22.4.12

VIENTO AGRIO (Fragmento), por Luis Thonis






Regresábamos cansados al puesto fronterizo y los caballos resoplaban como presintiendo el reposo. Sobre la llanura que caía sin que ninguna luz se cuajara entre las lejanías de orlas doradas, escuchábamos los cascos de los animales sobre la rojiza superficie.
Había hecho crónicas en la guerra contra el indio y, luego de mi ascenso, ésta era la primera partida que conducía. Habíamos tenido encuentros esporádicos.
Los indios eran muy rápidos y ágiles y parecían conocer cada uno de los movimientos que planeaba. Por tres veces sucesivamente fracasamos en la persecución trotando y al galope. No me atrevía a mandar el informe porque habría hecho el ridículo. No había podido entrar en batalla y a esta altura prefería una derrota concreta que a este fatigoso juego de escondidas.
Esperábamos el día en que podría darse un combate decisivo y para eso habría que ir hasta los toldos.
Con voces duras y cascadas, nos habían prometido novedosos juguetes de fuego pero aunque nuestras armas funcionaran bien era imposible acertarles. Al principio, cuando entre muchas correrías, alguno caía, lamentaba que no pudiésemos darle buen entierro, había que seguir la huida en la polvareda. Colocar una cruz sobre un cuerpo exánime, he ahí una avanzada de la civilización. La primera vez que vi un indio muerto estuve a punto de detenerme. Me advirtieron que podía ser una trampa, que a veces colocaban muertos como cebos. Tenía el hábito del eufemismo. Cuando caían sus cuerpos eran una ofrenda a los chacales y a las sabandijas. Matarlos en frío: esa imagen me resultaba odiosa y por suerte nunca me había tenido por autor. Es en la guerra donde uno más actúa por imitación. Yo mismo imité ese día el tipo de persecución que hacíamos a las montoneras. No era lo mismo. Ellos atacaban postas y ranchos y se los tragaba la tierra. La velocidad de sus movimientos me hizo pensar que nuestras guerras civiles tenían protagonistas perezosos. Era comandante y todavía no había capturado a uno. Supe de cosas aberrantes como el del oficial que permitió que algunos escaparan para tener un pretexto de hacer fuego sobre ellos.
Yo entré a una toldería vacía, luego de embarcarme en botes y siguiendo el curso del agua. Había muchos obstáculos y tuvimos que dejar las embarcaciones.
Hubo que cruzar el bañado con el agua a la cintura. Nunca olvido el momento en que en pleno desierto tuve que romper el hielo con la culata de mi arma. Nuestros gauchos, bajando sus tercerolas, autorizados por el comandante esa vez, se aproximaron a las indias que se habían quedado sin sus hombres. Algunos amagaron violarlas y los amenacé con clavarles mi cuchilla. No quise acercarme a ninguna. Ellas esperaban no sé qué, con mirada amarga, sin desesperación, tal vez porque estaban endurecidas por la helada, temblando de frío y de miedo.
Se aferraban a sus pequeños y pensé en mi mujer: pronto iba a ser padre yo también. Pensé también en mi padre, que era coronel, pasado a cuchillo por Urquiza en el feroz combate de India muerta. Decían que mi padre, mi chao en araucano, había sido un héroe y me sentí indigno de él. Algo que sumó vergüenza al ver combatir a mujeres indias con un tesón sin igual.
Aprendí pronto que para combatirlos necesitábamos hombres livianos y con poco equipaje. No bastaban la abnegación y el espíritu de sacrificio.
Nuestros caballos tenían que soportar el peso de la montura, las municiones, las ropas y las provisiones.
El caballo argentino tiene una resistencia sorprendente. Se hizo desconociendo el forraje, el maíz y la cebada, alimentándose de pastos raquíticos en invierno y padeciendo los tábanos en el verano. Sus crines estaban siempre alzadas como exigiendo que cada soldado debía tener su propio animal.
La buena voluntad de Alsina nos apabullaba con esas cacerolas de hierro, utilizadas como armaduras, que los favorecían en las escaramuzas. Alsina, un hombre de postillones coraceros. Hasta 1875 como lo dice en su mensaje al Congreso había condenado las expediciones contra los indios por considerarlas repugnantes para la civilización. Poco a poco fueron muriendo sus ilusiones de un tratado a medida que los Catriel lo iban engañando y dejándolo en ridículo ante una opinión pública cada vez más hostil ante los malones. El año 1887 echó por tierra todas sus teorías e ilusiones. Los horrores se multiplicaron y el resto lo hicieron la angustia y el pánico.
Cierta vez un sargento y varios soldados perecieron ahogados, ayudados por el peso de sus armas y correajes en un arroyo, por su ceguera en querer perseguirlos a toda costa.
Hay una imagen que recurre en mi memoria: la del viento agrio en mi rostro y un sol que incendia los campos, raja la piel mientras una profecía escuchada en un sueño golpea mis oídos mientras los indios sacan el mayor provecho de los corredores que hay entre fortín y fortín.
Cuando uno hacía una travesía de catorce leguas sin agua creía habitar un infierno de fuego como un toro adornado de cactus que inicia su marcha al matadero.
Ellos andaban casi desnudos y eran capaces de ayunar durante días. Sus caballos doblaban a los nuestros en pericia y agilidad.
Vivían más para el caballo que para ellos mismos y hasta le evitaban el peso de la lanza que acostumbraban llevar arrastrando como un rebenque. ¿Quién diría que la prole de las célebres siete vacas, las primeras, dicen, que trajo consigo Garay causarían semejantes disputas? Si se multiplicaron con abundancia fue porque los indios al principio prefirieron la carne de caballo: así se produjo el aumento del vacuno.
Los indios siempre resultaban mucho más numerosos de lo que uno calculaba.
En sus creencias, el Gualicho, invisible e indivisible estaba en todas partes obrando para el mal del prójimo. Le atribuían el fracaso de un malón, las enfermedades y la muerte. A veces para ahuyentarlo se armaban de lanzas, macanas, bolas y entre gritos de combate atacaban al enemigo invisible, tajeando el aire para que no se entrometa en los toldos. En el malón se diría que estaban bajo su dominio por sus acciones despiadadas. Y la mayoría de las veces nos quedábamos con las manos vacías al querer atraparlos como si nosotros también combatiésemos un enemigo fantasmal. En su novela, Mansilla se apiada de la vieja que dicen está engualichada: creen que entra por un agujero corporal que se cierra en las viejas y las viudas y las matan para conjurar el espíritu maligno. La muerte de un indio o de un caballo puede ser causa de acusación. En cada toldería tienen un adivino y lo llevan cuando se van de malón. Mediante ciertos ritos el adivino mediante cantos respondidos por todos convoca al gualicho y lo introduce en su cuerpo, se retuerce hasta pegar un grito de ultratumba y el gualicho les habla a través de su voz y luego le obsequian un huevo de avestruz, agua, tabaco y lo despiden entre gritos como si lo hubieran apaciguado. Sus formas de curar se parecen a las sangrías, cataplasmas y ventosas que nos aplicaron de chicos. El canto siempre acompaña a las curaciones: la médica chupa la parte herida y la escupe entre resonantes cascabeles hasta que luego de chuparla escupe la parte enferma. Por mucho tiempo la lucha fue desigual, en otoño o primavera ellos irrumpían contra unos pocos pobladores llevándose el yeguarizo. Atacaban las diligencias dejando cadáveres: para ellos los cristianos eran enemigos, no importara sin fuera un cura, una gringa o una niña. Mi poeta favorito, Ascasubi, los describe como verdaderos demonios, y no era dado a fantasías gratuitas. Ante ellos, no valían las reglas de la guerra clásica. Antes del comienzo de la era cristiana, César inventó la guerra de trincheras, acentuando la participación del soldado y explotando todas sus capacidades. Con la disposición de las piezas ya tenía ganada la mitad de la batalla.
Los indios no atacaban como rectas legiones galesas. Eran imprevisibles. Los soldados estaban preparados para el tipo de combate de nuestras guerras civiles y se desmoralizaban ante un enemigo que estaba en todas partes y en ninguna, desde los secos cañadones a los médanos.
El indio hacía a la tristeza del paisaje. Su presencia inminente ante la próxima posta llevaba a los pasajeros a rogar al mayoral que suprimiera los toques de clarín para no despertar a los duendes de la pampa. En los pensamientos, en la imaginación, en las ensoñaciones aparecía la imagen –hecha a la medida de cada uno, de su valor o temor– del indio bravío y feroz, ávido de sangre y de botín, que podía aparecerse en cada piedra del desierto, en cada árbol y en cada loma. Y esa premonición a menudo se realizaba: no había cristiano sobreviviente que hubiera ido por los caminos del Sur que no tuviera una anécdota que podía transitar del suspenso al horror y al milagro de haberse salvado.
Era irritante que no se manejaran con algún plan o táctica: al valor sumaban intuición y no sé qué locura desmedida poseía hasta el indio más calmo cuando salían de malón. Eso no los enceguecía, sus habilidades se agudizaban en contacto con el peligro. El camino del Norte era apodado el de los débiles. El del Sur, por ejemplo, el de Rosario a Mendoza, era transitado con hombres armados y las mujeres con un rosario en la mano. Hoy el ferrocarril que lo recorre ante un paisaje diáfano y tierras sembradas parece expulsar esa época de amenaza y cautividad a la irrealidad de cuentos de aparecidos.
Habría que estar en 1867 en el Congreso donde el 25 de agosto se dictó la Ley de la Conquista del desierto y la ocupación de Río Negro, luego de la exposición del senador Oroño que respondía al clamor de millares de víctimas: se refirió a la continua violación de los tratados y la destrucción de las poblaciones fronterizas y que ese era el único recurso para que desapareciera ese “espantoso estado de cosas”. Hay que recordar ese día y esa ley, que se implementó doce años después. No fue un capricho de Avellaneda, ni de su ministro Roca.
Oroño era un hombre íntegro y estuvo entre los primeros que pensó que las fronteras debían extenderse más allá de Rio Negro. No estuvo a favor de la guerra que se desarrollaba en esos momentos contra el Paraguay, que Alberdi consideró el un resultado del centralismo porteño y llamó guerra de la Triple Infamia. Oroño era oriundo de Coronda, Santa Fé, pero estuvo en la batalla de Caseros junto a las tropas entrerrianas de López Jordán. Cuando fue gobernador de Santa Fe sancionó la primera ley del matrimonio civil en el país y casi lo linchan por promover la ley del divorcio en su provincia. La guerra del Paraguay fue un capricho porteño, pero lo que planteaba Oroño a partir de Alsina iría adquiriendo un sentido popular y colectivo. Entonces el indio pampa no era el buen salvaje idealizado por los salones franceses sino autores materiales de robo, cautiverio, y crímenes organizados en una Confederación que tenía su diplomacia, sus embajadores. Hubo indios que practicaron el canibalismo, pero los araucanos, en sus parlamentos, desplegaban una retórica que entre la monotonía de sus reiteraciones iba desplegando un lujo de galas que nada tenían que envidiarle nuestros oradores.
La llamada “angustia del desierto” hizo que un famoso coronel encaneciera en tres meses ante esa guerra sin laureles, que a pocos seducía: las guerras civiles concentraron por mucho tiempo las pasiones y ellos se organizaron como una federación. Fueron necesarias muchas fechorías, que sembraran el terror pánico, para que la pólvora les devolviera cada golpe multiplicado por mil.
No pocas veces los gauchos torturados por la sed y ensangrentados por nubes de sabandija, estuvieron a punto de comerse los propios caballos. Mientras los indios hicieran de las suyas, el país no tendría el control de sus fronteras y el contrabando con Chile continuaría. Si la cosa seguía así perderíamos grandes extensiones de territorios y terminaríamos apretujados en Buenos Aires en cuyas afueras dominaban.

14.4.12

¿Te ríes, tío? Ay de la risa... –En honor a un humorista, por Perla Sneh




May Christ have mercy on your soul/for making such a joke
amid these hearts that burn like coal/and the flesh that rose like smoke.

Leonard Cohen



Conviene hacer un poco de historia: Hubo en el Ghetto de Varsovia un hombre llamado Abraham Rubinztajn [Pronúnciese: “Rubinshtein”]. Algo en él, cuenta N. Nudelman (Gelejter durj trern / “Risas entre lágrimas”, Bs. As., 1947), obligaba a reír a los atormentados judíos allí encerrados. Enormemente popular -quizás estaba loco, quizás no- Rubinztajn corporizaba el amargo humor del ghetto. Al ver pasar el carro con los muertos, gritaba: Recuerden, compañeros muertos, después de la calle Smotcha, el camino va cuesta abajo. ¡Sujétense fuerte!... Solía instalarse frente a algún negocio a gritar ¡Abajo Hitler! y no había modo de callarlo hasta que recibía algo de comer. Cierta vez, se corrió la voz de que había muerto, el ghetto entero derramó por él lágrimas ardientes. Reapareció a los pocos días y agradeció a todos, uno por uno, por haber asistido a su entierro. Los cronistas lo recuerdan correteando, con su extraña alegría a cuestas, acosando a los transeúntes, vociferando chistes y refranes. Pero, de pronto, se acercaba a alguno de los que reían y le murmuraba al oído: ¿Te ríes, tío? Ay de la risa....

Rubinztjan no fue una excepción: en todos los ghettos hubo lo que Rajel Auerbach (“Der Umkum Drame” [El drama de la aniquilación], Rev. Di Góldene Keit, Nº 4, 1949) llamó un marshelik fun umkum, un bufón de la matanza. Rojl Pupko (“Ein ior árbet in YIVO únter di daitchn” [Un año de trabajo en el IWO bajo los alemanes”], citado por N. Blumenthal, en Bleter far gueshijte – Ídisher Histórisher Institut [“Hojas de historia – Publicación del Instituto Histórico Judío”] Tomo I, Cuad. 3-4; Varsovia, Agosto-Diciembre 1948.) cuenta sobre un sastre en Vilna obligado a trabajar para los nazis quien, al medirles un traje nuevo, en vez de la expresión ídish usual en estos casos -ir zolt es trogn gezunterheit, o sea, “que lo use (trogn)- con salud”- decía: Gezunte zoln aij trogn, Herr Levtenant, “que los sanos se lo lleven (trogn), Sr. Teniente” (es decir, “que se lo lleve el demonio”). La diferencia, inaudible a oídos nazis, hacía, sin embargo, estremecer los hombros de los demás judíos presentes; Pupko no omite relatar sus esfuerzos por disimular la risa.

No pocas veces los judíos –que debían cantar al marchar al trabajo, ya que debían mostrarse alegres– coreaban versos derogatorios de los nazis en su misma presencia. Una de las canciones preferidas por los asesinos era una antigua copla sumamente popular: Lomir zij iberbeitn... (“Hagamos las paces...”). Espontáneamente –todas las crónicas coinciden en esto– los judíos cantaban, alterando apenas la letra: Lomir zei iberlebn... Sobrevivámoslos...

Hay registros de infinidad de expresiones de un humor insoportable, como el grito de ese judío de Bialystock al ser arrastrado al tren de la deportación: Mir hot ir genumen, nor Stalingrad, ¡a faig! / A mí me agarraron, pero Stalingrado, ¡minga!.., pero basten estas pocas líneas para asomarnos apenas a una risa que nos congela el alma. Y digamos, simplemente, que la risa –ingenua, franca, cavernosa, trágica, desesperante–, no faltó ni en lo más negro de la matanza.

Pero no fue la única risa en juego: Cuando los ciudadanos, soldados y SS realizaban sus actos inenarrables, las fotos muestran que sus rostros no estaban torcidos de horror, ni siquiera de sadismo común y corriente, sino más bien deformados de risa. (...), dice Anne Michaels (Piezas en fuga, Alfaguara, 1997), que propone un nombre para esto: la risa de los malditos.

¿Por qué, entonces, es la risa piedra de toque de tal polémica? Más aún, tal pelea, porque no se trata sólo de mejores o peores argumentos, sino de dónde nos ubicamos para sostenerlos. Digámoslo así: se trata de donde nos ubican nuestras risas.

Es muy probable que el autor –y quizás también quienes se alzaron “contra la censura y el acoso”– no entiendan qué paso. Pero no sé si el Sr. Salas deba “pedir perdón”. Quizás baste leer a Vladimir Jankélevitch para reconsiderar tamaña exigencia. Por mi parte, no me creo con derecho a desnudar conciencias ajenas. Asimismo, descreo de las vestiduras rasgadas en letras de molde, sobre todo ahora que el gesto se ha convertido en dudosa credencial de un desleído bienpensar. Sin embargo, entiendo que, aún si desconoce las razones, el Sr. Sala no puede desconocer lo que ha provocado, es decir, no puede desentenderse de las consecuencias de su acto. Bueno, tampoco exageremos: poder puede, (¿acaso no es lo que hace la lógica de ese espectáculo que rige tantos de nuestros debates cotidianos, es decir, desentenderse de sus propias palabras? ¿O debemos redundar diciendo de las propias risas?). Pero, vaya uno a saber por qué, abrigo la esperanza de que no lo haga.

Porque quizás Ud. no sepa, Sr. Salas, dónde lo ubican las risas que buscó despertar pero puede que se espante al advertirlo. Quizás se estremezca al percibir cuán agraviante resulta su malogrado intento, no para con “sensibilidades individuales” –¿cómo reducir esto a algún pequeño yo ofendido? –, sino para con una memoria que, lo entienda Ud. o no, le atañe; lo injurioso que resulta para con una historia siempre en peligro y que quizás Ud. no advierta –y se espante al darse cuenta– cuánto ha colaborado en acrecentar ese peligro. En fin, quizás no advierta lo irresponsable de su acto, incluso para con ese impensado colega que, como Ud., sostuvo a ultranza, hasta el último átomo de su cuerpo hecho cenizas, su derecho “al humor negro y la acidez”: dicen que Rubinztajn reía cuando subió al tren.

