede llevar al
lector a la idiotez». También dice con desacato: «De Ruggiero
sufre de pereza mental y confusionismo y ramplonería y se desliza al inevitable
parasitismo que brota “como hongos” en todo movimiento filosófico que cobra
influjo espiritual». Agresión, ironía, burla, sentido profundo, talento.
Para mí, Correas es el heredero absoluto de Roberto Arlt. Carlos Correas es un
escritor del futuro. Y las generaciones venideras lo van a seguir descubriendo.
Van a encontrar la fuerza y la precisión de su escritura para dar cuenta y
reponer las condiciones materiales de una época y su mirada singular de la vida.
En una entrevista con Jorge Quiroga, Correas dice sobre Arlt: «Desde y por
Arlt sabemos que hasta ahora no hay cultura argentina posible si no comienza
ejerciéndose en el elemento de la violencia opresiva y la prepotencia. Y que
toda respuesta a esa situación deberá fundar y practicar la cultura a través de
la contraviolencia y la contraprepotencia. Contra los cultos que necesariamente
nos violentan y los violentos que necesariamente nos cultivan, no seremos
cultos de otro modo ni haremos otra cultura si no violentamos y prepotenciamos
a nuestra vez». Correas entiende que «Arlt, (…) nos divulgó que el secreto de
la cultura yace en la violencia». La tragicidad de su obra y de su vida
aparecen en sus personajes pero también se desliza en sus comentarios críticos.
La presencia de la muerte como un reconocimiento ineludible. La posibilidad del
suicidio como una voluntad soberana.
Correas, lector de Kafka, analiza la obra del checo desde categorías
singulares: detalle, amor, deseo, clarividencia, alienación, soledad,
prostitución, el mundo. Correas afirma que «habría que vivir 300 años para leer
todo lo que hay que leer». Y en esa entrevista publicada hace más de veinte
años en El ojo mocho muestra sus
intereses como lector y sus relecturas. Casi nada de “novedades” y la
insistencia de unos pocos autores. Se podría pensar que el característico y minucioso detallismo de Correas
que sugiere con la descripción material la atmósfera moral muestra en sus
crónicas de la televisión argentina la decadencia de nuestra civilización.
Mariano Grondona, Mario Pergollini son los títeres de turno para mostrar la
idiotez de nuestro Gran Guiñol espectacular y sin vida de la decadencia local. Me
parece que el lenguaje claro y limpio de Correas, su registro variado y
preciso, su tono reconocible, ese es su estilo y lo llevó a todas partes. Hay
algo que me parece absolutamente extraordinario en Correas y es su capacidad de
decirlo todo en un lenguaje llano no exento de profundidad. Haber dejado por
escrito, en clave autobiográfica, lo que cualquier otra persona que aspira a la
decencia burguesa se cuidaría en ocultar.
Es un lugar común pero no por eso menos cierto decir que hay editoriales que
publican libros para un público que existe, mientras que hay otras que arriesgan capital económico y también
simbólico para un lector que quizás todavía no existe. Habría que decir que los
textos que estaban dispersos de Carlos Correas, ahora reunidos en un libro
editado por Mansalva, me lleva a pensar en esos lectores y esas lectoras que
todavía no existen. Como en su momento fue un hallazgo de la editorial la
publicación de Los jóvenes (2012). Estaba
faltando este libro que ahora existe con el título de Todas las noches escribo algo.
A la vez ya existía pero no en forma de libro sino como una suma de textos
dispersos que un grupo reducido de lectores apasionados ya conocía. Es un libro
fundamental para nuestro presente y también para las futuras generaciones.
3.6.21
Retrato de Germán García, por Jorge Quiroga
Cuando nos encontrábamos en el edificio de la esquina de Billinghurst y Tucumán
siempre nuestros recuerdos nos llevaban a tiempos lejanos de la juventud y a
circunstancias que vivimos en común. Fuimos cambiando: hijos, exilios,
aventuras, distancias, pero en el fondo éramos los mismos.
Germán mantuvo inalterable una forma peculiar e irrepetible de humor entre
incisivo y ocurrente, se reía de los demás, de todos, y lentamente conducía la
situación, la lógica, lo vivido, inventando un absurdo desopilante con la cual
intentaba el hecho que se debía pensar todo de nuevo, y poner en discusión lo
que parecía evidente.
