26.1.16

Macedonio Fernández: vigilia y ensueño, por Jorge Quiroga


Cuando Macedonio Fernández, en una detención de su derivar errante, fue a vivir con su hijo Adolfo de Obieta a un departamento cuya ventana daba a la vegetación del Jardín Botánico en la calle Las Heras, durante un tercio del día se acuesta y duerme, y según su costumbre anota en un cuaderno sus experiencias, quiere saber si dormita o sueña despierto, lo que repite desde hace muchos años. Adolfo le dice que eso no tiene importancia y que lo principal es poder descansar. Pero para Macedonio conocer su estado es crucial para seguir pensando, esa grieta entre la vigilia y lo que él dulcemente llama el ensueño, esa flotación en el que el cuerpo y la mente están sumidos, y para Macedonio es de sumo interés el umbral, en el que no sabemos si estamos soñando, y las imágenes nítidas que invaden nuestro ser pertenecen a un territorio que no dominamos y perturba nuestro ánimo de tal forma que enrarece nuestra percepción del mundo. Durante mucho tiempo, Macedonio medita sobre esta cuestión, y su pensar lo llevó a adoptar costumbres cotidianas, al parecer raras y excéntricas, pero que correspondían a su investigación sobre la vida, que significaba unas verdadera obsesión, a partir de su enclaustramiento y de una soledad que experimentaba hasta rozar el sentido, entre otras cosas, de su misma situación en el orbe. Para Macedonio el mundo exterior es fantasmático, esto quiere decir que está compuesto de restos que se agrupan, vendrían sus imágenes de la nada, no serían copia, sino libre creación del sujeto. Todo debe pasar por nuestra conciencia para tener entidad. La irreductible posición antirrealista macedoniana es decisiva para negar el tiempo, y por lo tanto la evocación se vuelve trunca y su sistema digresivo, e interminable, para lo cual el registro de los estados tiene la virtud de poder ubicarse en una condición, casi siempre de duda constante, porque interrogarse acerca del dormir, el sueño y el mundo externo, ese el comienzo de un pensamiento en el cual la Filosofía se torna Literatura, señalando los altibajos del ser.

La tradición apuntada por Freud dice que “el sueño, si es que no proviene de otro mundo arrebata al durmiente a otro mundo” justamente esa traslación hacia otro lenguaje, hacia el fondo de las cosas es la que arrastra al durmiente, que sabe que ese pasaje lo contiene y lo conduce hacia un retiro o aislamiento en el que el ser se reduce a un procedimiento asombroso. Porque lo que busca Macedonio es estar atento a esa oscilación, de los ojos abiertos en la vigilia y la entrada al ensueño

Si las imágenes del sueño son más débiles, según el estado del sujeto que sueña, él insistirá que las imágenes que registra en su atención, por el contrario, son nítidas y no se diferencia en su onirismo, que se dirige a sustentar el mundo, impactan en la conciencia y ese golpe provoca una inminencia de la pura experimentación. “En el ensueño el Mundo cesa, pues fluye libre y variadamente la Afección y nuevamente se asocian las imágenes de la Presentación sin ninguna eficiencia causal” (No todo es vigilia la de los ojos abiertos) Macedonio quería pensar su Metafísica, en ese sentido se puede decir que su filosofar, tiene parta él implicancias vitales y cotidianas, por lo que no se las puede juzgar, sino como un pensamiento que, digresivamente, va montando un entramado visible de entradas, salidas, y postergaciones, con un lenguaje muy propio y excluyente. En realidad es un proyecto que consiste en escribir Literatura, encubierta en una reflexión constante, y entonces semeja una escritura filosófica, pero el proceso es inconcluso, se ha dicho cesante y arrastra cuerpo y espíritu, mediante un proyecto de idealización y de una negación sistemática al ser un mundo que se encierra en sí mismo, pero que se expande en sus incrédulos lectores. Escritos obsesivos, como buscando el nexo que los reinicie, un pensamiento extremo, casi utópico, sobre las circunstancias de su propia elaboración y dispersión.

“Si todo necesariamente es psíquico, si lo no psíquico es ininteligible e inconcebible, y si nuestro total de estados sentidos comprende millares de estados que no son visuales ni táctiles”, dice Macedonio y esta característica lo conduce a pensar a su experiencia formada por esa multiplicidad, que conjetura sus posibilidades afectando su existencia, de modo, que lo que se puede repetir es que el Mundo, aparece o desaparece, que esa inmaterialidad es inconstante. “El Mundo no es necesario es pasajero, contingente”, al soñar puede ser que esté, pero negar, o predecir su presencia no tiene sentido, porque en el ensueño y en la vigilia mi psiquismo lo convoca o ausenta.

Diferenciar ese Mundo exterior y el sueño, para saber si sueño o no, mientras las cosas se mueven en una causalidad engañosa (tigre y dolor) por lo que es preciso constatar su secuencia de aparición, y entonces es imprescindible intervenir en el juego. El Mundo exterior no depende de nuestra voluntad inmediata, y es igual, dice, a las imágenes mentales que disponemos, y ellas sí que son voluntarias, el sujeto recibe entonces esta imaginería y, como dijo antes Macedonio, todo es psíquico y por lo tanto, se incorpora a nuestra experiencia. El. Ser libremente crea la imagen, que no es copia de nada, el mundo externo es como vimos fantasmático, lo comprueba el caso del ensueño, porque tanto en aquel estado como el de los ojos abiertos (Macedonio duda de que esto pueda distinguirse, por eso insiste tanto en corroborar su verdadera circunstancia). La sensibilidad tiene esta condición de hacer surgir diversos estados. Los movimientos corporales alteran la significación y las imágenes se modifican, como lo hace el mundo externo.

“Los realistas quieren que el mundo exterior sea algo en sí y exista sin llegar a ser hecho psicológico.”
Macedonio entiende que no se puede ausentar de su existencia, pero todo tendrá que ser puesta en duda, y en su pensar solitario, el solipsismo no se cumple enteramente del todo. ¿A qué llama ensueño? ¿A una suspensión de la vigilia? ¿A un estado intermedio al estar despierto o adormilado? Su irrealismo le dicta que el Mundo no es, no se trata de algo en sí, y esto es una controversia y una manifestación de su idealismo absoluto, que tiene mucho de procedimiento ilusorio.