Quizás Ud. no sepa lo que ha hecho, Sr. Salas, pero ya no le asiste el derecho a desconocerlo.


Tomado de: LA TECLA Ñ, año XI, número 51- marzo/abril 2012.

6.4.12

El suizo iracundo, por Laura Salino




Pasado el tiempo para comprender el momento de concluir,
es el momento de concluir el tiempo para comprender.
Jacques Lacan



La furia del dios Marte que habla en boca de Fritz Zorn (Bajo el signo de Marte), en guerra permanente con el mundo que lo ha enmudecido bajo el eufemismo de la educación, «educado a muerte» tal como él mismo lo denuncia, es el centro del discurso, del desesperado testimonio de un moribundo que ha perdido su vida en la esterilidad de la cortesía obligada y vacua, espíritu de la burguesía fútil, hipócrita, perversa y recalcitrante de «la orilla derecha del lago de Zurich».

Su nombre «familiar» (para el caso, el adjetivo más justo) era no Zorn (ira o cólera en alemán, su lengua materna) sino Angst (angustia, en la misma lengua). Comienza, entonces, la historia con una metáfora: la cólera ha sustituido a la angustia, ha hablado por ella. Tal como Boltraffio y Botticelli sustituyeron a Signorelli en aquel legendario lapsus freudiano, tan bien narrado por el maestro vienés, tan de la mano llevados nosotros por los derroteros del inconsciente de quien, como un viejo abuelo sabio, nos advertía del otro lado que siempre va con nosotros por mucho que intentemos ignorarlo (ignorancia, otro nombre del rechazo): siempre que la luz se derrama en habitaciones desconocidas, tanto más sorprenden las sombras que proyectan.
Puede consultarse el relato de Freud acerca de ese viaje en tren (y a las entrañas de las leyes del inconsciente) en Psicopatología de la vida cotidiana.

El estado de guerra total es, también, de esa cólera contra la angustia, contra el miedo a vivir deseando (modo de vida absolutamente prohibido para esa burguesía de las «mejores familias de la Costa Dorada», de costumbres sólidamente edificadas sobre la obligación que funda la obediencia ciega, amén y jamás amen):
«La palabra “amor” no ha cesado de ser profanada y arrastrada por el fango por aquella secta funesta que aún hoy goza de la reputación de ser la principal religión de lo que llamamos el Occidente bien educado.»

Está claro que bajo esas coordenadas no existe el final feliz.

Hay, sin embargo, una elección, acto este que siempre dignifica al sujeto, pues abre el campo de las consecuencias en su circunstancia y es allí donde se responde por el sentido, por el valor de ese tiempo que sólo puede ser la vida. Difiero aquí con la opinión de Rafael Conte, quien en su comentario sobre la obra de Zorn sugiere que el autor, impotente ante el tratamiento físico, escoge el psicoanálisis; olvidando que hay allí una contradicción: jamás es impotente quien escoge. Menos aún para quien escoge decir donde otros callan.

Elige la voz de la ira para que hable de su angustia muda. Es el reconocimiento de la imposibilidad lo que desbarata la impotencia. Sólo así puede aparecer, modelada por las curvas del humor, una definición tan cabal de la calma burguesa: «para el burgués la calma no sólo es su primer deber sino también su primer derecho. Cada uno se embrutece dentro de la calma de sus cuatro paredes, y cuando es molestado en su embrutecimiento por un ruido extraño, se siente lesionado en su derecho a embrutecerse y llama a la policía», y otra tan poética de la burguesía: «Significa estar en contra de que el león se coma a la gacela, primero, porque el león es un extranjero y, segundo, porque la gacela no está empadronada y, tercero, porque ambos todavía son menores de edad».

(Otros habían ensayado antes, partiendo de una observación minuciosa y lúcida, definiciones en la misma línea. Tal es el caso de Paul Valéry en una conferencia de 1927: «Reconocerán fácilmente al burgués (...) ese hombre (o esa mujer) que puede ser muy instruido, lleno de gusto, que sabe admirar las obras que hay que admirar, no tiene, sin embargo, una necesidad esencial de poesía o de arte... Podría, si fuera necesario, pasar sin ello; puede vivir sin ello. Su vida está perfectamente organizada al margen de esa extraña necesidad.»)


Qué se escucha de esa angustia amordazada, amplificada por el megáfono de la ira: la traición al deseo se paga con la vida. Sobre este punto la pluma desesperada de Zorn insiste desde el inicio. La obediencia ciega perpetúa la injusticia de la razón: no he logrado hacer otra cosa que lo que han hecho de mí, repite en eco sartreano.

Entrenado para eludir el deseo o, peor aún, para evitar cualquier circunstancia que pudiese encenderlo, el mapa fóbico del mundo y la vida insiste en volver a un comienzo que nunca es principio de nada, donde un don nadie juega a ocupar el sitio que la cuenta bancaria (única fortuna paterna) le reserva. Azotado por la incapacidad de amar, sumido en la tristeza de una cobardía heredada ―y sostenida― el sujeto realiza su elección: espera morir de esa tristeza que ya no puede soltar, pues ha anclado en su cuerpo con el nombre de cáncer. Zorn, bien orientado, habla de su cáncer como una enfermedad moral: «debía ser correcto y mostrarme conforme y, sobre todo, normal. Sin embargo, la normalidad tal como yo la comprendía, residía en que no se debe decir la verdad, sino ser cortés».

Vuelve sobre el valor de los mitos: «no hay personaje que muestre la hermosa vida de familia como el de Cronos, que devora a sus propios hijos (...).

»Claro que hoy en día se es más civilizado y no se toman ya el tenedor y el cuchillo para devorar a los propios hijos (porque los modales en la mesa son muy complicados en el lugar del que yo provengo), sino que, simplemente y gracias a una educación apropiada, se logra que los niños desarrollen un cáncer después; de esta manera y según la costumbre de los antiguos, pueden ser devorados por sus padres.»

Sin embargo y pese a todo, el alarido de Zorn, directo e impúdico, lo es menos que la hipocresía que su testimonio denuncia. Ya al borde de la muerte y a la espera de noticias por parte del editor, quien debía responder por la posible publicación del libro, éste ―sordo, ciego e ignorante frente al valor del testimonio sobre el cual duda― luego de descartar la mentira piadosa o la deferencia ―signo inequívoco de su inconmovible estupidez― opta por la cortesía inútil y se niega a enviar un telegrama para que el moribundo, bien al tanto de su estado, no lo tome como una decisión apresurada. Devuelve a Zorn, como un cachetazo, esa misma cortesía estéril que el autor denuncia, germen del desencanto asesino frente al cual desespera. Cuando el editor llama a Zorn para darle la buena noticia, se entera de su muerte, acaecida esa misma mañana.

Al pasar se menciona en el prólogo, como palmada balsámica para el lector ingenuo, que en realidad el terapeuta había llegado a informarle de la publicación del libro; aunque dadas las circunstancias preferimos no engañarnos con la falacia del final forzadamente feliz.

Varias veces aparece en el libro una cita del trovador portugués Martim Codax (¿Ai, Deus, se sabe ora meu amigo,/ como eu senheira estou em Vigo? - ¿Ah, Dios, si solamente supiera mi amigo/ qué solo me siento en Vigo?) donde habla la pena. Justamente porque «ninguna matemática ―ni cualquier otra clase de cálculo― ayuda a combatir la tristeza», pueda conjurársela partiendo del siguiente poema de Juan José Saer, La pena en esa ciudad (El arte de narrar):

La pena en esa ciudad
eran unos inmensos
edificios
blancos y ciegos y adentro
de cada uno había un hombre
para el que en esa
ciudad la pena era
unos inmensos edificios
blancos y ciegos
con un hombre adentro
para el cual la pena
en esa ciudad
era un edificio blanco
con un hombre adentro
blanco y ciego.


Nada más tenebroso que un laberinto blanco y ciego.

1.4.12

Rodolfo Walsh: la voz que no se apaga, por Gustavo Calandra






La inclusión de los textos de Walsh en el canon de la literatura argentina es más que problemática. Vale aclarar de entrada su relación ambigua con la novela, la culpa ideológica por trabajar un género burgués y al mismo tiempo su anhelo. Por eso, su solución intermedia de la non-fiction, antes que esta categoría sea acuñada. Porque, por un lado, el canon selecciona, atribuye propiedades y modeliza. Por otro, clasifica, asigna un lugar, una posición, una clase y, a la vez, transforma en clásico. El canon estetiza y monumentaliza (aniquila el documento), desterritorializa y homogeiniza (saca al texto del sistema literario). Se pregunta Daniel Link: “¿A quién se parece Walsh, como modelo de escritor, en el sistema argentino que le es contemporáneo? ¿A cuáles otros textos se parecen los suyos? ¿De cuáles se diferencia?” Para contestar, más adelante, que las operaciones de Walsh en relación con la literatura consagrada desestabilizan el canon, y esa operación, típica de las vanguardias, se liga con un problema político y un imperativo estético.

“... la historia prisionera en la basura cortada por la falsa marea de metales muertos que brillan reflexivamente.” (Operación Masacre). Novelas de las lenguas del oprobio, su literatura se construye en el lugar del desperdicio, con restos del género policial, géneros populares y lenguas bajas.

Sin embargo, como el autor nos ha dejado una gran cantidad de cuentos de una riqueza variada, hemos de buscar diferentes marcas de filiación con nuestra literatura. Y es a partir de la configuración del espacio, el registro de voces y la cristalización de la atmósfera de un período determinado a través de los objetos, que se intentará ubicar los textos en la tradición de nuestras letras. Los esfuerzos de algunos letrados de levita por crear obras canónicas, dentro de los géneros consagrados, han chocado contra un pathos o savia: la materia se resiste y esa resistencia al modelo europeo, ese elemento salvaje y heterogéneo que ha producido la mezcla, nutre a la letra viva. Tironeo constante entre tradiciones respetables e importadas de grandes centros de la cultura y rugidos de la pampa y el llano, fieras voces de la orilla y el margen, cantos de frontera. Una ambigüedad que se cuela entre recónditos pliegues de escritura y la posibilidad de pivotear entre dos mundos.

Nos encontramos con cuentos que transcurren en un ámbito rural y otros, en un ámbito urbano. De algún modo, esta dicotomía remite a la vieja fórmula sarmientina de civilización y barbarie. Ya veremos aparecer tópicos como el desierto o el caudillo de estancia.

Centrándonos exclusivamente en los cuentos policiales, se podría decir que será el comisario Laurenzi el detective identificado con el espacio de la provincia, y la pareja Daniel Hernández – Comisario Jiménez, la responsable de los casos acaecidos en la capital. Aquí, siguiendo a Fredric Jameson, entra en consideración la honestidad del detective como órgano sensible que percibe la naturaleza del mundo que lo rodea. Porque si el detective es honesto, acusa la resistencia de las cosas, y permite una visión intelectual de lo que sucede en el nivel de la acción pero si es deshonesto, se limita su trabajo a un problema técnico de resolución del caso.

¿Por qué centrarse entonces desde un principio en los cuentos policiales? Porque el elemento decorativo, la atmósfera del cuento, cumple una función que no es esencialmente argumental, y puede escapársele al equipo detector de la gran literatura. En cambio, en el género policial, la percepción es diferente: la escena es escrutada con otra agudeza o perspicacia.

Dice Jameson: “... pareciera como si ciertos momentos llegaran a ser accesibles solo a costa de un fuera de foco intelectual (como los objetos situados en los bordes de mi campo visual, que desaparecen cuando me vuelvo para mirarlos de frente)”.

Desde un comienzo se percibe una distancia, puesto que varios de los cuentos de Laurenzi son narrados en primera persona. La caracterización lingüística será analizada como parte de la imagen de cada espacio: modismos, localismos pintorescos y su incidencia en la tipología de los personajes.

Habrá que considerar los objetos significativos que acentúan o reflejan épocas y costumbres, e intentar dilucidar qué espacio trasmite un color local y cómo favorece éste a la densidad literaria de los cuentos.



Emergencia del Otro y pluralidad discursiva


Dirá Walsh en un reportaje a Primera Plana (22-10-68): “La preocupación obsesiva de todo escritor es descubrir el idioma exacto de sus narraciones”. Cuenta que lee libros de memorias, tratados y monografías históricas para arrancarles la atmósfera de la época. Para esa época, gran parte de su literatura ya ha sido escrita -¿Quién mató a Rosendo? aparecerá en 1969 – y en sus novelas, cuentos, obras teatrales y notas periodísticas habrá desplegado una literatura que será una máquina de borrar fronteras genéricas y culturales, que permitirá la presencia del otro, como saber, como historia, como lengua y como cultura.

Quince años antes, prologando la antología Diez cuentos policiales argentinos, el autor fecha el comienzo de la narrativa policial en 1942 con Seis problemas para don Isidro Parodi. Adhiere a la vertiente de la novela con enigma. Destaca un auténtico triunfo de la inteligencia pura y un cambio en la actitud del público para admitir a Buenos Aires como escenario de una aventura policial. En 1953 aparece, también, Variaciones en Rojo. Entonces, novela policial de enigma. Policial como juego de ajedrez. Desinterés por la política pero...

“No me dejen solo, hijos de puta” (Operación masacre). La violencia –verbal– lo salpica. Filtra las hendiduras de su ventana con el mundo. Un conscripto muere en la calle. Trunca revolución popular y peronista. Fusilados en un basural. La boca quebrada de Livraga es un insulto. Está naciendo Operación Masacre. Es 1957. Es la hora de la voz suprimida, la palabra de la víctima. Otro registro. Otra coloquialidad. La palabra, inevitablemente mediada, del “otro cultural”, las otras lenguas, apropiadas por las clases hegemónicas, a través de la escritura. La partida de ajedrez se suspende. Operación ruptura. Irrumpe la cultura oral y popular y, con ella, historias de vida que amplían espectros de experiencia. Uso del grabador y fidelidad de voces. Antropología de la pobreza. Sociología de la pobreza. Personajes marginales. Lejos, se va oyendo la voz de los leprosos de “La isla de los resucitados”. Ahora ya no, no tan lejos.

“Para los diarios, para la policía, para los jueces, esta gente no tiene historia, tiene prontuario; no los conocen los escritores ni los poetas; la justicia y el honor que se les debe no cabe en estas líneas; algún día, sin embargo, resplandecerá la hermosura de sus hechos, y la de tantos otros, ignorados, perseguidos y rebeldes hasta el fin”. (¿Quién mató a Rosendo?) Porque en un primer momento, durante el peronismo, cuando “la casa ha sido tomada”, el otro como sujeto político y social participa solo en los profundos cambios de las estrategias de consumo, o de las estructuras productivas, o de los mecanismos de organización social. Dice Pablo Alabarces: “El peronismo no diseñó una política cultural cohesionada con el resto de sus prácticas: la ejercitó, inevitablemente, en un contexto donde la elevación del poder adquisitivo, la modernidad de la industria cultural, y la presencia de los nuevos consumidores lleva al surgimiento o consolidación de una enorme cantidad de productos culturales que tienen como actores y destinatarios a las clases populares. Clases que hablan en el consumo de esos productos, o a través de esos productos. No de la literatura.” (“Walsh: dialogismos y géneros populares”).

Porque en ese período (1945 – 1955), “la falta de libertad y de democracia en el plano de “la élite” intelectual puede así considerarse como factor decisivo en el desarrollo de la novela policial” (carta a D. Yates) y su consecuente evasión de la realidad. Con la caída de Perón, cae verticalmente la venta de novelas policiales. El lector hallará un material más interesante y vivo en las revistas y periódicos que describen la corrupción y negociados del peronismo.

Porque durante el peronismo tenemos un Walsh de Variaciones en rojo (donde ya algo se anticipa y entrevé) con un aleatorio porteñismo y “un repertorio relativamente corto de procedimientos” (Asesinos de papel), publicaciones en revistas opositoras y hasta un homenaje al capitán de corbeta Eduardo Estivariz (Leoplán, XXI, 516, 21/12/1955). Eduardo Romano en “Modelos, géneros y medios” hace una análisis de las revistas donde Rodolfo Walsh realiza sus primeras incursiones: Vea y Lea y Leoplán. La primera otorga excesiva importancia a la cultura y a la actualidad exterior rehuyendo de ese modo la perxsistente propaganda oficial del peronismo. También, dedica páginas a mostrar la vida social de las familias tradicionales argentinas, la oligarquía, cuestionada por el peronismo. Leoplán cuenta con secciones literarias, entretenimientos y notas de divulgación científica, es dirigida a sectores medios que buscan ascender socialmente incrementando su capital simbólico de conocimientos, que aspiran a un peldaño más alto de la escalera burguesa.

Cuando opere un cambio político- ideológico en esa persona que se anima a enfrentar a “la Libertadora”, su radio de acción dentro del campo cultural se ampliará. Y, entonces, llegará el comisario Laurenzi, arreando, por el campo literario, una tropilla de personajes del interior, desconocidos y marginales pero con un discurso –directo- para ser escuchado. Campo literario y literatura del campo. Inversamente a lo esperado, el cabecita, el descamisado, el actor político-social de la década peronista, tendrá voz, representada en la escritura de Walsh, justo cuando ha vuelto a pasar a un segundo plano político. La sombra del anonimato lo cubre y las clases media y alta recuperan protagonismo.

“El “poder hablar” es un mito sagrado para esta clase media. Le da una importancia tal a su palabra, que le resulta más grave que se atente contra ella que contra cualquier otro aspecto de su libertad. La clase media se idealiza a sí misma como portadora de las conquistas liberales; si “poder hablar” es (en teoría) más importante que “poder comer”, es porque la clase simula dar prioridad a las “necesidades espirituales”. Pero esa simulación no es eterna. Afligida por la crisis económica, la clase media se vuelve opositora aunque “se pueda hablar”.” (“Papeles personales”, Journal, mayo 10, 72, Ese Hombre.)

