18.11.20

Anne Sexton: Menstruation at Forty

La menstruación a los cuarenta, por Anne Sexton



Estaba pensando en un hijo.
El útero no es un reloj
ni una campana que suena,
pero en el mes once de su vida
siento el noviembre
del cuerpo tanto como el del calendario.
En dos días va a ser mi cumpleaños
y como siempre la tierra ya terminó su cosecha.
Esta vez quiero cazar a la muerte,
la noche a la que me inclino,
la noche que quiero.
Bueno, entonces –
¡Hablá de eso!
Estaba extendido en el útero.

Estaba pensando en un hijo...
¡Vos! El nunca conseguido,
nunca germinado ni desabrochado,
vos el de los genitales que temía,
el tallo y el aliento de cachorro.
¿Te voy a dar mis ojos o los suyos?
¿Vas a ser David o Susan
(Esos dos nombres que elegí escuchando.)
Podés ser el hombre que son tus padres -
los músculos de las piernas de Miguel Ángel,
las manos de Yugoslavia,
el campesino eslavo y decidido,
el superviviente, lleno de vida? -
¿Y podría todavía ser posible
todo esto con los ojos de Susan?

Todo esto sin vos –
dos días de embarazo en sangre.
Yo misma voy a morir sin bautizar,
la tercera hija ignorada.
Mi muerte va a llegar el día de mi cumpleaños.
¿Qué tiene de malo ese día?
Es sólo un ángel del sol.
Mujer,
tejiendo una telaraña sobre vos misma,
un veneno fino y enmarañado.
Escorpión,
araña mala –
¡morite!

Mi muerte desde las muñecas,
dos etiquetas con nombre,
sangre raída como un ramo  
para que florezca
una en la izquierda y otra en la derecha –
Es una habitación tibia
el lugar de la sangre.
¡Dejá la puerta abierta de par en par!

Dos días para tu muerte
y dos días hasta la mía.

¡Amor! Esa enfermedad roja –
una y otra vez, David, ¡me enloquecerías!
¡David! ¡Susan! ¡David! ¡David!
Plena y desaliñada, silbando en la noche,
nunca envejeciendo,
esperándote siempre en la galería...
una y otra vez,
mi zanahoria, mi repollo,
te habría poseído antes que todas las mujeres,
llamándote por tu nombre,
llamándote mío.

Traducción: Lucía Aguirre

 

Menstruation at Forty: I was thinking of a son./ The womb is not a clock/ nor a bell tolling,/ but in the eleventh month of its life/ I feel the November/ of the body as well as of the calendar./ In two days it will be my birthday/ and as always the earth is done with its harvest./ This time I hunt for death,/ the night I lean toward,/ the night I want./ Well then—/ speak of it!/ It was in the womb all along.// I was thinking of a son .../ You! The never acquired,/ the never seeded or unfastened,/ you of the genitals I feared,/ the stalk and the puppy’s breath./ Will I give you my eyes or his?/ Will you be the David or the Susan?/ (Those two names I picked and listened for.)/ Can you be the man your fathers are—/ the leg muscles from Michelangelo,/ hands from Yugoslavia/ somewhere the peasant, Slavic and determined,/  somewhere the survivor bulging with life—/ and could it still be possible,/ all this with Susan’s eyes?// All this without you—/ two days gone in blood./ I myself will die without baptism,/ a third daughter they didn’t bother./ My death will come on my name day./ What’s wrong with the name day?/ It’s only an angel of the sun./ Woman,/ weaving a web over your own,/ a thin and tangled poison./ Scorpio,/ bad spider—/ die!// My death from the wrists,/ two name tags,/ blood worn like a corsage/ to bloom/ one on the left and one on the right—/ It’s a warm room,/ the place of the blood./ Leave the door open on its hinges!// Two days for your death/ and two days until mine.// Love! That red disease—/ year after year, David, you would make me wild!/ David! Susan! David! David!/ full and disheveled, hissing into the night,/ never growing old,/ waiting always for you on the porch .../  year after year,/ my carrot, my cabbage,/ I would have possessed you before all women,/ calling your name,/ calling you mine.

 

Tomado de: The Complete Poems of Anne Sexton (Houghton Mifflin Harcourt, 1981)

 

 

12.11.20

Ese maldito canario, por Ricardo Zelarayán

 



La cosa criolla

 

5 TRABAJO

“¡Pero señor! ¿Para qué voy a trabajar si soy pobre?”