Claro que el objetivo estaba dirigido al ocasional interlocutor, lo que
producía un mareo que él sorteaba con una sonrisa cómplice como si estuviese
razonando, y fuera el otro y no él el involucrado. Todo terminaba en mutua
aceptación.
Leer y escribir literatura fue su pasión desde la adolescencia. El lector voraz
en que se convirtió lo transformó en un buscador de sentidos. Por lo que pronto
transformó su imagen de rebelde en un intelectual en entender al mundo convulsionado
que le tocó vivir, con una forma de ver peculiar e irreverente. Fue de esa
manera, por decisión propia, y se hizo así de una manera de una voluntad
incontrolable. El camino que tomó fue muy suyo y nadie lo podía prever.
Su novela inicial, Nanina, que
escribió dos o tres veces en distintas versiones, fue autobiográfica y de
ruptura, traía una forma nueva que podemos enunciar LITERAL.
Ahí se
decían cosas no dichas, que inauguraban una forma de concebir a nuestra
literatura y que tuvo en Germán un propulsor y un teórico de su propio gesto
literario. Este se postulaba como una interrogación.
Germán publicó Nanina a los
veintitrés años, y se puede decir que rápidamente pasó a ser otra persona.
Recuerdo el tiempo y la vida en aquellos años.
Germán deambulaba por la ciudad, escribía continuamente y leía sus relatos y
fragmentos de la novela, ante incrédulos parroquianos, sorprendidos por su
efusividad.
El texto se iba escribiendo, las cartillas se pasaban a máquina en una vieja
casa en donde anclábamos en la calle Gorriti.
La pensión (Uruguay y Corrientes) y la librería “Faustito” y los cafés
consistían en espacios donde se debatía la contundencia que debía tener la
literatura.
Después vinieron hechos sociales y políticos que conmovieron el país. Años de
lucha contra el autoritarismo.
Germán a partir de su experiencia e inteligencia leyó a esos acontecimientos en
soledad, pero con enormes angustias.
De alguna manera interpretaba con humor todo eso, en parte tenía razón y
comprendía el significado de ellos convulsivamente.
Su perspectiva era satírica y en esos momentos eufóricos de nuestra historia
social y política (que tenían tantos altibajos) la mirada de Germán siendo muy crítica apuntó
a la farsa que se estaba desarrollando conservando una distancia provocativa y
divertida.
Esa dimensión preveía el humor y remarcaba su polémica con la época histórica
que le tocó vivir.
Como si fuera un exilado que miraba lejos ante las estridencias de una
verdadera pesadilla. Ese humor punzante lo mantuvo despierto y no se dejó
engañar respecto de la significación de
lo que estaba ocurriendo. Su inteligencia se ponía a prueba ante el fragor de
los hechos, que no eran tan reales sino míticos. La idea de la revista Literal la pensó como un proyecto de
largo alcance que de alguna manera tenía mucho sentido. Una voz disonante,
risueña, que recogía toda una tradición oculta (Macedonio, Gombrowicz) lo no
dicho, la exaltación. Lo onírico de la situación, la lingüística, la escritura
dislocada y fragmentaria, el barroco, todas las formas posibles.
La literatura como oposición y estilo
personal.
Germán dictaminaba en los bares y cafés de la calle Corrientes, donde se
escribía y se debatía los misterios
indebidos e insidiosos. Germán en esta efímera publicación (tres números dobles
tamaño libro) se entusiasmaba pasionalmente, era su aventura, y lo seguía un
pequeño grupo de compinches.
Macedonio Fernández, la escritura en objeto
y Gombrowicz, el estilo y la heráldica
constituyen ensayos que son resultado de esa experiencia, de pensar, diseñar y
de discutir. Este era el verdadero legado de la revista.
Paralelamente Germán fue consolidando una narrativa novelística que siempre
busca desentrañar la trama que la convoca (Nanina,
Parte de la fuga, Perdidos hasta Plaza Miserere) se puede decir que hay varias vías de acceso para
llegar a la construcción de su relato. Invadía y conquistaban con la
manifestación de su agudeza. Se plantea
con su discurso desmesurado ante cualquier grupo de personas y se imponía
porque evidentemente explicaba con sus palabras algo no convencional, que
desorientaba pero que hacía pensar las cosas con una lógica muy particular.