¿Habrá rozado la locura, el completo vacío, en esta especulación, o esta le servía solo para pensar? La obra de Macedonio es un intenso diálogo con él mismo, que demanda una deriva constante de la lectura, un lector salteado como él dice, que pueda atravesar por sus escritos, porque aparenta un pensamiento sistemático, rígido, pero construye una divagación, a la que es posible acceder por destellos y reverberaciones, que fragmentariamente dejan a su paso señales de una interrupción que desorienta, si uno cree entender su sentido. Las imágenes del sueño, “el interés emocional y agitación psicológica percibida como un tercero son iguales a los de la vigilia” (“El mundo es un almismo ayoico”) La vigilia es lo que aparece como un estado pasible de angustia, aún el pensar y recordar, prever, y evocar, por lo menos no son tan nítidos, los llama de carácter débil, por lo tanto les niega como posibilidad. Estamos ante un pensamiento que trata de cambiar los rumbos acostumbrados, para generar por lo menos una bifurcación de lo ya pensado, también quiere decir que en la vigilia hay algo más que no conocemos. La irrealidad es suponer una causa a la vigilia, esta no está causada quizás por ningún elemento, porque nuestro hecho psíquico, conciencial, crea lo exterior. Entonces debemos atender a nuestro propio interior, porque allí estarán las claves de la existencia o de la no-existencia.

Macedonio establece una especie de fenomenología del sueño y la vigilia, el umbral donde el que sueña se vuelve real/irreal. Estos dos órdenes son equivalentes, y si el Mundo es supuesto, antes y después de percibir, los anulamos, porque la vigilia es un tiempo intermedio, una suerte de flotación en el vacío. Puede ser un ensueño, entonces es real, porque nuestra mente está en estado de receptividad, esto se refiere a ese modo de permanecer. Es ensueño cuando se fusionan, y están por así decirlo, intercambiados.

El “onirismo” macedoniano es muy particular, porque las dos instancias se entrelazan, y se diferencian a la vez. Hay una violencia dulce en lograr que el ensueño sea nuestra situación permanente. “El sentir y el imaginario es lo único existente, nada existe que lo cause, no existe en la vigilia ni en el ensueño algo sentido o imaginado, sino solo el estado de sentir e imaginar que es la plenitud del ser, que no es sombra, representación o efecto de nada.” Esta plenitud del ser, manifiesta entonces un estado, de tal forma que la atención está puesta en ese movimiento oscilante que nos hace existentes. Sentir e imaginar (lo que él llama Afección/Placer/Dolor y proliferación de imágenes) no representan nada, y esto es una forma de negar lo exterior.

El encadenamiento causal es una construcción ficticia, lo que quiere decir que debo ponerla en duda. Macedonio opone “en el dormir” con la vigilia, a pesar que esa reflexión (pensar, imaginar, sentir) es ensueño. En el dormir vivimos la intensidad del ensueño. La vigilia es sólo hipotética y precaria en su iluminación, todo lo oculta; se pregunta qué hay en ella que está llena de olvido, falsas imágenes e insistencias. Para Macedonio la vigilia y los fenómenos que derivan de su estado, provienen de una preocupación lejana, su libro No todo es vigilia la de los ojos abiertos es de 1928, y así lo indica su vida que estuvo dedicada a pensar y describir estos instantes primordiales. La vigilia es un dormitar en el que el ser responde a sus propias palpitaciones.

“Los hechos de la vigilia no se suceden por asociación, sino por causación. ¿Será esto así y hará ello la diferencia entre sueño y realidad?” La muerte como dato radical se iguala con el olvido (la muerte continua del contenido psíquico), donde se dan recuerdos y en la vigilia aparece el ser fantasmático.
¿Alucinación?, ¿ausencia de un objeto que referencie y sea representación de la imagen? Pensar las cosas es ensoñar, entonces se ilumina la escena que figuro. Meditar profundamente en ese estado especial comprende mi angustia de ser. Lo externo, la interrupción, el desaparecer de seres y cosas en el Mundo que ser extingue a cada paso, que muere en mí. El ensueño (regularidad y repeticiones) es la representación agradable del que duerme o cree hacerlo. Repetición de la realidad, es entrar en el ensueño sin interferencia en ella, donde el rastro de lo real es inhallable.

Para Macedonio “el tiempo nada separa”. Y el sueño de la aparición de su padre, con el que entabla un diálogo que evoca, pero que para él es una presencia en su ser, es el ensueño con virtud de retrotraerse e imaginar. Es lo más voluntario, y encierra una predisposición frecuente. Hay momentos regocijantes y angustiosos, envolviendo nuestra existencia. Entre sueño y realidad presume una disparidad “formal”. “Estaríamos en el idealismo absoluto con un doble soñar del ser”. El sueño otorga existencia, estar despierto (vigilia la de los ojos abiertos). Es seguir soñando, es prolongar un estado. Macedonio es el único que sueña, porque soñar es vivir plenamente, los seres existen cuando son soñados, y el Mundo que ellos ven, si duermen, cesa. Macedonio despierta pero sigue soñando. ¿Qué distingue el ensueño de la realidad? Sentir es algo externo que se da en esa emergencia.

Que algo “sea” en el sentir, o en el llamado Mundo, es todo misterio, significa un asombro que compromete nuestro entendimiento. La no existencia es una mera palabra, como otras veces el “ser” es nada más que verbalidad, para un soñador esto es así. Macedonio negando al tiempo, que no es nada, anula el dato radical de la muerte y se entrega meditando al proceder del tiempo. Algo nos estremece y convence, nos conduce a un espacio de sutiles reverberaciones que posibilitan el pensamiento profundo. No sabe cuándo se está soñando o no, que es lo mismo que decir la transmisión de un modo de estar. ¿Estoy despierto? ¿Estoy soñando? La meditación se da en el ensueño o en el instante que uno cree soñar o pensar. La representación es formular qué imágenes corresponden a determinado objeto, pero cuando esto se encuentra por lo menos dudoso hablamos de algo que falta. “En el sueño hay todo esto: una zona de imágenes acompañada de estados emocionales, como en la vigilia.” De estas imágenes se dice que no son percepciones, que no son reales. ¿Esta es una contradicción o una constatación? Macedonio siempre tiene en cuenta al que lee, dialoga con él pero no obtiene respuesta, porque eso es imposible.