 

30 AL SOL

–¿Qué dice el hombre? ¿Qué anda haciendo?

–Estoy haciendo sombra.

 

53 FORD

“Juancito el Escobero

se compró un auto Ford

Le faltaban las cuatro ruedas

Los asintos y el motor”.

 

60 NADA

“Señor, si usted no tiene nada que hacer, no lo haga aquí”.

 

74 ENIGMA

–Borges, lo primero que le voy a decir es que usted no existiría si Urquiza no hubiera sido asesinado. ¡Usted es Borges de pura chiripa!

–Ajá… ¿De qué provincia es usted?

–Soy entrerriano de Paraná.

–¡Ah!... Mi padre también era de Paraná.

 

 

[Los orígenes de Borges]

 

   Sabido es que el azar dispone en gran medida de nuestros orígenes. Así, Borges no hubiera existido, por falta de antecesores, de no haber mediado un hecho trágico; el asesinato de Urquiza, y su consecuencia inmediata: la revolución encabezada por Ricardo López Jordán al producirse la acefalía del gobierno de Entre Ríos.
   El controvertido coronel, hombre de entera confianza del general, a pesar de las claudicaciones de este último, sobre todo después de Pavón, una batalla que Urquiza tenía ganada de antemano –si lo sabría López Jordán, jefe del estado mayor. “Tenemos que retirarnos”, le ordenó Urquiza sin embargo. El triunfo había sido negociado con Mitre, es lo más probable. Era un renunciamiento en favor de la pacificación del país y una traición para otros. Pero sin entrar en detalles polémicos, al proclamar la Legislatura entrerriana a López Jordán como gobernador y al hacer pública su decisión de asumir el gobierno, Sarmiento, acérrimo enemigo de Urquiza, ordena la intervención armada a la provincia sublevada otra vez contra el centralismo porteño.
   Fuerzas nacionales al mando de Emilio Mitre desembarcan por el sur, el general Conesa aparece en Paraná y Gelly y Obes avanza por el norte desde Goya. López Jordán vuelve a la táctica de las montoneras. Domina cuatro o cinco departamentos entrerrianos. Su fuerte son las apariciones súbitas y los ataques sorpresivos. El primer enfrentamiento se produce en 1870 en El Sauce, departamento Nogoyá, donde es rechazado por las fuerzas de Conesa, en las que combate el coronel Francisco Borges, que meses después sería designado jefe militar de Paraná. Precisamente en esa ciudad se celebra un baile para festejar la llegada de refuerzos para terminar con la rebelión jordanista. Pero ya Fanny Haslam ha visto pasar desde el balcón de su casa al coronel Borges. “A mí nunca me gustaron los petisos, pero cuando lo vi a Pancho por primera vez pensé que me hubiera ido con él incluso sin casarnos”, le habría confesado a su nieto Jorge Luis, según recordó años atrás este último al autor de estas líneas.

 

Tomado de: Ricardo Zelarayán, Ese maldito canario. Compilación y prólogo de Osvaldo Aguirre, Mansalva, 2020

8.11.20

Kafka y su padre, por Carlos Correas



Valga para el caso la siguiente anécdota. Una tarde, no hace mucho, yo caminaba junto a un paredón del cementerio de la Recoleta. Delante de mí, a unos metros, iba una pareja, un matrimonio, probablemente. La mujer llevaba de la mano a una niñita de unos cuatro o cinco años, quizás su hija; estaba absorbida en la conversación con el hombre y desatendía a la pequeña; ésta, de pronto, se inclinó y, sin dejar de trotar a la par de su madre, agarró una ramita de un montón próximo al cordón (los árboles habían sido recién podados). Los tres seguían su marcha, y la pequeña empuñaba la ramita y la azotaba como si empuñara el aire. La madre todavía no lo había advertido, hasta que repentinamente la vio. Medio se detuvo, se cernió sobre la chica y exclamó con voz aguda: “¿De dónde sacaste ese palo?” El acento se empinaba aún más en el “dón…”, en el “…cas…” y en el “pa…”, y el tono era de estupor escandalizado, desconcierto, extrañeza. Una madre demasiado nerviosa, tensa, se dirá. De acuerdo. Pero me interesa el contenido de esa frase. Además de la transformación de la ramita en palo, y a pesar de toda la trivialidad que se tienda a ver en el episodio, hay ahí la significación de lo que se podría llamar una pedagogía para la monstruosidad. ¿Se ha comprendido? Así –aunque no solamente así– se crían monstruos, a saber, hijos minados por la conciencia imbuida de ser anómalos, o ajenos, o raros, o malsanos. En consecuencia, hijos en quienes la humanidad resulta mutilada. No “Dejá ese palo”, o “Con ese palo te podés lastimar”, etc., sino “¿De dónde sacaste ese palo?”, es decir: “¿Qué es eso? ¿Qué llevo yo a mi lado? ¿Qué extraño ser es éste que saca palos de la nada? ¿Qué clase de demonios lo poseen que le ponen palos en la mano para dañar y hacer el mal y…?



