25.3.16

Lírica argentina contemporánea, por Mirta Nicolás



El poeta cultiva una paciencia extraña, la del que espera algo que desconoce y cuyo acontecimiento es incierto.
Osvaldo Aguirre, “La tradición y los marginales”

La Kelpertina (27 pulquis, 2015), de Tomás Bartoletti, es un extenso poema político por fuera de toda consigna que urde su voz desde las esquirlas de un lenguaje roto donde el sentido conforma una política del sentido. La soberanía, la militancia y los fantasmas de lo económico del imaginario nacional están reflejados desde perspectivas cambiantes. ¿Remite su título al país que representó Cristina Kirchner desde la perspectiva de los kelpers? En todo caso, el libro devuelve la visión caleidoscópica de una realidad social, como si Bartoletti desarticulara la señalética de las proclamas de una época y las devolviera desde una mirada extrañada. Sus poemas, de una barricada neobarroca, proponen una noción de poesía que crea su propio lenguaje a partir de una coyuntura histórica: “dónde están las putas romanas/ dijo el camarada entrando/ por la puerta vinimos/ por la revolución terminamos/ haciendo la rabolini no te hagas/ el sibilino ni convencido ni disvencido/ porque vas a cobrar lo que no cobraste/hasta ahora”. Ampliando una metáfora que propone el autor de La Kelpertina, puede decirse que los géneros literarios constituyen un mapa, pero el mapa no es el territorio. Este libro de poemas se distingue al no parecerse a otro libro de poemas. La singularidad y la originalidad son su mérito. Es posible encontrarlo en una serie con Pujato (Vox, 2015), de Gabriel Cortiñas, por el modo en que ambos autores se apropian de una serie histórica, la descolocan y la vuelven materia poética.  

Kohan (Vox, 2015), de Alejandro Rubio, difícilmente pueda considerarse un libro tardío. Porque habla de una coyuntura vigente. En su último libro publicado, Rubio confunde voluntariamente a Alberto Kohan con Martín Kohan en un juego raymondrousseliano. “No podés/ decir que Alberto escribió la mala novela de Martín/ ni que Martín hizo ese negocio con los libios por Alberto.” Pero en una red de asociaciones que a simple vista resultan arbitrarias, conviven el actor argentino Franchela, el músico Frank Zappa y el lingüista dinamarqués Louis Hjelmslev. Escritos “con el viento de la historia detrás”, sus poemas son ucronías que le sirven para preguntarse, por ejemplo, en el caso de Zappa, si hubiera sido argentino, ¿habría sido comunista, socialista o anarquista? Un coan, como sabemos, es una pregunta que el maestro zen le hace a su discípulo para cotejar el grado de avance alcanzado en el camino de su iniciación. Como si el coan fuera una forma de la pregunta retórica que Rubio despliega en sus libros. Ya en su Diario (La calabaza del Diablo, 2009) podíamos encontrar alguno: “¿Cómo suena el silbido de un silbato sin bolita?”. Ocurrencias que recuerdan el arte sutil del aforismo y la idea de Goethe sobre Lichtenberg: “donde hace una broma hay un problema oculto”. En el caso de la poesía de Rubio, el drama político visitado desde un costado en donde la inteligencia está al servicio de un impulso reflexivo y lúdico, en un castellano perfecto. Más cerca de la gauchesca, en el sentido en que su poética despliega un fraseo del habla popular y una lectura política desde un lenguaje coloquial. Pero ese coloquialismo es llevado a un extremo crítico. Tengo para mí que Alejandro Rubio es la voz de nuestra época, el mejor y más refinado poeta argentino vivo. Su poesía está conmocionada por sucesos actuales en clave política y crítica. Y en su lírica aparece disfrazada esa voz en formas camaleónicas: un taxista, una puta o un poeta, como en Hablando de poesía con el tachero (Belleza y felicidad, 2015), en donde se leen perlas de lírica barrial como esta: “Entre nubes de pasado infuso/ me acerco lento pero seguro/ a tu barrio en un 109 que/ traquetea por el empedrado molesto/ pero seguro como antes decías que soy/ yo, en el patio, bajo la higuera vieja,/ solos, diez años atrás.” (“Con ella”).

Pasta Base (27 pulquis, 2014), de José M. Abram Luján, actualiza rítmicamente el terrorismo de estado de la década del 70 y la primavera guevarista. Su autor descubre esbozos sobre campesinos explotados en fábricas de caña de azúcar, denuncia que se actualizan en las fábricas clandestinas de paco de nuestra efímera contemporaneidad. El título del libro articula el presente con un pasado que se reconstruye poemáticamente. Azúcar o merca, en Pasta base se reponen escenas como notas macabras que un lector atento podría haber subrayado en los diarios de la época: “los mendigos/ que extirparon/ en furgones del Ejército/ el 14 de julio de 1977”, (…) “Un cuerpo entró en el río/ Junio 16./ al día siguiente/ estaba todavía en el río”, (…) “Lo detuvieron/ y lo ataron/ a un auto/ lo arrastraron/ hasta sacar chispas/ al pavimento”.

Diario de un bebedor de petróleo (Vox, 2015), de Juan José Mendoza, desvela una ideología no partidaria y una actitud o voluntad generacional postmoderna que se diría acepta lo que ocurre en el mundo rarificándolo, solapando los posicionamientos o las valoraciones demagógicas. Pareciera una aceptación atenta a la época con una antena puesta en la frivolidad fugitiva de lo actual sin utopía alguna. O quizás el libro desenmascare la utopía de un concepto. Diario de un bebedor de petróleo deja entrever un procedimiento y su costura a la vista. Cuando leemos estos versos: “Así empezó/ la larga doctrina del alquitrán/ pelafustán de nafta hirviendo”, a lo largo de su Diario, es posible intuir un gusto por lo conceptual, sin ningún trasfondo anímico. ¿Es “el bello gusto del petróleo” una metáfora de algo? Sí; son el gesto, móvil y motor del poema. Y cada lector tiene que cifrar su valor. Cuando Mendoza escribe: “hay una noche entera que espera/ adentro del vino sin abrir” (…) “Hay una hora sola que espera/ adentro de los relojes” (…) “hay pozos petroleros incendiados/ que esperan/ adentro de las cajas de fósforos sin abrir”, son todas insistencias que van componiendo un sentido que aunque parece difuso y quizás no sea del todo nítido exige ser desentrañado y, a favor de la ambigüedad, responde a una estética premeditada. Un abordaje enmascarado del discurso, críptico, por fuera de un entorno social ubicable. Es posible que el poemario entable un diálogo hermético con el pueblo de Irak, al que el autor dedica su libro.

Ezequiel Alemian dice, al pasar, en el suplemento cultura del diario Los Andes (septiembre de 2015) sobre Un tesoro local (Iván Rosado, 2015), de Francisco Garamona, que el libro “tiene algo muy particular en cuanto a las imágenes, se van yendo y no las recuperás, se van y nunca vuelven.” A estos poemas, llenos de emociones mezcladas, algo lejano, confuso y en apariencia azaroso los atraviesa. Como si fueran iluminaciones espontáneas y personales. Como si su autor escribiera una poesía imaginista no con sonidos ni con imágenes sino simplemente con sensaciones e impactos. En Sobrevilla (Vox, 2015), Garamona acomete la reescritura de los poemas de Cornucopia (Ediciones del Diego, 2001) de José Villa y ofrece once poemas en prosa que pueden leerse como naturalezas muertas que sueltan chispazos de narraciones efímeras. Las frutas, en Sobrevilla, son pretextos para narrar historias sobre lo pasajero de una acción o de un movil. Incluso es posible advertir en el libro de Garamona el mérito de no presentar ninguna idea, ninguna ideología y de hacer del artificio de la escritura un arte donde la indeterminación ocupa el primer lugar. Se lee en “Uvas”: “El hombre aparece en lo alto. Con una naturaleza musical recupera los intervalos abruptos con su forma infantil. Ahora camina, diseña cronogramas entre las luces del día. Alrededor unas tachaduras lo desvían y parecen girar entre unas uvas que recién cuajarán el próximo mes.” En Garamona todo es pretexto para enarbolar un delirio prolijo que da cuenta del revés de una lógica. Sus poemas muestran algo que en apariencia es posible, pero cuando se los vuelve a leer con más atención, nos damos cuenta que, desde un lenguaje cauto, fuimos envueltos en una historia abismada en su propia imposibilidad. Hay siempre un avance del delirio y el paisaje se vuelve cada vez más indefinido en estas estampas psicodélicas. Artero, prolífero, ecléctico, sus libros muestran una voz cambiante, no aprisionada en el corset de un estilo, en continua efervescencia y mutación.  