Las imágenes visuales, táctiles y musculares que percibe la mente se crean y se extinguen de la nada. Hay una repetición de eternidad que le hace además creer en la causalidad y en sus efectos Las secuencias son producidas por un conjunto de causas que él llama “situación”. Se pregunta acerca de las condiciones para que la escena sea soñada o real. Si la causalidad es esta duda, qué cosas deben darse para mantener una seguridad. No parece que quiera solucionar esta situación dilemática. La invención literaria, el novelar, nos trae todos los sueños, para emprender el continuo soñar, en que consiste escribir literariamente. Macedonio no diferencia entre lo sucedido y lo imaginado, manteniéndose en posición receptiva para los sueños. ¿Qué significa para él pensar? Sobre todo evocar de manera presente lo visto, lo tangible, lo oído, forman un conglomerado de imágenes meditadas. Todo es pensamiento, mi cuerpo y la evocación. El ser y los fenómenos son cruzados y muertos de la nada de la que provienen, de donde surgen, y la sensibilidad es eterna, reside en el vacío que es el tiempo negado de por sí. El ser asombra, deslumbra, en su persistencia, en lo que es. Y el yo significa “el otro”. Hay una traslación continua, que el estado de ensueño no hace sino redoblar.

El ser es plenitud, inmediatez y lo soñado es la única realidad y el verdadero misterio. Entre el despertar, o en él, y el comienzo de la percepción en la vigilia, estas imágenes, del ensueño y la afección, en el sueño, o en el momento de los ojos abiertos, ellas dan su versión. Tanto en un estado como en el otro, las imágenes indelebles persisten. El Mundo material es un sueño de la afección, es decir que percibimos diversos elementos, placer, dolor, y entonces los soñamos transformándolos o traduciendo en imágenes. Lo mismo ocurre en el ensueño, imaginación/ideación o imágenes signo, pensar con palabras, engendramiento afectivo. ¿El sueño está compuesto de imágenes que son producidas en ese tramo intersticial? La imagen hace visible esa realidad del mundo exterior amenazante, que yo creo y durante el dormir no se quiere abandonar. Esa imaginería del sueño donde pienso que estoy, quiero glosar esas apariciones, antes de pasar a las nuevas imágenes de la vigilia.

Lo real es lo soñado, y lo que llamamos Realidad es una suposición, el ser es lo que se constata. En Macedonio aquello que es lo que vuelve, hace inteligible esa reflexión interminable es la Pasión, que es del orden de la Altruística-vivir en la vida del otro, sin cuerpo, en estado emocional metafísico, casi anulando la propia vida o inexistiendo. La “eternidad” conciencial del individuo, no se afecta con la destrucción de mi cuerpo. De esto deriva su novelística y su concepción, o no creencia en la muerte. La inmortalidad consiste en estar no ligado al destino de un cuerpo, y quizás sí de la mente. El sufrimiento indica que siento, pero “ser” es una mera verbalización según esta forma de pensar, con las palabras no se piensa, pero ellas sirven d comunicación, y para recordar, se lo hace para sí, no pueden suscitar en otros el recuerdo, siempre está presente esta capacidad que nos permite a toda hora imaginar. El asombro de ser (emoción) nos recubre y compensa. Toda “concepción de existencia” Macedonio la vincula con su propio ser. Su doctrina es de “plenitud, y eternidad de toda sensibilidad, de la única sensibilidad”.  

Hay, dice, “una imposibilidad de creer”, nada más que en su conocimiento limitado, que se enfrenta aparentemente con lo fatal e inevitable, hay que continuar pensando. Le sigue su fundamentación de la eternidad, de su Metafísica que es personal, y él divaga en su transferencia, que define como un estado de Autoexistencia, porque si es así es lo único que vale. “La Metafísica es hacer del Cosmos es decir del No Ensueño, Ensueño, de traerlo al enigma del ensueño, por el robustecimiento de la Afección y una actitud enervante de la sensación”. Se trata de un traslado, de una peculiar sensación de un sujeto de cambiar de lugar, un estado para que se pase a otro orden de acercamiento.

El pasado es eterno y la máxima sensación es que de algún modo la anulación es posible, la Metafísica de Macedonio busca convertirse en mística en la forma extrema, uno no se suicida del Cosmos, porque todo es experiencial y la Afección reestablece su trayecto. Eternidad y pasado se dan de tal manera, entrelazándose de tal forma que conviven. “La Metafísica, en suma, es hedonística, es hija del miedo” y la intelectualización procura amortiguar, enriquecer y ejercitar “los buenos ensueños y la Afección”. ¿La eternidad es la no-muerte, el ensueño que nos transporta a la ideación, o formación de imágenes, que es la metafísica? “La metafísica es la investigación intelectual de las vías genéticas del hecho espiritual de emoción de infamiliareidad de lo ya conocido, de lo nuevo, que tal es el “choque metafísico”. Investigación de aniquilamiento es pensar cabalmente, la búsqueda macedoniana, pasa por caminos donde su aislamiento lo lleva a la soledad de su cuarto, donde pequeñas muertes de las que sobrevive, lo convencen de que sus empeños se justifican. Se pregunta sobre el sentido de pensar, concebir o ser objeto de un pensamiento. ¿Qué significado tiene representar la nada? ¿Se puede pensar el ser o el no-ser? Pensar es concebir-poseer una imagen para lo que se nombra. Esta peripecia es total, pertenece al territorio de su cuerpo y los esfuerzos de conocerse y rodear el riesgo espiritual de extraviarse en el pensamiento. El objetivo es acceder al “choque metafísico”, el momento en el que todo el ser se conmociona con una interrogación que es impostergable. Macedonio deambula por la filosofía, pasa largos años meditando y ahí lo importante es que su manera inconclusa de indagar piensa siempre en las mismas cosas, como si su asombro del ser no tuviera límites. No se trata de un sistema cerrado, sino de una lectura sobre su propia condición efímera y por lo tanto incesante en su reflexión.

El sueño, que algunas veces llama ensueño, lo envuelve comprometiendo su ser y lo inunda de significación que quiere dilucidarse. Se puede caer en la nada psíquica, entonces el mundo no es forzoso, y termina su misterio. ¿Hay mundo o no hay mundo? El ser y el no ser no son pensables, por lo que son meras verbalidades. Tenemos continuamente instantes de no ser, esto hace que pensemos en el ser que es presente. El dormir, sueño y vigilia, es inmediato, el pensamiento está ligado a una imagen privativa. Si la “angustia” pertenece al ser, cómo puede intervenir en el no ser. Las categorías macedonianas las intercambia, porque así no tiene seguridad y es posible reformular-deformar constantemente sus derivaciones. El no ser ni siquiera es cotidiano en la vida, no hay discontinuidad en el tiempo, porque éste sin sucesos es inconcebible y casi absurdo. Hablar de angustia o de ansiedad es un estado psíquico que se refiere al “infinito”, al “ser” y al “no ser”. Aludiendo a Husserl menciona la contingencia del ser que desaparece o habiendo desaparecido permanece. “El despertar del sueño como si fuera la metáfora de un resurgimiento de la vida después de la muerte, esa una dimensión del ser místico –siempre presente: ser y presente son la misma cosa– que se halla interrogada”, dice Horacio González y esa divagación macedoniana se corresponde con una investigación sobre el significado de esa grieta entre el despertar (que no es del todo) y el soñar que también es inconcluso.