Fragmento tomado de: Carlos Correas, Kafka y su padre (Leviatán, 1983)


2.11.20

Lo real, por Celeste Diéguez

 

 

 

 

9

 

Cuando viva al fin mi vida

esa vida que

por distintas causas

no he comenzado a vivir aún

Qué haré?

Una existencia activa de milagros concretos

tendré una profesión rentable

debo ganar buen dinero

me casaré joven

antes de los treinta

con un gran chico

clase media como yo

de valores sólidos y sexo pasable

los domingos serán con su familia o la mía

y luego llegarán uno tras otro los niños

me iré poniendo gruesa

trabajaré lo justo para jubilarme bien

y una vez por año

es la segunda quincena de enero

nos iremos a alguna playa ruidosa y concurrida

me haré amiga de mis vecinas de carpa

señoras como yo

a las que veré año tras año

hablaremos incansables de nuestros hijos

de lo que comeremos al almuerzo o por la noche

envidiaremos los cuerpos de las paseantes

volveremos a la casa alquilada

los chicos se prepararán para salir

escondiendo las drogas de nuestra miopía

cenaremos en silencio

tomando mucho vino

blanco tomaré en esa vida

y el tedio se escurrirá en la sobremesa

como un sirviente huidizo;

nos iremos a la cama

dos cucharas que ya

no revuelven nada.

 

Un día me despertaré

con 65 años y várices

la cara salpicada

por el exceso de sol sin protección

mi marido tendrá un pre infarto o dos

por la malasangre y los cigarrillos

todavía me quedarán años para leer y viajar

jugar a la canasta, hacer un curso

abogar por alguna causa

jugar con mis perros, cenar con amigos

o ir a molestar

a lo de mi nuera.

 

 

 

11

 

Nos preguntamos esa vez

acerca de la distancia justa a mantener

con las otras personas

que suben la escalera mecánica del subte:

un escalón –dije

tanto? –dijiste

depende, podés ser invasivo si estás demasiado cerca

te empujan si dejás mucho blanco.

 

Te pusiste contento porque nos deteníamos

a pensar en esas cosas

pero te dije

que no me gustan las coincidencias

me ponen nerviosa

es como estar demasiado cerca;

todo lo que aprende a moverse

lo primero que hace es alejarse.

 

 

 

12

 

Un útero un hombre una hamaca una habitación propia un baño privado una butaca en el medio ni muy arriba ni muy abajo un asiento individual junto a la ventanilla un juego de cubiertos una celda de máxima seguridad una jeringa recién abierta delante de mí la yerba nueva para empezar a cebar un novio de otra un cepillo de dientes exclusivo para mi boca un jesús personal un cajón donde nada más entre mi cuerpo un número de pin único e intransferible una clave para el face una clave para hotmail una clave para gmail la clave linkedín un solo donante anónimo un preservativo que será usado por primera y última vez una tarjeta sube sacada con mi número de dni un cenicero limpio un solo corazón para toda la vida un lóbulo frontal una bolsa de dormir roja un tórax un número de calzado invariable una lengua en común.

 

 

 

15

 

Un cuerpo que se desmantela

Cree en su posibilidad de estar en todas partes.

 

 

 

16

 

Y cuando aquella terminación de la calle bahía blanca

cruzada por sunchales

ahí donde como un pequeño huevo

fui puesta

pequeña y hippie

pequeña y sombría

doble nudo cadena sobre la lengua materna

sobre la lengua paterna

una gramínea de adn

un melilotus apenas

¡silvestre!

una semilla partida

fuera de surco desacopiada

cada uno en lo suyo y en lo suyo ausente.