Imagina Julio Cortázar, en una nota periodística recuperada por Roberto Baschetti en "Rodolfo Walsh, vivo", una especie de epitafio literario del escritor: “Hay mejores ocupaciones que los homenajes y los discursos; cuando hablen de mí, en todo caso, háganlo como quien come asado o bebe un vaso de vino, para darle fuerza al cuerpo y a la voluntad. Vos que sos un escribidor, escribílo cuando te venga bien.” Y continua así: “Ahora, por ejemplo. Tan seguro de que él me habría dicho eso, de que nos lo está diciendo a todos. A los que nos toca seguir mientras él nos mira.”

Prosa magnífica de linaje híbrido, su apuesta política complementó su escritura dotándola así de un compromiso social y beneficiándola con un plus estético que le brinda densidad literaria. Ese compromiso con el otro y el ingreso de la cultura ágrafa lo vinculan con lo más original –vuelta al origen- de nuestras letras: la gauchesca.

Un poco más de Cortázar: “... dominaba la ficción con una maestría total; él, que sabía hasta que punto delegamos lo mejor de nosotros en algunos de nuestros personajes (...) multiplicando lo real en y por la ficción, metiendo la realidad en la literatura como hay que hacerlo, es decir metiendo la literatura en la realidad, cuerpo a cuerpo, in fighting implacable que levanta a todo un estadio en ese clamoreo que es como una catarsis, la prueba de que se ha llegado al límite de la tensión y la belleza.”

Cruce de culturas. El elemento culto de la civilización, regido por un parámetro de belleza que responde a exigencias foráneas, se encuentra con esa savia o pathos, elemento salvaje y heterogéneo que, desde un principio, no escapó al ojo estrábico de los románticos del salón literario. Podemos remitirnos a la “prueba narcisista” que menciona Barthes en S/Z: “la belleza no puede describirse sino por adiciones y tautologías, no tiene referente pero no carece de referencias (Venus, las vírgenes de Rafael) y esta abundancia de autoridades, esta herencia de escrituras, esta anterioridad de modelos, hace de la belleza un código seguro.” En el policial: la seguridad del detective de la novela de enigma frente al de la novela negra que sale al mundo, ve, capta, asimila su configuración y, a la vez, se configura él mismo.

El predominio de uno u otro en los cuentos policiales, va a estar condicionado según la época y la evolución ideológica de Rodolfo Walsh. Correrán paralelos sus logros en una y otra apuesta.

Por eso y por todo, su vigencia, su ejemplo, su obra y su vida.

Por eso, cierro con el título de la nota con la que comenzamos, por esto y por Rodolfo Walsh: La voz que no se apaga.

25.3.12

La palabra como creación

UN EXPERIMENTO LITERARIO

Publicado en el diario Clarín, el día jueves 28 de junio de 1973.


Este anticipo del primer número de la revista Literal extracta, alterna y complica fragmentos de autores diferentes: los firman, en simple orden alfabético, Germán Leopoldo García, Luis Gusman, Osvaldo Lamborghini, Ricardo Ortalás, Lorenzo Quinteros, Jorge Quiroga, Horacio Romeu y Ricardo Zelarrayán.



1
La topología de una página en blanco, que obsesionó por igual a simbolistas y surrealistas, compromete la historia de toda escritura: soporta la atracción de palabras que se rechazan, de sonidos que se encuentran en los azares de la homofonía y las determinaciones del inconsciente; de sentidos que se pierden cuando trazan las huellas que los quieren instaurar.

La unidad del espacio de una página está marcada por puntos en el interior de los cuales un juego de convergencias y exclusiones va provocando en el lector efectos de sentido que lo separan del texto, cuando el que lee quiere comprenderse en la mascarada de su comprensión.


2
Torcuato (Corazón Encallecido), con el pañuelo al viento o sin él, era un hombre extraño. Ojos oscuros, duros, Maxilares fuertes, una especie de roca. Pelo negro. Nariz aguileña. Era, puede decirse, un viajero infatigable. Conoció el juego y la nieve, el polvo y la ciudad, la miseria y la riqueza, las morochas y las rubias, el dolor y el placer, las gordas y las flacas. Juego… Extendí el paño, bajé la lámpara a unos 50 centímetros de la mesa. Saqué dos mazos, separé las cartas que se iban a usar y guardé las otras. Reconté las fichas y las separé por colores.


3
Abolida la culpa, tomando el goce como horizonte, la voluntad de disparar una ideología contra el blanco de otras ideologías plantea la diferencia como primer problema. Por lo tanto, esta ideología se exhibirá fuertemente marcada. Su marca específica serán la ficción, el relato, el engaño. Se fingirá el saber que no se tiene. Se narrará con cierto además aparatoso y teatral –como quien cuenta un cuento a una criatura inteligencia– la novela científica importada en esta década para oponerle a la de la década anterior: a ver qué pasa.


4
La culpa es de ella y que se aguante… ¿quién le mandó nacer allí?
–¿Centro de Capitanes?
–¡No!
–¿Cómo…? ¿No hablo con el Centro de Capitanes?
–¡No!
–Y usted, ¿qué trae?
–Bueno, yo no traigo, vengo a llevar.
–Pero déjeme algo… Por lo menos un paquetito… un paquetito… mi padrino peladito…!
–¡Ojo! que el pelado es usted… Pero hay paquetito… No se aflija…. Hay paquetito. Así no le duele tanto.
–¡Sí! Un paquetito… Aunque no tenga nada dentro quiero un paquetito, un paquetito…


5
El psiquiatra clásico descubre que los actos tienen un sentido, pero no sabe qué sentido tienen: por eso reduce la pluralidad de las significaciones al significante “enfermo”, de la misma manera que para el paranoico todos los signos se organizan bajo la premisa del significante “perseguidor”. Señor psiquiatra, me siento mal. Sentate bien, loco.

6
Con las cruces de todos lados, se cruzaron los momentos y salieron de un solo vocablo mis palabras con la mente de su vistosa seguidilla mezcla de algo y de todo lo que algo no era para poder ser algo así.

Las cruces verdes y las rojas, donde no hay cruces, se cruzaron los momentos y salieron donde no hay cruces, que los cruces de trenes, o si cruzan la calle, nos cruzamos la mirada y se cruzó el cruce con cruce que cruzando lo cruzado del caballeo de la cruzada guerra y pude esperar que esto se cruzará con otras palabras para cruzar al otro puente del otro lado.

7
Dejar hablar a esos textos, dejarlos manifestarse en sus relaciones, no borrar las exclusiones irreductibles. Pero… ¿de qué manera? Todavía no sabemos leer –podría decirse, con desconsuelo–. Es verdad y no lo es. Todavía leemos de cierta manera. Una lectura en espejo en la que el lector se festeja a sí mismo, mientras el autor goza de la situación de maestro de ceremonias. Los textos que han intentado romper esta ceremonia gozan de buena salud, pero no hablan… se trata de una salud silenciosa… en la que nadie se reconoce y donde todos –del político al psiquiatra– buscar trazar la nosografía de algún mal desconocido.

8
Bajo la luz amarilla de la pieza el idiota babea y canta una canción, tuerce el ojo acanalado, respira con un deseo de pesadumbre, estirado, sin ganas de achatarse. Contra el aire que se desliza. El juego impersonal se deslíe.

9
Un miedo profundo a la muerte expresado por Macedonio en poemas de 1912, se transforma en una adoración de la misma después de la muerte de su mujer (1928). Freud escribe: “Se elige allí donde en realidad se obedece a una coerción ineluctable, y la elegida no es la muerte esperable y temida, sino la más bella y codiciable de las mujeres”. La única manera de aceptar el espanto ante la muerte es convertirla en la mujer amada: Elenabellamuerte. La palabra bella es un velo cuya función es capturar la angustia y representarla por la inversión.

10
Esa era su mujer, de la que siempre había que desconfiar. Ella tan blanca, tan bañada, tan inmaculada por las noches, aparecía por la mañana brotada de cardenales, queriéndome contar sus sueños, paseando sus marcas indecentes por toda la casa. Ella sabía mi sufrimiento, bien que lo sabía, y no tenía nada mejor que ponerse esas sandalias plateadas que dejaban ver sus dedos. Y caminaba y provocaba, sabiendo que mi ilusión era borrar para siempre ese dedo de mi vista y de mi vida. Ese dedo amado por ella y por su amante.

11
Desde su riesgosa cátedra, el deseo dicta hoy la pertinencia de los halos de connotación, los árboles de palabras, los sueños, el bosque, niebla donde ninguna figura es del todo reconocible ni absolutamente incierta. La tentación de publicar un soneto tonto (tal vez por lo de sonétotón) puede llegar a ser muy fuerte, tanto como la del preguntarles a los hombres sabios: ¿por qué es tonto?

12
He aquí el cuervo, abriendo el pico, inclinando su augusta cabeza, desde lo más alto de la más alta rama del árbol más alto del bosque sombrío.
He aquí tres moscas que vuelan alrededor del cuervo, esperando el momento de incorporarse a la narración.
He aquí a Gog en camiseta prendido al cuello de una damajuana tragando a largos sorbos el vino tinto.

13
Hemos evocado aquí una constelación significativa cuya organización no podemos comprender todavía. La escasez de datos biográficos sobre Macedonio puede ser tanto un límite como una posibilidad. Un límite, si pesamos en términos de una biografía. Una posibilidad, si pensamos que la misma situación lacunar de esos datos induce la necesidad de unas construcciones que puedan restituir el sentido de los mismos, más allá de cualquier tautología fenomenológica.

14
Le preocupa salir de ese país confuso y desconocido que es China. Huye acusado de una transgresión sexual imperdonable, en relación a una menor de edad. No tiene tiempo ni ganas de saber de qué se trata. Escapa entre aldeas de campesinos, disfrazado –encubierto– por un sombrero inmenso. Escapa agachado entre los juncos. Le preocupa el hecho de que sus rasgos no le permitan pasar inadvertido entre los campesinos. (soñado el 15 de marzo).

15
Las ideas más burdas del culturalismo norteamericano fueron levantadas como banderas nacionales contra Freud, que, en ese torneo imaginario, era el símbolo mismo de los bastiones de la extranjería… Mientras tanto, nuestros psiquiatras y sus instituciones dormían un sueño eterno… y el sueño de la razón que, como se sabe desde Goya, produce monstruos.

16
Hay que cuidar la relación del doble con el cuerpo. Tantos, por perder perder el doble, sin nada se quedaron, como la intención de decir, o con esa intención. Precisamente y vaga que nada hubiera fuera de eso de ese ras rasquitiado el doble nada. ¿Caminaría yo por esas arenas del ardor? Si no supiera de antemano que hay una boca y un jarro.

17
¿Qué decir de la literatura, más allá del “espíritu de la época” o de “la superestructura relativamente autónoma”? Las lagunas que separan a un texto de otro se llenan con ideología, la imposibilidad de comprender ese producto que es un texto se cubre con una moral literaria donde la soberana intención de los autores y/o sus lectores construye el sentido según reglas implícitas sujetas a un fin superior; sea éste el fin de subvertir o conservar las instituciones que hacen posible los textos, comenzando por las institución del lenguaje.

18
Habla el coro. El pueblo no puede llamarse a engaño en este punto. Las intenciones últimas de tan horrendo crimen nada tienen que ver con lo que los diarios inventan. Ellos adjudican las mismas intenciones a crímenes distintos. El pueblo, único que puede juzgar aunque no lo haya hecho, debe reflexionar sobre estas cuestiones. Nosotros, el coro, deseamos que así sea. Nuestra lucha es vasta, nuestras posibilidades son mínimas. Nadie se engañe en esto, nuestra vida también es triste. Lo ocurrido, solo el pueblo puede contrariar al pueblo. Pero es preciso que el pueblo sepa. ¿Puede el pueblo mentir? ¡No! Pero puede ser llamado a engaño. ¡Oh! Quizás estas palabras no quieran ser escuchadas por el pueblo, quizás estas frases nunca puedan ser escuchadas por el pueblo. El coro, de todas maneras, se encuentra agradecido.

19
(La obsesión del espacio) es esa página en blanco que seguirá hablando siempre que alguien escriba, sabiendo en ese acto que si el sujeto falta a su palabra en lo verosímil la palabra falta al sujeto en la verdad: hay una falta fundamental en la constitución de todo lenguaje. (La intriga). Empezar a comprender, al fin, que se habla por hablar. Que no hay mayores goces que esos que se enuncian diciendo certeza de la muerte banalidad y ausencia de causa.

19.3.12

Walter Cassara: Nostalgia: una presentación, por Hugo Savino






El poema:

Los poemas de Walter Cassara son incrustaciones en la lengua. Incrustaciones de lenguaje que transforman la lengua. La lengua, esa dormida llena de cruces en la que nos movemos. Hablamos. Ahí está la nación, la cultura, la tradición, las instituciones, todo eso. Pero el poema es lenguaje que las afecta, las cambia, las transforma. Macedonio Fernández afecta a la lengua, no al revés, y el poema no es la poesía, esa otra dormida por excelencia. La lengua es el lugar en el que nos reconocemos o nos ignoramos, ahí vivimos. La apología de la lengua le habla a la lengua, y la apología de la poesía como casa del poema, ahí están los enemigos del poema. Para decirlo en palabras de Osip Mandelstam, tan hilado a los poemas de WC: la poesía, es siempre la guerra. Los poemas de Walter Cassara son incrustaciones de lenguaje ordinario en la lengua argentina. Incrustaciones que la “raspan”, la desplazan, y no al revés, machaco, como quiere hacernos creer el esencialismo. Parto de la base de que todo el lenguaje es ordinario y que nuestras voces son manieras locas: “Todo lo que percibimos son incrustaciones, / como ripios en el camino que sacuden / nuestro sopor, pero no alcanzan a despertarnos.”, dice un fragmento del poema El paseo del ciclista. Ese ciclista que pedalea con frenesí, con “las manos escarchadas sobre el aluminio”, y que escucha algo, algo como una voz, y que pedalea para salir de las claves que conoce demasiado bien, es uno de los ejes de los poemas de Walter Cassara. Huir de lo archisabido: “Pero queda algo todavía por decir / siempre queda algo, algún pertrecho / un último detritus en la tinta, / algún pájaro que allí rehíla, ciertas / imágenes que adoro y no conozco.” Resuena fuerte ese “no conozco”, resuena en el cuerpo. Leo el poema de Walter Cassara como un salto sin red, me gusta su recurrencia al lenguaje y no a la historia de la poesía: son poemas que intuyen que la poesía está adelante, el poema es un desconocido que hay que escribir, para Walter Cassara el poema no está esperando instalado en el modelo. No confunde la historia de la poesía con la poesía (Henri Meschonnic). En ese sentido digo que Walter Cassara tiene el lirismo de su voz. Ningún otro. Si trae a Malcolm Lowry, eso no debe leerse como influencia, ni como mimetismo, es una impregnación en su poema. Es Malcolm Lowry pasado por su voz: y el poema abre con una pregunta sin respuesta: ¿“Habrá existido, entonces, el Oedipus Tyrannus?”, y sobre el final del poema: “Cualquier puerto / -Managua o Singapur- / era el mismo puerto / donde siempre esperaba, / olvidado, el mundo.” Es un poema que abre al infinito. Ahí, creo, tenemos una lectura de Lowry, el poema lee y acompaña el mundo Lowry, no es mero reflejo de una lectura, canta su lectura de Lowry, y cómo esa lectura transforma la voz del poeta, y la voz del poeta nos transforma la lectura de Lowry, y entonces el poema Oedipus Tyrasnnus (Malcolm Lowry) se convierte en una historia de transformaciones mutuas, es la impregnación Lowry en Walter Cassara. No es traducción, es la lectura Lowry que modifica, hace una alteridad de la voz del poeta. El poeta que no se defiende de la impregnación. Tampoco de la lectura.

Fechas:

Los poemas de Nostalgia están fechados. Las fechas son importantes. La voz de Walter Cassara arranca en el 94. En la Argentina era una época de entusiasmos poéticos, por lo menos notable. Me parece que vale la pena situar un arranque. Es una manera de encontrar el funcionamiento y de poder decir algo de los contemporáneos del poeta. Uno lucha con los contemporáneos. Y Walter Cassara no es una subjetividad absoluta. Era una época de entusiasmo juvenil en la poesía argentina. Los maestros y los discípulos se encontraron en perfecta armonía. Hago un panorama breve. Sólo para situar la voz de Walter Cassara. Esa perfecta armonía finalmente era pura mimesis. Lo mimético se puso a organizar un idioma poético. Los discípulos se mimetizan con los modelos de los maestros y los maestros convocados a su papel de docentes se mimetizan con sus discípulos. Y todos empiezan a escribir más o menos el mismo poema. Pero por los costados hay voces. Inevitables las voces solas. Unas cuantas, estoy lejos de conocerlas todas. Voces que no son” poetas jóvenes”, voces que tienen la edad de sus poemas cualquiera sea su edad. Una voz es sola y única. Extranjera al rumor del tiempo. No por nada aquí aparece esta cita de Enrique Lhin, al comienzo: “Días de mi escritura, solar del extranjero.” Uno es contemporáneo de mucha gente, pero eso no implica que uno escriba poemas del consenso. Se puede muy bien ser extranjero de sus contemporáneos. Malcom Lowry navega en uno de los poemas de Walter Cassara, si hablamos de un extranjero radical. Digo que Walter Cassara tiene una voz, porque nunca fue ventrílocuo de ningún modelo. En el poema Locus Aaemoenus sitúa su punto de vista en el lenguaje (dado que del lenguaje sólo tenemos puntos de vista): en este poema Walter Cassara va al núcleo de la escritura: el poeta no tiene alojamiento. No hay casa del ser. La voz está en el lenguaje. Voz y lenguaje no están separados. Pero él le da una vuelta política y con astucia de voz nos habla del “reparto de banca”, y en ese reparto está el filósofo. La filosofía. El otro enemigo del poema. En este sentido digo que el poema de Walter Cassara es político. No le regala el poema a la filosofía. Como hacen e hicieron tantos poetas de aquel entusiasmo de los noventa. Ese simil-renacimiento poético. El poema es tajante: “no hay discurso que nos aloje.” Y ahí es donde veo la soledad de Walter Cassara: soledad de la voz única. No la soledad de los supuestos marginados subvencionados. Walter Cassara nunca fue un poeta joven. Es un poeta que escribe poemas. Y repito, tiene la edad de sus poemas. Sabe que está, como dice en uno de sus poemas, en “la red fugaz que teje el tiempo”.