Hay enunciados dilemáticos que pueden mostrar alternativas que señalan dos caminos posibles, el sueño-ensueño, tiene su negación en el Cosmos, lo exterior, que como juego de falsos espejos reverberan en las vida diaria Macedonio busca separar los regímenes, porque no está seguro si está despierto o sueña, o es soñado por otro que lo involucra.

El resucitar de las personas en el sueño comprueba la existencia que le otorgamos como soñadores, y de algún modo cómo ellos han podido evitar la muerte, y que nuestra fe confía en su supervivencia. ¿Qué es real para Macedonio, el sueño o la vigilia? ¿Qué diferencian las personas tocadas a las que soñamos y que por eso resucitan? Macedonio se pregunta por qué causa se disminuyen los sucesos del sueño, cuando sus imágenes son más fuertes y contundentes para nuestra conciencia, para lo que ocurre con los ojos abiertos como si ahí se presintiera lo que hay que creer. Por lo menos duda y por eso se interroga. Él dice que la intensidad conciencial del ensueño es tal vez más grande que la de la vigilia. Aunque no puede explicar así el olvido –la muerte– en los sueños y en la vida. La diligencia de nuestro ser hacia los sueños. Macedonio hace resucitar a su padre en un ensueño soñado del pasado y se pregunta si no se puede intentar resucitar o torcer el destino del padre, niño que lo ve morir ante sí. El Mundo para Macedonio puede estar o no estar, es percepción y contingencia, igualmente existe el sujeto o lo que se llama sujeto. El yo no es nada, sin yo, es un fenómeno no adventicio. Yo existe en un cuerpo, no es algo conciencial, no puedo concebir la no existencia ni por un momento. La muerte se entiende como el no- ser, esto es imposible, casi de todo sentido. El ser y la existencia es no presente ni actual.

“Como si dijéramos: las cosas se ven con los ojos abiertos, las imágenes se ven con los ojos entrecerrados”. Pero lo que realmente interesa son las imágenes, como si en ellas residiera un caudal que hay que transferir. ¿Hay efectos inmediatos en los sueños? El Mundo, el exterior es un invento, increado por uno, en el ensueño el Mundo cesa. En la imaginación del sueño hay causalidad, pero puede no haberla, ya que se niega la secuencia, y el tiempo que la contiene. Las agresiones del Cosmos, o del propio cuerpo, son respondidas analgésicamente, evitando o tratando de anular el dolor con la conciencia que hace que la Afección se postergue. ¿Esta Metafísica es no literaria, pensadora, o es una forma proposital de escritura? La clave de su acción descriptiva, está basada en la experiencia que se tiene, niega también lo discursivo o la verbalidad con que las nociones se vuelven mera abstracción.

El ser pleno, cognoscible, es esa indagación sobre las condiciones de experiencia, porque se procura en el extravío las peculiaridades del asombro. La conciencia es un continuo, dice, lleva claridad. El hecho metafísico está reunido en un estado “momento conciencial de infamilareidad” en donde con lo conocido nos introducimos en el Misterio.

El estado místico, que es de plena verdad, sabemos que es el objetivo vital que Macedonio anhelaba para sí mismo, es decir el acceder a una claridad de pensamiento, el haber y acontecer plenamente, reflexionando en una atmósfera de saber-ser. Toda la labor conciencial requiere retrotraerse a la Mística primitiva, conocer-desconocer el haber y el ocurrir, sumergiéndose en el sin yo que es el saber místico. El ser verbal nada es, lo nuevo, es ese impulso, no para explicar lo inaccesible, sino para ahondar en lo aparencial. Los momentos del pensar provocan estados múltiples, variedad que con o sin pensamiento da la pluralidad de estados. Hay variedad porque hay complejidad de situaciones y lugares. Pensar exige esa pluralidad. Macedonio considera las alternativas de aquello que piensa, como una reflexión  aparentemente sin nexos pero que se  relaciona con cómo ve el ensueño, siendo la posibilidad de encontrarse en un momento no muy diferente a la vigilia de un hombre despierto.

Freud dice respecto del estado onírico que se da “el estricto retraimiento o aislamiento del sueño respecto a la vida real” (La interpretación de los sueños, T IV 1ª parte) en la indistinción de Macedonio esto en parte es así porque para él la vigilia constituye otro aislamiento. El tema de la intensidad o nitidez de las imágenes es un elemento primordial. Para Macedonio aquellas que provienen de los recuerdos son vivaces. Sigue Freud, “alguien podría presuponer que la intensidad sensorial (vivacidad) de las imágenes oníricas singulares tiene alguna relación con la intensidad psíquica de los elementos que corresponden dentro de los pensamientos oníricos”. La teoría de Freud que construye el concepto de inconsciente (censura y represión ) no es afín a las elucubraciones de la introspección macedoniana, el que no hablará del contenido de sus sueños, más bien le interesa la intención de soñar y todos los fenómenos que envuelven la salida, la entrada al sueño, y todas sus derivaciones. El trabajo de Macedonio es arduo porque no busca comprender sus ensoñaciones, su descripción es de estados físicos y de psique.
“Macedonio consideraba a la escritura como una imperfecta transcripción del ensueño”. La nada lo acechaba, entonces esta maniobra le resultaba inevitable. Y necesitaba por eso escrudiñar, entre la realidad y el ensueño, colocándose en un lugar intersticial. La intensidad de las imágenes en el ensueño, en la demencia se compara a las sensaciones.

“La alucinación, las imágenes del sueño, las voces de la locura, son formas de la Pasión, que no necesitan otra prueba de realidad que el soporte del apasionado”. ¿Estoy dormido o estoy despierto? O en el ahora me encuentro en ambas situaciones, y el tiempo es eliminado. “El ensueño –es a su vez– era un medio (instrumento poético) y una forma de vida, a la que se puede legar por el trabajo de la reflexión y la escritura”. German García: “La teoría del ensueño en Macedonio –no la explicitación sino la práctica– sería la clave de la comprensión de las figuras de su estilo y en esas figuras se juega el sentido manifiesto de su escritura y de su ser”. La palabra debe advenir, en forma de metáfora o de Lenguaje, por encima de las imágenes-ecos, que provoca el sueño. El deseo y el recuerdo y sus posibilidades y emergencias son señalados como puntos nodales, donde se debe enfocar la reflexión interminable. Sueño, recuerdo y deseo se vinculan en la poemática del casi-filósofo, que con sus estados de ensueño difuminan o sabotean la realidad visible o lo perceptible.