 

Que como un tobogán por mi lengua se deslice

la paterna y yo sienta

en el pecho de embrión apenas el empuje

maniobras de vuelo que debiera

en esa casa de pilares

verdes y blancos con matas floridas

de retamas, mburucuyá y un aromo

que en ese patio donde descalza

vi sapos, ranas y culebras

nacer, morir a mis perros

y me clavé el freno de la bici

en esa casa en que sigo

siendo de algún modo huevo

rosado entre ustedes

una balsa de juncos flotando

hacia la vida tuya mía

hasta la muerte tuya mía

un huevo rosa adherido a un junco

huevo de caracol que también es boya

surco en el agua dejado por la tanza.

 

Para que desde todos los lugares donde

este huevo ha sido empujado a rodar, ruede

para admitir

que estar en casa

era esa casa de la encrucijada

de la calle bahía blanca cortada por sunchales

pueblo perdido en lo rural de la provincia

pueblo periférico la casa de mi padre

periférico el barrio de mi madre

de pie y de espaldas frente al viento en la laguna

de pie y de espaldas frente a los árboles que volaban

y yo mirando desde abajo y desde atrás

lo que debe entonces una mujer

cuidando el huevo lo que nace

lo que necesita de sombra para crecer

y en a sombra de quien se quedó

en la casa hecha cruz par ella

cruz para mí

la casa que hacía cruz dos calles

que terminaban en el agua

la casa donde fui huevo y me rompí;

espejo en los ojos de quien quería escapar y debía

por su condición, quedarse.

 

 

 

17

 

Si pudiéramos viajar hacia atrás

américa, áfrica, dicen

eran una sola cosa.

 

 

 

19

 

El cuarto propio pero abarrotado de ajenidad una boca que habla en otra lengua que se habla a sí misma una boca que le habla a otra boca una lengua que se habla a sí misma una boca que le habla a otra boca una lengua que consiguió otros bienes va atrayendo la desgracia la peste la corrupción y si eso que se llama el otro fuera sólo un cuadro con lo que hay que aprender una sosa raya de karma que si no quedó claro ahí vamos que si vas por ahí de nuevo ya sabés que después viene eso?

 

 

 

                                             Tomado de: Celeste Diéguez, Lo real, Buenos Aires, Caleta Olivia, 2018.

 

26.10.20

Interiorismo, por Lucrecia Lionti

 




El interior está adentro

parece no estar

contaminado nocivamente.


Algo lo recubre y separa.

Protegido por otro algo innegociable:

EL INTERIOR del cuerpo.

 

En el interior del norte argentino

desde el mediodía y hasta las 17

las cosas se detienen

las altas temperaturas en verano

impiden hacer otra cosa

más que quedarse en La Casa

durmiendo La Siesta

practicando Actividad

a puertas cerradas.

 

No se debe salir

el pavimento te quema

y vos te querés Matar,

el invierno es distinto

pero acarrea

la costumbre y el contagio del verano.

 

El tiempo pasa de otra forma

y se experimenta en cuero propio

la relatividad del mismo.

Uno se toma su mate

piensa hace sonríe

vuelve a pensar

mira para afuera:

un árbol de naranjas agrias,

éstas podrían caer

y noquear un viejito.

 

Buen semblante.

 

Prende la compu

sueña también tiene sueños.

Desea (de deseo)

se vuelve a quedar adentro.

Produce obra despacio

produce obra rápido en el tiempo despacio

produce obra rapidísima

se atolondra.


El artista quiere una carreta veloz

“le cae agua de los ojos”.


Quiere todo, y está lejos de lo que parece ser todo,

vuelve a pensar.

Viaja.


CAPÁZ.


El interior permite producir una obra interior

dando rienda suelta a todo aquello

que camina por los bordes del sistema

todo eso que avergüenza

feo malo boludo honesto

autóctonamente genuino amable cálido,

todas anti palabras puestas debajo

de una lupa de gran calidad.

 

Fiel y perro y realismo aberrante

también.


Estas palabras se forman con mi cabeza en Tucumán

el corazón está en Rosario

y las manos sosteniendo empanadas

¿con papa?

de Salta.