Lo que trina es la voz:

La voz frasea el trino, no es una acumulación de palabras. Están las palabras o las encuentra en esos caminos de ripio, o se le rompe el anzuelo, o las pierde, pero no deja “de nacer como un niño/ trilla en la densa marea / su baldecito de guijarros”, en ese trillar de palabras se organiza en su voz, y aparece su ritmo: “Trinar es triturar, un boceto es destino / y lo que una vez creí truncado / aun roto para siempre, alumbra en la boca”. Las palabras pasan por la boca. Y en ese alumbrar se juega el poema. Ese riesgo de lo nuevo, de lo desconocido más bien. En otro poema encuentro esta perla, ningún mar se la tragará: “Yo sé –ambos sabemos- / no hay escala que pueda medir eso.” Eso, es un azul que no está en ningún cuadro, que no se puede medir, hay que inventarlo en el fraseo. Claudel que no sentía en términos de métrica, que no se defendía del lenguaje tiene dos líneas que le van al poema de Walter Cassara: Es preciso que haya / en el poema / un número tal / que impida contar. Los poemas de Walter Cassara no se pueden contar, y no se pueden contar en los dos sentidos del verbo contar. Escapa “del idiota apocalíptico y que come libros / todos pulsando dulcemente el mismo naufragio.” El poema hacia Mandelstam, porque no es un poema sobre Mandelstam, yo diría: el poema Mandelstam es para mí la aceptación de la alteridad rusa, de ese poema ruso que le falta a la poseía argentina, que yo encuentro en Nostalgia y también en otro poeta, en Laura Estrin. La voz rusa de Osip Mandelstam. Nostalgia trae los “trazos” Mandelstam y le responde a la poesía de Mandelstam. Le responde en poema. Y es poema escrito con el oído en lo desconocido. Leo los poemas de Walter Cassara como cantos que no se dejan comer por el relato. Preguntas abiertas.

11.3.12

La perpetuidad del instante, por Isaac Castro






Sobre Presente continuo de Carlos Battilana, Editorial Viajera, 2010.


Toda antología supone un recorte preciso que muchas veces funciona más por lo que deja fuera que por lo que propone. No sólo debido a que toda selección es injusta e insuficiente sino porque además, al igual que una comparación, también puede ser odiosa. Sin embargo, hay veces en que una compilación suele articularse como el ordenamiento de una trayectoria, la clausura de una etapa o la merecida revisión de lo ya hecho, de lo transitado. Y en esta línea se ubica Presente continuo de Carlos Battilana, una cuidada publicación que recoge poemas de sus libros más emblemáticos y que mantiene como punto de unión la aparición de un yo lírico por el que pasado, presente y futuro, constituyen un único tiempo en permanente expansión, en el que el peso de la cotidianeidad se funde con los ritos más simples de todos los días. Pero esa presunta sencillez no se agota en un costumbrismo prefabricado (el modo en que Battilana forma sus versos no exalta la belleza de eso que está allí y no percibimos), sino que, muy por el contrario, lo suyo se trata de una auténtica apuesta estilística por la que, mediante el filtro de la subjetividad, evoca las sensaciones, las reflexiones y preguntas que le generan la vida cotidiana. Hay en sus textos una idea de congelamiento del instante, quizá de afán fotográfico. La perpetuidad que ofrece un momento (la contemplación del mar, la visita a una parrilla, el recuerdo de alguien que se ha ido) es el resultado de una acabada conciencia de lo efímero que es el tiempo y de cómo el paso de los días sepulta lo más trascendente y vital que no es otra cosa que el cúmulo de emociones que el poeta experimenta en la medida que el mundo lo interpela a diario. Con austeridad léxica y un manejo preciso del lenguaje, Battilana recrea pequeños mundos que a menudo surgen de situaciones mínimas, concretas y que por lo general privilegian la incertidumbre, la falta de respuestas, el no saber. Porque la clausura de sentido que ofrecen sus poemas es el punto de partida para múltiples interpretaciones de lo que es el universo, desde las más complejas subjetividades hasta el encuentro con el objeto más trivial. De lo más profundo del yo a la superficie de la materia. Allí, en ese recorrido, que es el día a día, el trabajo, los compromisos, las obligaciones pero también la angustia, el dolor, los momentos gratos, es donde el poema gana fuerza, se revitaliza el lenguaje y convierte a Presente continuo en el eficaz muestrario de la experiencia humana acaso en esos lapsos en que enajenación y automatismo ceden su lugar a las cosas importantes, imperfectas, injustas, hermosas, ciertas.

1.3.12

Conversación con Luis Thonis

(Laura Estrin, Sergio Rienzi y Javier Fernández Paupy)




Soy de los que escribe para darle una oportunidad a que la muerte pueda ser barroca. (Luis Thonis)



LE: Luis, ¿qué libros te conmueven?

LT: Yo traté de seguir la línea que me venía desde la cultura. La cultura te dice Homero, después Virgilio, luego Dante. Ya en Homero está Kafka, que se pregunta por el silencio de las sirenas, y en Dante está Joyce donde retorna el teorema del Paraíso. Hay resistencia a enterarse de eso. Insiste. Después fui aprendiendo que la cultura y la lectura no van de la mano. ¿Qué es la literatura? Es “La marquesa salió a las cinco” o “lo bello como” de Los Cantos de Maldoror. La primera frase abre un tiempo cronológico, la segunda lo retarda. Fui aprendiendo que la lectura puede ser enemiga de la civilización como lo fue la Kultur nacionalista en la república de Weimar donde se gestó gran parte de la modernidad. La civilización permite la experimentación como la “barbarie” en la música de Shoenberg. Es ridículo querer escuchar la música no tonal como a la tonal. Tiene que nacer otro oído. No opongo la civilización a la barbarie sino a la cultura como kultur. La civilización es la posibilidad de la cultura de subvertirse y reinventarse a sí misma. La kultur es la afirmación de una identidad estratificada y de las raíces, propia de las dictaduras. Yo creo que los libros de cabecera son los más importantes.

JFP: ¿Los libros personales de cada uno?

LT: Los que parecen haber sido escritos para uno. Para mí no hay literatura mayor y literatura menor. Hay, en cambio, subliteratura, la que se define como ausencia de conflicto.

JFP: ¿Cuáles son los tuyos?

LT: Bueno, los que producen efectos, sacuden. Los clásicos argentinos, desde Echeverría a Girondo, escribí sobre eso, algunos contemporáneos sobre los que también escribí, la lista es larga, ya van a ir apareciendo. El Ulises. Me gusta Pynchon. Esos son dos novelistas que parece que supieran todo. Joyce tiene un conocimiento de las lenguas, no me acuerdo cuántas. Se sabía toda la historia económica y política de Irlanda. En “Irlanda, isla de santos y sabios”, dice que Irlanda es un país aristocrático sin aristocracia. Como la Argentina, que hoy es un país más oligárquico que en los tiempos de la odiada oligarquía tradicional, con un sindicalismo que todavía funciona con las leyes del fascismo, la patria contratista que nace en los setenta y no deja de crecer, con la pequeña burguesía que odia la democracia republicana y piensa que es el pueblo mismo. Luciano Miguens, el abominable hombre de la Sociedad Rural, con sus dos mil hectáreas es un vendedor de ballenitas en comparación con los megaterratenientes actuales, que parten de cien mil. Y lo superan modestos sindicalistas con cuatro mil. Sí, los que insultaban a la oligarquía vacuna. Joyce se asfixiaba con la circularidad de Irlanda aunque la veía víctima más de sí misma que de la astucia inglesa. Bueno, hay escritores del no saber donde algo, la verdad o lo que quieras aparece en estado bruto, sin mediaciones, por ejemplo, Felisberto Hernández. ¿Qué es lo que sabe Felisberto Hernández? No es hegeliano. Sabe tocar el piano. (Risas.) No sabemos si no fue hegeliano por saber tocar el piano. ¿Sabe de mujeres? Cuando murió, ante el cajón, estaban todas sus ex novias.

LE: ¿Viste que Felisberto anduvo con una agente secreto?

LT: Sí, para él toda mujer es siempre un “agente secreto”, la ve como un animal extraño, lo que no significa que no la desee, al contrario. Escribí sobre eso un trabajo, de los primeros, “La risa del tiempo”. El personaje se identifica no con una mujer completa sino con un rasgo de ella, que tiene algo de caballo y se va convirtiendo en potro. Rompe el principio de identidad, en él comienza a resonar algo arcaico, el caballo. Eso me parece importante: no quedar confinado a una identidad contemporánea, fija, estratificada sino crear en sí otras identidades en relación a lo arcaico. Y nada que ver con el multiculturalismo que a un irlandés que vive lo más pancho como americano en New York lo presiona diciéndole: ¿Y tu identidad irlandesa, tu patria? Empujan a las raíces, pero lo arcaico puede retomarse fuera de las raíces sean indigenistas o heideggerianas, Caen finalmente en el fascismo, en el anticosmopolitismo. “Aquiles a las cuatro” es un poema que trata de eso: un tipo que a las cuatro de la tarde “es” Aquiles y se va a jugar con los chicos a la plaza, rememorando todas las guerras, como si estuviera al final de todas las guerras. Este es un caso patológico, no lo aconsejo, pero puede haber otras variantes. Yo puedo ser Thonis pero también Tancredo de la Jerusalem Liberada. (Risas) Uno de mis héroes de juventud, pero también un Qom, es escalofriante y lo digo en plena canícula, lo que están haciendo con esa comunidad, ahora agredieron a la mujer de uno de los que mataron y los acusan de sojeros.

JFP: Vos decís, en “Capullos caídos” que el dandy no puede separar a la mujer de su vestido como condición previa a desnudarla.

LT: La mujer ya trae en sí lo arcaico, nos pide que hagamos algo con eso, también quiere despojarse de eso. O bien lo traduce a lo sagrado, a los cultos de los neomatriarcados. Su novelista podría ser Marguerite Duras, el alcohol lo va cubriendo todo hasta drogar la diferencia de los sexos, una verdadera colonización del Otro. O bien la mujer puede inventarse como sujeto en la guerra misma de los sexos que siempre continúa, pronto los matrimonios heterosexuales tendrán que ser clandestinos (Risas) y los espíritus libres cavar fosas para catacumbas… bueno, la mujer también puede inventarse como sujeto, amando y dejándose amar. No haciendo las veces de Delfine Roux, el personaje de Phillipe Roth que concentra el nihilismo que predomina en Yale y que se lleva puesto por una falsa acusación de racismo a un viejo profesor de griego. Yo también quise saber de qué se trataba. Leí a Proust y a Cabrera Infante y me di cuenta que cuando más querían saber los narradores menos sabían, recibían demasiadas sorpresas. Me refiero a la Recherche de Proust y a La Habana para un Infante difunto. Después comprobé que esas mujeres aparecían en mi vida, Albertine y Gilberte estaban ahí como la inolvidable Julieta de Cabrera Infante.

JFP: ¿Las leíste en paralelo?

LT: Los leí en la misma época. Me acuerdo que el día que asumió Cámpora. Todos mis amigos iban a la Plaza. No pude sustraerme, como protección agarré la Recherche… algo me decía que iba a venir algo terrible, había color sangre en las miradas. Oía lo que Perón decía a los Montos y lo que decía a los sindicalistas, el sector de la CNU, donde estaba Moyano y que tuvo que ver con el asesinato de Silvia Filler, que después dio lugar a la Triple A. Les dieron las listas de las futuras víctimas. Uno escuchaba eso y sabía que algo iba a pasar. Había una cosa de éxtasis colectivo, sentimientos mesiánicos. No te pierdas esto, me decían mis amigos. Lo tenían adelante a López Rega, a Lastiri y otros esperpentos y no lo registraban, en todo caso, justificaban, decían que Perón sufría de un cerco. Lo mismo pasó en 2001, en vez de terminar con una clase política se la reinventó como casta. Cuando todos van para el mismo lado con el flautista de Hamelín, hay que buscar otra música.

SR: ¿O sea que vos no te dejaste convocar?

LT: Nunca fui oficialista, salvo en el primer período de Alfonsín, nadie recuerda que fue un héroe luchando por los presos políticos mientras otros se enriquecían. Puedo apoyar algo colectivo pero si se propone limitar las voluntades masivas, estoy a favor de un Estado limitado. En la Argentina predomina la cultura barrabrava. Los más cultos, pude comprobarlo, en determinado momento se vuelven barras aunque de bravos no tengan nada, ceden ante la unanimidad. Cuando vino Perón, en Malvinas, en el 2001, enloquecen y no ven nada. Nunca peleé en un campo de masas. Como individuo, sí…

LE: Sí, ya sabemos (Risas).

LT: Y tanto Proust, en En busca del tiempo perdido, como Cabrera Infante, en La Habana para un infante difunto, me llevarían a “la conclusión Odette”, como que Odette a lo largo de la novela de Proust se vuelve más desconocida para Swann. Que está permanentemente desconcertado en ese entre dos, lo sufre en vez de disfrutarlo.

LE: Por eso es mejor tres. Nicolás Rosa decía que el tres es desde donde hay que empezar a contar.

LT: Está muy bien. Cuando el tres hace masa ya no me gusta.

LE: ¡¿El tres es masa?!

LT: Macedonio decía que más de tres es masa. Néstor Sánchez escribió un relato, “La ley del tres”, inspirado en eso. Depende de los lugares. No es necesario que el tercero esté presente. Casanova dice que uno puede tener una mujer o mil, pero nunca estar entre dos. Porque eso prácticamente lo lleva al suicidio. Estuvo a punto de suicidarse. Pero no estaba entre dos mujeres, sino ante una adolescente y el Matriarcado, que es la anulación de todo tercero. Es algo que no se desea ni al enemigo. Fue una gran derrota. El affaire Charpillon. Sollers creo que propone charpilloner como un verbo francés que habría que analizar.

LE: Exactamente. Lo que vuelve o lo que dicen que vuelve.

LT: Claro. También ahí aparece Céline. Hizo lo que todos pero como no tenía el trasero asegurado parece que fue peor que todos… los comu petanistas del pacto Hitler Stalin, que hicieron más deberes que él, se lo querían comer. Sufrió la furia de los conversos.

SR: Hace poco dijiste: “Yo no sé qué quieren hacer con Céline, pero estoy atento a…”

LT: Alguien me dijo que Asís es el nuevo Céline, si es así, voy a intervenir. (Risas.) Asís es un escritor satírico; en eso un capo. El Turco sabe encircar y al otro le gusta amargar hasta el circo, como esos payasos del poema de Brodsky que tradujo Natalia Litvinova empiezan a destruirlo. Son metáforas, lo digo, porque el oficio de payaso me parece más que respetable. A veces para zafar de la presión societaria no queda sino hacer una payasada. Céline no tuvo esas opciones. También él quería saber de las mujeres. La primera novela que escribe es Semmelweis. Fijate que Céline y Freud tienen un punto en común. Freud escucha decir a Charcot que la histeria de las mujeres es cosa de genitales, como si fuera algo insignificante. Freud lo tomó en serio. El problema de Céline fue que Semmelweis era un tipo que investigó la fiebre puerperal, es muy cómico cuando piensa que puede venir de la antigüedad de los edificios. Pero detrás de eso está el problema del parto, la limpieza de las mamas, el útero. Todo el problema de los genitales. Empieza con eso. Es un comienzo fuerte. El escritor satírico no tiene negatividad, no se va a meter a indagar la diferencia de los sexos, los fantasmas genealógicos. Lee desde un lugar fijo, como sobrando la situación. En cambio la negatividad a la que me refiero supone la risa y el horror. Ahora en Alemania hicieron una especie de parque de diversiones con los lugares donde operaba la Stasi, ¿lo vieron?

LE: Sí, hace rato hay turismo de campo de concentración.

LT: A esto lo llamo un progresismo sin horror, un ejemplo de hasta dónde puede llegar la estupidez humana. Eso yo lo veo como la infantilización de la humanidad, en gran parte se debe al pánico que provocan los hitlero islamitas, no hubo horror en el pasado, luego, no pasa nada en el presente. Significa que no queda huella del más grande satírico del siglo veinte, me refiero a Karl Kraus que escribió La Tercera noche de Walpugis, la que le faltaba al Fausto de Goethe. Aquí si que la sátira reencuentra los fantasmas genealógicos: a Kraus no le queda nada, sólo la lengua alemana, la lengua de Goethe que se desliza hacia el nazismo. Lo publicó en 1933, cuando los nazis tomaron el poder, anticipó todo lo que iba a venir. Dijo que los acontecimientos ya no existían más, que la fraseología y los clichés iban marchando solos. Muestra cómo se invierten los hechos, cómo los victimarios, los nazis, pasan por las víctimas. Es comienzo de un relato que hoy continúan los nuevos negacionistas. La fraseología está para borrar el acontecimiento, ahí tenés el manto de neblina sobre Malvinas, algo que echa raíces en la lengua, fijate que cuando se dice algo realista del tema el argentino medio salta como si le tocaran la vieja. El acontecimiento es que el solo nombre de Malvinas produce unanimidad porque coincide con la lengua y a partir de ahí se puede hacer cualquier cosa, me refiero a 1982. El lenguaje, la literatura, es una operación sobre la lengua. Kraus muestra como los mismos discursos van produciendo el nazismo y cómo nadie se le resiste, incluyendo los mismos judíos. Produce una obra maestra con los mismos clichés. El pánico y las autojustificaciones empujan a la sociedad al suicidio, todo el mundo dice lo contrario de lo que piensa y cree que lo está pensando. Fue algo que vi aquí en Malvinas, antes de La Tablada, en el 2002, se elige lo peor. Kraus es uno de mis libros de cabecera. El último libro que publiqué se llama No vienen avispas. Hablo de los ninfos, aunque me corrigieron la palabra pensando que era una errata. Bien: los ninfos son los que viven puteando a Disneylandia pero quieren hacer de Auschwitz una Disneylandia. Después ven en Disneylandia un campo de concentración como Galeano dice de los Mc Donald’s. Todo el tiempo se está insultando a las víctimas, es el nuevo deporte del progresismo sin horror. Así miran todavía a Cuba, las “islas caimán de los iluminados” según Gabriel Roel, solidarios con el terrorismo de estado y no con los presos que dejan morir de hambre o pudren en las cárceles.