La vida bonacible o penosa, se repite durante un tiempo y nos remite a un Mundo identificable y familiar. ¿Hay unidad en ese Mundo, lo hay en la vida individual? O tenemos mejor que estar atentos a la multiplicidad de estados en los cuales existimos. Encerrado en su pieza y en sí mismo, Macedonio niega el tiempo, la muerte de los que aman, y se propone vivir envuelto en el ensueño que lo deja deslizarse por las fronteras de su ánimo, de su asombro de ser, y en el desmayo y en el sueño, cree experimentar los límites de su existir, y eso le hace tener visiones de sus recuerdos. Estados mentales, pasados, presentes y futuros son admitidos por ese idealismo absoluto que Macedonio profesa, instancias propias y ajenas, que lo relacionan a un pensamiento original y espontáneo. Sabe que no se puede ausentar, y que no vale negar la existencia porque esto no es concebible. Todo debe pasar por nuestra conciencia para ser algo, de otra manera es nada.

La imagen difiere de la sensación original, que se altera con movimientos y aptitudes. La imagen del sueño permanece, no la ve efímera. Por eso Macedonio prefiere esta figuración, y la extiende a la vigilia de ojos abiertos y a la escritura. El mundo se da como deseo, fantasía, evocación, volviendo al mundo exterior. Hay que sumergirse porque ello nos arroja a un profundo mundo interior, en el que nuestro espíritu emprende un viaje a los límites de nuestra experiencia y contemplación. Pensar, expresa en algún momento existencia. “El sueño, el desmayo son esas situaciones supuestas de inexistencia (pues el que nada siente nada es” (No todo es vigilia la de los ojos abiertos). Suponemos una muer que no es tal, por eso cuando sobrevivimos, entramados en la plenitud del ser, se sigue soñando en un estado “místico” que es exultante. Más despierto que una vigilia es ese tránsito a la “eternidad nemónica individual”.

Los enredos macedonianos no son muchos, aunque una claridad traspasa sus tropiezos, la reverencia, un alegato por Pasión, la muerte del cuerpo en su ocultación a los ojos, son tan solo una maniobra. El estilo del ensueño constituye al ser como concebible y posible, ahí se manifiesta, lo llama como todo lo que se presenta como integrante de la subjetividad, exceptuando al mundo externo, en la sensibilidad donde está todo mi existir, al ser plenitud inmediata, es el sueño. “El deseo o la voluntad de acción directa sobre la imagen y no sobre la sensación”. ¿La vigilia consistirá en una serie de sueños cortos? ¿Hobs estuvo en realidad en Buenos Aires? ¿Realidad o ensueño?

El ensueño tiene que ver con la asociación de ideas, y el sueño no posee efectos. Habrá buenos y malos ensueños, y puede instalarse la angustia, desapareciendo las imágenes agradables, la llamada vigilia es una construcción ficticia, que separa el ensueño de la realidad. La vigilia, como ya dijimos, es una hipótesis precaria que se establece para delimitar campos y ordenar la vida. La costumbre macedoniana de dormir-dormitar, y anotar el sentido, contaminan los hábitos, y son un componente de su extravío. Se pregunta qué es lo que hay en esta vigilia, compuesta de olvidos, brusca muerte súbita, ensueños y recuerdos recientes o remotos, que la caracterizan. Aparece como un estado latente, no del todo cierto, que guarda un misterio que no consigue develar, poblado de imágenes diferidas. El ser de los sueños es también fantasmático, no se consigue asir, y el de la vigilia comparte esas cualidades por extensión o presencia del pasado. Acomodamiento fisiológico el dormir, puede desaparecer en el transcurso de la evolución humana y es un acto de adaptación a circunstancias que pueden cambiar. Pensar, imaginar, prever, recordar, durmiendo en el ensueño, nada se diferencia en la vigilia, lo que está diciendo Macedonio es que tales disposiciones se igualan y se complementan, son espacios continuos e inmediatos. Convertir estos procedimientos en Literatura es el propósito de este escritor atípico.

Solo no es puro sueño lo que tenga que ser anterior, y como este a veces es mera verbalidad, y en otras ocasiones plenitud, se duda de lo que sea efectivamente sueño. La vigilia en verdad pertenece a este punto de inflexión donde se deberían partir las aguas. Hechos y cosas desaparecen continuamente o son inhallables en el ensueño, en la “realidad” y sus rasgos no surgen claramente. “Podría decirse que si los ensueños son tan angustiosos o regocijantes, no vale la pena de que sean irreales, y si estamos acostumbrados a la perdidumbre de muchos hechos calificados en el momento de reales, es porque la realidad tiene un valor hedónico apenas diferente o superior al de los ensueños”. En broma o en serio Macedonio trastoca los tiempos y convierte el ensueño en realidad, no solo de los tramos de una vida personal, ya que los lleva al tiempo que no existe. ¿Soñó que vio al intruso o lo ha soñado, ocurrió efectivamente la persecución? Mediante esta vacilación Macedonio se pone al resguardo y enrarece las certezas del acontecimiento, no se somete a ellas, vive en estado de sueño, donde no hay seguridad tampoco de que la imagen sea cierta. Su mente es receptiva de los cambios que se dan en esa escena.
La vigilia, una serie de sueños encadenados, tiene trayectos desechables, restos de una experiencia ya conocida, y núcleos significativos conmocionantes para la conciencia del soñador.

Las palabras son para comunicarse, no para pensar. El verdadero conocimiento metafísico se presenta en forma de imágenes, que no es preciso descifrar. En la mente del lector o del interlocutor hay inadecuaciones que la comunicación procura corregir o por lo menos intenta actuar con nuevas inadecuaciones. “Lo que sueño a veces ocurre luego: puedo soñar cuando estoy bajo un temor o una expectativa grata”. Siempre esta oscilación entre el placer y el dolor hace residir al sueño en la esfera del pensamiento, porque lo que se piensa existe, y debo entregarme a ese movimiento que se da en imágenes, sobre todo visuales, que continuamente se refieren a ese estado de consuelo o desconsuelo, en el que Macedonio se refugia y se retira a su ser pleno. Existe una secuencia causal externa, que es la fuente de las imágenes, como una repetición de la realidad. Aunque la huella de lo real sea difícil de encontrar para el soñador, como si estuviera envuelto en una zona, más allá, que tiene sus propios modos de ser. La contigüidad de los estados de por sí aniquila al tiempo que para Macedonio nada separa ni es.