Alejandro Rubio, Tomás Bartoletti, José Abram Luján, Juan José Mendoza, Francisco Garamona, de muy distintas maneras, muestran una cara del lenguaje enriquecida de sentido desde artificios verbales. ¿Son proyectos antogónicos? ¿Se puede hablar de no significación en los libros de Mendoza y de Garamona? ¿Hay en estos dos autores un ir hacia la trivialidad o la indiferencia del sentido, un desdén, ironía hacia cualquier compromiso en su búsqueda de artificiocidad y puro efecto? ¿Sería acertado pensar las obras de Cortiñas, Bartoletti o Abram Luján como poéticas de una experiencia histórica mediadas por una violentación del lenguaje? La sola síntesis que, desde sus títulos, prefiguran estos libros que remiten a elementos tan distintos como la pasta base, el petróleo o el tesoro de una localidad incierta, o que aluden a nombres propios como Kelpertina, los Kohan, Pujato o José Villa, da cuenta de la diversidad de voces vigentes en la poesía argentina contemporánea. Pero esta variedad de voces no implica buena salud. Resulta evidente que este recorte, en los márgenes de la producción poética argentina de los últimos años, muestra una heterogeneidad vasta y elocuente. Pero son estos libros los que se diferencian de las prácticas más típicas y obsoletas de la poesía actual, del onanismo narcisista y del anecdotario intrascendente en clave frívola y acartonadamente vitalista. Sacando textos marginales como los que comento en esta nota, mucha de la poesía que se escribe y se publica actualmente en Argentina tiene un mismo temperamento. Pocos buscan una brecha donde colar su voz entre el griterío inane de los poetas de la levedad moderna. 

12.3.16

Celina, por Marco Castagna



Subimos juntos en un ascensor minúsculo. No supimos bien qué decirnos, éramos conocidos en un lugar extraño. Nos recibió un caniche nervioso con los ojos planos como huevos fritos. Tu madre, una mujer con la cara muy roja en contraste con la blancura de su piel, nos dio la bienvenida con unos jugos fríos que no tomamos, permaneciendo de pie en la cocina como esperando algo. Estabas ansiosa porque tu padre no llegaba o porque podía llegar en cualquier momento, yo necesitaba un poco de aire. Tu madre te llamó con un susurro y te fuiste hasta una de las habitaciones;  me quedé solo sin saber qué hacer. El departamento estaba inmaculado y la sensación que cubría las cosas era como de un brillo excesivo. Me detuve un momento en los discos de tu padre, en la estantería de sus trofeos de golf repleta hasta el techo y en dos o tres fotos donde un hombre canoso lucía una sonrisa de cazador. El sol de la tarde se filtraba por las ventanas. Uno de los ventanales estaba entreabierto, me colé por ahí con ganas de fumar. El caniche pegó su cara contra el vidrio y se le deformó la expresión. Después empezó a ladrar y a hacer una coreografía extraña, monótona como de jugador de fútbol americano. La luz opaca de la tarde que se estaba por ir le daba a los edificios una esperanza de mutar de dueño o de empleados. Me quedé largo rato observando un wincofon mudo a través del reflejo de la ventana y las palomas que moraban transitoriamente en la panza de los tanques de agua de las construcciones aledañas. Pensé en las cosas que me alejaban de vos, en la pelotita del caniche olvidada en una esquina, en la oscuridad ganándole terreno a la luz. Vos y tu madre seguían en la habitación, de lejos me llegaba el rumor distorsionado de sus voces y las imaginé juntando recuerdos en soledad.


Anoche vino para ayudarme a limpiar el departamento y ordenarlo. Estuvimos casi tres horas trabajando y paramos para comer. Después seguimos otras dos horas. Ella se ocupo del baño y de la cocina y yo de los muebles y de la sala. Celina hacía los deberes con dedicación extrema y estaba en un estado de tensión considerable. Hicimos todo con música para evitar el silencio, pero parecía peor así. Cada tanto me hacía algún reproche sobre el pasado o el presente. Me llamaba haragán y me decía que tenía que apurarme, que ella limpiaba mucho más rápido que yo, que se quería ir o me echaba en cara el no haber emprendido la limpieza antes, cuando podríamos haber aprovechado el lugar y no ahora que me iba. Estaba intranquila, nerviosa: se le notaba en las manos,  en los ojos, en la voz, en el cuerpo. Incluso en el aura que desprendía. Yo estaba algo ausente y cansado, como un personaje de película muda, y me costaba moverme por la habitación. No aceptaba que iba a dejar el lugar, prefería pensar que era otro juego. Cuando terminamos de limpiar,  saqué la basura y nos cambiamos lentamente. Cargamos nuestras cosas en mochilas, los artículos de limpieza o cosas por el estilo en bolsas de residuo negras y fuimos caminando hasta la parada del colectivo. Era la una de la madrugada y Celina seguía tensa y distante, como reprochándome algo ontológico. Como si me dijera que le molestaba mi olor, no mi ser. Pero era mí ser lo que olía mal para ella. El viaje en colectivo fue amargo e insonoro. Un silencio blindado: así atravesamos la ciudad, pasando por los barrios como si los viéramos por última vez. Era un ejercicio visual que parecía ajeno, pero no lo era: la película era sobre nosotros. Llegamos a su casa y nos bañamos casi sin hablar. En la cama vimos diez minutos de televisión y ella apagó el televisor. Antes de hacerlo activó el aire caliente y puso tres alarmas: la del aire que debía apagarse en media hora y dos despertadores. 

3.3.16

Sobrevilla, por Francisco Garamona



Melones

La máscara amarilla está viva, ahora es el fruto de una luz gaseosa. Puede oírse el ruido del crecimiento de sus cabellos, el polen amarillo de los melones aparece arrasado, un metal va saliendo, ves la herida de la mujer y la máscara se agita vacía, el cuchillo, las letras de un diario. Tocás tu frente donde una dimensión se hiela.


Frutillas

En la felicidad de un niño hay inmensos lagos planos. Artificios de eternidad, torres de frutilla. Sobre una cornisa aletean recuerdos. Un remolino insensato hizo girar la mesa. Los vidrios cerrados devolvieron la imagen, (violentamente) el gusto más cruel, rouge. Parecíamos mirarnos dentro de un espejo, ¿quiénes? Unos ángeles.


Duraznos

Hay una playa donde esperar con un fuego envolvente. Es la tierra en intensidad que vuelve. No han tardado en crecer unas hojas en el árbol de duraznos. La fruta asumirá su rol, si tuviéramos que compararla, lo haríamos con el hilo que conduce a los cielos, verdes, rugosos, del verano. Y de esa profundidad clara que es prueba única de la luz sibilante, que se inclina, hacia los frutos enormes, aún sin madurar.


Uvas

El hombre aparece en lo alto. Con una naturaleza musical recupera los intervalos abruptos con su forma infantil. Ahora camina, diseña cronogramas entre las luces del día. Alrededor unas tachaduras lo desvían y parecen girar entre unas uvas que recién cuajarán el próximo mes.


Limones

Hicimos mapas de nuestro viaje, en el balanceo caliente de unos rieles. La ventanilla del auto resplandecía en el fondo del agua. Mientras las paredes empezaban a fundirse, la mañana regresaba al punto de partida de un inmenso pasillo. La casa quedó aislada por su vuelta a los contrastes. El lugar de la muerte se proyectaba sobre un plato hondo, deforme. Código secreto que es nuestro alimento y nuestro escombro.



Tomado de: Francisco Garamona, Sobrevilla, Vox, 2015.


27.2.16

Saving Private Symns

(Correspondencia Enrique Symns)


2014

13 de junio, Mar del Plata
Andrés, no sé cómo hacen los demás, pero para mí la vejez es un problema irresoluble. Si bien mi mente está intacta y lúcida, el cuerpo me atormenta todos los días con nuevos problemas, incontinencia, dolores musculares e incapacidades de movimiento. La orquesta de mierda a pleno. Igual me encantan las mañanas cuando salgo a caminar por la playa y odio los anocheceres cuando mis conocidos se meten en la escafandra nocturna de los bares y yo me voy a leer en la cama. No hay días que celebren mi presente. Un presente sin almanaque, cuyos designios semanales, mensuales y anuales desarrollan ritos adaptativos en la gente. El Mundial de fútbol, las fiestas de Navidad y año nuevo, los carnavales son mandatos mundiales que movilizan acciones, emociones y rutinas de cientos de millones de personas en todo el mundo. Las fiestas patrias, el día el trabajo, ciertas conmemoraciones religiosas corresponden a manipulaciones nacionales y hasta la comercialización del tiempo creó el Día del Padre, de la Madre, del Amigo, del Amor y otras designaciones que además están inmersas en el lodo de la moral ya que no existe el día del ebrio, del adicto, del ladrón, del polígamo.
Un abrazo.
Enrique.

15 de junio, Mar del Plata
Amigo Andrés:
El hospital es el aeropuerto de la vida y de la muerte, ya que la gran mayoría nacemos en hospitales y partimos hacia la nada desde ellos, lo de tu padre es fantástico pero yo he vivido una existencia demoledora. Supe escribir que «la sangre es la única poesía que fluye como un río y por donde alguna vez nos escaparemos de noche, navegando alborozados, hasta perdernos para siempre.» Pero ahora todo cambió. Como ya he dicho más de una vez, mi vida cumple con la consigna de un bolero que alguna vez compuse y que se llamaba Rumbo, piérdeme el rumbo. Estoy solo, sin pareja, nómade por destino y no decisión. En los últimos dos años me mudé veintitrés veces. En cada mudanza pierdo todo, pero sobre todo el rumbo. Como ya imaginaba, bajo cobardemente hacia la muerte por la ladera de la existencia.
Te quiere, Enrique.