Se entretenía con la gente demostrando que su interés podía ser insaciable.
Se lo conoce además como psicoanalista, y en ese campo fue muy destacado.
Al estudio de la obra de Freud y de Lacan dedicó mucho tiempo y fue montando un
complejo sistema de lecturas que era
parte de su formación y de las herramientas que comportaban una cosmovisión del
mundo y de los hombres. Nunca fue esquemático y trató de reflexionar
intensamente sobre las cuestiones de vida, que lo invitaban a intervenir e
interpretar.
Sus colegas y pacientes pueden atestiguar que todo su bagaje estaba a
disposición del otro. Nunca fue indiferente.
Trabajaba últimamente durante interminables horas de concentración, clínica y
estudio, mantenía su mente atenta a los sucesos que vivían las personas.
Germán quizás significó para aquellos amigos que lo conocieron, la existencia
de una entrañable presencia.
Germán García, sujeto impredecible y astuto, no debe ser mitificado porque su
figura necesita pensarse en su exacto rigor.
La frecuencia era su modo y siempre lo consideré como el tipo que poseía una
inteligencia desbordada.
Su amistad, está ligada con mi propia historia y algo de mi asombro se fue con
él.
Germán puede verse en su gesticulación tan expresiva como irreverente.
Al parecer no se rendía ante los sentimentalismos, sin embargo, lo vi frente a
experiencias de vida que desmentían esa seguridad.
Germán García como intelectual, escritor y psicoanalista fue protagonista
principal de las iniciativas más productivas de las últimas décadas.
23.5.21
Una tonalidad verde clarito, por Cyn Alemis
1.
Dos minutos
¿quién apretó mi botón
de autodestrucción?
¿q puedo hacer en estos
últimos dos minutos?
llamar a mamá
y decir
conseguí trabajo en un bar,
soy feliz en mi nueva casa.
organizar una fiesta
y que suene traición
conozco lo mal conozco
lo vil
tirar un aromatizante
campos de lavanda
mix flores campestres
música del hogar
puedo pintar mis uñas de verde
y pensar que es un día perfecto
puedo escribir un poema
puedo matchear con alguien
arreglar una cita
y no ir
puedo arreglar mi placard
y elegir mi último outfit
puedo mirarme
al espejo y sentir
un deja vu
puedo encerrarme
en el baño a llorar
por última vez.
2.
Beso virtual
Videollamadas nocturnas
para recordar que afuera hay abrazos
esperándonos. Chau, te quiero
antes de que salga el Sol
Miro directo a la cámara
para que sientas el calor
de mis ojos un poco más cerca.
Acércate,
pegá la cara
a la pantalla.
Beso virtual.
3.
Dicha y hecha
Una casa enorme
Un perro enorme
Una heladera llena de mandarinas
Dos bicis celestes estacionadas en el medio del living
Una cama de plaza y media con sábanas verdes
Una biblia en la biblioteca
Y siempre un vino arriba de la mesa.
Nos imagino en una infinidad de situaciones
En mi librería favorita pululando entre poetas muertas
Bailando descalzas en Jujuy sobre tierra mojada
Mirándonos a los ojos en un living vacío.
Sol, ternura, primavera, guitarras
Te pienso maravillosa y analógica
Te pienso terrestre y cielo
Te pienso con ansiedad y ganas
Te pienso y resultan absurdas
Todas las canciones que hoy me recuerdan a vos
4. Mirada de fuego
Esa tarde
Cálida y agresiva
En la que conocí
La furia
Sentí las llamas
Del tártaro
Y crucé la puerta
Porque entendí
Que mi presencia
Ya no valía nada
En esa habitación.
5. Esto es para
Esto es para
La orilla del mar
Lloro y quiero estar
En mi casa
Lloro te quiero como
sea
Lloro y rompo todos
los vasos
Del mundo entero
Nadie puede
Volver a tomar agua vino cerveza
Lloro y salgo a dar vueltas
Lloro
No puedo escuchar
Todas las canciones que existen
Lloro
Hoy leí el diario
Ay cisne negro de Flores
Me encanta encenderte
6.
Truena Truena Truena
Pero no llueve
Hoy el cielo