Estar despierto no es únicamente tener los ojos abiertos, significa seguir soñando, y la metafísica no es más que esa condición del sueño, porque su permanecer ahí es abrirse a una infinidad de manifestaciones del alma. Un pensamiento de sentido común diría que Macedonio no sabe distinguir si sueña profundamente o si dormita, sobre todo cuando está bajo el influjo de la ensoñación, por imposibilidad mental, pero también es cierto que ese diálogo incesante con el que recuerda, lo conduce al ensueño, como el único espacio donde, de un estado al otro, conserva su integridad, con su yo desintegrado.

Dice Horacio González: “El texto macedoniano contiene la preguntan de su cesación y por el acto de su conclusión. Pero no por ello el ser queda vacante. Al contrario Macedonio tiene un escribir “abierto al vacío” porque busca el momento áureo y místico en que el escrito se transforma en vida” (Macedonio Fernández: El filósofo cesante). Este llegar implica una propensión hacia nuevos significados que solo residen, cuando este pasaje se realiza otorgando vías a lo que ese instante, se convierte en otra cosa. Si no hay yo, tampoco hay identidad, si el Mundo exterior es conjeturable, queda el misterio del sueño/ensueño. ¿Son dos cosas o una sola? Donde quizás es posible que los fantasmas, recuerdos y experiencias vivan derramando una luz al ser y sus vicisitudes.

Existe miedo, al soñar y al despertar, como algo invariable, ese sentir atraviesa zonas aparentemente opuestas, pero en verdad se diluyen en el olvido-muerte, o se recuperan con la labor reflexiva. “Pero reduciendo al régimen del Ensueño el mundo del no Ensueño o Cosmos, nos encontramos sintiendo únicamente las espontaneidades, creaciones continuas de nuestra Afección, que no por falta de cosmos dejará de presentar la suprema variedad de dolor-placer. Y así ocurre que es vano refugiarse en el régimen del Todo Ensueño, pues en nuestras pesadillas de todas las noches podemos sufrir todo lo que el cosmos nos puede causar…”

Pero esto en la casi teoría o Filosofía fracasada, Macedonio está desmintiendo que la vigilia perfila un desorden y no se la debe eludir, el ensueño cubre con su modo todo aquello que se formula. Cuando apareció No todo es vigilia la de los ojos abiertos, en 1928, la mayoría se desconcertó. Los que seguían a Macedonio lo consideraban una persona singular. Su pensamiento parecía utópico, fuera de lugar, se dividieron los bandos y los que lo veían como un loco lindo, no lo tuvieron más en cuenta. Su reclusión encapsuló a los escritos. Pero el entusiasmo acerca de Macedonio persistió en otros, continuó pensando en la vigilia y el ensueño como señales de su meditación.




20.1.16

Un piano, por Javier Fernández Paupy


Una miríada de moscas daba vueltas alrededor de la oreja de un perro que dormía al costado de un camión donde dos tipos que parecían ser lo que eran revisaban algo en el motor. Quizás fueran amigos o socios. Pero no se sorprendieron cuando les ofrecimos cien pesos por ayudarnos a bajar el piano de un primer piso. Hacía más de diez años que el instrumento estaba en ese lugar. Nosotros nos lo llevábamos por mil pesos. Para poder bajarlo tuvimos que acostarlo sobre uno de sus cantos y arrastrarlo hasta la escalera. Ramos lo ató con nudo marinero a la baranda del balcón del departamento con unas correas de lona y a medida que bajábamos el piano a los tumbos resbalándolo por los bordes de los escalones Deli aflojaba el nudo para que no cayera de golpe por la escalera o sobre nuestros hombros. Los que nos ayudaron tenían experiencia en mudanzas y lo hicieron muy bien. Sin sus astucias no hubiéramos podido. Uno de ellos, incluso, enyesado, fue de mucha ayuda para sacar el piano de ahí y hacerlo entrar en la parte de atrás de la Fiorino. Las calles empezaron a urbanizarse y dejamos Garín. Ya en la autopista nos confundimos con otros autos y camiones que pasaban. El piano desafinado eran dos arpas encastradas en un sarcófago de jacarandá, transición entre el mueble de estilo y el barroco. El primer afinador que vino a verlo se rió. Tampoco quiso restaurarlo. No hagan locuras, nos dijo, no pongan un peso en este piano. Pero insistimos y dijo que por siete mil pesos podía restaurarlo aunque ya no volvería a estar en 440. Fue ahí que la fantasía se disolvió como un cartel de chapa con las palabras cierre definitivo. A los pocos días otro afinador vino a verlo. A diferencia del primero, éste traía un traje gris y usaba perfume. Tecleó unas notas y nos preguntó si tocábamos música barroca. Negamos con la cabeza. Su presupuesto de cuatro mil pesos abarcaba el arreglo de los clavijeros y la limpieza general del instrumento. Un sábado a la mañana, una semana después, un ropavejero de Lanús se llevó el piano por quinientos pesos y por veinte, una mesa ratona. Incluso hubiera sido posible elevar lo insignificante de un día cualquiera al nivel de lo encantado y fijarlo como se fijan algunos primeros recuerdos. 



15.1.16

Diario, por Alejandro Rubio



7 de mayo 2007

Reírse de la izquierda cultural hasta reducirlos a lo que son: pequeñoburgueses cagones con lecutras mal asimiladas.

7 de mayo 2007

Sociología electoral a la mañana, siesta y arte a la tarde y a la noche con los amigos a atorrantear.

7 de mayo 2007

Robarán el corazón de Fray Mamerto Esquiú.

7 de mayo 2007

En el devenir metaestructural semiesférico donde el zapallo deviene cosmos.

7 de mayo 2007

Una catedral del espíritu/inconclusa. La complementarán éstos, ahora sentados a horcajadas en una silla antigua de respaldo alto, apenas asomando los ojos, obsediados por un pedazo de reboque saltado en la pared.

7 de mayo 2007

El modernismo austero estuvo buenísimo, pero ya fue.