29 de junio, Mar del Plata
¿Cuándo termina de terminar lo que ya ha terminado? ¿Es posible olvidarse del tiempo? Los cirujas, los vagos, los orates, los despilfarradores del mundo quizá lo consigan. Borges comenta que si él supiera que su muerte se produciría un lunes sería feliz los martes y miércoles, los sábados estaría obsesionado y los domingos aterrorizado. La única salida sería huir a una isla aislada y dejar que la memoria desestructure sus mandatos hasta olvidar lo que nunca debió ser recordado. A diferencia de ti, vivo de recuerdos y la memoria es el más vengativo de los olvidos, como una secretaria ejecutiva colecciona tarjetas postales elegidas al azar y siempre salando las heridas, te extraño como si nos hubiéramos estado viendo.

26 de julio, Mar del Plata
Hola, Andrés. Mediodía frío. Ya mismo me voy a tomar dos Campari con naranja y brindaré por vos. Enrique.

16 de agosto, Buenos Aires
Andrés querido, el público se apega a las canciones y siempre quiere escuchar lo mismo, lo cual colabora con aumentar la dosis de mediocridad. Pero eso ayuda al músico a trabajar menos. En literatura también la gente relee mucho, yo no dejo de leer El extranjero, de Camus, y cada vez me golpes igual, desde la primera línea: «Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé». Me alegra tu retorno y espero encontrarnos. Estoy tratando de escribir una novela sobre la vejez, pero la vejez me ha hecho perezoso. Le tengo un poco de miedo a Baires. Querido amigo, hasta pronto, el sábado me embriagué suavemente. ¡Qué rico! Un abrazo.



Tomado de: Andrés Calamaro. Paracaídas & Vueltas. Diarios íntimos, Buenos Aires, Planeta, 2015.

23.2.16

Suburbio, por Manuel Alemian




el ladrido perezoso y rítmico
la niebla la helada
o la increíble escarcha de los charcos


en el colectivo vacío hace frío
asado vacío chorizo morcilla
tablón caballete peronista banquete


las hojas por todos lados
el rastrillo de tierra y el de pasto


se usa bidet
o no tiene bidet


están todos tocados en la banda
los ojos despatarrados
la mirada huraña
en cada esquina del barrio
la cana la sirena
ahí la banda se desbanda
el que más ve quien menos tiene


si hoy comer es más caro
si un celular da amistad
si un concejal es cosa rica
qué rico es el concejal


quien no tiene futuro
recibe un plan
un plan que no le alcanza
y le quita dignidad


alrededor del barrio
los fideos que les sirven en el comedor
y el celular lleno de polvo
un chico piensa sin dvd sin nada
me agarró enfierrado el móvil policial
y me tuvo que sacar el concejal


fumando fasos marca pirulo
me cuenta cosas tan espantosas
pero todo es tierra la calle es de tierra
las hojas del jazmín cubiertas de tierra
las zapatillas blancas cubiertas de tierra


fuimos un feriado
a pescar a la tosquera
un montón de bagres
de un verde medio marrón


la ambulancia no llega
y la infección la gangrena
que le descubrieron


una gomería de ocasión
una santería junto al corralón
una casita sin revocar
un tejado sin colocar


con el agua contaminada
vamos a ver al concejal


en el cruce de las rutas
el barrio paupérrimo
repleto de fértiles vientres
y sus órganos vivos
viva el malón


cambia el hábito del sifón al bidón
planta sandías y tiene gallinas


la huella aplastó el lomo de burro
paloma que la gomera dejó
croan las ranas
el bicho feo
el grillo


una nube de polvo
entre el marrón y el gris
como un huracán
nos deja el camión del pan
y los Falcon empiezan a faltar
como el Chevy o el Polara
el Renault 18 el Renault 9
también
en su versión remís sin patentar


pero hoy llueve y la calle se ablanda
y los camiones las camionetas
de basura
de botellero


una chiquita húmeda
por la llovizna y el pobre algodón
de la blusita de la patrona
del country de su mamá


si llueve la cancha es distinta
si llueve el campito se inunda
si llueve la bici es de cross
si llueve las goteras hablan
si arrecia la lluvia se humedece todo
el agua de lluvia ensucia el barrio
el barro


las aguas de las cloacas
son fétidas
y la cría juega
los perros de la sarna
andan temerosos
y casi siempre los autos los chocan
andan cachuzos
hasta que van a morir a las zanjas
o a algún pajonal


la casa de esa extraña religión
tabernáculo de adoración


cuando el sol seca los cardos
el barro del pelo del perro
el techo de chapa
y se hierven los radiadores


poner sonidos al bicho feo
la cigarra
al canario del almacén
los gallos y alguna vaca
al tunning del ciclomotor
al hielo del whisky del concejal


el coche chico para el capricho
el coche tocado
choque


la delegación municipal los caños
la transparencia es fundamental
las gestiones
la campaña electoral
las pintadas las boletas
los barrios periféricos
tour del concejal


sociedad de fomento
va al centro
a Capital
en tren en bondi o en combi


garrafa culebra membrana vereda
la piba el chabón los pibes
la basura del arroyo
la infección
curabichera


aspiradora no compresor sí
uva chinche
el listón el machimbre
el bache


si tenemos varios hermanos
el olor de la leche de la escuela
donde no hay transporte escolar
no hay golf no hay tenis
fútbol
en la plaza de El Jagüel


bendito naranjú
bendito alcohol con naranjú
bendito helado naranjú


barro en la camioneta
turbodiésel del concejal
que viaja a La Plata
o a Chapadmalal
y promete la cloaca
y se queja
del barro en el mocasín
caca de cólera
diarrea indigente
y abandono sindical


el sándwich del fiscal de mesa
la vianda del fiscal de mesa
la plata del morfi del fiscal de mesa
no aparece


todos somos albañiles
y atardece
en la vereda cerveza y sombra
los cachorros con los chicos
la abuela ceba el mate
y la doña torta frita


Tomado de: Manuel Alemian. Oreja tomada. Todos sus poemas 1993 / 2013, Eloísa Cartonera, 2013.

“Suburbio” y otros poemas de Oreja tomada pueden escucharse en el proyecto REBENQUE Y ALFALFA, musicalizado por Emiliano Herrera. 

19.2.16

¿ser serio, sería...?, por Mariano Fiszman


a Sergio


serás lo que debas serio
o sino no serás
era así? serio o no serio
esa es la qu
era será la qu
que no hay peor serio que el que no
pero ay siempre hay peor
más serio o sea
ser serio es cosa seria
pero ser cero serio es ser un perro
o peor que peor
pobre al pedo
como cenicero ‘e ciego
se corren serios riesgos
de no ser
no se ría
eso no eso sí que no si
para ser hay que ser serio
ser vil un señor
lo peor
si así se es
lo que sea la qu
quiero serlo olerlo
oírlo oiga sí

o  í  r  e  s  s  e  r  i  o

16.2.16

Lágrimas de papel, por Javier Fernández Paupy


Primero esnifé una puntita bastante escueta con la púa de mi amigo el narcisista. Después bostecé. Bostecé como si no hubiera dormido en años. Pero qué mierda, pensé, si la suerte, viejo trava y marginal, hace y deshace a gusto y capricho, como si nuestra vida no fuera sino una flor microscópica que aparece un instante en el campo y cuando levanta un viento fuerte se extingue y después ya nadie más sabe de ella. Si no fuera tan cara, tomaría esta gilada todos los días. Un infierno elegante donde dormir sin sueños. La cosita tiene ese gusto a muerte que la hace tan real. ¿Qué parte del corazón se dilata en la aventura? Vida, belleza herida, cristal empañado por alientos pasajeros. ¿Dónde pica exactamente y qué parte es la que más duele de vivir? NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE NADA decía el comercial televisivo de un producto adulterado resumiendo el lema de esta época falluta. Ya Freud advirtió que los deseos están para ser formulados, no necesariamente para cumplirlos. Entonces apagué el televisior envalentonado y fui derecho a la cocina a quemar lo que me quedaba. La piqué con bicarbonato de sodio en una cuchara sobre el fuego de la hornalla y traté de distinguir su calidad por la forma en la que se cocinaba. Me pareció que la bolsita lloraba sobre el mármol de la mesada. Con su blanca, macilenta, palidez. Derramaba lágrimas de merca con novalgina picada. Y lloré también yo. Por no poder llorar.

Tomado de: El triángulo de la Merluza, año 2, nº 6/ noviembre 2015


14.2.16

La muerte del Orfebre, por Roberto Escaleno



Las ofensas hechas con poca prudencia son recibidas con mucho odio pagadas al centavo.
Hugo Savino


11 de Septiembre y Emorroide. Narco Pollo. Qué insulto. Mezclar el nombre de Marco Polo y vincularlo a una actividad ilegal cuando el viajero y mercader nunca fue un ilegal, aunque sí un gran traficante de opio. El Gran Khan lo quiso recluir en sus negocios clandestinos, el tráfico de arroz pindonga —sí, granos de arroz verga, al comienzo los chinos eran una raza de gigantes que fueron disminuyendo su tamaño a medida que aumentaban en número, de ahí sus actuales políticas de reproducción— a las indias descubiertas en secreto, o qué se creen que a mi abuela le decían China por el curso de Ikebana que hizo ¡mi propia piel parece de arrollado primavera! En fin. Cosas. Ahí estábamos todos en la esquina de la pollería Narco Pollo, producto de un error, de una triste falla. Pensar que estuve largo rato mirando en esa dirección, en esa esquina, pero no lo veía. Hasta que Longorraba nos lo marcó, al negocio, él lo vio primero. Y el que mira algo primero lo mira dos veces, saber impopular, claro está, las minas de esa benévola tarde de enero pasaban, tomaban café, leyendo con las gambas cruzadas, mucho vestido estampado con vuelo, chatitas, teta, culo, pelo suelto, hasta una sesentona atlética y rubia con el pelo por la cintura en jumper con las caderas descubiertas parada en la puerta del bar con un perro de pelaje lacio cobrizo. Todo estilizado como en una ciudad ajena.