JFP: ¿Qué sería el ninfo?

LT: El ninfo es un tipo que es tan asexuado que ya no importa que sea homosexual o heterosexual. Es indistinto. Hay un efecto de indistinción. Entonces, hacen de la Stasi una especie de circo, donde vos te llevás un souvenir. Es el progreso sin horror. Las avispas se acumulaban en los castillos de las viejas ciudades antiguas, incluso están en Homero. Francis Ponge las considera muy estúpidas, se parten en dos y siguen viviendo, tardan un día en entender que están muertas, incluso se agitan más que antes. Ponge dice que son el colmo de la estupefacción preventiva. El ninfo es el último modelo militante castro chavista de negación del horror.

JFP: ¿Tiene que ver con el museo de la memoria acá?

LT: Aquí no llegamos a eso, pero está el tema del maniqueísmo. Todorov tiene una nota muy buena, “El Viaje a la Argentina”, y señala que hay sólo una clase de víctimas. Los Mor Roig y los Rucci no cuentan como otros tantos crímenes aberrantes. Tampoco los soldados que defendieron el gobierno constitucional, me refiero al de Perón aunque dentro de él se cobijara a las Tres A. Se optó por simplificar la cosa en términos de blanco y negro y reiterar todo el tiempo esos colores con el objetivo de presentar a los K como una especie de ex combatientes. La Argentina tiene un exceso de memoria. O sea, es una memoria “obligada”. Ahora pareciera que tuviéramos que ganar todos los días la batalla de Obligado. El combate nacional y popular es contra los mismos espejismos de la lengua.

JFP: Vos decís en algún lado, o lo citás de alguien, que la sátira surge en momentos en donde la sociedad está a punto de decaer. ¿Y vos decís que Asís es un escritor satírico?

LT: Sí… eso lo dice Arnold Whithead en Las aventuras de las ideas, muestra que la sátira aparece al final de todas las civilizaciones, Luciano, Rabelais, en un cambio de período. O el final catastrófico de otro como el caso de Kraus. La segunda guerra mundial todavía para mí no terminó. Corea del Norte y Corea del Sur tienen un armisticio, todavía sigue. Como un efecto retardado, pero sigue y ahí tenemos a los nuevos redentores el comunismo en puerta. La primera guerra es una guerra de águilas, sin motivos económicos como proponen las tesis leninistas, una guerra de imperios que hasta entonces comerciaban bien como Alemania y Rusia. Fue una guerra de prestigio en el sentido hegeliano que entusiasmó a Freud y a los futuristas. Freud estaba muy entusiasmado con ella, eso se lee bien en la correspondencia con Jones. En los futuristas se convierte en estética. Apolllinaire dice que la guerra es “jolie” y describe orquestas de cohetes en el cielo. Después de la carnicería Freud escribe que hay que aprender a hacer uso de la decepción. La segunda guerra mundial es una guerra no de imperios sino de Estados-nación que reaccionan ante la globalización anglo-americana. Pero tampoco respondió a motivos económicos sino a la humillación de la primera que Hitler supo explotar. Surgen nuevas formas de escritura, de percepción y de sensibilidad. La guerra actual es contra la globalización que no es sino la extensión de la democracia y tiene la forma de una matanza contra los civiles como está sucediendo en Siria… los charlatanes tipo Galeano asocian la globalización al imperialismo y terminan con Irán, Chávez, Al Baschir y los integristas. Kraus dice que el diablo es optimista al pensar que el hombre puede llegar a ser más malo. Ahí Arendt hace un retrato extraordinario de Eichmann que es un nuevo punto de partida donde el mal y la banalidad se vuelven indistintos. Eichmann, ese hombre que era clave en la logística de los campos, creyó que obraba bien, que cumplía con su deber hasta el momento en que fue a la horca. Los judíos eran estadísticas. Es casi un amigo, escribí en una nota reciente, en los tiempos de la dictadura decía algo habrán hecho, después aparecieron los de izquierda que están ahora en la farsa del libro en Cuba negando la existencia de miles de asesinados, desaparecidos, torturados que ni siquiera son estadísticas y los auspiciantes del menemismo y el kirchnerismo que dicen “roban pero hacen” y pasan por alto el estado de derecho, a la mayoría le gusta el mafioso. Los ideólogos de la servidumbre voluntaria no serían nada sin estos hombres sin cualidades.

LE: La periodización histórica no coincide con la periodización literaria. La historia, que es lo que pensábamos hablar con vos, como modo para abrir un poco la literatura, sirve pero le va la saga, simultánea o paradójicamente.

LT: El historiador tiene la tarea o el objetivo de separar a los sujetos contemporáneos de los hechos históricos, que es lo contrario de lo que se hace acá, me refiero a la cháchara hegemónica. Tiene que tratar con cosas y seres muertos. El revisionismo hace lo contrario: son los muertos los que están vivos y se los usa contra los que todavía lo están, así, los zombis vienen marchando como en un poema de Lucio Greco. Se cogen todo el tiempo entre ellos y vienen por nosotros. Son revisionistas extremos. El revisionismo con sus discos rayados trata que vos vuelvas a vivir algo que incluso fue falso. Hay distintas formas de revisionismo y distintas formas de negacionismo. Han evolucionado en sus métodos.

LE: Pará, permitime entender, vos decís que el negacionismo hace revivir algo que ni siquiera pasó, ¿cómo lo hace revivir?...

LT: Al negacionismo podríamos tomarlo como una forma extrema, maniática de revisionismo. Con revivir algo que no existió se puede hacer literatura y de la mejor. Pero el revisionismo de corte estalinista vuelve a matar a las víctimas diciendo que no existieron para propiciar nuevos crímenes. Grousacc decía que con la historia uno puede tomarse libertades, inventar, pero sin contradecir los hechos. Aquí se trata de negarlos o de invertirlos. Un ejemplo es el caso de Hobsbawm la referencia por años de la TV pública que a través de él presenta la segunda guerra mundial. El tipo escribe de otra manera la historia. La masacre de Katyn, él se la atribuye a los nazis, cuando los nazis estaban asesinando en los ghettos. El mismo Putin en nombre del estado ruso acaba de reconocer la masacre de Katyn. Para Hobsbawm no existió la guerra de Afganistán de ocho años, no existió el comunismo, Mengistu y Pol Pot no existieron: este mató dos millones, un cuarto de la población, imaginate que alguien soslayara la existencia de Pinochet que tuvo tres mil víctimas. En la TV pública lo citan todo el tiempo. Vos terminás de leer a Hobsbawm y vas al partido comunista. (Risas.) Que te hace terminar en el PJ, todo siempre va a parar a ese asador y ahí aparece Laclau para el cual Mao por ser popular deja de ser el exterminador por excelencia. La novedad revisionista actual es hacer negacionismo pero en nombre de la democracia, como Chomsky. En ese contexto analfa nace el pacho revisionismo (Risas).

JFP: ¿Sería el devenir zombie del sujeto de nuestra época?

LT: Todo en la Argentina termina en el PJ, salvo que tengas una línea de bifurcación que te la tenés que inventar vos. Para sortear ese llamado a no leer, esa anti-transmisión que es la difusión que en última instancia promueve el retorno de los faraones. Que considera que el mercado es el mal y hace la apoteosis de la mercancía espectáculo y una política donde la única competencia es el tráfico de influencias propio de la mafia. También tiene que ver con esto que yo digo de los ninfos. Los ninfos pueden tener que ver con los Tadeys de Osvaldo Lamborghini, aunque éstos son hipersexuales, en cambio éstos de nueva generación se han ido vaciando y quieren ser arrullados por los neomatriarcados. No sé si vos leíste a Valerie Solanas, la que le pegó el tiro a Warhol. Ella quería amputar el sexo, decía que el pene era producto de la deformación, escribió un manifiesto para el exterminio del hombre. Terminó pegándole un tiro a Warhol porque Warhol no creía en el espectáculo. Es como si vos tuvieras que llorar cuando lo pide el espectáculo, hablar de las víctimas cuando lo propone la agenda del espectáculo. Las matanzas de coptos en Egipto o de católicos en Nigeria son productos no consumibles, todas las lágrimas se guardan para los niños palestinos que Hamas coloca arteramente en los blancos militares. En occidente van ganando por robo las técnicas de Mein Kampf no sólo implementadas por Ahmanideyad sino por las crédulas Universidades. Basta imaginar que hubiera sucedido si Israel hubiera hecho la cuarta parte de lo que hicieron los Assad con su propia población: todas las ciudades se hubieran atestado de indignados, las embajadas habrían sido atacadas, las banderas quemadas, etc. Es la miserable farsa actual, nadie se atreve a contradecirla como ayer a los crímenes del comunismo. El ninfo odia a Estados Unidos pero cree en Hollywood, nunca se va a salir del libreto, protestar si la ley Sopa no le deja bajar música y ahí te das cuenta que considera a Internet como algo suyo, combate el imperio pero quiere que este le ofrezca el mejor servicio. No se le pasa por la cabeza con este ejemplo evidente que la globalización termina socializando su producción, no dice nada de la censura sobre facebook en Venezuela o Nicaragua.

LE: Un alma bella progresista, digamos…

LT: Lo que a mí me interesa es la relación con el crimen. El ninfo niega el horror y el crimen. Y todo en nombre de la moral.

LE: Porque lo reescribe para negarlo o para revisarlo negándolo, como cuando te dicen: “es más complejo”...

LT: Porque participa de una empresa, que es el negocio de los pueblos oprimidos. Aquí lo vemos con los Qom, les roban las tierras, los matan, los enjaulan para que no voten, el defensor del pueblo declara contra ellos, la policía dice que no puede intervenir y los que se pasaron atacando el monumento de Roca, cobrado para dar conferencias, mantienen el pico cerrado. Así pasó siempre. No querrán enterarse del genocidio en Darfour porque son las milicias fundamentalistas las que asesinan de a miles a otros musulmanes y eso no está en el programa Al Bashir y los secuaces de él van y lo exterminan todo. Vos ya no podés creer lo que vos pensás. Por supuesto que estos revisionistas creen a pie juntillas en todo lo que piensan. Osvaldo Lamborghini hace un trabajo tal con la negatividad que no puede ir nunca hacia un fascismo. La negatividad es poner en escena la fusión de los antónimos, las Tres A y los montos, y prefigurar un futuro de nombres indistintos

LE: ¡¿Eso sería lo que permite decir que Céline no era nazi?!

LT: Es otro de los que delira el nombre judío. Parece que la cosa empezó según Phillipe Muray cuando los directores de teatro le rechazaron unos textos. Warhol hizo algo parecido con Valerie Solanas y ésta la pegó un tiro. Pero Céline no pasó al acto, escribió las Bagatellas, pero no se quedó ahí. Mariano Dupont tradujo una serie de trabajos en su blog sobre el asunto, hay que leerlos, en especial los que lo toman desde el lado judío. Solanas escribe el manifiesto del exterminio del hombre, ignora que el hombre es uno de los hombres el exterminio. Céline dice que todo puede ser cuestionado, menos la humanidad del hombre. La humanidad es roussoniana y pelagista por naturaleza. Pero aparece el nombre judío y empieza el delirio, las universidades están viviendo de eso. Eso pasa cada vez más con muchos judíos y Shlomo Sand es la prueba viviente de la basura que consume hoy el progresismo. Eso vale para el neo revisionismo antijudáico que se prepara para sustituir, renovar a Mein Kampf tras la caída de las dictaduras. Para que no se den cuenta que la pobreza en Egipto o en Libia no se debe a Israel. Quieren otra nochecita de Walpurgis. Es algo inmensamente miserable. Aun si los judíos son espectros, tendría que hablar de los enemigos que tiene enfrente, ni una palabra. ¿Dónde está el nazismo en Viaje al fin de la noche? No lo sé. La verdad es que no lo veo. Fue otro de los que deliró ese nombre. Fijate, Deleuze, que hizo notables lecturas de los clásicos de filosofía, no tiene ni idea de quién fue Arafat ni lo que pasó en el Líbano, describe en Los Indios de Palestina, un texto aparecido en Liberación, el conflicto de Medio Oriente como una lucha entre vaqueros y pieles rojas, parece que vio demasiado cine norteamericano. Este es uno de los escándalos filosóficos del siglo porque Deleuze no es un autor de segunda, no es Slhomo Sand, el máximo negacionista hasta ahora, que afirma que los palestinos son descendientes de los judíos originarios y los judíos actuales, bueno, son espectros. De un modo u otro estos progres fascistas siempre llegan a La cuestión Judía de Marx, que dice que los judíos son el capitalismo y tienen que desaparecer para que venga la arcadia. El único que resistió a eso fue Foucault en su seminario de Cómo defender la sociedad que ve el relato bíblico como resistencia a las Babilonias resucitadas y las que van a venir. Por supuesto, nadie en los medios, aunque citen todo el tiempo a los autores, repara en esto, lo consideran chino básico. También a perfectos desconocidos a los pocos que piensan algo como Eric Marty, tomado en consideración… sólo cuando escribe sobre Barthes…

LE: Cuando vos dijiste, cuando uno no puede creer lo que piensa es cuando se rompe la posibilidad de que el tipo sea un nazi.

LT: El punto de inflexión está ahí: no creer lo que se piensa a diferencia del setentismo que creía literalmente en lo que pensaba, esto te hunde en un agujero. No es casual que los setentistas en su mayoría admiren a Heidegger. Meschonnic ha mostrado que piensa el verbo Ser al revés de Kafka. Heidegger cree en la Lengua pura. Hay que leer su libro sobre Heidegger sino no se entiende lo que estoy diciendo. Una vez que entrás en el laberinto hermenéutico del Ser no salís más. Te va aspirando. Por eso hay que construir un territorio cero, fuera de esas líneas de lectura. En la Argentina lo hago desde Alberdi, Macedonio, Murena, todos los que van en contra de un estado total o una democracia delegativa. Murena plantea una democracia jerarquizada. Es lo único que puede evitar el caos y la vuelta al campamento, lo que no significa caer en Carl Schmitt.

JFP: ¿Qué relación encontrás entre la escritura y el trabajo?

LT: El noventa por ciento es trabajo, el resto es inspiración, decía Baudelaire. Cuando te sale algo que te sorprende de un solo tirón no sé si se trata de inspiración o lo que fuera. Por ahí hay un trabajo invisible que está funcionado. El trabajo está vinculado a la educación. Arendt vio que la educación cada vez se aproximaba más al juego, que cada vez había menos exigencias y que esto termina en la reproducción, en el fin de todo principio de autoridad que para ella es lo contrario del totalitarismo. Una discípula suya, Inger Enkvist, rara avis que critica los constructivismos posmos centrando la educación en la lectura, dice que la computadora habría que dársela a los alumnos avanzados, a los quince años, porque en vez de trabajar navegan al azar y mandan mensajes a los amigos. Habría, por otra parte, que dejar de lado tanto humanismo descerebrante y tomar en cuenta las ciencias duras. Algunos tercermundistas piensan que Cristóbal Colón antes de darse al mar, ya tenía programados genocidios de indios. Como que podía haber habido otro pensamiento en esa época. Que era ir a buscar tal cosa a la India. A mí me interesó mucho la aviación. Yo quería ser aviador, fui a la Fuerza Aérea. Yo tenía quince años, quería pelear para el lado de los buenos. (Risas.) Pero tenía pie plano. Me sirvió eso para hacer muchos goles de chanfle, de tiro libre, pero no para manejar aviones. (Risas.) Pero escribí una novela que no publiqué que se llama El vuelo del Pampero. El Pampero es el nombre de un globo que piloteó Newbery. Me puse a estudiar cómo nació todo eso. Hay distintos inventores en distintos países. Ford, que como persona era un HP, ¿no?, escribió un libro antisemita. Todavía la gente lo lee. Lo vi en los blogs. Me fijo cómo va la lectura, las cosas que circulan. Y va muy mal. (Risas). El gobierno al darle tanta manija al antiliberalismo, al revisionismo, engendró muchos delirantes. Creen que país está en manos del sionismo internacional. Y ecologistas que piensan que los transgénicos están devastando los campos y matando a la gente con cáncer. Basta hablar con un técnico del INTI o un chacarero para saber que no es cierto. Argentina está en una cosa fordista del trabajo, en la sustitución de importaciones que no pudo sustituir nada pero que se fue devorando todos los stocks de capital, empezando por la ganadería y llegando a los guantes de látex o las jeringas. El ochenta por ciento del país vive de las importaciones, pero se mantiene el mito a favor de los capitalistas amigos. En cuanto a los orígenes de la aviación, Ford pone el motor, el motor a explosión. Los hermanos Wright lo incorporan a una bicicleta a la que dan alas. Tenían una hermana, que era profesora de griego. Miraba. El primer avión sale de una fábrica de bicicletas. Hay que ver la combinación que hicieron. Hacen el primer aeroplano. No sé si fue el primero, después vinieron las locuras de Linderberg que cruzó el océano, de San Luis a París.

JFP: ¿Y cómo relacionás esto con la escritura?