7 de mayo 2007

La clase media televidente sabe que pasan cosas terribles en las cárceles. Ahora quiere verlas. No puede dormir porque a las doce de la noche en la habitación a oscuras transcurren imágenes de sodomía y tortura. Goza con ellas, pero también se siente shockeada. De esta contradicción resulta el comentario, el boca a boca, eclosivo como un volcán que derramara lava de ineterjecciones y exclamaciones que siempre empiezan con esta pregunta retórica: “¿viste…?”.

7 de mayo 2007

Decían que era un vidente, pero en realidad era un televidente: sus visiones acudían siempre bien maquilladas y suavizadas, para…

7 de mayo 2007

Un ambiente luminoso, saunesco, con olor a desodorante de ambientes, caluroso, lleno de esclavas de la cocaína que pidan más, y más, y más.

7 de mayo 2007

Ted Bundy fue condenado a muerte por el asesinato, violación, descuartizamiento y devoración de cien mujeres. En su celda, mientras esperaba la ejecución, recibía diariamente docenas de cartas de chicas de todos los estados de la Unión proponiéndole matrimonio. Así son las cosas.



Tomado de: Alejandro Rubio, Diario, La calabaza del Diablo, Chile, (2009); pp. 35-37.

9.1.16

Cuestionario Marcel Proust a… Javier Barilaro




¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
No existe.

¿Cuál es su miedo más grande?
A no darme cuenta que era un mediocre.

¿Cuál es el rasgo que más deplora de usted mismo?
La vagancia que disfrazo con buenos argumentos.

¿Cuál ha sido su mayor atrevimiento en la vida?
Haber vivido en la rusticidad por un año, en el Delta.

¿Cuál considera que es actualmente la virtud más sobrevalorada?
Tener mucha plata.

¿Qué es lo que más le disgusta de su apariencia?
A veces tiendo a encorvarme.

¿Cuáles son las palabras que más usa?
Pretendo tener un vocabulario amplio, esperaría no repetirme demasiado.

¿Qué es de lo que más se arrepiente?
No haber sido arquitecto, ingeniero, científico o algo mas útil que el arte.

¿Cuál considera que es su estado actual de ánimo?
Bueno.

¿Cuál es su posesión más preciada?
Mi casa.

¿Cuál considera que es la peor miseria?
Suponer que porque uno tiene plata es mejor que quien no.

¿Con qué personaje histórico se identifica?
San Martín, Rosas, Perón, padre Mugica.

¿Cuál es la cualidad que más le gusta de una mujer?
Que sepa conversar sin pasar por lugares comunes.

¿Y en un hombre?
Lo mismo.

¿Quién es su héroe de ficción?
No existen los héroes.

¿Cómo le gustaría morir?
Durmiendo.

¿Qué apodos tiene?
Javiera, Javuchi, Javu, Javo, Bariloche, Barilary, Barilauchi, Barilú, Bari.

¿Dónde y cuándo es feliz?
Entre plantas, entre amigos, en entornos de creación artística.

¿Cuál es el rasgo de personalidad que menos le gusta de un hombre?
El machismo.

¿Qué o quién es el más grande amor de su vida?
Catalina, mi gata Mía, mi gato Príncipe, mi perra Roberta Carla.

¿Cuándo miente?
Puedo decir que nunca miento, y no es una virtud, hay que saber mentir.

¿Cuál es su idea de la muerte?
El fin de lo que se daba.

¿Qué no perdonaría?
La codicia.

¿Qué le hace reír?
Estar contento conmigo mismo.

¿Qué le hace llorar?
Casi cualquier película.

¿Cuál considera que ha sido su mayor logro?
Ser artista medianamente reconcido, Eloisa Cartonera y Mansalva.

¿Para usted qué es un buen insulto?
Uno que no nombre a madres o loras sino a dios, "la concha de dios".

¿Cuál es el colmo de la miseria?
Tener mucha plata

¿Qué virtud valora más en las personas?
La no normalidad.

¿Qué es lo que más le gusta hacer?
Estar de buen humor.

¿Dónde querría usted vivir?
Rodeado de plantas.

¿Con qué errores tiene la mayor indulgencia?
Con los de la pintura.

¿Cuál es su personaje favorito de ficción?
Cuando joven Dean Moriarty, ahora nadie.

¿Su pintor favorito?
David Hockney y Henri Matisse.

¿Su cualidad preferida de los hombres?
Que puedan expresarse sin lugares comunes.

¿Su cualidad preferida de las mujeres?
Que puedan mantener una conversación inteligente.

¿Su virtud preferida?
Soy buen traductor entre tipos distintos de idiosincracias.

¿Cuál es su ocupación preferida?
Mejorar mi casa.

¿Su principal defecto?
Soy tan bueno argumentando que no sé qué elegir.

¿Eso que querría ser?
Un artista inolvidable.

¿La flor que más le gusta?
Corona de cristo/ Flor de la pasión/ Mburucuyá.

¿Sus héroes en la vida real?
Los que van para adelante contra viento y marea, directores de cine.

¿Sus nombres favoritos?
Valdelirio.

¿Qué cosas detesta por encima de todo?
Los que repiten sin saber y ni siquiera lo saben.

¿Personajes históricos que más desprecia?
Los de derecha.

¿El hecho militar que más admira?
El cruce de los Andes por San Martín.

¿La reforma que más admira?
Las de Perón y Cristina.

¿El don de la naturaleza que quisiera tener?
Volar.

¿Cómo le gustaría morir?
Durmiendo.

¿Estado presente de su espíritu?
Bastante bueno, meseta alta.

¿Cuál es su frase preferida?
Que preferís, tener razón o ser feliz? Y la de Iuso: Pasarla bien es el compromiso que más me oprime.



4.1.16

Lo frágil es la cáscara, por Esteban Castromán


PENE


¿Acaso existe algo más perturbador
que el dibujo de un pene sobre un banco de plaza,
junto a la frase:
“Te estaba esperando”?


THE BLACKOUT


Antes del ahora no hay nada.
Antes del antes,
una postal borrosa
que se va desintegrando de a poco.

Intento recomponer el sentido,
aproximarme a una idea vaga
de memoria.
Pero es inútil.

Horas, quizás días,
suicidadas
por el terror de situaciones
que probablemente nunca hayan ocurrido.


UNA TARDE COMO ÉSTA


Doblaron por Avenida Callao
y él atinó a entrar a Zivals
a comprar un disco de jazz.
Pero si entraba sabía que su hija
suspiraría con cierto fastidio.
Para remediarlo, debería llevarla
a comer hamburguesas.