Y la pollería infame, con ese nombre, ahí, era como el inconsciente. Eso que siempre estuvo ahí, pero nadie lo vio, salvo Freud, que lo develó. Como América y Colón. O como el fastidio de la vida de hotel. Pero vayamos a lo que nos reúne. No es el Narco Pollo. Como decía, eso fue solo un accidente de la cartografía de la ciudad. Lo que nos reunía era la muerte del Orfebre, su funeral. Lo del Pollo Narco es otra cosa, es solo un pollo accidental, cultural, engordado con hormonas de morfina para encubrir la venta de cocaína en la tarde, solo un Pollo-fachada. Nadie podría sospechar que detrás de esos pollos engordados y detrás de ese nombre tan jocoso, podrían vender fafafa o traficar antigüedades, o etc. Pero helos ahí. Un accidente atrapado en otro accidente.

La muerte del Orfebre también lo fue. Ahí estábamos, como cuatro ilusos mosqueteros, siete treinta de la tarde, en la puerta del Cisne Blanco del barrio chino, esperando que pasara la pompa fúnebre del Orfebre. Pero todos sabemos que así como hay atajos hay malditos desvíos. No sabemos si la pompa fúnebre cumplió su ritual. Sí sabemos que la dueña china del lugar nos negó unas cervezas para brindar en su nombre, porque la muy turra pretendía que comiéramos cuatro arrolladitos primavera como requisito mínimo para darnos una mesa. La vez anterior comimos algo, las rabas estaban 45 pesos las diez unidades, qué raro, pensé, y sí, lo que se esperaba no fue una fritada dorada y crocante, sino un engrudo de goma insípido; y el interior y sabor de los arrolladitos también baratísimos, indiscernible. Nos negamos. No transamos con los chinos, y menos con las chinas. Pero el hecho de que nos rechazaron, porque aquello fue un rechazo tajante, real, nos hirió en lo más profundo de nuestra tarde. Una herida en la yugular de la tarde. La Casa se reserva el derecho de admisión. Siempre así. Hay cosas que no cambian. Pero no nos pueden obligar a comer comida china a las siete de la tarde. No señor. Nosotros solo queríamos despedir con dignidad a nuestro amigo, a nuestro enemigo, a nuestro todo.

El Cisne Blanco era el punto de encuentro. Pero como nos desterraron en pleno barrio chino, terminamos en Emorroide, esquina de Narco Pollo. Cinco horas reloj hablando sobre diatribas, sobre poemas perdidos de Vicente Luy, sobre la sexualidad de Gabriela Sabattini, fue ahí cuando Longo notó que estábamos ante esa pollería tan extraña, que era como el Tercer Mundo, que siempre anduvo ahí, sin Tercero alguno, como  suele decir Lancelot.

Le dimos un destino distinto a las alegrías del Orfebre, y a sus tristezas. Porque uno tarde o temprano muere. Aprendemos a vivir muriendo. Esta vez le tocó a él. Cuatro disparos en su nombre, cuatro episodios de su muerte. Escaleno dice o Simon Leys says.

Escaleno era algo que nos faltaba en nuestra vida y si a veces hablamos en tercera persona, es porque somos del Tercer Mundo. Todo fue tan vertiginoso que no supimos cómo darle cuerpo, ni forma, ni colores. Pero, Longorraba, del submundo, tercera persona de tu hermana, acechaba los pulpos con luz blanca mirando a través de la tinta disuasiva, tenía un agujero en el jogging por donde salía uno de sus testículos, el derecho. Pero no llegamos a diseñar los personajes en verdad, alguna cualidad bosquejada, puede ser. Y el diseño es la piedra angular de toda cosa de nuestros tiempos, como la flamante fachada de Narcopollo, si no podés con eso, directamente no podés. Como un espejo que esconde su reflejo. Es lo mismo que los romances. Eso es lo que pasa cuando inventás romances estilo Lancelot, donde no hay nadie.

La moza se llamaba Rosario, no murió, pero se llamaba. Rosario, coordenada café París. La colombiana tuvo que migrar, de bar en bar. Rosario a secas. Ahora en 11 de Septiembre, Siga la Vaca, esquina Emorroide, dijimos. Rosario a secas y sin apellido, bien colombiana. El problema es que en este país si no tenés apellido sos un bastardo, y si no tenés tetas los hombres ni te preguntan el nombre. Así que así estamos, tocando las cuentas del rosario cuando rezamos, como si fueran pezones. Escaleno es un hombre del Renacimiento, que se corta el pelo a sí mismo, de a ratos, en ataques de locura y que no puede vivir en el Renacimiento porque el país todavía ni terminó de nacer, se corta las uñas, se mete el hisopo, se ilustra. Descubrió que el mejor antimicótico es el meo, entonces como un abuelo se relaja de dorapa antes de abrir el grifo de la ducha, con manos libres, sin Bluetooth.

Rosario vino al rato, y Longo dijo tetardaste un montón. Lancelot objetó “nooooooooooo” frente a esa réplica tan vulgar. Lentamente le fue calibrando los párpados, buscándose el rosario bajo la remera. Si no hay queso no hay juntada, dice L., se lo trajeron con pimentón rojo y oliva. Pero no nos desvíemos todavía. La reunión era solo por la muerte del Orfebre, tan trabajador, tan educado, tan reputado como Yahvé, el Neocalvinista que envidiaba al zaguero Mouzo. De tanto relamerse con Osvaldo Lamborghini le fue creciendo ese bigote, tal cual, bigote Roberto Mouzo en el que apoya el bidón de agua para negar su palabra en pos del fraseo, reducir el concerto grosso de sus combinaciones verbales a las líneas de un solo jazzero. Tomaba agua, mucha agua:
–Tratá de meter toda el agua en ese hoyo.
–Pero eso es imposible –replicó el teólogo–, ¿cómo pensás meter toda el agua que es tan inmensa en un hoyo tan pequeñito?
–Al igual que vos, que pasás de largo el misterio que es Gomsterfi.
Y cuando descubrió a Mouche sin tegobi en Boca 30 años después, directamente se tuvo que mudar a España. Pero Kerouac es otra historia.

Un cuadrado de provolone quedó fuera del plato cuando nos fuimos. La poesía es amoral y primitiva, es enigma, decía Escaleno, apellido que le pusieron los amigos cuando por pasarse de vivo le reacomodaron el tabique nasal. La única opinión literaria que yo tengo es que LLanusi es dictatorial porque es demagogo, lisa y llanamezzi. Como Casas. Al igual que el poeta con el nombre de la mayonesa (John Gelman). Y el de la cumbia (Oscar Caruso Cucurto). Decilo Enzo, le solíamos decir a Román Riquelme, para que termine de recitar, de poder decir algo, de redondear una sola idea. Pero no tenía llegada. Esa clase de gente extraña y sin sentido del humor, esos hijos de neorrealistas italianos mal traducidos al riverplatense, socialistas berretas, traficantes de chimentos. En fin, gente sin sentido común y sin sentido del humor. No podían estar entre nosotros, en víspera de funeral y de pompa fúnebre.

Pero como no se cumplió, como nunca la vimos pasar, no todavía, la vida quedará en posición de espera hasta nuevo aviso.
¿Un Evita vale más que un Roca o vale menos?pregunta Lancelot.
Solo la historia lo dirá resolvió con congruencia N.

La pregunta bisagra que una mujer le hace a un hombre es si tiene auto o no. Anotala. L. lo dice. Yo agrego otra: ¿A qué te dedicás? Ahí siempre perdí, ni una respuesta ordinaria me sale, bah, a veces sí, pero no. El otro día en un chat una mujer anónima me dijo de manera categórica, como si me conociera como mi vieja, que mi vida era una mentira, y me tuve que tomar dos rivotriles para terminar ahí mismo con el día.