Tener un taller personal individual

como si fuese otra casa una oficina es:

idea / tierra no trabajada

sino del que la compra,

saque usted

un pasaje al no-interior.

Minimalista de hogar

o demasiada modestia.

No lo sé.


Precios distintos

más pesadez pero también más entusiasmo,

es en algún aspecto

la vida más fácil y más difícil,

es una contradicción y un interrogante

y como contradicción e interrogante:

una gran belleza.

Intelectuales de libro sin sistema de calle.

El desborde económico en arte

no es idea inserta

no hay ficha para meter.


En capital federal viven artistas

de diferentes lugares,

estás aquí, tú eres de aquí.

El agregado de la pintoresca ciudad natal

(así sea el más imperceptible de

todos los interiores existentes)

ES.


La modelo negra en Europa.


Para ser un artista

hay que estar en el mercado de algún modo,

el conocido y establecido

el que surge a partir de una galería.

Me monto la galería EN MI INTERIOR

mi galería

no tengo nada que perder

tengo un 50 que ganar,

el exterior lo ve

y

listo quedamos desnudos

me pongo el traje de emperador y continúo.


El desequilibrio que genera

las fallas del sistema del arte

(casi todos sus componentes)

repercuten en la obra producida en La Ciudad:

de características fofa blandenga inconsistente

linda bella, bella horrible, bella trastornada

bella extraterrestre.

De rasgos Interesantes

complicadas y de tan complicadas

bueno adentro

al interior superficial.


Místicos irreales

macrobióticos buena vida

mala onda.


Ahora pienso las obras interiores

esas que brotan estilo sangre sin cubierta

esas obras hechas por un monje en una montaña

en una caverna solo sin sistema.

Listo no es arte no sos artista,

estamos manejando aquí

en esta poesía

un código que más o menos todos acordamos.

Y si todavía no lo sabemos:

LO PENSAMOS

pensemos un término medio,

el artista joven que está tironeado.

Y en el interior de las afueras de la Capital Federal

y en el interior del globo terráqueo

y en el interior del cuerpo del corazón de la mente

de todos en general.


El interior es lo opuesto a mercado

pero quiere.

No hay puertos directos

hay colectivos

semicama

ejecutivo

suite

avión

tren

auto

bici

pies

cabeza

internet.


Cuando llegué a Buenos Aires

conocí muy pocos artistas

que se sentaran en una piedra

y se preguntaran.


Producciones esplendorosamente intuitivas

impulso sentimiento hacer pintar chorrear agrandar colgar.

hay interior

más todavía

lo hay.


En un momento todos se pusieron a pensar

interior y no interior se pusieron a pensar.

Ya estaba todo mezclado

impulso instinto sacado,

hacer estar pertenecer mostrar

asistentes talleres obras cosas.

 

Un choque descubrimiento

efecto shot de ginebra, La Llave.


ES EL SISTEMA y SUS PATAS CORTAS

no desanimarte por falta de extensión en ellas

sí por

su realidad su crudeza

la masa oflada de Gran Ciudad.

Sistema interno y no-interno: mezclaos, ocurrirá.

Patas raras del sistema que no son aristas:

a Trabajar.

Les digamos.





Tomado de: Interiorismo, por Lucrecia Lionti; Tammy Metzler, 2015.


1.10.20

Mi primera banda punk, por Francisco Garamona

 

 

 

Era como si la niebla…

 

Era como si la niebla que cubría ese muelle de cemento fuera una instalación en la que él debía acercarse hasta donde estaba ella saliendo de atrás de unos tachos de basura para decirle algo, mostrarle el hueso de su sensación. Y entonces hablaron, se dijeron cosas y cuando dirigían sus ojos al lecho negro del río veían formas semihundidas que se dejaban arrastrar por la corriente igual que ellos, entre manchas de aceite que parecían burbujas de historieta donde se quedaban grabadas las palabras de todo lo que se habían dicho antes.

   Entonces se aplicarían a otros sistemas, para empobrecerse y abandonar. Porque buscaban una ecuación que diera cero: la cifra más ansiosa, con un estado de ánimo parecido al del amor.