LT: Al final de Los Lanzallamas, Arlt dice que la guerra de futuro será aérea y química. Buen olfato. Los clásicos eran escritores terrestres, pensaban que lo alto estaba allá arriba, en el cielo. El viaje de Baudelaire ya encuentra a los zeppelines. Ahora uno aunque no lo advierta esta situado en el espacio, defendiendo al Cielo del asalto de lo zombis (Risas). Bueno, eso es lo que yo traté de hacer. No sabía qué iba a pasar. El tema de la novela es la repetición. Un tipo quiere repetir exactamente el vuelo de Newbery, no se sabe si para recuperar una mujer o perderla definitivamente. Hay un montón de hipótesis sobre ese vuelo. Además eso lo escribí como hace cinco años. Después lo dejé ahí. En realidad, nunca pensé hacer carrera literaria, no fui donde no me llamaron, para publicar tenés que ir por las editoriales, los concursos, cuando los que te publicaban ya no lo hacen porque cambió la mano…en el secundario escribí una obrita de teatro, la dieron en el Larreta primero y luego en el San Martín, pero después me desconecté de ese mundo. Escribía para mí, la culpa de que volviera a la escena la tuvo Luis Gusmán, iba a la librería a comprar libros, un día me dijo traeme algo, le llevé lo que escribí sobre Raucho, el dandy de Güiraldes, me interesaba cómo el tipo luego de pasar a través de mujeres increíbles termina queriendo fusionarse a la Madre Tierra.

JFP: ¿Ves alguna relación entre la libertad económica y el acto de escritura? ¿Es dependiente de la creatividad el modo en que uno se gana la vida?

LT: Bueno, creo que Puig, por ejemplo, trabajó de lavacopas. No debía ganar mucho pero eso le daba libertad. Mientras más lejos estás de la universidad, más libertad hay. Especialmente en una época donde todo se iba transformando en militancia. Lorenzo García Vega tuvo que exilarse de Cuba, ganarse la vida en un Mac, mientras eran laureados los poetas de la nomenclatura. Los poetas locales de la servidumbre voluntaria van a aplaudir a los emperadores Castro y que la Seguridad del Estado siga asesinando y encarcelando con total impunidad. Murena dice del capitalismo que te da la libertad incluso para morirte de hambre. Es casi un elogio. No te roba la muerte, te deja en la plaza y arreglate. Eso pasa hoy aquí, hay un 30% de pobreza pero no en países donde se hicieron bien las cosas en una línea que puede ir de Australia hasta Taiwán. El nazismo y el comunismo te la roban. Hay que leer a Lefort, Un homme en trop, para entender eso. Después leí que Arenas decía que en todos lados te dan una patada en el culo pero en socialismo tenés que aplaudir. El de los Castro, aclaro. Esas pequeñas cosas muestran que no tienen nada que ver los dos sistemas. El capitalismo incluso siendo mafioso ha tenido efectos más benéficos que ese discurso de la solidaridad, de lo equitativo, todo eso, terminó siempre en…

LE: A nivel literario sí produjo cosas.

LT: En la zona concentracionaria, como vos tan bien decís, se escribieron cosas que no tienen comparación. Yo creo que el dinero, mejor dicho, la moneda, no existe en la Argentina, quiero decir, no tiene sujeción. Jean Bodin, uno de los primeros teóricos de la soberanía asoció a esta con el poder de acuñar moneda por parte de los monarcas. Esta moneda debía ser reconocida, en China había pena de muerte para quien no lo hiciera, en Occidente era un delito castigado. Pero después los Estados descubrieron que la mejor manera de estafar al pueblo es emitir moneda. Y todavía no salimos de eso, en la Argentina y en Europa, ahí tenemos a los Paul Krugman y a los Stigltiz, hacen lo mismo que Evita o Alzogaray, proponen resolver la crisis europea emitiendo moneda o con bonos. Y Francois Hollande parece que quiere poner la tasa Tobin si gana las elecciones. Todo eso significa más burocracia y menos mercado. “Pongo impuestos y luego distribuyo”, Europa, salvo Alemania, no puede zafar de esa fórmula suicida. Escribí en detalle sobre eso. Lo primero que tiene que hacer un país es darse una moneda sólida, como hizo Cardoso en Brasil. Retrocedé diez años, veinte años y compará a Europa con Brasil para no hablar de la Argentina. Hay una relación entre el significante del dinero y el trabajo. El trabajo ya no existe en el sentido que tenía en el proceso que va desde el valor trabajo de Marx al capitalismo fordista en el que fuimos educados. Lo físico ya no es la principal creación de valor y esto supone otro tipo de educación. Siempre va a haber alguien que cargue bolsas. El trabajo que hoy más “pesa” es inmaterial. El trabajo era un castigo en la Biblia, uno lee lo que dice Primo Levi, que los nazis le hacían llevar y traer una piedra… y lo consideraba peor que la tortura física.

LE: Yo acuerdo con vos, pero mirás las cosas desde otra altura, porque la verdad es que la gente labura.

LT: Yo hablo del trabajo como un concepto económico, no como esfuerzo o sudor. El trabajo parasitario aunque se sude la gota gorda convertido en causa nacional es una estupidez. En Cuba la gente finge que trabaja, tiene que hacerlo si no los meten presos por vagos. El trabajo que cuenta hoy es el inmaterial y el intensivo. La educación debe estar en función de esto. Pensar la relación entre trabajo inmaterial y el ocio, que es muy importante. Ahí entra la literatura, que tendrá que hacer los suyo para ir abandonando los fantasmas fordistas de nuestros abuelos e inventar otras genealogías. En Sekuppu analizo la sexualidad en relación al trabajo, como si el discurso sacrificial del inmigrante tipo mi hijo el doctor hubiera terminado en una cogida entre Bonavena y Monzón con garfios que para Osvaldo Lamborghini era lo no dicho de la ideología argentina. El fantasma fundamental. Que también se ha desplazado, inmaterializado, ahí aparecen los ninfos y la exploración de otra trama.

JFP: ¿Pensás que la tuya es una literatura de ideas, que cruza cierto tipo de saberes y registros históricos?

LT: El asunto es que hay tales ingredientes de saber y hay que ver qué pasa. Porque puede salir como puede no salir. Yo tengo una novela que se llama El principio del arlequín, tiene más de quinientas páginas, son muchos relatos que se van encadenando en simultaneidad, creo que es de lo mejor que escribí. Tiene que ver con la teoría de la combinatoria universal de Leibnitz. Yo quería hacer como una combinatoria singular de relatos, narrando todo lo que me era enigmático, explorándolo, descubriéndolo al narrar. Lo escribí a fines del noventa y desde entonces parece cada vez más realista. El árbol de la esquina se fue volviendo cada vez más real, había que comenzar por eso ¿no? Después, el problema del acontecimiento. Nosotros somos un punto en una curvatura de espacio-tiempo que es infinita. Donde hay cuatro coordenadas. El problema es cuando uno falla en la coordenada (Risas). Cuando el acontecimiento está cubierto, neutralizado por la fraseología recordando a Karl Kraus. Esta teoría del espacio-tiempo te muestra lo siguiente, que ya somos una singularidad, no hay que esperar a la revolución o la toma de la Casa Rosada. Y cuando todo es fraseología tenemos que recordar con Tácito que los más grandes acontecimientos son los más desconocidos y partir desde hechos mínimos como hizo Kafka.

LE: Bueno, pero es todo lo contrario de la revolución, que no es la singularidad, es justamente la masa…

LT: La singularidad te dice que hay como una especie de revolución permanente que es también una contrarrevolución. Nosotros ya somos un acontecimiento. Ahora, que vos trabajes para no ser un acontecimiento, es un trabajo neurótico que…

JFP: ¿Una ética de la renuncia?

LT: Una renuncia a valorar y afirmar algo. Yo a los diez años recitaba poesías modernistas en un hotel de Punta Mogotes, después me pidieron que cantara y le daba al tango. Bueno, no me gustó que me aplaudieran y menos que me franelearan las mujeres que me agarraron en un garaje. Me querían regalar algo, bueno, dije al final, encima de una que me había alzado: un auto. “Un autito para Luisito”, repitió la mujer, no un auto, aclaré, mirándola mal, como los que veía en el garaje, un autito, un autito seguían diciendo las cotorras. Esto se lo dije a Sergio, ese día fue decisivo en mi vida: no quería autitos, tampoco iba ser artista popular, no me gustaba el aplauso colectivo que por otra parte no me merecía. Era más tentador ir contra las convicciones del público, que no todo fuera tan dado y tan fácil…

JFP: Y los temas de tu literatura…

LT: En la poesía trato de ser lírico. Es un punto de partida, después intercepto otras voces.

LE: Si uno hiciera un punteo de motivos, aparece la ciencia como uno de tus temas.

LT: La ciencia es una especie de idiolecto. Alguien dijo de Match que estaba tan inculcado de positivismo que ya todo lo que hacía era positivista. No lo es tanto el aleteo de una mariposa en Pekín que produce un tornado en California. El avance de las ciencias se va a intersectar con los fantasmas que nos vienen de la revolución industrial, no se sabe qué va a pasar. Hay cosas que puramente ideológicas. Sergio Rienzi tiene una frase que dice que no es médico pero ve cuando la muerte viene galopando, algo así, está muy bueno eso, escribió un poema sobre las mujeres viejas. La mujer vieja es algo que interesó mucho a Nietzsche. La mujer y la verdad tienden a excluirse. La mujer es infiel porque es fiel a otra cosa de la que nosotros creemos y pide que la vuelvas infiel haciéndola tuya pero después si busca a otro eso es otro problema. Aquí no quiero dar conclusiones o profecías.

LE: Algo así como una lectura de lo sagrado que cruza con lo profético y para mí se emparenta con Murena.

LT: A veces lo profético disuelve lo sagrado. La función que tiene en la Biblia es esa. El amor siempre se vive en un estado profético donde se va inventando y es amenazado por lo sagrado que quiere llevarse el botín sin haber hecho nada. Casi siempre aparece bajo la forma del fetiche. Hay un vínculo entre lo sagrado y el fetichismo y entre lo profético y lo literario.

JFP: Lo sagrado en la Biblia es fusional y puede disolverse. ¿Pero cómo disolver la sociedad sagrada de los poetas? Hay una guerra de salón sobre quién es el poeta laureado.

LT: El talibán de salón es el bienpensante martirizado. Es una estupidez esto de gran poeta nacional instituido por burocracias y no por los lectores. O nombrar desde arriba quién es el mejor escritor. El primero es ya un sucesor. Y acá siempre se está buscando nombrar al primero. Nadie va a decir yo soy el primero. Nombro a otro como primero. Piglia, que es un tipo bien zorro, no dijo que Borges es el mejor escritor, el primero, dijo que es el mejor escritor argentino del siglo XIX. ¿Y Piglia quién es? Sin duda, un escritor interesante que captó el lugar de Alberdi en la historia, que estaba fuera del nacionalismo y de ese tipo de liberalismo que desde la década del setenta de va a unir al populismo, desde Rodrigo-Zinn hasta Boudou, pasando por Cavallo y demás. Pero lo dejó ahí. Lo critiqué cuando oponía Arlt con Borges en literatura y la utopía a la posibilidad de una modesta democracia en los ochenta. Pasó de abrir la lectura de Alberdi a la utopía, no cualquier utopía sino una bien situada que tenía su capital en La Habanacastrista. Anuló la misma línea de transmisión que abrió. Eso fueron haciendo la mayoría de las vanguardias. No me quedó sino cruzarlo en cuanto a las líneas de transmisión. También me asombra la asimilación de Macedonio, que proponía en su teoría del estado un máximo de individuo y un estado mínimo a Contorno que iba por un camino contrario. Hubo una gran dimisión, se instituyó un agujero negro que se traga las posiciones enunciativas en la gran familia nacional y popular. Ahí aparece el zombi terminal, imagen inversa a la criatura que propongo en mi primer libro. Doy un ejemplo, porque se repite seguido. Hace poco un amigo en una discusión me dijo: no hablo en nombre del Estado sino del pueblo que es el Estado. Y bien, Mussolini repetía eso todo el tiempo, que "el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo". Estaba repitiendo a Mussolini en nombre del progresismo, de los derechos humanos, sin entender que en el estado fascista no había garantías mínimas para el individuo que no quiere participar del fascismo.

LE: Así, en su propia lectura, Piglia se quedó solito en el siglo XX. Si ventilás un poco el siglo XX te ponés vos, parece decirnos. Es una estrategia evidente y gritada.

LT: Se quedó sólo en una universidad norteamericana, se aburrió del Piglia argentino y fue en busca de otro y le hizo bien. Ahora critica a Cuba, no puedo esperar que apoye a Bush como Vaclav Havel o lea a Dantec pero algo es algo. De pendejo yo ya decía eso, que Borges y Arlt estaban del mismo lado, la literatura. Ahora está Sarmiento vs. Rosas. Que es peor todavía, porque no tienen nada que ver. A Rosas hay que verlo en relación a Rivadavia. Alberdi lo que dice es que Rivadavia al suprimir los cabildos, que eran formas de democracia donde la gente hablaba y todo eso, produce como efecto el rosismo. Todo el análisis de Alberdi. Si vos ponés a Sarmiento y a Rosas, vas a ver que forman parte de lo que digo de los ninfos, de un conjunto indistinto. En un gobierno en el que está Moyano que viene de las tres A y Bonafini, la cosa no termina bien. Eso produce el efecto de Milner en el libro Los nombres indistintos

LE: Pero yo lo entendí a eso cuando decíamos que los lectores leen dormidos.

LT: La biografía está dispuesta para que se lea siempre lo mismo. Dime lo que lees y te diré quién eres. Los autores que considero importantes aquí no se los lee.

LE: Yo entendía los nombres indistintos en ese camino, digamos, un tipo que en el 70 daba lugar a algo así como a una revolución estilística, que movía un poquito el agua, ¿cómo fue que cerró esa ruptura, cómo esa grieta fundamental hoy no sigue adelante? ¿Por qué ese tipo hoy está en los nombres indistintos, en el cualquierismo?

LT: Hubo un montón de traumatismos en la Argentina. La catástrofe no es representable. Y puede ser que de eso venga el cualunquismo. Lo único que se transmitió de las catástrofes es que el Estado es bueno y el mercado es malvado. De ahí al zombi hay sólo un paso.

LE: Los nombres indistintos es lo contrario al horror. El horror, vos decís, es tautológico.

LT: Auschwitz es Auschwitz. Para mí eso significa que el horror no puede ser invertido.

LE: Mi pregunta es ¿por qué hay escritores que se idiotizaron y otros no? ¿Siempre algunos fueron idiotas?

LT: (Risas) Hay varios efectos terribles o de catástrofe que golpean, como el del 2001 sobre todo donde de un día para otro todo el mundo se volvió tercermundista y con esa fachada se blanquearon los mismos que se hicieron multimillonarios en los noventa. Ahora están todos juntitos. Yo estaba en Literal, y vino el golpe del ’76 y yo dije que había que decir algo de lo que pasaba. Había caza de brujas. Yo no conocía a nadie, llevé un trabajo, el de Raucho que te dije y me pusieron como director. Entonces empecé a dar mis opiniones. El manifiesto se había escrito antes del golpe y para mí había que decir algo, yo tenía dos amigos desaparecidos. Literal introdujo dos o tres chistes en medio de la matanza general.

LE: Pero de la gente de Literal uno de los únicos que zafó es Lamborghini, como también Jorge Quiroga y en otro sentido Germán García. Vos mismo decís: Lamborghini quedó atravesado por el psicoanálisis, atravesado por distintos discursos pero pudo salir de ahí y seguir caminando.

LT: Él ya no estaba en la revista, nunca entendí bien por qué, era algo entre él y Germán García, a mi me pareció que se querían demasiado. El manifiesto de 1977 era contra el realismo, en contra del izquierdismo. Estaba de acuerdo pero yo quería poner algo sobre la caza de brujas de entonces, pero no quisieron cambiar una línea. Dijeron que yo era neurótico, podía ser pero no se trataba de eso. Si Literal hubiera puesto eso ahora serían próceres.

LE: Es decir, en el momento de la catástrofe ya se confundieron, ¿eso querés decir?

LT: No aceptaron lo que se estaba jugando en relación a la muerte. Lo mismo pasó en Sitio. Se pudrió todo cuando vino Malvinas. Vino la guerra de Malvinas y todo el mundo no apoyó a los militares sino que vieron no se qué nueva posibilidad de nuevas relaciones sociales, supongo, por lo que leí, basadas en el antiimperialismo. Aunque la dictadura tuviera las mejores migas con Fidel Castro, esto era pasado por alto. Lo primero que dije es: Inglaterra está en la OTAN. No iban a dejar que unos guapos argentinos patotearan el Atlántico Sur. Y aparte estaba el problema de los desaparecidos. Malvinas pertenece a la Lengua, tal es así que ni bien apareció el disco –las Malvinas, argentinas–, ese eterno disco rayado, los desaparecidos desaparecieron. Y con eso toda posibilidad de crítica. En esa época yo era tomado como de izquierda, incluso de ultra. Eso no era de izquierda ni de derecha era un problema de crimen. Y hay un montón de países donde tipos de ultra derecha se vuelven de ultra izquierda. Como pasó en Etiopía. Es decir, siguen haciendo lo mismo, o peor, pero con la inmunidad de tener el apoyo de Castro. El único amigo que tenía era Luis Gusmán, alguien muy generoso pero que no se metía en estas lides.

SR: Otra forma de la pregunta sería: ¿Por qué en los 70 algunos autores fueron centrales y ahora están dentro de una nómina de olvidados?