¿Hay algo más triste que hablar con una mujer mientras se pinta las uñas de los pies? Seguro. En eso, en la esquina, como una aparición, el coche fúnebre descapotado, blanco, con los dos cuernos de buey en la trompa del orfebre cornudo, las minas de blanco con arreglos florales en el pelo montadas al féretro arrojaban roscas de jazmines y conchas, pétalos y panaderos que soplados desfloraban los ojetes más contritos, el cajón labrado con sus poemas de caligrafía ígnea empezaba a chispear. Llegando por 11 de septiembre se detiene antes de la esquina Almorraga, la procesión de una cuadra hasta Roosevelt también se clava dejando espacio de maniobra para ubicar la cola del vehículo en la calzada de descarga de la pollería. Nos Acercamos. El olor a dólar, cisne blanco, Celine Dion pura, nos hachó los ojos; y la comunicación cambió a una lengua salida del acre flujo del gas de cocaína, que respiraba cualquiera en las cercanías. Las paredes desaparecieron al momento que el cadáver descendía oblicuo a las digestiones opiáceas del local. Hablábamos como insectos guturales, o moluscos gimientes, no sé, pero nos entendíamos, y veíamos por los muros fílmicos cómo la carne transparente del orfebre se desprendía de los huesos en tumores blancos y saltar un remolino de pan rallado y caer en freidoras. L. se acercó al mostrador a preguntar el precio de las patitas. El esqueleto perfecto con algunos trazos rojos y violetas era exprimido hasta la extenuación de su médula ósea. Un torturador chino experto en anatomía mamífera extraía con florete próstata, de gran valor en las tiendas más exóticas del barrio. El mencionado gas y un gran surtido de genéricos similares también eran vendidos a anestesistas privados y odontólogos, surtidos desde el Zeppelin Led Topacio de La Morsa y Vergara Leumann, que Longorraba descubrió con visión de molusco, cómodamente fatigando divanes a gran altura, siguiendo atentos el destino de los prófugos del verano con largavista, ubicándose virtual e intelectualmente protagonistas del pleno dinamismo criminal, pero desde el lado uruguayo.


26.1.16

Macedonio Fernández: vigilia y ensueño, por Jorge Quiroga


Cuando Macedonio Fernández, en una detención de su derivar errante, fue a vivir con su hijo Adolfo de Obieta a un departamento cuya ventana daba a la vegetación del Jardín Botánico en la calle Las Heras, durante un tercio del día se acuesta y duerme, y según su costumbre anota en un cuaderno sus experiencias, quiere saber si dormita o sueña despierto, lo que repite desde hace muchos años. Adolfo le dice que eso no tiene importancia y que lo principal es poder descansar. Pero para Macedonio conocer su estado es crucial para seguir pensando, esa grieta entre la vigilia y lo que él dulcemente llama el ensueño, esa flotación en el que el cuerpo y la mente están sumidos, y para Macedonio es de sumo interés el umbral, en el que no sabemos si estamos soñando, y las imágenes nítidas que invaden nuestro ser pertenecen a un territorio que no dominamos y perturba nuestro ánimo de tal forma que enrarece nuestra percepción del mundo. Durante mucho tiempo, Macedonio medita sobre esta cuestión, y su pensar lo llevó a adoptar costumbres cotidianas, al parecer raras y excéntricas, pero que correspondían a su investigación sobre la vida, que significaba unas verdadera obsesión, a partir de su enclaustramiento y de una soledad que experimentaba hasta rozar el sentido, entre otras cosas, de su misma situación en el orbe. Para Macedonio el mundo exterior es fantasmático, esto quiere decir que está compuesto de restos que se agrupan, vendrían sus imágenes de la nada, no serían copia, sino libre creación del sujeto. Todo debe pasar por nuestra conciencia para tener entidad. La irreductible posición antirrealista macedoniana es decisiva para negar el tiempo, y por lo tanto la evocación se vuelve trunca y su sistema digresivo, e interminable, para lo cual el registro de los estados tiene la virtud de poder ubicarse en una condición, casi siempre de duda constante, porque interrogarse acerca del dormir, el sueño y el mundo externo, ese el comienzo de un pensamiento en el cual la Filosofía se torna Literatura, señalando los altibajos del ser.

La tradición apuntada por Freud dice que “el sueño, si es que no proviene de otro mundo arrebata al durmiente a otro mundo” justamente esa traslación hacia otro lenguaje, hacia el fondo de las cosas es la que arrastra al durmiente, que sabe que ese pasaje lo contiene y lo conduce hacia un retiro o aislamiento en el que el ser se reduce a un procedimiento asombroso. Porque lo que busca Macedonio es estar atento a esa oscilación, de los ojos abiertos en la vigilia y la entrada al ensueño

Si las imágenes del sueño son más débiles, según el estado del sujeto que sueña, él insistirá que las imágenes que registra en su atención, por el contrario, son nítidas y no se diferencia en su onirismo, que se dirige a sustentar el mundo, impactan en la conciencia y ese golpe provoca una inminencia de la pura experimentación. “En el ensueño el Mundo cesa, pues fluye libre y variadamente la Afección y nuevamente se asocian las imágenes de la Presentación sin ninguna eficiencia causal” (No todo es vigilia la de los ojos abiertos) Macedonio quería pensar su Metafísica, en ese sentido se puede decir que su filosofar, tiene parta él implicancias vitales y cotidianas, por lo que no se las puede juzgar, sino como un pensamiento que, digresivamente, va montando un entramado visible de entradas, salidas, y postergaciones, con un lenguaje muy propio y excluyente. En realidad es un proyecto que consiste en escribir Literatura, encubierta en una reflexión constante, y entonces semeja una escritura filosófica, pero el proceso es inconcluso, se ha dicho cesante y arrastra cuerpo y espíritu, mediante un proyecto de idealización y de una negación sistemática al ser un mundo que se encierra en sí mismo, pero que se expande en sus incrédulos lectores. Escritos obsesivos, como buscando el nexo que los reinicie, un pensamiento extremo, casi utópico, sobre las circunstancias de su propia elaboración y dispersión.

“Si todo necesariamente es psíquico, si lo no psíquico es ininteligible e inconcebible, y si nuestro total de estados sentidos comprende millares de estados que no son visuales ni táctiles”, dice Macedonio y esta característica lo conduce a pensar a su experiencia formada por esa multiplicidad, que conjetura sus posibilidades afectando su existencia, de modo, que lo que se puede repetir es que el Mundo, aparece o desaparece, que esa inmaterialidad es inconstante. “El Mundo no es necesario es pasajero, contingente”, al soñar puede ser que esté, pero negar, o predecir su presencia no tiene sentido, porque en el ensueño y en la vigilia mi psiquismo lo convoca o ausenta.

Diferenciar ese Mundo exterior y el sueño, para saber si sueño o no, mientras las cosas se mueven en una causalidad engañosa (tigre y dolor) por lo que es preciso constatar su secuencia de aparición, y entonces es imprescindible intervenir en el juego. El Mundo exterior no depende de nuestra voluntad inmediata, y es igual, dice, a las imágenes mentales que disponemos, y ellas sí que son voluntarias, el sujeto recibe entonces esta imaginería y, como dijo antes Macedonio, todo es psíquico y por lo tanto, se incorpora a nuestra experiencia. El. Ser libremente crea la imagen, que no es copia de nada, el mundo externo es como vimos fantasmático, lo comprueba el caso del ensueño, porque tanto en aquel estado como el de los ojos abiertos (Macedonio duda de que esto pueda distinguirse, por eso insiste tanto en corroborar su verdadera circunstancia). La sensibilidad tiene esta condición de hacer surgir diversos estados. Los movimientos corporales alteran la significación y las imágenes se modifican, como lo hace el mundo externo.

“Los realistas quieren que el mundo exterior sea algo en sí y exista sin llegar a ser hecho psicológico.”
Macedonio entiende que no se puede ausentar de su existencia, pero todo tendrá que ser puesta en duda, y en su pensar solitario, el solipsismo no se cumple enteramente del todo. ¿A qué llama ensueño? ¿A una suspensión de la vigilia? ¿A un estado intermedio al estar despierto o adormilado? Su irrealismo le dicta que el Mundo no es, no se trata de algo en sí, y esto es una controversia y una manifestación de su idealismo absoluto, que tiene mucho de procedimiento ilusorio.

¿Habrá rozado la locura, el completo vacío, en esta especulación, o esta le servía solo para pensar? La obra de Macedonio es un intenso diálogo con él mismo, que demanda una deriva constante de la lectura, un lector salteado como él dice, que pueda atravesar por sus escritos, porque aparenta un pensamiento sistemático, rígido, pero construye una divagación, a la que es posible acceder por destellos y reverberaciones, que fragmentariamente dejan a su paso señales de una interrupción que desorienta, si uno cree entender su sentido. Las imágenes del sueño, “el interés emocional y agitación psicológica percibida como un tercero son iguales a los de la vigilia” (“El mundo es un almismo ayoico”) La vigilia es lo que aparece como un estado pasible de angustia, aún el pensar y recordar, prever, y evocar, por lo menos no son tan nítidos, los llama de carácter débil, por lo tanto les niega como posibilidad. Estamos ante un pensamiento que trata de cambiar los rumbos acostumbrados, para generar por lo menos una bifurcación de lo ya pensado, también quiere decir que en la vigilia hay algo más que no conocemos. La irrealidad es suponer una causa a la vigilia, esta no está causada quizás por ningún elemento, porque nuestro hecho psíquico, conciencial, crea lo exterior. Entonces debemos atender a nuestro propio interior, porque allí estarán las claves de la existencia o de la no-existencia.