Mauricio prefirió seguir caminando
en dirección al Congreso;
un paseo sin historia
porque con tan solo seis años, ella
desconocía la densidad simbólica del edificio.

Avanzaban tomados de la mano.
Cuando cruzaron Sarmiento ella le preguntó a él,
una vez más,
por qué se había separado de Amanda,
por qué los tres ya no podían ser una familia
como las que tenían sus amiguitas.

Bueno, no todas son así,
dijo él para calmarla y buscar el momento adecuado
para dar un giro en la conversación,
algo que lo salvara del embotellamiento.

Pero ella insistía y opinaba que debía apurarse,
que su madre había conocido a un hombre
que le traía regalos y le compraba globos hermosos,
durante sus largas caminatas,
los sábados por la tarde.

También era sábado y Mauricio sintió
una patada triple X en su orgullo.
Le dijo a su hija que él también podía comprarle
regalos hermosos y globos,
como el nuevo amigo de su mamá,
pero que había cosas más importantes que eso.

Entonces dedicó media cuadra a hablarle
sobre la importancia del amor.

Cruzaron Perón.

Ella le dijo que no entendía y le preguntó
por qué la gente que se quiere tiene que alejarse.
Le dijo que estaba confundida
y que ya no sabía a quién decirle papá.

Él le dijo, levantando la voz,
que ella no debería tener duda alguna
acerca de quién era su padre.

Luego se agachó mirándola a los ojos,
le besó la frente
y la abrazó enérgicamente.

Ella dijo, papá me duele, y él sonrió,
aunque no quería que pensara que sólo debía
respetarlo por una cuestión de contrastes
de fuerza y poder.

Volvió a besarla y su mirada se topó con un kiosco
cerca del cruce con Bartolomé Mitre,
justo enfrente de un puesto de diarios.

Entonces la tomó suavemente de su campera,
le acomodó la bufanda y le preguntó
si quería comer caramelos de goma.

Ella se exaltó de alegría,
lo abrazó
y le dijo papito te quiero mucho.
Yo también, vamos, tomá dos pesos, comprate lo que quieras.

Se acercaron y él aprovechó el tiempo muerto
en la caminata
para echar un vistazo a las revistas.

Ella no se decidió fácilmente,
miró los chocolates,
luego los caramelos masticables
y los Sugus confitados.

Pidió un paquete de Mogul,
un chupetín Pop´s Evolution de manzana
y “lo que me alcance de chicles de frutilla”.

El kiosquero le preguntó dónde estaba su mamá.
Ella le dijo que en su casa, con su otro papá.
El kiosquero le preguntó con quién había venido,
si estaba sola y que no parecía una chica de la calle.

Ella señaló en dirección al puesto de diarios,
y le dijo con mi papá.

Mauricio pagó con diez pesos
y ocultó un ejemplar
de la revista Sexy zoo
dentro de su sobretodo,
sosteniéndola a través del bolsillo
con su mano derecha.
Luego se acercó al kiosco y agarró a su hija
(que cargaba una bolsa de nylon llena de golosinas)
con la mano opuesta.

Entonces le dijo que la tarde
estaba demasiado fría
y que era momento de llevarla a su casa,
con Amanda.

Ella, al principió, lo dudó
pero le pareció divertido
que al fin y al cabo ambos papás se conocieran
de una vez por todas.

Vamos, te llevo a tu casa, dijo él.
Ella no respondió y comenzó a masticar un chicle.

En la esquina de Rivadavia se subieron a un taxi.
Durante el viaje, ninguno de los dos pronunció palabra alguna.
Era un atardecer de sábado,
frío y húmedo,
con probabilidad de precipitaciones.

El conductor encendió un cigarrillo
y subió el volumen de la radio.
Estaban pasando A night like this de The Cure.


PULEX IRRITANS LINEO


 “¿Y después?”
nos preguntamos silenciosamente,
fumando un cigarrillo compartido
sobre una cama que picaba.

Picaba por pulgas
o por algún animal aún no conocido.
Quizás, gusanos caníbales.
Quizás, el germen de mil asesinos seriales en potencia.

Mientras, no hicimos los distraídos.
Y formamos unos cuantos
círculos de humo
en el aire.



SÍNCOPE

Cierta música recorre mi protuberancia occipital.

A veces,
una cresta drum´n´bass aparece durante el día
y se repliega en un surco deep house
al caer la tarde.

Se osifica el hip hop
mientras me baño
y una membrana free jazz articula las partes
cuando espero se haga la hora.

El punk bordea el bulbo raquídeo si alguien llama.
Se vuelve pop si el que llama soy yo.

No estoy seguro si es noise o industrial,
gotik o after algo cuando despierto de resaca.

Sí sé que es folk almorzar con mis padres
un domingo cualquiera
con vino Toro y tango,
por más que en verdad
esté sonando
thrash metal.



P

Pupé era linda, alta, flaca,
y le faltaba un brazo.

Ese detalle no dejaba de perturbarme
pero al mismo tiempo la hacía sensual.

Cuando nos revolcábamos sobre la colchoneta,
ella giraba más rápido.

Y las noches siempre terminaban antes.


PAPÁ


Papa vomita sangre.
Mamá dice que nos durmamos y vuelve al baño.
Cierra la puerta con llave.

Escuchamos arcadas
y palabras amortiguadoras,
a través de las paredes.

Intentamos dormir.
Intentamos pensar en otro cosa.
En que todo seguirá siendo igual.


MARCELINO

Le pegábamos porque era un pelotudo.
Pero, también, Marcelino era el instrumento
que nos permitía discriminar de qué lado de la vida
uno se encontraba.
En los recreos corríamos tras él
para molestarlo.
“Tu mamá es una puta”,
le decíamos todo el tiempo.
Marcelino se escondía, corría y
se hacía amigo de las chicas.
Nosotros le bajábamos los pantalones
delante de ellas.
Mientras lloraba le pegábamos.
Y temíamos ser Marcelino.


EL FUTURO BAJO TIERRA


Suena el teléfono móvil.

Mi cuerpo es un electrón estático
en la masa atómica formada por cuerpos
apiñados que se lubrican entre sí mediante
transpiración y vaho, en un vagón del subterráneo.

Arriba,
el atardecer.

Atiendo.

Es ella.

Llorando, me dice que el mundo está llegando a su fin
y que me ama
y que no me preocupe por nada
y que no sufra.

Tiemblo.

La comunicación se corta
antes de que pueda
responderle que yo
también.

Antes
del
leve
e
irreversible
fade
out
de
la
existencia.