LT: Siempre hay nuevos íconos. Luis Gusmán ya pasó a ser, no te digo un clásico, pero ya un escritor reconocido. Me interesaban Osvaldo Lamborghini o Hugo Savino, con ellos me podía “pelear”, no se asustaban de los que entonces estaban confinados a lo incorrectamente político. Más bien se reían, no simulaban llevar el peso de la Sociedad sobre sus espaldas. Tuvieron posiciones jugadas, leyeron a contramano, Savino a propósito de Poliscuerpón dice que lo que se desea es un dictador que sea esclavo del pueblo, imaginá eso dicho por cualquier escritor de esos momentos, incluso de los que ahora circulan, es inverosímil. La cultura argentina tiene distintos estabilizadores pero el objetivo es reproducir el sistema prebendario, estatista, cleptocrático, en claves populistas y socializantes. Ahí es donde se acomodan. Está lo que llamo el “loco de los suplementos” que quiere venderte la cumbia villera que suena todo el día en el Coto como la gran transgresión. Sitio parecía una revista de ruptura y se volvió estabilizadora. Había una angustia colectiva. ¿Cómo un psicoanalista lacaniano después de leer a Freud va a empujarte a la masa? Aunque vos estés de acuerdo que la masa linche a alguien no podés empujar para el lado de la masa. Ahora hay un neo-negaconismo. Son como Alejandro Kaufman que te dice que tanto el genocidio de Stalin como el de Pol Pot son de derecha, es decir, que no fueron marxistas leninistas. El marxismo leninismo, ¿es de derecha o de izquierda? La izquierda se volvió analfabeta por eso es fácilmente penetrada por el antijudaísmo, se comen cualquier mierda que sea contra Israel, con eso creen dormir tranquilos. Castoriadis dice que el marxismo leninismo ha sido ideología más criminal que hubo en la historia, superó largamente en crímenes al nazismo, que los concentró y no tuvo más tiempo de seguir el exterminio. A este tipo de negacionismo podríamos llamarlo alucinatorio pero es brutal porque de un trazo elimina toda la obra de Claude Lefort que es excepcional. Eso explica la reacción ante la carta de Oscar del Barco que “narra” lo que fue el marxismo leninismo, lo que es en Cuba. Pol Pot se formó en Francia, conoció a Sartre, recibió la enseñanza de Ho Chi Minh.

LE: ¿Escritores contemporáneos?

LT: Yo frecuenté un cuarteto. Porque esto de Malvinas, son como nudos de transmisión donde siempre hubo alguien que habló aunque no lo escucharan. Para mí los cuatro son Murena, Di Benedetto, Cerretani y Osvaldo Lamborghini.

LE: ¿Y Sánchez?

LT: A él lo leo sin confrontación, como a un jugador de truco, un músico de jazz que hace variaciones libres en una sola larga frase, ritmada e interminable.

LE: ¿A qué le llamás líneas de transmisión?

LT: Estas líneas se van a escuchar cuando se termine de buscar al mejor que cada vez empeora más. En "Mosaico para una reedición inédita" narro de manera delirante cómo funciona el dispositivo cultural, se proclama un Autor, el mejor, el que hace las veces de primero, y empieza el canibalismo, al final se lo van comiendo, quieren hacerle firmar un texto que ya no importa si lo escribió o no, se ha logrado la utopía del mismo texto, por siempre reeditado y perpetuamente inédito. Nadie le dio bolilla a ese relato, salvo Américo Cristófalo, es un relato que tiene por objeto la transmisión: la que hay en curso, cuenta, lleva al canibalismo y al suicidio. Hay una gran devaluación entre Viñas y Cucurto. Ahora el mejor se ajusta no ya a un intelectual, como Viñas, sino a un zombie. Por eso Piglia agarró y puso “del siglo XIX”. ¿Es mejor Mansilla que Sarmiento? Puede ser. Es un absurdo. Leamos Recuerdos de provincia y las Memorias de Mansilla. Varias veces me pregunté por qué Viñas no terminó el libro de Mansilla. Viñas un libro de ensayos te lo escribía en un mes, en una semana. No lo terminó, conjeturo, porque vio cómo venía la mano. Viñas participó en el caso de María Soledad y celebró la sentencia como un logro de la democracia. Participó en el pedido de intervención de los Saadi. Ahora, en el caso de Mariano Ferreyra, no se metió, como si ya no quisiera pelear. Estaba rodeado de obsecuentes al oficialismo. Se fue a dormir con el enemigo, en realidad nació a destiempo, debió pertenecer a la generación del ochenta. Fue el lector más apasionado de La Nación, que va a extrañar sus subrayados. Ahora la monja Pelloni le escribió una carta a Insfrán donde denuncia el uso de niños como mulas que pasan por la frontera, la frontera, la indiferencia de la gendarmería…en otra época hubiera habido un escándalo pero nadie quiere enterarse de eso hoy…

JFP: ¿Podés diferenciar a Mansilla de Sarmiento, o no te interesaría hacerlo?

LT: No… eso lo hicieron Cristófalo y Savino en un muy buen reportaje a Viñas que leí en El interpretador. Ya dije por dónde va mi lectura. Savino y Cristófalo son dos interlocutores que tuve. Nunca estuvimos de acuerdo en todo, muchas veces nos agarramos duro, pero han leído libros, los saborearon. Nos pasábamos libros. Savino dice dos frases y da cuerda para un libro. Cristófalo es el mejor sofista que conocí, te puede convencer que el triángulo es un cuadrado, es falso, pero que puede ser cierto en otra geometría. Los sofistas tenían el mérito de multiplicar los puntos de vista. Te obliga a cargar con la Verdad, a ser un platónico a pesar tuyo y eso irrita. Ojo: si querés hacer un sofisma haciéndote el vivo podés pasar y hasta volverte imbécil. Para mí lo mejor es el aforismo, que no vale por su verdad o falsedad sino por su contundencia. Lo que se trata es no abolir la relación con la verdad, no encarnarla como los profetas, pesa mucho. Pascal dice que el que quiere hacer de ángel termina haciendo de bestia. La bestia sentimental que Savino no deja nunca de atacar…en fin, estos dos captan cómo funciona la cosa, después si se hacen los sotas es otro tema. Hay otros, pero que no se juegan ni en una sílaba como hizo Del Barco en su respuesta a León Rozitchner sobre Cuba que me parece un texto fundamental. Están alienados al personaje social. Si Rozitchner que adhiere a una dictadura de partido único hubiera tenido el poder concreto lo hubiera encanado a Germán García porque se burló de su libro sobre Freud y Marx. El saber sin sabor termina en la creencia, en lo sagrado. Saben leer literatura, han tomado a Sánchez, a Murena, han leído lo que otros no leen. Tienen sentido del humor. Uno de ellos me dijo algo que me hizo reír mucho. Que Beatriz Sarlo, en Punto de vista, nunca hubiera publicado mi ensayo sobre Harold Bloom como lo hizo Horacio González en El ojo mocho. (Risas.) Si la cosa sigue así, La Cámpora va a poner a un asno joven en la Biblioteca Nacional. Estamos entrando en la fase jacobina del populismo, están despidiendo gente en las municipalidades y sustituyéndolas por punteros. Los viejos peronistas ya resultan demasiado “liberales”. Horacio González permitió que Sofía Bonorino hiciera jornadas sobre Tolstoi y Marina Tsvietáieva donde vinieron personalidades de todo el mundo. Sarlo es el mejor ejemplo del saber sin sabor. Sacralizó a Mao cuando ya había pasado la política del Gran Salto con sus millones de muertos, no leyó a Leys que demostró a la imbecilidad a la que puede llegar Barthes cuando quiere posar de revo pop….lo argumento en "Una generación de granito".

LE: Vos lo que decís es que la canonización se ejerce en otros lugares.

LT: Bloom es un revisionista también: canoniza el canon. Tiene un desconocimiento olímpico de Freud. Bloom llega a decir que Hamlet era más inteligente que Shakespeare y para colmo agrega que tampoco tenía el encanto de Rosalinda. Nunca leí algo tan desopilante. Es evidente que Superman es superior al que hizo la historieta. Chocolate por la noticia. Shakespeare no sabía nadie quién era. Un tipo que trabajaba para la reina en El Globo y escribía para la Corona. Shakespeare no supo quién era Shakespeare. Cien años después, todo el mundo pensó que era Marlowe, además como lo habían matado en un duelo en el que le clavaron un cuchillo, y después apareció el Doctor Jhonson…

JFP: Si no querés hablar de Mansilla y Sarmiento, todo bien… (Risas)

LT: ¿Otra vez? ¿Me están gastando? A mí me interesa especialmente La Gran Aldea, nadie fue tan lejos en su generación en la exploración de lo femenino como Lucio López, de la mujer y el crimen, seguro que por eso y no por una denuncia lo mataron en un duelo. Yo a Mansilla lo llamo el General Mansilla. Fue el General Lucio Victorio Mansilla que era el hijo del General Norberto Mansilla. Y él tenía una gran diferencia con Rosas. Los pacho revisionistas no hablan de eso. La diferencia entre Mansilla padre y Rosas. Mansilla, vive una alienada relación con Rosas. Si vos leés el retrato de Mansilla de Rosas, ves que hay un temor casi imposible de elaborar. Está atento a cada palabra de Rosas. Era una figura demoníaca para toda una generación. El artículo me llevó a esta conclusión, que era mucho mejor que Rosas te tratara de vos que de usted. Porque si te trataba de usted, ibas camino a Manuel Vicente Maza, asesinado de una manera cobarde y criminal por la mazorca. Bueno, Sarmiento, en el Facundo, despedaza la imagen de Rosas, que concentraba entonces el terror y la veneración, más allá que después se va para otro lado, al tema de la raza que comienza a obsesionarlo. Pero en Facundo destruye la imagen de Rosas como omnipotente y terrorífica, sostenida por la mazorca. Los indios de Choele-Choel supieron de eso en su campaña al desierto de 1836, borrada de la historia. Hay que situarse en ese contexto. Después tiene un texto que se llama “Las tropas de Rosas”, donde él finalmente en la campaña de Urquiza era un notero. Y Sarmiento se le presenta a Urquiza como militar. Y Urquiza le dice: ¿Usted quién es? Lo cierto es que “Las tropas de Rosas” es un análisis de la psicología de masas que desborda los estereotipos sobre Sarmiento. A Mansilla le gustaba la guerra, se puede leer esto las descripciones y los movimientos de la Excursión. Le gustaba la guerra y era un dandy, dos cualidades para la constitución de un sujeto para el siglo XXI. Peleó en la guerra del Paraguay, estuvo en Humaitá y fue herido en Curupaytí. Estudié mucho esa batalla donde Mitre aplicó los mismos métodos que en Pavón, asaltando las líneas de abatíes como si estuviera en un billar, en Cepeda. Fue la mayor catástrofe militar argentina. No se transmite que el general Mansilla además de escritor era guerrero porque peleó en el lado malo de la historia, la guerra del Paraguay, sólo las ideas y vueltas con sus contemporáneos. Ricardo Ibarlucía me dijo algo muy divertido: que si se tomaran a la letra los argumentos que Argentina esgrime sobre Malvinas, habría que devolverle Formosa al Paraguay, revisar el Tratado de la Triple Alianza, condenada por revisionistas y la Presidenta. Chile podría prenderse y reclamar la Patagonia por los araucanos, todo el territorio conquistado por Roca. Los K perderían Los Sauces, el Calafate, pero hay que hacer sacrificios para ser coherente con lo que se dice. Se condena a los autores de la Campaña del Desierto o la Guerra de la Triple Alianza, pero se preserva el botín. Insfrán aparecería como gobernador paraguayo. (Risas) Pasa como con el IVA: Cavallo es un demonio pero se mantiene su impuesto.

JFP: Habíamos pensado preguntarte por tu obra, en la que vemos un cruce de géneros en donde el cuento y el ensayo conviven con el poema…

LT: Sí, eso lo hice en Cuerpos inéditos. Ese es el tipo de libro que me gusta hacer: donde convergen cuerpos, tiempos y mundos y la misma edición es discutida a través de los géneros, por eso lo de inédito. Ahí funciono bien. Tiene que ver con Santa Teresa, en el sentido de escribir a muchas manos. Con que con una mano podía escribir un ensayo y con otra un poema, combinarlos con relatos. También, por ahí, tiene algo que ver la música. Yo estudié música y hacía un montón de canciones. El problema del ejecutante es interesante. Ravel decía: “toca mi música, no me interpretes”. Pero si escuchás la versión de La Valse de Gould y la de un ruso son dos cosas diferentes.

JFP: Serían invenciones todas, lo mismo un cuento, un ensayo que un poema…

LT: Cada uno requiere un tipo distinto de ejecución, unos resuenan en otros. En esa época de Cuerpos inéditos, me funcionaba cualquier cosa. Había un ritmo cultural que me alentaba a intentar publicar algo que no encajaba en los compartimentos del mercado editorial. Luis Tedesco lo entendió bien. Ahora hay una cultura de trincheras. Nadie era oficialista como hoy. Ahora se realizó el ya escrito del Mosaico. Los burócratas ya no se sorprenden de nada y trabajan día y noche para que nadie pueda sorprenderse… varios que leyeron No vienen avispas me dijeron… cómo puede ser que no lo tomen en cuenta… bueno, eso mismo pasó con los libros que a mí me gustaban.

LE: ¿Y qué alimenta las líneas de transmisión?

LT: Las líneas de transmisión no están en un lugar fijo, son inmateriales, como la fórmula de Coca-Cola. (Risas.) Cambian cuando alguien las interviene, como al principio dije de Kafka con Homero. Hasta entonces nadie había pensado en el silencio de las sirenas. Para mí es un tópico importante. Las sirenas siguen zumbando, aturdiendo cada vez más oídos. No se escuchan hablar, dice Savino. El tema Malvinas, el modo en que se lo trata, demuestra que el discurso de Galtieri en la plaza sigue zumbando en los oídos. Las Malvinas por ahora no existen jurídica ni políticamente, sólo en nuestra imaginación, más allá de lo justo del reclamo. Si decís eso el argentino medio reacciona como si le tocaran la madre. Pero ese mismo tipo que se indigna ante eso vota por De Vido y por Oyarbide. Bueno, las leyes más elementales pero capitales como el presupuesto, manejado a gusto por los superpoderes, también existen en nuestra imaginación. Y el autor es el Estado, que hace la peor literatura, como lo muestro en mi libro sobre Alberdi que se llama Estado y ficción.

LE: Está bien, pero funcionan… algo las alimenta. ¿Las alimenta la historia, la coyuntura, el momento justo en el lugar justo?

LT: Se reproducen a la medida de la psicología de masas. Se lee en masa todo lo que aparece en los suplementos como si se hiciera deberes, así se pasó por alto a Simón Leys, su monumental obra sobre China no existe en la lectura argentina. Así con muchos otros. Eso tiene que ver con la mercancía-espectáculo. El repudio de la izquierda del mercado es proporcional a su idolatría por la mercancía espectáculo. Lo que resiste a esto es la enunciación. Lo que decís vos o lo que digo yo, fuera de estas cadenas de reproducción. No hay otra cosa. Ahí aparece el mejor… cada vez peor.

LE: Vos algunas cosas solías ejemplificar con Libertella, ¿lo seguiste leyendo?

LT: Libertella asumió el estado de las vanguardias desde una perspectiva muy coherente y respetable. Yo más bien apunto a constituir un sujeto ateo de vanguardia, tengo a La Biblia, incluso mal traducida, como un libro actual, escribí Eunoe en torno a la parábola de Dante y escribo, por ejemplo, un ensayo sobre Corea del Norte. Había leído Las personas en pose de combate, me gusta cuando empieza con Frank Sinatra. Cuando escucha Frank Sinatra manejando el auto. Libertella leyó a Arenas, tiene un ensayo sobre José Balza, un autor que ya nadie lee. Ponía el ojo en excepciones y acertaba.

LE: Yo lo traigo a colación porque tienen que ver con algo de tu modo, porque constituyeron obras dislocadas, desbordadas, juntando cosas inesperadas… diferentes en la trama literaria argentina…

LT: Como algo heteróclito.

LE: Sí, más bien enloquecido. No sólo heteróclito sino enloquecido. Excesivo, desenfrenado, como Libertella, enquistado en seguir escribiendo el mismo libro y queriendo publicar lo único, lo que siempre es una autobiografía.

LT: Lo enloquecido surge cuando uno empieza a mezclar tonos y acordes y introduce el vértigo en la exposición. Las líneas de transmisión han sido cortadas por los clowns postmodernos y ahora es tiempo de desertificación. Se limitan a la difusión de los amigos, tenemos clásicos para tirar por el techo, pero por ejemplo a Catuonio, escritor interesante, no se lo toma en cuenta porque no es de la pandilla. Lo mismo pasa con Claudia Schwartz, me refiero a Nimia, una novela cosmopolita o a Tránsito es Nombre. Céline en De un castillo a otro dice que si sos payaso se te permite todo. Fogwill fue un tipo que dijo que Sánchez era un pobre infeliz y Murena, un tarado. Sacando a esos dos escritores, ¿qué te queda? La difusión, la mercancía espectáculo. Lo dijo textualmente. De ahí, los pupilos que salieron. Después tenés lo que dice de Irán, el tema de Irán introduce el horror, introduce el atentado, introduce a Israel, introduce un contexto mundial impensado que aquí se lee desde un mapa de los años setenta, todo lo que los bienpensantes no quieren saber nada. Fogwill ahorra ese horror. Habla para ninfos cuando, por ejemplo, dice que hay que dejar en paz a los iraníes porque tienen una cultura milenaria. Ahora bien, ¿y si esa cultura milenaria es una mierda? En Libros peligrosos publiqué y escribí sobre escritores, mujeres que están contra eso, solitarias y que pueden perder la cabeza. Eso volverse cómplice de los verdugos, es aplastar en complicidad con los ayatolas de la muerte a los que levantan la voz como la libanesa Joumana-Hadad que introduce a Sade en un país donde Hezbollah practica la limpieza étnica.

SR: ¿Fogwill puede dar lugar a una perspectiva del zombie terminal del que hablabas?