 

 

 

 

Te acordás de ese cantante…

 

¿Te acordás de ese cantante que escupió sangre sobre el público en un recital en Villaguay? Bueno, era yo, pero no quise decírtelo cuando te conocí…

   No es que tuviera alguna enfermedad respiratoria, sino que había dormido en el suelo junto a una chica al amanecer –de ansia y spleen– muertos de frío y de tanto apretar los dientes las encías me sangraron. Y creía reconocer mientras soñaba a esa pandilla punk exterminada con sus crestas hundidas en el barro, pero ahí, otra vez, ellos tendían hacía mí sus manos, para convidarme cigarrillos bolivianos bajo una cierta espesura fantasmal que era el fulgor de esa provincia.

 

 

 

 

No creo que pueda seguir…

 

No creo que pueda seguir viviendo así por mucho tiempo más, te dije mientras señalaba las paredes de la caverna en donde nos habíamos instalado. Las estaciones pasaban, dejando apenas un polvillo fino que alcanzaba para medir sus duraciones. El aire húmedo tonificaba los bronquios de mi amiga y daba elasticidad a sus membranas.

   Cerca del amanecer, ella sacudía de nuestro camastro los insectos aplanados, y tejía unas canastillas con filamentos vegetales que yo le ayudaba a extraer machacando plantas contra unas piedras.

Y así, ella generaba nuevos fantasmas y los dotaba de nombres para lo que sería una larga convivencia. La luna refulgía como una moneda de plata encontrada en la ciénaga, de la que extraíamos cadáveres de osos, para utilizar los huesos de sus garras…

   En la tumba de los días yo sumía mi cuerpo. Carne de sexo, antípodas misteriosas que se unen y separan. Quemaba a la mariposa, a la libélula ensangrentada apuntando al pabellón de ojos de mosca: aquellos perros que ladran siembran el deseo de huir por los campos cubiertos de maleza. Manos ahuesadas, pinzas de colibrí sobre las piernas.

 

 

 

 

Levantamos muros…

 

Levantamos muros de sólida piedra, con paja y desechos orgánicos para formar una pasta que no se debilita ni se ablanda, con la que también fortalecemos nuestros ranchos. A mí me nombraron

albañil especializado, a vos maestra mayor de obras en etapa de construcción. No me gusta la sidra dulce y negra que hay para tomar una vez terminada la jornada. Pero sí el pan ácimo y las uvas tornasoladas que destruyo con la lengua presionándolas contra el paladar.

 

 

 

 

La noche era rosa

 

La noche era rosa, color de chancho, de sexo. Mendigas montevideanas daban vueltas por el Parque Rodó y una se detuvo para hacer gestos. Iba arrastrándose por las lomas del parque, persiguiendo a unos jóvenes enamorados. Y aquella situación duró lo que tuvo que durar para datar finalmente a unos espectros.

   Los enamorados eran pequeños y de ojos claros y cuando la mendiga los llamaba ellos se tiraban a sus pies como perros. –¡Fuera, fuera! –les gritaba–, y el sonido horrible de esa voz se tendió sobre sus cuerpos. Y ellos la miraron con sus ojos azules llenos de lágrimas inconsolables

de una pureza helada. Y la mendiga de golpe empezó a alejarse. Y en medio de su marcha toda una carga pesada la inmovilizó. Los brazos le colgaban al costado del cuerpo como dos ramas secas.

Entonces los enamorados aprovecharon para huir de ella, queriendo intentar otra vez un intercambio de fluidos.

   Y ahora seguro habría unas manchitas flúor sobre el césped quemado. Y lugares aplastados, aplanados. Y aguzando la vista se los podría ver caminar tomados de la mano, más allá de los árboles, por donde termina la ciudad y empiezan las primeras quintas…

 

 

 

 

Te besé en la boca…

 

Te besé en la boca, muchas veces. Y la ciudad se llenaba de sombras que se multiplicaban entre ellas. Acerqué mis manos, tu talle estaba tenso, ya no sobraba por ahí ese viejo pulóver que usabas la noche en que te conocí. En torno a la lámpara volaban unos insectos a los que la lluvia había obligado a buscar refugio dentro de la casa. “Matalos”, me dijiste y yo te miré a los ojos pero no hice nada. Aunque me acerqué hasta ellos sabiendo que no había posibilidad por fuera del amor.
En la calle los autos resbalaban sobre el pavimento mojado y había como unos estiramientos para arrancar la maleza del aire con repulsas de otros signos, para decir, aún no empieza a salir de nuestros esqueletos la piedra que entre dos junturas viene a moldearnos la carne.