Macedonio establece una especie de fenomenología del sueño y la vigilia, el umbral donde el que sueña se vuelve real/irreal. Estos dos órdenes son equivalentes, y si el Mundo es supuesto, antes y después de percibir, los anulamos, porque la vigilia es un tiempo intermedio, una suerte de flotación en el vacío. Puede ser un ensueño, entonces es real, porque nuestra mente está en estado de receptividad, esto se refiere a ese modo de permanecer. Es ensueño cuando se fusionan, y están por así decirlo, intercambiados.

El “onirismo” macedoniano es muy particular, porque las dos instancias se entrelazan, y se diferencian a la vez. Hay una violencia dulce en lograr que el ensueño sea nuestra situación permanente. “El sentir y el imaginario es lo único existente, nada existe que lo cause, no existe en la vigilia ni en el ensueño algo sentido o imaginado, sino solo el estado de sentir e imaginar que es la plenitud del ser, que no es sombra, representación o efecto de nada.” Esta plenitud del ser, manifiesta entonces un estado, de tal forma que la atención está puesta en ese movimiento oscilante que nos hace existentes. Sentir e imaginar (lo que él llama Afección/Placer/Dolor y proliferación de imágenes) no representan nada, y esto es una forma de negar lo exterior.

El encadenamiento causal es una construcción ficticia, lo que quiere decir que debo ponerla en duda. Macedonio opone “en el dormir” con la vigilia, a pesar que esa reflexión (pensar, imaginar, sentir) es ensueño. En el dormir vivimos la intensidad del ensueño. La vigilia es sólo hipotética y precaria en su iluminación, todo lo oculta; se pregunta qué hay en ella que está llena de olvido, falsas imágenes e insistencias. Para Macedonio la vigilia y los fenómenos que derivan de su estado, provienen de una preocupación lejana, su libro No todo es vigilia la de los ojos abiertos es de 1928, y así lo indica su vida que estuvo dedicada a pensar y describir estos instantes primordiales. La vigilia es un dormitar en el que el ser responde a sus propias palpitaciones.

“Los hechos de la vigilia no se suceden por asociación, sino por causación. ¿Será esto así y hará ello la diferencia entre sueño y realidad?” La muerte como dato radical se iguala con el olvido (la muerte continua del contenido psíquico), donde se dan recuerdos y en la vigilia aparece el ser fantasmático.
¿Alucinación?, ¿ausencia de un objeto que referencie y sea representación de la imagen? Pensar las cosas es ensoñar, entonces se ilumina la escena que figuro. Meditar profundamente en ese estado especial comprende mi angustia de ser. Lo externo, la interrupción, el desaparecer de seres y cosas en el Mundo que ser extingue a cada paso, que muere en mí. El ensueño (regularidad y repeticiones) es la representación agradable del que duerme o cree hacerlo. Repetición de la realidad, es entrar en el ensueño sin interferencia en ella, donde el rastro de lo real es inhallable.

Para Macedonio “el tiempo nada separa”. Y el sueño de la aparición de su padre, con el que entabla un diálogo que evoca, pero que para él es una presencia en su ser, es el ensueño con virtud de retrotraerse e imaginar. Es lo más voluntario, y encierra una predisposición frecuente. Hay momentos regocijantes y angustiosos, envolviendo nuestra existencia. Entre sueño y realidad presume una disparidad “formal”. “Estaríamos en el idealismo absoluto con un doble soñar del ser”. El sueño otorga existencia, estar despierto (vigilia la de los ojos abiertos). Es seguir soñando, es prolongar un estado. Macedonio es el único que sueña, porque soñar es vivir plenamente, los seres existen cuando son soñados, y el Mundo que ellos ven, si duermen, cesa. Macedonio despierta pero sigue soñando. ¿Qué distingue el ensueño de la realidad? Sentir es algo externo que se da en esa emergencia.

Que algo “sea” en el sentir, o en el llamado Mundo, es todo misterio, significa un asombro que compromete nuestro entendimiento. La no existencia es una mera palabra, como otras veces el “ser” es nada más que verbalidad, para un soñador esto es así. Macedonio negando al tiempo, que no es nada, anula el dato radical de la muerte y se entrega meditando al proceder del tiempo. Algo nos estremece y convence, nos conduce a un espacio de sutiles reverberaciones que posibilitan el pensamiento profundo. No sabe cuándo se está soñando o no, que es lo mismo que decir la transmisión de un modo de estar. ¿Estoy despierto? ¿Estoy soñando? La meditación se da en el ensueño o en el instante que uno cree soñar o pensar. La representación es formular qué imágenes corresponden a determinado objeto, pero cuando esto se encuentra por lo menos dudoso hablamos de algo que falta. “En el sueño hay todo esto: una zona de imágenes acompañada de estados emocionales, como en la vigilia.” De estas imágenes se dice que no son percepciones, que no son reales. ¿Esta es una contradicción o una constatación? Macedonio siempre tiene en cuenta al que lee, dialoga con él pero no obtiene respuesta, porque eso es imposible.

Las imágenes visuales, táctiles y musculares que percibe la mente se crean y se extinguen de la nada. Hay una repetición de eternidad que le hace además creer en la causalidad y en sus efectos Las secuencias son producidas por un conjunto de causas que él llama “situación”. Se pregunta acerca de las condiciones para que la escena sea soñada o real. Si la causalidad es esta duda, qué cosas deben darse para mantener una seguridad. No parece que quiera solucionar esta situación dilemática. La invención literaria, el novelar, nos trae todos los sueños, para emprender el continuo soñar, en que consiste escribir literariamente. Macedonio no diferencia entre lo sucedido y lo imaginado, manteniéndose en posición receptiva para los sueños. ¿Qué significa para él pensar? Sobre todo evocar de manera presente lo visto, lo tangible, lo oído, forman un conglomerado de imágenes meditadas. Todo es pensamiento, mi cuerpo y la evocación. El ser y los fenómenos son cruzados y muertos de la nada de la que provienen, de donde surgen, y la sensibilidad es eterna, reside en el vacío que es el tiempo negado de por sí. El ser asombra, deslumbra, en su persistencia, en lo que es. Y el yo significa “el otro”. Hay una traslación continua, que el estado de ensueño no hace sino redoblar.

El ser es plenitud, inmediatez y lo soñado es la única realidad y el verdadero misterio. Entre el despertar, o en él, y el comienzo de la percepción en la vigilia, estas imágenes, del ensueño y la afección, en el sueño, o en el momento de los ojos abiertos, ellas dan su versión. Tanto en un estado como en el otro, las imágenes indelebles persisten. El Mundo material es un sueño de la afección, es decir que percibimos diversos elementos, placer, dolor, y entonces los soñamos transformándolos o traduciendo en imágenes. Lo mismo ocurre en el ensueño, imaginación/ideación o imágenes signo, pensar con palabras, engendramiento afectivo. ¿El sueño está compuesto de imágenes que son producidas en ese tramo intersticial? La imagen hace visible esa realidad del mundo exterior amenazante, que yo creo y durante el dormir no se quiere abandonar. Esa imaginería del sueño donde pienso que estoy, quiero glosar esas apariciones, antes de pasar a las nuevas imágenes de la vigilia.

Lo real es lo soñado, y lo que llamamos Realidad es una suposición, el ser es lo que se constata. En Macedonio aquello que es lo que vuelve, hace inteligible esa reflexión interminable es la Pasión, que es del orden de la Altruística-vivir en la vida del otro, sin cuerpo, en estado emocional metafísico, casi anulando la propia vida o inexistiendo. La “eternidad” conciencial del individuo, no se afecta con la destrucción de mi cuerpo. De esto deriva su novelística y su concepción, o no creencia en la muerte. La inmortalidad consiste en estar no ligado al destino de un cuerpo, y quizás sí de la mente. El sufrimiento indica que siento, pero “ser” es una mera verbalización según esta forma de pensar, con las palabras no se piensa, pero ellas sirven d comunicación, y para recordar, se lo hace para sí, no pueden suscitar en otros el recuerdo, siempre está presente esta capacidad que nos permite a toda hora imaginar. El asombro de ser (emoción) nos recubre y compensa. Toda “concepción de existencia” Macedonio la vincula con su propio ser. Su doctrina es de “plenitud, y eternidad de toda sensibilidad, de la única sensibilidad”.  

Hay, dice, “una imposibilidad de creer”, nada más que en su conocimiento limitado, que se enfrenta aparentemente con lo fatal e inevitable, hay que continuar pensando. Le sigue su fundamentación de la eternidad, de su Metafísica que es personal, y él divaga en su transferencia, que define como un estado de Autoexistencia, porque si es así es lo único que vale. “La Metafísica es hacer del Cosmos es decir del No Ensueño, Ensueño, de traerlo al enigma del ensueño, por el robustecimiento de la Afección y una actitud enervante de la sensación”. Se trata de un traslado, de una peculiar sensación de un sujeto de cambiar de lugar, un estado para que se pase a otro orden de acercamiento.