JFP: Es tiempo de que Thonis haga una teoría trascendental del zombie…

LT: Si es zombie no puede trascender y menos ser trascendental… cuando algo se vuelve filosófico conviene desfilosofar. Yo no tuve ningún problema con Fogwill, simplemente que él me elogió en Vigencia, hablando de mi forma de leer, junto a Nicolás Rosa. Al mismo tiempo me mandó un libro de poemas. Quería que escribiera sobre ese libro, porque Osvaldo Lamborghini le decía que yo era un genio, tenía ese prestigio. Ese libro era, como diría Rienzi “sintético”, aunque no en sus proposiciones, sino su estilo. Coexistían Rimbaud con Girri. Yo le di mis razones y algo me hizo caso porque nunca lo publicó. Después leí Partes de Todo y me interesó. Pero el tipo me tomó como enemigo, por eso. Me quería publicar donde publicó a Perlongher, a Lamborghini, introducir en la familia, insistía para que me publicara. Pero el problema mío con él es que no me gustaba cómo trataba a la gente, ese tono de porteño que parece que te tiene radiografiado y te conoce más que vos mismo, nada más que por eso.

JFP: No hace tanto dijiste que alrededor de la lectura de poemas hay un manto de ridiculez, como que es muy difícil zafar del ridículo en una lectura de poemas. ¿Podés desplegar un poco esa idea del poeta en ridículo o como estafador?

LT: La clave está en el verbo Ser. Es lo mismo que en el revisionismo, hay un a priori en donde está todo dicho. “Yo soy la poesía”, aparece como una cosa que tiene más que ver con médiums que con otra cosa. A mí me pusieron en la antología de la poesía del bicentenario de la poesía argentina, dirigida por Monteleone. Monteleone fue uno de los pocos que se leyó a Cerretani y fui a la presentación. Yo no sabía quién era quién leía ni qué leía. Y escuché leer un poema que era de Gelman y aparte leído por Cristina Banegas. Esto lo supe después. Cuando leían el poema, aguanté hasta que pude y me fui. Cuando bajaba las escaleras me seguía una fila que se coló tras de mí. Eso me inspiró para escribir “Malone y la lectura de poemas”.

JFP: ¿A Banegas leyendo Gelman? (Risas.)

LT: Yo pensé que la cosa más atormentante para mí era Pacho O’Donnell. En una de las Ferias del Libro dije que estaba a favor de la pena de muerte, no para los demás sino para mí. (Risas) En el sentido en que si fuera a la cárcel y tuviera que compartir la celda con Pacho y nombré a otros plomazos que te matan.

LE: ¿A esos que te matan son los que vos llamás en tu blog libros peligrosos o más bien a lo contrario?

LT: Hay dos tipos de libros peligrosos. Ahmanideyad aplica las técnicas de Mein Kampf. Todo el mundo árabe sabe de memoria ese libro. Y mirá qué bien que lo aplican. Ahora estoy traduciendo un ensayo sobre Mein Kampf de Pier Andre Taguieff. Ahmanideyad, cuando llegó al poder en 2005, decía que había que borrar Israel del mapa. Sonaba como un loco. Ahora, después de las guerras que produjeron en combinación con Siria –ahora algunos se dan cuenta quiénes son– y Hezbollah se produjeron, la destrucción parece más verosímil. La prensa siguió ese libreto, refutado por Claude Lanzmann. Las técnicas de Mein Kampf invitan a plantear algo muy loco y ver qué consenso tiene en la gente. En ese sentido, van ganando, creciendo en la opinión progre.

LE: ¿Pero eso no pasa en todos lados Luis?

LT: Y, ya lo vimos en Europa. Europa fue la que creó el nazismo, el comunismo. Y ahora hacen un circo con eso. No se quiere saber del horror. Lo encubren con prácticas infantiles. Y la escritura, aunque hable de otra cosa, aunque hable de la risa…

LE: Ahí está Leónidas. A mí me encantó la frase que vos ponés en el texto que dice: “Leónidas corría con ventaja, llevaba a Dante en el bolsillo”. Ahí es donde yo pesco que por suerte, le das la delantera a la literatura.

LT: Claro, porque el Paraíso, es una figura que te sustrae inmediatamente del poder, incluso si apoyas alguno, no tenés que creer en él. Hay que ser muy bola para creer que el Paraíso existe. No existe, pero es real como el lenguaje. No existe la lengua del paraíso sino la risa. También digo que Auschwitz, el Gulag y la Universidad son las tres catásfrofes del siglo XX. Esos tres efectos desconocen el paraíso pero quieren que exista en la tierra. Con Dante tenés una carta, mejor dicho, un teorema en el bolsillo. Esto último debería trabajarse. Lo que no significa que no quiero que nadie estudie, en Inglaterra pusieron de nuevo las lenguas clásicas, es una buena medida contra el bla bla bla. En vez de tener ese lugar, en donde se sitúan también los utopistas. Todo es una gran falsedad, una gran mentira, pero, ¿quién es el que habla? Él se ubica en el Paraíso, que es el lugar de la risa. ¿Qué es la risa del Paraíso? No sé, salvo por Bach, pero es un lugar donde aparentemente está Dios. Pero es un Dios que no está antropomórficamente mezclado con el mundo, ya está separado. No es el Dios de Hezbolahh que significa el Partido de Dios y siembra con bombas la tierra.

LE: ¿Y las correas de transmisión de las que hablabas?

LT: Podríamos decir que las líneas de difusión de la Universidad –aclaro que no hablo de las aulas, aunque también cuentan– se estructuran hoy en torno del montaje para una segunda Shoá mediante un proceso de descerebramiento: el mayor enemigo son las latas de Coca-Cola (Risas). No digo que vaya a ocurrir, pero así se estructuran porque ya el negacionismo no es un delirio sobre la historia, se está convirtiendo en la historia misma. La Universidad también trasmite, como el profe de griego de Phillipe Roth en La Mancha Humana o Laura leyendo a Steimberg, por ejemplo. Tampoco me refiero a un profe de literatura, digamos, convencional, que está bombardeado por estos discursos. Pero lo que hacer ruido, zumba en los oídos, es lo otro. La transmisión es un après-coup, para mí la verdadera transmisión tiene que ver con lo arcaico. La palabra caca es presente pero es arcaica. Otra cosa es el pasado. Ahora, Occidente no puede llegar a Thonis. (Risas) Te explico por qué. Porque antes de los faraones, en Alejandría estaba la ciudad de Thonis. Siempre están volviendo los faraones. ¿Por qué no se puede volver más atrás de los faraones? A la ciudad de Thonis, que era un puerto donde se hacían negocios. No sé por qué. Ahora estoy descubriendo algo cuando hablo. Lo único que tenemos para resistir eso es lo arcaico. Los faraones no es el arcaísmo. Vos viste que Freud es el único que se atrevió a ir más atrás de los faraones. En “Moisés y el monoteísmo” muestra que el judaísmo fue fundado por un egipcio y el cristianismo por un judío. El fundador tiene que estar fuera del conjunto de lo que funda. Ahí tenés un tipo que no tiene que ver con los nombres indistintos. Que va hacia el origen para abrir un après-coup múltiple contra el porvenir del origen, arcaico, el pasado de una ilusión como diría Furet en su historia del comunismo y el porvenir de esa ilusión insistente que es que terminado con el pueblo portador del relato bíblico todo irá incluso más mejor que con Coca-Cola. Así de imbéciles son la mayoría de nuestros contemporáneos.

JFP: ¿Leés mucho el diario?

LT: Sí, las noticias, todo eso, recorro los diarios extranjeros, pero también a los que firman y no se quedan en eso. Leo a dos periodistas: James Neilson y el Pepe Eliaschev. Saben de lo que pasa en el mundo y no están alienados a los clisés de la ideología argentina.

JFP: Porque en tu blog hay como un seguimiento tuyo a desastres o un ojo puesto en ciertas catástrofes mundiales.

LT: Sí, es como si siguiera una secuencia, no digo que todo esté relacionado con todo, pero hay efectos en cadena, la matanza de cristianos en todo el mundo árabe de la que nadie habla. Los malos ya están determinados: los yanquis y los judíos. Las democracias son aberrantes, de acuerdo, pero las dictaduras o los crímenes de masa son pasados por alto. Los ideólogos le echan la culpa al mercado de la crisis griega, pasando por alto treinta años de clientelismo y fraude fiscal. No saben ni de qué hablan pero lo hacen en coro. Por eso no se puede leer nada. Se espera que hablen los ideólogos y éstos son farsantes. No sólo pienso que el mundo está en guerra sino que hay una guerra de los mundos donde Jerusalem es el blanco y la madre de todas las batallas. Esto es negado rabiosamente por los traficantes de los pueblos oprimidos, por eso nadie dice una palabra, una mínima protesta de las masacres a las poblaciones civiles, la que está haciendo Siria ahora, que ya lleva seis mil, entre niños y mujeres. Pienso eso a partir de Leibniz, del que puse en escena en El principio de Arlequín. Si la mónada está acá, también está allá. No pienso en términos de distancia.

SR: … algo que está en todas partes…

LT: Hay como una novela que se está haciendo y veo como se va combinando para incidir en el juego. Es mucha la incidencia que puede tener una intervención mínima aunque nos quieran convencer de lo contrario. Kraus pensaba que puede sobrevenir una catástrofe por una coma mal puesta.

JFP: ¿Iría en contra del fragmentarismo postmoderno? ¿Como que todo tiene que ver con todo?

LT: El fragmentarismo posmoderno se concentra en el clown o en marionetas políticas como Zapatero. El horror, creen, ya pasó y ahora lo único que importa es cómo vamos a pasar las fiestas, ese el planteo del postmodernismo que es un pasaporte directo a que Europa en pocas décadas se convierta en Eurabia. La fiesta es algo dado, sin aventura, para que haya otra fiesta hay que amar de otra manera. Desde otro tipo de sujeto que como punto de partida admita lo que se está jugando con los ojos bien abiertos, como decía el viejo Adriano. De lo contrario el occidente ninfo se autodestruirá de un día para el otro como el comunismo. Los hitlero islamitas no tendrán que hacer atentados, se derrumbará como el Muro, víctima del fetichismo y la religión posmo. Bataille...

LE: No me traigas a Bataille.

LT: Bataille dijo que la verdad del lenguaje es cristiana….

JFP: En Shakespeare el clown es el lugar de la filosofía, ¿o no?

LT: El bufón es fundamental en Shakespeare. Es un lugar de escucha, está en transferencia con el Rey, se permite decir cosas que otros no podrían. Pero no tiene que ver con el dandy del modernismo, que yo reivindico, ni con el clown posmoderno, que me aburre porque no me dejo deprimir. Rebuzno, diría Laura cuando lee a Oscar Steimberg. El clown posmoderno es un operador. Es la literatura de Houelebecq. El tipo es nihilista, se haría fundamentalista o lo que fuera si tuviera que salvar la ropa, está en contra de todos los valores occidentales… pero cree en los jóvenes, escribe a la medida de los suplementos literarios. La novela por encargo existe. Son anti best seller pero mucho peores que los best por la mala leche. Yo siempre quise ser viejo. Así pude decir algo. Si te planteás como joven tenés que repetir al clown posmo. Aparecés en el lenguaje ya en situación de zombi.

SR: En el zombie terminal, ¿hablás de eso, no?

LT: Claro, una literatura sin crimen, sin el horror. No tiene que aparecer eso, tiene que estar latiendo. Pero una cosa son las informaciones y otra la combinatoria. Es lo que te decía de Leibnitz. Hay una combinatoria universal que no tiene ninguna base ya en Dios porque ya se quebró eso. En el 2001 ya hubo una quema de neuronas total, en vez de decirle adiós para siempre al estado cleptocrático y prebendario se lo "recuperó" y recicló. La quema de neuronas derivó en el zombi terminal que el populismo cultural fue construyendo en coexistencia con los posmos. Hay mucha "interioridad" pero nada de sujeto.

JFP: Nosotros habíamos pensado que hay una lógica combinatoria en tus textos más ensayísticos que presentan características del orden del desafuero. La locura como un componente de tus textos.

LT: No soy el presidente Screber. No se empeñen más en mandarme al manicomio (Risas). La locura es el vértigo de las combinatorias. El presidente que trata Freud y que quería convertirse en mujer no tenía que ver con la homosexualidad. No quería ser mujer para que se lo cojan, quiere más bien ser La Mujer y con eso salvar a la Humanidad. Eso es loco de veras. Los que se estallan a sí mismo con bombas también se fusionan a la mujer con mayúscula. Susan Sontag dijo que los que se estrellaron contra las torres eran valientes. Eso es pusilánime. Hay muchas cosas que pasan por valientes y son pusilánimes. Así lee la Universidad, por eso hay tanto zombi dando vuelta. Lo sagrado no es loco, no es psicótico, pero va para ese lado. En suma: parezco loco porque soy uno de los pocos cuerdos que queda en este mundo. (Risas.)

LE: ¿Entonces, te reconocés en ese delirio?

LT: No quisiera. Aunque está a la vuelta de la esquina, golpeando a la puerta. Uno puede descifrarlo como a otra lengua, es decir, que uno lea el griego no quiere decir que lo hable ni actué como Aquiles, ni el griego ni el de mi personaje mientras el delirio no haga cuerpo con la lengua, me refiero a una lengua fundamental como en el caso de Screber y de Heidegger, más complementarios de los que se piensa, no hay problema… conviene enamorarse de las lenguas como de mujeres, yo me enamoré primero del griego, después del latín, del francés y del inglés aunque no mucho del italiano supongo que por la afinidad de las raíces madres.

LE: Yo tenía anotada una frase tuya, algo así como que “la lejanía es innata porque no se puede distribuir por el malentendido del lenguaje”. No hay lejanía porque el lenguaje establece un malentendido tal que interrumpe. ¿Podés hablar, ahí, un poco de los amigos? Porque en el tema de los amigos funciona para mí el tema de la ética, quizá una forma de lejanía o distancia. Si la amistad aparece de alguna forma en tu obra. Porque sabemos que las mujeres, la ciencia, la política o la historia son fascinaciones tuyas...

LT: Una cosa es tener amigos y otra es tener entre dos. El entre dos intercepta con el infinito. Un entre dos no es cualquier cosa. Ser amigos, por ejemplo, un partido de fútbol, comparto todo cuando juego un partido de fútbol. Decís excentricidades, todo, pero no hay entre dos. Cada uno tiene una historia, no es una carrera de embolsados sino de encuentros asimétricos: se encuentra con un libro, la mujer, la historia, la música, y se va ordenando en el mismo caos. Un ejemplo es mi encuentro con el nombre judío. Cierta vez en la primaria le di una paliza a otro chico, no me acuerdo por qué. Al otro día vi que los chicos me celebraban, le pegaste al judío, como si fuera una hazaña. Yo no había peleado por eso. Eso me intrigó. Tuve otras historias, el secundario, los vivos tomaban de punto a un judío y bueno, dije, el que se meta con Benjamín, así se llamaba, se las va a ver conmigo y tuve una serie de peleas con un grandote hijo de militares, bien facho, que no se resolvían hasta me integraron a la patota pero al chico no lo jodieron más. Tuve una novia judía, encantadora, inteligente a los veinti tantos. Un día le hice una broma pesada, hice como que iba a acogotarla y le dije al oído que la iba a gasear por “judía” marcando las letras. Vi que tenía miedo en los ojos. El mismo miedo que recordaba Laura, cuando Kafka dice esta frase que le recuerda a los judíos que lo escuchan que el alemán que hablan no es “su” lengua, que no están estratificados en una sola, que están entre dos lenguas una de las cuales no carecía de territorio. A partir de ahí ya nada fue lo mismo. Se había iniciado un entre dos que hoy tiene que ver con mi lectura del lugar de la guerra en el mundo que poco a poco irá revelando sus actores. La amistad amiga, digamos, no es productiva en sí misma, muchas relaciones de identificación mutua terminan en hostilidad, uno inventa un escándalo por nada para separarse de otro. La verdadera amistad te lleva al encuentro de nombres, quiero decir, de libros, no te permite crear una asimetría con el otro sino ponerte a prueba a vos mismo como en la literatura. Después de todo, los amigos fueron inventados para que la traición exista en este mundo.

JFP: Entonces no siempre hay asimetría en la amistad…

LT: La amistad está vinculada a la teoría de la guerra, la teología y a la edición. Perdón que me cite pero eso está en “Mosaico para una reedición inédita”. En la guerra el enemigo de mi enemigo puede ser mi amigo. También eso sucede en la amistad. El que se opone a uno que no nos gusta se vuelve automáticamente simpático. La amistad introduce siempre a ese tercero, al enemigo de mi enemigo que unas veces puede ser más amigo que el amigo o peor enemigo que el mismo enemigo. Ya lo dijo el general Patton: la línea Maginot fue un monumento a la imbecilidad, porque plateaba una estructura fija en una guerra que era de movimientos, química y aérea, como decía Arlt, los franceses la pagaron caro por subestimarlo. Los franceses combatían la segunda guerra con los fantasmas y los hábitos de la primera. Ahí aparece Dios. Leo el argumento de San Anselmo como un desafío: ¿por qué nadie pudo concebir un ser más poderoso, omnipotente que Dios? Se han buscado todo tipo de sucedáneos, pero no resisten. Hacé una lista de los líderes maos tercermundistas además de Hitler. No creen en Dios, por más que maten y exterminen siempre son derrotados. Por lo tanto Dios no plantea un problema de si existe o no existe: es un ser que no puede ser reeditado. Sin embargo, se intenta reescribir y editar siempre el mismo texto, como digo, por siempre reeditado y perpetuamente inédito. No se quiere renunciar al fetiche, se quiere sustituir esa consistencia de Dios que San Anselmo demostró. El pacho revisionismo quiere volver a pelear guerras perdidas, ya mil veces editadas y comentadas. Eso nos lleva a la lectura del primer asesinato, a Abel y a Caín, que tiene innumerables versiones pero para mí está vinculado a la edición, Mallarmé fue quien puso el acento en eso. Aquí voy a terminar porque este tema me pone nervioso…

LE : Proust escribió en algún lado que les debemos las grandes cosas a los nerviosos…

LT: Amén.

JFP: No vas a zafar tan fácil, vamos a seguirla.