 

 

 

 

Hoy no puedo escribir…

 

 

Hoy no puedo escribir, porque me falta la constancia del trabajo sistemático. Vos eras un punk, salías con otros punks, dormían en un anfiteatro abandonado, en huecos dentro del cemento de las gradas. Y ahí fumaban marihuana, aspiraban pegamento, miraban a lo lejos los autos que pasaban por una avenida bordeada de plátanos. Y salían a buscar cualquier cosa que pudiera aportar algo a esa hermandad errante a la que habían bautizado “Sedante Sangre”. Publicabas poemas punks en fanzines de la movida, que eran muchos, bajo el seudónimo de Patricio Morandi. Tus amigos se llamaban Gaviota, Falopín, Arrancadedos, Moribundo Michael, Pibe Pelusa, Materia…

   Eran todos muy jóvenes, adolescentes, y vivían, como vos, una vida inútil, al margen de la sociedad. Hace poco te encontraste con Falopín. Y cuando lo saludaste con un enfático ¡Falopín!, él te dijo, mientras miraba paranoico para todas partes: “Callate, que ahora me dicen Kinoto.” No pudiste reprimir la risa y te reíste en su cara. Eso fue todo. Kinoto se alejó caminando rápidamente, mirándote con cierta amargura y desprecio. Jóvenes –niños monstruos de nuestro tiempo– ¿dónde están ahora? Dispersos, destrozados, con gestos fantasmales trepando a los trenes que pronto pulverizarían sus huesos contra los hierros de las vías… Hoy el recuerdo de sus rostros trae de golpe la constatación del paso de los años... Te encontrabas en la vieja peatonal Córdoba, antes escenario de tus correrías, y ahora la veías cambiada, completamente muerta y ese contraste se volvía doloroso. En esa época también formabas parte de un grupo musical llamado “Los médicos”. Hacían hardcore, música industrial, tocaban re mal.

    La banda estaba armada así: Alejo tocaba el bajo; el Flaco Plescach la guitarra, Leandro azotaba la batería y vos la guitarra y cantabas. ¿Te acordás? A veces los acompañaba en la trompeta Sebastián Salami.

    (Contar otra vez la triste historia de Salami sería muy fácil, sus cimas de perversión y enfermedad, pero eso ya lo hice en una novelita llamada “Los Patos”, que publicó Eloísa Cartonera en el 2004, con dibujos de Max Cachimba).

   Una vez después de un recital que estaban dando en la Cantina de Ramón Merlo, se acercó una mujer de unos treinta años y te dijo: “Qué bárbaro que con esa voz tan chillona puedas cantar, parecías una rata pisada por las ruedas de un colectivo”. Vos no le contesté nada, pusiste los ojos en blanco, y juntando las manos en una actitud budista le hiciste una mueca rara (yo desde el público reía).

   Los recitales por esos años eran más bien un pretexto para que el público se desahogara de sus propias frustraciones. Siempre había golpes, gente que se daba con todo. Un capítulo aparte después de esos recitales eran las guerras que se daban entre punks y heavys. Eran ruinas, y encima de las ruinas, otras ruinas más nuevas las que quedaban después de esas batallas. Parecía como que se olían, buscándose por las calles vacías de la madrugada. Una vez emboscaron a un grupo de heavys en un barrio proletario. Los estaban esperando y se la tenían jurada. Arriba el cielo rosado del amanecer con bandas azules y detrás fábricas amontonadas y después el campo que empezaba a entrar en la ciudad. Les dieron sin parar, les rompieron los huesos, les quitaron sus armas y clavaron en la tierra una navaja dorada. En un momento en que le pegaste una patada en la cabeza a uno de los melenudos que estaba tirado en el piso, escuchaste cómo se le destrozaban los huesos de la mandíbula. No sé, pero ahora pienso que capaz que lo desfiguraste para siempre.

 

 

 

 

Una poesía…

 

Una poesía de hierro, otra suave para seducir. Una poesía para causar miedo como un lobo rollendo el torso de un hombre que agoniza. Una poesía personal, para leer iluminados con la tranasparencia de los órganos internos. Una poesía que hable de la ciudad donde escribí bajo los árboles que parecían cerrarse a la violencia del verano.



Tomado de: Francisco Garamona, Mi primera banda punk, por Francisco Garamona, Buenos Aires, Nulu Bonsai, 2014.