El pasado es eterno y la máxima sensación es que de algún modo la anulación es posible, la Metafísica de Macedonio busca convertirse en mística en la forma extrema, uno no se suicida del Cosmos, porque todo es experiencial y la Afección reestablece su trayecto. Eternidad y pasado se dan de tal manera, entrelazándose de tal forma que conviven. “La Metafísica, en suma, es hedonística, es hija del miedo” y la intelectualización procura amortiguar, enriquecer y ejercitar “los buenos ensueños y la Afección”. ¿La eternidad es la no-muerte, el ensueño que nos transporta a la ideación, o formación de imágenes, que es la metafísica? “La metafísica es la investigación intelectual de las vías genéticas del hecho espiritual de emoción de infamiliareidad de lo ya conocido, de lo nuevo, que tal es el “choque metafísico”. Investigación de aniquilamiento es pensar cabalmente, la búsqueda macedoniana, pasa por caminos donde su aislamiento lo lleva a la soledad de su cuarto, donde pequeñas muertes de las que sobrevive, lo convencen de que sus empeños se justifican. Se pregunta sobre el sentido de pensar, concebir o ser objeto de un pensamiento. ¿Qué significado tiene representar la nada? ¿Se puede pensar el ser o el no-ser? Pensar es concebir-poseer una imagen para lo que se nombra. Esta peripecia es total, pertenece al territorio de su cuerpo y los esfuerzos de conocerse y rodear el riesgo espiritual de extraviarse en el pensamiento. El objetivo es acceder al “choque metafísico”, el momento en el que todo el ser se conmociona con una interrogación que es impostergable. Macedonio deambula por la filosofía, pasa largos años meditando y ahí lo importante es que su manera inconclusa de indagar piensa siempre en las mismas cosas, como si su asombro del ser no tuviera límites. No se trata de un sistema cerrado, sino de una lectura sobre su propia condición efímera y por lo tanto incesante en su reflexión.

El sueño, que algunas veces llama ensueño, lo envuelve comprometiendo su ser y lo inunda de significación que quiere dilucidarse. Se puede caer en la nada psíquica, entonces el mundo no es forzoso, y termina su misterio. ¿Hay mundo o no hay mundo? El ser y el no ser no son pensables, por lo que son meras verbalidades. Tenemos continuamente instantes de no ser, esto hace que pensemos en el ser que es presente. El dormir, sueño y vigilia, es inmediato, el pensamiento está ligado a una imagen privativa. Si la “angustia” pertenece al ser, cómo puede intervenir en el no ser. Las categorías macedonianas las intercambia, porque así no tiene seguridad y es posible reformular-deformar constantemente sus derivaciones. El no ser ni siquiera es cotidiano en la vida, no hay discontinuidad en el tiempo, porque éste sin sucesos es inconcebible y casi absurdo. Hablar de angustia o de ansiedad es un estado psíquico que se refiere al “infinito”, al “ser” y al “no ser”. Aludiendo a Husserl menciona la contingencia del ser que desaparece o habiendo desaparecido permanece. “El despertar del sueño como si fuera la metáfora de un resurgimiento de la vida después de la muerte, esa una dimensión del ser místico –siempre presente: ser y presente son la misma cosa– que se halla interrogada”, dice Horacio González y esa divagación macedoniana se corresponde con una investigación sobre el significado de esa grieta entre el despertar (que no es del todo) y el soñar que también es inconcluso.

Hay enunciados dilemáticos que pueden mostrar alternativas que señalan dos caminos posibles, el sueño-ensueño, tiene su negación en el Cosmos, lo exterior, que como juego de falsos espejos reverberan en las vida diaria Macedonio busca separar los regímenes, porque no está seguro si está despierto o sueña, o es soñado por otro que lo involucra.

El resucitar de las personas en el sueño comprueba la existencia que le otorgamos como soñadores, y de algún modo cómo ellos han podido evitar la muerte, y que nuestra fe confía en su supervivencia. ¿Qué es real para Macedonio, el sueño o la vigilia? ¿Qué diferencian las personas tocadas a las que soñamos y que por eso resucitan? Macedonio se pregunta por qué causa se disminuyen los sucesos del sueño, cuando sus imágenes son más fuertes y contundentes para nuestra conciencia, para lo que ocurre con los ojos abiertos como si ahí se presintiera lo que hay que creer. Por lo menos duda y por eso se interroga. Él dice que la intensidad conciencial del ensueño es tal vez más grande que la de la vigilia. Aunque no puede explicar así el olvido –la muerte– en los sueños y en la vida. La diligencia de nuestro ser hacia los sueños. Macedonio hace resucitar a su padre en un ensueño soñado del pasado y se pregunta si no se puede intentar resucitar o torcer el destino del padre, niño que lo ve morir ante sí. El Mundo para Macedonio puede estar o no estar, es percepción y contingencia, igualmente existe el sujeto o lo que se llama sujeto. El yo no es nada, sin yo, es un fenómeno no adventicio. Yo existe en un cuerpo, no es algo conciencial, no puedo concebir la no existencia ni por un momento. La muerte se entiende como el no- ser, esto es imposible, casi de todo sentido. El ser y la existencia es no presente ni actual.

“Como si dijéramos: las cosas se ven con los ojos abiertos, las imágenes se ven con los ojos entrecerrados”. Pero lo que realmente interesa son las imágenes, como si en ellas residiera un caudal que hay que transferir. ¿Hay efectos inmediatos en los sueños? El Mundo, el exterior es un invento, increado por uno, en el ensueño el Mundo cesa. En la imaginación del sueño hay causalidad, pero puede no haberla, ya que se niega la secuencia, y el tiempo que la contiene. Las agresiones del Cosmos, o del propio cuerpo, son respondidas analgésicamente, evitando o tratando de anular el dolor con la conciencia que hace que la Afección se postergue. ¿Esta Metafísica es no literaria, pensadora, o es una forma proposital de escritura? La clave de su acción descriptiva, está basada en la experiencia que se tiene, niega también lo discursivo o la verbalidad con que las nociones se vuelven mera abstracción.

El ser pleno, cognoscible, es esa indagación sobre las condiciones de experiencia, porque se procura en el extravío las peculiaridades del asombro. La conciencia es un continuo, dice, lleva claridad. El hecho metafísico está reunido en un estado “momento conciencial de infamilareidad” en donde con lo conocido nos introducimos en el Misterio.

El estado místico, que es de plena verdad, sabemos que es el objetivo vital que Macedonio anhelaba para sí mismo, es decir el acceder a una claridad de pensamiento, el haber y acontecer plenamente, reflexionando en una atmósfera de saber-ser. Toda la labor conciencial requiere retrotraerse a la Mística primitiva, conocer-desconocer el haber y el ocurrir, sumergiéndose en el sin yo que es el saber místico. El ser verbal nada es, lo nuevo, es ese impulso, no para explicar lo inaccesible, sino para ahondar en lo aparencial. Los momentos del pensar provocan estados múltiples, variedad que con o sin pensamiento da la pluralidad de estados. Hay variedad porque hay complejidad de situaciones y lugares. Pensar exige esa pluralidad. Macedonio considera las alternativas de aquello que piensa, como una reflexión  aparentemente sin nexos pero que se  relaciona con cómo ve el ensueño, siendo la posibilidad de encontrarse en un momento no muy diferente a la vigilia de un hombre despierto.

Freud dice respecto del estado onírico que se da “el estricto retraimiento o aislamiento del sueño respecto a la vida real” (La interpretación de los sueños, T IV 1ª parte) en la indistinción de Macedonio esto en parte es así porque para él la vigilia constituye otro aislamiento. El tema de la intensidad o nitidez de las imágenes es un elemento primordial. Para Macedonio aquellas que provienen de los recuerdos son vivaces. Sigue Freud, “alguien podría presuponer que la intensidad sensorial (vivacidad) de las imágenes oníricas singulares tiene alguna relación con la intensidad psíquica de los elementos que corresponden dentro de los pensamientos oníricos”. La teoría de Freud que construye el concepto de inconsciente (censura y represión ) no es afín a las elucubraciones de la introspección macedoniana, el que no hablará del contenido de sus sueños, más bien le interesa la intención de soñar y todos los fenómenos que envuelven la salida, la entrada al sueño, y todas sus derivaciones. El trabajo de Macedonio es arduo porque no busca comprender sus ensoñaciones, su descripción es de estados físicos y de psique.
“Macedonio consideraba a la escritura como una imperfecta transcripción del ensueño”. La nada lo acechaba, entonces esta maniobra le resultaba inevitable. Y necesitaba por eso escrudiñar, entre la realidad y el ensueño, colocándose en un lugar intersticial. La intensidad de las imágenes en el ensueño, en la demencia se compara a las sensaciones.

“La alucinación, las imágenes del sueño, las voces de la locura, son formas de la Pasión, que no necesitan otra prueba de realidad que el soporte del apasionado”. ¿Estoy dormido o estoy despierto? O en el ahora me encuentro en ambas situaciones, y el tiempo es eliminado. “El ensueño –es a su vez– era un medio (instrumento poético) y una forma de vida, a la que se puede legar por el trabajo de la reflexión y la escritura”. German García: “La teoría del ensueño en Macedonio –no la explicitación sino la práctica– sería la clave de la comprensión de las figuras de su estilo y en esas figuras se juega el sentido manifiesto de su escritura y de su ser”. La palabra debe advenir, en forma de metáfora o de Lenguaje, por encima de las imágenes-ecos, que provoca el sueño. El deseo y el recuerdo y sus posibilidades y emergencias son señalados como puntos nodales, donde se debe enfocar la reflexión interminable. Sueño, recuerdo y deseo se vinculan en la poemática del casi-filósofo, que con sus estados de ensueño difuminan o sabotean la realidad visible o lo perceptible.

La vida bonacible o penosa, se repite durante un tiempo y nos remite a un Mundo identificable y familiar. ¿Hay unidad en ese Mundo, lo hay en la vida individual? O tenemos mejor que estar atentos a la multiplicidad de estados en los cuales existimos. Encerrado en su pieza y en sí mismo, Macedonio niega el tiempo, la muerte de los que aman, y se propone vivir envuelto en el ensueño que lo deja deslizarse por las fronteras de su ánimo, de su asombro de ser, y en el desmayo y en el sueño, cree experimentar los límites de su existir, y eso le hace tener visiones de sus recuerdos. Estados mentales, pasados, presentes y futuros son admitidos por ese idealismo absoluto que Macedonio profesa, instancias propias y ajenas, que lo relacionan a un pensamiento original y espontáneo. Sabe que no se puede ausentar, y que no vale negar la existencia porque esto no es concebible. Todo debe pasar por nuestra conciencia para ser algo, de otra manera es nada.

La imagen difiere de la sensación original, que se altera con movimientos y aptitudes. La imagen del sueño permanece, no la ve efímera. Por eso Macedonio prefiere esta figuración, y la extiende a la vigilia de ojos abiertos y a la escritura. El mundo se da como deseo, fantasía, evocación, volviendo al mundo exterior. Hay que sumergirse porque ello nos arroja a un profundo mundo interior, en el que nuestro espíritu emprende un viaje a los límites de nuestra experiencia y contemplación. Pensar, expresa en algún momento existencia. “El sueño, el desmayo son esas situaciones supuestas de inexistencia (pues el que nada siente nada es” (No todo es vigilia la de los ojos abiertos). Suponemos una muer que no es tal, por eso cuando sobrevivimos, entramados en la plenitud del ser, se sigue soñando en un estado “místico” que es exultante. Más despierto que una vigilia es ese tránsito a la “eternidad nemónica individual”.

Los enredos macedonianos no son muchos, aunque una claridad traspasa sus tropiezos, la reverencia, un alegato por Pasión, la muerte del cuerpo en su ocultación a los ojos, son tan solo una maniobra. El estilo del ensueño constituye al ser como concebible y posible, ahí se manifiesta, lo llama como todo lo que se presenta como integrante de la subjetividad, exceptuando al mundo externo, en la sensibilidad donde está todo mi existir, al ser plenitud inmediata, es el sueño. “El deseo o la voluntad de acción directa sobre la imagen y no sobre la sensación”. ¿La vigilia consistirá en una serie de sueños cortos? ¿Hobs estuvo en realidad en Buenos Aires? ¿Realidad o ensueño?

El ensueño tiene que ver con la asociación de ideas, y el sueño no posee efectos. Habrá buenos y malos ensueños, y puede instalarse la angustia, desapareciendo las imágenes agradables, la llamada vigilia es una construcción ficticia, que separa el ensueño de la realidad. La vigilia, como ya dijimos, es una hipótesis precaria que se establece para delimitar campos y ordenar la vida. La costumbre macedoniana de dormir-dormitar, y anotar el sentido, contaminan los hábitos, y son un componente de su extravío. Se pregunta qué es lo que hay en esta vigilia, compuesta de olvidos, brusca muerte súbita, ensueños y recuerdos recientes o remotos, que la caracterizan. Aparece como un estado latente, no del todo cierto, que guarda un misterio que no consigue develar, poblado de imágenes diferidas. El ser de los sueños es también fantasmático, no se consigue asir, y el de la vigilia comparte esas cualidades por extensión o presencia del pasado. Acomodamiento fisiológico el dormir, puede desaparecer en el transcurso de la evolución humana y es un acto de adaptación a circunstancias que pueden cambiar. Pensar, imaginar, prever, recordar, durmiendo en el ensueño, nada se diferencia en la vigilia, lo que está diciendo Macedonio es que tales disposiciones se igualan y se complementan, son espacios continuos e inmediatos. Convertir estos procedimientos en Literatura es el propósito de este escritor atípico.

Solo no es puro sueño lo que tenga que ser anterior, y como este a veces es mera verbalidad, y en otras ocasiones plenitud, se duda de lo que sea efectivamente sueño. La vigilia en verdad pertenece a este punto de inflexión donde se deberían partir las aguas. Hechos y cosas desaparecen continuamente o son inhallables en el ensueño, en la “realidad” y sus rasgos no surgen claramente. “Podría decirse que si los ensueños son tan angustiosos o regocijantes, no vale la pena de que sean irreales, y si estamos acostumbrados a la perdidumbre de muchos hechos calificados en el momento de reales, es porque la realidad tiene un valor hedónico apenas diferente o superior al de los ensueños”. En broma o en serio Macedonio trastoca los tiempos y convierte el ensueño en realidad, no solo de los tramos de una vida personal, ya que los lleva al tiempo que no existe. ¿Soñó que vio al intruso o lo ha soñado, ocurrió efectivamente la persecución? Mediante esta vacilación Macedonio se pone al resguardo y enrarece las certezas del acontecimiento, no se somete a ellas, vive en estado de sueño, donde no hay seguridad tampoco de que la imagen sea cierta. Su mente es receptiva de los cambios que se dan en esa escena.
La vigilia, una serie de sueños encadenados, tiene trayectos desechables, restos de una experiencia ya conocida, y núcleos significativos conmocionantes para la conciencia del soñador.

Las palabras son para comunicarse, no para pensar. El verdadero conocimiento metafísico se presenta en forma de imágenes, que no es preciso descifrar. En la mente del lector o del interlocutor hay inadecuaciones que la comunicación procura corregir o por lo menos intenta actuar con nuevas inadecuaciones. “Lo que sueño a veces ocurre luego: puedo soñar cuando estoy bajo un temor o una expectativa grata”. Siempre esta oscilación entre el placer y el dolor hace residir al sueño en la esfera del pensamiento, porque lo que se piensa existe, y debo entregarme a ese movimiento que se da en imágenes, sobre todo visuales, que continuamente se refieren a ese estado de consuelo o desconsuelo, en el que Macedonio se refugia y se retira a su ser pleno. Existe una secuencia causal externa, que es la fuente de las imágenes, como una repetición de la realidad. Aunque la huella de lo real sea difícil de encontrar para el soñador, como si estuviera envuelto en una zona, más allá, que tiene sus propios modos de ser. La contigüidad de los estados de por sí aniquila al tiempo que para Macedonio nada separa ni es.

Estar despierto no es únicamente tener los ojos abiertos, significa seguir soñando, y la metafísica no es más que esa condición del sueño, porque su permanecer ahí es abrirse a una infinidad de manifestaciones del alma. Un pensamiento de sentido común diría que Macedonio no sabe distinguir si sueña profundamente o si dormita, sobre todo cuando está bajo el influjo de la ensoñación, por imposibilidad mental, pero también es cierto que ese diálogo incesante con el que recuerda, lo conduce al ensueño, como el único espacio donde, de un estado al otro, conserva su integridad, con su yo desintegrado.

Dice Horacio González: “El texto macedoniano contiene la preguntan de su cesación y por el acto de su conclusión. Pero no por ello el ser queda vacante. Al contrario Macedonio tiene un escribir “abierto al vacío” porque busca el momento áureo y místico en que el escrito se transforma en vida” (Macedonio Fernández: El filósofo cesante). Este llegar implica una propensión hacia nuevos significados que solo residen, cuando este pasaje se realiza otorgando vías a lo que ese instante, se convierte en otra cosa. Si no hay yo, tampoco hay identidad, si el Mundo exterior es conjeturable, queda el misterio del sueño/ensueño. ¿Son dos cosas o una sola? Donde quizás es posible que los fantasmas, recuerdos y experiencias vivan derramando una luz al ser y sus vicisitudes.

Existe miedo, al soñar y al despertar, como algo invariable, ese sentir atraviesa zonas aparentemente opuestas, pero en verdad se diluyen en el olvido-muerte, o se recuperan con la labor reflexiva. “Pero reduciendo al régimen del Ensueño el mundo del no Ensueño o Cosmos, nos encontramos sintiendo únicamente las espontaneidades, creaciones continuas de nuestra Afección, que no por falta de cosmos dejará de presentar la suprema variedad de dolor-placer. Y así ocurre que es vano refugiarse en el régimen del Todo Ensueño, pues en nuestras pesadillas de todas las noches podemos sufrir todo lo que el cosmos nos puede causar…”

Pero esto en la casi teoría o Filosofía fracasada, Macedonio está desmintiendo que la vigilia perfila un desorden y no se la debe eludir, el ensueño cubre con su modo todo aquello que se formula. Cuando apareció No todo es vigilia la de los ojos abiertos, en 1928, la mayoría se desconcertó. Los que seguían a Macedonio lo consideraban una persona singular. Su pensamiento parecía utópico, fuera de lugar, se dividieron los bandos y los que lo veían como un loco lindo, no lo tuvieron más en cuenta. Su reclusión encapsuló a los escritos. Pero el entusiasmo acerca de Macedonio persistió en otros, continuó pensando en la vigilia y el ensueño como señales de su meditación.